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martes, 23 de abril de 2019

Sin honor no hay paraíso

Por Miguel Yilales
@yilales
Pareciera que el honor, la rectitud, la dignidad y el decoro se fueron de farra en Latinoamérica. En las iglesias tropezamos con pederastas, votos incumplidos, terroristas en nombre de la religión y guías de la fe que pierden el norte para dedicarse a los placeres mundanos de sus relaciones políticas; en la política nos encontramos, en el poder y en la oposición, que la mentira, el engaño, la corrupción y la injusticia son el leitmotiv; vemos a padres que justifican que sus hijos lleguen a casa con un lápiz que no les pertenece; a jóvenes que se copian en un examen porque no estudiaron y a maestros displicentes con el plagio descarado.
El deterioro es tan descomunal que acabamos de protagonizar el más grande entramado de corrupción desde la llegada de Colón, donde los gobiernos de esta parte del mundo mandaron por el retrete su argumento más manido, la soberanía, para arrodillarse ante una empresa que emponzoñó la gestión pública de numerosos países para ponerlos al servicio de la tiranía castrocomunista, del Foro de Sao Paulo y de la putrefacta izquierda internacional.
Porque debemos tener claro que Odebrecht no hubiese existido sin Fidel y Raúl Castro con su poder para erotizar a los eunucos políticos latinoamericanos, sin Lula con su capacidad para simular honestidad cuando en realidad era un pillo de siete suelas, sin Chávez con sus petrodólares para comprar gobiernos, manipular procesos electorales e impulsar presidentes fantoches y sin el concurso de muchos bodoques sin moral que se entregaron a los tentáculos del mal para llenar sus bolsillos con dinero mal habido.
Lupanar de casquivanos
Es qué, cuando no hay decencia ni vergüenza, los atajos están a la vuelta de la esquina y evadir las responsabilidades es el camino expedito para la impunidad. Por ello los politicastros latinoamericanos se agarran de los clichés que justifiquen la toma del poder, mienten y engañan a los más incautos, se justifican con que el tiempo lo borra todo, critican el populismo mientras hacen más populismo y aseveran que la probidad está “periclitada”.
Estos rastreros y malintencionados politiqueros han pretendido tapar sus desaciertos al ritmo del salto la talanquera, al compás del cambio de partido y con la cadencia de cualquier rebatiña que los aferren al poder: hoy son progobierno y mañana despotrican de la tiranía que construyeron; ayer clamaban por más socialismo mientras robaban para darse vida de sibarita en Nueva York, Roma o París y hoy se presentan como la gran solución capitalista; antes eran de izquierda, luego alzaron el vuelo para incorporarse al centro y terminarán abjurando de lo que no huela a derecha.
Frente a esa mayoría de casquivanos, que ha incursionado en los asuntos públicos del continente, para convertir la política en su lupanar particular tenemos atisbos de honra que deben llamarnos a la reflexión profunda. Para un verdadero líder los únicos caminos son enfrentar la justicia para demostrar su inocencia y en caso de retaliación de sus propios compañeros (que no perdonan aciertos ni que, a pesar de los desaciertos, mantenga popularidad) ir a la cárcel o inmolarse para evitar convertirse en el premio que las hienas despiadadas y salvajes exhibirán por la gradería de la deshonra.
Impera la ignominia
Ante la decisión del expresidente peruano Alan García de no permitir que “lo humillaran, lo expusieran al escarnio y lo vejaran, a la luz del odio repetido y de los rumores infundados”, hubo quienes de inmediato lo tildaron de cobarde por no asumir las consecuencias de sus actos, aseveraron que de antemano había aceptado su culpabilidad, que había sido impulsivo al no dejar que actuara la justicia y lo acusaron de ser un bicho raro con ínfulas de guerrero japonés, donde el harakiri tiene cabida, dentro de una acomodaticia cultura occidental.
Solo el escrutador tiempo permitirá formar un juicio justo sobre la decisión de Alan García. No debió haber sido fácil pero sí pensada, meditada y planificada con anterioridad, según se desprende de su última proclama, que despejó dudas y puso a más de uno en su lugar. En tiempos en que impera la ignominia necesitamos más decoro, ahora cuando manda la mentira clamamos por más verdad, ante el dominio del dolo se hace obligatorio el pudor y hoy en día cuando la riqueza fácil es preferible al trabajo honesto es cuando más falta hacen políticos que cumplan su palabra porque sin honor no hay paraíso.
Llueve... pero escampa

miércoles, 17 de octubre de 2018

Los genes de la maldad

Por Miguel Yilales 
@yilales
La genética es una disciplina científica seria. Desde que Mendel iniciase su estudio, sabemos que hay rasgos que se transmiten de los padres a los hijos, de los abuelos a los nietos y de generación en generación. Es tan así que en el refranero popular hay muchas menciones a las condiciones heredadas: de tal palo, tal astilla; hijo de gato, caza ratón; lo que se hereda no se hurta; la cabra siempre tira pa’l monte...
Lo cierto es que la herencia da para mucho. Incluso el humorista, caricaturista y periodista Leoncio Martínez escribió un sainete en un acto donde trataba el tema. En su obra teatral “El salto atrás”, llena de situaciones hilarantes, hablaba del horror de una familia venezolana de la época colonial, que se cree con abolengo pero ¡Oh, desgracia!... el bebé de la niña de la casa nació negrito a pesar “de que el padre es alemán y la mamá tan blanca como la nieve”. Desde esa época se comenzó a hablar del salto atrás para referirse, de forma despectiva, a las rasgos no esperados y para contrarrestar a las suegras que torturaban a las nueras con aquello de los hijos de mis hijas mis nietos son, los de mis hijos no sé si son. Es que el legado es el legado.
Incluso hay una disciplina que estudia las influencias ambientales y del comportamiento para explicar la herencia de rasgos y desórdenes del comportamiento en los humanos. Es que así como se hereda lo bueno, de seguro también se puede heredar lo malo.
Delincuentes con poder
Fíjense que hace algunos años tuvimos entre nosotros un pésimo personaje que se jactaba de ser descendiente directo de un cuatrero desalmado (Maisanta) y en consecuencia, en su actuar político y quizás por genética, desfalcó al país como un forajido de siete suelas y es posible que esa sea la causa por la que Jorge y Delcy se hayan dedicado a la misma práctica de su padre para obtener una prebenda porque desde los diferentes cargos ocupados han convalidado y justificado los raptos de Estado.
Antes de estos 20 años sabíamos que los secuestros, como el de Niehous, lo realizaban grupos irregulares y facinerosos con fines políticos o económicos pero ahora es una práctica que ejecutan los propios organismos policiales del Estado en franca violación a las más elementales normas de los derechos humanos. Cuando el régimen detiene sin orden judicial a un concejal, no lo presenta en tribunales en el lapso que corresponde, estando en custodia, por ser más peligroso que Osama Bin Laden, supuestamente se les “suicida” lanzándose de un décimo piso y el certificado de fallecimiento lo rubrica uno de esos que por la cadena de eventos de la defunción de seguro puede ser un buen camillero pero nunca un galeno, se sabe que estamos ante una desaparición forzosa de las que tanto se quejaban los que hoy están en el poder.
O si nos percatamos que un joven venezolano lo confinan 4 años, le difieren más de 56 veces la audiencia de presentación, no le permiten las visitas familiares, lo usan como mercancía de negociación y, cuando las cosas se les ponen color de hormiga, lo liberan de su cautiverio y lo expatrían como una medida de gracia sabemos que vivimos otro episodio de denegación de justicia, de ausencia de independencia de Poderes y de abuso del poder por parte de una tiranía que poco o nada le importa guardar las más mínimas apariencias.
Código genético putrefacto
Es que desde que Hugo Chávez llegó al poder y, ahora que su hijo putativo Nicolás Maduro lleva más de 5 años usufructuándolo, la delincuencia con poder ha estado a la orden del día y se han convertido en prácticas de Estado las desapariciones forzosas, los secuestros políticos, los allanamientos extrajudiciales, la violación a las derechos, la encarcelación sin juicio justo, el ruleteo judicial, las sentencias plagadas de vicios en los que la jurisprudencia del derecho, el Código Penal y la Constitución han terminado enrolladas para ser usadas como papel higiénico. Además ahora debemos sumar el destierro.
Los casos de Lorent Saleh y Fernando Albán son las últimas evidencias de que lamentablemente en Venezuela estamos en manos de secuestradores, delincuentes, mafiosos, contrabandistas, narcotraficantes, violadores de derechos humanos, déspotas, autócratas, asesinos y desalmados que no piensan entregar el poder porque para Nicolás, Jorge, Diosdado, Delcy y pare usted de contar, la maldad está impresa en su código genético desde que irrumpieron en la política venezolana.
Llueve... pero escampa

domingo, 8 de octubre de 2017

Votar o no votar... no es el dilema

Por Miguel Yilales
@yilales
En política, y más en la criolla, todo se mide en traiciones, traidores y traicionados. Al buscar cualquier capítulo de nuestra historia encontraremos quienes los explican desde esa acera. Es que resulta más sencillo tomar el atajo de justificar los errores o los aciertos si se tilda a los demás con el epíteto de traidores.
Por esa vía tenemos que Francisco de Miranda traicionó la independencia al capitular frente a Monteverde cuando todo estaba perdido, Bolívar traicionó a Miranda al entregarlo y salvarse con un salvoconducto que lo llevó a Cartagena de Indias aunque muy pocos mencionan que todo comenzó cuando en medio de la juerga, eso que hoy llaman echarse palos, perdió el Castillo San Felipe en Puerto Cabello, José Antonio Páez traicionó al Libertador aunque, en honor a la verdad, somos venezolanos gracias a la Cosiata y a la separación de Colombia. El resto del siglo XIX se midió en traiciones entre conservadores y liberales.
El siglo siguiente no fue diferente. El andino Gómez traicionó a su compadre y paisano Castro cuando este se fue a Europa a operarse de la próstata, Betancourt le metió su zancadilla a los militares en el 45 y estos le devolvieron la trastada pero al otro Rómulo, dicen que Pérez Jiménez se llevó por los cachos a su compañero de armas, que Carlos Andrés Pérez siempre estuvo rodeado de traiciones y conspiraciones hasta en su propio partido, que los comunistas venezolanos se fueron a las armas para traicionar a todos y que al final los militares terminaron conspirando entre ellos mismos para quedarse con el poder e instaurar una ineptocracia, narcotraficante, revolucionaria, socialista y profundamente chavista.
Traidores y sus traiciones
Dos de los más grandes ciudadanos de la historia, según mi humilde opinión, fueron acusados de traidores por su accionar político: uno saltó la talanquera en algunas ocasiones y fue electo al Parlamento Británico como representante de los conservadores y de los liberales y el otro fue presidente en dos ocasiones, acusado de asesino de estudiantes (que en realidad eran combatientes alzados en armas y asaltantes de cuarteles que no fueron recibidos con confeti) y de haber asaltado el erario aunque al morir sus millones sólo se encontraron en su obra escrita, en sus prolíficos artículos periodísticos, en su magnífica colección epistolar y por haber pensado, ideado y construido una sociedad con conciencia política.
Fíjense que en la actual coyuntura política, que ya llega a la mayoría de edad, aún hay quienes en lugar de proponer acciones coherentes se van por las ramas y se quedan en manipulaciones banales tales como que ejercer o no el derecho al voto (dependiendo del interlocutor) es un acto de traición porque todo se circunscribe a catalogar a los demás de Judas y a sus ejecutorias de traiciones.
Hay quienes aseveran que sí votas eres un desleal que se ha confabulado con las cúpulas podridas de los partidos políticos para darle una bombona de oxígeno a un régimen moribundo, aunque haya muertos que gocen de  salud, en especial si esta apoyado en las armas, de ipso facto te transmutas en un infiltrado en la lucha que se libró desde abril sin importar que esta no se limite exclusivamente a solo 4 meses ni que lleves confrontando a los chavistas desde su génesis en 1992 y además, por arte de magia, cometes felonía con el sacrificio de los presos políticos como si la abstención los fuese a dejar en libertad, con los asesinados por los organismos de seguridad del Estado como si estos no se remontaran a la incursión armada de Hugo Chávez y su caterva de delincuentes y con la diáspora que emigró en búsqueda de un futuro como si su sacrificio, que lo es, fuese el único cuantificable.
Nada de dilemas
Es que a nosotros se nos hace más fácil encontrarle lógica a los planteamientos viscerales que a los argumentos intelectuales. El sistema electoral venezolano está diseñado para que la mayor minoría sea la que decida. El voto es un derecho (voluntario) y no un deber (obligación) por lo que la abstención, el voto nulo y el voto blanco no tiene la efectividad de otros sistemas, no hay doble vuelta electoral que obligue a coaliciones, no funciona el sistema de la mayoría ni se requiere mínimos de participación para que sea legal una elección. En esas condiciones solo queda participar para que otros no decidan por ti... lo demás son pendejadas dilemáticas  entre votar y no votar.

Llueve... pero escampa

lunes, 7 de agosto de 2017

Colorín, colorado...

Por Miguel Yilales

@yilales

Desde que el régimen de Nicolás Maduro decidió que a troche y mocha debía instaurar su ilegítima Asamblea Nacional Comunista (ANC) se plantearon que para lograr ese objetivo: primeramente manipularían la data a través del carnet de la patria, en segunda instancia que debían amenazar a todo el que recibiese las migajas sociales del régimen para que fuesen a votar y finalmente que activarían ese mamotreto que ellos llaman partido político para que se valiera de los múltiples cedulados, la usurpación de identidades de electores fallecidos y la sustitución de migrantes a los que no se les ha permitido actualizar su dirección.

La realidad fue que al final del día, sin ningún prurito, la madama que regenta la mancebía en que se ha convertido el ministerio electoral anunció el número que tenía previsto así solo hubiesen participado los candidatos y sus familiares, por cierto creo que fue lo ocurrido si consideramos la esmirriada asistencia a los centros electorales. El fraude fue tan burdo que desecharon el balcón del pueblo y decidieron hacer una reunión de amigos en la plaza Bolívar de Caracas que no pudieron llenar ni con los múltiples escoltas ni con Los Gremlins que supuestamente fueron a votar.


A partir de ese momento y luego de develado tan descomunal fraude, ver la conchupancia de los poderes públicos para contribuir a la trampa electoral y la irresponsable actitud de los militares de apañar el timo cometido, me había planteado, sin apasionamientos, escribir mis consideraciones sobre si la oposición debía o no participar en las elecciones regionales.

Los golpistas y los guerreros ninjas


Pero 2 hechos me hicieron cambiar de parecer. El primero sentir en carne propia la represión oficial, saber que pudiste ser exterminado por unos esbirros que no tienen honor ni se les divisa la honra y que, por ahora, solo engrosaste las estadísticas de los heridos en las protestas y el segundo la instauración de la dictadura asamblearia militarista.

No imaginé que esta asamblea comunistoide se instalaría sin la menor resistencia, menos que serían tan torpes como para no guardar ninguna forma, que de golpe y porrazo se echarían al pico a la fiscal general Luisa Ortega Díaz, que nombrarían al defensor de los esteroides para que usurpara funciones en el ministerio público, que se abrogarían las funciones legislativas de la Asamblea Nacional, que decidirían funcionar hasta agosto de 2019 (luego de iniciado el próximo periodo presidencial), que 535 usurpadores constituyentes serían mirones de palo, como quien dice levanta manos, mientras los mismos de siempre entubaban las decisiones y que harían mucho más que redactar el texto constitucional comunista.


Frente a ese golpe de Estado que instituía abierta y definitivamente la dictadura de Nicolás Maduro y sus cómplices era como para escribir sobre el fin de la V República pero ocurrió que en solo horas esto fue eclipsado por unas personas que llegaron al principal fuerte militar del centro del país, tocaron la puerta, entraron como Pedro por su casa, sustrajeron más de 100 armas y se desvanecieron como si fuesen guerreros ninjas sin que el gobierno, que está presto a derrotar cualquier ataque imperial, que tiene años preparándose para la guerra, que se ha armado hasta los dientes y que entrenó a “millones” de milicianos,  se diera cuenta.

Se acabó la república

Cuando un país se debate entre participar o no en un proceso electoral que está amañado y sin ninguna garantía porque el dilema es que te roben la elección o que te la dejes arrebatar; que sabe que cuenta con una fuerza armada incapaz de proteger a un cuartel militar pero que se jacta de actuar como esbirros para eliminar (sin eufemismos) a los ciudadanos por solo emitir una opinión, informar (los periodistas somos objetivos militares) o ejercer el derecho a la protesta.


Si además ese mismo país enfrenta la instauración de la dictadura asamblearia que concretó el golpe de Estado iniciado por Hugo Chávez e hilvanado con sucesivas elecciones fraudulentas, con la designación de unos abogados sin méritos como magistrados del TSJ, con la sistemática castración de las funciones del Parlamento y con un flamante presidente de la Asamblea Nacional que asevera que ellos seguirán legislando normalmente como si todo estuviese normal, es como para decir colorín, colorado… la república ha terminado y, aunque cueste reconocerlo, sin posibilidades ciertas de recuperarla.

Llueve... pero escampa

domingo, 7 de mayo de 2017

En esta tierra de desgracias

Por Miguel Yilales
@yilales
Cuando era más joven, entendiendo que la juventud es una actitud y no cuestión de edad, podíamos jugar en la calle, salir en patotas de amigos, caminar sin mayores peligros, ver televisión y esperar cada fin de semana para las reuniones familiares. Es que en esa época era casi que religioso que los domingos nos reuniésemos las familia en torno a la mesa para compartir un humeante plato de sopa (que siempre aceptaba más agua para nuevos invitados) o tener simples encuentros para jugar pelota de goma, un pisa y corre, al escondido, tonga, quemado o algún juego de cartas. Tradiciones vetadas a la muchachada de hoy por la instauración del terror como política de Estado.
Idi Amin, Mao, Stalin, Franco, Castro, Hussein, Ceaucescu, Mugabe, Pinochet, entre otros, entraron a los libros de la historia por su forma de tiranizar. Para ellos era necesario sembrar un ambiente de terror que les permitiese reducir a los ciudadanos a simple pueblo. Por eso es que Chávez siguiendo a estos mentores instauró el miedo para poder implantar una la oclocracia, que posteriormente fue consolidada, por Maduro, en una tiranía cleptocrática.
Creer que se está vivo porque se respira, el corazón palpita y los órganos cumplen sus funciones es asumir como válido el silencio para sobrevivir a unos delincuentes, que lo único que les ha importado es perpetuarse en el poder sobre los cráneos y osamentas de aquellos que han eliminado, y que es suficiente con aspirar a que la ruleta del destino, que giran los esbirros del régimen, le toque a los demás.
Venezuela no es Ruanda
En nuestro país no hay vida. Ni diurna ni nocturna. Atrás quedaron los bulevares y los centros comerciales para salir a pasear; una buena bailada en algún local nocturno o que los estudiantes pudiesen calmar la sed con heladas cervezas ¿Quién no bebió algunas al salir de clases?; mucho menos asistir a una función de cine, teatro o una inocente excursión por parques o tan siquiera por el Ávila.
Los venezolanos ni siquiera podemos estar tranquilos en nuestros hogares o fuera de ellos, en especial en esta época de protestas ciudadanas en contra de una de las peores y más crueles dictaduras que hayamos vivido, porque debemos esquivar los proyectiles disparados por los funcionarios policiales al aire(en algunos casos al de los pulmones o a la tráquea de un manifestante) o dormir con máscaras antigases no vaya a ser que a algún comando militar se le ocurra fumigar las residencias marcadas como opositoras, con lo cual demuestran que no sólo usan las técnicas de la propaganda goebbeliana sino que reeditan las prácticas nazis por el solo placer de asfixiar a niños, jóvenes, adultos y ancianos.
Es que para los que desgobiernan al país no hay mayor onanismo que gasear una escuela, una iglesia, una clínica o disparar potentes granadas directo a la cabeza o a la humanidad de quién se muestre contrario a la revolución chavista, pues les tiene sin cuidado asesinar, aniquilar o exterminar, como ha ocurrido con casi medio centenar de ajusticiados en un mes de protestas. Así como algunos alertaban que el país se estaba cubanizando y había quienes alegaban que "Venezuela no era Cuba", hoy nos estamos ruandanizando aunque algunos no sepan qué pasó en la fratricida masacre de Ruanda.
A todos nos puede tocar
Eso de qué hay que agradecer cada mañana por despertar con vida es una cruel realidad. La lapidaria frase pronunciada por el hijo del poeta (de pésima oda) de que la víctima "pude haber sido yo", prueba de que Dios castiga sin palo y sin rejo, o la tardía indignación de Dudamel por la innecesaria muerte de un joven músico cobran vigencia porque desde hace mucho tiempo los venezolanos cuando salimos desconocemos si regresaremos y en caso de volver si llegaremos a ver el amanecer.
Es que si no nos agarra el chingo, nos coge el sin nariz: si no son los delincuentes, son los colectivos; si no son los colectivos, son los policías; si no son los policías, son los GNB y si no son los GNB, son los delincuentes, a fin de cuentas un círculo formado por bestias de la misma recua que abundan en esta tierra de desgracias en la que: un dictador se cree demócrata, los esbirros juran que las torturas son justas, los delincuentes pueden llegar a magistrados, el ministerio electoral no organiza elecciones legales sino las ilegales que ordena su amo y conviven unos militares que compraron toda la rifa para una estadía eterna en La Haya.

Llueve... pero escampa

domingo, 9 de abril de 2017

El tiempo de Dios no es perfecto

Por Miguel Yilales
@yilales
Dice un sacerdote amigo que más que perfecto, el tiempo de Dios es infinito y que nuestras necesidades terrenales debemos resolverlas nosotros porque sí se las encomendamos al Creador a lo mejor nuestra corta y tangible vida no nos alcance para verlas realizadas, además no escribo este artículo para enmendarle la plana al gobernador mirandino, quien fiel a sus convicciones ha sido agarrado en su buena fe, en el arte de lo público la candidez es perversa, en especial si al frente están unos forajidos, ni porque me voy a dedicar a hacer leña del árbol caído porque para hacerla hay que derribarlo y en política estos no solo retoñan sino que renacen.
Hemos vivido un autogolpe continuado, presenciado la destrucción de las instituciones, permitido que se instaurase una tiranía oculta bajo una mantilla de supuesta democracia, sabemos que no hay separación de Poderes ni respeto por las minorías, estamos al tanto que desde el Estado, y amparados por él, se ha estimulado la conformación de grupos paramilitares y que la Fuerza Armada se transmutó en guardia pretoriana pero nos hicimos la vista gorda: unos por comodidad, otros por complicidad y los demás por ignorancia republicana.
Carestía de ciudadanía
Por eso es que desde hace más de tres lustros quienes han desgobernado al país se han escurrido entre vericuetos leguleyos y se han apoyado en unos desalmados que le hicieron la cama: por una parte unos eruditos (con nombres menos rimbombantes pero igual de retorcidos que aquellos “Notables” que vendieron a un sedicioso como redentor) que siempre encuentran como justificar lo injustificable y por la otra altos precios del petróleo que sirvieron para encandilar a unos chulos internacionales que le reían los desafueros, las ilegalidades, los atropellos y los abusos a un perverso Chávez y a sus secuaces.
De ahí surgió la rizada tesis de que el régimen ha caminado al filo de la legalidad para ser considerado democrático, como si la democracia fuese una liga que se puede estirar mientras no se rompa y las leyes una plastilina que se amolda a los caprichos de quien gobierne. Sí esos conceptos fuesen emitidos por cualquier hijo de vecina uno lo entendería pero surgido de las fauces de los llamados a constituirse en la reserva moral del país causa desasosiego porque de ahí se agarraron los facinerosos golpistas para llegar y de esa línea argumental se asirán para que llegue alguien peor.
Pero frente a los atropellos y a la opresión se volvieron a llenar las calles venezolanas, no solo con gente que esperaba por mejores tiempos sino con ciudadanos indignados, con madres que han perdido a sus hijos, con los huérfanos que nos ha dejado esta revolución, con los que les queda dignidad para no mendigar al gobierno, con los que no creen en las patrañas de unos embaucadores de que sí no nos sacamos el carné de la ignominia perderemos el maná celestial embalado en bolsas o cajas CLAP.
No ha sido fácil ni lo será
El régimen forajido que ejerce el poder en Venezuela, amparado en las mafias del narcotráfico, en una cúpula castrense abyecta y corrompida hasta los tuétanos, en los paramilitares que usa para intimidar, en unos cómplices nacionales que se excusan con el manido argumento de que “soy empresario y me pusieron esta manguangua” y en unos colaboradores extranjeros que se aprovecharon de los mayores traidores de nuestra historia para vulnerar los intereses nacionales, ha usado todas las herramientas para perpetuarse: manipulan a los incautos, provocan a los que reclaman, infiltran las protestas para sabotear, criminalmente usan bombas lacrimógenas vencidas, siembran evidencias a los honrados y asesinan a inocentes a quienes acusan de suicidas por atravesársele a los disparos de los policías.
Estamos ante unos delincuentes que violan los derechos fundamentales pero exigen cartas de buena conducta a la oposición y me pregunto ¿De qué ha servido tener 20 puntos en conducta si siempre nos acusan de todo? ¿De qué ha valido permitir los atropellos al dictador para que no nos etiquete de golpistas? ¿De qué ha servido jugar con sus reglas sí sabemos que no van a respetar los resultados cuando les son adversos? El problema no es la inhabilitación de Capriles ni la persecución que Maduro desatará para montar su propio 11-A y así resucitar la novela del 13-A sin percatarse de que ya no esperamos el tiempo de Dios sino que nos rebelamos para desalojarlo del poder.

Llueve… pero escampa

domingo, 5 de febrero de 2017

No son tiempos electorales

Por Miguel Yilales
@yilales
Desde el año pasado, el régimen de Nicolás Maduro y sus cómplices, se han dedicado a la tarea de demostrar las razones por las que se hace inviable gastar tiempo y dinero en ese vicio pequeño burgués de pretender la solución de nuestros problemas mediante la vía electoral e imponernos la idea (acorde a su autoritarismo militarista nadie puede pensar) que la única salida viable es que dejemos en el poder a los responsables de estos lodos. Se sienten imprescindibles y que eso les da la autoridad para mantenerse en el poder así roben, asalten, trafiquen con narcóticos, contrabandeen, manipulen y extorsionen.
Por ello no extraña que una revolución de quincallería haya celebrado y conmemorado dos hechos que avergonzarían a cualquiera: el bicentenario del nacimiento de un cuatrero, delincuente y violador de menores y la gesta de un militar felón, cobarde, misógino, mentiroso y narcisista cuya mayor ejecutoria fueron las efusiones ventrales al primer disparo.
Un proceso político que tuvo su génesis en la traición a los juramentos de defender la constitución, las instituciones y, por ende, a la república; involucrar, mediante engaños, a unos imberbes soldados en un intento de golpe de Estado; en el asesinato de venezolanos; en el intento de magnicidio presidencial y en la tentativa de eliminación física de su familia solo puede verse personificada por la fechoría y el delito que representan un forajido del Siglo XIX y un sátrapa del Siglo XXI.
El mejor sistema electoral
Mientras la plaga gobernante pudo valerse de la democracia les dio por someternos a constantes procesos electorales: lloviese, tronase o relampaguease; con vaguada, muertos y tragedias; con insurrecciones populares o sin ellas; con candidatos opositores o con llamados a la abstención; con mediocres candidatos “opositores” salidos de las mismas filas gobierneras o con anodinos candidatos surgidos de las filas opositoras.
Ahora que los vientos les resultan adversos, que el rechazo a las tropelías revolucionarias son evidentes, que la propaganda chavista no puede ocultar la desastrosa realidad, que se les pierden helicópteros pero solo se preocupan por convertir al Paseo de Los Proceres en una especie de Sambódromo criollo con carrozas, comparsas y fantoches disfrazados de héroes y que empiezan a aparecer, desperdigados por el mundo, ex furibundos revolucionarios que se autocatalogan de perseguidos políticos, les da por demostrar que ese exceso de participación política, sustentada en el “mejor sistema electoral”, era un ramplón engaño.
Tan es así que el referéndum fue obstaculizado, por el propio ministerio de elecciones, al extremo de hacerlo inviable; las elecciones de gobernadores, que debieron ser en diciembre del año pasado, no tiene fecha de realización y las de alcaldes, que corresponden este año, menos aún, la excusa es que hay otras prioridades antes que perder el tiempo y el presupuesto con sufragios innecesarios, ya que para cubrir las vacantes pueden prorrogar en los cargos a los más cicateros chavistas o designar a dedo a cualquiera con prontuario (han reemplazado a ocho gobernadores, sin aviso y sin protesto).
Política en serio y seria
Se ha insistido que las dictaduras modernas, es decir, las tiranías con ropajes de legalidad, usan a la democracia según su conveniencia: se amparan en las leyes que manipulan; hacen elecciones si creen que los resultados no les van a ser adversos y respetan las reglas, los lapsos y las normas cuando les da la gana hacerlo.
Los valores éticos que hacen a la democracia deseable son contrapuestos a la cárcel injusta, a la persecución política, a la segregación por pensar distinto, a la intolerancia ante el disenso, al quebrantamiento y manipulación de la ley, a la perpetuación en el poder de los mismos bodoques y al enriquecimiento de unas pústulas que se creen herederos de las glorias libertarias, a tal extremo que un abyecto general chavista se le ocurrió proponer que se considerase a su medroso líder como el libertador del Siglo XXI y II padre de la patria (minúsculas obligadas).
En verdad no son simples tiempos electorales sino tiempos de que quienes asumieron la conducción opositora hagan política seria y en serio para obligar a la tiranía (lo demás son cuentos) a cumplir las reglas del juego y que permitan contarnos en un ambiente de libertad, igualdad, civilidad, justicia, pluralismo, tolerancia, legitimidad, legalidad y respeto.

Llueve… pero escampa

domingo, 29 de enero de 2017

Aquí no se habla mal de Chávez

Por Miguel Yilales
@yilales
Los regímenes totalitarios son alérgicos a las críticas y muy propensos, por no decir que es lo único que les importa, a que les alaben y adulen por cada bocanada de aire que se respira, por cada gota de saliva que se traga y por cada vez que se pestañee. Hay quienes obligan a los gobernados a cantar canciones, poesías y hasta reverenciar fútiles estatuas en una especie de exaltación elogiosa del Líder Supremo.
Y aunque usted pueda suponer que en las líneas precedentes he descrito a nuestro tropical infierno venezolano, realmente me refería al atroz gobierno de un país asiático que hizo que una polémica ex miss venezolana (la misma que levantase polvareda entre Clinton y Trump) estuviese en el ojo del huracán por sus dislates. Es que todas las dictaduras siguen el mismo guion, no importa si ocurren en Corea del Norte o en Venezuela.
Desde que la más pestilente plaga llegó al poder se ha dedicado a instaurar el terror, como política de Estado, mediante retorcidas variantes de aniquilaciones políticas que han ido desde la persecución judicial al exterminio extrajudicial; desde el simple amedrentamiento a la inhumana tortura y desde la injusta cárcel al doloroso exilio de todo el que piense, es decir, de todo aquel que se les oponga, lo cual han complementado con la estrategia de negar la realidad, ocultar sus desaciertos, invisibilizar a sus críticos y responsabilizar a los demás (al Imperio, a los opositores, a los empresarios, a los productores y a los consumidores) por su torpeza evidenciada en sus innumerables errores, en sus disparates discursivos y en los desatinos en sus ejecutorias.
Prohibido pensar, disentir y criticar
Será por ello que al más perverso personaje de la revolución se le ocurrió la genialidad de prohibir que en las oficinas públicas se hable del responsable de este desastre, con lo cual evidenció, primero, el retraso con que llegó, si es que lo hizo, a la repartición de materia gris y como le rellenaron la cavidad craneal con desechos ventrales y gamelote seco; en segundo lugar que en las instalaciones estatales se conoce quién es el responsable de este desastre y cuán irresponsable y perverso fue, en su lecho de muerte, al transferir el poder a un troglodita social, ignorante cultural y aberrado político; y, por último, que no importa si se despotrica del descartable, prescindible y prolijo legatario.
Pretender que nadie vea lo que es evidente, aspirar que se puede ser feliz porque a algún idiota se le ocurrió decretarlo, anhelar una sociedad de incondicionales y eunucos mentales sin capacidad de criticar el enriquecimiento vulgar que tuvo la familia presidencial anterior o que la actual tenga miembros involucrados en el narcotráfico internacional son muestras de la idiotez de unos cavernícolas políticos que no viven la realidad nacional.
Igual ocurre con quienes esperan que se acepte tranquila, sosegada y taciturnamente que las armas de la República estén en manos de una entelequia desprestigiada, anodina, deshonesta, cobarde, indisciplinada, indigna, sin pundonor y de relajada conducta que ha servido de muleta a unos déspotas y que no se les reproche que se hayan aliado con delincuentes extranjeros (Fidel y Raúl Castro, los Kirchner, Lula y Dilma con Odebrecht, las FARC, el ELN, entre otros) y con los malandros nacionales (cárteles de la droga, pranes y colectivos paramilitares) para sustentar a esta tiranía.
Es la verdad y solo la verdad
Decir la verdad, hablar de lo que ocurre y llamar las cosas por su nombre no es hablar mal. Decir que Hugo Chávez fue el responsable del desastre que vivimos no es hablar mal de él sino desnudar la realidad que hoy pretenden ocultar con propagandas y manipulaciones. Expresar que los sueldos son miserables, que hay venezolanos muriéndose de hambre, que vivimos una crisis humanitaria en la salud y que la inseguridad nos lleva por la calle de la amargura no es hablar mal de Chávez, más bien es reconocerle que procreó, cuidó y alimentó a un monstruo (el chavismo es la Hidra de Lerna del Siglo XXI) para luego dejarlo al cuidado de alguien tan incapaz, perverso y vocinglero como él.
La realidad es que han destruido al país, nadie puede decir que hay un solo indicador, ámbito o parámetro en el que hayamos mejorado en estos 18 años y por eso aquí no se habla mal de Chávez, menos se le denigra o se le calumnia, aquí se habla de la realidad y de la verdad que vivimos los venezolanos.

Llueve… pero escampa

domingo, 4 de diciembre de 2016

Del Chávez yesterday al Maduro today

Por Miguel Yilales
@yilales
Cuando la humanidad estaba a punto de iniciar un nuevo milenio se planteó metas que le permitiera enfrentar los retos que se avecinaban: los cambios tecnológicos, el control del ciberespacio y la búsqueda de mejores condiciones de vida para todos los seres humanos. Estábamos a las puertas de un mundo que cabría en la palma de la mano.
Pero no todo era color de rosas. Mientras unos navegaban hacia el futuro, otros seguían anclados en el presente y los menos buscaban desenfrenadamente cómo ir marcha atrás, rumbo al pasado, con la falsa creencia de que todo tiempo pretérito era mejor, sin percatarse del error que se comete por ignorar la historia o por creer las fábulas de un encantador de serpientes.
En nuestra Tierra de Gracia nos dio por el último caso: luego de haber tenido la democracia más sólida del continente apostamos por permitir se instaurara el totalitarismo; después de haber tenido los mejores índices económicos y las mejores expectativas de futuro preferimos aferrarnos a una aventura de la desventura; a pesar de haber sufrido las consecuencias del caudillismo y salido de él, con la muerte del gomecismo, nos lanzamos a los brazos de un falso mesías; y que luego de haber derrotado al militarismo con acciones políticas, que pasaron por la clandestinidad, la resistencia cívica, las persecuciones y las despiadadas torturas, recaímos subyugados bajo la castrante bota castrense.
Sin credibilidad política
Lo peor fue que tras enfrentar los fallidos intentos de las invasiones cubanas y luego de que los militares venezolanos derrotaron a las huestes fidelistas que quisieron instaurar un régimen comunista continental, unos traidores salidos de las mismas filas castrenses le sirvieron el país en bandeja de plata al sátrapa del Caribe para que no sólo lo destruyese sino que lo esclavizase.
Por ese barranco decidimos transitar, y tenemos 18 años recorriéndolo, en un vehículo al que le quitaron los frenos, que tiene los cauchos lisos, que no tiene luces y que ha tenido 2 conductores que han demostrado haberse sacado la licencia de conducir en una bolsa de detergente regulado. Del primero nos salvamos porque la muerte se lo llevó a una suite en la V paila del Infierno (esa a donde van los traidores) y del segundo aún padecemos los desatinos como chofer pero con la esperanza de salir de él.
En esta última semana el heredero del cadáver insepulto, ese que nació en varios lugares y en ninguno registrado, el que llora a moco suelto por difuntos o destituidos presidentes extranjeros, el que baila salsa cuando sus hijos putativos son hallados culpables por narcotraficantes, el que se inventa guerras, ataques y enemigos para desviar la atención de los verdaderos problemas de los venezolanos, el mismo que ha demostrado hasta el cansancio que su palabra empeñada vale y sirve para lo mismo que un billete de 2 bolívares, le dio por ratificar lo que todos sabíamos: que nuestro problema lo representan él, los secuaces con los que gobierna y los cómplices que le hacen la comparsa para percibir algún beneficio político (mediante elecciones para repartirse pírricas cuotas de poder) o alguna rentabilidad económica (a través de millonarios contratos).
Mentirosos compulsivos
Resulta que ya nadie con la excepción de algunos ingenuos opositores, de esos que siempre le dan el beneficio de la duda o de los que terminan sorprendidos porque los cogieron en su buena fe, cree en él o en su disparatado e irresponsable régimen: el Mercosur, el organismo multilateral en el que su predecesor se empeñó en meternos en desmedro de nuestros socios naturales que era el mercado andino, le cerraron la puerta en la nariz, clausuraron las ventanas por donde pensaba invadir y taparon hasta los albañales, no vaya a ser que sufran alguna plaga, de ratas rojas o de cucarachas revolucionarias, de las que pululan en nuestro país.
Por esa vía dijeron que no tienen cabida en el organismo los que se endeudan y no pagan, los que incumplen los protocolos de adhesión, los que violentan los derechos humanos, los que encarcelan a quienes piensen distinto, los que amedrentan a médicos por cumplir el juramento hipocrático y los que se ufanan porque instaurarían una especie de Edad Media latinoamericana, en especial cuando la gran mayoría de países rema en sentido contrario a la cascada revolucionaria, socialista y chavista que instauró el Chávez yesterday y que pretende seguir el Maduro today.
Llueve... pero escampa

domingo, 27 de noviembre de 2016

Ni una lágrima de cocodrilo

Por Miguel Yilales
@yilales
Dicen las enseñanzas de la iglesia Católica, Apostólica y Romana, al igual que muchas otras, que la muerte es pasar al estado deseado porque se deja de sufrir el mundo terrenal y se traspone el portal de la vida eterna. Bajo esa premisa, para un cristiano, la muerte debiera ser de celebración aunque el egoísmo humano nos haga llorar y extrañar a nuestros seres queridos.
Aunque hay muertes que no merecen ni una lágrima, es más se celebran no desde el plano espiritual, sino desde la más mundanal, terrenal y humana naturaleza. Y no es por falta de humanidad. Tampoco se trata de que se haya perdido la misericordia o la piedad por el prójimo ni que se le desee la muerte a unos cuantos despiadados, criminales, malévolos y desgraciados que andan sueltos por el orbe.
El sátrapa del Caribe
Pol Pot, Nicolae Ceausescu, Mao Zedong, Iosef Stalin, Adolfo Hitler Augusto Pinochet, Josip Broz “Tito”, Francois Duvalier, Francisco Franco, Muammar Gaddafi, Saddam Hussein, Slobodan Milosevic, Benito Mussolini, Ho Chi Minh, Kim Il Sung, Rafael Trujillo, Ferninand Marcos, Idí Amin y Samuel Kanyon Doe son algunos de una selecta lista de tiranos, genocidas, asesinos en masas e inescrupulosos verdugos que regaron con sangre y sembraron de cadáveres las tierras de sus propios países durante todo el siglo XX. Solo Fidel Castro les había sobrevivido pero al final, como el nacimiento y la muerte igualan a todos los seres humanos, él no se pudo escapar. Ni siquiera aquellos que creyéndose inmortales y eternos pudieron huir de la ineludible guadaña de la Parca.
Toda una desgracia
Las personas que pasaron su vida sembrando vientos sabían que cosechaban tempestades; los que esparcieron campos de muertes no podían aspirar a que se les rememorase con devoción y los que desolaron, afligieron y abatieron a su propio pueblo, tarde o temprano, son dejados de lado, olvidados y execrados de la memoria colectiva por la ignominia popular.
Fidel y Raúl con el heredero "omninaciente"
En estos 18 años una montonera de irresponsables se dieron a la tarea de someter a toda una sociedad, que los veía con ojos de borrego mientras los sodomizaban, con el cuento de que luchaban por un mundo mejor mientras instauraban un narcoestado que obedeciera a carteles familiares y militares; con el embuste de que se hicieran votos de pobreza socialista mientras sus hijos y sobrinos dilapidaban las fortunas birladas al tesoro nacional; con el engaño de que los anaqueles están vacíos porque los venezolanos comemos más cuando la realidad es que somos una sociedad demacrada y cadavérica; y con el artificio de que porque tenemos el sueldo más alto del continente (al dólar imaginario) ahora nos venden productos importados (al dólar incomprable, innombrable y real).
Quién iba a pensar que gracias a esos embaucadores, marrulleros, bellacos, rufianes y pillos nos convertiríamos en una nación macilenta y mortecina en la que un plato de pabellón criollo sería visto como un plato de cordero; en la que andaríamos cortando las servilletas por la mitad porque tienen más valía que nuestra devaluada moneda; que nos volveríamos fitnnes al eliminar las frituras de nuestras dietas con lo cual proscribimos lujos gastronómicos como los tequeños, los patacones o los bistecs; que tendríamos que usar sabiamente cada cuadrito de papel higiénico y que nuestras vidas transcurrirían “felices” detrás de otra persona, no por amor ni por fantasías lujuriosas, sino en largas colas.
Menos de cocodrilo
En el círculo de la Divina Comedia de Dante Alighieri
Hay unos atrasados que claman por la muerte, y hacen de ella su leitmotiv, esos son capaces de devastar a sus propios países solo para preservar el poder con la esperanza de que la historia los absuelva, lo cual no ocurrirá porque, para su desgracia, en primer lugar ella solo registra las satrapías para las generaciones futuras y segundo porque no es un tribunal para absolver las atrocidades que haya ejecutado un cubano del siglo XX o un venezolano del XXI, lo cual incluye al único (jurídicamente) ser con el Don de la ubicuidad al nacer y a sus perversos mentores (las momias idas y las prevenidas al bate).
Estas son solo algunas de las razones por las que no boté, boto ni botaré una lágrima (menos de cocodrilo) por unas escorias cuyo único norte fue la desolación, la desesperanza, la destrucción y la miseria como forma de vida, que sean otros, los hipócritas y los farsantes, que canten loas y alabanzas por los daños causados, por las vidas robadas, por las familias destruidas y por las esperanzas perdidas.
Llueve… pero escampa

sábado, 13 de agosto de 2016

No hay costura para tanto descosido

Por Miguel Yilales
@yilales
Hace mucho, mucho, pero mucho tiempo a un reyezuelo se le ocurrió que, mientras convertía a pasos agigantados a una exrepública en su hacienda particular, pondría a sus conmilitones a administrar los sistemas de producción y distribución de alimentos, la construcción de viviendas, el asfaltado de las calles y en cuanta cosa se le ocurriera para hacerlos parecer imprescindibles, aunque en realidad demostrasen cuan prescindibles eran en su oficio.
Desconozco sí en más de 5 mil años, desde la antigüedad hasta nuestros días, a alguien, en su sano juicio, se le ocurrió que los militares podían servir para otra cosa que no fuese matar y destruir (así sea legalmente) pero el tirano, que mandaba en el feudo como su propio patio bananero, creó un programa en el que ellos cambiaban el fusil por el arado, la pistola por el azadón, el tanque por una vendimia de verduras y la disciplina por el conteo de pollos.
Este plan, dirigido desde una caribeña isla, mataba varios pájaros de una sola pedrada: desprestigiaba a quienes ya eran percibidos como vagos y sin razón de existir; contribuía con la destrucción del aparato productivo; de fracasar responsabilizaba a los únicos que se escudarían en la obediencia y de no funcionar, amarraba por las gónadas a los mediocres, quienes ascenderían mientras jalaban, y no escardilla, para el amo.
Del brete humanitario y el cateto sin ideas
De ese desquiciado y desequilibrado proyecto no quedó nada bueno: lo que eran tierras productivas son un desierto; lo que era un país que no sufría desabastecimiento, hoy coquetea con la hambruna de una postguerra; la nación en la que todos eran generosos para convidar a la mesa ahora solo pueden compartir la desesperanza de la espera de horas y horas para comprar una hogaza de pan y de donde surgieron mentes brillantes como las de Humberto Fernández Morán y su bisturí de diamantes, Jacinto Convitt y la lucha contra la lepra o virtuosos como Jesús Soto y Cruz Diez con sus movimientos artísticos tiene a niños que abandonan las escuelas porque deben hurgar los basureros para no sufrir borborigmos y poder conciliar el sueño.
Uno hubiese aspirado que, luego de ver tan nefastos resultados y tras el deceso del locatario de la hacienda, a quien le tocase heredarla, se le ocurrirían seguir caminos distintos que le permitieran revertir el desastre y desandar los pasos mal dados, pero nos cayó un cateto sin ideas, que en lugar de rectificar, radicalizó y profundizó los errores, que reforzó el círculo vicioso y agravó la crisis, que se empeñó en seguir el rumbo de su predecesor y continuó el fracasado modelo de controles y restricciones a las libertades.
El mundo entero da cuenta del brete humanitario que vivimos. No solo es Luis Almagro con su informe activador de la Carta Interamericana, es Ban Ki-moon quien desde las Naciones Unidas alerta sobre la tragedia que padecemos, es el Vaticano quien muestra profunda preocupación por la desventura que genera este apocalíptico socialismo boliburgués, son los países del Mercosur que se niegan a que, quien no puede con su propio país, presida el organismo multilateral y ahora son 15 países del continente quienes presionan internacionalmente para que Ña Tiby y su merced Nicolás dejen de apagar fuego con gasolina.
En crisis por irresponsables
El país está en una inmensa crisis. Aquí llegamos por la incapacidad de unos irresponsables que solo tienen méritos en el odio y la maldad. Ellos depauperaron a una nación con inmensas riquezas petroleras, auríferas, hídricas y humanas al promover la miseria, la ruina y la desolación.
Solo falta que los venezolanos cansados de las ilegalidades, obstinados de las arbitrariedades, indignados por tantos robos, iracundos de ver como destruyen al país y arrepentidos por haber permitido que unos delincuentes, tiranos y traficante de tóxicos llegaran al poder, salgamos a decir por todas las vías (no excluye las pacíficas, electorales, democráticas y constitucionales) que desconocemos a quien no pueda demostrar su origen, que no queremos estar dirigidos por quien tiene nexos con el narcotráfico o con familiares imputados por ese flagelo, que deploramos a unos golpistas que solo se han enriquecido a costillas de la sociedad y que aspiramos la repatriación de los capitales birlados al erario nacional por la plaga más corrupta que haya pisado esta tierra porque en el país no hay costura para tanto descosido.
Llueve… pero escampa