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miércoles, 23 de octubre de 2013

¿Corrupción? Yo no fui, ahí va el ladrón

Miguel Yilales
@yilales
Luego de los hechos de febrero de 1989 y de febrero de 1992, los periodistas José Vicente Rangel y Andrés Galdó, en sus columnas “Los hechos y los días” y “Laberinto”, se dieron a la tarea de denunciar el manejo de 250 millones de bolívares de una partida secreta del Ministerio de Relaciones Interiores.
Carlos Andrés Pérez fue acusado por malversación y peculado, que implicaba la utilización indebida de fondos del Estado y por 250 mil bolívares fuertes fue destituido.
Si hiciésemos un ejercicio veríamos que ese monto hoy serviría para comprar un auto compacto, un apartamento en pésimas condiciones o 2 televisores plasma de 64 pulgadas.
Nadie parece recordar que el cargo fundamental que, en definitiva, se formuló, no fue otro que haber financiado una misión policial que viajó a Nicaragua para contribuir con la seguridad personal de la presidenta electa Violeta Chamorro, y que entre los comisionados estuvo un conspicuo (no por ilustre) diputado, exalcalde y expolicía con problema de dislalia selectiva del fonema “r”, que hoy se muestra como adalid de la lucha contra la corrupción.

Yo te aseguro que yo no fui

Desde el año 1995 la organización internacional Transparencia Internacional publica el Índice de Percepción de la Corrupción que mide los niveles de percepción de corrupción en el sector público, entendiendo a ese flagelo como «el abuso del poder encomendado para beneficio personal».
De 180 países evaluados ocupamos los últimos lugares de la mano de Corea del Norte, Somalia, Afganistán, Iraq, Turkmenistán, Uzbekistán, Myanmar, Sudan y Haití. Todo un club de naciones honestas y democráticas.
Hay quienes creen que la corrupción se puede enfrentar por decreto. Otros juran que son prístinos paladines de la lucha contra la corrupción, como si nunca hubiesen ejercido un cargo público y sus gestiones no fuesen de dudosa ejecutoria.
Cada vez que se escucha, a quienes han gobernado y abusado del poder de manera absoluta, que ellos no son los culpables de la corrupción, es como sí se escuchara una versión particular de la canción de Pedro Fernández en la que jura que él no fue, en especial si dicen “cositas malas de mí”.

Ahí va el ladrón

El argumento usado para la solicitud de la Ley Habilitante es que servirá para la lucha contra la corrupción y quien no esté de acuerdo con ella es un corrupto. Nadie en su sano juicio se opondría a acciones concretas de sanidad administrativa, pero como la oposición ha solicitado que se destapen las ollas de los guisos rojos cuyo hedor pulula por doquier y no estar de acuerdo con la habilitante, se le acusa de deambular en galimatías.
Los adecos no gobiernan desde la destitución de CAP en 1993, los copeyanos desde 1984 cuando Luis Herrera Campins entregó el poder, Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo nunca han regido el país. Desde 1998 estas organizaciones sí acaso han administrado algunas alcaldías y gobernaciones, pero son los responsables de la corrupción “doja, dojita” (Bernal dixit).
Hay que ser prestidigitador para decir que los niveles de corrupción que vive el país, luego de 15 años gobernados por la revolución, es culpa de Pérez, Caldera, Lusinchi, Herrera, Leoni o Betancourt.
Si existiese la mínima intención de lucha contra la corrupción debieran iniciar por nombrar a los magistrados del TSJ cuyos cargos son usurpados por suplentes con período vencidos, nominar al Contralor General de la República que está en un interinato desde el fallecimiento del titular y designar a los Rectores del CNE cuyo período feneció en mayo de este año. Esas vacantes o interinatos son una forma de corrupción.
Asimismo debieran investigar todas las formas de nepotismo que se ve en el gobierno, desde el florismo pasando por el nicolasismo, porque contratar a un hijo, un sobrino, los hermanos o los primos con cargo al erario público también es una forma de corrupción.
De igual manera revisar los saltos de talanquera de diputados como William Ojeda, Ricardo Sánchez o del 99, los cuales son otra forma de corrupción.
Estas y otras serían una buena señal para demostrar que hay intenciones para derrotar la corrupción, lo demás es un burdo, torpe y rustico show de la roboilusión, que es la principal forma de corrupción.
Hasta ahora los gritos estentóreos, histéricos y convulsivos, que desde la Casa de Misia Jacinta señalan que se combatirá la corrupción, solo sirven para indicar, como en el cuento aquel, “ahí va el ladrón”.

Llueve… pero escampa

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Habilitante cantinflérica: Ahí está el detalle

Miguel Yilales
@yilales
El 99 se ha vuelto importante en Venezuela, llegando a alcanzar connotaciones en las que la política nacional depende de un número.
Para otros ese número solo recuerda a aquella espía que interpretaba Bárbara Feldon a mediados de la década de los 60, que junto al Súper Agente 86, Maxwel Smart, hacían de las suyas en la lucha contra KAOS.
Aunque en realidad es el diputado que le falta al gobierno para aprobar la ley que habilite al Ejecutivo para que legisle en materia de corrupción, si quieren hacerlo en el marco de la norma (aunque son expertos en transgredirla).
De agente secreto a salta talanquera
Este parlamentario debe ser un agente encubierto del caos del gobierno, tan malvado como KAOS, y se está a la espera del momento oportuno para develar su nombre, así como ocurrió con Herman Escarrá, quien luego de ser coordinador constitucional de la oposición se convirtió en conspicuo defensor de las violaciones constitucionales del gobierno.
Será que no han conseguido el precio correcto o los llamados tienen temor al desprecio general al que se someterían, como ocurrió con aquel precandidato a alcalde, quien luego de perder, decidió saltar la talanquera y regresar a las filas de las que nunca debió salir, su rebote fue tan insignificante que luego de prometerle abanderarlo por el mismo municipio en el que fue derrotado, lo reemplazaron por un cantante y pelotero tan anodino como él.
Hasta han propuesto allanarle la inmunidad parlamentaria a la diputada María Corina Machado, para que su suplente, el no tan joven, sempiterno estudiante, expresidente de la FCU y experto salta talanquera, la sustituya en la aprobación de la fatídica Ley.
Es que quienes desprecian ese invento capitalista de la separación de poderes, deben buscar los mecanismos que les permita gobernar en el marco de “su ley”, es decir, al más puro estilo de la teoría política de Juan Charrasqueado: sí no ganan, arrebatan.
Ahí está el detalle
Lo que acontece en el país parece digno de aquella comedia de enredos en la que Leonardo del Paso, interpretado por Cantinflas, decía para no decir nada.
De seguro esa Ley servirá para legislar sobre cualquier materia, como ocurrió entre 2010 y 2012 cuando los poderes especiales para solventar la emergencia por las lluvias, sirvieron para aprobar leyes en materias tan disímiles como comunicaciones, seguridad, defensa, entre otras.
Y es que hijo de gato debe cazar ratón, y el hijo putativo del líder máximo y supremo no puede hacerlo de otra forma, con lo cual podría legislar en una materia, que de otra forma sería imposible: la soberanía.
Al no necesitarse una fachada atlántica, para exportar hierro, aluminio o bauxita, luego que durante 14 años desmantelaron las empresas básicas que las producían, podríamos en un proceso integracionista, dejar de reclamar el Esequibo y regalárselo, como gesto de desprendimiento, a Guyana. Ahí está el detalle.
También podría solucionarse el diferendo del Golfo de Venezuela, que las Fuerzas Armadas, cuando existían, no permitieron solucionar con aquel convenio entreguista de la Hipótesis de Caraballeda. En esta oportunidad ante la presencia del pensamiento único y socialista de la FAN, podría decretarse que el golfo debe llamarse Coquivacoa y que su uso debe ser usufructuado por la patria grande, una especie de confederación que uniese a Colombia y a Venezuela, ya confederada de hecho con Cuba, con lo cual todos los negociadores de la paz colombiana serían connacionales. Ahí está el detalle.
Esto último permitiría solventar algunas otras cosas, como por ejemplo la unión del Táchira y Norte de Santander, con lo cual se solventaría la nimiedad esa de la partida de nacimiento y la fe de bautismo. Ahí está el detalle
Es que por Ley habilitante podríamos contrarrestar el golpismo galopante que surge por todos lados, porque un país que queda sin electricidad y en el que los entes gubernamentales declaran que todo se encuentra en total normalidad, es porque hay componendas internas (en el gobierno) para derrocar al jefe. Del black out general solo sabemos que fue un ensayo del golpe de estado eléctrico (Maduro dixit) que debe ser lo que ocurre cuando designas encargado de un sector a un golpista consumado y compañero del único beneficiario de un golpe de Estado. Ahí está el detalle.
Y es que quieren una Habilitante que les permita decir que hacen pero no hacen para disimular que gobiernan el desgobierno. Ahí está el detalle.

Llueve…pero escampa