miércoles, 17 de abril de 2013

Siempre de pie, nunca de rodillas

Miguel Yilales 
@yilales 
Al escribir estas líneas me siento orgulloso del pueblo venezolano, que se alzó en una sola voz y enfrentó electoralmente al régimen más atrabiliario, cuartelero y desalmado que ha existido en la historia contemporánea venezolana. 
Si hiciésemos un paneo por la historia encontraríamos ejemplos con el que pudiésemos compararlo, pero nos percataríamos que en ilegitimidad, arbitrariedad, trapacería, falsedad, iniquidad y desafuero, el nonato régimen de Nicolás Maduro los supera a todos con creces. 
Frente a todo el poder del Estado, al secuestro de las instituciones que actúan con esa obediencia propia de superiores y subalternos y no de poderes independientes, al abuso clientelar de conciencias en unos casos y a la amenaza de los tontons macoutes duvalieristas que en este caso podemos llamar moleristas o barrientistas, los venezolanos salimos a demostrar nuestro talante democrático. 

A punta de bayoneta 

Al oír al teniente que preside el Parlamento negando el derecho de palabra a los diputados de oposición por no reconocer la proclamación espuria que hiciese el órgano electoral, habida cuenta de la solicitud de conteo del 100 % de los votos que pidiese en primera instancia uno de sus rectores, luego el candidato de la oposición y aceptada en primer momento por el candidato oficial, aunque se retractase horas más tarde, y luego de que fuese agredido un diputado opositor con un objeto contundente que ameritó hasta sutura, no me quedó la más remota duda que el cuartelero que comanda el Congreso se leyó la historia de los monaguenses y quiso emular al inefable José Tadeo Monagas, cuando en 1848 asaltó por la fuerza al Congreso Nacional para dirimir una disputa entre oficialistas y opositores. 
Se le olvidó a este militarote porta chafarote, segundón y de poca monta, que nadie recuerda a los agresores de aquel entonces, pero permanece imperecedero en la memoria ese valiente Fermín Toro con aquella impecable frase en respuesta a la pandilla diosdaguense, disculpen monaguense, que lo conminaba a regresar al parlamento: "Decid al general Monagas que mi cadáver podrán llevarlo, pero que Fermín Toro no se prostituye". 

Fraude es robo y robo es latrocinio 

Es que al fraude electoral también le ha correspondido ser protagonista. En Venezuela ha habido fraudes electorales que llaman la atención, no por lo trascendental o por lo particular de ellos, ni siquiera por sus causas, que en ambos casos, por no decir en todos, es la preservación del poder a toda costa, sino por sus consecuencias. 
En 1887, cuando se buscaba un sucesor a Joaquín Crespo, este propuso como su sucesor a Ignacio Andrade. Por las fuerzas adversas surgió el nombre de José Manuel “el Mocho” Hernández. 
El día de las elecciones vista la popularidad opositora que en franco ascenso, disminuyó los puntos de ventaja oficial, el gobierno dio las instrucciones de militarizar las mesas de votación, sacar a los testigos y no permitir que votasen los electores afectos al flaco, perdón al mocho. Uno ve déjà vu por todas partes. 
Esta situación originó que Crespo muriese en batalla de la “Mata Carmelera” defendiendo su fraude y, años después, que el gobierno fuese derrocado. 
A mediados del siglo XX sendos fraudes van a marcar la política de los años subsiguientes, ambos ejecutados por los militares que se incoaron en el poder desde 1948. El primero de ellos en 1952 y el segundo en 1957, fueron elecciones amañadas, manipuladas, con votación asistida, con más votos que electores. Otro déjà vu contemporáneo. 
En este caso la tragedia duró apenas 39 días. El desconocimiento general de los resultados, sumado a múltiples conspiraciones palaciegas, al descontento de algunos sectores del ejército y las persecuciones y detenciones de los líderes opositores, precipitarían la caída del Gobierno el 23 de enero de 1958. 
A pesar del fraude, que es un robo y en eso, en estos 14 años, se han hecho expertos estas rémoras del poder, ejecutado bien por suplantación del elector, por coacción o presión, por acarreo de votantes, por la compra de votos, por el robo del material electoral, por la adulteración de las actas, por el “embarazo de urnas”, por el ventajismo y uso de los recursos del Estado, por la complicidad de las rectoras para ocultar las evidencias del fraude, por el ilegítimo uso de la fuerza pública o por la manipulación de los sistemas de cómputo, aquí está un pueblo que despertó, que no está dispuesto a que lo carajeen unos ilegítimos que confunden democracia con cleptocracia, protesta pacífica con conspiración, convicción ciudadana con ordene que yo cumplo. 
Los ciudadanos preferimos parecernos a Benito Juárez o a Isadora Ibarruri “La Pasionaria” al morir de pie que vivir de rodillas. Estamos contando los días. 
Llueve… pero escampa

miércoles, 10 de abril de 2013

Soy venezolano y apuesto por Venezuela

Miguel Yilales 
@yilales
Hay decisiones que definen el futuro. Esas decisiones son de vida porque nos precisan como personas o simplemente determinan nuestra realidad actual y futura. La decisión de las personas con las que elegimos rodearnos o entregar los destinos de una nación puede circunscribirse a estos ámbitos, dependiendo de la naturaleza y del compromiso ciudadano. 
El tema aquí es que puede haber dos personas que te gustan, que te atraen, y debes elegir a sólo una de ellas. Por cuestiones políticas, sociales, éticas, morales o ciudadanas se debe elegir y esa es la encrucijada: ¿Cómo decidir? 
Pues es tan sencillo como decir: se elige eligiendo. Hay uno que seguramente cumple más y mejor con tus expectativas. Puede que te debatas entre el compromiso y el brete, la virtud y el vicio, la verdad y el engaño, el respeto y el insulto, la honestidad y la mentira fresca, la consideración y la humillación. Puede que la decisión implique sacrificio, desprendimiento, para renacer con fortaleza, pero tienes que tomarla. 
La renovación del águila 
No hay historia de sacrificio, sin dolor, así nos refiramos al ser más poderoso de la faz de la tierra. 
El águila por su altivez fue el símbolo de los persas quienes la tomaron por insignia militar, posteriormente fue el emblema de la república romana y de los emperadores de Oriente y de Occidente. El águila también figuró como símbolo de las legiones romanas. 
Isabel la Católica incorporó el Águila de San Juan, el evangelista, como soporte al escudo de los Reyes Católicos. Hasta los Estados Unidos de América la asumió como su símbolo. 
El águila no es un pajarito cualquiera, es un ave depredadora, rapaz. No se la pasa trinando, gorjeando o canturreando, es majestuosa. En nuestras selvas venezolanas habita la segunda más grande del mundo: el águila arpía. 
Esta ave rapaz es longeva, puede llegar a vivir 70 años, pero, para llegar a esa edad, debe tomar decisiones. 
A los 40 años, sus uñas están apretadas y son flexibles, por lo cual no consigue tomar las presas de las cuales se alimenta. Su pico puntiagudo se curva, apuntando contra su pecho. Sus alas están envejecidas, son pesadas y sus plumas gruesas. Volar se hace difícil.
Entonces el águila tiene solamente dos alternativas: morir o renovarse. Este proceso consiste en volar a lo alto de una montaña y quedarse allí, donde no tenga necesidad de volar. 
Después de encontrar ese lugar, golpea su pico en la pared, hasta conseguir arrancárselo. Después de arrancarlo, debe esperar el crecimiento de uno nuevo, con el que desprenderá una a una sus uñas. Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer, empezará a desprender, sus plumas viejas. Después de un tiempo, hace el famoso vuelo de renovación, para vivir más. 
“Es la decisión, estúpido…” 
Bill Clinton, más recordado por su sagacidad que por sus devaneos amoroso, lanzó en 1992 la frase “es la economía, estúpido” (the economy, stupid) con la que derrotó a George Bush, nunca se imaginó que terminaría por popularizarse y que serviría para destacar los más diversos aspectos esenciales de la vida. 
Cuando descubrimos a águilas que no lo eran porque no fueron capaces de sacrificarse y prefirieron sucumbir sin renovarse, aferrados al poder y siguiendo las erudiciones de la especie más vetusta de nuestro Caribe mar, la providencia viene y nos pone frente a quien, pudiendo quedarse en la comodidad de un cargo o en el lujo de sus bienes de cuna, sí ha sido capaz de entender la palabra sacrificio y compromiso por el país. 
Llegó el momento de renovarnos como sociedad y como país, demostrar que, como el águila, somos capaces de sacrificios para ser mejores y tener un futuro promisor. El albur nos puso frente a otra oportunidad de salir y votar pensando en nuestros hijos, la familia, los amigos, los vecinos. No podemos optar por la comodidad de apoltronarnos. 
Para ser ciudadanos y enfrentarnos a la cleptocracia que se incoó en la sociedad venezolana, debemos salir. Para derrotar el “yo ordeno y tú cumples” y cambiarlo por la convicción ciudadana, debemos salir y votar. Para enseñarles a nuestros hijos y jóvenes, que en este país de oportunidades, el estudio y no el oportunismo clientelar nos hace mejores ciudadanos, debemos salir, votar y contar. Para que tengamos un futuro que se deslastre del siglo XIX y nos traiga por fin al siglo XXI, debemos salir, votar, contar y defender los votos. 
Yo decidí por quien votar, creo que hay más futuro que pasado. El 14 de abril apuesto por ser venezolano, por vivir en libertad, por un futuro mejor, por la reconciliación, por un país unido llamado Venezuela. Estoy convencido que puede seguir lloviendo, pero llegó el momento de que escampe. 
Llueve… pero escampa

miércoles, 3 de abril de 2013

De Tío Conejo a Tío Tigre

Miguel Yilales 
@yilales 
En Venezuela se es vivo por sagaz o se es vivo por rufián. La viveza del venezolano es nuestro cuento del gallo pelón. Sobre ella se han escrito páginas enteras y aun no comprendemos la esencia de las mismas.
Entre nosotros hay una picardía que es propia de un individuo ingenioso, avispado, vivaracho, agudo, perspicaz, pero que actúa dentro de los límites de la honradez y la decencia.
A pesar de ello se ha desarrollado toda una cultura del más vivo. Es tan grave la situación que toda esa astucia para obtener provecho sin efectuar mayores esfuerzos algunos la ven como sana.
Pero no es esa viveza a la que nos referiremos, si no a la que simboliza en nuestro folclor Tío Conejo y a su alter ego Tío Tigre, personajes que inmortalizó en la literatura venezolana el poeta Antonio Arráiz.
Más vale maña que fuerza
Así expresado pareciese algo muy venezolano. Es que esas eran las moralejas de esas historias. Todo un código moral que se espiga en lo más profundo de nuestro ser. 
Cada vez que nuestro conejo actuaba lo hacía para imponer la razón frente a la barbarie que representaba el carnicero felino, que pretendía siempre ganar por ser mas fiero, más bravo y mas fuerte, es decir por ser todo un guapetón de barrio. Y es que el débil siempre apelará a la astucia para vencer la fuerza. 
Cuando Venezuela se bajó del caballo y dejó de hacer las guerras, parecía que entrabamos al siglo XX, pero ese inicio debió esperar porque desapareciera el tigre de aquel entonces, un taimado y muy particular tigre con forma de bagre. Por eso una generación de estudiantes debió valerse de la elección de una reina de carnaval, Beatriz, para hacerse a la calle y elevar su protesta a una tiranía que ya tenía 20 años en el poder. 
Los avances y retrocesos de la lucha entre “Tío Tigre y Tío Conejo”, o lo que es lo mismo entre “la Barbarie y la Civilización”, se van a seguir presentando a lo largo de todo el resto del siglo XX. 
Cuando otro nuevo tigre se hace del poder camuflándose en otro animal, por aquello de Los Tres Cochinitos que en triada nos gobernaba y luego, habiendo despachado a quienes sobraban, lo asume en solitario, los venezolanos debieron agruparse, actuar y hasta hacerle creer que se consolidaba en el poder con un plebiscito, para salir 40 días después a festejar su huida del poder. Es que cuando vio que ya había dejado de ser el tigre asumió el rol de conejo, aunque más de gallináceo, e hizo caso al refranero popular de que “pescuezo no retoña” y eso nos llevó a la democracia.
Es tío Tigre, no tío Conejo
La democracia se empeñó en desarrollar una Venezuela de oportunidades y progreso, y que a pesar de diferentes desatinos siempre alentó que existía un país formado por ciudadanos útiles, afables, solidarios, trabajadores, estudiosos y sobre todo capaces de salir adelante ante la adversidad, pero que a la vez permitió a un felón, traicionero, pérfido y desleal llegar al poder, envuelto en la piel del conejo. 
Un tigre permutado en conejo, que un día con recursos mediáticos y propagandísticos hizo resurgir el caudillismo, el militarismo, el nepotismo, el machismo, la corrupción, el clientelismo, el abuso, el cinismo, el centralismo, el personalismo y cuyo fin ulterior era permanecer en el poder, como en efecto lo hizo, hasta el fin de sus días. 
Es así como sus acólitos se aprovechan del aquelarre dejado por la ausencia y tratan de chulear a toda la sociedad disfrazando de demócrata a quienes, por largo, se han comportado como todo lo contario. 
Debemos unirnos para desenmascarar el juego perverso y diabólico de este nuevo “Tío Tigre”, que se disfrazará, él y el ánima de su amo, de lo que sea para asirse del poder. 
Ellos representan la barbarie del pasado, y son la antípoda de la civilización que tanto nos ha costado a los venezolanos, debemos actuar con la astucia y la viveza de la razón frente a la fuerza de la ilegalidad. 
Frente a un gobierno y a los poderes del Estado atrabiliarios porque tienen la fuerza de Tío Tigre, no nos queda otra que actuar con la astucia y viveza de Tío Conejo para alcanzar el éxito que el camino nos depara. 
Llueve… pero escampa

miércoles, 27 de marzo de 2013

Traiciones en tiempo de Pascua

Miguel Yilales 
@yilales 
Estamos en plena Pascua Cristiana y es que la presencia de Jesús en la humanidad va a marcar un antes y un después. Hay un precipicio enorme entre los efectos durante su presencia en el orbe y su repercusión posterior en la historia universal. 
A pesar de ser duramente criticada, e incluso perseguida, durante más de 400 años, es en el siglo IV que la religión cristiana llegó a ser la religión principal, y oficialmente la única a partir del Edicto de Tesalónica, del Imperio romano y con la expansión de la cultura europea que comenzó en el siglo XV, este culto se va a difundir por otros muchos lugares del mundo, especialmente por nuestra América. 
Para poder cumplir su misión redentora, el Hijo de Dios, debió rodearse de fieles seguidores que comunicaran su Evangelio. Una comunidad de 12 hombres que él escogió como predilectos durante su vida pública, llamados discípulos hasta la Ascensión y después conocidos como Apóstoles. 
Los Apóstoles fueron ordenados por Jesús en la Ultima Cena como sacerdotes y recibieron de Él la comisión de predicar el Evangelio en todo el mundo (Mateo 28, 19-20). 
Pero los apóstoles no siempre fueron obedientes o leales. Cuando Jesús fue a orar al Getsemaní y les pide lo esperen y recen, estos se dejan vencer por el cansancio. (Lucas 22, 39-46). 
Es que hasta de sus más cercanos surgió la apostasía. La noche de Pascua cenó en Jerusalén con los Apóstoles. En el transcurso de esta cena pascual, Jesús predijo que sería traicionado por uno de ellos, Judas Iscariote. Judas efectivamente traicionó a Jesús a cambio de treinta piezas de plata. 
Pedro, que había seguido a su maestro en secreto tras su detención, se ocultó entre los sirvientes del sumo sacerdote y al ser reconocido por los ellos como discípulo de Jesús, le negó tres veces, como el Mesías lo había profetizado. 
Como vemos tanto Judas Iscariote como Pedro, sobre cuya roca se construyó la nueva Iglesia, fueron presos de la debilidad humana y traicionaron a quien más los había amado. 
Ni que fuésemos Pablo 
En toda historia siempre hay quien le toque reconstruirla. Para los fablistanes es esta una de sus funciones principales. Así como nos toca documentar los hechos, nos toca comprobarlos a través de distintas fuentes. 
Los textos más antiguos conocidos relativos a Jesús de Nazaret son las cartas escritas por Pablo de Tarso, consideradas anteriores a los evangelios. Aunque Pablo no conoció personalmente a Jesús, su noción y comprensión de su mensaje, según sus propias afirmaciones, provenía de una doble fuente: por un lado se le apareció el propio Jesús resucitado para revelarle su evangelio (Gal 1, 11-12); por otro mantuvo contactos con varios de los seguidores de Jesús, conoció a Pedro (Gal 2, 11-14), Juan (Gal 2, 9), y Santiago (Gal 1, 18-19; 1 Cor 15, 7). 
Y es que para contar la historia debemos hacer esfuerzos, aun sin tener las fuentes primarias, que nos permita buscar respuesta a los interrogantes existentes. 
Porque es que cuando escuchamos a los ministros y al ungido de marras, hablando de que el difunto mandatario es una versión del siglo XXI, revolucionario, marxista (lo cual es un oxímoron en si mismo), socialista, maoísta, castrista y vaya usted a saber que más, del Redentor sobre la tierra y que ellos son sus apóstoles, nos quedan algunas, por no decir muchas, dudas que requieren ser aclaradas, para ser dadas a conocer urbi et orbi, como Pablo de Tarso hizo con las del Salvador. 
¿Cuál de los apóstoles de nuevo cuño es el traidor? ¿Cuál de ellos se vendió por 30 monedas de plata, que al cambio de hoy deben ser como 500 mil bolívares? ¿Quién de los auto proclamados apóstoles del líder máximo de la revolución (lo cual suena más a Kim Il-sung o Kim Jong-il que a Jesús) lo negará 3 veces? 
Y es que la gente se pregunta cuándo es que el nuevo mesías venido al mundo en Barinas (casi que como el aguinaldo venezolano pero sin virgen andina y un padre llanero aunque sin ascetismo) resucitará, porque los 3 días ya transcurrieron y aun no se le aparece a ninguno de estos apóstoles, lleve el nombre de Dios o el de Papá Noel. 
Es que en medio de tanto apóstata es bueno ver la herejía, para que no salgamos a dar a conocer un dogma que no existe, porque es que ni se nos ha aparecido, ni conocemos a estos apóstoles, como para salir a traicionar a nuestros coterráneos llevándolos a recorrer un camino que los dirija directo al averno de un colectivismo mal entendido y por demás mal aplicado, es decir al Socialismo del Siglo XXI, que solo es pobreza, corrupción y delincuencia. 
Llueve… pero escampa

miércoles, 20 de marzo de 2013

Toda gloria es efímera

Miguel Yilales 
@yilales 
En la Roma antigua los generales victoriosos entraban en marcha triunfal desde las orillas del río Tíber, por el camino de la vía Apia, hasta la escalinata del Senado, a presentar cuentas de sus hazañas al César. 
En el trayecto, un esclavo, dotado a la sazón de un “brazo de madera” y a veces con sus propias manos, portaba una corona de laureles, en fija altura, tras la nuca del homenajeado, susurrándole algo al oído. 
Careciendo de auriculares, por lo de la entonces precaria evolución de la tecnología, el esclavo repetía un mensaje a la oreja del invictus. El mensaje, enviado por el César o por un Senado deseoso de no perder más poder del ya perdido, y para evitar que el interesado adquiriese más poder del necesario, era claro y contundente: “Toda gloria es efímera, el único eterno es el César”. 
Al respeto se han manejado varias versiones, pero coincidentes en el mensaje final. 
El primero y más popular fue, sin lugar a dudas el memento mori (recuerda que morirás). Dicen que los pretores más avezados miraban sobre sus hombros, no por los vítores, aclamaciones y alabanzas que del vulgo surgía, sino porque fuese esa una advertencia o una admonición con efectos inmediatos. 
Tertuliano fue partidario de legar a la posteridad otra versión, de idéntica finalidad y mensaje, pero más precisa y menos dada a las suspicacias: “hominem te esse memento”. “Recuerda que eres un hombre”, traducción que parece no incorporar dudas semánticas o pragmáticas. 
Estos mensajes, según la versión más vernácula, podíamos convertirlo: “memor senior, totus palma est volátilis”, que con cierta ligereza podemos dar por valida la traducción de: “recuerda señor, toda gloria es efímera”. 
En todo esto hay dos enseñanzas básicas, primero que no se luchaba por la propia gloria y segundo que el único premio seguro que se obtenía al momento de nacer, era un encuentro con la sombría e irremediable muerte. 
Todos los que se han creído eternos, les ha tocado toparse con Tánatos, Azael, Mors o cualquiera de las personificaciones que el Creador ha usado para que las almas crucen el páramo. 
El Führer, il Duce, el Kaiser, y todos los que en algún momento creyeron gobernarían para siempre, así fuese hasta el dos mil siempre, les llegó la hora de rendir cuentas, bien arriba o bien abajo. 
Pero es que en eso los faraones del antiguo Egipto eran más inteligentes. Sabiendo que su permanencia en este mundo era finita, se mandaban a construir mausoleos en pirámides que tardaban en edificar algunos años. Herodoto de Halicarnaso mostró que para erigir la pirámide de Keops se invirtieron unos 20 años. 
En una Venezuela donde salvar de las llamas y reconstruir uno de los emblemas de nuestra modernidad como lo era la torre este de Parque Central puede tardar mas de 8 años o donde se decide montar un viaducto sobre unos patines para contrarrestar el movimiento natural de la tierra y no entender el porqué inexplicablemente se les cayó, que haya sido posible mejorar en eficiencia hasta al propio Imhotep, en eso de construir cenotafios, es digno de orgullo. 
El ingenio de un frugal y vivaz arquitecto, colega del egipcio, permitió que en apenas días se construyera en mármol, toda una estructura para honrar, al que se creía permanecería eternamente. 
Y es que a veces especulan que ese pueblo que vitorea a los gloriosus, en otros tiempos acudía al evento por la obtención del pan y en la actualidad lo hace por misiones similares, se creen todos los cuentos y son tan ingenuos como para pensar que las obras mortuorias son instantáneas, surgen de la inspiración divina, que no es necesario planificarlas y menos aun obtener los materiales que, por lo general, escasean. 
Hay otros que en medio de su inmadurez creen que eso de coronarse con laureles es una necedad y que recordar la “fugacidad de la vida” y lo “efímero de la gloria” son tonterías, sintiéndose elevados a “página indeleble de la historia patria”, herederos del supremo, conductores del destino y por ende imperecederos, olvidando que nada es eterno y que cuando hay vientos de cambios no hay tapia que los detenga. 
Llueve… pero escampa

miércoles, 13 de marzo de 2013

Con el difunto a cuestas

Miguel Yilales 
@yilales
Luego de más de 200 años de vida republicana, aun en Venezuela seguimos añorando y, por ende, continuando algunas costumbres del imperialismo español.
Esa añoranza por la realeza y su vida cortesana, no solo se arraigó en los primeros 300 años, sino que aun hoy subsiste. Es que como buenos faranduleros, no podíamos escapar a esa habladuría, comadreo, chisme o cotilleo, tan de allá como de acá.
Nos declaramos libres e independientes, pero seguimos viviendo y suspirando con los cuentos de hadas donde el príncipe se enamora de la desposeída o el del despojado conductor de la carroza que se convierte en el pretendiente de la más noble función pública: reinar, quise decir gobernar (hasta gazapos monárquicos se me escapan). 
Es que hasta el actual monarca de España don Juan Carlos I de Borbón será recordado por lograr la obediencia de un exsúbdito (por lo de excolonia) al ordenarle hiciese mutis por impertinente. Toda Latinoamérica hubiese esperado que el interdicto desobedeciera el mandato, en un arrebato libertario, dada su verborrea antiimperialista. Pero no hubo tal reacción, es más ni reacción hubo. 
Reeditando otra historia española
Resulta que por esa fortuna que no es esquiva a todos, hacia 1504 luego de sobrevenida la muerte de su madre, le correspondió a Juana I de Castilla, hija de Isabel La Católica, asumir parte del reinado, el cual completó con la muerte sobrevenida de su padre Fernando de Aragón hacia 1516. Es decir todo un reinado sobrevenido. 
Juana estaba desposada con Felipe. Cuenta la historia que su comportamiento empezó a distar levemente de la cordura, la cual perdió poco a poco con cada uno de sus 6 embarazos.
Era celosa, pero a la vez sufría de melancolía, trastorno depresivo severo, psicosis y esquizofrenia heredada, síntomas agravados por el confinamiento forzoso y el sometimiento a otras personas. Todo un caso de salud mental.
A la muerte de su cónyuge Felipe, a Juana La Loca, remoquete con el que se le conociera, se le zafaron algunas otras tuercas. Primero le dio por acusar al suegro de Felipe, su propio padre, de haberlo causado la muerte envenenándolo, es decir un caso de inoculación imperial que le arrebató la vida.
En ese momento Juana decidió pasear el cuerpo de su esposo, desde Burgos, el lugar donde había muerto y en el que ya había recibido sepultura, hasta Granada. Unos 600 kilómetros viajando siempre de noche. Algo así como ir de Caracas a Maracaibo sin carreteras, sin carro y sin luz.
Juana no se separó ni un momento del féretro. La procesión de 8 meses fue acompañada por gran número de personas entre las que había religiosos, nobles, damas de compañía, soldados y sirvientes diversos.
Después de unos meses, los “obligados por su posición” a seguir a la reina, se quejaban de estar perdiendo el tiempo en esa chifladura en lugar de ocuparse, como debían, de sus negocios.
Eso es como si en la Venezuela de hoy, a alguien se le ocurriese pasear el cuerpo inerte de un presidente para hacer campaña política, seguido de innumerables discípulos y que, luego de logrados algunos objetivos necrofílicos, la gente se diera cuenta de la escasa cordura demostrada por tan brillante idea.
Con lo cual podríamos pedir a cualquier siquiatra que certificase sí nuestro “Juan el loco” no sufre de melancolía, trastorno depresivo severo, psicosis y esquizofrenia heredada, agravada por el confinamiento habanero y el sometimiento a manos extranjeras, como padecía Juana la Loca.
Que eso ocurriese en el siglo XVI, era lógico por los niveles de ignorancia, superchería y superstición, pero que se apruebe eso en la era de la tecnología y la información demostraría que aun vivimos el oscurantismo más salvaje y que no somos merecedores de los sacrificios del pasado, ni de los del presente.
Hay quienes se emocionan con títulos heredados y la sucesión al estilo monárquico, viven a la sombra de sus propios cadáveres y no brillan con luz propia, mientras que otros saben que la ruta no se construye paseando muertos de Burgos a Granada, sino con mérito, trabajo y sacrificio. Nos toca escoger el camino.
Debiéramos recordar que toda violación es violación. Que todo ultraje es ultraje. Que así como en la antigüedad un reino dejó de existir por una violación y dio paso a una República, hoy estamos ante la posibilidad de perder la República frente a las consuetudinarias violaciones y no podemos seguir haciéndonos la vista gorda.
Es el momento de actuar con firmeza, reaccionar frente a las reiteradas violaciones a la Constitución, no sea que terminemos castrados, sin país, sin esperanzas y sin futuro. De nosotros dependerá.
Llueve… pero escampa.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Violación es violación

Miguel Yilales 
@yilales 
Muchos pensarán que en estas líneas escribiré sobre el viejo chiste de las monjas y la violación, pero no es a eso a lo que me referiré.
Normalmente hablamos de violación cuando estamos frente al crimen que se produce cuando una persona tiene contacto sexual con otra, mediante el empleo de violencias físicas o psicológicas o mediante el uso de mecanismos que anulen el consentimiento.
También se habla de violación cuando la víctima no puede dar su aquiescencia, como en los casos de incapaces mentales, menores de edad, o personas que se encuentran en estado de inconsciencia. 
El Código de Hamurabbi castigaba duramente este delito. En el antiguo Egipto la pena era la castración del atacante. La tradición dice que la violación de Lucrecia fue el punto final de la época monárquica en Roma, dando paso a la República. 
A lo largo de la historia se han dado casos de violaciones masivas de mujeres durante los conflictos bélicos. 
En la Segunda Guerra Mundial este crimen llegó a su máximo grado de expresión. Así es conocida la violación de muchas mujeres por las tropas nazis y la violación de dos millones de mujeres alemanas por los soldados soviéticos en su avance por Alemania. 
En 2011 la ONU expresó su preocupación por la elevada incidencia de violaciones contra niños y niñas durante los conflictos armados en Burundi, Chad, Cote d’Ivoire, Haití, la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, Somalia y Sudán. 
Y es a esto a lo que me referiré. En realidad trataré un asunto muy serio sobre la violación reiterativa de una adolescente de apenas 13 años. Toda una tragedia en esta Tierra de Gracia. 
Esta niña a la que me referiré fue violada por su propio padre, sus hermanos, sus tíos. Así como lo leen, por toda su familia. 
Cuando acudió buscando protección en Luisa, su vecina, esta se hizo la sorda y no creyó lo que le decía, es más fue donde los violadores y les contó lo que la niña denunciaba, diciéndoles que esos inventos debían ser castigados con mano dura. Fue violada con más saña. 
En una ocasión hasta quien no era su familiar y no la reconocía, Pedro, en las primeras de cambio también salió y la vulneró, a pesar de la brevedad en que estuvo al frente de la situación. 
Es que a diario se ha enfrentado, durante sus más de 4 mil días de nacida, a reiteradas violaciones, enfrente de todos sus amigos, familiares, vecinos y conocidos. 
Violada, ultrajada, insultada, injuriada y afrentada. Nadie ha metido la mano para ayudarla. 
Este cuento es la historia de nuestra Constitución, violada una y otra vez por Tirios y Troyanos y hoy seguimos presenciando y aceptando su violación. 
El 10 de enero, fecha en que debía ocurrir la juramentación del presidente, se decidió que era un mero formalismo. No hubo juramento. Luisa Ortega decidió que esa violación era una insignificancia. 
Muere su padre y siguen las violaciones. Ahora resulta que el Vicepresidente, que asciende por culpa de la parca, a un escalón superior no necesita desprenderse del cargo para competir en igualdad de condiciones para la presidencia de la República. Otra violación más. 
Tibisay Lucena, la garante de los procesos electorales, usa una banda en el brazo que la identifica con el oficialismo y luego pide respeto porque ella sería incapaz de estar sesgada. Otra violación más. 
Las elecciones debieran ser en 30 días continuos a partir de la falta absoluta, es decir si el presidente falleció el 5 de marzo, el proceso electivo a convocar debió ser antes del 4 de abril, pero porque cumplir si se puede violar y plantear la fecha el 14 de abril. 40 días y no 30 como lo dice la Carta Magna. 
Nos encontramos frente a un nuevo fraude. Frente a un nuevo ultraje en el que se sigue violando a la joven de 13 años. Los violadores debieran ser castrados, pero no solo los violadores sino todos aquellos que impávidamente contemplan como la siguen ultrajando. 
Debiéramos recordar que toda violación es violación. Que todo ultraje es ultraje. Que así como en la antigüedad un reino dejó de existir por una violación y dio paso a una República, hoy estamos ante la posibilidad de perder la República frente a las consuetudinarias violaciones y no podemos seguir haciéndonos la vista gorda. 
Es el momento de actuar con firmeza, reaccionar frente a las reiteradas violaciones a la Constitución, no sea que terminemos castrados, sin país, sin esperanzas y sin futuro. De nosotros dependerá. 
Llueve… pero escampa.