Por Miguel Yilales
@yilales
“Luego de todas las expectativas planteadas, el tiempo para
la convocatoria, toda la organización y la indignación de la gente… se
desperdició todo el capital político” me dijo un eterno combatiente y resentido
del teclado, molestó porque no repartieron el lote de armas que, según el
gobierno, tenía escondida la oposición, porque no convirtieron la masiva
manifestación en una masacre y porque no aparecieron los marines, lanzándose en
rapel desde los helicópteros, que supuestamente (puro cuento) había movilizado
el Comando Sur.
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| Más de 1 millón de ciudadanos en la Toma de Caracas |
La realidad es que la oposición cumplió con los objetivos
planteados, movilizó a la sociedad venezolana y demostró que con organización
se puede poner contra la pared al gobierno que, como de costumbre, quedó como
aquel emperador que nadie veía desnudo por temor a las represalias del SEBIN del
reino, aunque al final la verdad saliera a la luz a pesar de las manipulaciones
goebbelianas propias de los regímenes totalitarios (aún me refiero al cuento
danés).
Es que por mucho que se esforzaron por vender a la oposición
como violenta, por mucho que “invitaron” a salir bajo amenazas a periodistas y
corresponsales extranjeros, por mucho que militarizaron la ciudad y la llenaron
de contingentes armados hasta los dientes, por mucho que trancaron las
estaciones del Metro para imposibilitar que la multitud se trasladara, por
mucho que cerraron los accesos a Caracas y que pusieron alcabalas que
retrasaran la llegada de un grupo de indígenas, unos valientes con discapacidad
y un cura de pueblo, la gente salió a las calles para tomar, por los cuatro
costados, la ciudad.
Descocado y
desubicado
Esta semana la oposición y su dirigencia, desde los más
radicales hasta los más “come flor” (hay para todos los gustos), salieron a las
calles caraqueñas de manera aplastante, multitudinaria y contundente. De nada
sirvieron las mil millonarias campañas por las emisoras de radio y televisión,
las inútiles y fastidiosas horas de cadenas ni la campaña electoral adelantada
que realizó el cavernícola teniente que no pudo desenfundar el mazo, es decir,
que se le quedó adentro (de la vaina).
Se ratificó lo que decían todas las encuestas: que hay una
mayoría evidente que quiere salir de esta desgracia; que nadie se come el
cuento de la guerra económica, de la invasión gringa, de los dirigentes
políticos explosivistas, de unos paramilitares que montaron un campamento a 500
metros de Miraflores y que todo ese gamelote seco solo sirve para alimentar a
una recua.
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| Cacerolas en Villa Rosa hacen correr a Nicolás Maduro |
Los venezolanos estamos dispuestos a despachar políticamente
a un régimen troglodita, minoritario y que se deslegitima a diario, a pesar de
los obstáculos de las comadres del CNE, las trabas del pusilánime TSJ y las
propuestas leguleyas de los salta talanqueras de oficio, y si no creen
pregúntenle a los habitantes de Villa Rosa, en la isla de Margarita, que sin
miedo encararon y terminaron de sacar de sus cabales (está peor que aquel que
veía camisas voladoras) a un descocado y desubicado al que solo le quedó agredir
a una indefensa mujer porque atentaba contra su gordinflona humanidad
presidencial con una cacerola vacía.
Con mis pertrechos
La lucha política no es fácil, a menos que se agarren atajos
que indefectiblemente nos llevan a cosas peores que las que tenemos. Para consolidar
esta mayoría, que siempre será circunstancial, hay que continuar el trabajo: recorrer
ciudades, poblados y calles; ir casa a casa y contactar, cara a cara, a los
ciudadanos con una propuesta que no esté supeditada a otro falso mesías.
| "Los guerreros del teclado" por @edoilustrado |
Los radicales que llaman a dejar la sangre y convertir al
país en un camposanto; esos que no marchan porque no se prestan al juego y las
traiciones de la MUD; esos que se encuentran en la reserva hasta que surja un
nuevo liderazgo con un lenguaje de altura pero que tildan de “cretinos” a los
que no piensan como ellos; esos que expulsan la bilis mientras planifican
(asilo incluido) lo que consideran la única salida válida: Maiquetía; esos que
no convocan a nadie (mucho menos a un millón de adeptos) para tomar por asalto
a Miraflores; esos se quedaron con los crespos hechos.
Por eso es que no vuelvo a salir a explicarle a los necios
que las aventuras con armas solo tienen finales felices cuando firmas los
acuerdos de paz con la sangre de tus familiares y sobre los cadáveres de
compatriotas, mientras tanto ya alisté mis pertrechos ciudadanos porque yo sí formaré
parte de los que reconstruiremos a Venezuela.
Llueve… pero escampa

