miércoles, 17 de septiembre de 2014

Un inframundo llamado Venezuela

Miguel Yilales
@yilales
Hace algunos años, mis hijos se entretenían con una película en la que los villanos (Megara, Pena, Pánico y Hades) eran más simpáticos que el héroe (Hércules) y aunque al final eran derrotados, los villanos trascendieron, de seguro un mal presagio de lo que nos depararía el futuro.
Cuenta la mitología griega que en el principio del mundo, los dioses derrotaron a los Titanes. Tras esta victoria, según un pasaje de la Ilíada, Hades y sus dos hermanos menores, echaron a suerte los reinos a gobernar: Zeus se quedó con el cielo, Poseidón con los mares y Hades recibió el inframundo, un reino neblinoso y sombrío, que pudiera ser confundido con cualquier ciudad venezolana luego de años de improvisación en el sector eléctrico.
Pero la mitología no es la verdad, excepto en Venezuela que las circunstancias superaron a la ficción. Luego de padecer a unos supuestos médicos isleños cuyo mérito ha sido una dudosa praxis con su mayor benefactor, con epidemias de origen desconocido y la falta de insumos médicos, parece que logramos trasladar el inframundo de la mitología a la realidad.
Tan es así que el Hades que dirige a la revolución bolivariana no conforme con las muertes generadas por la violencia, el dengue, la fiebre amarilla y la chikunganya, parece que le dio por importar raras epidemias que, según datos extraoficiales y, por supuesto, desestabilizadores, se han llevado de este inframundo a más de uno.

Caos y desorden

Es que el principio de orden y autoridad que caracteriza a un gobierno, así sea en el inframundo, aquí ha desaparecido.
Y nada debiera extrañarnos, porque quienes detentan el poder en Venezuela desde hace 16 años solo han sido eficientes en dos áreas: en comportarse como la cabeza de Medusa al petrificar cualquiera de los sectores productivos del país y al formar un Megaestado, no para que existiera orden, sino para que imperase la anarquía.
Tanto les gusta el caos que los sectores importantes están en manos de quien pueda improvisar más y sepa menos del área: las relaciones internacionales las dirige un ingeniero mecánico, en educación está quien nunca ha dado clases, las finanzas bajo “manu militari” de un general, la comunicación y la información dependen de una abogada y en el turismo, un personaje que se dice periodista y cuyo mayor éxito es un muñequito llamado “cheverito”, por eso la improvisación ha estado a la vuelta de la esquina.
A ese dechado de genios que simulan gobernar, se les ocurrió construir unos mamotretos de refugios para los “jinetes de la revolución”, que los motociclistas no utilizan porque les parece mejor guarecerse bajo los puentes; las señalizaciones de tránsito amarillas las quitan porque un partido político opositor se identifica con ese color y en cualquier momento pintan las aceras (esa estructura de cemento que los peatones venezolanos compartimos con buhoneros, perrocalenteros, basura y pare usted de contar) de rojo, no por la cantidad de muertos que a diario ocurren, sino para oficializar esa práctica de que cualquier lugar es parada de autobuses, camionetas por puesto y carros de pasajeros.
Nadie que visite al país, y menos esa marejada de invasores asiáticos que llegan por invitación del ministro “cheverito”, entienden el desbarajuste que aquí ocurre, las paradas de autobuses no existen y las reemplazan el grito “donde puedas”, que en otras palabras es donde le dé la gana al chofer, con lo cual no quiero decir que el conductor de los destinos del país actúe así por conductas aprendidas en oficios anteriores.

El guachimán necesario

A todos estos problemas podemos agregar la menudencia de que el contrabando de extracción, el narcotráfico y el abuso del poder están en manos de quienes juraron defender la soberanía.
Fíjense que hasta el fiel perro de tres cabezas, Cerbero, policía del inframundo, ni siquiera cumple sus funciones, por lo que aquí fue reemplazado con unos fantoches que se han dado a la tarea de dirigir el tránsito, ordenar las colas de los automercados y a pasear disfrazados de milicianos como sí todo el año fuese carnaval.
En un país en que es de vivos colearse, tener un compadre que ayude a evadir las normas o en que la vida ha perdido su valor por la inseguridad, el gobierno es necesario, el problema es que quienes hoy lo dirigen, propician el caos, la anarquía y la ilegalidad, en fin, el hagan lo que les venga en gana, para así reinar este inframundo en que han convertido a Venezuela.

Llueve… pero escampa

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Peor que las plagas de Egipto

Miguel Yilales
@yilales
Sin ánimo de llegar a la blasfemia, muy de moda en estos tiempos de revolución, pareciera que en Venezuela estamos viviendo tiempos bíblicos.
A los venezolanos, por la falta de fe en la democracia, los partidos y las instituciones (que funcionaban mal, pero funcionaban) nos cayeron las 10 plagas bíblicas, pero a diferencia de las calamidades que, según el Antiguo Testamento, Dios infligió a los egipcios para que el faraón dejara partir a los hebreos a la Tierra Prometida, en nuestro caso son para que nos percatemos de lo que teníamos y no supimos apreciar por andar creyendo y adorando a un becerro de papel maché.
Para todos es familiar, las escenas de la película “Los diez mandamientos” de Cecil B. DeMille, protagonizada por Charlton Heston y Yul Brynner, en la que se recrean las plagas: sangre, ranas, mosquitos, tábanos, pestilencia, úlceras, granizo, langostas, oscuridad y la muerte de los primogénitos.
La narración, tomada del Éxodo, describe como Moisés le dice al faraón que, de no liberar a su pueblo, serían castigados con grandes males, pero el que gobernaba, descendiente directo del comandante supremo “Ra”, decidió no liberar a quienes eran sus esclavos, una especie de presos políticos de la época.

Las plagas que nos atacan

Aunque el orden no es el mismo estamos ante signos similares y sí de plagas hablamos, tendríamos que comenzar con la primera de ellas, es que el país se ha bañado de sangre en estos 16 años, con una cifra de fallecidos por la violencia institucionalizada, delincuencia y falta de insumos médicos, que no tiene nada de natural, mayor que la de cualquiera de los conflictos que hay en el mundo.
En cuanto a los insectos, basta con leer los reportes epidemiológicos extraoficiales (porque los oficiales no existen) para enterarnos que han reaparecido enfermedades como el paludismo, el dengue, la malaria y, como si no fuese suficiente, surgen nuevas con el mosquito tigre y su chikunguya, que aunque suene a ritmo tropical, no tiene nada de pachangoso y sí de peligroso.
Que en un país que comparte la reserva de agua dulce más importante del mundo, la Cuenca Amazónica, las reses se mueren por falta de agua, no puede ser sino una plaga producto de las malas políticas de un gobierno o una conspiración intergaláctica e imperialista que nos envió una ola de calor que solo mata las vacas en Venezuela.
Las pestilencias e inmundicias con las que nos toca deambular a diario en las ciudades, carreteras, ríos y lagos a lo largo y ancho del territorio nacional es parte de esas plagas que nos cayeron, no porque el gobierno no se encargue de recoger la basura y sanear los espacios públicos, sino porque los venezolanos consumen más y por ende ensucian más.

Todo no termina ahí

En cuanto a las langostas, y no me refiero a ese suculento manjar del mar sino a esa especie de insecto que es capaz de arrasar con comarcas enteras, que en nuestro caso tienen el cuero escarlata y han engullido el país, sus finanzas, sus recursos naturales y todo lo que se les atraviesa, dejando a su paso desolación y miseria.
Sobre la oscuridad basta que veamos las ciudades en penumbras; esta la plaga tiene nombre y apellido, la improvisación, porque nadie se explica que quienes han dirigido el sector saben de todo menos de electricidad. Por ahí pasó un exguerrillero, abogado y diplomático que le dio por comprar plantas de gasoil en vez de mantener y concluir uno de los sistemas hidroeléctrico más importantes del mundo y ahora tenemos a un militar que ha servido para la ciencia, la tecnología y las industrias; el despacho presidencial; la comunicación y la información y el interior, que debe saber de electricidad porque, antes de dirigir la masacre del canal 8, cambiaba bombillos en el cuartel.
Sobre la muerte de los primogénitos, la plaga es peor porque no discrimina entre los hijos mayores y los menores, ya que la inseguridad está en manos de quien dirige los atropellos, las violaciones y hasta las torturas a quienes ejercen el derecho a la protesta, así no lo vean el trío del poder moral, que son como los chimpancés Mizaru, Kikazaru e Iwazaru: no ven, no oyen y no hablan.
Mientras no decidamos liberarnos de la gran plaga roja, estaremos a la merced no de diez sino de mil plagas venidas de quienes necesitan mantenerse en el poder, en estos 16 años los que adoraron al becerro, ya se percataron que fue peor el remedio que la enfermedad, aún faltan convencer a los demás.

Llueve… pero escampa

miércoles, 3 de septiembre de 2014

En vez de sacudón, queríamos un milagro

Miguel Yilales
@yilales
Mis padres me inculcaron desde pequeño, como a la mayoría de los venezolanos, a seguir las tradiciones de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que si a ver vamos no difieren mucho de las otras iglesias que surgieron de la vida de Cristo.
De las enseñanzas ahí plasmadas y de las horas dominicales de ir a misa, siempre recuerdo los pasajes bíblicos que me llamaba la atención y que aun hoy desconciertan a todos, por tratar de algo incomprensible: los milagros.
De esos siempre me llamó la atención el episodio descrito por los cuatro evangelios canónicos del Nuevo Testamento, en el que Jesús da de comer a 5 mil personas con 5 hogazas de pan y 2 peces, comúnmente llamado la Multiplicación de los panes (léase que me refiero a ese producto desaparecido de las panaderías, hecho con harina, huevo y mantequilla) y los peces.
Lo simbólico de este hecho es que a pesar de la poca fe de los discípulos, la generosidad del muchacho que cargaba el pan y los peces, la multitud que seguía a Jesús y el obrar milagroso de Él, pudieron ser saciados los ahí reunidos. Así lo explican los textos bíblicos.
Desde esa época hasta nuestros días no se tiene referencias históricas de un hecho similar al narrado por los evangelistas. Para los cristianos es un acto de fe creer lo que dicen los textos, para los agnósticos un cuento bien echado.

Todo un milagro

Resulta que este año se obró un milagro similar que debiera ser documentado para la historia. En especial porque desde Marx, pasando por Engels, Trosky, Lenin y cualquiera de los que se han rasgados las vestiduras por demostrar que la religión es el opio de los pueblos, no había habido un discípulo de esas corrientes que nadara río arriba.
Pasó que un obrero, no carpintero, que nunca ha trabajado, se dio a la tarea de demostrar cómo se podía alimentar a una familia de 8 personas, durante un mes, con pollo y medio, 3 kilos de harina precocida y 2 litros de leche, porque él lo había vivido.
A cada comensal le tocaría por ingesta alimentaria (suponiendo que son 3 golpes diarios) 3 cc o una cucharada de leche, 4 gramos de harina es decir ni para una bolita de esas que se hacían para pasapalos y 6 gramos de pollo (sí se asume que pollo y medio, sin hueso, pesan 4,5 kilogramos) unas 5 veces menos que la ración mínima recomendada por los nutricionistas.
Lo milagroso aquí no es que la gente pueda distribuirse y hasta subsistir con las cantidades que compraba a su familia el milagrero de Miraflores, lo increíble es que con esa ingesta se pueda llegar a desarrollar tales niveles de obesidad como la que demuestra el émulo del cuentero de Sabaneta (lo digo por la recopilación del Arañero).
Es que estos comunistas, izquierdistas, socialistas que disfrutan de los lujos luego de oprimir a los pueblos, en la URRS o aquí, les encanta inventar historias que rallan en lo fantástico y en lo fantasioso.

Leyendas urbanas

Hace algunos años les dio por inventar, y ahora todos ellos se lo creen y dicen que es verdad, que el venezolano se alimentaba con comida para perros, pero nunca presentaron una sola prueba o siquiera uno solo de ellos que dijera “yo comí perrarina”, con lo cual podemos estar ante una leyenda urbana o ante la evidencia de una generación alimentada por perrarina, que se crío caninamente fieles y domésticos al régimen castrista como para formar un partido socialista.
Cuando reinaba el predecesor de este hacedor de milagros, siempre pensé que su régimen parecía salido del cuento de “Las Mil y una noches”, en especial por sus ejecutorias… aunque Alí Babá y los 40 ladrones eran niños de pecho, ante lo que han hecho los manilargos del socialismo del siglo XXI.
Ahora estoy convencido de que su heredero es como el Rey Midas visto en un espejo, mientras que el primero convertía en oro todo lo que tocaba, su reflejo Sadim (suena a primo de Husseim) todo el oro que toca lo convierte en bosta y para muestra vemos en lo que ha transformado al país, a la economía, al abastecimiento, a la seguridad y, en fin, la vida de los que aquí vivimos.
Es que entre sacudón y milagro, lo que realmente hubiésemos agradecido era un acto de prestidigitación en el que desapareciera a tanto incapaz que se ha enriquecido a costillas de la quiebra del país y que se fuesen a acompañar “al que no está”, total seguirían vivos y luchando, en su grata compañía, donde sea que esté, y que no se preocupe que los demás arriamos.

Llueve… pero escampa

miércoles, 27 de agosto de 2014

Racionamiento es racionamiento

Miguel Yilales
@yilales
Hace algunos años, antes que se iniciara este proceso político, los niños venezolanos disfrutábamos de los mejores espectáculos que salían de gira por el continente. En el Nuevo Circo de Caracas, y luego en el Poliedro, llegaban artistas con sus espectáculos de patinaje sobre hielo, teatro y musicales que hacían de las delicias de padres y niños.
Pero la historia reciente del show bussines infantil en Venezuela se ha circunscrito a circos y más circos. Inclusive hay unos hermanos, radicados en el país, que cada año hacen su agosto, literalmente hablando, en el mes de agosto.
Tan importante ha sido el circo para el proceso bolivariano, socialista y chavista que hasta una escuela para la formación circense crearon, aunque supongo que la afición por la pista, la tramoya, en fin, por el espectáculo le venía a nuestro tropical Mumm-Ra (personaje momificado e inmortal de una serie animada que otrora vi) por otro lado.
Y es que durante el Imperio Romano se organizaban grandes espectáculos: combates de gladiadores, luchas de fieras, representaciones teatrales, que eran la forma de entretenimiento por excelencia. Este divertimiento y la distribución de alimentos de manera gratuita se convirtieron en las dos grandes herramientas de control social de la época y que, 2 milenios después, la siguen usando las revoluciones, llámese cubana, venezolana o norcoreana, como política de Estado.

Panem et circenses

Desde que el Socialismo del Siglo XXI se instaló en el poder ha empleado la estrategia del circo en muchas ocasiones, es más, vivimos en un constante espectáculo al estilo romano que, para mantener tranquila a la población y ocultar los hechos controversiales que ocurren a diario, provee a las masas de alimentos malos y entretenimientos de baja calidad.
Pero ahora que el gobierno maduró (lo digo porque ya bailó el vals y no por apellido alguno) la comida si no se pudre, no se encuentra; si desaparece, aparece más cara o la tienen los buhoneros; si no se produce, se importa y si se produce, no alcanza o la contrabandean, en fin una tramoya tras otra para definir lo que solo tiene un nombre escasez.
Y frente a la carestía nada más eficaz en tiempo de revolución que controlar su distribución: colas en que las personas son marcadas como ganados para adquirir lo único que hay es más eficiente que la variedad de productos para consumir; mercados a cielo abierto en que la gente espera bajo el inclemente sol son superiores que esa costumbre burguesa de adquirir los productos en aire acondicionado e implementar el racionamiento es mejor que abastecer.
Pero lo grave de todo esto además de que no se encuentran los productos de la cesta básica o se adquieren a precios exorbitantes a pesar de los controles de precios, es que entre tanto circo ya la gente no sabe cómo llamar a las cosas por su nombre.
El lingüista norteamericano George Lakoff dice que en política hay que crear marcos referenciales para que la sociedad compre un sistema y en eso han sido unos artistas los asesores del régimen. De ahí que el desabastecimiento por incapacidad del Estado se convirtió en guerra económica y la falta de productos en exceso de consumo.

Llámelo por su nombre

La última estrategia ha sido para desvirtuar que las tarjetas de restricción al estilo cubano, que en el siglo XXI es electrónica, no es de racionamiento sino de abastecimiento y que no se trata de las mismas odiadas captahuellas electorales sino de un sistema biométrico para hacer las compras, cuando en realidad de lo que hablan es de racionamiento.
Pero así como el gobierno implementa sus marcos lingüísticos la oposición y la sociedad en general debiera tener sus propios referentes y no repetir como loros la jerga gobiernera.
Nos encontramos frente a un régimen chambón que lo único que le interesa es mantener sumisa a la sociedad mediante controles y colas. Se estrenaron en la vigilancia, de cuánto podíamos gastar en los viajes y a que destinos ir, con un cupo de dólares que usan como sí de dádivas se tratase, ahora le tocó el turno a lo que debemos consumir.
Para ellos lo importante es dosificar cuanto pan le dan al pueblo, mientras sus acróbatas, malabaristas, contorsionistas y payasos (que les sobran) montan el espectáculo para doblegar la voluntad de los ciudadanos; no se trata de sistemas biométricos, ni de tarjetas electrónicas o chips de consumo, esto en lenguaje llano es racionamiento y racionamiento es racionamiento.

Llueve… pero escampa

jueves, 21 de agosto de 2014

Sin vacantes para el que rebuzne

Miguel Yilales
@yilales
En la actualidad hablarle a los jóvenes sobre el oscurantismo es transportarlos a los libros mágicos de J.K.Rawling, donde un ser tenebroso, maligno y despiadado trata de dominar al mundo, que pudiera estar ambientada en Venezuela, aunque no lo está, pero conversarlo en otras épocas lo llevaba a uno a inquirir sobre lo que desencadenó en una verdadera revolución como la francesa.
En ese período los pensadores de la Ilustración sostenían que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía para construir un mundo mejor. Aunque en términos correctos debiéramos hablar de las Ilustraciones, porque estas no ocurrieron en todos los lugares al mismo tiempo, sabemos que en todas (Gran Bretaña, Francia, los Países Bajos, la península italiana y la ibérica, el conglomerado germánico, Polonia, Rusia, Suecia y hasta en las colonias americanas) se propugnó la difusión del conocimiento.
Ahora esta versión tropical y caribeña de lo que es una revolución pretende reescribir la historia y decirnos que hay que exaltar la barbarie, la nigromancia y el despotismo, en los que estudiar y aprender es diabólico y propio de un pensamiento burgués.
En estos días apareció una especie de “Robespierre” bolivariano, por aquello de llevar a la guillotina a todo el que piensa distinto a él, que está decidido a demostrar que una verdadera rebelión popular debe quitar la educación como un derecho y convertirla en un privilegio.

El pichón de Torquemada

Resulta que aquella idea del Barón de Condorcet de dar instrucción al humilde para sacarlo de la profunda desigualdad social no era en realidad un postulado revolucionario, ya que sin los pobres no puede haber revolución.
Como también estaba equivocado el español Jovellanos, ese que planteó el concepto de gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza primaria, y la necesidad del estudio de las carreras técnicas como las matemáticas, el dibujo, el comercio y la náutica, es decir, la profesionalización.
Todos esos pensamientos, que en realidad eran ideas burguesas e imperialistas disfrazadas de revolucionarias, debieran ser desterrados según un diputado (perteneciente al partido que otrora apoyó al maestro Luis Beltrán Prieto) que ahora podríamos llamar Gastón de Torquemada.
En un destello de genialidad propia de quienes ejerciendo una profesión reniegan de ella, algo así como decirse obrerista y acabar con las protestas de los obreros por ser contra el Estado, propuso que para ser periodista y comunicador social (él es periodista) no era necesario pasar por la universidad.
Supongo que luego opinará, en honor a su partido, que todo aquel que sepa pegar bloques debe ser considerado ingeniero civil, el que sepa sacar cuentas es contador público, el que repare motores será ingeniero mecánico o el que sepa pegar curitas se le dé por enfermero.
De seguir por esta vía debiera proponer cerrar cuanta universidad chimba ha creado el socialismo del siglo XXI, porque universidad de pensamiento único es cualquier cosa menos una universidad, y así evitar erogaciones innecesarias al Estado ya que podrían entregar los títulos en una bolsa, porque cajas no hay, de detergente.

Que muera la inteligencia

Definitivamente no se podría esperar más de quienes en estos 16 años se dieron a la tarea de acabar con todos los postulados de la igualdad, libertad y fraternidad, para entronizar a un reyezuelo, con herederos y todo, lo cual nos retrotraería a épocas en los que el rey era el Estado.
Cuando Millán-Astray se enfrentó a Miguel de Unamuno y dejó para la historia aquella miserable frase con la que es recordado, labró su camino para convertirse en jefe de Prensa y Propaganda de la dictadura militar de Franco, en la que obligaba a los periodistas a cuadrarse y alinearse al tocar el silbato, lo que hace suponer las aspiraciones de este barbacana de la revolución: comandar las salas de loas (no son de prensa) de la revolución.
Sí el siglo XVIII fue considerado el de las luces, en Venezuela estamos avanzando a paso de vencedores, en pleno siglo XXI, hacia la Edad Media.
Hoy cuando es vital la profesionalización, la especialización, el dominio de la información y de los idiomas, solo a un retardatario monje del siglo IV, y creíamos que en este régimen solo había un monje, se le ocurriría tal adefesio pero a veces el más asno no es a quien le sobren los méritos sino al que rebuzne más y definitivamente en esta oclocracia ya no hay vacantes.

Llueve… pero escampa

sábado, 16 de agosto de 2014

Un país que sufre de alzhéimer

Miguel Yilales
@yilales
Hay cosas que son inevitables desde que nacemos. La primera es que al ser concebidos empezamos a envejecer y la segunda es que expiraremos en algún instante. En lo particular no hablaré sobre la muerte porque en estos días pareciera que ella se hubiese instalado en esta tierra.
Si no fuese así la gente no andaría quitándose los años y la cirugía estética y los tratamientos para rejuvenecerse no existirían o el conquistador español Juan Ponce de León no hubiese invertido su tiempo buscado la fuente de la eterna juventud.
Sabemos que vamos para allá, pero queremos hacerlo en las mejores condiciones físicas y mentales, que no se deteriore nuestro organismo y principalmente que nuestra mente no nos haga malas pasadas.
Llegar a viejo lúcido es una bendición, pero el organismo se estropea y contra eso no podemos hacer nada, al llegar a la adultez las neuronas no son las mismas y nuestra corteza cerebral se deteriora dando paso a diferentes manifestaciones de lo que conocemos como demencia senil.
Los griegos y los romanos asociaron a la vejez con la demencia y fue hasta 1901 que el psiquiatra alemán Alois Alzheimer identificó que el problema no era la edad sino una enfermedad que lleva su nombre.
La enfermedad de alzhéimer es la forma más común de demencia senil. Es incurable, terminal, aparece con mayor frecuencia en personas mayores de 65 años de edad y se caracteriza en su forma típica por la pérdida de la memoria inmediata, confusión mental, irritabilidad y agresión, cambios del humor, trastornos del lenguaje, pérdida de la memoria de largo plazo y una predisposición a aislarse.

Qué mala memoria

Si no fuese porque estos síntomas están asociados a los individuos, en Venezuela pareciera que nos encontraríamos con el primer caso mundial de una enfermedad no contagiosa con manifestación colectiva.
Según algunos todas las obras de infraestructura las hizo el general de Michelena o el comandante de Sabaneta, entre 1958 y 1998 no se construyó nada: los puentes “Rafael Urdaneta” y “Angostura”; el segundo sistema hidroeléctrico más importante de Suramérica; el complejo cultural Teresa Carreño que completó el corredor de la cultura en Caracas; Parque Central con sus enormes torres; hospitales, universidades, complejos hoteleros, no existen o aparecieron de la nada; el vaso de leche escolar que repartían cada mañana en las escuelas nacionales nadie se lo tomó o Corpomercadeo aquel sistema de abastecimiento a las clases menos favorecidas nunca existió y solo el Plan Bolívar 2000, MERCAL, PDVAL o el Bicentenario visibilizaron a los pobres. Si todo esto no es una muestra de la pérdida de la memoria inmediata y de largo plazo, no sé que será.
En 1989 Carlos Andrés Pérez luego de ganar la presidencia planteó un plan de reducción del Estado venezolano sin empresas que no fuesen su razón de ser (que no fuese hotelero, telefonista, agente de bolsa, banquero, bodeguero, operador aéreo, entre otros) por lo que la intelectualidad, la izquierda, la derecha, los medios de comunicación y los militares golpistas se confabularon hasta derrocarlo, resulta que 25 años después el comandante Fausto nos viene con el cuento que el Estado, que él ayudó a engordar en estos 16 años de revolución, no puede ser tan grande y que debiéramos salir de lo que no es el negocio de gobernar. Esto tiene que ser una prueba irrefutable de la confusión mental de estos acólitos del Socialismo del Siglo XXI.

Seniles o no he ahí el dilema

Lo que nos falta es que dentro de poco salgan y parafraseen el eslogan que tanto usaron los adecos y nos digan que “con Chávez se vive mejor” y lancen la candidatura de la verdadera hija del Supremo, para evidenciar nuestra predisposición a aislarnos definitivamente del mundo que busca modernizarse.
En cuanto a las condiciones de irritabilidad, agresión y cambios de humor en estos años recientes entre la escasez, la inseguridad, el abuso de poder, la ineficiencia de las líneas aéreas, de seguro encontraremos evidencias de esto.
Y del trastorno del lenguaje no hablaré, no vaya a ser que piensen que me estoy refiriendo al iluminado que vive inventando verbos, adjetivos, sustantivos y pare usted de contar.
Definitivamente parecemos un país en el que todos sufrimos de alzhéimer, los que han tenido familiares con esta enfermedad saben lo penosa que es, ojalá que a los que pretenden dirigir la nación les importara y lucharan por corregir las causas que nos trajeron hasta aquí.

Llueve… pero escampa

jueves, 7 de agosto de 2014

Esto se lo llevó quien lo trajo

Miguel Yilales
@yilales
Sí los hispanohablantes tenemos dudas sobre la acepción de una palabra recurrimos al diccionario. Recuerdo que cada vez que le preguntaba a mi papá por el significado de una palabra me enviaba a revisar el mataburros con lo cual eliminaba dos pájaros con una sola pedrada: me hacía estudiar y que dejara la flojera.
Cuando el instituto de filología Andrés Bello de la Universidad Central de Venezuela de la mano de Rosemblant inició los trabajos para clasificar esas palabras que eran exclusivas del hablar del venezolano, nunca se imaginó que en los años venideros tendrían mucho trabajo.
Todo comenzó por tratar de clasificar las palabras como buenas y malas en el habla de los venezolanos, para resultar que las palabras no son buenas o malas sino que son de uso común o no según las regiones donde se empleen.
En realidad la Real Academia Española, aunque últimamente ha hecho esfuerzos para reconocer que hay más español que el de España, registraba las voces que pertenecen al español general y las que son de uso de España e incluía, de manera asistemática y poco rigurosa, vocablos de países hispanoamericanos, marcados como regionalismos.
Esa metodología reflejaba que para la Academia la lengua empleada en ese país es “el español” mientras que la empleada en cada uno de los países hispanoamericanos es una “desviación”, con lo cual toda Hispanoamérica, es decir, más de 400 millones de personas somos excéntricos por no decir anormales.

Delincuentes de cuello rojo

Este cuento lexicográfico, que no es pelea con la RAE, viene porque a veces en el mismo país no entendemos los vocablos que usamos: el recao de olla, guachicones, esnobol, lampazo, coleto, son palabras que solo las entienden quienes las emplean regularmente.
Muy distinto al de un personajillo que vive inventando palabras, de seguro porque no hubo quien le dijera que revisase el mataburros, con lo cual cada día se hace más burro, y lo digo sin insinuaciones a onomástica alguna y mucho menos con intenciones antroponímicas.
Tanto ha cambiado nuestro idioma, que hasta las formas se han visto afectadas por este improvisado régimen que lleva casi 16 años, y para muestra más que un botón.
El servicio exterior ese cuerpo permanente (esto solo aplicable a algunos privilegiados en Portugal y en la OEA), formado por profesionales (excepción venezolana que mandan al primero que tenga carnet), que trabajan para el Estado (algunos ni lo han hecho en su vida) y se desempeñan en embajadas, consulados y misiones (hay quienes ni conocen sus funciones) son otra cosa hoy en día.
Por ejemplo si a usted lo designan Cónsul, en los países del mundo antes de darle el placet, deben revisar sus antecedentes penales y sus vínculos con el narcotráfico internacional, porque pareciera que ahora ser Cónsul, en Venezuela, es sinónimo de capo de un cártel.
Igual sucede con el grado de general de la fuerza armada bolivariana, chavista, socialista y antiimperialista en la que cada soleado tiene un expediente por algo, para que no salte la talanquera por aquello de que chivo que se devuelve se esnuca. Los generales son receptores de divisas de CADIVI para importaciones que nadie ha visto, vio o verá; aparecen en todas las listas de los más buscados y para colmo de males se creen herederos de las glorias del Libertador, sin haber librado aunque sea una sola batalla.

Sensaciones más que reales

En Venezuela la política reciente ha dado mucha tela que cortar, en especial por los aportes lingüísticos, que debe tener a la Academia española y a su correspondiente venezolana dando carreras, como si se tratase de Filípides para anunciar la victoria de Atenas sobre los persas.
En el país todos los días acontece algo que no podemos llamar por su nombre. Asesinan pero no son asesinatos, secuestran pero no son secuestros, roban pero no pueden ser catalogados de robos; solo son sensaciones de inseguridad, que las actoras (Maduro dixit) de la injusticia venezolana las catalogarán de exageraciones mediáticas y de percepciones de quienes debieran estar pendientes de las “masacres” de la canalla internacional en lugar de conspirar (protestar) contra la gestión madurista, como si no estuviésemos asediados por la delincuencia, por cierto tan organizada como la gubernamental.
Mientras al Nerón obrerista le da por echarle trementina a la obra y acercarla a la candela, los venezolanos tenemos que estar listos para apagar el candelero, mientras él toca la conga.

Llueve… pero escampa