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sábado, 17 de noviembre de 2018

Uniformados de pacotilla


Por Miguel Yilales
@yilales
Nadie consentiría poner la seguridad de su hogar en manos inexpertas solo por ahorrarse algunos centavos porque sabe que a la larga la alarma no funcionará, el sistema colapsará y los vigilantes correrán al escuchar el primer ruido de ratones y de ser ese el caso la culpa no sería del custodio sino de los irresponsables propietarios que buscaron a unos parapetos para poner en sus manos sus bienes más preciados.
La mayoría de las naciones del mundo están al tanto que su seguridad y defensa es cosa seria y por eso se la encomiendan a ciudadanos responsables, confiables, profesionales y especialmente entrenados para ello, sin embargo en esta República, que ni bananera llega a ser, desde hace algún tiempo nadie vela por su seguridad, ya que en las filas militares muy pocos saben cuáles son sus funciones ni si de verdad tienen alguna razón de existir. Es que desde que llegó al poder esa aberración política, que algunos mientan revolución bonita, aunque en realidad no ha tenido nada de revolucionaria ni de bonita, el territorio nacional ha quedado en manos, con la venia y el amparo castrense, del terrorismo internacional, del narcotráfico continental y de la corrupción obscena del Foro de Sao Paulo.
No serán santificados

En otras latitudes pertenecer a las Fuerzas Armadas es razón de orgullo; hay incluso países, de esos que el chavismo desprecia por haber mantenido monarquías retardatarias en tiempo de nuestra “moderna democracia participativa y protagónica”, en la que los propios herederos de la corona se enrolan, van al frente y conocen la realidad militar mientras que los de aquí se entrenan en la lucrativa industria del blanqueo de capitales, en el fructífero tráfico de estupefacientes y en el productivo robo, matraqueo y desfalco mientras sus conciudadanos mueren de mengua, la inopia los diezma o huyen del país como unos parias.
Es que cuando se tiene una Fuerza Armada que se autodenomina heredera de las glorias de los libertadores pero que en lugar de conocer el Arte de la Guerra, de leerse a Clausewitz o conocer a Huntington solo se ha leído los discursos panfletarios de un milico golpista y de sus mentores cubanos se entiende porque adquirieron la maestría en el contrabando, la destreza en la destrucción del medio ambiente y la pericia en el difícil, peligroso y complicado arte de la adulación al tirano de turno.

Por eso tenemos deplorables resultados en la preservación de la integridad territorial, en el bienestar ciudadano, en el funcionamiento institucional y en el ejercicio de las libertades públicas y no podemos aspirar que actúen frente a las amenazas que atentan contra la forma de vida de los venezolanos; que entiendan la seguridad colaborativa o cooperativa, más allá de la seguridad colectiva, encarnada en la propia ONU, y de la defensa propia o colectiva, que reconoce el artículo 51 de la Carta de San Francisco (donde la defensa también juega un papel protagónico) y menos aún que comprendan que la connivencia con grupos irregulares, terroristas y extremistas internacionales es como quien se acuesta con el Diablo y pretende levantarse con aureola, alas y santificado.
Un Estado fallido
Frente a este panorama nuestra pusilánime dirigencia militar, muy distinta a aquella que se opuso y derrotó la invasión cubana en la década de los 60, actuó ante la incursión de la Corbeta “Caldas” y enfrentó los alzamientos contra los gobiernos legítimos, prefiere hacer como el avestruz ante el peligro e implora a los asesinos de sus propios soldados, sin nombrarlos para no ofender a sus camaradas, que no sean tan malucos; se hace la vista gorda de que esos crímenes han sido cometidos por los facinerosos que ellos mismos protegen y encubre las impunes violaciones a los presos políticos, a los trabajadores que claman por reivindicaciones, a los estudiantes que aspiran un futuro y a los famélicos ciudadanos que exigen poder alimentar a sus hijos. Definitivamente son un pesado e inútil fardo que cuando los necesitas no cuentas con ellos y cuando existen solo sirven para desfilar.
Venezuela es un Estado fallido incapaz de garantizar la paz, cumplir los compromisos que favorezcan un orden internacional más estable y duradero, respetar los derechos humanos, velar por la seguridad humana y propiciar las condiciones mínimas para que las personas se sientan seguras porque, entre otras cosas, los responsables de la seguridad son unos uniformados de pacotilla.
Llueve... pero escampa

miércoles, 17 de octubre de 2018

Los genes de la maldad

Por Miguel Yilales 
@yilales
La genética es una disciplina científica seria. Desde que Mendel iniciase su estudio, sabemos que hay rasgos que se transmiten de los padres a los hijos, de los abuelos a los nietos y de generación en generación. Es tan así que en el refranero popular hay muchas menciones a las condiciones heredadas: de tal palo, tal astilla; hijo de gato, caza ratón; lo que se hereda no se hurta; la cabra siempre tira pa’l monte...
Lo cierto es que la herencia da para mucho. Incluso el humorista, caricaturista y periodista Leoncio Martínez escribió un sainete en un acto donde trataba el tema. En su obra teatral “El salto atrás”, llena de situaciones hilarantes, hablaba del horror de una familia venezolana de la época colonial, que se cree con abolengo pero ¡Oh, desgracia!... el bebé de la niña de la casa nació negrito a pesar “de que el padre es alemán y la mamá tan blanca como la nieve”. Desde esa época se comenzó a hablar del salto atrás para referirse, de forma despectiva, a las rasgos no esperados y para contrarrestar a las suegras que torturaban a las nueras con aquello de los hijos de mis hijas mis nietos son, los de mis hijos no sé si son. Es que el legado es el legado.
Incluso hay una disciplina que estudia las influencias ambientales y del comportamiento para explicar la herencia de rasgos y desórdenes del comportamiento en los humanos. Es que así como se hereda lo bueno, de seguro también se puede heredar lo malo.
Delincuentes con poder
Fíjense que hace algunos años tuvimos entre nosotros un pésimo personaje que se jactaba de ser descendiente directo de un cuatrero desalmado (Maisanta) y en consecuencia, en su actuar político y quizás por genética, desfalcó al país como un forajido de siete suelas y es posible que esa sea la causa por la que Jorge y Delcy se hayan dedicado a la misma práctica de su padre para obtener una prebenda porque desde los diferentes cargos ocupados han convalidado y justificado los raptos de Estado.
Antes de estos 20 años sabíamos que los secuestros, como el de Niehous, lo realizaban grupos irregulares y facinerosos con fines políticos o económicos pero ahora es una práctica que ejecutan los propios organismos policiales del Estado en franca violación a las más elementales normas de los derechos humanos. Cuando el régimen detiene sin orden judicial a un concejal, no lo presenta en tribunales en el lapso que corresponde, estando en custodia, por ser más peligroso que Osama Bin Laden, supuestamente se les “suicida” lanzándose de un décimo piso y el certificado de fallecimiento lo rubrica uno de esos que por la cadena de eventos de la defunción de seguro puede ser un buen camillero pero nunca un galeno, se sabe que estamos ante una desaparición forzosa de las que tanto se quejaban los que hoy están en el poder.
O si nos percatamos que un joven venezolano lo confinan 4 años, le difieren más de 56 veces la audiencia de presentación, no le permiten las visitas familiares, lo usan como mercancía de negociación y, cuando las cosas se les ponen color de hormiga, lo liberan de su cautiverio y lo expatrían como una medida de gracia sabemos que vivimos otro episodio de denegación de justicia, de ausencia de independencia de Poderes y de abuso del poder por parte de una tiranía que poco o nada le importa guardar las más mínimas apariencias.
Código genético putrefacto
Es que desde que Hugo Chávez llegó al poder y, ahora que su hijo putativo Nicolás Maduro lleva más de 5 años usufructuándolo, la delincuencia con poder ha estado a la orden del día y se han convertido en prácticas de Estado las desapariciones forzosas, los secuestros políticos, los allanamientos extrajudiciales, la violación a las derechos, la encarcelación sin juicio justo, el ruleteo judicial, las sentencias plagadas de vicios en los que la jurisprudencia del derecho, el Código Penal y la Constitución han terminado enrolladas para ser usadas como papel higiénico. Además ahora debemos sumar el destierro.
Los casos de Lorent Saleh y Fernando Albán son las últimas evidencias de que lamentablemente en Venezuela estamos en manos de secuestradores, delincuentes, mafiosos, contrabandistas, narcotraficantes, violadores de derechos humanos, déspotas, autócratas, asesinos y desalmados que no piensan entregar el poder porque para Nicolás, Jorge, Diosdado, Delcy y pare usted de contar, la maldad está impresa en su código genético desde que irrumpieron en la política venezolana.
Llueve... pero escampa

domingo, 8 de octubre de 2017

Votar o no votar... no es el dilema

Por Miguel Yilales
@yilales
En política, y más en la criolla, todo se mide en traiciones, traidores y traicionados. Al buscar cualquier capítulo de nuestra historia encontraremos quienes los explican desde esa acera. Es que resulta más sencillo tomar el atajo de justificar los errores o los aciertos si se tilda a los demás con el epíteto de traidores.
Por esa vía tenemos que Francisco de Miranda traicionó la independencia al capitular frente a Monteverde cuando todo estaba perdido, Bolívar traicionó a Miranda al entregarlo y salvarse con un salvoconducto que lo llevó a Cartagena de Indias aunque muy pocos mencionan que todo comenzó cuando en medio de la juerga, eso que hoy llaman echarse palos, perdió el Castillo San Felipe en Puerto Cabello, José Antonio Páez traicionó al Libertador aunque, en honor a la verdad, somos venezolanos gracias a la Cosiata y a la separación de Colombia. El resto del siglo XIX se midió en traiciones entre conservadores y liberales.
El siglo siguiente no fue diferente. El andino Gómez traicionó a su compadre y paisano Castro cuando este se fue a Europa a operarse de la próstata, Betancourt le metió su zancadilla a los militares en el 45 y estos le devolvieron la trastada pero al otro Rómulo, dicen que Pérez Jiménez se llevó por los cachos a su compañero de armas, que Carlos Andrés Pérez siempre estuvo rodeado de traiciones y conspiraciones hasta en su propio partido, que los comunistas venezolanos se fueron a las armas para traicionar a todos y que al final los militares terminaron conspirando entre ellos mismos para quedarse con el poder e instaurar una ineptocracia, narcotraficante, revolucionaria, socialista y profundamente chavista.
Traidores y sus traiciones
Dos de los más grandes ciudadanos de la historia, según mi humilde opinión, fueron acusados de traidores por su accionar político: uno saltó la talanquera en algunas ocasiones y fue electo al Parlamento Británico como representante de los conservadores y de los liberales y el otro fue presidente en dos ocasiones, acusado de asesino de estudiantes (que en realidad eran combatientes alzados en armas y asaltantes de cuarteles que no fueron recibidos con confeti) y de haber asaltado el erario aunque al morir sus millones sólo se encontraron en su obra escrita, en sus prolíficos artículos periodísticos, en su magnífica colección epistolar y por haber pensado, ideado y construido una sociedad con conciencia política.
Fíjense que en la actual coyuntura política, que ya llega a la mayoría de edad, aún hay quienes en lugar de proponer acciones coherentes se van por las ramas y se quedan en manipulaciones banales tales como que ejercer o no el derecho al voto (dependiendo del interlocutor) es un acto de traición porque todo se circunscribe a catalogar a los demás de Judas y a sus ejecutorias de traiciones.
Hay quienes aseveran que sí votas eres un desleal que se ha confabulado con las cúpulas podridas de los partidos políticos para darle una bombona de oxígeno a un régimen moribundo, aunque haya muertos que gocen de  salud, en especial si esta apoyado en las armas, de ipso facto te transmutas en un infiltrado en la lucha que se libró desde abril sin importar que esta no se limite exclusivamente a solo 4 meses ni que lleves confrontando a los chavistas desde su génesis en 1992 y además, por arte de magia, cometes felonía con el sacrificio de los presos políticos como si la abstención los fuese a dejar en libertad, con los asesinados por los organismos de seguridad del Estado como si estos no se remontaran a la incursión armada de Hugo Chávez y su caterva de delincuentes y con la diáspora que emigró en búsqueda de un futuro como si su sacrificio, que lo es, fuese el único cuantificable.
Nada de dilemas
Es que a nosotros se nos hace más fácil encontrarle lógica a los planteamientos viscerales que a los argumentos intelectuales. El sistema electoral venezolano está diseñado para que la mayor minoría sea la que decida. El voto es un derecho (voluntario) y no un deber (obligación) por lo que la abstención, el voto nulo y el voto blanco no tiene la efectividad de otros sistemas, no hay doble vuelta electoral que obligue a coaliciones, no funciona el sistema de la mayoría ni se requiere mínimos de participación para que sea legal una elección. En esas condiciones solo queda participar para que otros no decidan por ti... lo demás son pendejadas dilemáticas  entre votar y no votar.

Llueve... pero escampa

domingo, 18 de junio de 2017

Luisa Ortega ¿Una gallina tapada?

Por Miguel Yilales
@yilales
Dice un viejo proverbio árabe que sí dos actores políticos tienen un enemigo en común deberían poder trabajar juntos para obtener una victoria conjunta contra él. El ejemplo más significativo de la puesta en práctica de “el enemigo de mi enemigo mi amigo es” lo vimos en la II Guerra Mundial cuando norteamericanos y británicos hicieron un frente común con los soviéticos para confrontar a la amenaza nazi.
En ese entonces el primer ministro británico Winston Churchill para justificar su alianza con Joseph Stalin, que luego reconocería (antes de su muerte) como uno de sus mayores errores políticos y del que estaba profundamente arrepentido, dijo que “sí Hitler invadiera el infierno, yo haría un discurso en la Cámara de los Comunes con referencias favorables  al Diablo”.
Ese es el argumento que utilizan algunos gurús de la política para justificar una alianza con el chavismo original y puro para derrotar al chavismo derivado y degenerado (de Maduro) olvidándoseles que ambos son responsables de este desastre, que son ramas torcidas del mismo tronco enfermo y que una vez limadas las asperezas circunstanciales son capaces de confabularse para seguir profundizando el legado de Chávez que no es otro que más muerte, más desolación y más destrucción.
Dicen los conocedores de las Peleas de Gallos que para competir, además de su “castío” (casta, raza, cruces y color) los gallos deben prepararse para la riña: estar alimentados, con músculos fortalecidos y que no vean a sus contrincantes (ni sean vistos por ellos) para que no pierdan la fiereza. De ahí viene la expresión de gallo tapado también usada en la política.
Que no se olvide

Por eso es que algunos han planteado que la actuación de la Fiscal General Luisa Ortega Diaz, chavista furibunda y defensora del legado del mayor embaucador que haya tenido la república desde que Colón avistase Paria, debe ser respaldada no sólo porque se volteó y se enfrenta al madurismo sino porque debe ser reconocida (acorde al sexismo oficialista) como la gallina tapada que nos ayudará a salvarnos del chavismo cuando en realidad está tratando de rescatar lo rescatable de ese decadente prostíbulo que es el socialismo del siglo XXI.

Si ella va a actuar para desmontar el aparato chavista que lo haga. Si luego de casi 19 años se dio cuenta del desastre que ayudó a construir y está arrepentida ¡Bienvenida! pero no pretendan que olvidemos que tiene 10 años al frente del Ministerio Público; que Franklin Brito y Rodolfo González fallecieron en su gestión; que Araminta González, Lourdes Afiuni, Ines González, entre otras, fueron ultrajadas y vejadas siendo inocentes; que ella ha estado vinculada al chavismo desde sus comienzos y que su hermano es golpista originario; que pidió las penas más altas contra los policías metropolitanos condenados por los hechos de abril de 2012; que solicitó la extradición y enjuiciamiento del expresidente Carlos Andres Pérez por la represión policial y militar durante El Caracazo mientras se hizo la vista gorda por denuncias de torturas y homicidios atribuidos a la fuerza pública durante las protestas de 2014; que ha defendido como justo el encarcelamiento de Leopoldo López y de otros presos políticos y que sabía de la ilegalidad en el nombramiento de los magistrados del TSJ y con su cómplice silencio avaló las actuaciones en contra de la Asamblea Nacional.
Hasta el 2018
Los entendidos en el arte de regir los asuntos públicos, promotores que el fin justifica los medios y que todo es negociable (incluso los principios) son los mismos eruditos estratégicos que creen ingenuamente que con los vasos comunicantes con la disidencia chavista es suficiente para lograr el desplome de Maduro y que ellos, en un acto de desprendimiento, entregarían el poder a una transición opositora.

Es que estos notables habladores de pendejadas son los que plantean que es preferible volver a los orígenes chavistas antes que propiciar su caída definitiva porque, a su sabio entender, en la oposición no hay ningún liderazgo preparado, comprometido y dedicado que haya planteado un proyecto de país distinto, con lo cual muestran su prepotencia porque, entre líneas, dejan entrever su deseo porque los consideren a ellos como la única opción para que haya opción, mientras tanto promueven gallos tapados (que en este caso es gallina) para que les aguanten el coroto hasta el 2018, si es qué hay país y si es qué hay elecciones.
Llueve... pero escampa

domingo, 11 de junio de 2017

Neomar, un hijo infinito

Por Miguel Yilales
@yilales

Hay quienes dicen que las cosas ocurren porque tienen que ocurrir, que las coyunturas en el Universo obedecen a un plan determinado y que nada de lo que hagamos puede cambiar el destino. Otros creen que la fortuna la construimos los seres humanos cuando decidimos actuar, que frente a la incertidumbre podemos comportarnos de manera planificada y que el estudio y el trabajo disciplinado son las herramientas para alcanzar el éxito. Cierto es qué tanto en política como en la vida vivimos situaciones (fortuitas o planificadas) que nos definen como seres humanos.
Me gradué en el liceo cuando las promociones se ufanaban por llevar el nombre de un insigne ciudadano. Antes que resurgiera el militarismo ramplón a nadie se le ocurría, so pena de ser acusado de insania mental, proponer el nombre del presidente de turno, el de un bandolero de caminos (aunque hayan bautizado una universidad con el nombre de uno) y menos el de algún felón para designar a un curso de bachilleres.
A mi promoción orgullosamente le correspondió como epónimo el del insigne poeta Andrés Eloy Blanco. No sé si eso me marcó en lo intelectual, en lo ciudadano y en lo político o simplemente definió ese gusto por lo justo, lo correcto y lo adecuado que él demostró en su actuar, lo cierto es que cada vez que siento que las fuerzas me abandonan encuentro en sus versos y en su prosa razones para continuar.
El futuro de muchos

Esta semana pasada nuevamente padecí el desánimo y la indefensión al enterarme del asesinato de otro de los muchachos que se ha volcado a las calles venezolanas en busca del libre albedrío que fue secuestrado por unos facinerosos que se presentaron como los Robin Hood del siglo XXI cuando en realidad eran unas despreciables ratas callejeras que solo les interesaba enriquecerse a costillas de los más pobres. 
En 1992 los gorilas de uniforme, cuando arremetieron contra la institucionalidad e hirieron de muerte a la democracia, se quedaron con los crespos hechos porque nadie los acompañó en su andanzas, con la excepción de algunos decrépitos resentidos que se montaron en ese chalana vieja y oxidada que era el militarismo y que son los mismos que hoy ocupan (o han ocupado) altos cargos en el régimen. Hoy mujeres y hombres; hijos y padres; nietos y abuelos; el de la urbanización y el del barrio; el profesional y el obrero; el que estudia y el que no puede hacerlo; el venezolano por nacimiento y el extranjero que es más venezolano que la arepa; adultos y jóvenes, sobretodo los jóvenes, se han unido con una sola idea: "que la lucha de pocos valga por el futuro de muchos".


La prematura partida del joven Neomar Lander, un niño que nació y murió sin conocer nada distinto a esta inhumana y cruel revolución, me hizo llorar de rabia e impotencia por lo injusto de su muerte ¿Por qué? Porque nadie merece morir por la intolerancia de quién gobierna; porque unos militares y policías llamados a defender los derechos de los venezolanos se comporta como una fuerza de ocupación presta a aniquilarnos como enemigos; porque, como escribió Andrés Eloy Blanco en su poema "Los hijos infinitos", quien tiene un hijo o dos los tiene a todos, estén en la casa protegidos o en la calle con el pecho como escudo y la mente fija en una palabra: libertad.
Son nuestro porvenir
Es qué estos hijos infinitos que salen a luchar para restituir el hilo constitucional, esos que caminan descalzos con los pies llagados por unas calles que ya les son familiares, esos que han encontrado la generosidad de quienes los han adoptado, esos que con piedras, metras, chinas, escudos artesanales y chalecos antibalas de cartón enfrentan a militares armados hasta los dientes con bombas lacrimógenas, perdigones y municiones aliñadas (con tuercas, tornillos, cabillas y cualquier objeto para asesinar), esos son nuestro porvenir.


En la otra acera está el pasado: unas cacatúas sin plumas que gritan a los cuatro vientos para que los acompañen, en su aventura por perpetuarse en el poder, pero que solo reúnen a cuatro gatos; los que para medio enmendar sus culpas actúan timoratamente bajo la premisa de que lo hacen para salvar el legado de Chávez (aunque todos sepamos que su única herencia es la miseria, la corrupción, los narcosoles, un Estado fallido y Nicolás Maduro) y los que saben que la ira popular no respetará cogote corrupto (en el chavismo no hay pescuezo sano) y preparan su huida antes de que sea demasiado tarde. 
Llueve... pero escampa

domingo, 14 de mayo de 2017

¡Que se lo calen!

Por Miguel Yilales
@yilales
No hay nada que paralice a los delincuentes que el temor a ser encontrados y juzgados por sus desafueros. Así ocurrió con Eichmann, que por mucho que huyó, se escondió y se cambio la identidad al final fue encontrado, capturado y llevado ante la justicia por sus crímenes.
Esto viene a cuento porque la diáspora venezolana, esa que tuvo que salir de un país que se les hizo extraño; la que construyeron y alimentaron los más grandes traidores que hemos tenido; la que huyó de su terruño por pensar distinto y por el miedo a morir en las mazmorras y las catacumbas que regenta la policía política del país y la que se fue para ver crecer a sus hijos y nietos porque en esta Tierra de Gracia los padres entierran a los hijos por culpa de un hampa que a veces es gobierno y de un gobierno que siempre es hampa, les dio por increpar en público a cuanto boliburgues, ex funcionarios chavista y rojitos hijos de rojos padres que andan por el mundo con los dineros esquilmados al erario y se dan vida de marajá.
Enseguida surgieron algunas voces de "elevada" estatura política a condenar y cuestionar, lo que a su juicio, era una persecución que nada tenía que ver con lo político y constituía un acoso que rayaba en el fascismo, con lo cual demostraron que desconocen de las prácticas totalitarias, que no saben nada de valores democráticos y que se comportan como agentes encubiertos del régimen con el cuento que los hijos no son responsables de las trapacerías de los padres como que si el aprovechamiento de los bienes provenientes de delitos no fuese también un delito.
Ni herencia, ni lotería
Pareciera que a estos personajes se les olvida que nadie, absolutamente nadie, con la profunda crisis económica que generó el chavismo puede darse el lujo de comprar mansiones, adquirir lujosos Mercedes Benz o disfrutar por el Caribe en costosísimos yates a menos que su súbito enriquecimiento sea producto de una herencia de un familiar que nadie conocía y que en su lecho de muerte decidió hacer millonario al pobretón hijo de vecina que vive en Venezuela, una historia de telenovela sino fuese porque ese fue otro producto de exportación proscrito por la revolución.
Quisiera que alguien explicara ¿Cómo un "honesto" magistrado puede comprarse algunas propiedades de millones de dólares sin que se haya ganado el premio gordo de la Lotería de Navidad de España? ¿Cómo hace un "íntegro" golpista, que no le quedó pensión para subvencionar a sus hijos en París, Sídney, Nueva York o en Tucusiapón a menos que haya sido ministro, viceministro, gobernador o presidente de la Asamblea Nacional y durante su gestión se haya llenado los bolsillos a punta de coimas, sobornos y del cuánto hay pa' eso? ¿De dónde saca un chavista que dice ser probo para darse vida de acaudalado sin ser el afortunado poseedor del tíquet premiado del Lotto de Miami?
A los hijos del establishment chavista no les faltan medicinas, alimentos, ropa o calzados, no saben lo que es consumir los productos de segunda que reparte el régimen como dádiva de primera, no padecen la escasez de pañales, leche o tienen que acostarse con la barriga pegada al espinazo, ninguno estudia en las universidades chimbas (con sesgo ideológico, no son universidades) que han proliferado en esta suerte de populismo educativo y no temen a ser una estadistica más de la violencia que campea en el país porque andan en carros blindados y con escoltas.
Justicia con impunidad
Decía Thomas Mann que "la tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad" y con estos perversos delincuentes que se enriquecieron a costilla del sufrimiento de toda una sociedad no se puede ser tolerante.
Ellos cultivaron los vientos que los perseguirán porque no hay justicia con impunidad, mientras tanto les tocará calarse los sermones, los regaños, la persecución y, sobre todo, los escraches porque nosotros, por ahora, padecemos los insultos, la procacidad y la vulgaridad de un desalmado que baila luego de que sus esbirros (uniformados o no) torturan y asesinan a venezolanos; resistimos la represión y las bombas lacrimógenas del camarada Padrino y sufrimos a su cómplice, el teniente-capitán Cabello, quien "sugiere" (para los subalternos las sugerencias de los superiores son órdenes) pasarle el carro por encima a quienes protesten y al siguiente día son atropellados valerosos ciudadanos por unos cobardes militares montados en tanquetas o en vehículos del Estado.

Llueve... pero escampa

domingo, 7 de mayo de 2017

En esta tierra de desgracias

Por Miguel Yilales
@yilales
Cuando era más joven, entendiendo que la juventud es una actitud y no cuestión de edad, podíamos jugar en la calle, salir en patotas de amigos, caminar sin mayores peligros, ver televisión y esperar cada fin de semana para las reuniones familiares. Es que en esa época era casi que religioso que los domingos nos reuniésemos las familia en torno a la mesa para compartir un humeante plato de sopa (que siempre aceptaba más agua para nuevos invitados) o tener simples encuentros para jugar pelota de goma, un pisa y corre, al escondido, tonga, quemado o algún juego de cartas. Tradiciones vetadas a la muchachada de hoy por la instauración del terror como política de Estado.
Idi Amin, Mao, Stalin, Franco, Castro, Hussein, Ceaucescu, Mugabe, Pinochet, entre otros, entraron a los libros de la historia por su forma de tiranizar. Para ellos era necesario sembrar un ambiente de terror que les permitiese reducir a los ciudadanos a simple pueblo. Por eso es que Chávez siguiendo a estos mentores instauró el miedo para poder implantar una la oclocracia, que posteriormente fue consolidada, por Maduro, en una tiranía cleptocrática.
Creer que se está vivo porque se respira, el corazón palpita y los órganos cumplen sus funciones es asumir como válido el silencio para sobrevivir a unos delincuentes, que lo único que les ha importado es perpetuarse en el poder sobre los cráneos y osamentas de aquellos que han eliminado, y que es suficiente con aspirar a que la ruleta del destino, que giran los esbirros del régimen, le toque a los demás.
Venezuela no es Ruanda
En nuestro país no hay vida. Ni diurna ni nocturna. Atrás quedaron los bulevares y los centros comerciales para salir a pasear; una buena bailada en algún local nocturno o que los estudiantes pudiesen calmar la sed con heladas cervezas ¿Quién no bebió algunas al salir de clases?; mucho menos asistir a una función de cine, teatro o una inocente excursión por parques o tan siquiera por el Ávila.
Los venezolanos ni siquiera podemos estar tranquilos en nuestros hogares o fuera de ellos, en especial en esta época de protestas ciudadanas en contra de una de las peores y más crueles dictaduras que hayamos vivido, porque debemos esquivar los proyectiles disparados por los funcionarios policiales al aire(en algunos casos al de los pulmones o a la tráquea de un manifestante) o dormir con máscaras antigases no vaya a ser que a algún comando militar se le ocurra fumigar las residencias marcadas como opositoras, con lo cual demuestran que no sólo usan las técnicas de la propaganda goebbeliana sino que reeditan las prácticas nazis por el solo placer de asfixiar a niños, jóvenes, adultos y ancianos.
Es que para los que desgobiernan al país no hay mayor onanismo que gasear una escuela, una iglesia, una clínica o disparar potentes granadas directo a la cabeza o a la humanidad de quién se muestre contrario a la revolución chavista, pues les tiene sin cuidado asesinar, aniquilar o exterminar, como ha ocurrido con casi medio centenar de ajusticiados en un mes de protestas. Así como algunos alertaban que el país se estaba cubanizando y había quienes alegaban que "Venezuela no era Cuba", hoy nos estamos ruandanizando aunque algunos no sepan qué pasó en la fratricida masacre de Ruanda.
A todos nos puede tocar
Eso de qué hay que agradecer cada mañana por despertar con vida es una cruel realidad. La lapidaria frase pronunciada por el hijo del poeta (de pésima oda) de que la víctima "pude haber sido yo", prueba de que Dios castiga sin palo y sin rejo, o la tardía indignación de Dudamel por la innecesaria muerte de un joven músico cobran vigencia porque desde hace mucho tiempo los venezolanos cuando salimos desconocemos si regresaremos y en caso de volver si llegaremos a ver el amanecer.
Es que si no nos agarra el chingo, nos coge el sin nariz: si no son los delincuentes, son los colectivos; si no son los colectivos, son los policías; si no son los policías, son los GNB y si no son los GNB, son los delincuentes, a fin de cuentas un círculo formado por bestias de la misma recua que abundan en esta tierra de desgracias en la que: un dictador se cree demócrata, los esbirros juran que las torturas son justas, los delincuentes pueden llegar a magistrados, el ministerio electoral no organiza elecciones legales sino las ilegales que ordena su amo y conviven unos militares que compraron toda la rifa para una estadía eterna en La Haya.

Llueve... pero escampa

domingo, 26 de marzo de 2017

Una potencia de a real y medio

Por Miguel Yilales
@yilales
Normalmente las monedas se utilizan para completar los pagos exactos o se reciben como parte del dinero entregado de sobra al cancelar por un bien pero en el país con la más alta inflación del mundo y en el que circula un billete duro de sacar de circulación, una mezcla de John McClane (Bruce Willis), Rambo (Sylvester Stallone) y Terminator (Arnold Schwarzenegger) de los billetes, estas no sirven ni para darlas de limosna.
Hace muchos años a los niños venezolanos les enseñaban una canción que hablaba sobre un genio de las finanzas que compraba, gastaba y siempre tenía lo invertido para conseguir más: compraba animales que parían y en un acto de prestidigitación siempre le quedaba lo que había gastado, por lo que seguía comprando y acumulando bienes de fortuna. Toda una escuela de economía, sin reglas y que solo funciona si quien subvenciona es papá Estado.
En la Venezuela de hoy hablar de la canción “Con real y medio” es como hablar de arqueología. Primero porque las monedas son una especie extinción, segundo porque no tienen ningún valor y finalmente porque nos veríamos obligados a cargar con una mochila a lo Indiana Jones para poder comprar una simple golosina o un diminuto chocolate. Es que en tiempos revolucionarios las monedas son un peso inútil e innecesario para una republiquita de pacotilla que es incapaz de garantizarles a sus conciudadanos las condiciones mínimas para subsistir, vivir y medio sobrevivir.
Entre guerras chimbas
Resulta que la única nación del mundo que ha estado bajo un ataque constante desde que inició el milenio, que ha resistido las inclementes y despiadadas arremetidas de las potencias del orbe deseosas de quedarse con nuestras riquezas, que ha opuesto resistencia a más conflagraciones que las ocurridas en las Guerras Púnicas, las Médicas y las del Peloponeso le dio ahora por auto proclamarse como potencia global.
Luego de enfrentar la guerra económica, la mediática, la eléctrica, la climática, la diplomática, la psicológica, la de las iguanas, la de los billetes de 100, la de los electrodomésticos, la de los panaderos, la de los transportistas, la de los especuladores y los bachaqueros, la farmacéutica, la parlamentaria, la de Obama (aunque entregó la presidencia aún hay vallas con lo del decreto), la de la derecha apátrida y la de los niños asesinos no se podía esperar otra cosa sino que se erigiera como el gran referente político, el cirio de la resistencia y el norte a seguir (a escala mundial) por su poderío y capacidad.
En términos actuales una gran potencia se define por poseer una economía fuerte bien sea por su producto interno bruto (nosotros tenemos al campeón de las brutalidades pero en eso no aplica); por su valor monetario (en el nuestro con lo que dispensa un cajero automático solo alcanza para 4 cafés grandes) o por la producción de bienes y servicios (aquí la luz está en constante racionamiento; el agua potable es insalubre y se va a cada instante; la sanidad brilla por su ausencia; la educación está en manos de unos neófitos que la usan para ideologizar y padecemos un brutal desabastecimiento que va desde una hogaza de pan hasta de gasolina) o por sus poderosas fuerzas militares (no aplica para las que se les pierden los helicópteros o las que instalan vivacs en territorio colombiano porque el GPS se quedó sin baterías).
Desvergonzados sin prurito
Lo preocupante de esta bolivariana, socialista, revolucionaria y chavista potencia (con indicadores que la ubican a niveles de Burundi, Zimbabue y Afganistán) es que sus cabecillas perjuran que vamos por buen camino a pesar de los pésimos resultados, que la vaca da para seguir ordeñándola y que el cuento de que somos una antorcha que todos siguen (los demás países van en sentido contrario) sirve para seguir engatusando a incautos.
Los únicos que todavía se gozan a esta depreciada potencia de a real y medio son los que se han enchufado para saquear al país desde un cargo público, son los empresarios que se hicieron millonarios lactando de las ubres del Estado y que hoy asisten a los actos, sin ningún prurito, a que les den millonarios aportes a cambio de una arrastrada y roncera adulación, son los menesterosos (de principios y valores) que se han convertido, de la noche a la mañana, en poseedores de todo lo expropiado y son todos los boliburgueses que no pueden ocultar los lujos, el derroche y las ostentaciones propios de unos recién vestidos.

Llueve… pero escampa

domingo, 29 de enero de 2017

Aquí no se habla mal de Chávez

Por Miguel Yilales
@yilales
Los regímenes totalitarios son alérgicos a las críticas y muy propensos, por no decir que es lo único que les importa, a que les alaben y adulen por cada bocanada de aire que se respira, por cada gota de saliva que se traga y por cada vez que se pestañee. Hay quienes obligan a los gobernados a cantar canciones, poesías y hasta reverenciar fútiles estatuas en una especie de exaltación elogiosa del Líder Supremo.
Y aunque usted pueda suponer que en las líneas precedentes he descrito a nuestro tropical infierno venezolano, realmente me refería al atroz gobierno de un país asiático que hizo que una polémica ex miss venezolana (la misma que levantase polvareda entre Clinton y Trump) estuviese en el ojo del huracán por sus dislates. Es que todas las dictaduras siguen el mismo guion, no importa si ocurren en Corea del Norte o en Venezuela.
Desde que la más pestilente plaga llegó al poder se ha dedicado a instaurar el terror, como política de Estado, mediante retorcidas variantes de aniquilaciones políticas que han ido desde la persecución judicial al exterminio extrajudicial; desde el simple amedrentamiento a la inhumana tortura y desde la injusta cárcel al doloroso exilio de todo el que piense, es decir, de todo aquel que se les oponga, lo cual han complementado con la estrategia de negar la realidad, ocultar sus desaciertos, invisibilizar a sus críticos y responsabilizar a los demás (al Imperio, a los opositores, a los empresarios, a los productores y a los consumidores) por su torpeza evidenciada en sus innumerables errores, en sus disparates discursivos y en los desatinos en sus ejecutorias.
Prohibido pensar, disentir y criticar
Será por ello que al más perverso personaje de la revolución se le ocurrió la genialidad de prohibir que en las oficinas públicas se hable del responsable de este desastre, con lo cual evidenció, primero, el retraso con que llegó, si es que lo hizo, a la repartición de materia gris y como le rellenaron la cavidad craneal con desechos ventrales y gamelote seco; en segundo lugar que en las instalaciones estatales se conoce quién es el responsable de este desastre y cuán irresponsable y perverso fue, en su lecho de muerte, al transferir el poder a un troglodita social, ignorante cultural y aberrado político; y, por último, que no importa si se despotrica del descartable, prescindible y prolijo legatario.
Pretender que nadie vea lo que es evidente, aspirar que se puede ser feliz porque a algún idiota se le ocurrió decretarlo, anhelar una sociedad de incondicionales y eunucos mentales sin capacidad de criticar el enriquecimiento vulgar que tuvo la familia presidencial anterior o que la actual tenga miembros involucrados en el narcotráfico internacional son muestras de la idiotez de unos cavernícolas políticos que no viven la realidad nacional.
Igual ocurre con quienes esperan que se acepte tranquila, sosegada y taciturnamente que las armas de la República estén en manos de una entelequia desprestigiada, anodina, deshonesta, cobarde, indisciplinada, indigna, sin pundonor y de relajada conducta que ha servido de muleta a unos déspotas y que no se les reproche que se hayan aliado con delincuentes extranjeros (Fidel y Raúl Castro, los Kirchner, Lula y Dilma con Odebrecht, las FARC, el ELN, entre otros) y con los malandros nacionales (cárteles de la droga, pranes y colectivos paramilitares) para sustentar a esta tiranía.
Es la verdad y solo la verdad
Decir la verdad, hablar de lo que ocurre y llamar las cosas por su nombre no es hablar mal. Decir que Hugo Chávez fue el responsable del desastre que vivimos no es hablar mal de él sino desnudar la realidad que hoy pretenden ocultar con propagandas y manipulaciones. Expresar que los sueldos son miserables, que hay venezolanos muriéndose de hambre, que vivimos una crisis humanitaria en la salud y que la inseguridad nos lleva por la calle de la amargura no es hablar mal de Chávez, más bien es reconocerle que procreó, cuidó y alimentó a un monstruo (el chavismo es la Hidra de Lerna del Siglo XXI) para luego dejarlo al cuidado de alguien tan incapaz, perverso y vocinglero como él.
La realidad es que han destruido al país, nadie puede decir que hay un solo indicador, ámbito o parámetro en el que hayamos mejorado en estos 18 años y por eso aquí no se habla mal de Chávez, menos se le denigra o se le calumnia, aquí se habla de la realidad y de la verdad que vivimos los venezolanos.

Llueve… pero escampa

sábado, 5 de noviembre de 2016

No son demócratas

Por Miguel Yilales
@yilales
La naturaleza es una cosa seria. Nadie se escapa de ella ni puede pretender ser otra cosa que lo que es. Un marisco no es molusco, un burro no es caballo ni un gorila es humano por mucho que algunos simios se comporten mejor que muchos hombres. Así también ocurre entre las personas nadie puede pretender que un ingeniero piense como periodista, un médico como arquitecto, un sociólogo como psiquiatra, un estudiante como profesor, un terrorista, extremista y fanático como un pacifista, un religioso como un epicúreo o un militar como un civil.
Para el cadáver insepulto y su camarilla de cómplices, que no creían en la democracia ni la entendían, su paso por la vida militar era importante porque desde allí tenían la posibilidad de emular al gorilato latinoamericano y asaltar por la fuerza a las instituciones del Estado para instalar un régimen paramilitar con modos de democracia, pero que no podía ser tal, al tener ministros que ejecutan órdenes en lugar de administrar, con funcionarios que adulan su jefe en lugar de servir al ciudadano y con un Estado organizado en batallones, brigadas, unidades y milicias.
Hoy la casi totalidad de las democracias se basan en una constitución que organiza y controla el funcionamiento del Estado, donde prevalece la división de poderes, el derecho a votar y ser votado, el derecho de la propiedad, la existencia de partidos políticos (en plural), la libertad de expresión, la libertad de asociación y la vigencia de los derechos humanos, que se traduce en la coexistencia de la regla de la mayoría con los derechos de las minorías.
No hay elecciones militares
Por estas razones ninguna institución, organización o persona que utilice un sistema en el que solo prevalezcan las órdenes, su cumplimiento y el castigo puede considerarse democrática y eso incluye a los militares de un país, a los grupos irregulares alzados en armas, a las mafias y a las pandillas gansteriles que tienen la misma estructura castrense, con jerarquías y mando indiscutible (hasta que eliminen al capo), con capacidad para entrenar y ejecutar acciones de combate. Todo lo contrario a los sistemas democráticos. Y aunque a algunos, militares incluidos, les puede sonar chocante, eso es así.
Imagine usted a Eisenhower consultándole a las tropas aerotransportadas antes del Día D sí estaban de acuerdo o no con el desembarco, cuántos apoyaban Normandía o sí debían hacerlo en Calais, qué tipo de armamento usar y cuántos hombres emplear o a Patton preguntándole, mediante elecciones, a los oficiales y a la tropa cuál debía ser el plan de abastecimiento logístico para el desembarco en Sicilia. Reemplace los nombres por Al Capone, Pablo Escobar, el Mono Jojoy, el comandante Fausto o el capitán cavernícola del mazo y no habrá diferencia.
La realidad es que, genéticamente, el régimen chavista, formado por militares golpistas, por exguerilleros adiestrados en Cuba, por trasnochados ñangaras, por las más corruptas mafias latinoamericanas, por terroristas entrenados en el Oriente Medio y que vive en conchupancia con los cárteles de la droga, no puede aplicar para sí mismo los preceptos de la democracia.
Ni excomunión ni Guardia Suiza
En consecuencia para ellos el diálogo no es la forma de dirimir las diferencias sino una acción retardatriz que les permite ganar tiempo, reacomodar fuerzas y destruir al enemigo que, en su caso, es la oposición, saben que obligarán a la MUD a levantarse de la mesa de diálogo y, como quien se ve al espejo, la acusarán de antidemocrática, fascista y terrorista y además porque sí dejan con los crespos hechos al enviado del Vaticano saben que el papa Francisco no retirará al nuncio apostólico, como ñangaras (que son) no les quita el sueño la excomunión por estafar, mentir y embaucar a Su Santidad y porque no temen la invasión de la Guardia Suiza Pontificia.
Ojalá que la oposición haya acudido al diálogo a sabiendas de que todo esto va a ocurrir y no con la creencia de que la sola presencia del Vaticano produciría una epifanía transformadora que permitiría activar las elecciones, liberar a todos los presos políticos, el retorno de los exiliados, la reinstitucionalización del ministerio electoral y del bufete de la suprema injusticia, el reconocimiento de las funciones de la Asamblea Nacional y la atención a las víctimas de la crisis humanitaria que vivimos, si no lo hicieron entonces son pendejos y aún no han comprendido que ellos no son demócratas.
Llueve… pero escampa

domingo, 17 de julio de 2016

Con el agua al cuello

Por Miguel Yilales
@yilales
Hace algún tiempo, un connotado dirigente político, dijo: “el que se cansa pierde”, consigna que lanzó el día que se entregó a las fauces de una bestia que estaba ávida de sangre y que no le soltaría la yugular hasta verlo sin vida o por lo menos clamando por ella. Desde ese día ha pasado mucha agua bajo el puente y, aunque no lo han doblegado, debemos reconocer que la situación ha empeorado.
Esa frase de Leopoldo López parafrasea una expresión que se escuchaba en la Plaza Altamira en el año 2002, cuando el general Néstor González González arengaba para que la perseverancia, y la constancia fuesen los ingredientes de lucha contra un régimen desalmado, irresponsable e insensato que prefería la destrucción del país antes que reconocer que el rumbo político nos llevaba al Tártaro.
Casi tres lustros han transcurrido desde ese entonces y el objetivo principal del Atila de América se ha cumplido: arrasar con toda la civilización a su paso y convertir en desierto el país más prospero, pujante y dicharachero del mundo. A su marcha se secaron los ríos, se acabaron los cultivos y plantaciones, se desaparecieron los rebaños bovinos, ovinos o caprinos, se acabó con cualquier tipo de producción a excepción de la miseria que han exacerbado a niveles inimaginables y se dilapidó millones de millones de dólares solo para convertir a los ciudadanos en mendigos gubernamentales y enriquecer a esa satrapía que dirige el Socialismo del Siglo XXI.
Un bagazo de país
Como sí el bagazo de país que dejó el trapiche socialista y que operó el trapichero insepulto no hubiese sido suficiente, nos ha tocado, estos últimos años, estar en las manos de un morlaco que puso todo su empeño para dejarnos como tierra estéril e inútil mientras gana tiempo con actos inútiles.
Por esa vía ordenan ovacionar, conmemorar y hasta agasajar desde el nacimiento de un perro de la misión Nevado hasta la muerte de un cualquiera como si fuese un prócer. En una muestra de la inopia revolucionaria les dio por “ascender” a Almirante en Jefe (todo un pleonasmo) al generalísimo Francisco de Miranda y transmitir una película por radio (todo un disparate audiovisual); mañana es posible que restituyan en el cargo a Vicente Emparan porque fue derrocado por la derecha oligárquica colonial o decretan fiesta nacional el 24 de enero, para reivindicar que las huestes del gobierno asesinaran a los parlamentarios que pretendían un “carmonazo” constitucional (Escarrá dixit).
Lo cierto es que en esta república bananera (sí es que es una u otra), gobernada por lo más despreciable que ha podido surgir de esta tierra (sí es que son de aquí) y constreñida hasta más no poder (ya no da para más) nos sentimos empachados de la politiquería barata que impulsó esta caterva que nos desgobierna y de una oposición tarambana y frívola que le cuesta dar pie con bola. Un régimen que se empeña en que un socialismo reiteradamente fracasado y demodé es la solución y un “liderazgo” opositor que cree que el cargo es lo que lo convierte en líder y no al revés, por lo cual unos diputados, electos para 5 años y sin que haya transcurrido el primero de ellos, ya aspiran a postularse para gobernadores por aquella manipulación de que sin ellos no hay país, no hay oposición y no hay futuro.
Cansado de esta vaina
Estamos entrampados en una situación en la que provoca poner pies en polvorosa, no porque la derrota haya tocado a nuestras puertas sino porque el futuro es más incierto que lo normal; porque cansa que mueran neonatos en los hospitales pero las protestas sean por una cadena que no les dejo ver una entrega de premios en Miami o un juego de futbol en Europa; porque no es lógico que aun haya venezolanos que no vean que el chavismo, los originarios o sus derivados, mientras besan… matan; porque a los venezolanos se les va la vida en unas miserables y sórdidas colas para comprar los productos de la canasta básica y porque por mucho esfuerzo que se haga no parece, que a unos y a otros, les importe algo más que sus intereses.
Llevamos más de 17 años de lluvia incesante y, en lo particular, quiero ver y disfrutar con mi familia y amigos (los que se fueron y los que aún permanecen en el país) un sol democrático y un arco iris de prosperidad, inexistente mientras esté el chavismo en el poder y haya quienes se empeñen en sostenerlos porque aún no les ha llegado el agua al cuello, ni les ha tocado la hora de la agonía revolucionaria.
Llueve… pero escampa