jueves, 27 de noviembre de 2014

Nos jugaron kikiriwiki

Miguel Yilales
@yiales
Siempre he creído en los procesos democráticos. Desde que estaba en mis años mozos, participaba en los procesos electorales que hacían en el liceo, donde llegué a ser representante a través del centro de estudiantes, en especial en una época en que ser parte de ese cuerpo, y estar en el área de influencia de la universidad primigenia del país (mi liceo está a escasas cuadras de la UCV, en la misma urbanización donde dicen que nació el que no tiene partida de nacimiento) significaba tirar piedras.
Resulta que se participaba, nos sometíamos al proceso de votación y, terminado el mismo, al escrutinio. Las papeletas eran contadas manualmente, voto a voto: unos salían para una plancha, otros para la otra, estaban los que votaban nulos y los que votaban blanco (que no tenía que ver con el otrora partido del Pan, Tierra y Trabajo), para luego determinar a cuantos no les interesaba el proceso, es decir los abstencionistas, que por cierto en esa época eran insignificantes.
En esos procesos teníamos una comisión electoral honesta, que no era parte del proceso sino garante de que la gente votara, que se cumplieran las reglas de convivencia electoral, que nadie destruyera propaganda electoral, que no votara quien no fuese alumno del liceo, garantizaban que las urnas electorales fuesen resguardadas y velaban porque no se emitieran más votos de los que eran. Es decir cumplían sus funciones y nos hacían confiar en el proceso.

Algo huele mal en Dinamarca

Todo esto viene a cuento porque después de muchos años por primera vez parecía que se iba a renovar el Poder Electoral, de acuerdo a lo que dice la constitución, es decir, con personas no vinculadas con los partidos políticos, postulados por la sociedad civil, las universidades y el Poder Ciudadano, para así tener un árbitro electoral ecuánime, equitativo y justo.
Se suponía que las cosas iban bien. El régimen cedió y aceptó que se estructurara el comité de postulaciones para designar a 3 de los 5 miembros del Consejo Nacional Electoral, pero todo no fue color de rosas.
William Shakespeare acuñó en una de sus tragedias, una frase que en política es usada cuando las cosas están mal. Resulta que antes de que Hamlet recibiera la visita del fantasma de su padre y rey de Dinamarca, a contarle sobre su asesinato, la usurpación del trono y de la relación incestuosa de su madre, un centinela dijo “algo huele mal en Dinamarca”.
Desde aquel episodio shakesperiano, en la vida política se usa esa frase para indicar cuando las cosas no marchan bien en un país por corruptelas y en eso nosotros no tenemos parangón.
Sucede que al momento de designar al comité de postulaciones comenzó el tufillo. Se designó un cuerpo que mayoritariamente simpatizaba con el gobierno. Luego las decisiones que debían tomarse por mayoría calificada, un procedimiento para que haya consenso, decidieron hacerlo por mayoría simple, con lo cual habría algunos convidados de piedra.

Y nos dejaron la baranda

Pero la renovación del órgano electoral era necesaria y había que apostar por ella, luego que en el actual período los rectores han sido denunciados por no rendir cuentas, por favorecer el ventajismo, por desestimar a priori los reclamos de la oposición, por modificar los circuitos electorales para favorecer al oficialismo, por incumplir reiteradamente lo que dice la ley, por permitir el peculado de uso en las elecciones y por cambiar los cronogramas electorales para favorecer a un sector.
Como olía mal, y no precisamente en Dinamarca, pero podía ser peor, resulta que dos de las copartícipes en todas esas irregularidades, decidieron limpiar su nombre de la percepción que tenemos la mayoría de los venezolanos, y se postularon para repetir en el Consejo, porque ahora van a actuar como un magallanero o un caraquista de umpire en una final entre Navegantes y Leones.
Cabe preguntarse ¿Qué les ofrecieron? Esa la saben ellas ¿Por qué llegamos a desconfiar de ellas? Esa la sabemos nosotros ¿Cuál va a ser su actuación futura? Esa la sabemos todos.
En la oposición las propuestas pasan por la vía electoral para cambiar la Constitución o para cambiar todo desde el parlamento y en el gobierno necesitan que la baranda del CNE, protagonista de la actual gestión, siga generando angustias antes de cada anuncio entre gallos y medianoche. Lo lamentable es que se va a remozar al CNE para hacerlo más confiable y parece que nos juegan, como se decía antes, kikiriwiki.

Llueve… pero escampa

jueves, 20 de noviembre de 2014

Venezuela… no está tan chévere

Miguel Yilales
@yilales
Definitivamente no vivo en Venezuela. He tratado de buscar cuál es el país donde me encuentro. A veces creo que unos extraterrestres marcianos, digo por lo del planeta rojo, deben habernos abducido con fines ocultos y no nos dimos cuenta.
Esto viene a cuento porque próximamente será inaugurada una feria para promocionar al país como destino turístico, lo cual me parece fantástico, porque creo en ese sector como fuente de ingresos distinta al excremento del Diablo.
El problema es que junto a la exposición ferial empezaron a difundir un video en el que aparece una promotora (espero que el teniente, capitán, diputado, presidente, animador y padre de la criatura no se ofenda por llamarla así, pero es indiscutible que su trabajo es como el de esas lindas jóvenes que lo convencen a uno en restaurantes y locales, con vestidos muy cortos, para que gaste lo que no se puede).
Resulta que el video musical que les comento, irreversiblemente es de aquí, pero no para los de aquí.
Conozco la mayoría de los parajes y locaciones usados en el video descabellado que promociona al país y me parecen maravillosos. Lo que creo irreal es que la tropa bolivariana y menos la apátrida oposición pitiyanqui pueda recorrerlos o por lo menos visitarlos.

Turismo pa’ musiú

Ir a Los Roques, Canaima y para remate a ese paraíso que es El Furrial, no lo digo en sentido despectivo sino que por ser el lugar de nacimiento de padre de la artista debe estar cercano al Olimpo, es oneroso para cualquier mortal que gane y gaste en bolívares.
Fíjense que solo con ir a uno de los destinos como Los Roques, a pasarla como la una, es decir, sin acompañante, sin comida, sin bebidas, entre pasajes y jugueticos: paseo en helicóptero, alquiler de kitesurf (para deslizarse en el agua empujado por una cometa de tracción, un deporte que practican a diario los venezolanos) y de flyboard (un jet propulsado por un chorro de agua que se compra en mi casa bien equipada y que muchos lo llevan cuando bajan a La Guaira) y lentes para el sol RayBan Aviator, un profesor universitario tendría que trabajar 24 meses continuos sin esos gastos superfluos de comer, beber, vestirse, lavar, planchar o salir a la esquina.
En el otro destino, Canaima, la cosa pintaría igual. Porque lo que no se gasta en flyboard y kytesurf se va en los 3 días con excursiones en ese paradisíaco parque nacional. Un obrero de los que ganan el sueldo mínimo más alto de Latinoamérica tendría que ahorrar en su cochinito (no me imagino el tamaño de ese receptáculo) por lo menos durante 4 años todo, todito, todo su salario, incluyendo el bono de alimentación para darse ese gusto burgués.
Claro está, siempre saldrá alguien con una explicación, que si el video es para promocionar a país afuera como el destino chévere del Caribe y no para el turismo interno y es por eso que salen todas esas banderas de los países del Alba, Mercosur, Centroamérica y el Caribe para que traigan los dólares, los cambien al mercado paralelo y les salgan unas vacaciones cheverísimas.

Luz en la calle, oscuridad en la casa

Lo que no promociona este video es que usted, amigo visitante, puede permanecer hasta 8 horas esperando un vuelo que nunca saldrá a tiempo, que le tocará esperar en el aeropuerto sin que nadie le dé una respuesta o le resarza los inconvenientes, que si pierde la conexión le tocará pedirle a María, y no precisamente la que está en Nueva York, para ver quien lo ayuda.
Por otra parte le recomiendo solicitar (no se preocupe por la inseguridad que ya un diputado con experiencia policial solucionó eso) llegar en la noche para que así vea el hermoso nacimiento viviente que es Caracas con sus lucecitas encendidas, que disimulan el cinturón de miseria que la rodea, por cierto muy disminuido desde que la Misión Vivienda empezó a entregar apartamentos y los ranchos quedaron abandonados.
El problema no es que Venezuela no sea un país para querer, tenga parajes hermosos o su gente sea maravillosa, el asunto es que la realidad es diferente a lo que se pretende mostrar, a menos que usted sea millonario o esté enchufado en este bochinche que es la revolución bonita.
Aquí sigue campante la violencia, la inseguridad, la impunidad, la miseria, las pandemias y la inflación, mientras a algunos solo les importa promocionar a sus herederos, a los demás nos toca sufrir y padecer, ahora pagando más impuestos, para que estos virtuosos de la honradez hagan sus millonarios y chéveres negocios.

Llueve… pero escampa

jueves, 6 de noviembre de 2014

Bienvenidos a la Isla de la Fantasía

Miguel Yilales
@yilales
En esta oportunidad quisiera hablar de una isla en que los sueños se hacen realidad. Por supuesto que no me referiré a un país insular del Caribe, asentado en el mar de las Antillas, cuya forma de gobierno es el fracasado socialismo.
En la de mi cuento los turistas de cualquier origen social podían vivir sus fantasías y hacerlas realidad, en cambio en la caribeña la gente prefiere lanzarse al charco en rudimentarias y artesanales embarcaciones en búsqueda de la libertad.
Hacia 1978, cuando en la Venezuela saudita no apreciábamos lo que teníamos, supimos a través del enigmático anfitrión de una isla misteriosa del Océano Pacífico, que la gente podía cumplir sus fantasías.
De verdad que me imagino a un venezolano de esa época, montándose en un hidroavión para viajar hasta el Pacífico y al salir de la aeronave escuchar al anfitrión diciéndole a su ayudante la naturaleza de la fantasía: “este militar venezolano quiere viajar al futuro en el país más prospero de América y convertirlo en un paraíso de pedigüeños, donde nadie trabaje y se premie la vagancia. Para eso está dispuesto a derrochar el oro negro y endeudar al país a montos inimaginables. Y quiere que tú estés al frente del Parlamento y que yo sea su ministro y, eventualmente, su sucesor”.
A continuación, Roarke le dio la bienvenida, al levantar su copa y decir: "Mi estimado Tribilín, yo soy el Sr. Roarke, tu anfitrión. Bienvenido a la Isla de la Fantasía".

Jefe, jefe… el avión, el avión

Ahora se el porqué en la actualidad a nuestro Tatoo, le ha dado por encaramarse en tarimas, campanarios, escenarios y para usted de contar, a decirle a Roarke “jefe, jefe… el avión, el avión”, palabra que puede ser sustituida por los cauchos, el aceite o la comida, con tal de no sufrir el mismo destino del ministro de seguridad de la isla, que fue cesanteado porque la fantasía de un escudero de la revolución se escapó de control.
Esa es la única manera de entender como luego de destruir todo el aparato productivo, generar la inflación más alta del mundo, dilapidar miles de millones de ingresos petroleros, con anaqueles vacíos y muchas penurias para conseguir la cesta básica, la gente ande feliz como una lombriz.
Además de que otra forma, que no fuese por la capacidad del encantador de serpiente que lo precedió o de lo sobrenatural de sus aparentes poderes habilitantes, podrían este señor Roarke y su menudo amigo Tatoo, gobernar en medio de los micro Estados espurios que hacen vida en el país (confieso que la clasificación es de Werner Corrales): primeramente el de los colectivos quienes ejercen el control de la seguridad en barrios y control político en la ciudad; el de los pranes, amos y señores de los penales venezolanos, quienes en connivencia con las fuerzas públicas intervienen en secuestros, tráfico de drogas y bailantas, ahora justificadas, según el Sonero del Mundo, porque contrato es contrato; el cártel de los soles, esa ilegítima alianza entre las bandas internacionales de la droga y armas con generales, que tumba aviones sin víctimas y les meten toneladas de drogas sin que las detecten y finalmente la banda de ministros que tienen adscritas en sus despachos, esposas, hijas, niñeras, sin importarles el nepotismo o que se guarden las formas.

Nada de isla, nada de fantasía

Si esto no es lo más parecido a una isla (y no de la fantasía) no se que puede ser: con control de dólares para los viajeros, líneas aéreas obligadas a vender boletos a bolívares, so pena de ser cerradas, clausuradas y hasta expulsadas, con enfermedades tropicales erradicadas del mundo como la malaria y el dengue y con un hospital de campaña contra el ébola en el aeropuerto de La Carlota, con la particularidad de que esta terminal no es internacional, a menos que sea para uso de PDVSA Airlines y sus revolucionarios viajeros.
Lamentablemente nuestros criollos Roarke y Tatoo, a diferencia de los personajes que interpretaban Ricardo Montalbán y Hervé Villechaize, no hacen el bien y solo aspiran permanecer en el poder así arruinen al país, es que ellos pueden administrar el desierto del Sahara y gobernar los 7 mares y de seguro en meses escasea la arena y se secan las playas.
En Venezuela Gómez tuvo la isla del Burro y Pérez Jiménez uso a Guasina para detener a los presos políticos, no permitamos que conviertan a todo el país en una isla: aislada, saqueada por sanguijuelas y con todos presos a la espera de la próxima balsa.

Llueve… pero escampa

miércoles, 29 de octubre de 2014

De Nanny a Pranny

Miguel Yilales
@yilales
Recuerdo que en mi infancia, mis padres siempre tenían una muchacha que los ayudaba, luego esa costumbre fue desapareciendo, bien porque las condiciones económicas cambiaron o porque habíamos crecido. Nunca la llamamos servicio, mucama o niñera porque en esa época, ellas eran parte de la familia.
En las entrevistas de empleo nunca les preguntaron ¿Manejo de armas de fuego y armas blancas? ¿Experiencia adoctrinando niños? ¿Dispuesta a obedecer sin preguntar?
En mi memoria aún está fresco que mi vecina, una ocumareña a quien quise como una tía, vivía con su nana, una hermosa negra (ni se me ocurriría decirle afrodescendiente), jovial, respetuosa, cariñosa, caraquista y quien me preparaba 9 arepas cada vez que blanqueban a mi equipo. Me hizo reír, llorar y bailar pero nunca necesitó o usó arma alguna para que la respetase.
Todo esto viene a cuento porque resulta que una revolucionaria empleada de un ministro socialista, protector de Miranda y que muchos recuerdan por el uso de la capucha cuando era universitario, la capturaron en un aeropuerto brasileño por llevar un arma en su equipaje.

Más fiel que Rintintin

En las primeras de cambio, muchos conjeturamos que el arma encontrada a la infortunada nodriza era parte de los mecanismos de persuasión que empleaba con los ministeriales niños, todo acorde con los nuevos manuales de psicología infantil, revolucionaria, socialista y chavista.
Y de no ser eso de seguro tiene que ver con el proceso de formación temprana de los defensores de la Revolución, porque no cabe la menor duda de que en algún momento deben iniciarse, pistola en mano, los que saldrán a combatir la invasión yanqui.
Lo que sorprende es que según la versión de la niñera su misión era llevar el maletín porque la mandó su jefe, con lo cual pudo haber transportado drogas, dólares, explosivos u otros elementos que se encontrasen escondidos en la maleta y terminar siendo la mula, sin ánimo de ofenderla, del ministro.
Uno no termina de entender qué hace un revolucionario ministro, no con una niñera para sus infantes, ya que a pesar de parecer un lujo burgués puede ser su cuota de contribución a la disminución del desempleo, sino con armas (de ser suya) como alegaron.
De verdad imaginaba que todos estos pacifistas revolucionarios habían cumplido con el “Plan Desarme” propuesto por el ministro justiciero (no porque pertenezca a la tolda amarilla) quien garantizaría la seguridad de todos los venezolanos con cuerpos policiales entrenados y respetuosos de los derechos humanos, luego que todos entregaran las armas.
Sin embargo hay que reconocerle al desencapuchado ministro que sí bien es cierto tener una niñera no es muy revolucionario, no sea un Caballo de Troya uribista, apátrida y pitiyanqui como el que le metieron a un diputado en su círculo íntimo (de seguridad por supuesto), él pudiese estar optimizando los recursos, al crear un nuevo oficio: la niñera-escolta.

En la IV y en la V

A principios del siglo pasado el que dirigía los destinos del Venezuela como si fuese su hacienda particular, en un acto de gobierno, inauguró la aviación civil y militar en Venezuela, años después el otro que vio al país como su patio trasero, en un acto de demagogia, salió de los aviones de PDVSA por ser un foco de corrupción que venía de la IV República, con lo cual no quiero insinuar que no hayamos salido de la IV o que la V sea más de la misma miasma.
Ahora que la estatal petrolera es roja, rojita y el trabajo comunal y transformacional del país se lo encargaron al cesanteado de Cancillería, de seguro que el uso de los aviones oficiales para trasladar a una niñera no es peculado de uso, sino un interés superior del Estado.
Hace algunos años la única niñera que veíamos por ahí, salía en televisión. Fran Fine una encantadora y simpática residente de Queens, que por accidente se convirtió en la niñera de tres niños de un productor de Broadway, Maxwell Sheffield, con quien termina casada.
Sabemos que el ministro no produce nada (por supuesto que me refiero a espectáculos en Broadway, a menos que sea una especie de Andrew Lloyd Webber revolucionario y trabaje en el montaje de Rats en lugar de Cats), no es de la clase alta neoyorquina (aunque le ha dado por los gustos de la 5th Avenue) y menos insinuamos que vaya a terminar casado con la niñera, aunque no se sabe que puede pasar en este “sitcom” revolucionario, en que la Nanny termine convertida en una Pran-ny de una cárcel brasileña.

Llueve… pero escampa

jueves, 23 de octubre de 2014

El gran chismoso de la revolución

Miguel Yilales
@yilales
Al tratar sobre el bien y el mal que nos rodea, nos encontramos con personajes detestables, infames y malévolos. En algunos casos los reconocemos como parte de los ignominiosos, son su complemento.
No podríamos imaginar la película Aladdín sin el traicionero, intrigante, envidioso y cruel cómplice de Jafar: el loro Iago; a Maléfica encontrando a Aurora sin la ayuda de su fiel y amado cuervo Diablo, a Cruela de Vil ayudada por los ineptos Horacio y Gaspar o a Lucifer acosando a los inofensivos ratones que ayudaban a Cenicienta. Si bien no eran los maléficos principales, la trama no hubiese sido posible sin su concurso.
Es como en nuestra política cotidiana, donde los villanos principales han estado rodeados de personajes siniestros capaces de todo con tal de disfrutar las mieles del poder. Movidos sibilinamente para intrigar, mentir, engañar y chismear son unos reptiles equiparables con aquel que convenció a Eva para que comiera el fruto prohibido y de paso embaucara a Adán.
Y aunque sabemos que estos males no son exclusivos de esta época, preocupa que no hayamos aprendido en el tiempo y que nuestra sociedad y sus instituciones estén cimentadas en antivalores, exacerbados por quienes autoproclamados salvadores, terminan perforando el casco del navío para ver qué pasa y cuando se hunda abandonarlo como lo hacen las ratas.

Nunca investigó, solo denunció

Decía Kapuschinski que había profesiones para las que, normalmente, se iba a la universidad, se obtenía un título y ahí se acaba el estudio, para luego administrar lo aprendido durante el resto de la vida, pero que en el periodismo la actualización y el estudio constantes era una conditio sine qua non, ya que el trabajo consistía en investigar.
Pero en Venezuela hay algunas individualidades que han desvirtuado la noble labor del ejercicio del periodismo, y creen que se basa en la intriga y el chisme.
Pero la culpa no es del ciego sino de quien le da el garrote y en nuestro caso son los ciudadanos los que contribuyen a que personajes infames tengan el poder y la preponderancia que no se merecen.
El profesor Hugo Grossio siempre expresaba que los venezolanos teníamos una corta memoria política y esa aseveración nunca ha dejado de ser cierta, por lo que hay que recordar el pasado.
Durante la década de los 70 se presentó en Venezuela un gran escándalo de corrupción. El gobierno de turno adquirió con sobreprecio un buque refrigerante y había decidido regalarle a un país sin salida al mar otro buque (hay quienes creen que era el mismo barco, pero no es así), algo así como sí ahora el gobierno comprase plantas eléctricas, aviones o carros y decidiese enviarlos al mismo país sin salida al mar o una isla caribeña.
Cuando en el país había un parlamento capaz de investigar, se genero un debate político sobre sí se debía enjuiciar y llevar a la cárcel al presidente. Se trataba de determinar su responsabilidad política y administrativa y en el momento crucial apareció un personaje con el voto salvador.
En la época se especulaba cuanto había costado ese voto o que favores pagaba, lo cierto es que el personaje de marras hoy se comporta, entendiendo “un hoy” que tiene 16 años, como sí nunca hubiera formado parte del statu quo venezolano.

Un fin: su beneficio particular

Este personajillo (porque nunca fue, es o será un personaje), pontificaba, y aun lo hace, sobre lo humano y lo divino. Sí le tocaba ser candidato se disfrazaba de José Gregorio Hernández; sí se transmutaba en denunciante era un ventilador que llenaba de detritus sin importar nada, ni nadie; sí le tocaba perseguir a los corruptos que cayeran todos, menos los que contrataron a su chilena esposa (él era ministro de la Defensa) para que, con recursos del Estado, instalara esculturas en las instalaciones militares.
Luego de haber sido vicepresidente, ministro de defensa y canciller cree que es una voz imparcial para acusar a inocentes sin presentar pruebas. Experto en intrigar y en chismear nunca se hizo responsable por lo que decía. Siempre actuó con inteligencia, astucia y de forma oculta para conseguir un determinado fin: su beneficio particular.
Sí fuésemos un país serio, que no lo somos, este señor estaría en pantuflas cuidando a sus nietos, nadie le creería ni el Padre Nuestro de rodillas, sus cuentos no tendrían credibilidad y todos sabríamos que de sus columnas marcianas o de su bodrio televisivo solo salen chismes e intrigas revolucionarias.

Llueve… pero escampa

jueves, 16 de octubre de 2014

Los villanos de la revolución bonita

Miguel Yilales
@yilales
Desde pequeños nos inculcaban los conceptos del bien y el mal, con valores y principios apegados a esa concepción.
Aunque hay quienes argumentan que todo es relativo, la mayoría de las filosofías propugnan la coexistencia del bien y del mal y que no puede haber ninguna cosa “buena” a menos que haya una “mala” o viceversa.
Entre esos conceptos, también nos enseñaban algunas ideas, aceptadas por la mayoría, sobre como son los héroes y los villanos. Y es precisamente de estos de los que hablaremos.
Según los estereotipos, resulta que un villano es por definición una persona malvada, que se viste con elegantes trajes oscuros, usa bigote acicalado, tiene una expresión facial perpetuamente enfadada, con una risa malvada, voz estirada y aduladora, y un arrogante exceso de confianza en sí mismo que le lleva a explicar innecesariamente sus siniestros planes. Un villano es visualmente siniestro.
Imaginemos a un personaje con bigotes, trajeado de negro, con una expresión de enfado, con voz estirada y arrogante en exceso y que las puestas en escena son tan burdas que siempre descubrimos sus planes: et voilà tenemos a Pierre Nodoyuna (de seguro alguien pensó en otro con igual descripción).

¡Haz algo, Patán!

Recuerdo que Pierre era un espigado hombre de bigote que siempre se hacía acompañar por un perro, no muy fiel. Nodoyuna no lograba ningún objetivo y su secuaz Patán, así se llamaba el regordete perro con mucho pelo (si fuese humano diría que con mucho cabello, pero no quiero que piensen que hago referencia a alguien en particular), se burlaba con una risita asmática por la mala pata de su jefe circunstancial.
Seguro estoy que ese programa de Hanna-Barbera no pasaría los controles de Conatel, quien abriría una investigación, con multa por delante, al presumir una tentativa de burla contra las autoridades nacionales y la patria.
Claro sería una investigación infundada toda vez que a Pierre Nodoyuna nadie lo increpó para que hiciese algo y él nunca atinó a responder ¿qué quieres tú que yo haga? Además por los lados de Miraflores nunca se ha escuchado: “¡Rayos! ¡Maldición! Sacre Bleu! ¡No hay deguecho (menos con acento cubano o colombiano)!”, para rematar con “¡Haz algo, Patán!”.
Unos años después, Pierre y Patán fueron cambiados por unos ratones, alterados genéticamente, que aunque no eran villanos, siempre trataban de conquistar al mundo.
Ellos eran Cerebro y Pinky: el primero, un roedor gordo, muy gordo, cabezón, que aparentaba gran inteligencia y deseos de conquista mundial, que debido a su tamaño tenía complejo de Napoleón y todo lo dirigía como un militar chambón; el otro ratón, también manipulado genéticamente aunque menos inteligente que Cerebro, era alto y con una expresión de muecas indescifrables.
Uno se imaginaría a estos dos personajes en la vida real, noche, tras noche planificando, así sea dando con un mazo, para ¡Tratar de conquistar al mundo!

Fracaso tras fracaso

Los invito a figurarse (con la voz de Cerebro explicándole a Pinky) los planes para la conquista mundial, que en sus ratoniles mentes pueden limitarse a un país petrolero: Vamos a aprobar un exiguo presupuesto universitario para que los estudiantes protesten y justifiquemos la represión policial y el empleo de los colectivos y además capturemos a un estudiante, le violamos sus derechos humanos mediante una golpiza en la cárcel donde lo metamos, para enviarlo a recuperar a una unidad de cuidados intensivos, solo para sembrar el terror.
Asimismo se les podría haber ocurrido detener a una tuitera irreverente para amedrentar a quienes osen alzar su voz; filtrar una fotografía de la morgue de Bello Monte para salir a perseguir a los periodistas o televisar un enfrentamiento entre bandas.
Sí Disney, Marvel, DC Comics y Hanna-Barbera tienen villanos, una revolución de comiquita no podía quedarse atrás.
Llámense Pierre Nodoyuna, Patán, Pinky o Cerebro, los infames del siglo XXI resaltan por la falta de moral, bondad, caridad o afecto por nuestro país y quienes vivimos en él, y aunque sabemos que sus planes están condenados al fracaso por inviables, porque se acaba la plata o por su mala suerte, nos duele lo dilapidado: tiempo, exiliados y vidas.
Decía Martí que la honra podía ser mancillada, la justicia vendida, todo desgarrado, pero que la noción del bien no naufragaba, y en nuestro caso será así gracias a la valentía y al heroísmo de los ciudadanos que derrotaremos a estos villanos.

Llueve… pero escampa

jueves, 9 de octubre de 2014

La gran conspiración: objetivo Venezuela

Miguel Yilales
@yilales
En el mundo no salimos de una teoría conspirativa para entrar en otra, y Venezuela no es la excepción. Siempre existe un grupo de personas y organizaciones que están tras malvados pasos y, por supuesto, detrás de todos los sucesos para obtener un beneficio personal.
La hipótesis general de las teorías conspirativas es que todos los sucesos importantes en la historia han sido controlados por manipuladores que organizan los acontecimientos desde atrás de escena y con motivos nefastos o, por lo menos, egoístas.
Esas actividades por su naturaleza son secretas, encubiertas, ocultadas del dominio público y necesitan a un grupo secreto muy poderoso, extenso, de larga duración, generalmente, malintencionado, con poder político y económico que manipulen los sucesos, comúnmente de importancia política, social, económica o histórica, para obtener el resultado que desean.
En esa aldea global, cada vez más pequeña, de McLuhan, las teorías conspirativas se pueden propagar más rápido que nunca. Existen miles de sitios Web, dedicados a revelar conspiraciones sobre cualquier cosa, desde el asesinato de Kennedy, pasando por el bombardeo a Pearl Harbor, la muerte de la Princesa Diana hasta quién construyó realmente las pirámides en Egipto.

Pura especulación

De esas teorías conspirativas unas tienen fundamento y otras son traídas por el cabello (juro que no tiene nada que ver con ese dechado de bondad, piedad y misericordia que dirige la Asamblea Nacional y que confesó sentirse amenazado en este país de Cheverito).
Hay quienes aseguran que en Nevada hay un área secreta donde ocultan extraterrestres, que el hombre nunca llegó a la luna y todo se trató de una puesta en escena de Hollywood o que al líder supremo y eterno, me refiero a Bolívar aunque pudiéramos decir que es otro, le inocularon una enfermedad para beneficiar a unos traidores que se quedaron con el poder luego de su muerte.
Llegado a este punto creo que pudiera aventurarme a trazar también otras conjeturas conspirativas: imaginemos a un país pequeño pero con grandes riquezas petroleras, que entre sus estrategias geopolíticas decidió ser el contrapeso de un imperio y cuyo líder intergaláctico murió de una extraña enfermedad que sería investigada por científicos del mundo ante la posibilidad de envenenamiento.
En esas condiciones uno conjetura que el heredero del supremo y eterno líder, desconfía hasta de su sombra y no se le ocurriría ir al territorio de su enemigo a pasear agarrado de manos de su primera combatiente y de su diplomática hermana putativa, no vaya a ser que el líder afrodescendiente de la sociedad secreta que conspira para derrocarlo le contagie una gripe o que en un dispendioso bacanal traten de envenenarlo con el carpaccio de lomito, el ravioli con caviar o el pez espada con mermelada de champagne.
Ahora entiendo, y estoy metiéndome en el terreno de la especulación, porque los revolucionarios diputados andan rodeados de escoltas, guardaespaldas y tienen varios asistentes que viven con ellos y son capaces de probar la comida antes que su mentor (dicen que Tarazona probaba la comida y dormía frente a la puerta del dormitorio de Gómez) por la amenaza del paramilitarismo mundial liderado por un cachaco, cachorro del imperio y aliado de la derecha apátrida venezolana.

Una verdadera amenaza

Todos los revolucionarios saben que está en marcha una amenaza de la derecha global desde que mandaron al otro lado a un fiscal de la República, además lograron llegar hasta un exjefe policial, entrenado en el uso de armas y en la defensa personal (así usara un ceñido traje de baño), manipulando su GPS para que se perdiera y llegara a un sector donde lo esperaba una banda de zagaletones para que lo ultimara.
Los tentáculos de la extrema derecha son tan perversos y extensos que pueden convertir, de la noche a la mañana, a un revolucionario a carta cabal en un delincuente o infiltrar a un colectivo de paz, en realidad una célula del paramilitarismo colombiano, para que conspire desde adentro y acabe a tiros con el proceso que salvará a la humanidad.
Sí en el país que vivimos está bajo una constante amenaza desde hace 16 años (según los que desgobiernan) y las conspiraciones son develadas por nuestros eficientes sistemas de inteligencia antes de iniciar las investigaciones, uno no entiende como no se han evitado, a menos que estemos ante una verdadera conspiración, al estilo Delia Fiallo, para perpetuarse en el poder.

Llueve… pero escampa