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domingo, 10 de enero de 2016

Elefantes en una cristalería


Por Miguel Yilales
@yilales
Este 2016 se vislumbra más interesante de lo que los incrédulos puedan pensar. En cualquier foro de discusión política cualquiera hubiese apostado porque, luego de los resultados de las elecciones parlamentarias, llegase la sindéresis a quienes gobiernan a Venezuela y que entendieran que lo único seguro en política es que el poder es efímero por distintas razones: se muere el que lo detenta o simplemente el péndulo cambia de dirección.
Pero la realidad ha sido otra, ya que para el gobierno nada ha cambiado. Por el contrario, a su entender, lo ocurrido no obedece a que seamos el país más depauperado del mundo; ni que tengamos la inflación más elevada o que el desabastecimiento llegue a niveles inaguantables; menos que seamos el país más inseguro del continente; ni que tengamos más muertes violentas que las registradas en el medio oriente o en países africanos con cruentas conflagraciones.
Tampoco porque los ciudadanos se hayan cansado de ver cómo en estos 17 años quienes llegaron con unos votos de pobreza y dispuestos a reivindicar a los menos favorecidos, una especie de Robín Hood criollos, terminaron con inmensas fortunas, muchos vehículos blindados, más escoltas y guardaespaldas que un artista y disfrutando de una viajadera con la excusa de representar los intereses del país, aunque esto siempre ocurra en los centros comerciales de Las Vegas, Orlando, Nueva York, Londres o París.
Un trastocado, un excéntrico y un sube y baja
Para ellos todo fue circunstancial, accidental, fortuito y, por ende, reversible. Lo que ocurrió es que la gente en su ignorancia (a la revolución les interesa mantenerlos así según el diputado “sube y baja escalones” Héctor Rodríguez) no entendió las bondades del proceso.
Al aprendiz de dictador, y lo digo porque en los dos últimos años ha sido habilitado para legislar por decreto como en su momento lo hizo el también socialista y nacionalista autor de Mein Kampf, le dio por promulgar leyes como un trastornado, anunció con bombos y platillos un cambio de gabinete que terminó en la misma miasma, con los iguales rostros y sin ninguna propuesta para salir de la crisis y además entregó bienes de la nación a una fundación que nadie sabe de dónde sacarán los recursos para su funcionamiento a menos que sean con donativos venidos desde Nueva York, y no me refiero a los sobrinos detenidos por conspirar para introducir drogas en los Estados Unidos sino por los aportes del embajador o de la embajadora adjunta ante la ONU (antes de que les embarguen los bienes mal habidos) o de artistas como Sean Penn que siempre encuentra a un capo que le financie las películas, aunque se le haya caído el negocio fílmico con “El Chapo” Guzmán.
Igual le ocurrió al otrora “hombre fuerte del partido”, “al chivo que más miccionaba” y “al que controlaba el estamento militar porque su promoción eran generales”, acostumbrado a ser showman y que las cámaras lo siguieran a todas partes, terminó como excéntrico cancerbero de la Asamblea donde hizo pataletas para disfrutar, por un minuto, de la fama perdida.
Mucha tarea pendiente
Gracias a la participación cívica y ciudadana el Palacio Federal Legislativo puede retomar su verdadero rol, su nombre, su dignidad y dejar de ser la casa de lenocinio en que la convirtió su anterior administrador. Nadie vería con buenos ojos que se hicieran la vista gorda o que el Parlamento actúe gatopardianamente, cuando por el contrario le abrieron las puertas para cambiar lo que estaba, en buen criollo, choreto.
Se deben revisar las leyes ilógicas, ilegales y anticonstitucionales que implementó la revolución en todos estos años de desvergüenza; se requiere que se establezcan controles a quienes en funciones de gobierno han hecho lo que les viniera en gana y han actuado con total impudicia e impunidad; que los poderes públicos que conformó el chavismo se comporten con letras mayúsculas y que se reconstruya el Estado, la República y, eso que tanto mientan que es más que unos costosos e inútiles pendones de un expresidente, la Patria.
Ahora la oposición tiene que actuar con pasos firmes, fuertes y constantes para reconstruir al país, trabajar para que los demás poderes (en manos de los delicados y tiernos castrochavista) empiecen a actuar dentro de los límites de la Constitución o reemplazarlos como ella misma lo establece porque tienen muchos años actuando como una manada de elefantes en una cristalería llamada Venezuela.
Llueve… pero escampa

martes, 25 de febrero de 2014

Aquí nadie para bolas

Miguel Yilales
@yilales
Hace muchos años, casi doscientos, un caraqueño, que en ese momento era un mozalbete de 30 años, decía que no había peor miseria que ser jefe para no serlo.
Años más tarde cuando los andinos llegaron al poder y gobernaron desde 1899 hasta 1958, con apenas un receso en el Trienio Adeco y el efímero gobierno de Rómulo Gallegos, trajeron también sus costumbres y dichos al lenguaje.
Es así como en el decidero popular se decía que "jefe era jefe manque tuviese cochochos", con lo cual se referían a que el dictador de turno así tuviese en la cabeza ese fastidioso insecto hemíptero, anopluro, con milímetros de largo y boca con tubo a manera de trompa para chupar sangre conocido como piojo, era el jefe porque se le hacía caso.
Todo eso fue valido hasta que se ejecutaron los Juicios de Núremberg. Los militares, dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen nacional socialista de la época, que coincidencia que esas dos vocablos estén presentes en el tinglado revolucionario, chavista y antiimperialista que nos gobierna, trataron de escudarse en el cumplimiento de órdenes, pero a pesar de eso se determinaron sus responsabilidades y fueron sentenciados por atentar contra la humanidad para satisfacer las ambiciones políticas del líder supremo y eterno, Hitler.

Tanto en el béisbol como en la política

Para hacerse obedecer hay que tener tesitura moral, principios y valores, capacidad para convencer y dirigir; otros infunden miedo y los menos ordenan y nadie les acata. Y es aquí donde estamos los venezolanos, con un régimen que ordena la paz, la felicidad, el abastecimiento, el amor, las celebraciones, pero que ni ellos las cumplen.
En el lenguaje beisbolero hay posiciones que son especialmente difíciles. Hablamos de la esquina caliente para referirnos a la tercera base, posición que le corresponde atrapar rollings contundentes, el campocorto y el segunda base que tienen que cubrir mucho terreno detener rodados difíciles y lanzar con precisión a primera base y el primera base que debe recibir todos los lanzamientos de sus compañeros con agilidad. Cuando estos jugadores no hacen su trabajo se dice que no le paran una bola a nadie.
En política como en el béisbol, sí los líderes ordenan se espera que el cuadro pare los rodados, es decir, las bolas bateadas. Durante la colonia las órdenes de la corona se acataban, pero no se cumplían, lo cual revelaba lo irreverente que se era ante el despotismo y que no se paraban las bolas venidas del lanzador imperial.
Recientemente el compañero Nicolás Maduro, uso la misma expresión que emplea su camarada presidente Diosdado Cabello (por la Asamblea Nacional y nunca porque mande más que Maduro), reconoció que no le paraban los rollings que bateaba, es decir, no le paraban bolas, en estricto sentido beisbolero.

Es una orden, por favor obedezcan

Durante una de las largas peroratas en cadena de radio y televisión, el comandante subalterno, confesó que ordenó el acuartelamiento del Sebin, pero estos se fueron a la calle a disparar a los manifestantes, con lo que cabría preguntar ¿Quién ordenó se violara el acuartelamiento? ¿Es que acaso ante ese batazo el jefe del Sebin decidió no parar las bolas en su posición?
Luego ordenó que el servicio de transporte masivo Metrobus, dejaría de prestar servicio para el Este caraqueño con lo cual señalaba que los sectores donde vive la oligarquía fascista venezolana, es decir Petare, las Minas de Baruta, Santa Cruz del Este, entre otros, serían castigados, para luego recular ante la posibilidad de que el rolling se le fuese entre las piernas y nadie parase bola.
Asimismo prohibió que el 51,8 % de los caraqueños que lo adversan, según resultados del CNE, no entrarían a Caracas, con lo cual suponemos instalaran un chip, para no usar los triángulos de colores o estrellas de David con que los nazis identificaban a los enemigos, para detectarlos. Ahora ¿Cómo no se entra a donde se vive, se trabaja, se duerme? Otro rodado que nadie le va a parar.
Cuando un gobernante se hace el sordo a los reclamos, propugna arbitrariedades y violaciones a los derechos humanos como única forma para hacerse obedecer, de seguro perderá el juego por sus malas decisiones.
Mientras tanto hay un pueblo que decidió no parar ninguna de las bolas que batea quien detenta el poder, eso es desobedecer sus órdenes por ilegítimas, puede decretar feriados, fiestas carnestolendas o unificar al Rey Momo con el Cristo Rey, tener cochochos o no y aun así hacer que nadie le pare.

Llueve… pero escampa