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martes, 23 de abril de 2019

Sin honor no hay paraíso

Por Miguel Yilales
@yilales
Pareciera que el honor, la rectitud, la dignidad y el decoro se fueron de farra en Latinoamérica. En las iglesias tropezamos con pederastas, votos incumplidos, terroristas en nombre de la religión y guías de la fe que pierden el norte para dedicarse a los placeres mundanos de sus relaciones políticas; en la política nos encontramos, en el poder y en la oposición, que la mentira, el engaño, la corrupción y la injusticia son el leitmotiv; vemos a padres que justifican que sus hijos lleguen a casa con un lápiz que no les pertenece; a jóvenes que se copian en un examen porque no estudiaron y a maestros displicentes con el plagio descarado.
El deterioro es tan descomunal que acabamos de protagonizar el más grande entramado de corrupción desde la llegada de Colón, donde los gobiernos de esta parte del mundo mandaron por el retrete su argumento más manido, la soberanía, para arrodillarse ante una empresa que emponzoñó la gestión pública de numerosos países para ponerlos al servicio de la tiranía castrocomunista, del Foro de Sao Paulo y de la putrefacta izquierda internacional.
Porque debemos tener claro que Odebrecht no hubiese existido sin Fidel y Raúl Castro con su poder para erotizar a los eunucos políticos latinoamericanos, sin Lula con su capacidad para simular honestidad cuando en realidad era un pillo de siete suelas, sin Chávez con sus petrodólares para comprar gobiernos, manipular procesos electorales e impulsar presidentes fantoches y sin el concurso de muchos bodoques sin moral que se entregaron a los tentáculos del mal para llenar sus bolsillos con dinero mal habido.
Lupanar de casquivanos
Es qué, cuando no hay decencia ni vergüenza, los atajos están a la vuelta de la esquina y evadir las responsabilidades es el camino expedito para la impunidad. Por ello los politicastros latinoamericanos se agarran de los clichés que justifiquen la toma del poder, mienten y engañan a los más incautos, se justifican con que el tiempo lo borra todo, critican el populismo mientras hacen más populismo y aseveran que la probidad está “periclitada”.
Estos rastreros y malintencionados politiqueros han pretendido tapar sus desaciertos al ritmo del salto la talanquera, al compás del cambio de partido y con la cadencia de cualquier rebatiña que los aferren al poder: hoy son progobierno y mañana despotrican de la tiranía que construyeron; ayer clamaban por más socialismo mientras robaban para darse vida de sibarita en Nueva York, Roma o París y hoy se presentan como la gran solución capitalista; antes eran de izquierda, luego alzaron el vuelo para incorporarse al centro y terminarán abjurando de lo que no huela a derecha.
Frente a esa mayoría de casquivanos, que ha incursionado en los asuntos públicos del continente, para convertir la política en su lupanar particular tenemos atisbos de honra que deben llamarnos a la reflexión profunda. Para un verdadero líder los únicos caminos son enfrentar la justicia para demostrar su inocencia y en caso de retaliación de sus propios compañeros (que no perdonan aciertos ni que, a pesar de los desaciertos, mantenga popularidad) ir a la cárcel o inmolarse para evitar convertirse en el premio que las hienas despiadadas y salvajes exhibirán por la gradería de la deshonra.
Impera la ignominia
Ante la decisión del expresidente peruano Alan García de no permitir que “lo humillaran, lo expusieran al escarnio y lo vejaran, a la luz del odio repetido y de los rumores infundados”, hubo quienes de inmediato lo tildaron de cobarde por no asumir las consecuencias de sus actos, aseveraron que de antemano había aceptado su culpabilidad, que había sido impulsivo al no dejar que actuara la justicia y lo acusaron de ser un bicho raro con ínfulas de guerrero japonés, donde el harakiri tiene cabida, dentro de una acomodaticia cultura occidental.
Solo el escrutador tiempo permitirá formar un juicio justo sobre la decisión de Alan García. No debió haber sido fácil pero sí pensada, meditada y planificada con anterioridad, según se desprende de su última proclama, que despejó dudas y puso a más de uno en su lugar. En tiempos en que impera la ignominia necesitamos más decoro, ahora cuando manda la mentira clamamos por más verdad, ante el dominio del dolo se hace obligatorio el pudor y hoy en día cuando la riqueza fácil es preferible al trabajo honesto es cuando más falta hacen políticos que cumplan su palabra porque sin honor no hay paraíso.
Llueve... pero escampa

domingo, 24 de septiembre de 2017

La culpa es de “Donal Trun”

Por Miguel Yilales
@yilales
En nuestro país no pegamos una. Siempre que estamos mal, hay algún giro que nos lleva a un peor nivel. Olvídense de Guatemala porque desde que llegó la plaga destructiva del chavismo pasamos a ser Venepeor. Nuestros índices económicos, sociales y políticos nos ubican como lo más pauperrimo en libertades, derechos humanos y ambiente democrático, es decir, Haití tiene más calidad de vida que esta maltrecha republiqueta.
Devastados sin necesidad de estar en la ruta de los huracanes que azotan el Caribe y que a cada rato terminan en la costa norteamericana o en el Golfo de México; destruidos sin que suframos los movimientos telúricos de las fallas tectónicas que van desde Chile hasta California o que tengamos esos volcanes que, de tiempo en tiempo, cubren el paisaje de humo, cenizas y alguna que otra lenguarada de lava.
Cualquier ciudad del país se encuentra llenas de huecos, con puentes cuyas juntas de expansión parecen escalones, con edificios recién construidos que ya están deteriorados, resquebrajados y a punto de desplomarse como consecuencia de haber empleado materiales de quinta (república); parques nacionales, que ni son parques ni son nacionales, convertidos en desérticos espacios como consecuencia de un régimen ecológicamente coprófago. Es que la desolación que se visualiza en las metrópolis que han sido afectadas por desastres naturales es nuestro modo de vida, que los monumentos hayan transmutado en refugios de desahuciados sociales es nuestro paisaje cotidiano y que la gente hurgue en la basura es nuestro pan de cada día.
Busca el culpable
La llegada de Hugo Chávez y sus pichones de dictadores al poder dio al traste con cualquier vestigio de desarrollo, destruyó la democracia que conocíamos para implementar una dictadura a la medida del establishment surgido de una cúpula militarista, corrupta, narcotraficante y delincuencial que no descansaría hasta pisotear nuestra ciudadanía y despilfarró los mayores ingresos que nación alguna haya tenido desde que el petróleo es petróleo.
Pero tempranamente (para muchos tardíamente) lo sorprendió la muerte por lo que la banda que lo acompañó desde 1992 asumió la misión de concluir su legado, de destruir lo que quedase en pie, de subyugar a los venezolanos para que los negreros del siglo XXI (que regentan la isla cubana) dirigieran sus destinos, de subastar el país al mejor postor (estuviese en las estepas rusas o detrás de la Gran Muralla) y de culpar de todos nuestros males a los malucos y perversos gringos.
Luego de 18 años en el poder, de pulverizar todo a su paso, de acabar con el suministro de medicinas, de desaparecer la comida de los anaqueles, de permitir la reaparición de enfermedades endémicas, de construir un narcoestado, de perseguir a todo el que pensase distinto, de transmutar a las instituciones en esperpentos apéndices de la dictadura y de convertirnos en el único país exportador de petróleo que no tiene gasolina para el consumo interno resulta que el responsable es “Donal Trun” (según  Maduro así se pronuncia, necio yo que decía Donald Trump).
Con visión de futuro
No importa si el Despacho Oval ha sido ocupado por 4 norteamericanos distintos, que hayan transcurrido 6 administraciones diferentes o que demócratas y republicanos se alternasen en el poder mientras que aquí se instauraba una dictadura porque quién asumió la presidencia en EEUU desde enero de 2017 es responsable de que el precio del petróleo bajase, de que el proyecto ferroviario se convirtiera en un gran elefante rojo, de que Odebrecht corrompiera a los “inocentes” líderes chavistas, de que se desborde el Lago de Valencia, de que el agua salga marrón por las tuberías, de que el servicio eléctrico sea deficiente, de que tengamos la peor conexión a Internet, de que los sueldos mensuales de los venezolanos equivalgan a una hora de trabajo en EEUU y de que todos los gobiernos occidentales vean con ojerizas a los chavistas porque son tan demócratas como Stalin, Milosevic o Mao.
Es que Trun (mi hijo me dice que es Trump), todo un visionario, le puso el ojo al país desde 1995 cuando una venezolana se involucró en uno de sus negocios y por eso se obsesionó con ser presidente para cobrarse lo de Alicia Machado y de ñapa destruir al Socialismo del Siglo XXI... lo cierto es que todo comunista, que se precie de serlo, siempre culpará a otros de sus ineptitudes e incapacidades y Nicolás Maduro no iba a ser la excepción.

Llueve... pero escampa

domingo, 7 de mayo de 2017

En esta tierra de desgracias

Por Miguel Yilales
@yilales
Cuando era más joven, entendiendo que la juventud es una actitud y no cuestión de edad, podíamos jugar en la calle, salir en patotas de amigos, caminar sin mayores peligros, ver televisión y esperar cada fin de semana para las reuniones familiares. Es que en esa época era casi que religioso que los domingos nos reuniésemos las familia en torno a la mesa para compartir un humeante plato de sopa (que siempre aceptaba más agua para nuevos invitados) o tener simples encuentros para jugar pelota de goma, un pisa y corre, al escondido, tonga, quemado o algún juego de cartas. Tradiciones vetadas a la muchachada de hoy por la instauración del terror como política de Estado.
Idi Amin, Mao, Stalin, Franco, Castro, Hussein, Ceaucescu, Mugabe, Pinochet, entre otros, entraron a los libros de la historia por su forma de tiranizar. Para ellos era necesario sembrar un ambiente de terror que les permitiese reducir a los ciudadanos a simple pueblo. Por eso es que Chávez siguiendo a estos mentores instauró el miedo para poder implantar una la oclocracia, que posteriormente fue consolidada, por Maduro, en una tiranía cleptocrática.
Creer que se está vivo porque se respira, el corazón palpita y los órganos cumplen sus funciones es asumir como válido el silencio para sobrevivir a unos delincuentes, que lo único que les ha importado es perpetuarse en el poder sobre los cráneos y osamentas de aquellos que han eliminado, y que es suficiente con aspirar a que la ruleta del destino, que giran los esbirros del régimen, le toque a los demás.
Venezuela no es Ruanda
En nuestro país no hay vida. Ni diurna ni nocturna. Atrás quedaron los bulevares y los centros comerciales para salir a pasear; una buena bailada en algún local nocturno o que los estudiantes pudiesen calmar la sed con heladas cervezas ¿Quién no bebió algunas al salir de clases?; mucho menos asistir a una función de cine, teatro o una inocente excursión por parques o tan siquiera por el Ávila.
Los venezolanos ni siquiera podemos estar tranquilos en nuestros hogares o fuera de ellos, en especial en esta época de protestas ciudadanas en contra de una de las peores y más crueles dictaduras que hayamos vivido, porque debemos esquivar los proyectiles disparados por los funcionarios policiales al aire(en algunos casos al de los pulmones o a la tráquea de un manifestante) o dormir con máscaras antigases no vaya a ser que a algún comando militar se le ocurra fumigar las residencias marcadas como opositoras, con lo cual demuestran que no sólo usan las técnicas de la propaganda goebbeliana sino que reeditan las prácticas nazis por el solo placer de asfixiar a niños, jóvenes, adultos y ancianos.
Es que para los que desgobiernan al país no hay mayor onanismo que gasear una escuela, una iglesia, una clínica o disparar potentes granadas directo a la cabeza o a la humanidad de quién se muestre contrario a la revolución chavista, pues les tiene sin cuidado asesinar, aniquilar o exterminar, como ha ocurrido con casi medio centenar de ajusticiados en un mes de protestas. Así como algunos alertaban que el país se estaba cubanizando y había quienes alegaban que "Venezuela no era Cuba", hoy nos estamos ruandanizando aunque algunos no sepan qué pasó en la fratricida masacre de Ruanda.
A todos nos puede tocar
Eso de qué hay que agradecer cada mañana por despertar con vida es una cruel realidad. La lapidaria frase pronunciada por el hijo del poeta (de pésima oda) de que la víctima "pude haber sido yo", prueba de que Dios castiga sin palo y sin rejo, o la tardía indignación de Dudamel por la innecesaria muerte de un joven músico cobran vigencia porque desde hace mucho tiempo los venezolanos cuando salimos desconocemos si regresaremos y en caso de volver si llegaremos a ver el amanecer.
Es que si no nos agarra el chingo, nos coge el sin nariz: si no son los delincuentes, son los colectivos; si no son los colectivos, son los policías; si no son los policías, son los GNB y si no son los GNB, son los delincuentes, a fin de cuentas un círculo formado por bestias de la misma recua que abundan en esta tierra de desgracias en la que: un dictador se cree demócrata, los esbirros juran que las torturas son justas, los delincuentes pueden llegar a magistrados, el ministerio electoral no organiza elecciones legales sino las ilegales que ordena su amo y conviven unos militares que compraron toda la rifa para una estadía eterna en La Haya.

Llueve... pero escampa

sábado, 31 de diciembre de 2016

Un año perdido, un año botado

Por Miguel Yilales
@yilales
Hasta hace algunos años, por supuesto que previo a la involución política, social, económica, sanitaria que es el Socialismo del Siglo XXI, al llegar a esta época del año la televisión venezolana nos presentaba distintos resúmenes de lo que había sido su oferta programática y nuestro devenir. Un día el resumen humorístico, otro el de dramáticos, luego el de espectáculos musicales, para culminar con las noticias más impactantes. Hoy eso sería un ejercicio inviable e imposible de ejecutar, no porque no hubiese nada que resumir sino porque hubo áreas en las que no ocurrió nada y otras en las que pasó tanto que se requeriría más de un día para hacer el recuento.
Por ejemplo si quisiéramos resumir las largas peroratas que en cadena (casi que perpetuas) de radio y televisión nos tuvimos que calar, el ejercicio fuese muy simple porque bastaría tomar cualquiera de ellas y escucharíamos los mismos chistes repetidos hasta el cansancio, los mismos insultos a Ramos Allup o a Capriles, las mismas pruebas irrefutables (nunca presentadas) que demostraba que la oposición estaba involucrada en conspiraciones (cualquier mecanismo en la constitución era valido) para derrocarlo, los mismos enroques y reciclajes de ineptos e incapaces, que sacó como candidatos a diputados y que luego los regresó como ministros, porque en la corrupción, el robo y el desfalco se requiere prontuario y en esa materia han demostrado méritos sobresalientes.
Ni les compra cuentos, ni se los creen
Pero si quisiésemos hacer un resumen de los logros del régimen más chapucero en nuestra historia el trabajo sería más arduo y complejo porque tendríamos la faena de separar la paja de la mies y en eso de producir paja nadie como el ministro que nos aseguraba que el cadáver insepulto no estaba muerto sino que andaba de parranda.
Sabemos que en Venezuela el parapeto que es la Misión Barrio Adentro es un fracaso cuando todas las cifras indican que en el país reaparecieron enfermedades endémicas, se incrementó el número de neonatos fallecidos y los medicamentos para enfermedades crónicas o de altos costos brillan por su ausencia; sí es sobre la construcción de más de 1,3 millones de viviendas bastaría con dividir esa cifra entre el número de días, entre el número de horas por día y eso entre el número de minutos por hora para ver que mágicamente se construyeron y entregaron 2,47 apartamentos por minuto es decir 148 viviendas por hora o 3562 residencias por día.
Asimismo si analizamos el área económica encontramos al país con la inflación más alta del mundo, con niveles de abastecimiento en los que nos supera hasta Haití, con una política monetaria en la que cambiaron gatopardianamente el cono monetario para no corregir nada, que mutaron al sistema bancario nacional en la mayor lavandería de dinero del mundo cuando decidieron retirar el billete de máxima denominación, que tenemos una industria petrolera que no es capaz de garantizar el autoabastecimiento de gasolina y ni hablemos de la inseguridad donde alcanzamos el deshonroso penúltimo lugar al tener segundo índice de más muertes violentas por cada 100 mil habitantes.
Mal de muchos...
Pero los males no sólo quedan en una acera. Al frente tuvimos la mayor pérdida de tiempo y de capital político que nadie haya podido detentar desde 1810 hasta nuestros días. Una oposición lerda, desorientada, torpe y babieca que un año después reconoce que no hicieron nada y que las acciones que acometieron no estuvieron orientadas y dirigidas a obtener un fin político (se perdieron las uvas del 2015), eso sí reconocen haberse equivocada pero no renuncian los que la dirigen ni se deciden a reestructurar el armatoste fatuo que construyeron con falsas ilusiones, políticas erradas y caminos circulares.
Los presos políticos que no vieron la luz de la libertad, los venezolanos que hurgan entre la basura, las personas que trabajan y tratan de subsistir con salarios míseros, los pensionados que le dieron todo al país y que hoy el país los desahucia, los niños desnutridos y mal nutridos que se quedan dormidos en las aulas de clases y los jóvenes que están obstinados de cargar el pesado fardo de 18 años de desatinos políticos demandan que durante este nuevo periplo alrededor del Sol no nos dediquemos a dilapidar los días para oxigenar a una dictadura que sólo requiere que no se haga nada y exigen que el 2017 no termine también como un año perdido, un año botado.
Llueve... pero escampa

sábado, 22 de octubre de 2016

Entre la sumisión y la libertad

 Por Miguel Yilales
@yilales
Pareciera que el gran drama de la oposición es que piensa que en el tablero de ajedrez solo hay un jugador, por eso se muestra tan torpe y predecible para mover sus piezas y se equivoca al jugar sus peones, alfiles, caballos, torres, la reina y el rey. Sus respuestas son inoportunas, fuera de tiempo y siempre alertan al contrario (inexistente) de cómo va la jugada.
Recuerdo que tuve un jefe que siempre me exigía que viera la película y solo lo entendí cuando me tocó asumir las riendas de la jefatura. Ver la película no era más que revisar todos los pasos que se iban a ejecutar, encontrar los nudos gordianos y prever planes alternos para cuando se trancara el serrucho. “Muy simple y fácil para no fracasar en cualquier circunstancia que se te presente en la vida” remataba en su conseja.
Pero a la oposición, esa que dice adversar a esta cofradía de malhechores que se autoproclamó como el Socialismo del Siglo XXI, le cuesta tener algo de malicia y prever lo que está de anteojitos. Pasan semanas, días, horas, minutos y segundos enteros develando los siniestros planes del gobierno (cuando no es el mismo régimen, a través de los bodrios nocturnos del heredero indocumentado y del capitán vocinglero, quienes cuentan lo que harán) y al momento que ocurre lo que ya estaba cantado, son lentos para reaccionar, rebelarse, protestar y mandarlos al carajo. Es como si estuviesen bajo el efecto de algún antidepresivo, por no decir que los agarran con los pantalones abajo, por lo que tardan en actuar, decir y hacer.
Huele mal en Dinamarca ¿o es en Maracaibo?
En el país no se puede seguir con políticos improvisados, esos que no entienden que hasta los más mínimos detalles se planifican, que se rodean de asesores pero para hacer lo que le venga en ganas y no lo que les recomiendan o que se creen el centro del universo porque circunstancialmente ocupan posiciones de poder. Un líder, que es más que un dirigente, es capaz de prever las respuestas oportunas ante los movimientos de sus adversarios, con capacidad para motivar y con un equipo que le hace ser asertivo, eficaz y eficiente. En nuestro caso lo que sobran son dirigentes y escasean los líderes.
Dicen que la función de todo preso es lograr su libertad pero, agrego yo, con dignidad. Sin ánimo de hacer comparaciones, porque los personajes distan radicalmente, cuesta imaginar a Nelson Mandela con un cuchillo entre manos para clavarle una puñalada trapera a los movimientos que desde la calle aupaban la lucha contra el Apartheid o a Martin Luther King, Jr en pleno boicot del transporte en Montgomery, sentado con el gobernador de Alabama transándose con un acuerdo que criticara a Rosa Parks.
Cuando un actor político, que presuntamente se encuentra en el exilio por ser un perseguido, se regresa al país para entregarse a las garras de los esbirros del régimen y ponerse en manos de una justicia amañada, vil y sesgada (lo cual no es justicia), en seguida se encienden las alarmas de que algo no está bien y sí luego de meses ese mismo sistema, que encarcela inocentes, condena sin pruebas y convierte a ciudadanos en parias, le da una medida sustitutiva luego de que su esposa firma un documento en el que asegura violará la constitución, por el bien de sus electores porque así lo ordenó el fantoche que dirige los destinos del país, se corrobora cualquier sospecha anterior de que algo huele mal.
No eran pendejos
De verdad que me cuesta imaginar que a Betancourt, a Leoni o a Villalba, que no eran pendejos, les hubiese pasado por la cabeza entregarse a las fauces de Pedro Estrada para seguir la lucha desde la cárcel de la Seguridad Nacional. Sabemos que el ser humano es sumamente complejo y complicado. A veces sus motivaciones no son fáciles de comprender y en la mayoría de los casos el bien personal prevalece por encima del colectivo. Esto es lógico para cualquier mortal pero imperdonable para aquellos que, escudados en un supuesto servicio público, son capaces de venderle el alma al Diablo para su provecho.
Estamos en una encrucijada en la que hay que decidir entre seguir el camino confortable de la sumisión o armarnos de valor para tomar la senda empedrada, esa que tiene socavones, la que está llena de obstáculos y trampas que nos conduzca a la libertad. Entre 2002 y 2014 hemos tenido varias oportunidades para salir de esta pesadilla pero intereses mezquinos y cálculos políticos atornillaron en el poder a quienes no querían dejarlo.
Llueve… pero escampa

sábado, 15 de octubre de 2016

Una simple y cruel dictadura

Por Miguel Yilales
@yilales
En fechas recientes, quizás como una estrategia de mercadeo, como una amenaza real o como dice mi hijo por ser el mes de Halloween (para él que está imbuido por esa neocorteza cerebral que, en la globalización de McLuhan, vienen a ser los medios de comunicación, no es octubre ni noviembre lo que precede a la Navidad) en los Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Brasil, según es el primer caso en Latinoamérica, han aparecido una serie de payasos macabros que asustan en lugares oscuros. Son personas que usan prendas de payasos pero con mascaras desfiguradas para aterrorizar a los desprevenidos transeúntes y conductores.
En esta Tierra de Gracia nada de eso nos impacta. Hace tiempo que hemos estado rodeados de payasos sin máscaras, bufones revolucionarios embutidos en costosos y coloridos trajes, saltimbanquis disfrazados con ropa de ejercicios de marcas, caricatos socialistas que usan los más exquisitos accesorios del capitalismo y consumismo mundial y que sin el mayor desparpajo se han dedicado, a plena luz del día o escondidos tras la nocturnidad, a asustar, amedrentar, amenazar y aterrorizar a todos los venezolanos con el cuento del apocalipsis (como si ya no lo estemos viviendo, padeciendo y sufriendo) si ellos son desalojados del poder.
Vivimos los más aciagos tiempos de nuestra historia republicana. Ni en los momentos más oscuros se había visto y transitado tan infaustos caminos, plagados de obstáculos y que nos asemejan e igualan a cualquier aldea medieval, en las que el señor feudal decidía y gobernaba a su antojo.
Magistratura prostituida
Cuando llegó al poder la peste revolucionaria, encarnada por un gorila y sus orangutanes de uniforme que conspiraron desde que ingresaron a la vida militar (con sus cómplices civiles y de uniforme) lo hicieron con la promesa de acabar con la corrupción (hoy hay más descomposición y putrefacción en el manejo del erario), disminuir los índices de pobreza (la clase media desapareció y pasó a engrosar las filas de los menesterosos), desaparecer el hambre (pensar que ahora es común ver a personas hurgando en el basural mientras los jerarcas de la revolución lucen cual neveras de 2 puertas) y desaparecer el rentismo petrolero (dependemos más de una economía de puertos).
Y si algo ha demostrado este adefesio político (revolucionario, chavista y socialista) que intentó perpetuarse como movimiento continental, con estrepitoso fracaso (gracias al voto popular o a la existencia de instituciones) y del que apenas quedan algunos chulos gobernantes (en Suramérica y en América Central), es que siempre encontrarán razones para destruir lo que se haya construido con la excusa de que de las cenizas resurgirá, cual ave fénix, un país más próspero, más grande y más desarrollado aunque hasta ahora lo único que haya germinado, de esos polvos del vestigio venezolano, sea cólera, malaria, difteria, sarna, piojos, hambre, muerte y desolación.
Por ello les importó un bledo imponer una dictadura, no del proletariado, sino de la ilegalidad. Por la vía del terrorismo judicial, con una magistratura convertida en el prostíbulo, que cual meretriz se rinde a los pies de quien paga por sus servicios carnales, han salido las decisiones más rastreras para desconocer la soberanía, la democracia, la independencia de poderes y someternos a todos a la voluntad de unos usurpadores.
Dejémonos de eufemismos
Ni la dictadura de los Monagas, ni la autocracia ilustrada de Guzmán, ni la sanguinaria tiranía gomecista, ni Pérez Jiménez con su Nuevo Ideal Nacional, les dio por prescindir del parlamento aunque tuvieron ilustres congresos plegados a sus intereses (como la anterior Asamblea Nacional). Esta dictadura del siglo XXI es arbitraria, atrabiliaria, irresponsable, perversa, con presos políticos y que solo ha dejado algunos resquicios en las libertades, que además desprecia a los ciudadanos y solo les interesa su permanencia en el poder llevándose por los cachos cualquier vestigio de institucionalidad.
La culpa es de los venezolanos que permitimos que llegaran y, peor aún, hemos dejado que se mantengan en el poder. Sin eufemismos debemos entender que no estamos ante eso que les ha dado por edulcorar a los progresistas, a algunos opositores y a los nostálgicos izquierdosos llamándola dictablanda, blandadura, dictadura de nuevo cuño o democracia imperfecta sino que es una simple y cruel dictadura que requiere actuemos y la tratemos en consecuencia.
Llueve… pero escampa

sábado, 17 de septiembre de 2016

Medias verdades, son puras mentiras

Por Miguel Yilales
@yilales
Los niveles de confianza entre los venezolanos (eso incluye a los que se han ido) han sido dinamitadas como consecuencia de haber estado cobijados bajo el imperio de la mentira, el engaño y la falsedad, única forma de actuar de quienes han dirigido los destinos del país por 18 años.
Mentirosos con poder son poderosos con mentiras
Cuando se instauraron en el poder afirmaron que eran demócratas y ya sabemos que no lo son; abjuraron del comunismo y del socialismo y a nadie le queda duda que se acogieron bajo las alas de los más perversos dinosaurios de la izquierda latinoamericana y mundial; aseveraron que no expropiarían y defenderían la propiedad privada pero apuntaron sus baterías para robar al exitoso, destruir el aparato productivo y arruinar a la empresa privada; ratificaron, una y otra vez, que acabarían con la pobreza, con los niños de la calle, con la miseria y hoy hay más pobres, la gente se alimenta luego de hurgar en la basura y los niños suplican en las carnicerías por pellejos para saciar el hambre y son los mismos que decían construir un país potencia que ahora solo tiene capacidad para exportar las desventuras de los expatriados.
Los que instituirían una democracia participativa y protagónica nos convirtieron en un Estado fallido, sin instituciones, sin equilibrio de poder y sin las condiciones mínimas para interactuar en el marco internacional, a menos que sea entre los sátrapas, tiranos y dictadores que todavía pululan en el orbe.
Arruinados y destruidos
Barricas de güisqui
En cualquier país del mundo al transcurrir 18 años una persona alcanza la mayoría de edad, se emancipa y se supone que abandona la educación básica para iniciarse en la universitaria, es también el período que necesitan permanecer, ciertos destilados de malta escoceses, en barricas de robles para ofrecerlos a los paladares más exigentes y es la etapa máxima que alcanzan a vivir algunas mascotas (perros y gatos) lo cual es una largo devenir en la vida animal (y en la vida política). En ese transcurso los delincuentes de cuello rojo se repartieron un botín llamado Venezuela.
Al momento que el cadáver insepulto llegó al poder aún no existían las redes sociales: Twitter, Facebook, Instagram, LinkedIn eran ideas que no veían la luz. La comunicación instantánea y las video llamadas cuentos de películas y series de ficción. Por eso resultó más fácil, con la complicidad de algunos medios de comunicación, ofrecer la destrucción del país porque resurgiría esplendoroso como el Ave Fénix.
En ese autobús se montaron todos los resentidos y rencorosos que buscaban venganza, mientras se enriquecían con facilidad: unos hermanos que renegaban por el asesinato de su padre, un confeso secuestrador, delatado por sus propios camaradas; unos uniformados que necesitaban asirse a la liana que los ascendieran de las catacumbas en que se encontraban por merito propio; unos encapuchados, mediocres, mal hablados, ignorantes, reposeros y sin vergüenzas que siempre necesitaron de muletas ideológicas para medio ser o medio existir. Toda una pestilencia sin cura en que la mentira y la manipulación ha sido su esencia.
El ascenso de la mediocridad
Ellos se engañan a sí mismo y a todos los demás: el heredero con doble nacionalidad (siempre negada) cree que aparenta algo de sapiencia cuando habla aunque todos sepamos que es la suma exponencial de la ordinariez, la incultura y la chabacanería, mientras que el capitán cavernícola se la pasa en mítines, reuniones y templetes pero niega, a diestra y siniestra (aunque su naturaleza solo es siniestra), estar en plena campaña preelectoral.
Por eso es que indigna que desde la acera de enfrente se usen los mismos modos, desespera que el encargado de las relaciones internacionales de la MUD, luego que hizo turismo para denunciar el talante antidemocrático del régimen, despotrique del MERCOSUR porque exigen cumplir con las normas de adhesión, con lo cual no sabe si mintió antes o lo hace ahora, y exaspera que los supuestos líderes omitan decir que sí no se recogen las firmas antes del 12 de octubre no dan los lapsos máximos (menos sino se presiona con calle a un CNE en los límites) para que el revocatorio sea antes del 10 de enero.
Los venezolanos no estamos para medias tintas o mentiras blancas, por ello se le exige a quienes dirigen que actúen con la entereza que la crisis amerita y no cuando quedan en cueros con unas medias verdades que a final de cuentas, como dicen Los Amigos Invisibles, son puras mentiras.
Llueve… pero escampa

sábado, 13 de agosto de 2016

No hay costura para tanto descosido

Por Miguel Yilales
@yilales
Hace mucho, mucho, pero mucho tiempo a un reyezuelo se le ocurrió que, mientras convertía a pasos agigantados a una exrepública en su hacienda particular, pondría a sus conmilitones a administrar los sistemas de producción y distribución de alimentos, la construcción de viviendas, el asfaltado de las calles y en cuanta cosa se le ocurriera para hacerlos parecer imprescindibles, aunque en realidad demostrasen cuan prescindibles eran en su oficio.
Desconozco sí en más de 5 mil años, desde la antigüedad hasta nuestros días, a alguien, en su sano juicio, se le ocurrió que los militares podían servir para otra cosa que no fuese matar y destruir (así sea legalmente) pero el tirano, que mandaba en el feudo como su propio patio bananero, creó un programa en el que ellos cambiaban el fusil por el arado, la pistola por el azadón, el tanque por una vendimia de verduras y la disciplina por el conteo de pollos.
Este plan, dirigido desde una caribeña isla, mataba varios pájaros de una sola pedrada: desprestigiaba a quienes ya eran percibidos como vagos y sin razón de existir; contribuía con la destrucción del aparato productivo; de fracasar responsabilizaba a los únicos que se escudarían en la obediencia y de no funcionar, amarraba por las gónadas a los mediocres, quienes ascenderían mientras jalaban, y no escardilla, para el amo.
Del brete humanitario y el cateto sin ideas
De ese desquiciado y desequilibrado proyecto no quedó nada bueno: lo que eran tierras productivas son un desierto; lo que era un país que no sufría desabastecimiento, hoy coquetea con la hambruna de una postguerra; la nación en la que todos eran generosos para convidar a la mesa ahora solo pueden compartir la desesperanza de la espera de horas y horas para comprar una hogaza de pan y de donde surgieron mentes brillantes como las de Humberto Fernández Morán y su bisturí de diamantes, Jacinto Convitt y la lucha contra la lepra o virtuosos como Jesús Soto y Cruz Diez con sus movimientos artísticos tiene a niños que abandonan las escuelas porque deben hurgar los basureros para no sufrir borborigmos y poder conciliar el sueño.
Uno hubiese aspirado que, luego de ver tan nefastos resultados y tras el deceso del locatario de la hacienda, a quien le tocase heredarla, se le ocurrirían seguir caminos distintos que le permitieran revertir el desastre y desandar los pasos mal dados, pero nos cayó un cateto sin ideas, que en lugar de rectificar, radicalizó y profundizó los errores, que reforzó el círculo vicioso y agravó la crisis, que se empeñó en seguir el rumbo de su predecesor y continuó el fracasado modelo de controles y restricciones a las libertades.
El mundo entero da cuenta del brete humanitario que vivimos. No solo es Luis Almagro con su informe activador de la Carta Interamericana, es Ban Ki-moon quien desde las Naciones Unidas alerta sobre la tragedia que padecemos, es el Vaticano quien muestra profunda preocupación por la desventura que genera este apocalíptico socialismo boliburgués, son los países del Mercosur que se niegan a que, quien no puede con su propio país, presida el organismo multilateral y ahora son 15 países del continente quienes presionan internacionalmente para que Ña Tiby y su merced Nicolás dejen de apagar fuego con gasolina.
En crisis por irresponsables
El país está en una inmensa crisis. Aquí llegamos por la incapacidad de unos irresponsables que solo tienen méritos en el odio y la maldad. Ellos depauperaron a una nación con inmensas riquezas petroleras, auríferas, hídricas y humanas al promover la miseria, la ruina y la desolación.
Solo falta que los venezolanos cansados de las ilegalidades, obstinados de las arbitrariedades, indignados por tantos robos, iracundos de ver como destruyen al país y arrepentidos por haber permitido que unos delincuentes, tiranos y traficante de tóxicos llegaran al poder, salgamos a decir por todas las vías (no excluye las pacíficas, electorales, democráticas y constitucionales) que desconocemos a quien no pueda demostrar su origen, que no queremos estar dirigidos por quien tiene nexos con el narcotráfico o con familiares imputados por ese flagelo, que deploramos a unos golpistas que solo se han enriquecido a costillas de la sociedad y que aspiramos la repatriación de los capitales birlados al erario nacional por la plaga más corrupta que haya pisado esta tierra porque en el país no hay costura para tanto descosido.
Llueve… pero escampa

domingo, 31 de julio de 2016

Zombizuela

Por Miguel Yilales
@yilales
Desde que la cultura hollywoodense se apoderó del mundo han proliferado películas y series de televisión que nos cuentan las venturas y desventuras que tiene la humanidad para sobrevivir a unos muertos vivientes que buscan alimentarse y convertir en zombis a los vivos.
Una de las apariciones más recordadas de estos fue la interpretación que hiciera Michael Jackson en el video musical Thriller donde aparecen muchísimos cadáveres, con ropas desgarradas y bailando con el cantante. Una escena a la que se le ha rendido tributos y que se ha convertido en una imagen importante de la cultura pop. Ni siquiera la literatura, los videojuegos y los cómics han logrado escapar de las persecuciones de unos resucitados sin voluntad.
La capacidad, mediante un ritual, de resucitar a un muerto, que quedaría sometido en adelante a la voluntad de la persona que le devuelve la vida, según la creencia popular, siempre se le ha atribuido al vudú haitiano, lo cual generó que el antropólogo Wade Davis estudiase en la isla La Española sobre la leyenda de los zombis que lo llevó a concluir (luego fue refutado) que se podía convertir a alguien en zombi al usar sustancias que indujeran un estado de muerte aparente y anularan la voluntad de la víctima.
Zombis en cola
Desde que el chavismo llegó al poder, ha habido un incremento exponencial del culto a la muerte, que se inició con el saludo ya proscrito (pero no olvidado) que usaban los miembros de esa secta, continuó con la paz de los sepulcros a la que pretendieron acostumbrarnos y que no terminará mientras permanezcan en el poder quienes se han asido a un sincretismo religioso, mezcolanza de brujería, sortilegios, santería, cofradías, cristianismo y cualquier dislate místico, para sustentar a esa desgracia política que se llama Socialismo del siglo XXI.
En casi 18 años, el sacrosanto Hugo (que ni sacro, ni santo era y que por su actuar escolta al ángel expulsado), su apóstol Nicolás (interprete de los reencarnados trinos) y sus poseídos angelotes (que han acrecentado sus dimensiones abdominales proporcionalmente a sus cuentas bancarias), procuraron inocularnos un virus que estimulara la inacción ante los abusos del poder, que sufriésemos una muerte cerebral para hacernos concluir que antes de ellos la nada y después de ellos el apocalipsis y que prefiriéramos la barbarie antes que la civilidad, el colectivismo por sobre la familia, el autoritarismo militar por encima de la civilidad y la degollina, con la que las revoluciones purifican, primero que la legalidad.
Se agarraron de una especie de burundanga, una ideología demodé mezclada con resentimientos perversos y animadversiones malévolas, para doblegar la voluntad de los venezolanos y la sazonaron con el cuento de que los pobres eran pobres porque papá Estado no les regalaba bastante, que unos malucos habían robado la riqueza petrolera y que no importaba pasar hambre o no tener empleo con tal de sostener a la élite gobernante.
Los muertos son otros
A pesar de que esta satrapía ha buscado zombificar a los venezolanos y que nos creen sumisos porque estamos obligados a salir un día a la semana a pararnos uno tras otro, como muertos sin alma, para poder sobrevivir, la realidad es que hay una sociedad indignada, que protesta y que se sacudirá de encima a quienes quieren someterla.
Por esa vía los gandules que nos desgobiernan han pretendido cambiar los esquemas de valores: su héroe es un forajido cuyo mayor mérito fue haber sido abuelo del cadáver insepulto que dividió al país; denigran de quienes estructuraron una sociedad moderna, de paz y progreso; erigen un mártir con pies de barro en cuyo prontuario (nunca tuvo currículo) destaca el secuestro y el asesinato y promovieron el que los militares junto a los “sobrinos de la patria” usasen pasaportes diplomáticos para traficar con drogas en aviones de amigos del gobierno, que además cacareaban poseer dólares como granos de arroz y que tenían vara alta en PDVSA y el régimen.
Frente a estos principios trastocados que mutan delincuentes en héroes, frente a la insensatez que pretenden cambiar ficciones históricas en verdades irrefutables (aunque no resistan investigación) y frente a la promiscuidad ideológica que necesita seres sin voluntad, debemos alzar la voz y actuar con arrojo, demostrar que estamos vivos, coleando y dispuestos a salir de esta desgracia, antes que nos convirtamos en Zombizuela, sin capacidad de decidir, discutir y protestar.
Llueve… pero escampa

domingo, 24 de julio de 2016

El olvido y el desprecio que merecen

Por Miguel Yilales
@yilales
En estos días me topé con que hay personas que se han dedicado a clasificar a los nazis desde diversos aspectos: que sí los más sanguinarios, que sí los famosos que más los admiraron, que sí los más malvados, que sí los más sexis y una infinidad de categorías que lejos de denotar la importancia que para el mundo tuvo este cruento episodio, muestran cierto morbo, que raya en lo fútil, con que algunos tratan esa tragedia.
Esto me hizo reflexionar sobre la nuestra, la cercana, la de aquí, esa que hemos padecido por casi 18 años y que pareciera no tener fin, y que por momentos hay quienes la han banalizado como un mal chiste, un simple error histórico o un error de la naturaleza (de quién la engendró y de quién la ejecutó) cuando en realidad se asemeja a las peores tragedias de la humanidad.
Una revolución que se rodeó con personajes siniestros (no solo por zurdos, sino por lo diestro en la maldad) que bien pudieran ser comparados con las peores escorias de la historia nazi. La mentira, la manipulación y el cinismo que mostraba Josef Mengele es comparable a la de un par de hermanos resentidos; están los émulos de Goebbles que han tratado de vendernos, a través de esos bodrios que transmiten voluntariamente obligados los medios de comunicación, de que el estercolero en que Chávez y su pandilla volvieron al país es una pujante potencia económica, social, cultural y deportiva y las rémoras de uniformes, que adosadas a la revolución, viven entre lujos, excesos y francachelas como lo hicieron Eichmann, Himmler o Göering.
Mujeres y niños de último
Este significante error histórico, que en el pasado tiró al desagüe de la historia cientos de miles de millones de dólares solo para preservar la figura de un megalómano que deseaba ser inmortalizado como un líder mundial pero que, más temprano que tarde, será rememorado como una aberración que fue capaz de despilfarrar a manos llenas, actuar de forma clientelar y quebrar al país exportador petrolero con mayores expectativas de progreso, hoy nos asemeja al Titanic luego de impactar con el iceberg: sin rumbo, sin timón, con vías de agua, hundiéndose y con insuficientes balsas para que nos salvemos todos.
Aquí lo de niños y mujeres primero es cuento de camino. El que se encuentra aposentado en Miraflores, asediado como está por la impopularidad y el descrédito generalizado, recurrió al maltrecho salvavidas que le quedaba (luego de no encontrar resultados con un supuesto diálogo sin agenda): irse de reposo y designar a un suplente que haga sus labores (una vieja práctica de cuando estaba en la nómina de El Metro y cobraba sin trabajar). Es que un padrino que aguante el coroto es mejor que aferrarse a cualquier cabello (no me refiero a retorcido personaje alguno) o o depender de un desconocido compadre (trato que se daban en el ejército antes de mutar en camaradas).
A él le tiene sin cuidado que la inflación haya destrozado el sueldo de los trabajadores, que la violencia enlute a cientos de miles de familias venezolanas, que haya un éxodo de connacionales en búsqueda del futuro que les niega su propio país, que haya personas hurgando en la basura para encontrar sobras que llevarse a la boca o que, ante un sistema de salud destruido, mujeres, hombres y niños recurran a los ramalazos en busca de salud y bienestar.
Entre Bolívar y Zamora
Maduro cree que sí los militares siembran en las unidades castrenses se abastecerán los anaqueles, que sí ellos distribuyen los alimentos estos no terminaran en los aquelarres con los que ha invadido el “nuevoriquismo” las urbanizaciones caraqueñas y que al reeditar el Plan Bolívar 2000, inicio de las trapisondas revolucionarias (más consecuente con la devaluada realidad del país lo llamarán Zamora 200), logrará poner en marcha los fundidos motores con los que pretendió hacer funcionar a este destrozado país.
Quienes estamos empeñados en salir de estos esperpentos revolucionarios debemos saber que no son una mezcolanza entre Franciscanos, Agustinos, Dominicos y Carmelitas dispuestos a anteponer el bien común por sobre sus intereses particulares sino que son unos demontres a los que les importa las fortunas que han entrado en sus cuentas personales y que solo podrán seguir amasando mientras estén en el poder. Hay que confrontarlos, enfrentarlos y derrotarlos para que ocupen el ignominioso lugar que les toca a todos los destructores de la humanidad: el olvido y el desprecio.
Llueve… pero escampa

domingo, 17 de julio de 2016

Con el agua al cuello

Por Miguel Yilales
@yilales
Hace algún tiempo, un connotado dirigente político, dijo: “el que se cansa pierde”, consigna que lanzó el día que se entregó a las fauces de una bestia que estaba ávida de sangre y que no le soltaría la yugular hasta verlo sin vida o por lo menos clamando por ella. Desde ese día ha pasado mucha agua bajo el puente y, aunque no lo han doblegado, debemos reconocer que la situación ha empeorado.
Esa frase de Leopoldo López parafrasea una expresión que se escuchaba en la Plaza Altamira en el año 2002, cuando el general Néstor González González arengaba para que la perseverancia, y la constancia fuesen los ingredientes de lucha contra un régimen desalmado, irresponsable e insensato que prefería la destrucción del país antes que reconocer que el rumbo político nos llevaba al Tártaro.
Casi tres lustros han transcurrido desde ese entonces y el objetivo principal del Atila de América se ha cumplido: arrasar con toda la civilización a su paso y convertir en desierto el país más prospero, pujante y dicharachero del mundo. A su marcha se secaron los ríos, se acabaron los cultivos y plantaciones, se desaparecieron los rebaños bovinos, ovinos o caprinos, se acabó con cualquier tipo de producción a excepción de la miseria que han exacerbado a niveles inimaginables y se dilapidó millones de millones de dólares solo para convertir a los ciudadanos en mendigos gubernamentales y enriquecer a esa satrapía que dirige el Socialismo del Siglo XXI.
Un bagazo de país
Como sí el bagazo de país que dejó el trapiche socialista y que operó el trapichero insepulto no hubiese sido suficiente, nos ha tocado, estos últimos años, estar en las manos de un morlaco que puso todo su empeño para dejarnos como tierra estéril e inútil mientras gana tiempo con actos inútiles.
Por esa vía ordenan ovacionar, conmemorar y hasta agasajar desde el nacimiento de un perro de la misión Nevado hasta la muerte de un cualquiera como si fuese un prócer. En una muestra de la inopia revolucionaria les dio por “ascender” a Almirante en Jefe (todo un pleonasmo) al generalísimo Francisco de Miranda y transmitir una película por radio (todo un disparate audiovisual); mañana es posible que restituyan en el cargo a Vicente Emparan porque fue derrocado por la derecha oligárquica colonial o decretan fiesta nacional el 24 de enero, para reivindicar que las huestes del gobierno asesinaran a los parlamentarios que pretendían un “carmonazo” constitucional (Escarrá dixit).
Lo cierto es que en esta república bananera (sí es que es una u otra), gobernada por lo más despreciable que ha podido surgir de esta tierra (sí es que son de aquí) y constreñida hasta más no poder (ya no da para más) nos sentimos empachados de la politiquería barata que impulsó esta caterva que nos desgobierna y de una oposición tarambana y frívola que le cuesta dar pie con bola. Un régimen que se empeña en que un socialismo reiteradamente fracasado y demodé es la solución y un “liderazgo” opositor que cree que el cargo es lo que lo convierte en líder y no al revés, por lo cual unos diputados, electos para 5 años y sin que haya transcurrido el primero de ellos, ya aspiran a postularse para gobernadores por aquella manipulación de que sin ellos no hay país, no hay oposición y no hay futuro.
Cansado de esta vaina
Estamos entrampados en una situación en la que provoca poner pies en polvorosa, no porque la derrota haya tocado a nuestras puertas sino porque el futuro es más incierto que lo normal; porque cansa que mueran neonatos en los hospitales pero las protestas sean por una cadena que no les dejo ver una entrega de premios en Miami o un juego de futbol en Europa; porque no es lógico que aun haya venezolanos que no vean que el chavismo, los originarios o sus derivados, mientras besan… matan; porque a los venezolanos se les va la vida en unas miserables y sórdidas colas para comprar los productos de la canasta básica y porque por mucho esfuerzo que se haga no parece, que a unos y a otros, les importe algo más que sus intereses.
Llevamos más de 17 años de lluvia incesante y, en lo particular, quiero ver y disfrutar con mi familia y amigos (los que se fueron y los que aún permanecen en el país) un sol democrático y un arco iris de prosperidad, inexistente mientras esté el chavismo en el poder y haya quienes se empeñen en sostenerlos porque aún no les ha llegado el agua al cuello, ni les ha tocado la hora de la agonía revolucionaria.
Llueve… pero escampa