Miguel Yilales
@yilales
Hace muchos años cuando en Venezuela se hablaba de
coleccionar álbumes, nos referíamos a los discos de vinilo con los grandes
éxitos del momento. Pasta que reproducía, magistral y fidedignamente, la música.
Ese término ha evolucionado en el tiempo. Desde mediados de
los 80 a las niñas les dio por coleccionar barajitas de unos dibujos creados
por la neozelandesa Kim Casali, en que dos figuras desnudas sin características
sexuales, explicaban que era el amor.
Muchos años después la fiebre paso de algo muy femenino a
algo muy vernáculo. Los coleccionistas ya no buscaban saber cómo era ese sentimiento
hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que nos completa, alegra y da
energía para convivir, comunicarnos y crear, sino que los protagonistas eran los
futbolistas.
Desde México 70 hasta nuestros días un emporio italiano se
ha dado a la tarea de recordarnos, en cada mundial, la pasión por coleccionar
cromos.
Los jóvenes, y los no tan jóvenes, de todo el mundo se
dedican a recopilar barajitas. Hay muchachos que inventan juegos en que sí uno de ellos se
descuida termina ruchado, ese venezolanismo que usamos para decir que se pierde
todo. Claro que siempre se juega con las barajitas repetidas.
La tengo, la tengo,
la tengo
En estos tiempos que corren en Venezuela, pendientes por la
escasez de los innecesarios pañales, como la sociedad venezolana envejeció con
la revolución (supuestamente hay 30 millones de venezolanos y 19 millones de
electores, es decir solo hay 11 millones menores de 18 años), es imposible
dedicarse a algo que hace el resto del orbe: coleccionar barajitas.
Recientemente, en ese gesto por inmortalizar al muerto
viviente, hasta un álbum con su épica imprimieron, como no lo vi, de
seguro dedicaron páginas completas a los combates en que no se rindió en un
museo y las hazañas defendiendo la soberanía nacional en el Golfo de Venezuela,
en el Esequibo y en la Zona Económica Exclusiva, con lo cual superaba por
nacionalista y patriota a Jaime Lusinchi, Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez.
Fuese que se trata del álbum “Amor es…” o de coleccionar a
los jugadores que competirán por la Copa del Mundo en Brasil 2014, todo el
mundo sabe, con la excepción de los agitadores del siglo XXI, que los álbumes
no se llenan con barajitas repetidas.
Escuchar al inefable psiquiatra y exrector discípulo del
otro psiquiatra y exrector (solo se diferencian, por ahora, que uno fue acusado
y condenado por asesinato) señalar que se tienen las evidencias de la
planificación de un magnicidio, ese manido guion usado hasta el cansancio, no
puede sino recordarnos el valor de una barajita que nos ha salido en los sobres
más de 50 veces.
Recuerdo que hace unos años dijeron que habían encontrado un
lanzacohetes en la playa de Catia La Mar y en el morral abandonado había una
fotografía del difunto eterno, con lo cual uno podía imaginar al sicario
contratado, un Jack Bauer real, viendo la fotografía, a la espera para disparar
cuando la rolliza figura presidencial se asomase por la ventanilla de la
aeronave.
La democracia real está
en juego
Ahora resulta que aplicando una especie de Ley Patriota,
similar a la que implementó el imperio para violar la privacidad de las
comunicaciones, garantizada en esa especie de papel higiénico de los
socialistas del siglo XXI que es la Constitución, supuestamente obtienen de
correos electrónicos privados, unas imágenes de preparatorias para otro
magnicidio en el que los francotiradores practican con una diana con la silueta
del blanco presidencial, algo totalmente inmaduro.
Presentar pruebas electrónicas sin validarlas previamente es
otro elemento del supino y burdo montaje al que este régimen pretende someter a
los venezolanos, luego de la paliza que recibieran en los municipios: San
Cristóbal y San Diego.
Hay algunas viudas y viudos del pasado, quienes plantean que
las elecciones sirvieron para demostrar el rechazo a la protesta, por el
contrario creo que se evidenció que la democracia existe no por las elecciones
sino por el ejercicio efectivo de los derechos constitucionales, entre ellos la
protesta.
Pareciera que en la calle hay más sabiduría política que
entre quienes están llamados a dirigir a la oposición o ya lo hicieron, se
puede protestar, exigir y ser verdaderos demócratas en defensa del estado de
derecho con elecciones y con la calle; mientras tanto dejemos que el régimen
siga coleccionando esas inútiles barajitas repetidas.
Llueve… pero escampa
Muy bueno el articulo Miguel,este CLAN de malandros ya no saben que inventar,tratan de tapar su ineficiencia con SHOW,montados para distraer a todo el mundo de que eso es asi,les queda poco tiempo
ResponderEliminarEduardo ellos solo saben de pan y circo... el problema es que se les acabó el pan y les quedó el show con enanos que crecieron, mujeres barbudas que se les cayó la barba y acróbatas con miedo... son ineficientes para todo menos para la corrupción
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