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domingo, 4 de diciembre de 2016

Del Chávez yesterday al Maduro today

Por Miguel Yilales
@yilales
Cuando la humanidad estaba a punto de iniciar un nuevo milenio se planteó metas que le permitiera enfrentar los retos que se avecinaban: los cambios tecnológicos, el control del ciberespacio y la búsqueda de mejores condiciones de vida para todos los seres humanos. Estábamos a las puertas de un mundo que cabría en la palma de la mano.
Pero no todo era color de rosas. Mientras unos navegaban hacia el futuro, otros seguían anclados en el presente y los menos buscaban desenfrenadamente cómo ir marcha atrás, rumbo al pasado, con la falsa creencia de que todo tiempo pretérito era mejor, sin percatarse del error que se comete por ignorar la historia o por creer las fábulas de un encantador de serpientes.
En nuestra Tierra de Gracia nos dio por el último caso: luego de haber tenido la democracia más sólida del continente apostamos por permitir se instaurara el totalitarismo; después de haber tenido los mejores índices económicos y las mejores expectativas de futuro preferimos aferrarnos a una aventura de la desventura; a pesar de haber sufrido las consecuencias del caudillismo y salido de él, con la muerte del gomecismo, nos lanzamos a los brazos de un falso mesías; y que luego de haber derrotado al militarismo con acciones políticas, que pasaron por la clandestinidad, la resistencia cívica, las persecuciones y las despiadadas torturas, recaímos subyugados bajo la castrante bota castrense.
Sin credibilidad política
Lo peor fue que tras enfrentar los fallidos intentos de las invasiones cubanas y luego de que los militares venezolanos derrotaron a las huestes fidelistas que quisieron instaurar un régimen comunista continental, unos traidores salidos de las mismas filas castrenses le sirvieron el país en bandeja de plata al sátrapa del Caribe para que no sólo lo destruyese sino que lo esclavizase.
Por ese barranco decidimos transitar, y tenemos 18 años recorriéndolo, en un vehículo al que le quitaron los frenos, que tiene los cauchos lisos, que no tiene luces y que ha tenido 2 conductores que han demostrado haberse sacado la licencia de conducir en una bolsa de detergente regulado. Del primero nos salvamos porque la muerte se lo llevó a una suite en la V paila del Infierno (esa a donde van los traidores) y del segundo aún padecemos los desatinos como chofer pero con la esperanza de salir de él.
En esta última semana el heredero del cadáver insepulto, ese que nació en varios lugares y en ninguno registrado, el que llora a moco suelto por difuntos o destituidos presidentes extranjeros, el que baila salsa cuando sus hijos putativos son hallados culpables por narcotraficantes, el que se inventa guerras, ataques y enemigos para desviar la atención de los verdaderos problemas de los venezolanos, el mismo que ha demostrado hasta el cansancio que su palabra empeñada vale y sirve para lo mismo que un billete de 2 bolívares, le dio por ratificar lo que todos sabíamos: que nuestro problema lo representan él, los secuaces con los que gobierna y los cómplices que le hacen la comparsa para percibir algún beneficio político (mediante elecciones para repartirse pírricas cuotas de poder) o alguna rentabilidad económica (a través de millonarios contratos).
Mentirosos compulsivos
Resulta que ya nadie con la excepción de algunos ingenuos opositores, de esos que siempre le dan el beneficio de la duda o de los que terminan sorprendidos porque los cogieron en su buena fe, cree en él o en su disparatado e irresponsable régimen: el Mercosur, el organismo multilateral en el que su predecesor se empeñó en meternos en desmedro de nuestros socios naturales que era el mercado andino, le cerraron la puerta en la nariz, clausuraron las ventanas por donde pensaba invadir y taparon hasta los albañales, no vaya a ser que sufran alguna plaga, de ratas rojas o de cucarachas revolucionarias, de las que pululan en nuestro país.
Por esa vía dijeron que no tienen cabida en el organismo los que se endeudan y no pagan, los que incumplen los protocolos de adhesión, los que violentan los derechos humanos, los que encarcelan a quienes piensen distinto, los que amedrentan a médicos por cumplir el juramento hipocrático y los que se ufanan porque instaurarían una especie de Edad Media latinoamericana, en especial cuando la gran mayoría de países rema en sentido contrario a la cascada revolucionaria, socialista y chavista que instauró el Chávez yesterday y que pretende seguir el Maduro today.
Llueve... pero escampa

domingo, 9 de octubre de 2016

Entre el malo y el peor

Por Miguel Yilales
@yilales
Hay caminos en la vida que además de confusos son inescrutables. Fíjense que tenemos a personajes que luego de impulsar la guerra terminan como santos adalides de la paz; otros que en el afán de aparentar bonhomía se dedican a la destrucción de toda una sociedad mientras depauperan a sus connacionales; hay adulados que son insultados pero aplauden porque no entienden más allá de la loa elemental y están los que sueltan ideotas (que en sus bocas suenan a ideítas) para aparentar algo de inteligencia aunque todos sepamos que los rebuznos, ocultados con cara de sobrado ante el aplauso lisonjero, solo ratifican su supina inopia. Es que unos nacen para estrellas y otros estrellados.
Así es como algunos incapaces han llegado a presidente en las republiquetas bananeras (no me refiero a ninguna en particular). Pasan desapercibidos al esconderse tras las sombras de sus mentores hasta que puedan dar el zarpazo final, eso que llamamos la puñalada trapera, y quedarse con el coroto que, en estos casos, es una silla gubernamental o quienes persistentemente se desempeñaron como simples espalderos, cargas maletines, sigüises, recaderos o mandaderos (hay los que son todo en uno) para que los designasen como herederos.
Por supuesto que al final de la historia a estos, depreciados y despreciables personajes, nadie los recordará así compren o se hagan acreedores de reconocimientos y premios internacionales, en especial si quienes los otorgan sufren del mismo síndrome de incapacidad desmedida para ver la realidad que está ante sus propios ojos.
Adulan sin inteligencia
En estos días al estrellado, y no por estrella, heredero del Terminator venezolano, caribeño, latinoamericano y mundial le dio por emular (no viene de mula) a su predecesor al proponer la eliminación de ciertas palabras porque a él, que nunca pisó un salón de clases o se paseó por los pasillos de alguna universidad, le parecía.
Por eso sugirió prescindir de la adolescencia, no porque los infantes franquearan a la adultez sin pasar por GO ni cobrar 200 sino porque la palabra tiene una etimología siniestra (no se relaciona con la nefasta izquierda) ya que provenía del verbo adolecer (un dislate que admite muestras de estupor, incredulidad o una carcajada).
Sí al destructor supremo, que tampoco entendía de lingüística ni filología, se le había ocurrido (mediante leyes) execrar del lenguaje, por despectivas, las palabras conserje, prostituta y sirviente, el legatario de nuestro folclórico exterminador no se podía quedar atrás en eso convertir lo insignificante y banal en primordial razón de Estado; lo perverso y lamentable es que tengamos que calarnos a semejante cateto con posturas de intelectual.
Es como el otro estrellado, ese que se quedó con los crespos hechos al no recibir los favores del cónclave castrocomunista de La Habana, el mismo esperpento que nunca ejerció la profesión para la que estudió, el que necesita rodearse de otros estrellados que le rían las morisquetas en su programa televisivo mientras él que se carcajea como hiena (aunque también se comporta como tal) y el que, junto a su hermano, ha demostrado que no son cojos ni mancos para vivir del erario nacional, que asume como un halago los chantajes de que sí el revocatorio es en el 2016 él sería candidato y que sí es después él asumiría la vicepresidencia.
Pavo real desplumado
El capitán que blande un garrote, como si estuviese en las cavernas, no comprende que en política hay elogios que matan. Que eso de exaltarlo como el coco (el malvado asustador de niños) que no dejará piedra sobre piedra; de etiquetarlo con el mote de espíritu maligno de la revolución (que indefectiblemente sabemos que lo es); de revelarlo a modo de preclaro ejemplo de la plaga que nos cayó encima desde que aparecieron a la escena política y que se le considere como vestigio fundamental de la peste putrefacta que, cual gangrena, destruyó todo el tejido orgánico de la institucionalidad venezolana, es una estrategia como para andar acongojado, angustiado y desconsolado cual pavo real desplumado.
En los infaustos momentos que padecemos, quien no tenga firmes convicciones morales, se ilustre y se prepare está predestinado, como los miserables personajes de esta panfletaria revolución, a vivir de los falsos elogios o a aparentar que posee algo de materia gris. Los venezolanos no tenemos porque escoger entre el malo y el peor de la revolución que, a final de cuentas, es la misma miasma.
Llueve… pero escampa

domingo, 10 de julio de 2016

Madura, Nicolás… madura

Por Miguel Yilales
@yilales
La oposición, en política, es la fuerza que contraría los actos del gobierno u oficialismo y por lo general con ella se atañe a la figura antagónica del espectro político. Tiene un fin particular: hacerse con el poder. Es por eso que suena ridículo, y hasta infantil, la bendita cantaleta, de algunos personeros ligados al desastre que ha gobernado el país en estos 17 larguísimos años, de acusar a la oposición de querer deponerlos del poder y de que no contribuyen sumisa, disciplinada y religiosamente para la permanencia de la peste roja en el gobierno.
Luego de tanto tiempo en Venezuela sabemos que no es suficiente desalojar del poder, a quienes dilapidaron el equivalente de 250 mil dólares por habitante o lo que es lo mismo 1.500.000.000.000 de dólares y que no tienen una sola obra importante que demostrar, a menos que se considere como tal: unos cuantos taxis; unos cientos de autobuses y unos rieles de ferrocarril inconclusos, si no que es imprescindible obtener victorias políticas (no solo electorales) que envíen a la pestilencia roja al ostracismo y al olvido que se merecen.
Pero sí usted es de los que creen que las princesas y los príncipes tienen la sangre azul, que al final del arco iris está una cazuela llena de oro y que todos vivimos felices por siempre porque un ministerio decretó la felicidad suprema, desechará camino por vereda y optará por tomar los atajos que le lleven a cualquier salida exprés por eso de que nada podía ser peor que la IV (vino la V) y nada más vil que el cadáver insepulto (vemos lo que legó).
En cuatro patas
El Calígula venezolano, en medio de achaques que le hacían desvariar, nombro a su devaluado Incitato criollo como su heredero, un hecho irónico que denotó el sarcástico desprecio que sentía hacia su propio movimiento político y hacia sus compinches de satrapías y tropelías. Luego, de investido de autoridad, el acémila se convirtió en un moderno Nerón que prefirió incendiar al país por los cuatro costados antes de aceptar su incapacidad manifiesta para gobernar, para andar y hasta para expresarse con coherencia.
Lo único que puede reconocérsele a esta peste, y que debe ser un caso para documentar en ¡Aunque usted no lo crea! de Ripley o en el Guinness World Records, es la capacidad de descubrir polifacéticos esperpentos. Es que no debe haber otro lugar en el mundo en la que se nombre a un neófito e ignaro en un ministerio, que su desempeño sea paupérrimo y que en lugar de destituirlo lo designen a otro cargo ministerial del que tampoco sabe nada y que desempeñará con igual impericia, torpeza, incapacidad e incompetencia.
Esta historia se ha vuelto tan culebrera que pareciera una novela por capítulos en la que el final nunca llega, algo así como “El derecho de nacer” y “Por estas calles” juntas. Por ello se repite, una y otra vez, el fraude electoral, las sentencias espurias, las afirmaciones baladíes de las vestales del ministerio electoral, las acusaciones sin fundamento del experto en batería de cocina que administra las injusticias contra la oposición, las amenazas de guerra contra el imperio, las bravuconadas de unos militares cuyo mayor entrenamiento se circunscribe al codo (y no por hacer flexiones) y la proliferación de personajes serviles, rastreros y despreciables dispuestos a gatear en cuatro patas.
Maduro problema, problema maduro
Pero eso de repetir historias, en esta novela, no es exclusivo del gobierno. Al líder del opositor partido amarillo lo despojaron de la victoria y no pudo drenar su “frustrachera” (frustración con arre…ra) porque lo enviaron de paseo sin pasar por Go, ni cobrar 200. Y aunque el color sea recurrente y la circunstancia parecida me refiero al de 1952 y no a otro que puedan suponer.
Ese fraude, y el subsiguiente de 1957, no hicieron que la gente saliera a la calle (como algunos pregonan) y solo fue el ruido de los motores de la Vaca Sagrada, con el dictador a bordo, los que sacaron a la muchedumbre. Pérez Jiménez de forma madura entendió la recomendación de Llovera Páez de irse antes de que fuese tarde.
Cuando Maduro berrea, chilla y hace pataletas; no acepta la realidad tal cual es; manifiesta poco juicio e imprudencia; asume conductas inapropiadas a las circunstancias y además se muestra inestable, irresponsable y carente de dominio de sí mismo porque la oposición lo quiere sacar del poder, solo se le puede recomendar madura, Nicolás… madura porque “pescuezo no retoña”.
Llueve… pero escampa