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martes, 15 de diciembre de 2015

Ya basta de Brutos


Por Miguel Yilales
@yilales
No hay nada peor que tratar de enseñarle a alguien que no está interesado en lo más mínimo en aprender. Primero porque por más esfuerzo que ponga el instructor si al pupilo le da por no prestar atención, por vivir en las nebulosas o simplemente pensar en los huevos del gallo (en especial en época de escases) el objetivo no se cumple y en segunda instancia porque así el formador sea la reencarnación de Bello, Vargas o de Gallegos se cansaría y perdería la paciencia ante tanta ignominia por parte de ignaros deslustrados.
Dicen que nadie es bruto en esta vida, bueno con la excepción de aquel Bruto que marcó pauta en la Historia Universal. Por supuesto que me refiero al romano que se distinguió por usar ese nombre y no a los que destacan en estos lares por ignorantes, iletrados, rústicos y ordinarios.
Documenta la historia que un Bruto, Marco Junio, estuvo entre los líderes de la conspiración y posterior asesinato de Julio César por allá en el año 44 a.C., William Shakespeare escribió que el dictador Julio César dirigió sus famosas últimas palabras a Bruto: ¡Tú también, Bruto, hijo mío! aunque testigos solo lo vieran cubrirse el rostro con la toga y morir dignamente en silencio, sin pronunciar palabra alguna (De Vita Caesarum, Liber I Divus Iulius, LXXXII).
La conspiración en marcha
La conspiración ocurrió porque nadie estaba conforme, ni satisfecho con el estado de la República, ya que el César había sido nombrado dictador perpetuo (sin necesidad de reelección indefinida), además porque lo habían facultado (sin necesidad de habilitante) con varias leyes que concentraban todo el poder en sus manos.
Es más se rumoraba que solo le faltaba la corona para igualar a cualquier rey, muy parecido a algunos reyezuelos caribeños que se dicen republicanos aunque desprecien a un sistema político que se fundamenta en el imperio de la Ley, la división de Poderes y su control recíproco, la activa participación política por parte de los ciudadanos y la igualdad ante la ley para frenar los posibles abusos de las personas que tienen mayor poder.
En pleno siglo XXI, y sin pretender blasfemar al comparar a Julio César con Hugo Chávez y a su muerte como parte de una conspiración palaciega para quedarse con el poder, es innegable que luego de su deceso las intrigas, las malas ejecuciones, los errores garrafales de unos eunucos mentales, intentaban culminar la obra que iniciara el difunto de Sabaneta: destruir la República.
El período final de la monarquía en Roma era un mal recuerdo, habían abolido la realeza por la república y los más tradicionales no deseaban el regreso, es más casi que se les podía escuchar vociferando y gritando la consigna “no volverán”, aunque 17 años después la república sucumbiera y diera paso al imperio que dominaría al mundo occidental.
Todo esto viene a cuento porque, en el mismo período que sirvió para acabar con la República Romana, una caterva de delincuentes les dio por abrogarse todo el poder y despreciar las reglas de lo que se suponía era un Estado, para destruirlo.
Lecciones por aprender
Como alumnos poco aventajados, de esos que pasaron por la universidad porque iban montados en autobús o porque les transcurrió el tiempo mientras lanzaban piedras, no entienden por brutos (en minúscula) que los Brutos que los traicionaron no están en las filas que los derrotaron sino en la forma desastrosa como hacen las cosas.
La rebelión ocurrida contra estos capos en el poder fue porque en Venezuela los niños se mueren por falta de medicamentos, las personas no pueden comer por la colosal escasez, la inseguridad es una forma de vida para sobrevivir, la inflación destruye cualquier ingreso y porque creyeron que la militancia política se lograba al amedrentar, engañar y manipular para lograr la sumisión.
El país necesita una reconstrucción profunda: que los Poderes sientan que están limitados por la Ley, que los ciudadanos recuperemos la soberanía que nos fue arrebatada durante muchos años, que el gobierno gobierne, que el legislativo haga leyes, que la justicia sea ciega y no parcializada, que un ciudadano sea equivalente a un voto y que los militares estén supeditados al poder civil.
Le corresponde a la oposición demostrar cómo se puede beneficiar a todos los venezolanos por igual. Bruto actuó por las pésimas políticas del César, por lo que la oposición (que dirigirá el Parlamento a partir de 2016) está obligada a garantizar que, con ellos, ya basta de Brutos.
Llueve… pero escampa

sábado, 5 de julio de 2014

Pa’ tras como el cangrejo

Miguel Yilales
@yilales
Cuando Julio Cesar gobernaba el mundo occidental nunca se imaginó que con su nombre sería bautizado un mes del año y que este período fuese a significar tanto.
Originalmente este mes era el quinto del primitivo calendario romano y se llamaba Quintilis, porque era el quinto mes del año y con las modificaciones del calendario por Julio Cesar, pasó a ser el séptimo pero lo continuaron llamando Quinto, con lo cual ya denotaba lo complicado que sería.
Después del asesinato de Julio César, Marco Antonio obtuvo la aprobación del senado romano en el 44 AC para cambiar el nombre de Quintilis por el de Iulius, en su honor, por ser el mes en que había nacido César, el mismo mes en que nació el comandante eterno.
Dicen que en las cavilaciones palaciegas de Miraflores, con un país sin problemas económicos, con niveles de pobreza llegando a cero, con una economía boyante, sin delincuencia, envidia tecnológica del mundo y si no fuese porque Julio Cesar fue Julio Cesar, a alguien se le pudiese ocurrir cambiar el nombre del mes por Hugus o Chavius, basado en que sí los dos nacieron en el mismo mes, los dos fueron militares (¿?), los dos murieron traicionados (uno en el senado romano y el otro en un quirófano malsano) ¿Por qué no equipararlos? Lo bueno es que, hasta ahora, hay tantas cosas que bautizar con el nombre del hijo de Sabaneta, que deben haber dejado lo del mes para después.

Julio ha dado para todo

No sé si por ser la mitad del año o por ser el inicio del verano boreal y el invierno austral, pero julio siempre ha marcado cambios importantes en nuestras vidas.
Julio desde épocas inmemorables ha sido crucial. Se conmemoran hechos importantes como las independencia nuestra y la de nuestro odiado y repugnado enemigo político pero aliado comercial (eso sí es un dislate); se conmemora la Toma de la Bastilla con la que la historia se divide en el antes y después de una verdadera Revolución; los gauchos, los neogranadinos, los sandinistas, los cholos y los mapuches (los narradores de fútbol, con eso de llamar a las selecciones con sinónimos que no lo son, terminan contagiando a todo el mundo) tienen que celebrar en este mes.
Pero no todo son glorias y fiestas, hasta los republicanos y los nacionalistas españoles saben que en esta época se inició la etapa más gris de su historia, así como en Cuba el fraude más grande de la historia, porque nadie que visite La Habana puede creer que hace 60 años la isla era una joya del Caribe, cuando hoy llega a bisutería.
Hasta el imperio norteamericano dejó huella en la historia, con aquel “pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad” que pronunciara Neil Armstrong un 21 de julio de 1969.
También es julio el mes en que se reconoce el valor de Nelson Mandela y su dedicación al servicio de la humanidad a través de su labor humanitaria, la lucha por la democracia y a la promoción de una cultura de paz en todo el mundo, una verdadera ironía cuando hay países, socios de esta revolución, que ven con buenos ojos el regreso de la explotación infantil, con trabajo para niños de 10 años.

Otro julio perdido

A pesar de ser una etapa marcada por las vacaciones, celebraciones, independencias, alunizajes y libertades hay algunos que les ha dado por pelear, despotricar y blasfemar a todo el que no piense como ellos.
Los epítetos quedan cortos al momento de descalificar al contrario, lo cual me hace recordar que en esta misma época un conspicuo golpista, opositor de oportunidad y hoy gobernador, sacó una gallina para hacer creer a los incautos que él era una alternativa, cuando en realidad era un fantoche que legitimaba aquel proceso electoral del año 2000. En esa época sus dotes de saltimbanqui aun eran desconocidos.
Que en este mes llegase al mundo un demócrata, un libertador y un autócrata no tiene nada de especial, lo particular es que en pleno siglo XXI, existan aún personajes que sigan defendiendo una lasaña ideológica en la que les parece fácil unir el pensamiento bolivariano, el de Simón Rodríguez, el de un asaltante de caminos, al cual le han sumado, luego de la muerte del héroe del Cuartel de la Montaña, los de Miranda y de Sucre.
Lamentablemente este mes de julio será igual que los anteriores de esta revolución. Lamentablemente hemos llegado tarde a los siglos: El XIX lo vimos en 1830, el XX en 1936 y este aun no llega. Es que en Venezuela, los inicio de siglo, siempre nos agarra caminando como el cangrejo.

Llueve… pero escampa