jueves, 31 de julio de 2014

Venezuela invadida y ultrajada

Miguel Yilales
@yilales
Normalmente la historia nos da ejemplos de los cuales debemos aprender. Los países evolucionan como cuerpos vivos: nacen, crecen y eventualmente mueren. Así le ocurrió al Imperio Otomano, al Romano o al Español y a confederaciones más modernas como la extinta URSS o Yugoslavia.
La mayoría de esos imperios se construyeron a través de invasiones, guerras, ocupaciones y pare usted de contar. Solo excepciones no estuvieron precedidas por conquistas, como fue la creación de Colombia, esa confederación planteada por Simón Bolívar en el Congreso de Angostura y materializada en 1821 en la Constitución de Cúcuta.
Lo que sí es cierto es que toda invasión generó cambios en la sociedad invadida. Para unos un proceso de liberación y para otros de usurpación. Los moros introdujeron tantos cambios en las costumbres y el lingüística de la península hispánica que hay un antes y un después del proceso de formación de al-Ándalus.
Con la invasión de los musulmanes a España existió un fuerte impacto cultural en especial la arabización en el terreno lingüístico todavía usado en español moderno, con ejemplos que sobran en términos relacionados con los apellidos, la agricultura, la guerra, el comercio y las matemáticas.

Llegaron para quedarse

Cuando los españoles arribaron a América, fíjense que no hablo de encuentro de mundos o descubrimiento, impusieron esa cultura a los habitantes originarios de esta tierra. Para algunos a sangre y fuego y para otros como parte de ese proceso de socialización que fue el mestizaje.
Es que los españoles que venían, en el mejor de los casos, preñados de buenas intenciones, al ver las maravillas que les brindaba un territorio con tantas bellezas naturales, con abundante vegetación, agua fresca y riquezas inconmensurables, decidieron quedarse.
Los otros, los que venían huyendo de los delitos cometidos, de las mujeres abandonadas, de las miserias de aquellas latitudes, también participaron en esa fiesta de colores entre blancos, negros, pardos e indígenas que dio la mezcla que hoy somos.
El invasor quiere que el invadido lo emule luego de pacificarlo, aunque para algunos signifique doblegarlos. Y es que se supone que viene a mejorar las condiciones de los invadidos, pero nunca a depauperarlos. Eso en condiciones normales, pero en este desorden revolucionario las cosas se mueven en sentido contrario.
Si a usted le toca ir a una embajada del primer mundo, porque desea hacer turismo, lo ven como gallina que ve sal, primero por la sospecha que despierta su interés en visitar sus países con la limitación de algo, que ellos mismos no entienden, llamado Cadivi y en segunda instancia porque siendo un bolivariano a carta cabal y que despotrica de todo lo que huela a imperio de seguro tiene ocultas intenciones para contribuir a su desmoronamiento.
Por esa razón lo hacen esperar por horas en colas, es que estos imperialistas han visto como disfrutamos colocándonos uno detrás del otro hasta para abordar en un avión que tiene los asientos numerados, y luego te entregan la visa como una dádiva especial con lo cual los beneficiados salen con la misma cara que pone quien encuentra harina de maíz precocida, papel higiénico o aceite de maíz.

Y siguen las invasiones

En nuestra depauperada nación, nos encontramos arrinconados por un régimen que le dio por entregar los recursos a un moribundo y arrinconado dictadorzuelo caribeño para que viniera a invadirnos, algo así como sí Leonidas en lugar de hacer frente en las Termópilas a la invasión persa, le hubiese dado los recursos y recibido a Jerjes como el gran liberador de Esparta.
Lo peor de esto es que sin tener nada que enseñarnos el invasor se ha apoderado de las instituciones, de las casas, de la mesa y como decía el merengue dominicano: hasta del queso que había en la mesa, porque el barbarazo de la isla necesitaba de las traiciones de unos ineptos e incapaces, que ambicionasen el poder, para poder perpetuarse.
Por supuesto el rumor se corrió y todo aquel con iguales ambiciones geófagas vino a apoderarse de su pedacito y engullirlo hasta saciar su ambición, mientras los miles de “efialtes”, vestidos de rojo o no, solo ven como engordan sus cuentas bancarias.
Ante este invasor buena falta que hacen acciones para ser contadas por quienes nos sucedan, con historias que nos hagan sentir orgullosos y que estén a la altura de las glorias pasadas, mientras eso sucede hagamos la primera cola que consigamos para ver cómo ultrajan a Venezuela.

Llueve…pero escampa

lunes, 14 de julio de 2014

Democracia ¿Sin partidos y sin ciudadanos? Yo te aviso chirulí

Miguel Yilales
@yilales
Desde la época de la colonia el venezolano no ha cambiado, estar entre los vencedores siempre ha sido su prioridad. Los llaneros pertenecieron a ambos bandos primero en las filas de Boves y luego, cuando los vientos de guerra cambiaron de dirección, se fueron con el taita Páez.
Esa forma de pensar es la que hace que cada 4 años, al no tener un equipo propio, un sinnúmero de compatriotas empiezan a vestirse con las camisetas de los diferentes equipos en competición. Así vemos que las banderas, camisas, pitos y matracas van cambiando con la misma velocidad con que le anotaron los goles a la selección brasileña.
A diferencia de nuestro principal entretenimiento, el béisbol, en que los fanáticos son fanáticos de su equipo hasta que lo eliminan y no andan cambiándose la camisa del Magallanes por la del Caracas o la de los Tiburones por la de Lara porque no se llegó al Round Robin.
La única temporada extraña fue aquella en que unificaron a los Leones y los Tiburones y sacaron aquel híbrido llamado los Tibuleones, pero esa fue harina de otro costal.
Si en la política los adeptos a los partidos fuesen como los fanáticos de la pelota otro gallo cantaría, pero lamentablemente terminan pareciéndose más a esos saltimbanquis futbolísticos.

Es distinto ser que parecer

Cuando la Generación del 28 inició la forma de hacer política en Venezuela y posteriormente sus protagonistas fundaron las distintas agrupaciones partidistas, podías o no pertenecer a uno de ellos, o simplemente podías ser antiadeco o anticopeyano, y no por eso pertenecías a la otra organización.
Pero los errores de esos mismos partidos acabaron con ellos porque no entendieron la necesidad de la renovación de sus cuadros y de realizar los ajustes necesarios para que no se impusiera la antipolitica por encima de la política.
Así nos conseguimos que de esa forma de destruir la política llegó para quedarse y regresó aquel mal que había enterrado Juan Vicente Gómez: el caudillismo, un flagelo que destruyó al país durante el siglo XIX y de seguro lo destruirá en este siglo XXI.
Es que esos mismos partidos que trazaron el rumbo venezolano por más de medio siglo aun no encuentran el rumbo y mucho menos quien los conduzca, porque se han empeñado en mantener unos cuadros vetustos y periclitados por el ejercicio del poder dentro de sus propias organizaciones. Actitud que copian también las organizaciones afectas al régimen, con lo cual están predestinadas a la misma ignominia con que se ven hoy el otrora partido del pueblo o el socialcristianismo criollo.
Los mismos actores, los mismos dirigentes sin renovación, sin reconocer que hay cuadros que pueden y deben surgir para inyectar sangre joven y nuevas ideas. Un mal que se repite hasta en las Fuerzas Armadas donde ratifican a generales que debieron pasar a retiro, por no confiar en nadie.

Mucho que copiar

La mayoría de los sistemas políticos del mundo se han estructurado en función de los partidos: en la Revolución Francesa eran los girondinos y los jacobinos, en los Estados Unidos su estructura se monta con los demócratas y los republicanos, en la América hispánica con conservadores y liberales.
Sin embargo en Venezuela luego de la caída de Gómez todos los partidos deciden ser de izquierda, revolucionarios, anti norteamericanos y antiimperialistas (usados como sinónimos) como si se tratase de su leitmotiv.
De ahí que todo lo que pareciese venir de los Estados Unidos de América era perjudicial. Para desgracia de algunos las independencias de ambos países ocurrieron en años distintos pero con un día de diferencia, aun no se disipa el olor a la pólvora de los fuegos artificiales con los que ellos celebran un día de victoria cívica y aquí se inicia la celebración de un acto cívico que es desvirtuado como un día militar.
El día que la civilidad de la Declaración de la Independencia, que no tiene nada que ver con las gestas militares de la emancipación, se conmemoren a la orilla de un lago, de un río, frente a una plaza para contemplar las bellezas naturales que tenemos, para compartir una comida y celebrar que somos responsables de nuestro destino y no con desfiles militares, discursos militares y arengas paramilitares, entenderemos lo que es ser ciudadanos.
Mientras tanto seguiremos a la merced de los maisantas, los zamoras y otros asaltantes del erario público (estén en el gobierno o en la oposición), de los partidos que desvirtúan la política y de ciudadanos que no entienden la civilidad.

Llueve… pero escampa

sábado, 5 de julio de 2014

Pa’ tras como el cangrejo

Miguel Yilales
@yilales
Cuando Julio Cesar gobernaba el mundo occidental nunca se imaginó que con su nombre sería bautizado un mes del año y que este período fuese a significar tanto.
Originalmente este mes era el quinto del primitivo calendario romano y se llamaba Quintilis, porque era el quinto mes del año y con las modificaciones del calendario por Julio Cesar, pasó a ser el séptimo pero lo continuaron llamando Quinto, con lo cual ya denotaba lo complicado que sería.
Después del asesinato de Julio César, Marco Antonio obtuvo la aprobación del senado romano en el 44 AC para cambiar el nombre de Quintilis por el de Iulius, en su honor, por ser el mes en que había nacido César, el mismo mes en que nació el comandante eterno.
Dicen que en las cavilaciones palaciegas de Miraflores, con un país sin problemas económicos, con niveles de pobreza llegando a cero, con una economía boyante, sin delincuencia, envidia tecnológica del mundo y si no fuese porque Julio Cesar fue Julio Cesar, a alguien se le pudiese ocurrir cambiar el nombre del mes por Hugus o Chavius, basado en que sí los dos nacieron en el mismo mes, los dos fueron militares (¿?), los dos murieron traicionados (uno en el senado romano y el otro en un quirófano malsano) ¿Por qué no equipararlos? Lo bueno es que, hasta ahora, hay tantas cosas que bautizar con el nombre del hijo de Sabaneta, que deben haber dejado lo del mes para después.

Julio ha dado para todo

No sé si por ser la mitad del año o por ser el inicio del verano boreal y el invierno austral, pero julio siempre ha marcado cambios importantes en nuestras vidas.
Julio desde épocas inmemorables ha sido crucial. Se conmemoran hechos importantes como las independencia nuestra y la de nuestro odiado y repugnado enemigo político pero aliado comercial (eso sí es un dislate); se conmemora la Toma de la Bastilla con la que la historia se divide en el antes y después de una verdadera Revolución; los gauchos, los neogranadinos, los sandinistas, los cholos y los mapuches (los narradores de fútbol, con eso de llamar a las selecciones con sinónimos que no lo son, terminan contagiando a todo el mundo) tienen que celebrar en este mes.
Pero no todo son glorias y fiestas, hasta los republicanos y los nacionalistas españoles saben que en esta época se inició la etapa más gris de su historia, así como en Cuba el fraude más grande de la historia, porque nadie que visite La Habana puede creer que hace 60 años la isla era una joya del Caribe, cuando hoy llega a bisutería.
Hasta el imperio norteamericano dejó huella en la historia, con aquel “pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad” que pronunciara Neil Armstrong un 21 de julio de 1969.
También es julio el mes en que se reconoce el valor de Nelson Mandela y su dedicación al servicio de la humanidad a través de su labor humanitaria, la lucha por la democracia y a la promoción de una cultura de paz en todo el mundo, una verdadera ironía cuando hay países, socios de esta revolución, que ven con buenos ojos el regreso de la explotación infantil, con trabajo para niños de 10 años.

Otro julio perdido

A pesar de ser una etapa marcada por las vacaciones, celebraciones, independencias, alunizajes y libertades hay algunos que les ha dado por pelear, despotricar y blasfemar a todo el que no piense como ellos.
Los epítetos quedan cortos al momento de descalificar al contrario, lo cual me hace recordar que en esta misma época un conspicuo golpista, opositor de oportunidad y hoy gobernador, sacó una gallina para hacer creer a los incautos que él era una alternativa, cuando en realidad era un fantoche que legitimaba aquel proceso electoral del año 2000. En esa época sus dotes de saltimbanqui aun eran desconocidos.
Que en este mes llegase al mundo un demócrata, un libertador y un autócrata no tiene nada de especial, lo particular es que en pleno siglo XXI, existan aún personajes que sigan defendiendo una lasaña ideológica en la que les parece fácil unir el pensamiento bolivariano, el de Simón Rodríguez, el de un asaltante de caminos, al cual le han sumado, luego de la muerte del héroe del Cuartel de la Montaña, los de Miranda y de Sucre.
Lamentablemente este mes de julio será igual que los anteriores de esta revolución. Lamentablemente hemos llegado tarde a los siglos: El XIX lo vimos en 1830, el XX en 1936 y este aun no llega. Es que en Venezuela, los inicio de siglo, siempre nos agarra caminando como el cangrejo.

Llueve… pero escampa

viernes, 27 de junio de 2014

Carta a la FIFA: Venezuela pa’l 2018

Miguel Yilales
@yilales
En estos tiempos de la era de la información, parecía impensable que algo tan obsoleto como el envío de cartas podía convertirse en una moda, pero en este proceso involutivo que vivimos todo parece posible y viable.
En ese malvado imperio que se encuentra a punto de desaparecer, según los jerarcas de la revolución que aun no abandonan el barco, usted puede enviar paquetes, cartas o misivas a través del servicio postal estatal y tener la certeza que su encomienda llegará en los lapsos indicados.
Pero en otras latitudes usar el servicio de correos es caer en las fauces de una dimensión desconocida.
Recuerdo que en 1985, encontrándome en Europa, se me ocurrió la genial idea de enviar a la casa una postal para contarles como me encontraba, resulta que luego de una larga travesía para cruzar el Atlántico y transcurridos algunos meses, llegué a la casa y me tocó recibir al cartero que traía mi propia tarjeta colorida, que tardó 6 largas semanas entre la esquina de Carmelitas y la casa en la propia Caracas.

Por la Copa del Mundo “Venezuela 2018”

Resulta que como esta revolución ha logrado que el país se ubique hacia el siglo XIX y no en el que vivimos, no es de extrañar que las cartas se hayan convertido en tema vital. No se trata de correos electrónicos, blogs, mensajes en Twitter o en Facebook sino de las cartas de despedida de quienes luego de cesanteados les ha dado por regurgitar hasta la bilis para exculparse y decir: “yo no fui”.
Porque es que luego de destruir la economía, la educación, la industria petrolera, hay quienes creen que con una carta para decir que la culpa no es del arriero, sino del burro, el tiempo se les tornará perfecto para ingresar a la oposición de la mano de los tránsfugas del pasado.
Ante tal revuelo causado por la fiebre epistolar y en procura de no ser tildado de desestabilizador, he decidido escribirle a la FIFA para que cambie la sede del Mundial en el 2018, que es más serio que las largas peroratas de cuanto monje loco le ha dado por escribir.
A pesar de lo audaz de la propuesta, nadie podría decir que no lo merezcamos, porque si bien es cierto que nunca hemos clasificado para la fase final de la Copa del Mundo tampoco deja de serlo que Qatar (sede del 2022) tampoco lo ha hecho, con lo cual se haría justicia con nuestro país.
En cuanto a las acusaciones de corrupción que hicieron en contra del órgano rector del balompié, nosotros podríamos demostrar que no saben del tema, porque nadie supera los niveles alcanzados por los jerarcas de la revolución en estos 15 años, con lo cual la prístina honestidad de la FIFA quedaría intacta.
Además podríamos concluir los estadios de la Copa América, que tras 7 años (han transcurrido 7 largos años desde que se efectuó la justa en Venezuela) aun están sin concluir, para que no nos pase como en Brasil que inauguraron con estadios terminados a la carrera.

Con balón y mascota

Otro aspecto que sería propicio reconocer es que en caso de que no vengan los hinchas de los países participantes, por las alertas de inseguridad que hacen las embajadas a sus connacionales, llenaríamos los estadios con esa suerte de fanáticos de camisetas que aquí abundan.
Y si nos referimos a los símbolos del mundial de seguro que el gobierno propondría que el balón, como todo en el país, se llamase “Ch-V-z” (no es Chávez, es Ch-V-Z), lo cual cumpliría un doble rol: reconocimiento al eterno ausente y que fuese un nombre casi imposible de nombrar y más de recordar (me refiero al balón).
Designar al balón así sería un verdadero avance en el camino a la paz y la unión de los venezolanos porque la mitad del país estaría de acuerdo con el nombre y la otra mitad con ver a los mejores futbolistas del orbe cayéndole a patadas al balón.
La mascota sería un pollino que represente al régimen que se ha dedicado a trabajar (la paciencia de los ciudadanos) a pesar de lo que digan las cartas malsanas de los “comunistas trasnochados” y podríamos emular a George Lucas con sus androides C3PO y R2D2 y llamarla +B-RO (se lee Masburro, pero no hace alusión a nadie en particular). Toda una mezcla entre Hollywood y la Villa del Cine.
Estoy seguro que habrá quienes crean que mi carta está plagada de incongruencias, pero es que luego de leer que los culpables de la destrucción de Venezuela se creen aun sus salvadores, le da a uno por escribir a pesar del diagnóstico del siquiatra de la revolución que lo proscribió por ser nocivo para la salud (del régimen).

Llueve… pero escampa

viernes, 20 de junio de 2014

Más traidor serás tú

Miguel Yilales
@yilales
La traición ha sido parte de la historia. Desde los hechos narrados en el Génesis hasta nuestros días nos encontramos con elementos que recrean a traicionados y traidores.
Es sin duda un uno de los actos más despreciables, execrables, ruines y vergonzosos que un ser humano pueda cometer contra otro.
Adán y Eva traicionaron a Dios por las insidias de una vil serpiente rastrera que sigilosamente llenó de dudas y malos consejos a Eva. Casi como que en nuestros tiempos un ingeniero electricista le diera por jugar a la economía y recomendar lo que no se debe hacer, destruir el país hasta llegar al extremo que sus habitantes se den cuenta de su desnudez a pesar del petróleo.
Por envidia Caín mató a su hermano Abel. Algo similar a la que debían sentir todos los que sabían en el desastre en que nos hundía ese ministro que nunca administró ni su propia casa pero que se sentía ungido por el amor del supremo.
La traición, decía Maquiavelo, era el único acto humano injustificado. Ya que los celos, la avidez, la crueldad, la envidia, el despotismo eran explicables y hasta podían ser perdonados; pero a los traidores, en cambio, lo único que les puede esperar eran las torturas del infierno.
Es por ello que Dante Alighieri en la “La Divina Comedia” decía que a los traidores les tenían que caer las peores de las condenas, entre ellas el ser devorado por el mismo Belcebú. Hay quienes creen que eso le pasó a un conspicuo héroe devenido en traidor (según los hijos putativos del supuesto heredero de las glorias de Bolívar), que hoy subyace en las mazmorras de una prisión militar, aunque en su caso no se sabe quien traicionó a quien porque pareciera que Satanás sació parte de su hambre cuando engulló al compadre que traicionó a ese general.

La lealtad se rompe

En nuestro país hemos visto traidores de toda estirpe. Hay quienes nacen aduladores y están a la espera de clavar la puñalada trapera para hacerse del poder. Castro sintió que Gómez lo traicionó; López Contreras siempre creyó que Medina Angarita lo había traicionado; Delgado Chalbaud nunca supo quien lo traicionó; los adecos traicionaron a CAP y hubo quién llegado al poder traicionó al país por su apetencia de poder.
Todo esto viene a cuento porque en estos días, a un inmaduro con poder, le dio por sacar de un cargo a un señor que nunca estuvo preparado y que peor aun se creía con la sabiduría de un monje medieval como para hablar hasta de lo económico. El cesanteado, ni corto ni perezoso, salió a relatar lo que todo el mundo sabía: que su empleador era un títere, manipulado y segundón por fuerzas oscuras.
Los gritos y etiquetas de traidores salieron de ambos interlocutores. Uno por no aplicar las medidas necesarias para tener más pobres que alimentasen la revolución y el otro por escribir una carta en lenguaje monacal.
Es que luego de vivir usufructuando las mieles del poder al monje, en un ataque de locura, le dio por devolver las 30 monedas de plata, tal cual Judas Iscariote cuando comprendió la salvajada que había cometido contra Cristo. Por lo menos Judas en un atisbo de honorabilidad y horrorizado por sus actos, corrió a quitarse la vida ahorcándose él mismo.

Responsables e irresponsables

Es que los traidores y traicionados de esta revolución solo queda para la farándula política. Nadie le cree al exministro como no podría creérsele a un teniente, que luego de amasar las fortunas más impresionantes, salga con una carta para que le sean perdonados sus desatinos, insultos y atropellos.
Es que el chiflado cenobita luego de destruir la nación, cree que puede exculparse diciendo que la culpa es del que quitó la escalera y nos dejó colgado de la brocha, cuando resulta que él buscó la brocha, la escalera y la pintura.
Ahora la Fiscalía sale e imputa a la única galena que pudo certificar la hora, día y lugar del fallecimiento del Comandante Supremo y Eterno, quizás como mecanismo de presión para que no se le ocurra abrir la boca. Parece que los tiempos en que guardar una carta podía garantizar un exilio en una embajada europea han terminado.
Los que llegaron al poder hace más de 15 años, se hayan ido o los hayan ido, son tan responsables de traición como los que aun permanecen. Traicionaron las esperanzas, los ideales, la confianza de parte de la sociedad que creyó en ellos para hacer de este un mejor país, la otra parte sabía que Judas, Bruto, Caín y, hasta el Comandante Supremo, tendrían compañía en la quinta paila del Averno.

Llueve… pero escampa

viernes, 13 de junio de 2014

A patada limpia

Miguel Yilales
@yilales
Es indiscutible que hay una pasión que unifica al mundo y esa exaltación llegó al fin. Luego de cuatro largos años de espera se reanuda la magna cita (pareciera una publicidad de concurso de belleza venezolano) del deporte más popular del planeta.
Entramos en una etapa en la que la mayoría de los conflictos se apaciguan, los estudiantes no reclaman, las familias se unen y los gobernantes toman un segundo aire, no porque se acabaron las desigualdades, tengamos agua potable o existan plenas libertades, sino porque se empezó a mover una pelota perseguida por 22 jugadores y observada por miles de millones de espectadores.
Hace más de un año me referí al balompié como el deporte más extendido del mundo. En la actualidad es practicado por más de 280 millones de habitantes. Es tan multitudinario que en el organismo rector la Fédération Internationale de Football Association, conocida por su acrónimo FIFA, hay 208 asociaciones inscritas y que ha tenido el mismo presidente desde 1998.

Otros comandantes supremos y eternos

Joseph Blatter, una especie de comandante supremo y eterno del fútbol, ha estado en cargos directivos de la FIFA desde 1981, por lo que ha participado en la organización de nueve Mundiales: cinco como secretario general (España 82, México 86, Italia 90, USA 94, Francia 98) y cuatro como presidente (Corea-Japón 2002, Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014).
Pero las ambiciones de poder de Blatter no han quedado ahí, sino que a sus 78 años aspira que en el 2015 lo reelijan para otro período más y poder completar los negocios en torno a la organización del torneo en Rusia en 2018, con lo cual valdría suponer que luego deseará supervisar Catar 2022.
Es que en esas circunstancias a los ambiciosos por el poder les cuesta tener la dignidad para desprenderse de las mieles que les brinda ser el mandamás. De seguir así es posible que Blatter alcance al presidente eterno de la FVF, su majestad Rafael (Esquivel) I, quien detenta el poder absoluto de nuestro balompié desde 1987 y que no aspira retirarse hasta que concluya el centro de alto entrenamiento de Margarita (que lleva en construcción 10 años), la Vinotinto clasifique para la etapa final de una Copa del Mundo y que consiga un seleccionador que le deje dividendos a la Federación que él dirige como Al Capone dirigía el negocio familiar de antigüedades.
Es que su eterna permanencia en el poder, sin resultados que demostrar, es similar a lo que ocurre en el país: dirigentes que son sempiternos secretarios generales de los partidos, tanto de los que están en el gobierno como de los de la oposición; rectores del CNE que, a falta de designación de sus relevos, son declarados perpetuos por otra instancia con el período vencido; alcaldes que pasan a gobernadores y de ahí a candidatos presidenciales, para regresar a ser gobernadores y luego otra vez alcaldes, que posteriormente son concejales y hasta reyes del arroz con pollo, donde lo importante es estar en el poder hasta que abdiquen en nuestro nombre.

La otra cara de la moneda

Pero no todo es fiesta, lejos de las celebraciones y afuera de los estadios, manifestantes en Brasil se han movilizado para repudiar los excesivos gastos del Mundial, que no fueron invertidos para acabar con las deficiencias en salud y educación, aunque, claro está, ellos no tienen idea de lo que son excesivos gastos, despilfarro y corrupción, porque desconocen lo dilapidado por esta “pulcra” revolución.
Es que el fenómeno mundialista no queda solo para los entendidos del fútbol, los aficionados, los dirigentes, los futbolistas o los comentaristas que transmiten los partidos, los políticos del régimen no han querido estar ajenos a la cita y aunque han venido practicando desde hace años, ya se sienten a sus anchas para demostrar sus cualidades con las patas, las ancas o las grupas.
Tienen más de 15 años cayéndole a patadas a la oposición, al diálogo, al respeto, a la tolerancia, al país, a los venezolanos, a la sociedad, en resumen a todo lo existente, porque para ellos esa es la forma de construir el socialismo del siglo XXI, que es una miseria en la que solo ellos destacan.
Mientras, en nuestro país, con la inflación y la escasez más alta del continente, con el gobierno más ineficiente del mundo y con un régimen que ha malgastado todos los recursos, pareciera que una vez más los venezolanos estamos prestos a usar banderas, franelas y símbolos de otros países, sin importar como nos caen a patada limpia.

Llueve… pero escampa

jueves, 5 de junio de 2014

Entre títulos de verdad y títulos chimbos

Miguel Yilales
@yilales
La meritocracia es una rara enfermedad en este desvencijado régimen. Desde la época del pulseo entre el extinto comandante que gobernaría hasta el 2 mil siempre y la gerencia de nuestra principal industria ya todo pintaba mal.
Normalmente hablar de los méritos es hablar de las cualidades y virtudes por las que una persona es ascendida, promovida y reconocida. Aunque los detractores de ella la señalan como ficticia al no tener como medirla, quizás por sus desméritos propios.
Pero ese invento de los méritos tan usada en las universidades y en los cuarteles, no fue un concepción de los apátridas gerentes de la otra PDVSA, ya Platón, Confucio, Gengis Kan y hasta Napoleón Bonaparte propusieron y plantearon sistemas en los que el mérito eran la medida para obtener mejores sociedades.
Todo este cuento viene a que hay personajillos de quinta, que ante la ausencia de los más mínimos valores, recurren a cualquier artilugio para que les sea reconocido grados académicos para los que no se prepararon.

El doctor “chimbim”

Los equinos de Atila que hoy desgobiernan esta Tierra de Gracia y que criticaron a aquella secretaria privada por supuestamente obtener un título como abogada sin haber pasado por las aulas, hoy celebran que un conspicuo revolucionario, ataviado con su camisita Louis Vuitton, lo haya designado doctor, una universidad que el gobierno catalogó de chimba y cuyos títulos carecen de validez en esta república.
Mientras ocurría este oprobio al mérito académico, como lo es el conferimiento del título de doctor en leyes a un diputado sin estudios, lo cual lo hace un ser incompleto (Bolívar dixit), en la primigenia universidad venezolana se realizaba un acto que nos casa con la Venezuela que todos aspiramos, en la que la virtud y la valía se le reconoce a los que con esfuerzo y tesón de años lo merecen.
En el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, estaban reunidos los autores de miles de ponencias, de millones de cuartillas, de billones de horas de estudio y de trillones de minutos de investigación.
Es que para obtener un doctorado en investigación es necesario defender una tesis basada en investigación original, la cual debiera desarrollarse en un período entre tres y seis años, uno debe suponer que en la caribeña isla frente a nuestras costas, el nuevo Ph.D., para usar la denominación anglosajona, presentó la tesis trabajada en estos 15 años de involución, sobre la violación a la privacidad por parte de una operadora de televisión por cable y cómo garantizar los derechos de los que son espiados en sus casas.
Normalmente los hijos tenemos la dicha de que nuestros padres entren con nosotros al máximo recinto académico a vernos recibir nuestros distintivos que nos identifican como profesionales de las distintas áreas. Lo que uno no se imagina es que los hechos sean a la inversa.

Con verdaderos valores

En 1964, con una incipiente democracia, más de mil jóvenes venezolanos recibieron sus títulos académicos luego de años de estudios, de ahí a esta fecha mucha agua ha pasado bajo el puente, hoy con un país con menos expectativas, con menos recursos época y con menos expectativas de vida que en aquella época, siguen en la lucha por dejar un porvenir a las generaciones futuras.
Escuchar el Gaudemus Igitur (Alegrémonos pues), seguido de las notas del Himno de la UCV, entonado por quienes celebraban 50 años de haber recibido su título académico, cobijados bajo las mismas Nubes de Calder que los vio subir a recibir la medalla y el título académico logrado con esfuerzo, lo deja a uno sin palabras. 
En sillas de rueda, con andaderas, con bastones o por sus propios medios, en sus ojos aun se les ve el espíritu universitario.
Escuchar el nombre de Margarita Arteaga de Yilales y de Ana Beatriz Siem, mi mamá y mi madrina, para que subiesen a recibir el reconocimiento por esos años dedicados a cimentar esta patria es motivo de orgullo.
Ellas se encontraban junto a cientos de profesionales conmemorando haber cumplido 50 años como ucevista, 50 años en que la sombra sucumbió por la luz propia que cada uno de ellos generó, genera y generará.
Es que cuando se ha laborado para trazar un camino de valores y rectitud, cualquier reconocimiento es insuficiente. El problema está cuando sin mérito alguno se usurpa los que no se es. El talento sin probidad es un azote, decía el Libertador, no tener talento, ni probidad es digno de un doctorado chimbo.

Llueve… pero escampa