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domingo, 13 de agosto de 2017

¡Yankee go home!

Por Miguel Yilales

@yilales

En Latinoamérica es muy común denigrar de cualquier cosa que venga de los Estados Unidos de América, en especial si los críticos provienen de esa izquierda trasnochada que perennemente los acusa de todas nuestras desgracias, de todas nuestras desventuras y de nuestro precario desarrollo. “Las venas abiertas de America Latina”, ese seudobíblico texto comunista que escribiese Eduardo Galeano, fue utilizado por muchas generaciones para justificar un odio, que en algunos casos se volvió irracional, contra los norteamericanos y sirvió para aseverar que cualquier acción venida desde el perverso imperio solo buscaba apoderarse de nuestras riquezas.


Por eso es que todos los dictadorzuelos de nuevo cuño que aún pululan en nuestro continente, en especial los que hemos tenido en Venezuela (Chávez y Maduro), les ha gustado amenazar, vociferar y gritar en contra de los yanquis; mostrar los dientes, gruñir y ladrar contra los  presidentes norteamericanos para luego mover el rabo suplicándole por una reunión que los inserte en el contexto mundial, clamar porque les atiendan una llamadita que les lave la cara de dictador y pescuecear por fotografiarse con el gringo de turno que ha estado alojado en la Casa Blanca (ubicada en Washington y no en Nueva York como señaló el orate hijo de Nicolás   Maduro) sin importar si se trataba de Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama o Donald Trump.


El dictador Nicolás 

Son los mismos que ven con malos ojos que los Estados Unidos ataquen al Daesh pero les parece bien que ellos ejecuten ataques terroristas; son los que creen que Corea del Norte tiene el soberano derecho de amenazar a occidente con misiles pero rechazan cualquier acción para controlar los desafueros de Kim Jong-Un y son los que se encolerizan ante cualquier declaración de Trump pero se embelesan con las intromisiones de Castro.


Nicolás Maduro ha violado los derechos humanos de manera sistemática para exterminar a quienes piensan distinto (según expertos de la ONU); eliminó la separación de poderes con el auxilio de unos abyectos magistrados del TSJ y lo poco que quedaba lo subordinó a una ilegal, ilegítima e írrita Asamblea Constituyente cuya única finalidad ha sido la de fungir de Espada de Damocles contra la disidencia opositora porque el convocante ni siquiera un proyecto de constitución, eso que llaman papel de trabajo, presentó y entregó el control de puertos, aeropuertos, aduanas, migración, registros y notarías a los cubanos y además se supeditó toda decisión militar a la aprobación de comisarios castrenses de la isla. 

Ante ese panorama la oposición envió emisarios (porque supuestamente estamos en un contexto globalizado) a alertar sobre la crisis humanitaria que estábamos viviendo, sobre la violación sistemática de derechos humanos, sobre cómo los militares venezolanos (confabulados con grupos paramilitares) atacaban manifestaciones pacíficas, sobre cómo el CNE había vulnerado el sufragio mediante fraudes continuados, lo que conllevó que luego de años, en que no se oía otra voz distinta a la petrochequera chavista, en que el régimen había construido la matriz de que se trataba de una oposición golpista y que la autodeterminación servía para apañar cualquier desafuero, los gobiernos del mundo catalogaron a Nicolás Maduro como lo que es: un dictador.

Bolívar y Churchill go home

Por eso Trump señaló que no descartaba acciones, incluso la militar, para devolver el orden a un país subyugado, invadido por otro nación, rematado a los rusos y a los chinos, en que los militares se han puesto al servicio de una parcialidad política, en que se violan los derechos humanos y que sus ciudadanos son tratados como piltrafas.


Ante esa declaración surgieron voces oficialistas (es lógico) y opositoras (¿Será que lo de las denuncias era una excusa para hacer turismo?) rechazándolas por insolentes y se desempolvaron la onanística frase que “nuestros problemas los resolvemos nosotros”, alternada con el grito ¡Yankee go home! sin importar cuan tiranizados estamos.


Imagínense que sí cuando Bolívar salió de Venezuela a liberar a Colombia, Ecuador y Perú se hubiese encontrado a unos cuantos desaforados gritándole “Bolívar go home” o que a Churchill lo hubiesen recibido los partidarios de Petain, en 1940, con pancartas que dijeran “Churchill go home”, de seguro España seguiría con colonias en América y aún estaríamos subyugados por el III Reich, pero la historia es otra.

Llueve... pero escampa

domingo, 16 de julio de 2017

Venezuela libre

Por Miguel Yilales

@yilales

Dicen que cuando los estadounidenses y los españoles se enfrentaron por la independencia de Cuba, un grupo de soldados se reunió en un bar y brindaron con una mezcla de ron Bacardí, refresco de cola y jugo de limón por una Cuba libre. Desde esa época hasta nuestros días ha pasado más de un siglo, Cuba volvió a ser esclavizada por unos sátrapas y aunque la bebida ha sufrido algunas modificaciones, en esencia, sus ingredientes básicos se han mantenido.

Pero no crean que ahora mis escritos dejaran de lado la política para dedicarme a las bebidas espirituosas, que las disfruto, sino porque he de reconocer que así como una guerra dio paso a un inigualable cóctel, en el futuro se escribirán muchas líneas, se contarán verdaderas historias y se inventarán cosas (más allá que un cóctel) para rememorar la valiente, difícil y ardua lucha que hemos dado los venezolanos contra el más oprobioso y dictatorial régimen.


Sí el 19 de abril de 1810, el 5 de julio de 1811, el 24 de junio de 1821 y el 23 de enero de 1958 marcaron hitos en nuestra vida republicana, el 16 de julio de 2017 será una fecha que incorporaremos en el imaginario popular porque significará el desmontaje de unos mitos políticos, unas ficciones electorales y la caída de las caretas de muchos autócratas, unos cuantos pseudodemocratas y demasiados farsantes politiqueros que siempre se ampararon en el voto mientras les fue útil.

El Grinch del voto

El gobierno de Nicolás Maduro, sus serviles órganos de justicia y sus prostituidos organizadores de festines electorales se dieron a la tarea durante más de 2 años (desde el mismo día que perdieron por paliza la elección para la Asamblea Nacional) de evitar a toda costa un proceso electoral libre, directo, secreto y universal en la que se pudiese desnudar la pérdida del apoyo de la mayoría y el despilfarro de un valioso capital político.

Por eso se dieron a la tarea de alegar que no era que la oposición ganó la elección parlamentaria sino que sus seguidores se habían abstenido (argumentó que era repetido por algunos encuestológos para justificar  sus errores muéstrales y como no pegan ni el sexo de un bebé a pesar de que existen solo 2 opciones y ecosonogramas que despejan cualquier duda), luego vinieron las trabas, revisión de firmas, controles, impugnaciones sobrevenidas, decisiones judiciales para que el Referendo Revocatorio perdiera su efectividad, pospusieron las elecciones a gobernadores que debían realizarse en diciembre de 2016 porque según ellos mismos no se podía organizar el revocatorio y las elecciones locales simultáneamente (con lo cual aceptaban lo que es un secreto a voces: que son unos incapaces que no pueden comer chicle y caminar a la vez) y finalmente se inventaron una renovación de partidos, que pospusiera aún más cualquier consulta porque, en su sapienza de burdel político, nadie lograría las metas ante tanto obstáculo inventado.


De ahí es que, ante el clamor porque nos contásemos, a los ventrílocuos que manejan al Grinch electoral de Nicolás Maduro les dio por inventar una elección por sectores ante el terror que les da ese disparate pequeño burgués que es la universalidad del voto, en que cada hombre no fuese un voto y donde los incapaces candidatos fuesen promocionados por un número a falta de ideas propias, mediana cultura y algún vestigio de liderazgo.

La Barquereña y El Miedo

Frente al pretendido secuestro de la democracia por parte del régimen, la eliminación de la separación de poderes y la elección como sus más elementales formas y ante la ilegalidad de lo que pretendían obligó a que los verdaderos demócratas gestionasen un proceso en que no hiciese falta el ministerio electoral de Tibisay Lucena, los inútiles que obedecen a los serviles Vladimir Padrino y Remigio Ceballos, las automatizadas máquinas fraudulentas del perverso psiquiatra y los operativos de los canales de televisión que servían para hacernos creer que estaban comprometidos con el país.


Los ciudadanos organizamos desde el voto hasta la totalización, pasando por la logística, el proceso, el escrutinio, la custodia y la cobertura a través de medios alternativos, lo que constituye en el mayor triunfo de la civilidad sobre la barbarie desde que la Barquereña y el Miedo pasaron a ser Altamira. El país que nació este 16 de julio, ese que no le para a las amenazas del obeso bravucón que regenta en Miraflores, gritó a pleno pulmón que desea ser y será una ¡Venezuela libre!

Llueve... pero escampa

domingo, 11 de junio de 2017

Neomar, un hijo infinito

Por Miguel Yilales
@yilales

Hay quienes dicen que las cosas ocurren porque tienen que ocurrir, que las coyunturas en el Universo obedecen a un plan determinado y que nada de lo que hagamos puede cambiar el destino. Otros creen que la fortuna la construimos los seres humanos cuando decidimos actuar, que frente a la incertidumbre podemos comportarnos de manera planificada y que el estudio y el trabajo disciplinado son las herramientas para alcanzar el éxito. Cierto es qué tanto en política como en la vida vivimos situaciones (fortuitas o planificadas) que nos definen como seres humanos.
Me gradué en el liceo cuando las promociones se ufanaban por llevar el nombre de un insigne ciudadano. Antes que resurgiera el militarismo ramplón a nadie se le ocurría, so pena de ser acusado de insania mental, proponer el nombre del presidente de turno, el de un bandolero de caminos (aunque hayan bautizado una universidad con el nombre de uno) y menos el de algún felón para designar a un curso de bachilleres.
A mi promoción orgullosamente le correspondió como epónimo el del insigne poeta Andrés Eloy Blanco. No sé si eso me marcó en lo intelectual, en lo ciudadano y en lo político o simplemente definió ese gusto por lo justo, lo correcto y lo adecuado que él demostró en su actuar, lo cierto es que cada vez que siento que las fuerzas me abandonan encuentro en sus versos y en su prosa razones para continuar.
El futuro de muchos

Esta semana pasada nuevamente padecí el desánimo y la indefensión al enterarme del asesinato de otro de los muchachos que se ha volcado a las calles venezolanas en busca del libre albedrío que fue secuestrado por unos facinerosos que se presentaron como los Robin Hood del siglo XXI cuando en realidad eran unas despreciables ratas callejeras que solo les interesaba enriquecerse a costillas de los más pobres. 
En 1992 los gorilas de uniforme, cuando arremetieron contra la institucionalidad e hirieron de muerte a la democracia, se quedaron con los crespos hechos porque nadie los acompañó en su andanzas, con la excepción de algunos decrépitos resentidos que se montaron en ese chalana vieja y oxidada que era el militarismo y que son los mismos que hoy ocupan (o han ocupado) altos cargos en el régimen. Hoy mujeres y hombres; hijos y padres; nietos y abuelos; el de la urbanización y el del barrio; el profesional y el obrero; el que estudia y el que no puede hacerlo; el venezolano por nacimiento y el extranjero que es más venezolano que la arepa; adultos y jóvenes, sobretodo los jóvenes, se han unido con una sola idea: "que la lucha de pocos valga por el futuro de muchos".


La prematura partida del joven Neomar Lander, un niño que nació y murió sin conocer nada distinto a esta inhumana y cruel revolución, me hizo llorar de rabia e impotencia por lo injusto de su muerte ¿Por qué? Porque nadie merece morir por la intolerancia de quién gobierna; porque unos militares y policías llamados a defender los derechos de los venezolanos se comporta como una fuerza de ocupación presta a aniquilarnos como enemigos; porque, como escribió Andrés Eloy Blanco en su poema "Los hijos infinitos", quien tiene un hijo o dos los tiene a todos, estén en la casa protegidos o en la calle con el pecho como escudo y la mente fija en una palabra: libertad.
Son nuestro porvenir
Es qué estos hijos infinitos que salen a luchar para restituir el hilo constitucional, esos que caminan descalzos con los pies llagados por unas calles que ya les son familiares, esos que han encontrado la generosidad de quienes los han adoptado, esos que con piedras, metras, chinas, escudos artesanales y chalecos antibalas de cartón enfrentan a militares armados hasta los dientes con bombas lacrimógenas, perdigones y municiones aliñadas (con tuercas, tornillos, cabillas y cualquier objeto para asesinar), esos son nuestro porvenir.


En la otra acera está el pasado: unas cacatúas sin plumas que gritan a los cuatro vientos para que los acompañen, en su aventura por perpetuarse en el poder, pero que solo reúnen a cuatro gatos; los que para medio enmendar sus culpas actúan timoratamente bajo la premisa de que lo hacen para salvar el legado de Chávez (aunque todos sepamos que su única herencia es la miseria, la corrupción, los narcosoles, un Estado fallido y Nicolás Maduro) y los que saben que la ira popular no respetará cogote corrupto (en el chavismo no hay pescuezo sano) y preparan su huida antes de que sea demasiado tarde. 
Llueve... pero escampa

domingo, 21 de mayo de 2017

La más grande mentada

Por Miguel Yilales

@yilales

 
En el tango "Volver" que compusieran Gardel y Lepera dice que 20 años no son nada, aunque en realidad sea mucho tiempo, en especial si quienes han gobernado al país se dedicaron a saquearlo, a destruirlo y a esquilmarlo. Es que puede que ese tiempo pase raudo y veloz, puede que sea un soplo en la vida o sea apenas un dulce recuerdo pero para los venezolanos ha sido una eternidad: los más viejos añoramos la democracia con su alternancia, el equilibrio de poderes y el imperio de la ley, los más jóvenes en tener la oportunidad de vivir una libertad que solo han conocido en películas y todos que podamos ser gobernados por personas distintas y no exclusivamente por las piltrafas pseudomilitaristas que nos ha tocado padecer en estos años de iniquidad. 

Los últimos siglos no han sido fáciles para el país. Los hemos iniciado tardíamente y siempre por culpa del tirano de turno. El siglo XIX debió esperar hasta la independencia de España, el XX por la muerte de Gómez y el XXI aún no inicia porque ni la desaparición física de Chávez logró que abandonáramos el Medioevo al que él nos llevó y por el contrario, con su sucesor, terminamos en el período prehomínido al que pertenece esa caterva de cavernícolas dirigidos por Maduro, Cabello, los hermanitos Rodríguez, Escarrá y, por supuesto, la momia viviente de José Vicente Rangel.

Una larga lucha

 

Aunque algunos saquen la cuenta de esta lucha en días y sientan que tenemos tan solo medio centenar de ellos en resistencia, me veo en la obligación de aclarar que para llegar aquí la lucha ha sido más larga: sí no hubiese habido unos actores políticos que confrontaron al régimen desde antes que se instaurara, hoy no estaríamos en esta resistencia; sí no hubiésemos tenido instituciones, gremios, universidades y familias constituidas con valores y principios arraigados, hoy no estaríamos dando la batalla para restaurar la república; sí no hubiésemos forjado venezolanos comprometidos con no dejarse arrebatar el país por un atajo de cuatreros, delincuentes y asaltantes de camino que solo les interesaba ver abultadas sus alforjas, hoy no estaríamos desobedeciendo a los esbirros que tratan de oprimirnos y sí no se hubiesen elevado voces, que en algún momento las catalogaron de altisonantes, hoy no habrían millones que no tienen empacho de gritarle y enrostrarle a la tiranía cuanto desprecio sienten por ella.

Paralizar al país, protestarle a diario a Maduro, llevar la agenda política porque el régimen perdió la iniciativa, hacer que sus peroratas se limiten a actos controlados con brazaletes como si de un resort se tratase, que las alocuciones por cadena nacional solo las oigan los funcionarios abyectos del régimen o quienes debemos traducir los rebuznos oficiales en español, que los mítines deban ser hechos por teléfono ante la evidente escasez de apoyo popular y por la insignificancia de unas huestes tarifadas que ya no se mueven ni por una devaluada y escuálida bolsa de comida, es consecuencia de la perseverancia, la constancia, la persistencia, la tenacidad y el empeño con que nos hemos plantado ante la autocracia chavista para impedir que termine de someternos. Ya estamos al nivel en que el gobiernucho de Maduro espera a ver qué hará la oposición para determinar su propia agenda.

Este es el camino

Eso demuestra que vamos por el camino correcto porque por fin la carreta  dejó de ir detrás de los caballos, los zorros no persiguen a los perros y el cardumen de peces chicos entendió que estando juntos, no hay pez grande que pueda con ellos. Eso ha generado las virulentas y violentas represiones del aparato militar y policial del Estado que se ha traducido en más resistencia a los abusos, a los atropellos y a las arbitrariedades.


De ahí que a unos les esperan las glorias del Olimpo de la civilidad, un altar que debiéramos construir para enaltecer a los mártires que han caído, al joven violinista Wuilly Arteaga que enfrenta bombas lacrimógenas con notas musicales y a todos los que a diario luchan sin estridencia pero con coraje para execrar a la tiranía chavista del poder; a otros les aguardan los procesos para ser juzgados por crímenes contra la humanidad, por violadores de derechos humanos y por exterminar a sus connacionales. Mientras llega esa anhelada hora, gritaremos a los 4 vientos lo que es vox populi, lo que Capriles expresó en la autopista, lo que todos coreamos y lo que será recordado como la más grande mentada.

Llueve... pero escampa 

domingo, 19 de marzo de 2017

De nada sirven los partidos políticos

Por Miguel Yilales
@yilales
Venezuela es un país atípico por donde se vea. Las diferencias socioculturales cada vez son más evidentes, catastróficas y además insalvables por culpa de una dirigencia política desenfocada y empeñada en llevarnos por la calle de la amargura, con lo cual podemos dudar seriamente que sepan o tan siquiera conozcan cuáles son sus responsabilidades y obligaciones con quienes todavía creen en ellos.
Desde que Juan Vicente Gómez proscribió y persiguió a los que se habían dedicado a la vida pública, que no tiene que ver con el oficio de María Magdalena ni con los años para los que se preparó Jesús antes de su pasión y muerte, pertenecer a un partido político era mortal porque en La Rotunda le esperaban unas “suites” con las comodidades que promueve todo dictador: la tortura, la vejación, el maltrato y, por supuesto, el más oscuro olvido.
Esa persecución acabó con los partidos tradicionales del Siglo XIX y no permitió que se estructuraran las nuevas corrientes políticas del Siglo XX. Luego es harta conocida la historia: llegaron unos zagaletones a cambiarlo todo, su irreverencia permitió que se crearan las instancias de participación ciudadana y eso, nos guste o no, es la política. Claro los resultados solo se vieron cuando el penúltimo dictador tomó las de Villadiego y abandonó en la huida maletas de dinero (hasta en eso eran más discretos los de antes porque ahora ha sido tanto lo robado que se necesitarían containers de billetes que no cabrían en aeronave alguna o contar con un tuerto o una almirante que sirvan de testaferros).
Darwiniana supervivencia
La única forma de llegar al poder es mediante la participación en política. Los partidos son la instrumentalización de ello. Los franceses, los rusos, los chinos y todo aquel con algunas neuronas muertas, incluso los chavistas, lo saben. Por eso es que llama la atención que haya quienes aspiran a hacer política, llegar a formar gobierno y conducir los destinos del país con una apócrifa asepsia política, con solo seguidores en redes sociales y sin tantos arrumacos de pueblo; critican que los partidos políticos se organicen, tengan militancia, posean dirigentes (malos, regulares o buenos) y no entiendan que sin estructura no se hace política. Hasta Donald Trump lo comprendió: compitió dentro del partido, derrotó al stablishment y se hizo con la presidencia de la nación más poderosa del Orbe.
Nuestra desgracia es que a nadie le gusta fajarse al interno de los partidos ni en estos calan las disidencias. Ante lo primero prefieren decir que se necesita un outsider (ellos mismos) o montan tienda aparte con los cuatro gatos que los siguen (las divisiones de Acción Democrática son una prueba de ello) y para lo segundo tienen a la mano las expulsiones (así defenestran sin discusiones internas) que, a fin de cuentas, permite la conformación de grupúsculos en torno a una figura pero que, hasta ahora, no logra nuclear a su alrededor una verdadera fuerza política.
En la Venezuela de estos tiempos hay muchos partidos políticos que solo cuentan en sus filas con sus dirigentes y algunos familiares, que les preocupa contarse, medirse o siquiera saber si existen. El proceso de legitimación que fue establecido como espada de Damocles para lo único que servirá es para sincerar quienes tienen militancia y quienes tienen capacidad de movilización, es decir, la darwiniana supervivencia.
Más que miserables
Lo lamentable es que esos mismos partidos no entiendan lo que se vive en el país quizás porque están desconectados de la descomunal crisis, porque a ellos aún no les ha llegado su cuarto de hora o porque sufren de una ceguera descomunal que no les permite ver lo que padecen los miserables a los que se refería Víctor Hugo, el sufrimiento de los que dejaron de ser clase media para engrosar una media clase y cómo la mayoría resiste ante una tiranía que extermina al consentir decesos por inanición, por falta de atención médica y por la acción del hampa.
¿Los partidos políticos deben legitimarse? ¡Claro que sí! ¿Las organizaciones partidistas deben movilizar a la sociedad para algo más que no sea lo electoral? ¡Por supuesto! Y ahí está el quid del asunto porque de nada sirven los partidos políticos que exclusivamente piensan en lo electoral, que no se preocupan por los ciudadanos, cuyos dirigentes abarrotan los mismos restaurantes en los que se negocia el país y que no logran canalizar el descontento social.

Llueve… pero escampa

domingo, 5 de febrero de 2017

No son tiempos electorales

Por Miguel Yilales
@yilales
Desde el año pasado, el régimen de Nicolás Maduro y sus cómplices, se han dedicado a la tarea de demostrar las razones por las que se hace inviable gastar tiempo y dinero en ese vicio pequeño burgués de pretender la solución de nuestros problemas mediante la vía electoral e imponernos la idea (acorde a su autoritarismo militarista nadie puede pensar) que la única salida viable es que dejemos en el poder a los responsables de estos lodos. Se sienten imprescindibles y que eso les da la autoridad para mantenerse en el poder así roben, asalten, trafiquen con narcóticos, contrabandeen, manipulen y extorsionen.
Por ello no extraña que una revolución de quincallería haya celebrado y conmemorado dos hechos que avergonzarían a cualquiera: el bicentenario del nacimiento de un cuatrero, delincuente y violador de menores y la gesta de un militar felón, cobarde, misógino, mentiroso y narcisista cuya mayor ejecutoria fueron las efusiones ventrales al primer disparo.
Un proceso político que tuvo su génesis en la traición a los juramentos de defender la constitución, las instituciones y, por ende, a la república; involucrar, mediante engaños, a unos imberbes soldados en un intento de golpe de Estado; en el asesinato de venezolanos; en el intento de magnicidio presidencial y en la tentativa de eliminación física de su familia solo puede verse personificada por la fechoría y el delito que representan un forajido del Siglo XIX y un sátrapa del Siglo XXI.
El mejor sistema electoral
Mientras la plaga gobernante pudo valerse de la democracia les dio por someternos a constantes procesos electorales: lloviese, tronase o relampaguease; con vaguada, muertos y tragedias; con insurrecciones populares o sin ellas; con candidatos opositores o con llamados a la abstención; con mediocres candidatos “opositores” salidos de las mismas filas gobierneras o con anodinos candidatos surgidos de las filas opositoras.
Ahora que los vientos les resultan adversos, que el rechazo a las tropelías revolucionarias son evidentes, que la propaganda chavista no puede ocultar la desastrosa realidad, que se les pierden helicópteros pero solo se preocupan por convertir al Paseo de Los Proceres en una especie de Sambódromo criollo con carrozas, comparsas y fantoches disfrazados de héroes y que empiezan a aparecer, desperdigados por el mundo, ex furibundos revolucionarios que se autocatalogan de perseguidos políticos, les da por demostrar que ese exceso de participación política, sustentada en el “mejor sistema electoral”, era un ramplón engaño.
Tan es así que el referéndum fue obstaculizado, por el propio ministerio de elecciones, al extremo de hacerlo inviable; las elecciones de gobernadores, que debieron ser en diciembre del año pasado, no tiene fecha de realización y las de alcaldes, que corresponden este año, menos aún, la excusa es que hay otras prioridades antes que perder el tiempo y el presupuesto con sufragios innecesarios, ya que para cubrir las vacantes pueden prorrogar en los cargos a los más cicateros chavistas o designar a dedo a cualquiera con prontuario (han reemplazado a ocho gobernadores, sin aviso y sin protesto).
Política en serio y seria
Se ha insistido que las dictaduras modernas, es decir, las tiranías con ropajes de legalidad, usan a la democracia según su conveniencia: se amparan en las leyes que manipulan; hacen elecciones si creen que los resultados no les van a ser adversos y respetan las reglas, los lapsos y las normas cuando les da la gana hacerlo.
Los valores éticos que hacen a la democracia deseable son contrapuestos a la cárcel injusta, a la persecución política, a la segregación por pensar distinto, a la intolerancia ante el disenso, al quebrantamiento y manipulación de la ley, a la perpetuación en el poder de los mismos bodoques y al enriquecimiento de unas pústulas que se creen herederos de las glorias libertarias, a tal extremo que un abyecto general chavista se le ocurrió proponer que se considerase a su medroso líder como el libertador del Siglo XXI y II padre de la patria (minúsculas obligadas).
En verdad no son simples tiempos electorales sino tiempos de que quienes asumieron la conducción opositora hagan política seria y en serio para obligar a la tiranía (lo demás son cuentos) a cumplir las reglas del juego y que permitan contarnos en un ambiente de libertad, igualdad, civilidad, justicia, pluralismo, tolerancia, legitimidad, legalidad y respeto.

Llueve… pero escampa

sábado, 24 de diciembre de 2016

Ni se hace política ni se conforman mayorías

Por Miguel Yilales
@yilales
Escribir en la víspera de Navidad sobre política es harto difícil en especial porque, para disgusto y sobresalto de mucho tirapiedras de los que pululan por ahí, quien tiene hijos pequeños y con ilusiones (que no desaparecen con la edad), no puede desligarse de la realidad del momento y quedarse enganchado en esa especie de amargura desquiciada y engendrada, en algunos, en estos 18 años de satrapía revolucionaria.
En los tiempos que vivimos, que han sido secuestrados por la más putrefacta casta política de nuestra historia, hay quienes creen que todo se trata de una dicotomía entre blanco y negro y que además no existen las escalas de grises y la diversa gama de colores.
Tan es así que han llevado las cosas a los extremos en que sí no comulgas con sus planteamientos envían a sus huestes, como carroñero a la carroña, a que te insulten; en que quienes dicen ser mejores que los que desgobiernan al país, usan sus mismas estrategias propagandistas; en que se clama por las libertades individuales pero se insta a arrasar de la faz de la Tierra a quien disienta, tenga diferente orientación sexual o creencia religiosa y en que se le exige a los demás conductas probas aunque se actúe en contrario en sus propias vidas, es decir son, en lenguaje bíblico, unos fariseos de la peor raigambre, que se dicen opositores hasta los tuétanos pero aceptan jugosos  contratos sin importar que venga de funcionarios corruptos o con dineros públicos.
Farsantes de marca mayor
Son como esos empresarios que exigen las libertades económicas pero no creen que los contratos deban ser discutidos o que los trabajadores puedan agruparse para hacer sus planteamientos al patrono; son como esos pánfilos que defienden las riquezas de un empresario y un régimen de libertades sin importar de dónde vengan los fondos que generaron esas súbitas fortunas; son como algunos artistas, actores, actrices, columnistas, escritores, humoristas, periodistas y locutores que le exigen definición política a todo el mundo pero se declaran Ni-Ni porque se deben al público, a la audiencia y a los lectores.
Cuando en Venezuela se vuelva a tener Estado de Derecho se tendrán que revisar las concesiones otorgadas a algunos medios de comunicación cuyos fondos son de oscuro proceder; las compraventas de empresas de distintos rubros en las que se desconocen los orígenes de los capitales; las compañías que fueron adquiridas con dineros del Estado y puestas en manos de testaferros de la cofradía golpista que nos trajo hasta esta desgracia y nadie en su sano juicio debiera cuestionar que las mercancías incautadas a esas empresas de maletín, corruptas y narcolavanderías sean rematadas, subastadas, confiscadas y entregadas a quienes más lo necesiten aunque de seguro saldrá quien denuncie esas acciones, como un golpe a las libertades económicas y a las reglas del libre mercado, aunque ni siquiera entienda la diferencia entre un mercado libre y libre mercado, entre mercadear con su cuerpo y la educación sexual, entre ser comunicador y caerle a microfonazos a la gente o entre protestar contundentemente y fingir como si de un orgasmo teatral se tratase.
Adalides de imposibles
Son unos paladines de las causas perdidas, que terminan convertidos en un mezclote de Superman, Batman, Flash, Mujer Maravilla y Acuamán, que levantan banderas para defender lo indefendible: sí un empresario especula que sea solo la ley de la oferta y la demanda la que dicte el consumo, a pesar que conformen (entre ellos) cárteles para fijar los precios o sí un empresario del show business, que de la noche a la mañana se convirtió en dueño de canales de televisión y emisoras de radio con recursos provenientes del narcotráfico o de células terroristas del Oriente Medio, que solo sea la audiencia y la falta de inversión publicitaria, por un boicot moral, los que determinen su quiebra.
Estos personajes se erigen en una especie de Torquemada criollos que tildan de piltrafa, arrastrado, delincuente y malandro a quien aspire cubrir sus necesidades básicas (esas que Maslow clasificó hace tiempo) y no piense en conceptos abstractos como libertad, justicia, independencia o ciudadanía como si fue que los franceses al día siguiente de la Toma de La Bastilla pensaban en Libertad, Igualdad y Fraternidad y no en saciar el hambre, vestirse o tener vivienda, y definitivamente con esa actitud no se hace política ni se conforman mayorías.
Llueve... pero escampa

sábado, 5 de noviembre de 2016

No son demócratas

Por Miguel Yilales
@yilales
La naturaleza es una cosa seria. Nadie se escapa de ella ni puede pretender ser otra cosa que lo que es. Un marisco no es molusco, un burro no es caballo ni un gorila es humano por mucho que algunos simios se comporten mejor que muchos hombres. Así también ocurre entre las personas nadie puede pretender que un ingeniero piense como periodista, un médico como arquitecto, un sociólogo como psiquiatra, un estudiante como profesor, un terrorista, extremista y fanático como un pacifista, un religioso como un epicúreo o un militar como un civil.
Para el cadáver insepulto y su camarilla de cómplices, que no creían en la democracia ni la entendían, su paso por la vida militar era importante porque desde allí tenían la posibilidad de emular al gorilato latinoamericano y asaltar por la fuerza a las instituciones del Estado para instalar un régimen paramilitar con modos de democracia, pero que no podía ser tal, al tener ministros que ejecutan órdenes en lugar de administrar, con funcionarios que adulan su jefe en lugar de servir al ciudadano y con un Estado organizado en batallones, brigadas, unidades y milicias.
Hoy la casi totalidad de las democracias se basan en una constitución que organiza y controla el funcionamiento del Estado, donde prevalece la división de poderes, el derecho a votar y ser votado, el derecho de la propiedad, la existencia de partidos políticos (en plural), la libertad de expresión, la libertad de asociación y la vigencia de los derechos humanos, que se traduce en la coexistencia de la regla de la mayoría con los derechos de las minorías.
No hay elecciones militares
Por estas razones ninguna institución, organización o persona que utilice un sistema en el que solo prevalezcan las órdenes, su cumplimiento y el castigo puede considerarse democrática y eso incluye a los militares de un país, a los grupos irregulares alzados en armas, a las mafias y a las pandillas gansteriles que tienen la misma estructura castrense, con jerarquías y mando indiscutible (hasta que eliminen al capo), con capacidad para entrenar y ejecutar acciones de combate. Todo lo contrario a los sistemas democráticos. Y aunque a algunos, militares incluidos, les puede sonar chocante, eso es así.
Imagine usted a Eisenhower consultándole a las tropas aerotransportadas antes del Día D sí estaban de acuerdo o no con el desembarco, cuántos apoyaban Normandía o sí debían hacerlo en Calais, qué tipo de armamento usar y cuántos hombres emplear o a Patton preguntándole, mediante elecciones, a los oficiales y a la tropa cuál debía ser el plan de abastecimiento logístico para el desembarco en Sicilia. Reemplace los nombres por Al Capone, Pablo Escobar, el Mono Jojoy, el comandante Fausto o el capitán cavernícola del mazo y no habrá diferencia.
La realidad es que, genéticamente, el régimen chavista, formado por militares golpistas, por exguerilleros adiestrados en Cuba, por trasnochados ñangaras, por las más corruptas mafias latinoamericanas, por terroristas entrenados en el Oriente Medio y que vive en conchupancia con los cárteles de la droga, no puede aplicar para sí mismo los preceptos de la democracia.
Ni excomunión ni Guardia Suiza
En consecuencia para ellos el diálogo no es la forma de dirimir las diferencias sino una acción retardatriz que les permite ganar tiempo, reacomodar fuerzas y destruir al enemigo que, en su caso, es la oposición, saben que obligarán a la MUD a levantarse de la mesa de diálogo y, como quien se ve al espejo, la acusarán de antidemocrática, fascista y terrorista y además porque sí dejan con los crespos hechos al enviado del Vaticano saben que el papa Francisco no retirará al nuncio apostólico, como ñangaras (que son) no les quita el sueño la excomunión por estafar, mentir y embaucar a Su Santidad y porque no temen la invasión de la Guardia Suiza Pontificia.
Ojalá que la oposición haya acudido al diálogo a sabiendas de que todo esto va a ocurrir y no con la creencia de que la sola presencia del Vaticano produciría una epifanía transformadora que permitiría activar las elecciones, liberar a todos los presos políticos, el retorno de los exiliados, la reinstitucionalización del ministerio electoral y del bufete de la suprema injusticia, el reconocimiento de las funciones de la Asamblea Nacional y la atención a las víctimas de la crisis humanitaria que vivimos, si no lo hicieron entonces son pendejos y aún no han comprendido que ellos no son demócratas.
Llueve… pero escampa

domingo, 31 de enero de 2016

Una bomba de tiempo

Por Miguel Yilales
@yilales
Se dice que en política hay bombas de tiempo que no discriminan a los actores que arrasan. Las desigualdades sociales, las injusticias de un poder arrodillado a los designios del capataz, la falta de equidad ante un Estado todopoderoso, los abusos del poder por parte de quienes lo detentan, el hambre que padecen los pueblos son solo algunas de esas bombas con las que a diario se vive en Venezuela.
Mientras países con peores niveles de vida se dedicaron a invertir los recursos del oro negro para mejorar los estándares de sus ciudadanos, aquí un megalómano se empeñó en regalarlo para así convertirse en un adalid de la pobreza, de la miseria continental y todo un líder de la destrucción. Y que para remate en los estertores de su vida buscó a quien pudiera continuar su legado de cataclismo sin demostrar un ápice de rectificación.
Ante el grave panorama que se nos avecina uno esperaría de quien temporalmente detenta el poder, y puede que hasta ilegalmente por la falta de pruebas de su lugar de nacimiento, hubiese designado una especie de 007, Ethan Hunt, Mc. Gyver y hasta la Rana René, con la intención de desactivar la bomba de tiempo que a todas luces nos mantiene en ascuas.
A Nicolás Maduro se le han presentado varias oportunidades para rectificar y no lo ha hecho, por el contrario su respuesta cada vez ha sido peor. Para nadie es un secreto que ha puesto a los mismos que instalaron las bombas, o lo que es peor a personas más incapaces, para que aticen ese dispositivo explosivo llamado conflictividad social.
A las pruebas me remito
Si la crisis de la salud pública no fuese tan delicada, creo que le hubiese salido mejor colocar a uno de esos que firman récipes médicos plagados de horrores ortográficos que a quien designó. Alguien llamada, por el juramento hipocrático, a preservar la salud infantil se pronunció enemiga de que los niños se cepillen al levantarse, después de cada comida y al acostarse por ser un estereotipo capitalista e imperialista, que contribuye al desabastecimiento de los dentífricos en el país. Nada de que los dientes de arriba se cepillan hacia abajo o viceversa, que el cepillo debe ser cambiado regularmente o que se debe ir a chequeos dentales una vez al año, para ella agua y dedo son suficientes.
En materia de abastecimiento ocurrió igual con las ministras de agricultura urbana. La primera no tuvo tiempo ni de calentar la silla y menos de desembalar alguna caja, pero le dio por proponer que todo el mundo anduviese con su sembradío de ají dulce, cebollín y cilantro para acabar con la carestía. Esa medieval técnica de los cultivos urbanos, junto a la recomendación de andar con un lápiz para puyarles los ojos a los gringos, fue suficiente para que la enviaran nuevamente al nosocomio de donde debe haberse escapado.
Pero no todo quedó allí porque la sustituta, en un acto de malabarismo discursivo, responsabilizó del desabastecimiento de los anaqueles a que la gente mantenía las neveras desbordantes de productos, sin percatarse que las únicas neveras llenas en el país son las de la morgue ¿Quién puede llenar una nevera con los precios de los productos y los sueldos de miseria que ha impuesto el socialismo del siglo XXI? Solo los encamburados ministros revolucionarios.
Corten el cable
Pero la guinda, en eso de acelerar las bombas de tiempo, fue el flamante diputado que venía de dirigir las políticas educativas del país. A su entender despilfarraron 17 años al frente del Estado, no fueron eficientes en el manejo de los recursos y menos implementaron una economía productiva porque los venezolanos eran analfabetos. Es decir ahora el pueblo bañado en la sabiduría revolucionaria está dispuesto a comerse un cable para que, en épocas de vacas flacas, los bolichoros puedan preservar sus beneficios.
En todas las películas de acción siempre hay un aparato explosivo con un contador que lo activará en solo minutos y que es inutilizado en el último segundo por el protagonista, luego de mantenernos en vilo entre sí debe cortarse el cable verde o el rojo.
Definitivamente saber que cable cortar es importante, hacerlo a tiempo es primordial. Los demócratas del país, hoy más que nunca, deben activar los mecanismos necesarios para salir de los explosivistas que están sentados en Miraflores y en los distintos poderes públicos, nuestra Constitución tiene distintas piquetas, alicates y tenazas para cortar los cables, antes de que nos estalle esta bomba de tiempo.
Llueve… pero escampa.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Un viaje sin retorno

Por Miguel Yilales
@yilales
Cuando escribo este artículo aún no se ha producido el acto de votación, además como no poseo dotes de pitoniso, hechicero, adivino o futurólogo desconozco que vendrá luego de este 6 de diciembre, pero puedo aseverar que a partir del próximo 5 de enero de 2016.
Tendremos un nuevo parlamento, con una composición diferente a la actual y con algunos actores distintos a los que han ocupado las curules hasta ahora, Nicolás Maduro seguirá al frente del poder ejecutivo y en los restantes cuerpos integrantes del Poder Público Nacional continuarán (rodillas en tierra) unos individuos que solo han sido eficientes para permanecer abyectos a los designios de lo que ellos llaman su soberano, que no es el pueblo como algunos creen, sino unos sátrapas caribeños que les dicen qué hacer y cómo hacer para eternizarse inescrupulosamente en el gobierno. Y es precisamente a eso a lo que me referiré.
Alguien que cree que en la política todo es válido y que la decencia no es necesaria en la función pública es un primitivo discípulo de algún tirano de los que han pululado en el mundo a través de la historia o de esos gorilas, uniformados o no, que juran y perjuran que la subyugación de la bota militar es la forma de arreglar las cosas.

Una piltrafa inhumana

Estas últimas semanas se desataron los demonios y las bajezas, que solo emergen cuando el desespero es el consejero. Un resentido, no puedo sino llamarlo así, que dice dirigir al país porque ocupa el Palacio de Miraflores aunque sea incapaz de desalojar a los invasores de la residencia presidencial, le dio por insultar, vejar y ultrajar a un adversario político.
El heredero del huésped del Cuartel de la Montaña, en su muy limitado entender y su primitiva forma de hacer política, creyó que capitalizaría una gracia y lo que le salió fue una inmensa y ridícula morisqueta cuando catalogó de irresponsable a un alcalde opositor por supuestamente haber abandonado sus funciones en viajes conspirativos al Imperio.
Las acusaciones ameritaron que el burgomaestre Carlos Ocariz se viera en el penoso deber de aclarar que sus ausencias (autorizadas por la Cámara Municipal) eran por el penoso padecimiento de leucemia de su hijo, tema que por cierto no lo había ventilado a los cuatro vientos y que había reservado a la intimidad familiar y a sus amistades.
Resulta que cuando no pudieron ocultar más la enfermedad de Hugo Chávez y se hizo público su sufrimiento, los afectos al oficialismo clamaban por respeto al mórbido presidente, que por cierto abandonó el cargo (Maduro dixit) para tratarse en Cuba y lo acompañaron parte del tren ejecutivo, su familia y cuanto bicho con uña quiso gastar los recursos de todos los venezolanos.
Acusar sin pruebas, injuriar, denigrar e insultar solo para obtener un objetivo y garantizar una supervivencia cada vez más exigua, es una forma de hacer política propia de piltrafas humanas que en su mocedad fueron adoctrinados en La Habana o que hicieron un cursillo exprés con algún resentido gobernante populista.

Una gran desgracia

No importa sí fue en La Habana o en Caracas, sí ocurrió el 30 de diciembre o el 5 de marzo del año siguiente, menos sí bailó por los pasillos del Hospital Militar o nunca se recuperó de aquella operación que lo dejó en estado vegetal, lo verdaderamente grave es que en ese período se hicieron nombramientos írritos, firmó decretos con una rúbrica escaneada, nunca se juramentó y que de manera ilegal un usurpador fue presidente provisional en flagrante violación de lo que decía la Constitución.
Desde que los esperpentos representantes del Socialismo del Siglo XXI aparecieron en la vida pública, aunque su violenta y sangrienta irrupción en política ya mostraba cual viles podían ser, demostraron que nunca les han importado las formas, ni las más mínimas reglas de la democracia.
Exigir respeto cuando se trata de sí mismo o de sus intereses pero no respetar a los demás es propio de seres ruines, inmorales, impúdicos, deshonestos y escabrosos, y el huésped temporal de Miraflores no puede sino comportarse según su naturaleza.
Este diciembre será distinto, no sé si para bien o para mal. Los golpistas, los resentidos, los destructores del país y las escorias que se enriquecieron a costilla de la ruina de los venezolanos lo único que les interesa es atornillarse en el poder, más allá de los resultados electorales seguirá en nuestras manos darles un viaje sin retorno, y no como sea, sino bien dado.

Llueve… pero escampa

lunes, 7 de septiembre de 2015

Cambiemos este pasticho ideológico

Miguel Yilales
@yilales
Escribir sobre política en este país es harto difícil, no porque no haya tema, sino por la vertiginosidad con que entramos y salimos de ellos. Pero más allá del que, también está quienes hablan y de quién.
Resulta que no conforme con que los organismos de inteligencia revolucionaria, al más puro estilo de la CIA, del G2 o de la KGB, generen los temas que desvíen la atención de los grandes problemas que tenemos los venezolanos, salen unos supuestos héroes anónimos, y lo de anónimo no es por filantrópicos sino porque lanzan sus piedras y venenos desde el anonimato, a aderezar con rumores, enfermedades, muertes, conspiraciones y cuanta forma de correr bolas haya. Es que pareciera que si en algo somos campeones mundiales es en ese deporte de inventar cuentos y hacer lo que no es, por lo menos así lo demostró el que se creía eterno y hoy no está, que hacía de todo para desviar la atención de los verdaderos asuntos.
De esos que impulsan temas hay unos en particular que viven vociferando la importancia del trabajo como único mecanismo para lograr el bienestar, pero se quejan porque los ciudadanos hacen huelgas porque es de vagos y no se dan cuenta que es un derecho especialmente capitalista, critican que las personas hagan cola para comprar en los mercados porque debieran estar protestando y vociferan que los jóvenes no luchan, pero sí lo hacen los tildan de poco preparados para atender los asuntos del Estado.

Regalar y merecer

Es que cada cosa se ve distinta según el cristal con que se mire y para demostrarlo usaré este sencillo y común ejemplo: cuando un hijo se gradúa de bachiller y sí la universidad le queda lejos, se vive un clima de inseguridad total y no hay servicio de transporte público decente, salen los padres a regalarle un carro.
Este hecho es para el liberalista un acto socialista, es decir una dádiva que no es fruto del trabajo; para el socialista un acto capitalista que promueve el individualismo y no el colectivismo; para el joven es un justo y merecido reconocimiento al esfuerzo de su trabajo (estudiar) ya que sus padres le repitieron hasta la saciedad que eso era lo que él hacía. Y ahí reside la diferencia entre regalar y merecer.
Igual sucede con ese venezolano al que le entregan un apartamento de la Misión Vivienda, cada quien tiene una óptica diferente: para el beneficiario es lo que le corresponde como parte de la repartición de la renta petrolera, mientras que para unos es un regalo inmerecido porque no es producto del trabajo y para otros es un acto piadoso que reconoce la necesidad de la intervención del Estado para disminuir las desigualdades.
Y es que esta cristalografía la aplicamos también en la política. Por ejemplo la democracia cristiana, surgida del Rerum Novarum del papa León XIII y la Doctrina Social de la Iglesia, es por lo general de centroderecha (con algunas áreas de centro izquierda), pero en Venezuela la llamamos socialcristianismo, algo así como una mezcla de chicha con mango.
Es que decirse socialista en el país parece ser chic, no hay partidos nuevos que surjan, que no salgan corriendo a la Internacional Socialista a pedir su aprobación, beneplácito y consentimiento para sentirse aceptados políticamente. Fíjense que aquí no hay derecha o por lo menos así lo establecen todos los estatutos de fundación de los partidos políticos.

Menos sectarismo, más democracia

Por esa vía hay liberales que son conservadores, hay conservadores que quieren la descentralización, gente que se llama comunistas y socialistas y al acercársele la Parca salen a clamar por un milagro de Dios y están los otros, esos que viven entre golpes de pecho, que ven por encima del hombro a los pobres porque son algo ruin, vergonzoso y despreciable.
Hoy más que nunca se hace necesario desplazar el sectarismo, el fanatismo y la intransigencia que nos destruyó, desde que esta horda encabezada por un golpista, que nunca creyó en la constitucionalidad, llegó al poder, y para ello es vital la conformación de una mayoría que retome los valores de la democracia, las libertades y la decencia.
La tarea es dura porque nuestro futuro depende de que se recupere el funcionamiento del país y sus instituciones y es que la Venezuela postchavista tiene que ser distinta y el primer paso debe ser firme, fuerte y, a partir de ahí, constante para cambiar este pasticho ideológico y en eso, lo que viene, es más que una elección y son más que simples curules a ocupar.

Llueve… pero escampa

sábado, 8 de agosto de 2015

Con mi fusil al hombro

Miguel Yilales
@yilales
La toma del poder es el norte de quienes se involucran en política, por lo menos así lo plantearon Weber, Duverger, Gramsci y Maquiavelo. Un político puede vender la idea del sentimiento altruista, el deseo de proteger a los otros y que trabaja por los demás pero al final lo único que importará es llegar a gobernar.
Desde los inicios de la humanidad, en las agrupaciones más primitivas, había alguien que ejercía el liderazgo. Este se sustentaba en el uso de la fuerza, que servía para doblegar la voluntad de los demás. El jefe era el jefe hasta que fuese cuestionada su guía, pero no bastaba el cuestionamiento, sino que debía ser derrotado.
Con la llegada de la Revolución Francesa, que eliminó la preeminencia del rey y lo transmutó de divinidad a ser humano, por lo menos en lo electoral (cada ciudadano un voto), se establecieron las dos únicas formas que aun existen para la toma del poder: o se escoge la primitiva forma de la disputa del liderazgo a través de la fuerza o se determina a través de una más actual y civilizada forma como el sufragio.
En la Venezuela actual, seguro estoy, saldrán detractores a este planteamiento, en especial aquellos que piensan que la “primavera de la arepa” llegará convertida en una especie de contrarrevolución que arrase con todo (partidos, instituciones, empresas) y haga surgir un país, cual fénix, de las cenizas.

Camino a la resistencia

El inconveniente con estos neoespartanos, y no me refiero a los nacidos en el estado insular, es que su plan se basa en la posesión y el control de las armas.
En este escenario particular solo hay dos actores con poder de fuego (demostrado): los militares y los delincuentes (llámense círculos, colectivos, guardia territorial o brazo armado de la revolución), a menos que consideren en este lote a quienes estuvieron en la fuerza militar y tienen capacidad para pararse con armas en un balcón, una azotea, una cornisa y hasta en un árbol, una especie de Rambo, con la diferencia que el interpretado por Stallone acabó con la Guardia Nacional norteamericana, al ejército vietnamita, las fuerzas militares soviéticas en Afganistán y a unos mercenarios en Myanmar.
Excluyendo a esos Rambos, con sobrepeso y algo vetustos, lo que queda son los militares activos y el brazo armado civil de la revolución. En caso de que ganen los civiles armados el gran vencedor sería la caterva mafiosa que gobierna y en el caso que sean los militares no triunfaría la sociedad sino los que han gobernado estos 17 años, ya que, para quienes lo olvidan, esa es la misma gente que ha ocupado la presidencia, la vicepresidencia, los ministerios, los viceministerios, el parlamento y cuanta esfera del poder hay. Eso sería como tratar de salir del esposo maltratador reemplazándolo con el cuñado, el suegro o el primo de él.
Hasta ahora, luego de más de 200 años, no se ha diseñado otra forma, ni hay puntos intermedios, ni nada parecido para alcanzar el poder que no sea el uso de la fuerza armada o el uso del voto.

El voto es la vía

Las guerras más cruentas terminan en una dictadura militar del vencedor, que siempre da paso a una legitimación electoral; las desobediencias ciudadanas regresan al orden luego que los militares asumen el control para posteriormente legalizarse por el voto; las insurrecciones militares son controladas por militares, quienes terminan cediendo el poder a quien salga vencedor por el sufragio.
Si los políticos y los pichones de dirigentes no entienden esto, definitivamente no hemos comprendido, ni aprendido nada en esta desgracia republicana que mientan Socialismo del Siglo XXI.
Sabemos que no hay condiciones, que estamos en un sistema no democrático, que el régimen implementará todas las acciones legales o no para torcer la voluntad de los electores pero frente a este escenario lo único que queda es la protesta y la calle que canalicen el descontento, la campaña honesta y sin medias tintas y el ejercicio del sufragio, aunque hubiésemos deseado mejores candidatos de los partidos y una mayor participación de la sociedad opositora no militante en los cuadros partidistas.
Ahora sí alguien tiene una fórmula distinta sería bueno que la hiciera saber, mientras tanto tengo mi rifle, mi escopeta, mi pistola, una engrapadora y hasta los cuchillos de cocina listos para el conflicto, en mi caso esas armas son mi voz, mi derecho a disentir y protestar, mi pasión a seguir la lucha y la posibilidad a escoger lo mejor para el país.

Llueve… pero escampa