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martes, 18 de marzo de 2014

El libertadorcito de Altamira

Miguel Yilales
@yilales
Cuando uno empieza a jurungar, decía mi abuela, siempre encuentra lo que no se le ha perdido. Así nos pasa al revisar las páginas de nuestra historia.
Si cualquier habitante de la aldea global que somos hoy en día, le diera por saber quien fue el Libertador, bastaría con poner su nombre en los buscadores y aparecerían más de 2 millones de páginas con datos sobre él: que participó en 472 batallas, que sufrió más de 25 intentos de asesinatos (reales, no inventos de un servicio de inteligencia a su servicio), que liberó de España lo que hoy constituyen 6 naciones y que dictó más de 90 proclamas y 2600 cartas.
En un país en el que el culto a Bolívar raya en lo mágico – religioso y en el que al pensamiento del Padre de la Patria se le han atribuido desde nociones ambientalistas, pasando por geopolítica, futurología, doctrina militar, geoestratégica o conservacionista, tratar de compararlo con alguien debiera ser un sacrilegio, excepción de unos cuantos aduladores que lo emulan con el titán subyugado del Museo Militar.
Tratar de compararlo con militares de segunda, con hojas de servicio mediocres, sin hazañas importantes u obras escritas, más allá de un anecdotario recopilado por unos cagatintas cubanos y con una batalla dirigida desde donde se rindió y que, a manera de recordatorio, descansan sus restos mortales, no suena como muy sensato.

Para superar a papá

Pero su hijo putativo tenía que superarlo. Es así como en 11 meses de gestión, si es que se puede llamar así, ha denunciado 12 intentos de magnicidio, descollando en promedio a las 64 denuncias hechas por su antecesor en 14 años. Pero eso no era suficiente.
Debía actuar con firmeza y ejecutar maniobras que demostraran quien gobernaba el país, aunque fuese como procónsul de los hermanos Castro.
En primera instancia jugó a terminar de destruir a los empresarios, para enfrentar una guerra económica que solo existe en su mente y en el guión que le mandó su jefe desde La Habana, por eso ordenó el saqueo de los comercios, la venta a precio de costo sin importar la reposición de mercancía y, por ende, el cierre técnico de los establecimientos.
Después del éxito de esa maniobra, descubrió un golpe en ejecución que estaban fraguando unos estudiantes desarmados. Luego que la mitad minoría (Maduro dixit) marchase por el centro de Caracas, ordenó la instalación de un muro, no como el de Berlín, sino con tanquetas, guardias y policías nacionales, porque en la pequeña Caracas, si entendemos que la Gran Caracas incluye otros municipios, se había hecho ley el lema de “No pasarán”.
Para colmo esos jóvenes estudiantes, que lo envidian porque sin estudios heredó la presidencia, decidieron no hacerle caso y declararse en desobediencia, para posteriormente iniciar la madre de todas las batallas.

Piedras contra plomo

En medio de ese panorama, el comandante en jefe de la fuerza armada (en minúsculas), amenazó a los fascistas, golpistas y pitiyanquis que armados con piedras y hondas, cual David frente a Goliat, habían mantenido a raya por más de un mes a un todo un contingente militar armado hasta los dientes, que de no rendirse en unas horas, personalmente comandaría la batalla y los derrotaría.
No puedo sino imaginarlo, luego del cambio de pañales matutino, digo por eso de que dormita como un párvulo, ataviado con su casaca militar cubana, dirigiendo las operaciones para la toma de la Plaza Francia, como si de La Bastilla se tratase, pareciéndosele olvidar que todos los que participaron en esa toma después murieron en el cadalso.
En seguida del fragor de la batalla, en los que desplegó el equivalente a 2 batallones de infantería (1200 militares sin incluir paramilitares), declaró a Altamira territorio liberado y de paz con rimbómbate entrega, por parte de los ministros, al alcalde de la zona.
Con esto superaba con creces a su antecesor, ya que había derrotado a las huestes enemigas, no se había rendido para que no lo acusaran de capón, había cumplido su palabra empeñada y todo ello sin ser militar, sino un presidente obrero.
Lo malo fue que cuando se dirigía a su entrada triunfante en la plaza, el pueblo agolpado no lo esperaba para recibirlo con vítores y rosas como hacían con el Libertador, lo que originó que desistiese de gozar de las mieles del triunfo y dejar para otro momento su nombramiento como libertadorcito de Altamira. La del Libertador lleva más de 190 años, la del libertadorcito solo duró 14 horas.

Llueve… pero escampa

miércoles, 25 de septiembre de 2013

De Cubazuela a Chinazuela

Miguel Yilales
@yilales
Cuando Mariano Picón Salas contrató a Ángel Rosenblat para que se radicara en Venezuela como profesor de castellano y latín, nunca se imaginó que llegase a fundar la Cátedra de Filología de la Universidad Central y dirigir el Instituto de Filología Andrés Bello de esta casa de estudios, desde donde aportó e investigó sobre los usos y la forma de hablar de los venezolanos.
Cuando Rosenblat era consultado sobre los orígenes del nombre de nuestra tierra, opinaba que no había duda de que Venezuela era un diminutivo de Venecia, porque la idea, aducida como origen del nombre, de que los palafitos sobre el Lago de Maracaibo les hicieran recordar a los descubridores a Venecia, parecía verdadera.
Aunque si nos vamos a la fuente del idioma nos encontramos que el sufijo “uela” no es solo un diminutivo, si no que también asume con algunas palabras un valor desdeñoso: se usa en compuestos despectivos como mujerzuela, escritorzuelo, bestezuela, ladronzuelo. 
Saber sí el cartógrafo italiano Américo Vespucio al ver los palafitos del sintió nostalgia por la antigua Venecia o sí por el contrario fue con desprecio que lo comparó, no es lo importante, más allá de la carta que escribiera a Piero di Medici, lo valioso es que la idiosincrasia del venezolano permitió que la libertad e independencia de América fuese una realidad.

Herederos y traidores

Al nacer el Libertador Simón Bolívar la Capitanía General de Venezuela tenía apenas 6 años de creada, éramos parte del Reino español y por consiguiente súbditos del rey, es decir nació bajo el gentilicio español y de no haber sido por la disolución de Colombia, el hubiese muerto colombiano, aun así eso no impidió que se alzase en armas, usase sus propios bienes de fortuna y no descansara hasta llevar la independencia más allá de su terruño.
Paradójicamente sus herederos, los que fueron llamados por mano del creador a continuar la segunda independencia, los únicos que entendieron el pensamiento bolivariano y lo pudieron concretar en acciones de gobierno, los que reivindicaron la ignominia de las traiciones sufridas por el Padre de la Patria desde 1830 hasta 1998, han sido los que han destruido su mayor sueño.
Cuando el Comandante Eterno, otro oxímoron eso de la eternidad finita, comenzó a gobernar lo hizo con un discurso que apuntaba en un sentido y con acciones que señalaban en otro. Lo importante era mantenerse en el poder y para ello debió aliarse con lo más prehistórico de la política mundial: Fidel Castro.

Sanguijuelas de la patria

El régimen castrita cuando ha puesto interés en alguna parte del orbe, ha actuado como en esas películas en que unos invasores extraterrestres quieren llevarse los recursos del planeta para garantizar la vida de su propia especie. En el celuloide y en el mundo real unas sanguijuelas.
A cambio de petróleo regalado nos han dado médicos que no lo son con lo cual reaparecieron las enfermedades endémicas erradicadas durante los gobiernos civiles de la democracia; han suministrado entrenadores deportivos que no deben ser de los mejores porque, con algunas excepciones en individualidades atléticas, no somos una potencia mundial o regional en esa materia; en el área de la electricidad han suministrado plantas eléctricas, bombillos, hasta un militar, Ramiro Valdés, experto en represión pero no en generación, por lo que seguimos viviendo un oscurantismo, no solo gubernamental, sino en nuestro diario vivir; se han involucrado en la cedulación, los registros y notarías, la seguridad y defensa, la industria petrolera, las comunicaciones y la distribución de alimentos y en todos esos rubros registramos los peores índices del continente.
Cuando Cuba no tenía más que ofrecer, les enviamos un presidente y devolvieron un cadáver insepulto (según el Mayor General Jacinto Pérez Arcay), entonces el hijo putativo decidió buscar a quien entregar el país.
Es así como Nicolás Maduro decidió que para mantenerse en el poder debía hipotecar el futuro de los venezolanos a los chinos, entregándoles reservas petroleras, construcción de infraestructura, explotación minera y compra de productos manufacturados, a cambio de dólares frescos para la crisis y la campaña electoral que se avecina.
Bolívar lucho por hacernos libres, sus “herederos” por esclavizarnos. Razón tiene el profesor Alexis Márquez que lo peyorativo de “zuela” no está en el sufijo, sino en la raíz del que deriva el nombre, bien sea, Cubazuela o Chinazuela.

Llueve… pero escampa