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martes, 23 de abril de 2019

Sin honor no hay paraíso

Por Miguel Yilales
@yilales
Pareciera que el honor, la rectitud, la dignidad y el decoro se fueron de farra en Latinoamérica. En las iglesias tropezamos con pederastas, votos incumplidos, terroristas en nombre de la religión y guías de la fe que pierden el norte para dedicarse a los placeres mundanos de sus relaciones políticas; en la política nos encontramos, en el poder y en la oposición, que la mentira, el engaño, la corrupción y la injusticia son el leitmotiv; vemos a padres que justifican que sus hijos lleguen a casa con un lápiz que no les pertenece; a jóvenes que se copian en un examen porque no estudiaron y a maestros displicentes con el plagio descarado.
El deterioro es tan descomunal que acabamos de protagonizar el más grande entramado de corrupción desde la llegada de Colón, donde los gobiernos de esta parte del mundo mandaron por el retrete su argumento más manido, la soberanía, para arrodillarse ante una empresa que emponzoñó la gestión pública de numerosos países para ponerlos al servicio de la tiranía castrocomunista, del Foro de Sao Paulo y de la putrefacta izquierda internacional.
Porque debemos tener claro que Odebrecht no hubiese existido sin Fidel y Raúl Castro con su poder para erotizar a los eunucos políticos latinoamericanos, sin Lula con su capacidad para simular honestidad cuando en realidad era un pillo de siete suelas, sin Chávez con sus petrodólares para comprar gobiernos, manipular procesos electorales e impulsar presidentes fantoches y sin el concurso de muchos bodoques sin moral que se entregaron a los tentáculos del mal para llenar sus bolsillos con dinero mal habido.
Lupanar de casquivanos
Es qué, cuando no hay decencia ni vergüenza, los atajos están a la vuelta de la esquina y evadir las responsabilidades es el camino expedito para la impunidad. Por ello los politicastros latinoamericanos se agarran de los clichés que justifiquen la toma del poder, mienten y engañan a los más incautos, se justifican con que el tiempo lo borra todo, critican el populismo mientras hacen más populismo y aseveran que la probidad está “periclitada”.
Estos rastreros y malintencionados politiqueros han pretendido tapar sus desaciertos al ritmo del salto la talanquera, al compás del cambio de partido y con la cadencia de cualquier rebatiña que los aferren al poder: hoy son progobierno y mañana despotrican de la tiranía que construyeron; ayer clamaban por más socialismo mientras robaban para darse vida de sibarita en Nueva York, Roma o París y hoy se presentan como la gran solución capitalista; antes eran de izquierda, luego alzaron el vuelo para incorporarse al centro y terminarán abjurando de lo que no huela a derecha.
Frente a esa mayoría de casquivanos, que ha incursionado en los asuntos públicos del continente, para convertir la política en su lupanar particular tenemos atisbos de honra que deben llamarnos a la reflexión profunda. Para un verdadero líder los únicos caminos son enfrentar la justicia para demostrar su inocencia y en caso de retaliación de sus propios compañeros (que no perdonan aciertos ni que, a pesar de los desaciertos, mantenga popularidad) ir a la cárcel o inmolarse para evitar convertirse en el premio que las hienas despiadadas y salvajes exhibirán por la gradería de la deshonra.
Impera la ignominia
Ante la decisión del expresidente peruano Alan García de no permitir que “lo humillaran, lo expusieran al escarnio y lo vejaran, a la luz del odio repetido y de los rumores infundados”, hubo quienes de inmediato lo tildaron de cobarde por no asumir las consecuencias de sus actos, aseveraron que de antemano había aceptado su culpabilidad, que había sido impulsivo al no dejar que actuara la justicia y lo acusaron de ser un bicho raro con ínfulas de guerrero japonés, donde el harakiri tiene cabida, dentro de una acomodaticia cultura occidental.
Solo el escrutador tiempo permitirá formar un juicio justo sobre la decisión de Alan García. No debió haber sido fácil pero sí pensada, meditada y planificada con anterioridad, según se desprende de su última proclama, que despejó dudas y puso a más de uno en su lugar. En tiempos en que impera la ignominia necesitamos más decoro, ahora cuando manda la mentira clamamos por más verdad, ante el dominio del dolo se hace obligatorio el pudor y hoy en día cuando la riqueza fácil es preferible al trabajo honesto es cuando más falta hacen políticos que cumplan su palabra porque sin honor no hay paraíso.
Llueve... pero escampa

sábado, 30 de marzo de 2019

Trasquilada y sin lana


Por Miguel Yilales
@yilales
Cuando los políticos o los artistas salen de gira lo hacen por diferentes razones. El primero para lograr objetivos geopolíticos que se alineen con los intereses de la nación que representa y el segundo para lograr aplausos porque vive de sus fanes. A veces los políticos confunden su rol y salen de tour, en supuestas funciones de Estado, pero están más pendientes de los panegíricos, de las loas populares, de la fotografía social y de los decorados. Sí eso no obedece a un plan estratégico entonces es tiempo perdido.
En días recientes Fabiana Rosales, primera dama en Venezuela, por cierto la única que ha tenido en el siglo XXI porque a una nunca le dieron ese trato y a la otra les dio por proclamarla primera combatiente, aunque nunca hubiese combatido ni con sus greñas, salió con una comitiva a recorrer varios países. Su primera escala fue Santiago de Chile, para luego llegar a Lima y culminar, por ahora, en la capital de Estados Unidos de América.
Es de reconocer que cumplió apretadas agendas, fue recibida por presidentes, ministros y primeras damas; conversó en universidades y se bañó de “pueblo”, con concentraciones de venezolanos, en plazas públicas. Hubo desayunos protocolares, entrega de llaves de la ciudad, intercambios de presentes, aplausos, vítores y fotografías.
Un escenario y pocos aplausos
En Santiago fue recibida en la Universidad Autónoma de Chile por el rector Dr. Teodoro Ribera quien la acompañó en un conversatorio. El auditorio estaba de bote en bote. Tantas personas asistieron que debieron agregar sillas en los pasillos externos. Llamaba la atención que la mayoría de los asistentes eran jóvenes que estaban más pendientes de sus teléfonos celulares que de lo que ocurría a su alrededor. Transcurrían los minutos sin que se iniciara el acto y la crítica rondaba en que fuese el rector, y no un inquisidor periodista, el interlocutor de la invitada.
Luego de media hora de espera, se escucharon algunos tímidos aplausos al paso de una comitiva que acompañaba a la invitada de honor, elegantemente trajeada de beige, quizás por recomendaciones de su asesor el periodista, cronista y experto en moda Roland Carreño. Enfrentaría a un escenario poco amigable formado por un mocerío estudiantil chileno, algunos connacionales venezolanos y un trasnochado comunista, que tuvo que ser retirado cuando empezó con su vocinglería a favor de las bondades de Cuba, del Che y de los Castro.
En Chile, como en muchas partes del mundo, es difícil entender lo que ocurre en Venezuela, las dimensiones de la crisis humanitaria, cómo se ha mantenido y sobrevivido, políticamente, Maduro y sí se trata o no de un problema ideológico. Todos fueron temas, nada complacientes, abordados por el Dr. Ribera para que ella lograse empatía con la audiencia pero, quizás por la escasa edad de Fabiana, por su inexperiencia en esas lides o por inoportuno asesoramiento político, solo sirvió para oírla repetir las mismas frases trilladas que no dicen nada. A pesar del esfuerzo del rector, que más bien parecía el padre que ayuda a la hija a que aprenda a caminar, todas las respuestas fueron inconvenientemente evadidas.
Sin los frutos esperados
Los políticos venezolanos, y aunque Fabiana Rosales no es política pareciera que salió de gira con ese rol, viven de lugares comunes y frases prefabricadas y no entienden del costo de oportunidad. Por eso eludió responder que los militares sustentan a Maduro en Miraflores y permiten que sus socios paramilitares actúen impúdicamente; que en Venezuela hay un régimen apoyado por la izquierda internacional o que países como Cuba, China, Rusia y Siria se aliaron con el terrorismo internacional de Hezbollah, las FARC y el ELN para sustentar a la barbarie chavista.
De la reunión, que culminó con algunos aplausos y un menguado “Gloria al Bravo Pueblo”, escuchado de pie solo por los pocos venezolanos que lo entonaban, me quedo con la frase del rector de la UAC: “el problema en Chile no es que los venezolanos hayan venido sino que vamos a hacer cuando se vayan” y de ella… que llegó impecablemente vestida. Deseo que en el resto de la gira le haya ido mejor que en la Universidad Autónoma de Chile, que el ser recibida por Donald Trump y por parlamentarios demócratas y republicanos haya servido a los objetivos estratégicos planteados (si es que los hubo) y no que dé pie al régimen usurpador de celebrar porque la oposición siempre sale trasquilada y sin lana.
Llueve... pero escampa

lunes, 30 de octubre de 2017

Adiós muchachos

Por Miguel Yilales
@yilales
Luego de transcurridos 15 días de la debacle electoral y política (en este caso el orden de los factores afecta, y muchísimo, el producto) aún no salimos del guayabo. Es como si nos hubiese dado por escribir, interpretar, cantar y bailar los boleros más desgarradores mezclados con los tangos más arrabaleros, con su jerga bien lunfarda, con puñales atravesados y pistolas desenfundadas, con los trapitos sacados al sol, con desengaños y con amoríos no correspondidos.
Y no es para menos porque de manera incomprensible nos percatamos que luego de miles de palabras lanzadas al aire que alertaban sobre los peligros que representaba casar una pelea contra el guapetón del barrio junto a toda su patota sin estar preparado para confrontarlo y de las continuas de arengas de unos supuestos líderes políticos que pedían que no los abandonásemos en la lucha por conquistar el poder aunque ellos engolosinados, aunque más pareciera emborrachados de soberbia, no se hubiesen preparado ni siquiera para competir contra quienes habían demostrado estar dispuesto a todo para no ser desalojados del gobierno.
Sin culpables, ni responsables
Y esa inferencia la hago porque resultó que según el jefe de campaña de esta última masacre electorera, y pareciera que habrán más, a la oposición nadie le podrá recriminar que “no lo intentamos” (Blyde dixit). Es como el policía que en una situación de ñrehenes, luego que son asesinados todos los secuestrados y escapan los captores, en su primera aparición pública se excuse diciendo: “los mataron a todos y se escaparon los delincuentes pero tengan la seguridad que lo intentamos y que la próxima vez lo haremos mejor”.
Cada vez que hablaba un actor político, un activista o un operador de los que no se les escapa nada (eso incluye a esa especie de médicos yerbateros que manejan las encuestadoras del país) señalaban que nadie con 80% de rechazo podía salir electo ni para una junta de condominio, que con este CNE se le habían ganado las parlamentarias al régimen y que a pesar de lo muy maulas, tramposos y criminales que son sus rectores (sin exclusiones) el juego se ganaba con testigos, con votos y tras derrotar a la abstención. Al final la abstención y la participación fue similar a eventos precedentes y parecería que los testigos no estaban, no sabían que hacer o eran convidados de piedra a un festín con música, comida y bebida para el que fuese vestido de rojo.
Por supuesto que ante esa situación lo menos sensato y lo más desacertado y políticamente incorrecto era decir que nadie era responsable y fue lo que se hizo al alegar que el fraude era el único causante de la derrota, como si la errada dirección política, la falta de rumbo, la selección de pésimos candidatos, la falta de testigos para tener las actas al terminar el proceso y no darle un parado, en el momento oportuno, a los continuos abusos del ministerio electoral, no tuviesen incidencia en los resultados.
Todo bajo control
Si bien todos esos argumentos son valederos nadie pudo presentar una sola evidencia del fraude cometido en el día de las elecciones, con la excepción de Andrés Velásquez que tenía años preparándose para que no le cometieran otro asalto a voto armado. Además, según nos decían, las demás trampas (el uso de los recursos del Estado; el abultado registro de electores; la repartición de las “planchas de zinc” de la V República, que ahora se llaman CLAP, chamba juvenil, hogares de la patria o carnet de la patria; el que los uniformados garantes del proceso hicieron campaña por sus camaradas candidatos, la migración de electores y la mutación de los centros electorales) estaban controlados.
Por los resultados podríamos decir que todo estaba bajo control pero del enemigo, que en nuestro caso era de Nicolás, Diosdado, los hermanitos Rodríguez y todos los candidatos que terminaron coronados como gobernadores o los que claudicaron para preservar un escritorio vacío y un cargo sin funciones, exceptuados los estados Bolívar (que se la robaron descaradamente y sin escrúpulos) y Zulia (que la arrebataron al destituir al ganador).
En política la improvisación pasa factura y en nuestro caso es una  sumamente costosa. Si seguimos dando tumbos y comportándonos como unos inmaduros políticos terminaremos como el tango diciéndole a nuestros conocidos “Adiós muchachos compañeros de mi vida” sin haber desalojado a los tiranos que nos oprimen, estén en el gobierno o en la oposición.

Llueve... pero escampa 

domingo, 15 de octubre de 2017

Dictadura no sale con votos

Por Miguel Yilales
@yilales
Una de las expresiones más comunes de los últimos años es la sirve de título a mi artículo de la semana. La puedes escuchar en cualquier esquina, autobús o en la barra improvisada de alguna casa de vecino, no importa si se trata de un lego de la política, de un avezado docto o de uno que otro tecnócrata que, por haberse especializado en materias económicas o administrativas, les da por opinar y disertar, con la autoridad de quien usurpa a un numerario en el Palacio de las Academias, de historia, política, medicina, lengua, ciencias, estadísticas y hasta del arte culinario. Lo que nunca aclaran es como es que se sale de ella.
Hay algunos más osados que instan a los demás a “salir a la calle y no regresar hasta que se vaya el tirano” pero a las primeras de cambio dan sus paseíllos por Central Park en Nueva York (ni de lavativa es por el de la Av. Bolívar) porque tienen que educar al mundo y sus alrededores sobre “cómo regresar a la democracia” sin haber aportado nada a la nuestra o por el contrario son los que trabajaron ardientemente para instaurar la tiranía pero visitan Orlando, Las Vegas, Washington, Lima, Buenos Aires y Santiago, con la misma solvencia de un boliburgues, para abonar el terreno que le permita clamar por protección y asilo político.
Productores de VTV
Recuerdo que durante una de las miles de protestas que se dieron este año en Venezuela (venía de tragar gas lacrimógeno aunque en realidad huía de los esbirros y sus prácticas de fusilar a quemarropa), casualmente me encontré a uno de esos comecandela paseándose por estas calles. Él (como muchos otros) es de los que propugnan la salida con sangre, de los que le han prendido todas las velas a San Ejército, Santa Armada y Santa Aviación (no a la Guardia Nacional por su militancia en las filas del Lucifer de Sabaneta y su heredero) para que actúen por ser la solución aunque en realidad sean el verdadero problema, de los que desean que se produzca un estallido social que arrase con el país pero sin que lo afecte a ellos y de los que hacen llamados estentóreos para que los demás boten espuma por la boca pero que no participa en protestas, no marcha ni se sacrifica porque, en su humilde entender, todo lo que no haya surgido de su mente es colaborar con los vendidos de la MUD y su estrategia para atornillar a Nicolás.
Estos críticos son tan arrechos que al oír su habladera de pendejadas, materia en la que se hacen acreedores de un PHD con honores, provoca firmar una petición para que les den un segmentofijoen alguno de los bodrios que transmite el “equilibrado” canal de “Todos los Venezolanos”, actúan como asalariados del chavismo: se quejan pero no protestan, no trabajan pero quieren que los mantengan, llaman a la abstención aunque saben que no aporta a los resultados y desean ser testigos de la implosión de la oposición. Son unos genios de las pistoladas incapaces de reconocer que las acciones politicas nos visibilizaron ante el mundo, que allanó el camino para las sanciones y el enjuiciamiento a los violadores de derechos humanos, el reconocimiento internacional de la Asamblea Nacional y el desconocimiento del parapeto prostituyente.
Hay que construir la salida
Para salir de las dictaduras se requiere que confluyan varios elementos: las ganas, las acciones para deslegitimarlo y lo imponderable. Gómez no salió, a pesar de los deseos de vivir en libertades, que los jóvenes protestaran (surgió la Generación del 28) ni de acciones militares, solo la muerte de El Bagre (a veces la muerte no es la solución y para muestra el último botón) dio paso a las transformaciones, en cambio para salir de Pérez Jiménez se requirió, además de la voluntad de la iglesia, de los estudiantes en la calle, de los políticos en la clandestinidad, de exiliados serios y de un proceso electoral fraudulento, de su huida en la Vaca Sagrada.
Las dictaduras no salen con votos, ni siquiera la de Pinochet, puede ser verdad pero son los votos de los ciudadanos, junto a sus ejecutorias, los que terminan de deslegitimarlos. Si nosotros no entendemos qué hay que obligarlos a saltarse a la torera las normas es porque no hemos aprendido nada de la naturaleza atrabiliaria del régimen. Se vota no porque vivamos en democracia sino porque es la herramienta conque contamos los demócratas, cuál escavadora del Metro, para construir la salida del túnel que nos libere de Maduro, mientras tanto seguiremos oyendo pendejadas.

Llueve... pero escampa

lunes, 21 de agosto de 2017

Suicidio colectivo

Por Miguel Yilales

@yilales

La política tiene por finalidad la preocupación por el interés colectivo, la generación de la mayor suma de felicidad posible y la procura del desarrollo de un Estado, planteamientos utópicos que se han vuelto realidad en países que, 4 décadas atrás, estaban peor que la Venezuela, que Sanín bautizase, saudita.

Luego de miles de desaciertos, de un excesivo clientelismo partidista y de un ataque inclemente contra los golpes de timón que hubiesen permitido dejásemos de dar tumbos, corregir el rumbo y tener algún norte, caímos en el más profundo abismo porque a unos oportunistas les dio por saltar en bungee (sin cuerda elástica) para arruinar a un país, destruir una economía emergente y depauperar un entramado social, que lejos de aproximarnos al desarrollo de la Arabia Saudí del siglo XXI nos transportó en retroceso y a “paso de vencedores” a los niveles de Burundi.


Por el accionar de muchos y por la inacción de otros, Venezuela entró en barrena: cuando se hablaba de más democracia lo que se instauraba era más autoritarismo; cuando se pedía mayor coherencia política lo que se avecinaba era mayor politiquería barata; cuando se requería mayor preparación surgieron especímenes que hicieron de la improvisación su bandera y cuando se exigía un verdadero accionar de liderazgos lo que obtuvimos fue telepolíticos, radiopolíticos y, ahora, social media políticos que son una mezcla de Aristóteles, Betancourt, Churchill, García-Pelayo, Rousseau y Roosevelt sin la episteme, la praxis, el discurso y el compromiso de aquellos.

Pseudopolítico y protopolítico

Por un lado nos llenamos de pseudopoliticos que se han leído algunas carátulas de libros, que se llaman libre pensadores pero que les molesta crítica, que son come candela contra otros opositores pero condescendientes con el régimen, de esos que exigen más protestas pero que nunca han participado en alguna para no convalidar a los convocantes, que no se atreven a convocar porque no convocan a nadie, no alientan multitudinarias protestas porque nadie las acata y que perjuran son políticos de masas porque a su alrededor se han conformado sectas de adoradores y aduladores. 


Y por el otro lado surgieron unos protopolíticos (protozoarios políticos o políticos protozoarios, el orden no importa) que son expertos en pedirle a los demás inmolaciones que ellos no están dispuestos a hacer; son los que quieren ver a los jóvenes sacrificar su futuro pero que a las primeras de cambio sacan del país a sus propios hijos por seguridad; son los que claman por más socialismo del bueno pero se dan vida de sultán saudita; son los que implementan una educación sesgada y de dudosa calidad pero encuentran “becas” a dólar preferencial para garantizar su permanencia en México o en Australia (sin alusiones a los nietos del secuestrador de Niehous) y son los que hablan de austeridad con una sonrisita burlona de psiquiatra pervertido (no me refiero a burgomaestre alguno) pero viajan en aviones de PDVSA como si eso no fuese peculado de uso.

Es el momento de la política

De ahí es que se les ocurren genialidades para justificar sus “ismos”, que a final de cuenta son tan malos como los otros “ismos”. Pretender que se puede implementar un socialismo en que solo se reparte la miseria es tan perverso como proponer un capitalismo que darwinianamente opte por los que nacieron con más oportunidades y no por los más aptos, en especial en un país en que el desequilibrio social está tan marcado. En realidad todos son criminales que azuzan, piden sangre y manipulan con el cuento de que quien no les siga el juego es un colaborador o un pitiyanqui.


Es el momento de la política, por lo que desenmascarar a Nicolás Maduro no puede ser un fin en sí mismo sino un medio para execrarlo del poder como consecuencia de la planificación, la organización y la acción política coordinada. Luchar con las armas de la democracia, aunque el régimen sea dictatorial, déspota y atrabiliario, nos permitirá imponer nuestras reglas sin atajos de dudosos resultados (endógeno o exógeno), y aunque sepamos que ir a las elecciones no los acabará, nos permitirá activar la calle, salir del desánimo inducido por unos dirigentes que crearon falsas expectativas y procurar la estrepitosa caída que anhelamos, lo demás es suicidio colectivo y, en lo particular, no tengo vocación de mártir para que unos vivos se llenen de glorias o para allanarles, a otros, el camino a exilios dorados.

Llueve... pero escampa

domingo, 13 de agosto de 2017

¡Yankee go home!

Por Miguel Yilales

@yilales

En Latinoamérica es muy común denigrar de cualquier cosa que venga de los Estados Unidos de América, en especial si los críticos provienen de esa izquierda trasnochada que perennemente los acusa de todas nuestras desgracias, de todas nuestras desventuras y de nuestro precario desarrollo. “Las venas abiertas de America Latina”, ese seudobíblico texto comunista que escribiese Eduardo Galeano, fue utilizado por muchas generaciones para justificar un odio, que en algunos casos se volvió irracional, contra los norteamericanos y sirvió para aseverar que cualquier acción venida desde el perverso imperio solo buscaba apoderarse de nuestras riquezas.


Por eso es que todos los dictadorzuelos de nuevo cuño que aún pululan en nuestro continente, en especial los que hemos tenido en Venezuela (Chávez y Maduro), les ha gustado amenazar, vociferar y gritar en contra de los yanquis; mostrar los dientes, gruñir y ladrar contra los  presidentes norteamericanos para luego mover el rabo suplicándole por una reunión que los inserte en el contexto mundial, clamar porque les atiendan una llamadita que les lave la cara de dictador y pescuecear por fotografiarse con el gringo de turno que ha estado alojado en la Casa Blanca (ubicada en Washington y no en Nueva York como señaló el orate hijo de Nicolás   Maduro) sin importar si se trataba de Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama o Donald Trump.


El dictador Nicolás 

Son los mismos que ven con malos ojos que los Estados Unidos ataquen al Daesh pero les parece bien que ellos ejecuten ataques terroristas; son los que creen que Corea del Norte tiene el soberano derecho de amenazar a occidente con misiles pero rechazan cualquier acción para controlar los desafueros de Kim Jong-Un y son los que se encolerizan ante cualquier declaración de Trump pero se embelesan con las intromisiones de Castro.


Nicolás Maduro ha violado los derechos humanos de manera sistemática para exterminar a quienes piensan distinto (según expertos de la ONU); eliminó la separación de poderes con el auxilio de unos abyectos magistrados del TSJ y lo poco que quedaba lo subordinó a una ilegal, ilegítima e írrita Asamblea Constituyente cuya única finalidad ha sido la de fungir de Espada de Damocles contra la disidencia opositora porque el convocante ni siquiera un proyecto de constitución, eso que llaman papel de trabajo, presentó y entregó el control de puertos, aeropuertos, aduanas, migración, registros y notarías a los cubanos y además se supeditó toda decisión militar a la aprobación de comisarios castrenses de la isla. 

Ante ese panorama la oposición envió emisarios (porque supuestamente estamos en un contexto globalizado) a alertar sobre la crisis humanitaria que estábamos viviendo, sobre la violación sistemática de derechos humanos, sobre cómo los militares venezolanos (confabulados con grupos paramilitares) atacaban manifestaciones pacíficas, sobre cómo el CNE había vulnerado el sufragio mediante fraudes continuados, lo que conllevó que luego de años, en que no se oía otra voz distinta a la petrochequera chavista, en que el régimen había construido la matriz de que se trataba de una oposición golpista y que la autodeterminación servía para apañar cualquier desafuero, los gobiernos del mundo catalogaron a Nicolás Maduro como lo que es: un dictador.

Bolívar y Churchill go home

Por eso Trump señaló que no descartaba acciones, incluso la militar, para devolver el orden a un país subyugado, invadido por otro nación, rematado a los rusos y a los chinos, en que los militares se han puesto al servicio de una parcialidad política, en que se violan los derechos humanos y que sus ciudadanos son tratados como piltrafas.


Ante esa declaración surgieron voces oficialistas (es lógico) y opositoras (¿Será que lo de las denuncias era una excusa para hacer turismo?) rechazándolas por insolentes y se desempolvaron la onanística frase que “nuestros problemas los resolvemos nosotros”, alternada con el grito ¡Yankee go home! sin importar cuan tiranizados estamos.


Imagínense que sí cuando Bolívar salió de Venezuela a liberar a Colombia, Ecuador y Perú se hubiese encontrado a unos cuantos desaforados gritándole “Bolívar go home” o que a Churchill lo hubiesen recibido los partidarios de Petain, en 1940, con pancartas que dijeran “Churchill go home”, de seguro España seguiría con colonias en América y aún estaríamos subyugados por el III Reich, pero la historia es otra.

Llueve... pero escampa

lunes, 7 de agosto de 2017

Colorín, colorado...

Por Miguel Yilales

@yilales

Desde que el régimen de Nicolás Maduro decidió que a troche y mocha debía instaurar su ilegítima Asamblea Nacional Comunista (ANC) se plantearon que para lograr ese objetivo: primeramente manipularían la data a través del carnet de la patria, en segunda instancia que debían amenazar a todo el que recibiese las migajas sociales del régimen para que fuesen a votar y finalmente que activarían ese mamotreto que ellos llaman partido político para que se valiera de los múltiples cedulados, la usurpación de identidades de electores fallecidos y la sustitución de migrantes a los que no se les ha permitido actualizar su dirección.

La realidad fue que al final del día, sin ningún prurito, la madama que regenta la mancebía en que se ha convertido el ministerio electoral anunció el número que tenía previsto así solo hubiesen participado los candidatos y sus familiares, por cierto creo que fue lo ocurrido si consideramos la esmirriada asistencia a los centros electorales. El fraude fue tan burdo que desecharon el balcón del pueblo y decidieron hacer una reunión de amigos en la plaza Bolívar de Caracas que no pudieron llenar ni con los múltiples escoltas ni con Los Gremlins que supuestamente fueron a votar.


A partir de ese momento y luego de develado tan descomunal fraude, ver la conchupancia de los poderes públicos para contribuir a la trampa electoral y la irresponsable actitud de los militares de apañar el timo cometido, me había planteado, sin apasionamientos, escribir mis consideraciones sobre si la oposición debía o no participar en las elecciones regionales.

Los golpistas y los guerreros ninjas


Pero 2 hechos me hicieron cambiar de parecer. El primero sentir en carne propia la represión oficial, saber que pudiste ser exterminado por unos esbirros que no tienen honor ni se les divisa la honra y que, por ahora, solo engrosaste las estadísticas de los heridos en las protestas y el segundo la instauración de la dictadura asamblearia militarista.

No imaginé que esta asamblea comunistoide se instalaría sin la menor resistencia, menos que serían tan torpes como para no guardar ninguna forma, que de golpe y porrazo se echarían al pico a la fiscal general Luisa Ortega Díaz, que nombrarían al defensor de los esteroides para que usurpara funciones en el ministerio público, que se abrogarían las funciones legislativas de la Asamblea Nacional, que decidirían funcionar hasta agosto de 2019 (luego de iniciado el próximo periodo presidencial), que 535 usurpadores constituyentes serían mirones de palo, como quien dice levanta manos, mientras los mismos de siempre entubaban las decisiones y que harían mucho más que redactar el texto constitucional comunista.


Frente a ese golpe de Estado que instituía abierta y definitivamente la dictadura de Nicolás Maduro y sus cómplices era como para escribir sobre el fin de la V República pero ocurrió que en solo horas esto fue eclipsado por unas personas que llegaron al principal fuerte militar del centro del país, tocaron la puerta, entraron como Pedro por su casa, sustrajeron más de 100 armas y se desvanecieron como si fuesen guerreros ninjas sin que el gobierno, que está presto a derrotar cualquier ataque imperial, que tiene años preparándose para la guerra, que se ha armado hasta los dientes y que entrenó a “millones” de milicianos,  se diera cuenta.

Se acabó la república

Cuando un país se debate entre participar o no en un proceso electoral que está amañado y sin ninguna garantía porque el dilema es que te roben la elección o que te la dejes arrebatar; que sabe que cuenta con una fuerza armada incapaz de proteger a un cuartel militar pero que se jacta de actuar como esbirros para eliminar (sin eufemismos) a los ciudadanos por solo emitir una opinión, informar (los periodistas somos objetivos militares) o ejercer el derecho a la protesta.


Si además ese mismo país enfrenta la instauración de la dictadura asamblearia que concretó el golpe de Estado iniciado por Hugo Chávez e hilvanado con sucesivas elecciones fraudulentas, con la designación de unos abogados sin méritos como magistrados del TSJ, con la sistemática castración de las funciones del Parlamento y con un flamante presidente de la Asamblea Nacional que asevera que ellos seguirán legislando normalmente como si todo estuviese normal, es como para decir colorín, colorado… la república ha terminado y, aunque cueste reconocerlo, sin posibilidades ciertas de recuperarla.

Llueve... pero escampa

domingo, 30 de julio de 2017

¿Y mañana? ¡Ay, mañana!

Por Miguel Yilales

@yilales

La mayoría de los venezolanos crecimos oyendo a un narrador coruñes. Un inmigrante que ama a este país como si fuese propio. Durante 10 mundiales de fútbol tuvimos a Lazaro Candal soltando frases que pasaron a formar parte de nuestra idiosincrasia. ¡¿Que hiciste papaíto?! ¡Que angustia, que nervios, que desesperación! y la que sirve de título a este artículo, son solo algunas de las ocurrencias de este gallego venezolano.


La situación que vivimos hoy en Venezuela está como para desempolvar y gritar todas esas frases a la misma vez porque si algo sentimos es una gran angustia, muchísimos nervios y una estresante desesperación. Sin lugar a dudas los ciudadanos del país tenemos años sobrellevando sobre nuestros hombros un pesado fardo para evitar la instauración de un régimen dictatorial, para preservar los valores democráticos y evitar que el país se perdiese en las manos de las peores piltrafas que nos han podido gobernar, unos guiñapos humanos que dejaron en pañales a las montoneras del Siglo XIX, que superaron con creces a los tiranos del Siglo XX (incluyendo a Castro, a Gómez y a Perez Jiménez) y que han procurado incansablemente  exterminarnos como un invasor que sabe que mientras  pensemos, respiremos y nuestros corazones palpiten, aspiraremos a ser libres e independientes.

Sin gente, sin votos

Esa es la cruda realidad a la que nos hemos enfrentado los venezolanos desde 1998 cuando llegaron al poder unos facinerosos que, enmascarados de demócratas, solo les interesaba construir un andamiaje político para, en el momento oportuno, destruir todos los principios y valores que propugna la democracia: la soberanía, la representación política, la alternabilidad en el poder, la representatividad, la defensa de los derechos de las minorías, la legitimidad de origen y desempeño, la igualdad, el pluralismo y, por supuesto, la división de los poderes públicos.


Para ello se sirvieron de elecciones amañadas, manipuladas y trampeadas en la que cada ciudadano representaba más de un voto. Debimos aprender a jugar un juego con desventaja, con el árbitro en contra y en el que las reglas eran cambiadas, de forma sobrevenida, a la conveniencia del régimen: primero se inventaron marramuncias para desaparecer la representación proporcional; luego que el voto electrónico era lo más seguro y cuando ya no pudieron manipularlo recurrieron al Gerrymandering de forma tal que con menos votos tuviesen más representantes. Todo eso les funcionó hasta que el rechazo mayoritario hizo que sus reglas jugarán en contra.

Hoy la realidad pinta diferente y por eso se valieron de un sainete pseudoelectoral para implementar un remedo de areópago, que en lugar de constituyente será disolvente porque para nadie es un secreto que solo se hizo para desbaratar la república y el Estado como lo conocemos e implementar una bufa republiqueta bananera en la que impere el populismo, la miseria, la desesperanza, la injusticia, la desigualdad, la opresión, la represión, la ignorancia, la ordinariez y la incultura, por cierto antivalores asociados al chavismo en todas sus acepciones: light, democrático, originario, radical, con o sin Chávez y el que se pelean a cuchillo Maduro, El Aissami y Cabello.

Se pagaron y se dieron el vuelto

Sabemos que numéricamente las cifras serán amañadas y que cualitativamente fue un proceso viciado, nulo de toda nulidad, sin controles, donde cualquiera podía “sentirse tentado” (así lo alertó la meretriz electoral) a votar varias veces y en el que los periodistas no podrán hacer su trabajo, así estén acreditados, porque lo público se volvió privado. Al final se pagaron y se dieron el vuelto.


Luego de consumado el fraude continuarán las violaciones de los derechos humanos, los atropellos gubernamentales, la escasez de productos y la inflación galopante, la delincuencia desbordada y el narcotráfico oficialista campante; los sobrinos Flores en una celda en Nueva York a la espera de sentencia; Cabello no dejará de ser el Pablo Escobar venezolano; los presos políticos no serán liberados; la FANB en su amancebamiento con los colectivos y nosotros en la calle, en rebelión cívica y en desobediencia para  desalojar del poder al tirano. Así que si le asalta la duda y se pregunta: ¿Y mañana? ¡Ay, mañana! Recuerde que tiene 3 opciones: continuar la lucha, irse del país o alistarse para buscar su carnet de la patria, doblar la cerviz y claudicar para vivir esclavizado.

Llueve... pero escampa

domingo, 23 de julio de 2017

Hay que negociar con el régimen

Por Miguel Yilales

@yilales

Luego de la excelente jornada cívica, democrática y ciudadana del pasado 16 de julio había quienes pensaban que el trabajo político estaba hecho hasta que se enteraron de los resultados. Por una parte estaban los decepcionados porque se creyeron a pie juntillas unas supuestas proyecciones que daban más de 11 millones de voluntades y los otros, más ponderados, que consideraban un exitazo haber logrado la meta que superaba los 7,5 millones de venezolanos que vencieron el miedo, las manipulaciones y la falta de información, para salir a las calles a rechazar al dictador Nicolás Maduro y a sus secuaces.


A partir de ahí no todo ha sido color de rosa. Cada quien se creyó el cuento de los libros de autoayuda de que todos somos líderes de la lucha que se vive, muy válido si se trata de la vida pero inadecuado en los asuntos políticos (que tienen que ver con la polis y el bien colectivo), surgieron los que alentaron actitudes anárquicas y los que exigían la degollina del liderazgo porque hacían lo que ellos creían y no lo que las masas querían, muy similar a la jauría que es perseguida por el zorro y no a la inversa. 

Un buque a vela necesita el viento para navegar pero por mucha fuerza que venga desde barlovento, si no hay un timonel que mantenga el rumbo y un capitán que tome las decisiones de seguro que encalla, se extravía o da vueltas sin llegar a ningún lado. Sí esto lo llevamos a nuestra realidad política, veremos porque estamos donde estamos.

Liderazgo a los trancazos


Sabemos que a muchos les llegó el momento de dirigir como al niño que está en una piñata y recoge los caramelos porque le cayeron cerca o porque se les escaparon entre las piernas a los demás, son los que repiten lugares comunes aprendidos en el manual de Política para Dummies o fueron colocados por algunos dinosaurios para manipularlos y también están los que creen que la coerción es el mecanismo para demostrar el liderazgo y desprecian la convicción, lo cual nos asemeja a lo que tanto criticamos porque ¿Qué diferencia hay entre los métodos de los colectivos en el “23 de Enero” y los de cualquier otro grupo en otra zona de Caracas? Si bien los intereses pueden ser distintos, debemos recordar que en política los extremos se unen.


Cuando el diputado Freddy Guevara asumió la vocería para hablar de los resultados, nombró un par de cosas que en el actual léxico político venezolano son peores que una mentada de madre: la palabra negociación (no dijo qué y ese fue su error) y ofrecer una salida honorable (Sun Tzu lo llama puente de plata), lo cual fue el detonante para que gritasen: ¡Traición! los come candela de siempre, los que saben cómo salir del régimen pero lo guardan in pectore (como los cardenales que solo él y el papa saben que lo son), los que dan tuitazos destemplados porque no hicieron con los resultados de la consulta popular lo que ellos decían que se hiciera, los que antes siguieron obnubilados a un melindroso paracaidista y ahora están chinguitos porque un piloto les haga ojitos.


La anarquía nos devorará

Asumir la dirección en política es hacer lo que se debe, cuando se deba. Que unos avezados ciudadanos con aspiraciones políticas aleguen en su defensa que votaron y llamaron a votar engañados, bien porque su comprensión lectora no les permitió entender lo planteado o porque esas bravuconas les genera algunos réditos políticos es tan peligroso como caer en las redes de una entelequia que se autodenomina “La Resistencia”, que emite comunicados, que nadie sabe quién la dirige ni coordina y que es muy distinta al grupo de jóvenes, valientes y voluntariosos, que le pusieron el pecho (literalmente) a la protesta, que han sido asesinados y que sin ninguna experiencia ni articulación confrontaron a los esbirros uniformados.


Sobre el puente de plata ocurrió lo previsible: Nicolás Maduro lo rechazó porque la soberbia y las ojeras no le dejan ver la realidad, por la mala lectura del momento o porque Diosdado Cabello y los radicales lo tienen  cogido por las criadillas. En cuanto a la negociación creo que debe darse. Hay que negociar con el régimen los términos de su salida del poder, hay que negociar en qué vuelo se van a embarcar, hay que negociar qué día y a cuál hora se van, pero para que eso sea efectivo debemos coordinar y actuar de manera orquestada, masiva y contundentemente porque sino la anarquía nos devorará y puede ser peor el remedio que la enfermedad.

Llueve... pero escampa

domingo, 9 de julio de 2017

Hasta con el mazo

Por Miguel Yilales

@yilales

La historia venezolana, esa que apenas aparece mencionada en los textos escolares, tiene vergonzosas verrugas purulentas (sin alusiones a ningún personaje), que de poder regresar en el tiempo, debieran ser extirpadas para evitar sus consecuencias. Fueron instantes que cambiaron el curso de los acontecimientos para meternos en vericuetos inimaginables e infranqueables.

Tan solo en el siglo pasado, sin considerar que dilapidamos ingentes  fortunas, que pasamos de ser la envidia de Latinoamérica a la hermanastra fea de la Cenicienta en un abrir y cerrar de ojos, que vivimos la bonanza de la Venezuela Saudita por 10 años y hemos padecido la debacle del Viernes Negro por casi 40, pudiéramos nombrar algunos: el golpe de octubre de 1945 que dio paso al Trienio Adeco y como consecuencia nos sumió en 10 años de desgraciados gobiernos militares, el juicio a Carlos Andrés Perez una estocada que aceleró el derrumbe de la democracia y abrió el camino al socialismo del siglo XXI o el discurso de Rafael Caldera ante el Congreso, en 1992, que lo llevó a la presidencia desde donde sobreseyó a quienes habían atentado contra el Estado.

Fiesta en casa ajena

Pero ningún hecho tan pernicioso como el acaecido en 1848 cuando el Congreso de la República fue asaltado por unas turbas afectas a José Tadeo Monagas, lo que permitió las memorables palabras de Fermín Toro:  «... Decidle al general Monagas que mi cadáver podrán llevarlo, pero que Fermín Toro no se prostituye...». Un pasaje tan bochornoso que nadie imaginó pudiese volver a acontecer aunque cuando un país tiene el infortunio de estar gobernado por unos ignorantes, tramposos y resentidos lo inimaginable puede repetirse. Desde hace 18 años quienes han gobernado a Venezuela se han empeñado, con ahínco y dedicación, a llevarnos al pasado.


El mismo día en que se conmemoraba la Declaración de la Independencia  del imperio español, a mi juicio la fecha más importante de nuestra vida republicana, las huestes armadas del Monagas del siglo XXI (quizás mandadas por el paisano de José Tadeo que es teniente-capitán) tomaron por asalto el Palacio Federal Legislativo, bajo la mirada cómplice y complaciente de los encargados de la seguridad, y arremetieron contra los parlamentarios que ahí se encontraban.

Las imágenes, videos y testimonios no tardaron en darle la vuelta al mundo y ratificaron lo que es vox populi en toda la comunidad nacional e internacional: que estamos en las garras de unos sanguinarios, que a estos delincuentes les sabe a carato el Estado de Derecho, que las protestas en la calle los tiene locos y que por soberbios dilapidaron el poquísimo capital político que les quedaba.


Aunque todo el mundo puso el ojo a este hecho, en especial por la violencia y lo dantesco de las imágenes (recordemos que tan solo una semana antes, el 27 de junio, el parlamento había sido acosado por los mismos facinerosos y no hubo ninguna consecuencia), más grave fue lo ocurrido en horas de la mañana de ese mismo día, cuando los guapetones del barrio hicieron fiesta en casa ajena sin invitar a los dueños. 

La joya de la corona

Resulta que Tareck Al Aissami invadió la sede del Poder Legislativo junto al tren ministerial, el alto mando militar y mucho público de galería para abrir el acta de la Independencia sin coordinarlo con la junta directiva del parlamento, por cierto una actividad protocolar que siempre la ha realizado el presidente de la república y a uno le queda la duda ¿Le pasaron por encima a Nicolás? ¿Tareck usurpó a Maduro? ¿Será que a Maduro le importa más el 20 de julio que el 5 de julio? o ¿las luchas intestinas dentro del gobierno hacen que cada facción de esa mafia actúe como radical libre?


La verdad es que el alevoso ataque en los que salieron heridos varios diputados, la presión de más de 100 días de protestas en la calle, la resistente irreverencia contra la brutal represión policial y militar, el casi unánime rechazo a la írrita constituyente, la pérdida de la iniciativa política, las desacertadas decisiones del apéndice judicial del gobierno y el bochorno ante la comunidad internacional puso en jaque al régimen, a tal extremo de tener que darle medida sustitutiva de casa por cárcel a Leopoldo López, la joya de la corona de Nicolás Maduro y el preso personal de Diosdado Cabello, a quien parece se le perdió el mazo con el que la oposición le está dando, hasta por el cielo de la boca, al desgobierno revolucionario.

Llueve... pero escampa