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lunes, 19 de diciembre de 2016

Estafados y robados

Por Miguel Yilales
@yilales
Esta última semana fue de angustia y sobresalto por los anuncios del ejecutivo nacional para garantizar la desestabilización política, monetaria y social del país. Es que nadie en su sano juicio puede creer que la dirección que ha pretendido imprimirle al país el paisano de Santos, Pastrana y Santander no sea el del caos y del desorden generalizado.
Fíjense que para solventar las irresponsables medidas económicas que instauró su predecesor, y que él ratificó (a pesar que todo el mundo le alertó de los errores cometidos), se le ocurrió que todos los billetes de Bs. 100 debían reintegrarse al Banco Central de Venezuela en 72 horas a través de la banca nacional o por intermedio del propio ente emisor en 10 días, luego de haber lanzado a la calle billones de billetes de la más alta denominación, de haber promulgado una resolución que obligaba a la banca pública y privada a cancelar las pensiones con esos billetes y de incrementar los límites diarios para retiros por cajeros automáticos, bajo la amenaza de la desmonetización de los papeles.
En medio del desorden que podía generar la devolución del 48% del dinero circulante en tan pocos días o en ciudades, poblados y caseríos que cuentan con pocas entidades bancarias o que no las tienen, al hijo putativo del huésped eterno del Averno o al genio que le maneja las estrategias comunicacionales (el mismo que que daba partes médicos falsos) no se les ocurrió otra cosa que encadenar a las radios y televisoras (varias veces diarias) para agradecer a los venezolanos por la buena acogida de la "medida antimafia", sin percatarse que en las calles había cualquier cosa menos buena receptividad a tan desatinado disparate, en especial cuando, luego de entregar el dinero a los bancos, los cajeros automáticos te dispensaban los mismos billetes devueltos, un motivo más  para recordar a las progenitoras del ideólogo de tal medida.
Estatizar es robar
Vivimos en un país en el que obtener un punto de venta requiere largas listas de esperas, en el que no se ha implementado un sistema de pago del transporte público que no sea con efectivo, donde los estacionamientos, los abastos de las zonas populares, las estaciones de servicio y los pequeños comercios no poseen otra forma de cobrar que no sea mediante el intercambio de ese perverso instrumento que inventaron los chinos hace más de 1200 años y popularizado en todo el mundo durante el siglo XVIII.
Pero como no era suficiente poner a pasar aceite a los pensionados, a los adultos mayores y a los ciudadanos de la Venezuela profunda, al boquifloja que tenemos aposentado en Miraflores se le ocurrió que también podía insinuar y amenazar con la estatización de la banca, un hecho de amarga recordación para los que tuvimos que vivir las penurias de las intervenciones del Banco Latino, Banco de los Trabajadores de Venezuela y, recientemente, del Federal. 
Por supuesto que en armonía con el discurso presidencial al director de la policía política del régimen se le ocurrió invitar al presidente de un banco a conversar en su oficina en Caracas cuando este se disponía a abordar un vuelo en Maiquetía, lo cual generó rumores sobre su detención y como guinda, al obrero en jefe, le pareció oportuno jugar con las siglas de BANESCO y llamarlo "Banco Nacional Estatal Socialista y Comunista" con lo que encendió las alarmas por la posible intervención del segundo consorcio financiero del país.
No todos son mafiosos
Por supuesto que las reacciones no se hicieron esperar. Cuando la banca no pudo recoger todo el circulante, la gente se lanzó a las calles antes que los tildasen de mafiosos porque se quedaran con unos billetes sin valor en las manos. La desesperanza se transformó en indignación y luego se convirtió en rabia al oír las burlas y mofas de los desquiciados del gobierno que alardeaban porque "habían golpeado a las mafias de los billetes". Los conatos de saqueos, la violencia desatada, la indignación contenida y luego expresada tiene un solo responsable y es quien dice gobernar (aunque en realidad sea desgobernar).
Los demonios que desataron hicieron que el régimen reculara en su medida y aumentase los lapsos para la recolección de los billetes de Bs. 100, con lo cual quedó demostrado que quienes detentan el poder en Venezuela, a lo único que le temen, es a la calle, en especial, si esa calle siente, en lo económico, en lo político o en lo social, que fueron estafados y robados.
Llueve... pero escampa

domingo, 11 de diciembre de 2016

Caímos por inocentes

Por Miguel Yilales
@yilales
Desde los primeros años de la Era Cristiana, y sin pretender ser hagiógrafo, existe una tradición en la que la Iglesia Católica recuerda un infanticidio que le permitió al gobernante de turno eliminar a cualquiera que pusiera en peligro su poder (así se tratase de un neonato), lo que nadie se explica es cómo en Hispanoamérica se desvirtuó tan cruel y fatídico momento y se volvió costumbre que entre las personas se hicieran jugarretas y bromas en esta fecha y que los medios publicaran noticias inverosímiles para que cayeran los más incautos.
Es como si a alguien en pleno siglo XXI, que definitivamente no estaría en su sano juicio, hablase de paz pero amenazase a todo el que ose pensar distinto a él (que en realidad es pensar); que ordenase a sus huestes asesinar, exterminar y masacrar a gente inocente y para conmemorarlo le diera por bailar salsa, guaracha o a hacer el trencito con algún mandatario extranjero para crear la ilusión de una supuesta normalidad o que organizase un sarao con orquestas y artistas nacionales e internacionales luego de haber llorado, a moco suelto, por un dictador, con la sola intención de que los zombis que ellos mismos crearon en estos 18 años de involución revolucionaria, socialista y profundamente chavista no piensen en que las hallacas estarán verdaderamente esmirriadas porque no hay dinero que alcance, porque los ingredientes están desaparecidos de los anaqueles o porque solo se encuentran productos importados a dólares preferenciales pero vendidos a dólar libre, un método que engancha a mucho incauto.
Para llorar (y no de la risa)
Fíjense que el pasado 6 de diciembre la Asamblea Nacional conmemoró, con bombos y platillos, "el primer año de la recuperación de la democracia", según se desprende de los anuncios de la plenaria del parlamento, y uno no termina de entender cuando ocurrió tal hazaña porque aún se encuentran mandando los mismos que violan los derechos humanos, que no les importa mantener tras las rejas a inocentes, que destituyeron de facto (golpista es golpista) al Alcalde Metropolitano, tras despojarlo de facultades y de encarcelarlo por trabajar sin recursos, que esclavizaron a los venezolanos con la bonificación de sueldos miserables y que han sometido al país a la miseria y a la depauperación de lo humano.
Es para llorar (y no de la risa) que la celebración parlamentaria y los desatinos gubernamentales sean dignos de aparecer en las primeras páginas de los medios un 28 de diciembre aunque ocurran todo el año.
Desde que comenzó el 2016 se hicieron anuncios de cómo se desalojaría del poder a la caterva gobernante: que este año (al que le quedan días) lloviera, tronara o relampagueara se haría un referendo revocatorio pero caímos por inocentes; que en los primeros 6 meses del año se definirían los mecanismos para desalojar del poder al obrero que nunca había trabajado (y que tampoco lo ha hecho ahora) pero caímos por inocentes; que la Asamblea Nacional haría los pesos y contrapesos (que normalmente existen entre los Poderes Públicos en las democracias) pero caímos por inocentes. 
Todo el año de inocentes
Asimismo se aspiraba que se lograría reestructurar al Poder Judicial luego que se destituyese a los magistrados express pero caímos por inocentes; que por fin se tendría un poder electoral que atendiera los intereses del país y no los de la camarilla gobernante pero caímos por inocentes; que la función contralora del parlamento sería reinstituída con lo cual se  interpelarían a los funcionarios e investigaría los mil millonarios casos de corrupción, legitimación de capitales y robos de grandes sumas de dinero pero caímos por inocentes y que por fin los diputados, ministros, militares y primeros "combatienticos" que estuviesen involucrados con los diferentes cárteles que se han repartido el país cómo los delincuentes distribuyen un botín serían investigados pero caímos por inocentes.
Pareciera que gracias a la revolución de pacotilla que se instauró en Venezuela de la mano de los más grandes farsantes que hayamos conocido y a una "cándida e ingenua" oposición que llegó preñada de buenas intenciones, el Día de los Inocentes puede ocurrir en cualquier momento, lugar y hora con lo cual no se sabe sí la Fiesta de los Locos y las Locainas en Mérida y Trujillo; la de Las Zaragozas en Lara o el Baile del Mono en Caicara de Maturín se celebrarían, todo el año, al grito colectivo de caímos por inocentes.
Llueve... pero escampa

jueves, 21 de noviembre de 2013

El zar Nicolás y el Rasputín de El Furrial

Miguel Yilales
@yilales
Todavía hay quienes dicen que la Unión Soviética surgió como sucesora del Imperio Ruso, sin embargo hubo un período de cinco años entre el último gobierno de los zares en 1917 y la instauración de la URSS.
No es sino hasta 1922 que se crea la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética, con un sistema político de partido único, dominado por un partido único, bajo un gobierno nacional único con total concentración de poder y poderes públicos sumisos, enmarcado en una economía altamente centralizada, que le permitió subsistir 69 años hasta su desmoronamiento total.
De esa época hay dos personajes que van a marcar los cursos a seguir en la historia: el zar Nicolás II y su familia, a la postre elevado al santoral por la Iglesia Católica Ortodoxa rusa, y el inefable Grigori Rasputín.
A Nicolás le propusieron que se apegara a la constitución y aceptara las bondades del sistema de separación de poderes, al estilo de Gran Bretaña, pero la intolerancia de los que se creen invencibles y eternos y el deseo de aferrarse al poder absoluto, no le permitió visualizar la necesidad de los cambios.

¿De Nicolás II a Nicolás el único?

El último zar, que como el de aquí también se llamaba Nicolás (no porque el nuestro se comporte con poses imperiales, zaristas o monárquicas, sino por la coincidencia de nombre), tuteló el imperio ruso hasta su dimisión en marzo de 1917 y acabó sus días fusilado junto a toda su familia, por esa misma turba que en algún momento lo vitoreó.
Con una política interior que siguió la línea autocrática de su antecesor, como las de todos los que heredan cargos sin estar preparados para ello, hizo surgir importantes núcleos de disidencias en el pueblo que devino en agitación social, sumado al fracaso de unas fuerzas armadas mal entrenados, con militares obesos, burocráticos e inexpertos y la escasez de alimentos en las ciudades principales, fueron el caldo de cultivo perfecto para la caída de Nicolás.
Nicolás tenía el poder, concentraba el poder, acumulaba funciones y sin embargo salió expulsado de las funciones para las que, según el mismo confesaba, no estaba preparado, ya que las asumió ante la repentina muerte de su padre (por una enfermedad que aun no se demuestra haya sido inoculada).
En esa época hubo otro personaje que asesoraba a la zarina Alejandra y que sus recomendaciones aceleraron el proceso de deterioro del imperio. Era un místico, con los ojos azules y una mirada fija y penetrante que hizo que la zarina cayera obnubilada por sus influencias (aunque no hay evidencias de que el zar o la zarina lo llamaran “ojos lindos”); también poseía un verbo fácil y calculadamente ambiguo, con alta capacidad manipulativa basado, además de su físico y en su intuición, en su conocimiento de las Escrituras y en cierta tradición religiosa rusa que seguía las prácticas lascivas, lujuriosas y orgiásticas eran el camino dado a Dios, que no es lo mismo que a Dios dado.

El Rasputín y el Zar

En nuestro país hay un personaje “furrialero y full realero”, por su gentilicio y por lo acumulado, manipulador, de fácil verbo para insultar, ambiguo en sus posiciones, con unos ojos lindos como lo piropeara y lisonjeara un recio y eterno, aunque desaparecido, llanero, que se ha dedicado a doblegar mediante la compra de conciencias y que asesora al poder. Una especie de Rasputín criollo.
Luego de mucho torcer voluntades, en la Duma criolla, el Rasputín venezolano, aunque el original asesoraba a la zarina y no sabemos si este asesora a la zarinbatiente, logró en una de sus escapadas gallísticas, no por lo de las peleas de gallos por las que, de existir prueba fotográfica prometió renunciar, sino por los gallos y medianoche con que sancionan las leyes en este país, aprobó y entregó a Nicolás todos los poderes para que dicte leyes, es decir para que asuma los poderes especiales que lo conviertan en un Zar Tropical, con lo cual puede pedir que lo traten como su Majestad Imperial y decretar “Por la Gracia del Señor Emperador y Autócrata de toda la Rusia”, perdón de Venezuela, y listo.
Es que a ellos, Nicolás y Rasputín (los de antes y los de ahora) les obsesiona el poder absoluto. No entienden de equilibrio de poderes. Necesitan tener a sus pies a toda la sociedad y no se percatan, porque la ignorancia no tiene límites, que asfixian y truncan toda posibilidad de convivencia. Los hechos históricos no se repiten, pero si los paralelismo de las situaciones.
Llueve… pero escampa