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jueves, 27 de noviembre de 2014

Nos jugaron kikiriwiki

Miguel Yilales
@yiales
Siempre he creído en los procesos democráticos. Desde que estaba en mis años mozos, participaba en los procesos electorales que hacían en el liceo, donde llegué a ser representante a través del centro de estudiantes, en especial en una época en que ser parte de ese cuerpo, y estar en el área de influencia de la universidad primigenia del país (mi liceo está a escasas cuadras de la UCV, en la misma urbanización donde dicen que nació el que no tiene partida de nacimiento) significaba tirar piedras.
Resulta que se participaba, nos sometíamos al proceso de votación y, terminado el mismo, al escrutinio. Las papeletas eran contadas manualmente, voto a voto: unos salían para una plancha, otros para la otra, estaban los que votaban nulos y los que votaban blanco (que no tenía que ver con el otrora partido del Pan, Tierra y Trabajo), para luego determinar a cuantos no les interesaba el proceso, es decir los abstencionistas, que por cierto en esa época eran insignificantes.
En esos procesos teníamos una comisión electoral honesta, que no era parte del proceso sino garante de que la gente votara, que se cumplieran las reglas de convivencia electoral, que nadie destruyera propaganda electoral, que no votara quien no fuese alumno del liceo, garantizaban que las urnas electorales fuesen resguardadas y velaban porque no se emitieran más votos de los que eran. Es decir cumplían sus funciones y nos hacían confiar en el proceso.

Algo huele mal en Dinamarca

Todo esto viene a cuento porque después de muchos años por primera vez parecía que se iba a renovar el Poder Electoral, de acuerdo a lo que dice la constitución, es decir, con personas no vinculadas con los partidos políticos, postulados por la sociedad civil, las universidades y el Poder Ciudadano, para así tener un árbitro electoral ecuánime, equitativo y justo.
Se suponía que las cosas iban bien. El régimen cedió y aceptó que se estructurara el comité de postulaciones para designar a 3 de los 5 miembros del Consejo Nacional Electoral, pero todo no fue color de rosas.
William Shakespeare acuñó en una de sus tragedias, una frase que en política es usada cuando las cosas están mal. Resulta que antes de que Hamlet recibiera la visita del fantasma de su padre y rey de Dinamarca, a contarle sobre su asesinato, la usurpación del trono y de la relación incestuosa de su madre, un centinela dijo “algo huele mal en Dinamarca”.
Desde aquel episodio shakesperiano, en la vida política se usa esa frase para indicar cuando las cosas no marchan bien en un país por corruptelas y en eso nosotros no tenemos parangón.
Sucede que al momento de designar al comité de postulaciones comenzó el tufillo. Se designó un cuerpo que mayoritariamente simpatizaba con el gobierno. Luego las decisiones que debían tomarse por mayoría calificada, un procedimiento para que haya consenso, decidieron hacerlo por mayoría simple, con lo cual habría algunos convidados de piedra.

Y nos dejaron la baranda

Pero la renovación del órgano electoral era necesaria y había que apostar por ella, luego que en el actual período los rectores han sido denunciados por no rendir cuentas, por favorecer el ventajismo, por desestimar a priori los reclamos de la oposición, por modificar los circuitos electorales para favorecer al oficialismo, por incumplir reiteradamente lo que dice la ley, por permitir el peculado de uso en las elecciones y por cambiar los cronogramas electorales para favorecer a un sector.
Como olía mal, y no precisamente en Dinamarca, pero podía ser peor, resulta que dos de las copartícipes en todas esas irregularidades, decidieron limpiar su nombre de la percepción que tenemos la mayoría de los venezolanos, y se postularon para repetir en el Consejo, porque ahora van a actuar como un magallanero o un caraquista de umpire en una final entre Navegantes y Leones.
Cabe preguntarse ¿Qué les ofrecieron? Esa la saben ellas ¿Por qué llegamos a desconfiar de ellas? Esa la sabemos nosotros ¿Cuál va a ser su actuación futura? Esa la sabemos todos.
En la oposición las propuestas pasan por la vía electoral para cambiar la Constitución o para cambiar todo desde el parlamento y en el gobierno necesitan que la baranda del CNE, protagonista de la actual gestión, siga generando angustias antes de cada anuncio entre gallos y medianoche. Lo lamentable es que se va a remozar al CNE para hacerlo más confiable y parece que nos juegan, como se decía antes, kikiriwiki.

Llueve… pero escampa

jueves, 18 de julio de 2013

Entre bodas y bolas

Miguel Yilales
@yilales
Cada país, como cada cultura, tiene su forma de celebrar los eventos importantes en la vida. Venezuela no es la excepción. En este país, la palabra boda significa guateque, bochinche y rumba. Es toda una planificación desde el momento en que una pareja anuncia su compromiso hasta que llega el gran día. Tan bueno debe ser que hasta hay quienes reinciden no una, sino varias veces.
Desde que Antonio Guzmán Blanco estableció el 1 de enero de 1873 el matrimonio civil en Venezuela, este tiene preeminencia sobre el vínculo sacramental. A partir de ese momento, el matrimonio civil debe realizarse antes que el matrimonio eclesiástico.
Hasta el propio presidente en ejercicio, Guzmán Blanco, legalizó su matrimonio eclesiástico, casándose civilmente con Ana Teresa Ibarra el 14 de febrero de ese mismo año, para dar el ejemplo en el cumplimiento de la Ley.
Entre la duda y la incertidumbre
Nuestro Código Civil prevé, en su artículo 69, los requisitos para contraer nupcias, entre los que destacan la elaboración de un expediente que contenga el acta de esponsales, la fijación de los carteles y la copia de las partidas de nacimiento de los contrayentes.
Sin embargo, el artículo 70 exime de presentar los documentos indicados en el artículo anterior, cuando los contrayentes deseen legalizar la unión de hecho en que hayan estado viviendo.
Y es precisamente ese el artilugio que fue usado por la “primera combatienta” y el “primer mandante” para no consignar los documentos necesarios ante la autoridad civil que legalizó la unión.
En un país en el que está en duda los orígenes de Nicolás Maduro, esta hubiese sido una oportunidad de oro para aclarar las dudas, que maliciosamente ha venido tejiendo la oposición venezolana, en torno al lugar de nacimiento del presidente en ejercicio, cuya elección sería írrita si no es venezolano. Una nueva violación constitucional de la que no debemos preocuparnos, según el Secretario Ejecutivo de la MUD, Ramón Guillermo Aveledo.
Cuando los calumniadores de Carlos Andrés Pérez querían atacarlo siempre alegaban que este no había nacido en Vega de la Pipa, en la jurisdicción de Rubio en el estado Táchira y que por el contrario era originario de Cúcuta, Colombia. A quienes les tocaba defenderlo mostraban la partida de nacimiento que despejaba las dudas formales.
En estos tiempos, Nicolás Maduro, no trata de aclarar sus orígenes, sino que contribuye a ocultar y a manipular la información. Un día dice que sus inicios están en Los Chaguaramos, pero sin presentar prueba de ello; en la iglesia donde dice que lo bautizaron no hay registro de sus datos y en sus esponsales, por demás muy secretos, se acogió a la legalización del concubinato para evitar consignar cualquier documento.
Es que es más fácil alimentar las bolas que salirle al paso, como ocurriría en cualquier país del mundo que no tutelen los Castro.
Boda Sensacional
Lo realmente raro en todo esto, es que siendo la fiesta una de las partes favoritas de los venezolanos cuando se habla de boda, no se llevó a cabo o por lo menos se mantuvo en la estricta intimidad. Es injusto que, los primeros pantalleros de la nación, y me refiero a eso por el número de horas, minutos y segundos que han dedicado a exponer su vida ante las pantallas televisivas, hayan privado a “su pueblo” de ver la Boda Sensacional en cadena nacional, narrada por Winston Vallenilla, con grito de familia incluido.
Uno se habría imaginado hasta alfombra roja para recibir a los contertulios invitados al ágape, con paseo en carro descapotado y lanzamiento del primer buoquet nacional desde el Balcón del Pueblo.
Lo que sí no hubiese pasado en este himeneo, era aquella escena bíblica que describiese Juan, sobre las Bodas de Canaán, en el que Jesús al escasear el caldo de vid debió convertir seis tinajas de agua en un vino de gran calidad. De seguro el “hijo” del Comandante Supremo habría recurrido a los milagros de Merentes para importar las especies a libar a dólares preferenciales y decir que el intercesor ante Dios para el nombramiento de un Papa americano también le había hecho a él un milagrito.
Mientras tanto, Nicolás y Cilia, hablan de Luna de Miel recorriendo el país con los recursos financieros del Estado, en un supuesto gobierno de calle, que hasta los momentos solo tiene para mostrar la más alta inflación del mundo, la mayor inseguridad de América y el gobierno más ineficiente que pueda registrar la historia venezolana.

Llueve… pero escampa

miércoles, 26 de junio de 2013

Golpe a Golpe

Miguel Yilales
@yilales
El ser humano, según su conciencia, siempre ha tratado de catalogar las cosas en dos columnas: lo que es bueno o malo, recto o torcido, conveniente o inconveniente.
Estas clasificaciones son, a fin de cuentas, las que le van a permitir sustentar la toma decisiones o emisión de juicios críticos. Y es precisamente desde ese estadio que las normas morales fijan las relaciones de conveniencia o disconformidad entre los principios y los hechos.
En nuestro país muchas veces tratamos de torcer esas normas morales para justificar lo injustificable. De ahí que para algunos el intento de golpe de estado contra Carlos Andrés Pérez era necesario y correcto, a pesar de solo tener dos logros en sus alforjas: la rendición de quienes comandaban y el asesinato de inocentes, y para esos mismos expertos en golpes de Estado cualquier comentario o crítica al ejercicio del poder de Nicolás Maduro debe ser tildado como “acciones que buscan desestabilizar” y en consecuencia son un “golpe de estado malévolo”.

Ni buenos, ni malos

Hablar de golpe de estado en Venezuela es casi tan popular como el béisbol. Todos tienen un amigo, un conocido, un conocido de un conocido, la cuñada del primo del hermano de la muchacha que limpia en la casa que conoce a alguien que ha escuchado ruidos de sables.
Lo que sí es cierto que los golpes de estado no son buenos, ni malos, son simplemente golpes de estado.
El concepto de golpe de Estado (coup d'État) comenzó a ser empleado en Francia en el siglo XVII, para referirse a las medidas violentas y repentinas tomadas por el Rey, sin respetar la legislación ni las normas morales, generalmente para deshacerse de sus enemigos o cuando consideraba que eran necesarias para mantener la seguridad o el bien común.
Desde ese concepto original hasta nuestros días las cosas han cambiado. En 1930 el periodista Curzio Malaparte Falconi plasmó es su libro Tecnica del colpo di Stato, basado en el análisis crítico de las acciones del fascismo y el nazismo, que los golpes de Estado no eran solo una operación ejecutada por integrantes del Estado, sino también por civiles, que mediante la desestabilización a través de acciones sociales, provocan la caída del gobierno.
En Venezuela vivimos en un constante coup d'État, ya que quienes ejercen el poder violan las leyes, las normas morales y hasta se eliminan a los adversarios políticos (a quienes en realidad consideran enemigos), por razones que para ellos y solo para ellos son el bien común: mantenerse en el poder.
En un sistema político democrático, pluralista y alternativo los golpes de estado no son necesarios porque los ciudadanos cuentan con mecanismos para defenderse del gobierno. Pero nuestro sistema dejó de ser democrático, pluralista y alternativo con la llegada al poder de los golpistas de antaño.

Protestar es un derecho

Los ciudadanos tenemos en nuestras manos un poder fáctico que podemos y debemos ejercer, si nos organizamos y actuamos, para contrarrestar esos constantes golpes de Estado desde el poder: la protesta.
La protesta ciudadana es el catalizador de un nuevo movimiento social, indefinido ideológicamente, pero radicalmente político en su esencia, si se entiende esa esencia como la indefensión en que se encuentran los ciudadanos ante el omnipotente poder político.
Y es que en el fondo de la protesta ciudadana late un magma que reconoce, por encima de cualquier otra, como válida y legítima lo que Tomás de Aquino en su Summa Theologiae concebía como “la ordenación de la razón dirigida al bien común”: el imperio de la Ley. Si la ley es ultrajada, hay que restituirla.
Por eso es que resulta difícil entender a quienes están llamados a liderar a esa sociedad, escondidos en falsos artilugios politiqueros o con miedos a decir y a hacer, dejando que sean otros (llámense estudiantes, profesores, periodistas, entre otros) los que marquen la pauta de la protesta.
Si en el año 2000 Alejandro Toledo no hubiese sido firme en las protestas contra el régimen fujimorista, seguramente no hubiera alcanzado el poder y su predecesor, Alberto Fujimori, no se encontraría tras las rejas, acompañado de su esbirro: Vladimiro Montesinos.
Hay políticos que creen que una sociedad combativa sería la muerte de la política y, consecuentemente, la desaparición de los políticos y de su valioso patrimonio: el poder, cuando en realidad es desde esa sociedad que pueden surgir los cambios anhelados y la restitución del verdadero poder soberano.
Llueve… pero escampa

miércoles, 22 de mayo de 2013

La sombra que vence a la Casa

Miguel Yilales 
@yilales 
No soy dado al culto a Bolívar, creo que esa entronización casi religiosa que de él se hace, nos ha hecho más daño que lo que nos ha beneficiado como colectivo, especialmente en estos últimos años, en los que la memoria del Libertador ha sido manipulada por una supuesta revolución que, de bolivariana, solo tiene el nombre. 
Simón Bolívar, en una carta dirigida a su hermana María Antonia en 1825, señaló que un hombre sin estudios era un ser incompleto, con lo cual alertaba sobre los peligros que se cernían sobre una sociedad cuando los ciudadanos no recibían instrucción porque quedaban en lo que Parménides de Elea definía como la nada. 
Pero él no se quedaba ahí, ya que en la misma misiva, lapidariamente decía que el ignorante siempre estaba próximo a revolverse en el fango de la corrupción, con lo cual se arrojaría a las sombras de la esclavitud. 
Es por eso que en el canal de televisión de todos los venezolanos, hacía vida un presentador que se ufanaba de ser un bachiller marginal, por lo cual vivía en el estercolero lanzando sus detritos y vilipendiando a todo aquel que disintiera del pensamiento único, muy propio de quien nunca ha pasado por la universidad, ni siquiera conduciendo un autobús. 

Muera la cultura, viva la ignorancia 

En estos tiempos que transcurren se ha procurado llevar a Venezuela a navegar por el mar de la ignorancia, mediante la destrucción de la Academia y la exaltación de la barbarie. 
Desde la academia platónica que instruía sobre las matemáticas, la dialéctica y las ciencias naturales a la universidad moderna vista como una sociedad científica, literaria y artística, ha corrido mucha agua bajo el puente. 
Y pareciera que desde hace años el gobierno en Venezuela ha apostado por la destrucción de la comunidad de académicos que se agrupa en las universidades. Esa institución formadora de valores, principios y ciudadanía, es incómoda cuando se trata de crear un pensamiento unívoco. 
La rebeldía a la opresión militar merecía un castigo y nada mejor que optar por la intervención pero con pertrechos distintos a los empleados en la tristemente recordada “Operación Canguro”, ordenada por un académico que ejerció la presidencia de la República, quien con tanquetas, fusiles y bayonetas invadió la Universidad Central de Venezuela para, según él, evitar un mal mayor. Una mancha que nunca pudo borrar de su historial. 

Diferente intervención ¿Iguales resultados? 

La intervención planificada por este esperpento revolucionario del siglo XXI que nos gobierna se fundamentó en: la inacción, la asfixia y el estrangulamiento de las universidades, y fue ejecutada por los ministros del sector, que desgraciadamente son profesores universitarios. 
Las universidades se plantearon resistir a los atropellos cuartelarios y el gobierno optó por doblegarlas. 
Para construir el pensamiento único y acabar con el sentido crítico, al régimen le dio por masificar la educación, creando universidades como granos de arroz partido, sin pensum científicamente académico y de dudosa calidad. 
Luego al no poder penetrar a la academia por la vía electoral escogió por aprobar una Ley que cambiase la correlación de fuerzas en el sector universitario para un supuesto voto igualitario, imponiendo una comunidad académica que viola la Constitución Nacional. 
Como esa estrategia fue infructuosa, se plantearon no permitir la elecciones de las autoridades universitarias con la finalidad de que se deslegitimaran o se agotaran en el desempeño de sus funciones. 
Año tras año, por la vía de la reconducción del presupuesto, restringió al máximo la investigación y por ende la esencia de la enseñanza superior y en paralelo se dedicó a minar la profesionalización del cuerpo docente, en primer lugar violentando las normas de homologación y en segundo lugar imponiendo aumentos salariales inconsultos y deficitarios. 
Todo esto conllevó a las universidades a trazarse un conflicto intergremial que no solo ha buscado reivindicaciones laborales, sino demostrar firmeza ante las amenazas intervencionistas y coraje ante el miedo, aunque al momento de tomar la decisión sobre si se debe o no radicalizar la protesta, claudica por aprensión al efecto PDVSA que tanto daño le hizo al país, como sí ya, de hecho, no está subyugada. Es distinto resistir como los judíos del Gueto de Varsovia, que resignarse como los de Auschwitz-Birkenau. 
Creo que la universidad venezolana debe luchar por su dignidad, debe luchar por sus principios, debe luchar por sus valores, para poder formar seres completos, sino las tinieblas de la ignominia, la infamia, el deshonor y la vergüenza habrán sometido, como dice el himno de la UCV, a la Casa que vence la sombra. 
Llueve… pero escampa

miércoles, 3 de abril de 2013

De Tío Conejo a Tío Tigre

Miguel Yilales 
@yilales 
En Venezuela se es vivo por sagaz o se es vivo por rufián. La viveza del venezolano es nuestro cuento del gallo pelón. Sobre ella se han escrito páginas enteras y aun no comprendemos la esencia de las mismas.
Entre nosotros hay una picardía que es propia de un individuo ingenioso, avispado, vivaracho, agudo, perspicaz, pero que actúa dentro de los límites de la honradez y la decencia.
A pesar de ello se ha desarrollado toda una cultura del más vivo. Es tan grave la situación que toda esa astucia para obtener provecho sin efectuar mayores esfuerzos algunos la ven como sana.
Pero no es esa viveza a la que nos referiremos, si no a la que simboliza en nuestro folclor Tío Conejo y a su alter ego Tío Tigre, personajes que inmortalizó en la literatura venezolana el poeta Antonio Arráiz.
Más vale maña que fuerza
Así expresado pareciese algo muy venezolano. Es que esas eran las moralejas de esas historias. Todo un código moral que se espiga en lo más profundo de nuestro ser. 
Cada vez que nuestro conejo actuaba lo hacía para imponer la razón frente a la barbarie que representaba el carnicero felino, que pretendía siempre ganar por ser mas fiero, más bravo y mas fuerte, es decir por ser todo un guapetón de barrio. Y es que el débil siempre apelará a la astucia para vencer la fuerza. 
Cuando Venezuela se bajó del caballo y dejó de hacer las guerras, parecía que entrabamos al siglo XX, pero ese inicio debió esperar porque desapareciera el tigre de aquel entonces, un taimado y muy particular tigre con forma de bagre. Por eso una generación de estudiantes debió valerse de la elección de una reina de carnaval, Beatriz, para hacerse a la calle y elevar su protesta a una tiranía que ya tenía 20 años en el poder. 
Los avances y retrocesos de la lucha entre “Tío Tigre y Tío Conejo”, o lo que es lo mismo entre “la Barbarie y la Civilización”, se van a seguir presentando a lo largo de todo el resto del siglo XX. 
Cuando otro nuevo tigre se hace del poder camuflándose en otro animal, por aquello de Los Tres Cochinitos que en triada nos gobernaba y luego, habiendo despachado a quienes sobraban, lo asume en solitario, los venezolanos debieron agruparse, actuar y hasta hacerle creer que se consolidaba en el poder con un plebiscito, para salir 40 días después a festejar su huida del poder. Es que cuando vio que ya había dejado de ser el tigre asumió el rol de conejo, aunque más de gallináceo, e hizo caso al refranero popular de que “pescuezo no retoña” y eso nos llevó a la democracia.
Es tío Tigre, no tío Conejo
La democracia se empeñó en desarrollar una Venezuela de oportunidades y progreso, y que a pesar de diferentes desatinos siempre alentó que existía un país formado por ciudadanos útiles, afables, solidarios, trabajadores, estudiosos y sobre todo capaces de salir adelante ante la adversidad, pero que a la vez permitió a un felón, traicionero, pérfido y desleal llegar al poder, envuelto en la piel del conejo. 
Un tigre permutado en conejo, que un día con recursos mediáticos y propagandísticos hizo resurgir el caudillismo, el militarismo, el nepotismo, el machismo, la corrupción, el clientelismo, el abuso, el cinismo, el centralismo, el personalismo y cuyo fin ulterior era permanecer en el poder, como en efecto lo hizo, hasta el fin de sus días. 
Es así como sus acólitos se aprovechan del aquelarre dejado por la ausencia y tratan de chulear a toda la sociedad disfrazando de demócrata a quienes, por largo, se han comportado como todo lo contario. 
Debemos unirnos para desenmascarar el juego perverso y diabólico de este nuevo “Tío Tigre”, que se disfrazará, él y el ánima de su amo, de lo que sea para asirse del poder. 
Ellos representan la barbarie del pasado, y son la antípoda de la civilización que tanto nos ha costado a los venezolanos, debemos actuar con la astucia y la viveza de la razón frente a la fuerza de la ilegalidad. 
Frente a un gobierno y a los poderes del Estado atrabiliarios porque tienen la fuerza de Tío Tigre, no nos queda otra que actuar con la astucia y viveza de Tío Conejo para alcanzar el éxito que el camino nos depara. 
Llueve… pero escampa

miércoles, 6 de marzo de 2013

Violación es violación

Miguel Yilales 
@yilales 
Muchos pensarán que en estas líneas escribiré sobre el viejo chiste de las monjas y la violación, pero no es a eso a lo que me referiré.
Normalmente hablamos de violación cuando estamos frente al crimen que se produce cuando una persona tiene contacto sexual con otra, mediante el empleo de violencias físicas o psicológicas o mediante el uso de mecanismos que anulen el consentimiento.
También se habla de violación cuando la víctima no puede dar su aquiescencia, como en los casos de incapaces mentales, menores de edad, o personas que se encuentran en estado de inconsciencia. 
El Código de Hamurabbi castigaba duramente este delito. En el antiguo Egipto la pena era la castración del atacante. La tradición dice que la violación de Lucrecia fue el punto final de la época monárquica en Roma, dando paso a la República. 
A lo largo de la historia se han dado casos de violaciones masivas de mujeres durante los conflictos bélicos. 
En la Segunda Guerra Mundial este crimen llegó a su máximo grado de expresión. Así es conocida la violación de muchas mujeres por las tropas nazis y la violación de dos millones de mujeres alemanas por los soldados soviéticos en su avance por Alemania. 
En 2011 la ONU expresó su preocupación por la elevada incidencia de violaciones contra niños y niñas durante los conflictos armados en Burundi, Chad, Cote d’Ivoire, Haití, la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, Somalia y Sudán. 
Y es a esto a lo que me referiré. En realidad trataré un asunto muy serio sobre la violación reiterativa de una adolescente de apenas 13 años. Toda una tragedia en esta Tierra de Gracia. 
Esta niña a la que me referiré fue violada por su propio padre, sus hermanos, sus tíos. Así como lo leen, por toda su familia. 
Cuando acudió buscando protección en Luisa, su vecina, esta se hizo la sorda y no creyó lo que le decía, es más fue donde los violadores y les contó lo que la niña denunciaba, diciéndoles que esos inventos debían ser castigados con mano dura. Fue violada con más saña. 
En una ocasión hasta quien no era su familiar y no la reconocía, Pedro, en las primeras de cambio también salió y la vulneró, a pesar de la brevedad en que estuvo al frente de la situación. 
Es que a diario se ha enfrentado, durante sus más de 4 mil días de nacida, a reiteradas violaciones, enfrente de todos sus amigos, familiares, vecinos y conocidos. 
Violada, ultrajada, insultada, injuriada y afrentada. Nadie ha metido la mano para ayudarla. 
Este cuento es la historia de nuestra Constitución, violada una y otra vez por Tirios y Troyanos y hoy seguimos presenciando y aceptando su violación. 
El 10 de enero, fecha en que debía ocurrir la juramentación del presidente, se decidió que era un mero formalismo. No hubo juramento. Luisa Ortega decidió que esa violación era una insignificancia. 
Muere su padre y siguen las violaciones. Ahora resulta que el Vicepresidente, que asciende por culpa de la parca, a un escalón superior no necesita desprenderse del cargo para competir en igualdad de condiciones para la presidencia de la República. Otra violación más. 
Tibisay Lucena, la garante de los procesos electorales, usa una banda en el brazo que la identifica con el oficialismo y luego pide respeto porque ella sería incapaz de estar sesgada. Otra violación más. 
Las elecciones debieran ser en 30 días continuos a partir de la falta absoluta, es decir si el presidente falleció el 5 de marzo, el proceso electivo a convocar debió ser antes del 4 de abril, pero porque cumplir si se puede violar y plantear la fecha el 14 de abril. 40 días y no 30 como lo dice la Carta Magna. 
Nos encontramos frente a un nuevo fraude. Frente a un nuevo ultraje en el que se sigue violando a la joven de 13 años. Los violadores debieran ser castrados, pero no solo los violadores sino todos aquellos que impávidamente contemplan como la siguen ultrajando. 
Debiéramos recordar que toda violación es violación. Que todo ultraje es ultraje. Que así como en la antigüedad un reino dejó de existir por una violación y dio paso a una República, hoy estamos ante la posibilidad de perder la República frente a las consuetudinarias violaciones y no podemos seguir haciéndonos la vista gorda. 
Es el momento de actuar con firmeza, reaccionar frente a las reiteradas violaciones a la Constitución, no sea que terminemos castrados, sin país, sin esperanzas y sin futuro. De nosotros dependerá. 
Llueve… pero escampa.

miércoles, 9 de enero de 2013

Carajo! No hay timón

Miguel Yilales
@yilales

El prolífico compositor argentino de música infantil Pablo Bensaya, escribió una canción que recrea la situación política venezolana. 
Bensaya se refería a una situación en la que el viento soplaba sin parar y con fuerza, las olas golpeaban el casco del buque, mientras el cielo oscuro causaba mayor temor, la tormenta se había desatado por lo que el buque se movía a voluntad, se encontraban perdidos en el mar.
Pero el problema no era el viento, las olas, la tormenta, el cielo, ni siquiera que estuviesen extraviados, el problema es que el barco estaba sin timón y los marineros corrían a llamar al capitán para que lo pusiera en su sitio.
Los que alguna vez nos hemos aventurado al mar sabemos que hay dos cosas que no deben faltar al momento de zarpar, la primera es el timón y la segunda un capitán.
Sin el timón no hay gobierno y sin capitán no hay gobierno, es decir los dos son el gobierno del barco. Sin uno de ellos se está a la deriva.
Hoy Venezuela está a la deriva, no tenemos capitán y no hay timón. El presidente, que en nuestro sistema presidencialista cumple las funciones de gobierno, se encuentra convaleciente de una enfermedad grave, que lo mantiene en cama ¿Cuál es la gravedad? Nadie lo sabe, es casi que un secreto de confesión, porque según se desprende de los brevísimos partes médicos, por cierto no avalados por ningún galeno sino por periodistas, militares, actores, autobuseros, pitonisas y demás yerbas políticas, solo se sabe que es estacionaria, es decir ni pa´tras, ni pa´lante… un día trota, camina, baila y minutos después está intubado, tiene fiebre, no respira o una infección… un día da apretones de mano y dicta misivas, suponemos que por clave Morse, y al siguiente no puede juramentarse para un nuevo período presidencial. Pero esa es la condición del capitán, la cual no deja de tener gravedad, porque en un buque siempre habrá alguien que asuma sus funciones
El problema es que el capitán se llevó el timón y los nautas que quedaron a bordo son neófitos en la materia. Están en una rebatiña para saber quien asume el control, control que por demás no podrán asumir porque ¡Carajo, no hay timón!
Las instituciones saben que vamos a la deriva, que el viento sopla sin parar, que las olas son muy grandes, que el cielo está oscuro y el barco loco, loco, loco porque no posee timón. Nos movemos a voluntad de la tormenta, estamos perdidos en el mar y todos corremos buscando al capitán para que nos devuelva el timón y poder capear el temporal. 
Si los poderes públicos, fuesen independientes o por lo menos actuaran como tal, hiciesen su trabajo, seguro nos hubiesen proveído de un capitán y de un timón de emergencia, que por cierto está en ese compendio normativo que es la Constitución, pero, a pesar de tener ese recurso para salir del aprieto y del apuro, prefieren seguir a la deriva.
Llueve, pero escampa