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miércoles, 21 de enero de 2015

Este maltrecho país devaluado

Miguel Yilales
@yilales
Como todo lo que ha ocurrido desde que la revolución bolivariana llegó al poder, los inicios nunca son cuando deben ser: el siglo, las décadas, los años, todos han comenzado tarde.
Nuestro país está hipotecado, devaluado, destruido y desgarrado por una gestión que montada sobre el odio y el desprecio por el otro fue capaz de dilapidar miles de millones de dólares para instituir un proyecto demostradamente fracasado.
Este 2015 nos agarra sin batería para el arranque (como no hay en el mercado deben estar a la espera de ella) precisamente ahora cuando atravesamos la crisis económica más severa de los últimos años, tenemos un desabastecimiento generador de interminables colas de venezolanos escudriñando lo que encuentren, una moneda que cada día vale mucho menos y una inflación galopante, según las maquilladas cifras oficiales alcanzó al 60% pero que en el bolsillo común es superior al 100%, a alguien se le ocurrió que era mejor hacer una gira turística que adoptar las necesarias e impopulares medidas.
Pero no pretendo hablar de economía por dos razones básicas, la primera es que no es mi área de experticia (y no hay nada más pavoso que los sabelotodo) y segundo porque aun no hay anuncios de que hablar, aunque parece irónico que entre la peregrinación internacional del usufructuario del comandante galáctico, la pedidera de préstamos y la visita a países de la OPEP que decidieron no disminuir la producción, no haya habido tiempo para anunciar las medidas que serían anunciadas cuando cayera el año viejo, claro lo que uno no podía saber a cual año viejo se referían sí al hebreo, al chino o al musulmán.

A repartirse lo que queda

Fíjense que mientras al gobierno le da por no anunciar, a la oposición le da por no declarar. Mientras al gobierno le da por marchar, a la oposición le da por llamar a la calle. No hay quien tome decisiones coherentes, ni quien gobierne y menos aun quien se oponga a este desastre que nos agarró en medio del naufragio y sin salvavidas.
Este año de crisis es también año electoral y al régimen se le ocurrió la genialidad de convertirlo en el año de la profundización ideológica, con el agravante que ninguno de ellos es practicante de esa doctrina, algo así como que sí el reverendo Martin Luther King en su lucha por la igualdad de los derechos civiles, contra la segregación y la discriminación racial estadounidense le hubiese dado por andar con una capucha actuando en nombre del Ku Klux Klan.
Mientras que la oposición, jugando el mismo tablero gubernamental, tampoco atina a hacer lo que debe hacer y no lo hace porque no ha aprendido a interpretar el pensamiento militarista de quienes detentan el poder: para ellos no hay elección sino confrontación, para ellos no hay diálogo sino injuria, afrenta e improperios, para ellos hay ofensivas y contraofensivas.
Cuando en la oposición unos apostaban porque las protestas iniciadas a principios de 2014, y que en estricto apego a la constitución eran un derecho, permitieran una solución política, otros se aventuraban por una cohabitación a la que no habían sido invitados.
Finalmente estas le sirvieron al régimen para perseguir a la oposición, poner en práctica su aparato represivo, destituir a alcaldes y encarcelar a algunos dirigentes incómodos; mientras que a la oposición demostró su talante democrático, su capacidad discursiva y que los “salidistas” no tenían la razón.

Un nuevo reto, un nuevo camino

Lo lamentable es que quienes hace un año se opusieron a “la salida” porque no había sido su idea o porque cuestionaban el liderazgo del único que sabía cuál era el camino y cuándo el tiempo de Dios para implementarlo, hoy la plantean campantemente sin importar el año perdido y las consecuencias de anteponer su partido, su estado, su empresa o su popularidad por encima de los intereses del país.
Esta es la verdadera devaluación que padecemos los venezolanos: una desvalorización moral y de principios, que sabíamos estaba en la naturaleza de esos guapetones de barrio que dicen gobernar, pero que deseábamos no estuviese en los genes de quienes decían oponérsele.
Hoy cuando el color político se constituye en un mecanismo para el apartheid tenemos el reto de deslastrarnos del oportunismo, la conveniencia personal y del provecho partidista para que todos juntos nos ocupemos por sacar adelante a Venezuela y que deje de ser este maltrecho país devaluado en que lo convirtió una revolución nada bonita.

Llueve… pero escampa

miércoles, 29 de enero de 2014

El Pinocho de Miraflores

Miguel Yilales
@yilales
En la literatura universal ha habido mentirosos famosos. Sancho Panza mintió al hacerse pasar por quien no era, el Barón de Münchhausen que contaba historias que nunca le habían ocurrido y el más famoso de todos Pinocho ese muñeco con vida que le crecía la nariz cada vez que mentía. Así como en la poética ha estado presente la mentira, la política y la mentira suelen ser buenas compañeras.
Cuando la incipiente política parlamentaria británica iba perfilando las modalidades de las que siguen viviendo nuestras democracias, salió publicado “El arte de la mentira política” atribuido a Jonathan Swift, en el que trataba sobre la siguiente premisa: el mentir bien a los ciudadanos no es cosa que se improvise; es un arte con todas sus reglas.
Y habría que preguntarse si el discurso político en Venezuela es, por esencia, mentiroso o si la clase política venezolana ha resultado más fácilmente gangrenada por el rechazo a la verdad.
Todo esto viene a piscolabis por la pieza de oratoria que el émulo del gigante de América, por supuesto que no me refiero a Bolívar, Martí, San Martín o Hidalgo, regurgitó ante la Asamblea Nacional y la audiencia que lo siguió a través de los medios de comunicación.

Mentira refinada

El segundo al mando, me atengo a que la Fuerza Armada primero le rinde honores al Comandante Eterno y luego a él, siguió al pie de la letra lo que sus logógrafos le compusieron; entre citas, lugares comunes y mentiras, este Demóstenes de quinta, por la república, trató de convencernos que todo estaba bien.
Entre abrir comillas y cerrarlas dijo que cambiaría ministerios, que los fusionaría, pero se reservó que al día siguiente juramentaría a 107 viceministros, con secretaria, chofer, escoltas, presupuesto y un perro Golden Retriever, de esos callejeros que andan deambulado por la ciudad y que la Misión Nevado está recuperando.
Así como quien no quiere la cosa, anunció lo que todos esperaban, las medidas económicas y en especial si habría o no devaluación de la moneda. Como todo un Frank Abagnale de nuestra época, señaló que el cambio de la moneda se mantendría a la tasa de 6,30 bolívares por dólar americano todo el año, lo que desconocíamos era que se refería al año chino que terminaría el 31 de enero.
El júbilo y la duda estallaron al unísono, pero ese regodeo solo fue alegría de tísico. A los pocos días el vicepresidente del Área Económica, ministro de Petróleo y Minería, presidente de PDVSA, presidente del Fondo Simón Bolívar para la Reconstrucción, presidente del Consejo Nacional de Exportaciones, cuarto bate, capitán del equipo, recoge bate y paremos de contar, anunció que el 6,30 del soflama pinochista era realmente 11,30 y que debían reducir la cantidad de dólares por cada venezolano, para perseguir a los “raspa cupo”.
Nada dijo de los 20 mil millones de dólares, estafados a la nación por empresas de maletín, autorizados por funcionarios revolucionarios y por los cuales ni hay presos, ni imputados y mucho menos destituidos, con la excepción de la exministra exhibicionista, me refiero a las exhibiciones de esgrima, que le falsificaron la firma.

Con real y medio

Del cupo viajero llamó la atención que aprobaron US$ 2500,00 para Cuba y solo US$ 700,00 para Florida, quizás con la intención de incentivar el turismo de aventura, ya que se podría viajar a La Habana, tomar el cupo completo y cruzar en balsa hasta Miami, con lo cual sentiríamos lo que es navegar en balsa rodeado de tiburones.
Otro aspecto positivo es saber que ya nos ajustamos al calendario chino, porque el cambio a 6,30 no fue modificado durante el año de la serpiente, sino que lo cambiaron en el del caballo, para que los precios y la inflación sigan a galope.
Por mi parte me propuse que usaré mis 700 dólares en el turismo nacional, dispondré de 7910,00 bolívares a la tasa oficial para pagar 7 noches de hotel en Cumaná, comida por 8 días, paseos al Parque Nacional Mochima, recorrido por sus seguras y limpias calles, compra de suvenires, todo esto sin la familia que se quedará en casa porque el cupo no da. Es que en revolución el dinero rinde más que cuando cantábamos “con real y medio”.
Abraham Lincoln con su famoso apotegma decía que “se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”, a lo que habría que agregar: “salvo que se dejen”. Parece que los venezolanos le agarramos el gusto a dejarnos engañar y al personaje de Collodi a mentir.

Llueve… pero escampa

jueves, 26 de diciembre de 2013

Un venturoso 2015

Miguel Yilales
@yilales
En algunos lugares, el comienzo del año se festeja con la tradición de las 12 uvas, que de acuerdo al ritual deben engullirse con cada campanada del nuevo año y un deseo, algo así como pensar, degustar y no morir, atragantado, en el intento.
Después vendrán los brindis y los propósitos de alcanzar metas, para finalmente degustar la cena de fin de año.
Esta tradición viene desde la antigüedad. Los pueblos del mundo se dieron cuenta de que, trascurrido cierto tiempo, las estaciones se repetían, los cultivos volvían a crecer y las lluvias retornaban para regar las nuevas semillas. Un eterno retorno al principio.
Para los babilonios esa repetición de las estaciones era un motivo digno para celebrarse e instauraron un ciclo de 11 días de fiesta, que comenzaba cuando la primavera describía sus primeros trazos entre los jardines colgantes.
En cambio los egipcios recibían con algarabía las señales que preludiaban el nuevo año: el Nilo empezaba a crecer y el caudal se hacía propicio para la siembra.
Desde siempre, el nuevo año ha significado el festejo de un porvenir, una victoria que se desea pero que no ha ocurrido, un elogio a la esperanza cada 365 días.

Deseos que no empreñan

Antes de iniciar este artículo, el 52 del año, hice una lista de buenos deseos para mis hijos, para mi familia, para mi… todo iba bien hasta que comencé a elaborar los de esta Tierra de Gracia.
Y no es que no lo desee, es más lo anhelo, porque ser venezolano es aspirar lo mejor para nuestra tierra, afanarse por ser un país del primer mundo, con grandes vías, con menores índices de pobreza, sin indigentes, sin torres de David, sin rencores y odios por la política, donde no estemos divididos entre ellos y nosotros.
Pero desear un venturoso 2014, solo sería posible como parte de un desvarío.
Según las estimaciones de los economistas, lo que viene es joropo, el problema es que nos agarra sin alpargatas, porque el gobierno en su afán por ganar apoyos foráneos le dio por regalarlas a otros países.
Pero como las cosas no quedan ahí, decidieron 14 años después rectificar, no por los diálogos o por las leyes de amnistía que se estudian y nunca llegan, sino con el precio de venta de la gasolina, que en la onda del precio justo, se percataron era necesario aumentarla.
Asimismo como saben que el dólar oficial es inmanejable e irreal, quienes viajen a partir del 31 de diciembre deberán adquirir su cupo a través de las subastas del SICAD o con el precio referencial de este, según dejó ver el superministro que maneja el “Excremento del Diablo”, con lo cual devalúan sin devaluar.
El río Guaire que debía estar saneado para este 2014, aun sigue siendo depositario de aguas grises y negras de toda la gran Caracas, por lo que seguiremos siendo una ciudad que deposita sus detritos a las costas barloventeñas, uno de los parajes vacacionales de los mismos que la contaminan.

Un receso con olor a trabajo

En cuanto a la política, tendremos una larga pausa electorera, luego de que en 14 años hayamos tenido 17, si como se lee, 17 procesos eleccionarios. Es que el sistema diseñado por los constituyentes, con muy buen asesoramiento, estaba montado para que no tuviésemos períodos concurrentes y se evitaran procesos megaeleccionarios, con lo cual se podría hablar del sistema democrático perfecto.
La lucha contra la corrupción, viniese de donde viniese, quedó solo para la habilitación de los poderes extraordinarios presidenciales y los titulares de la prensa. Es decir en una pausa hasta las elecciones parlamentarias.
Asimismo ocurrió con la disminución de los índices delictivos e inflacionarios, esto por dos vías bien por la supresión de las cifras oficiales, no necesariamente reales, como lo ocurrido con la inflación de noviembre suprimida por decisión del Banco Central o con la violencia por criminalización de quien informe sobre ella.
Estas y otras razones me hacen desear un venturoso 2015, porque creo que entre los desaciertos del gobierno, lo errático de la oposición, el populismo desenfrenado, la corrupción roja desordenada y licenciosa, la escasez de los bienes de primera necesidad, la inflación escalando al top 1 del mundo, la inseguridad a niveles indescriptibles y sin líderes, pareciera que el 2014 no se alejará mucho de la realidad vivida en estos tres lustros revolucionarios.
A pesar de ello y de quienes critican que critiquemos, seguiremos tecleando y luchando para que el próximo año no tengamos que diferir los deseos de buenaventura para el 2016.

Llueve… pero escampa