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jueves, 23 de abril de 2015

El imperio y sus pitiyanquis cooperantes

Miguel Yilales
@yilales
Criticar a unas personas que huyen de la miseria que representa no tener que comer, imposibilitados para adquirir una vivienda, padecer de servicios públicos inexistentes, estar obligados a vivir de las migajas de un gobierno o sobrellevar un estado de guerra permanente en el que la violencia es la principal causa de muerte, no sería justo.
Y aunque alguien pueda pensar que me refiero a la situación que a diario vivimos los venezolanos, la descripción de las causas anteriores estaba referida a los cientos de miles de cubanos que se han lanzado a aguas infectadas de tiburones con la única esperanza de navegar 90 millas que les devuelva la dignidad humana o de los más de 800 africanos que se subieron a un buque y encontraron su última morada frente a las costas de Libia esta misma semana.
Ya ha pasado mucha agua bajo el puente desde que el controversial video “Caracas, ciudad de despedidas” fuese visto y criticado por mucha gente. De ahí surgió la frase “Me iría demasiado” que fue motivo de burlas y celebraciones por gran parte de nuestro polarizado país.
Las críticas por la superficialidad de los argumentos que planteaba y por el lenguaje empleado, no nos hizo recapacitar respecto a que un grupo de jóvenes se hubiesen detenido a reflexionar sobre la realidad del país y el porqué pasamos a ser esta locura en la que todos aspiran un futuro mejor, pero que no lo vislumbran en esta hermosa Tierra de Gracia.

Vivir mal o morir en el intento

Sin embargo, más allá de nuestro acuerdo o desacuerdo con quienes se van y sus motivaciones o con quienes se quedan y sus razones, el asunto volvió a tener vigencia porque hace unos días a un empresario venezolano le dio por navegar las sinuosas aguas del drama que representa la emigración.
Por supuesto que hablar del tema en un país donde todas las familias tienen a alguien o conocen a alguien que ha tenido que emigrar porque la inseguridad, la inflación, la falta de oportunidades de trabajo, la poca calidad de vida así los obligó, era como pisar juanetes: para algunos una afrenta imperdonable y para otros una reflexión sobre el problema.
Desde hace años muchos venezolanos hacen largas colas, no frente a automercados para adquirir papel higiénico, harina precocida, aceite de maíz, leche o pañales sino en los distintos consulados de países europeos, norteamericanos, suramericanos en busca de la esperanza que les fue secuestrada por quienes supuestamente llegaron al poder para salvarnos de la hecatombe de 40 años de democracia civil y que solo ha servido para que unos boliburgueses se distribuyeran un botín, como lo hacían los corsarios cuando abordaban una embarcación.
De entre esos que se repartieron el país, también hay quienes a las primeras de cambio estarían dispuestos a “irse demasiado”, así lo han venido demostrando todos esos ejemplos de entereza, rectitud y honradez que pululan en esta revolución socialista, chavista y antiimperialista.

Ópera incierta

De todos es conocido que mientras están en posiciones de mando amasan inmensas fortunas porque desvalijan al país pero que al dejar de tener el favor del gobernante o al abandonar el poder, agarran sus macundales y sus alforjas para solicitar, en el malvado imperio norteamericano, protección a cambio de convertirse en un correveidile, una especie de wikileaks bolivariano, en contra de sus antiguos cómplices.
A la fecha desconocemos a ciencia cierta los resultados de sus colaboraciones y sí las pruebas presentadas son tan contundentes como para terminar de desenmascarar a este gobierno forajido, en especial por la incoherencia de una oposición que denuncia por el mundo los desaguisados del régimen, pero cuando sancionan a unos funcionarios del gobierno por violadores de derechos humanos y por sus nexos con el narcotráfico y el terrorismo internacional, salen a decir que no era para tanto, con lo cual uno no entiende para que viajaban, a menos que fuese porque necesitaban hacer shopping.
El problema no es que estos delincuentes se vayan (ojalá se fuesen todos) sino que luego de haber destruido al país, estos pitiyanquis cooperantes del imperio se presentan como los salvadores de la patria porque denunciaron lo que ellos mismos ayudaron a construir, con la esperanza de mimetizarse con los exiliados, desterrados y perseguidos que emigraron en busca de un futuro o que al pasar el tiempo los ensalcen por ayudar a desalojar del poder a esta marea roja.

Llueve… pero escampa

miércoles, 4 de febrero de 2015

Aleuzenev, una Venezuela al revés

Miguel Yilales
@yilales
En los excelsos momentos que vive Aleuzenev es indiscutible que estamos bajo el imperio de la libertad. Desde que llegó ese dechado de hombres y hombras, mujeres y mujeros, jóvenes y jovenas al poder nunca se habían respetado los derechos humanos como ahora.
Y si no se percibe muy humano que se diga, es porque nos encontramos ante un proceso planificado a largo plazo que ha tenido que sortear los obstáculos que se le presentan entre conseguir la paz interplanetaria y evadir las conspiraciones venidas del imperio norteamericano.
Luego de la II Guerra Mundial, los gringos se aprovecharon de la derrota alemana, de las deudas europeas y de la rendición japonesa para colonizarlos, es por ello que en toda Europa y en Japón el idioma oficial es el inglés, la moneda el dólar y el presidente es Barack Obama.
Cosa muy distinta a ese dechado de virtudes democráticas que fueron los soviéticos quienes al finalizar la revolución que acabó con la Rusia zarista colocaron bajo su ala, sin ningún interés, a pequeñas naciones para evitar que cayeran bajo el influjo perverso del capitalismo, costumbre que aún mantienen en Crimea y Ucrania, y que falló en Cuba, que aun estaría bajo su protección, si no fuese por el asedio de los gringos, que evitaron la construcción de complejos turísticos en Varaderos, para hacerla claudicar.

Totalmente al revés

Es por eso que a uno le da como encono que sean precisamente los Estados Unidos quienes vengan a imponer sanciones a los funcionarios más honestos y abnegados del mundo, que tratan de llevar la mayor felicidad a sus connacionales. Es tan brutal la saña y la envidia que se nos tiene que son incapaces de reconocer los avances en materia de seguridad, igualdad, libertad y confraternidad que ha dado la revolución.
En cuanto a la garantía a la vida, a la libertad y a la seguridad de las personas, no hay país más seguro, más libre y donde se respete más la vida que el nuestro. De hecho ningún funcionario usa escoltas porque la tasa de homicidios es prácticamente nula, si tomamos en cuenta que pertenecemos a la Patria Grande ¿Qué pueden representar apenas 447 muertes violentas en Caracas en el primer mes del año o qué un general autorice a disparar armas letales ante manifestaciones pacíficas solo por la sospecha de que exista peligro para esos herederos de las glorias patrias que son los militares? Es egoísta pretender equiparar la sanguinaria frase de Betancourt de “disparen primero y averigüen después”, con este excelso instrumento jurídico garante de los derechos humanos, que deja sin efecto las maldiciones bolivarianas contra los militares que empuñen las armas contra el pueblo.
Es por ello que ningún paisano, no me refiero a las insinuaciones del expresidente Pastrana, tiene de que preocuparse. En este país de inmigrantes se le garantiza igualdad a todos los que decidieron vivir con nosotros. Ni siquiera andamos con las nimiedades de investigar si alguien nació en Cúcuta o Caracas, para ello decimos que somos ciudadanos del mundo, con lo cual dentro de poco podremos tener un presidente chino, no porque nos hayan colonizado sino porque ellos también son terrícolas.

Un país cheverísimo

Tan buenas están las condiciones en este país, que a diario llegan norteamericanos solicitando asilo en busca del sueño socialista. Una nación donde impera la ley y se respete la propiedad, no como en su país que diariamente vive expropiaciones, saqueos y donde hacen largas colas frente a Walmart o Walgreens (algo parecido a los Abasto Bicentenario y a Farmatodo) para poder adquirir los bienes básicos. Sí un verdadero revolucionario, heredero de las glorias de Zamora y Boves gobernara allá, ya hubiese ocupado temporalmente esas cadenas explotadoras de los estadounidenses.
Por supuesto hay un tema que aun debemos mejorar, y no es otro que la libertad de opinión y expresión; La mezquindad de los dueños de los medios llega al extremo de preferir ir a la quiebra que reconocer los méritos del gobierno más sublime del orbe, tan solo algunos periódicos, canales de televisión y emisoras de radio, con la pluralidad que les caracteriza, difunden la única verdad.
Estamos ante un espejo de feria, vemos un reflejo distorsionado y opuesto a lo que un país debiera ser, lamentablemente mientras sigamos gobernados por incapaces, torpes e inhábiles seguirán las violaciones a nuestra dignidad y no dejaremos de ser Aleuzenev, una Venezuela al revés.

Llueve… pero escampa