martes, 23 de diciembre de 2014

Los amateurs que dirigen a Venezuela

Miguel Yilales
@yilales
El arte de la política evoluciona en todas partes del mundo, menos en Venezuela, donde día a día se escribe con una “p” más minúscula. A pesar que en los últimos años todo el mundo se ha convertido en analista político, tan experto en la materia como los managers de tribuna que van a los juegos de beisbol y saben más estrategias que quien dirige al equipo.
Cuando uno es fanático, y en este país se nace fanático de algo porque sí, uno aspira que quien saque a los lanzadores, escoja la alineación o decida las jugadas a ejecutar tenga nociones del juego.
Un equipo juega temporada tras temporada, pero las consecuencias no pasan de ganar o perder juegos, del chalequeo de los amigos y de la rabia de no ver resultados positivos, pero con la esperanza de que en meses se reinicia otra temporada que empieza de cero.
Sí eso es en el deporte, imagínense como debiera ser en la política, en especial porque lo que está en juego es el país y sus habitantes, porque nunca un nuevo período empieza de cero al tener que cargar con los aciertos y desaciertos (en nuestro caso estos pesan más) de los gobiernos anteriores y, finalmente, porque las temporadas en política suelen durar muchos años (más de los que uno quisiera), sin tomar en cuenta que hay quienes se creen eternos y vitalicios en los cargos.

El arte de lograr lo posible

Resulta que cada vez que hay situaciones de apremio, crisis política o una situación económica devastadora para el país, quienes tienen las riendas del poder debieran entender que la “política es el arte de lograr lo posible”, como lo afirmaba Aristóteles, pero agregando la sentencia del escritor Amin Maalouf en que “situaciones sin precedentes requieren soluciones sin precedentes”.
Recientemente el régimen político que dirige los destinos de los venezolanos, luego de haber permitido que los períodos de los poderes púbicos se vencieran o no se renovasen ante faltas absolutas de los titulares o luego de jubilaciones forzosas, y presionados por un lobby internacional de la oposición para que se ajustaran al estado de derecho, decidió que era el momento de renovarlos.
Desde que iniciaron el proceso, comenzaron los vericuetos legales. Se convocó a la sociedad para que participara pero verificando sus orientaciones políticas, se chantajeó a la oposición con el manido cuento de que sí no participaban era por falta de talante democrático y se vendió la imagen de que dentro de la Constitución todo, fuera de ella nada.
Pero al llegar al momento de la renovación de autoridades resultó todo un fiasco constitucional. El poder moral, que por su inmoral proceso de selección debiera cambiar de nombre, fue seleccionado por mayoría simple y no la calificada que exige la constitución.
Lo curioso e insólito, aunque en la cueva de Alí Babá todos saben cómo actuar, fue la sentencia del máximo tribunal del país avalando esta designación antes de que ocurriera la discusión.
A través de una solicitud de interpretación constitucional intentada por el general de división (hasta ese día teniente-capitán, pero ascendido según la página web del TSJ) que preside el parlamento, admitida, declarada su competencia y resuelta el mismo día de la sesión en el parlamento, sin necesidad de que hubiese un ponente (supongo que una suerte de complicidad compartida), decidió que todas las satrapías que decidiera una mayoría simple era constitucional.

Engaños, estafas y fraudes constitucionales

Con lo cual quedaron varias cosas claras: el capitán, que era teniente, es ahora general; que en la constitución entra todo lo que ellos quieran meter y que la oposición nuevamente sacó 20 en la boleta de buena conducta para demostrarle al mundo el talante antidemocrático de este régimen, pero 01 en los resultados.
Es por esto que decidieron que fuese el TSJ quien ratifique a las rectoras del CNE, renovándoles el período, y designar a los magistrados con mayoría simple, todo un juego de engaños, estafas y fraudes constitucionales a que nos tienen acostumbrados.
En el momento en que era necesario el consenso para lograr los votos para la designación de las autoridades, al régimen le dio por patear la mesa como hacía Chávez, sin entender que los tiempos políticos y económicos han cambiado.
Lo único que no cambia es la actitud de quienes hoy detentan el poder: berrean, amenazan, desentonan y patean la mesa, y eso es lo malo de tener a unos amateurs como mánager, que pierden así crean que están ganando.

Llueve… pero escampa

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Con mi visa no te metas

Miguel Yilales
@yilales
Hace algunos años un grupo de venezolanos iniciaron una protesta ante lo que era un abuso por parte del gobierno de turno. Para ello no se alzaron en armas, ni atentaron contra el Estado de Derecho, sino que agarraron unas pancartas y protestaron.
Corría el año 2001, que por la cantidad de acontecimientos que ocurren en este país pareciera que fue, como dicen los cuentos de hadas, hace mucho, mucho, mucho tiempo atrás, cuando escuchaba “con mis hijos no te metas”, en señal de protesta contra el decreto 1.011, que permitía al gobierno intervenir en el sistema educativo hasta convertirlo en un proceso de adoctrinamiento de niños y adolescentes.
La gente salió a la calle y empezó a protestar. Recuerdo que en esos días, en uno de esos actos en La Carlota, el presidente de entonces, rodeado de militares, se molestó porque el bullicio de ollas y cacerolas tronaban cuando él, en un acto de soberanía económica, política y de justicia social, vendía los aviones de PDVSA, porque a partir de allí se acabaría la costumbre de los gobiernos burgueses de la IV República de las colas en los aviones de la estatal petrolera, claro está él no tenía el poder premonitorio para saber que 13 años después los aventones aéreos continuarían, pero ya transmutados en socialistas.

La injerencia imperialista

Es que viajar a Brasil, La Habana o Westonzuela, ese enclave que se ha convertido en inversión boliburgues, tienen que ser considerados rutas socialistas, en especial luego de que nos hayan involucrado en una guerra económica internacional que ha limitado el número de vuelos desde y hacia Venezuela, no porque quienes gobiernan sean unas maulas, sino porque el interés imperial así lo ha establecido.
Un régimen que muestra los mejores índices de abastecimiento, inversión social, disminución de la pobreza, transparencia en el manejo de lo público y pare usted de contar, trata de ser desestabilizado por la envidia que producimos en países como Dinamarca, Suecia, Canadá, Suiza, Reino Unido, Chile, Uruguay y, por supuesto, los Estados Unidos de América.
Este último país luego de intentar invadirnos por diversos mecanismos, de enviar a Álvaro Uribe Vélez y a sus cachorros pitiyanquis venezolanos a fraguar procesos de desestabilización y fracasar, y en un acto de clara injerencia a la soberanía chavista, sancionó a unos funcionarios del régimen por violar los Derechos Humanos, como sí eso de tener estudiantes presos sin proceso, asesinar a ciudadanos por protestar, tener colectivos armados como los usados por Adolfo Hitler, emplear a las Fuerzas Armadas para funciones que no les son propias, torturar y violar, fuese algo tan grave.
Pero sus planes han sido develados por esa suerte de mezcla entre el Mossad, el MI-6, la CIA, el FBI, el G-2 cubano y hasta la extinta KGB, como lo es el sistema de inteligencia bolivariano, único en el mundo que descubre atentados, capturan armas, encuentra planes, pero no captura a nadie.

Yanquis go home

Por eso es que el día en que se conmemoraban dos de las tragedias más grandes que ha vivido Venezuela en este siglo, la aprobación de la constitución bolivariana (ultrajada de manera reiterada por quienes gobiernan) y el deslave de 1999 en Vargas, el régimen salió en defensa de la soberanía nacional y convocó una multitudinaria marcha (de autobuses venidos de todos los rincones del país, porque la gente no se vio) para rechazar las agresiones norteamericanas.
Discursos encendidos contra los norteamericanos, mezclados con frases nunca antes dichas como “yanquis go home”, estaban a la disposición durante todo el día para ser rematado con un juramento de Nicolás Maduro, con espada y todo, de luchar junto a ese valeroso, eficiente, entrenado y socialista cuerpo armado que son las milicias, hasta derrotar los valores del capitalismo que representa Mickey Mouse.
Sino fuese porque uno ha visto la cara de angustia que ponen cuando van a tramitar la visa a la Embajada de los Estados Unidos, las horas que pasan para reunir los papeles y practicar las preguntas que le puedan hacer y la cara de alegría cuando se las aprueban porque al fin podrán visitar Miami, Nueva York o las Vegas, de seguro que todos los jerarcas y seguidores del régimen saldrían a quemar sus visas en las plazas Bolívar del país en señal de protesta, como propusiera la combatiente y ministra Iris Varela, aunque en realidad lo que desean es berrear a moco suelto “con mi visa no te metas”.

Llueve… pero escampa

jueves, 11 de diciembre de 2014

Venezuela está rodeada por delincuentes

Miguel Yilales
@yilales
Durante mucho tiempo se ha dicho que el país está en crisis, que no hay reserva moral y que estamos predestinados al fracaso. Siempre he diferido de eso, pero a veces creo que las cosas han cambiado y los otros tienen razón.
A diario se descubren nuevas formas de asaltar el erario público, los chanchullos están a la vuelta de la esquina, todo el mundo quiere meter mano porque “sí alguien se lo va a llevar, me lo llevo yo” parecieran decir nuestros honestos funcionarios.
De ahí salen las empresas de maletín que proyectan, licitan, ganan la buena pro de las obras y no las ejecutan; los que dicen que importan bienes, presentan solicitudes de dólares pero los productos nunca llegan y están los que simplemente le meten la mano en el bolsillo a tirios y troyanos para quedarse con lo que puedan.
Tan es así que las corruptelas están a la vuelta de la esquina: colitas en aviones, ventas de electrodomésticos chinos, expropiaciones a socios que se habían hecho millonarios con tratos preferenciales y luego negociados bajo cuerda, simples empleados que terminan convertidos en fructíferos empresarios luego de ser testaferros de generales, gobernadores, alcaldes y pare usted de contar.

No estaban muertos, estaban de parranda

Recientemente el ministerio de educación decidió que no era necesario presentar la fe de vida para demostrar que se estaba vivo, a las personas de la tercera edad las pusieron a cobrar por cajero electrónico para facilitarles la vida y hasta crearon un ministerio de la simplificación de trámites que hasta el momento no ha simplificado nada.
Resulta que el instituto de previsión social castrense, el IPSFA, decidió que en su nómina había muchos pensionados y nada más sano y legal que llamar a todos los viejitos a que dieran fe de que la Parca no se los había llevado, lo cual es extraño en quienes dicen que el que se murió sigue vivo.
Esperar que en una sociedad moderna, en medio de tantos avances tecnológicos, se cruzara la data por ejemplo con el sistema bancario (que de paso ellos tienen uno que va tras los pasos del Industrial) es mucho pedir, y no aspiro que lo hiciesen con la del CNE porque sabemos que hay muertos que viven, luchan y votan en cada proceso electoral.
El problema hasta aquí es de simples trámites administrativos, pero ahora el cuento es distinto. El presidente de ese instituto, un ejemplar militante de la cleptocracia que nos gobierna, decidió que quien no demostrase estar vivo le fuese suspendido el pago, una decisión extrañamente capitalista en un personaje que alega que su sangre es roja no porque tenga hematíes sino porque le corre el socialismo por las venas.
Pero la crisis se acentúa cuando los difuntos resucitan, es decir como decía la guaracha del maestro Billo, que no estaban muertos, sino de parranda y no son eficientes para reanudar el pago. Y vienen entonces las suspicacias de preguntar como en la campaña que llevó a la presidencia de la república al llanero (no me refiero al barinés sino a Luis Herrera Campíns): ¿Dónde están los reales?

Un deterioro moral que afecta a toda la sociedad

Es que el quebranto púdico con el que se acusa a diario al estamento político, lamentablemente también ha destruido a los militares y me refiero en lo particular a ellos porque hay quienes ven en sus integrantes una especie de revoltijo entre Leonidas, Escipión, Napoleón, Patton y, por supuesto, Bolívar, listos a salvar la humanidad y rescatar la democracia venezolana.
Resulta que unas fuerzas armadas no existen para poner o quitar gobiernos sino para defender a un país de sus enemigos, pero en Venezuela durante mucho tiempo se han inmiscuido en otros asuntos que no les son propios, quizás porque la constitución, en esos vericuetos legales, le da funciones para garantizar el orden interno (que para algunos es una carta blanca para cometer tropelías y para otros una patente de tutelaje constitucional) y una supuesta participación activa en el desarrollo (un paraguas en el que caben todo).
Pareciera, como escribió un amigo tuitero, que de forjar libertades pasaron a ser cuna de la revolución, lo cual es una aberración, y en el camino dejaron de atender la soberanía y la rectitud en el buen proceder, para luego perder la batalla contra la dignidad y quedarse con las cualidades de un felón.
Ellos no son el país y todos no somos delincuentes, pero como nos cuesta conseguir honestidad y probidad en el manejo de lo público.

Llueve… pero escampa

jueves, 4 de diciembre de 2014

El cuento del gallo pelón

Miguel Yilales
@yilales
Cuando estudiaba, aun no he dejado de hacerlo, el alfabeto tenía 29 letras, ya que se incluían los dígrafos ch y ll como letras. Luego las cosas cambiaron y pasamos a tener sólo 27 letras.
Les reseño esto porque hace muchos años nació un genio cuyo apellido comenzaba con la letra “C”, aunque antes de 2010 decíamos que era con “Ch” (no se les ocurra pensar que voy a escribir del Tribilín de Sabaneta).
Hacia 1939, mucho antes de que nacieran la mayoría de los responsables de este desastre que nos gobierna, el indiscutible e inigualable Charlie Chaplin, a escasos meses de iniciada la II Guerra Mundial, creó una obra maestra en la que parodiaba lo que estaba por ocurrir.
En la película “El Gran Dictador” aparecen dos personajes: un regordete militar, de escasa cabellera, bocón, que le encantaba gesticular y amenazar y un dictador con bigotes, de escasas ideas, de pocos modales y fanfarrón (aunque por la descripción un lector distraído pudiesen creer que salieron de esta revolución bonita, pero no es así): Astolfo Hynkel y su par italiano Benzino Napaloni.

A jugar lotería

En esta sátira, Chaplin quien vio lo que iba a ocurrir mucho antes que Petain y Chamberlain, criticaba agriamente las acciones como la represión contra la disidencia, la persecución al que pensara distinto y la limitación a la libertad de expresión, de no ser porque eso ocurría en el ficticio país de Tomania, nadie se imaginaba que eso iba a ocurrir en la Alemania de los años siguientes y mucho menos en la Venezuela de hoy.
Acontece que en estos meses hemos visto a nuestro tropical Hinkel y su camarada parlamentario Napaloni, desesperados porque luego de clamar por el ataque imperial que les permitiera demostrar la garra antiimperialista de unos muy veteranos y obesos milicianos, la única conflagración que llegó fue la del “precio justo” de lo único que producimos.
De nada sirvieron las máximas del führer bolivariano que indicaban que tendríamos “petróleo para mil años y debíamos compartirlo con los más pobres, a precio preferenciales y a largo plazo”.
Resulta que dilapidamos ingentes fortunas, como quien se gana la lotería, empieza a hacer fiestas para celebrar y ayuda a sus vecinos para que salgan adelante, para luego percatarse que quedó más pobre de lo que era antes. Nos peleamos con el que pagaba a tiempo y alcahueteamos a los camaradas de parranda, ahora que necesitamos que paguen, tenemos que recurrir a prestamistas para que asuman la deuda.

Persecuciones y atropellos

Ante tanto fracaso y luego de perder por puntos y nocaut con la economía, la diplomacia, la cultura, la educación, la inseguridad y el desabastecimiento, pusieron en práctica la estrategia de la distracción política y judicial, como tantas otras veces.
Para ello ordenaron al independiente, pulcro y eficaz Ministerio Público que imputara al ser más malvado de la política venezolana por atentar contra la estabilidad nacional, no porque fuese responsable del envenenamiento de los 40 reos en Uribana, ni porque hubiese entregado la soberanía nacional a Guyana, ni mucho menos por haber cambiado el petróleo por espejitos chinos sino por exigir la renuncia de los responsables de este desastre, acción tan democrática como las elecciones y tan constitucional como la protesta.
Los regímenes totalitarios, del signo que sea, siempre les da por perseguir a los que piensen distinto, así lo hicieron los nazistas, los franquistas, los maoístas, los pinochetistas, los castristas y, no se podían quedar atrás, los chavistas. Este año se inició con la cárcel a Leopoldo López, luego la destitución y prisión a alcaldes opositores y ahora la imputación a María Corina Machado.
Mientras el mundo clama porque cese el acoso político en Venezuela, el régimen responde “que si quieren que les cuente el cuento del gallo pelón”; cuando se pide que se respeten los derechos humanos, la revolución contesta “que si quieren que les cuente el cuento del gallo pelón”; si alguien alza la voz pidiendo responsables por la inseguridad, las muertes en las cárceles, el desabastecimiento, en cadena nacional dicen “que si quieren que les cuente el cuento del gallo pelón”; si se desea libertad para los presos políticos, que cesen las torturas o haya independencia en los poderes públicos, las focas rojas cantan a coro “que si quieren que les cuente el cuento del gallo pelón”… hasta que los venezolanos seamos los que les contemos a ellos el “cuento del gallo pelón”.

Llueve… pero escampa

jueves, 27 de noviembre de 2014

Nos jugaron kikiriwiki

Miguel Yilales
@yiales
Siempre he creído en los procesos democráticos. Desde que estaba en mis años mozos, participaba en los procesos electorales que hacían en el liceo, donde llegué a ser representante a través del centro de estudiantes, en especial en una época en que ser parte de ese cuerpo, y estar en el área de influencia de la universidad primigenia del país (mi liceo está a escasas cuadras de la UCV, en la misma urbanización donde dicen que nació el que no tiene partida de nacimiento) significaba tirar piedras.
Resulta que se participaba, nos sometíamos al proceso de votación y, terminado el mismo, al escrutinio. Las papeletas eran contadas manualmente, voto a voto: unos salían para una plancha, otros para la otra, estaban los que votaban nulos y los que votaban blanco (que no tenía que ver con el otrora partido del Pan, Tierra y Trabajo), para luego determinar a cuantos no les interesaba el proceso, es decir los abstencionistas, que por cierto en esa época eran insignificantes.
En esos procesos teníamos una comisión electoral honesta, que no era parte del proceso sino garante de que la gente votara, que se cumplieran las reglas de convivencia electoral, que nadie destruyera propaganda electoral, que no votara quien no fuese alumno del liceo, garantizaban que las urnas electorales fuesen resguardadas y velaban porque no se emitieran más votos de los que eran. Es decir cumplían sus funciones y nos hacían confiar en el proceso.

Algo huele mal en Dinamarca

Todo esto viene a cuento porque después de muchos años por primera vez parecía que se iba a renovar el Poder Electoral, de acuerdo a lo que dice la constitución, es decir, con personas no vinculadas con los partidos políticos, postulados por la sociedad civil, las universidades y el Poder Ciudadano, para así tener un árbitro electoral ecuánime, equitativo y justo.
Se suponía que las cosas iban bien. El régimen cedió y aceptó que se estructurara el comité de postulaciones para designar a 3 de los 5 miembros del Consejo Nacional Electoral, pero todo no fue color de rosas.
William Shakespeare acuñó en una de sus tragedias, una frase que en política es usada cuando las cosas están mal. Resulta que antes de que Hamlet recibiera la visita del fantasma de su padre y rey de Dinamarca, a contarle sobre su asesinato, la usurpación del trono y de la relación incestuosa de su madre, un centinela dijo “algo huele mal en Dinamarca”.
Desde aquel episodio shakesperiano, en la vida política se usa esa frase para indicar cuando las cosas no marchan bien en un país por corruptelas y en eso nosotros no tenemos parangón.
Sucede que al momento de designar al comité de postulaciones comenzó el tufillo. Se designó un cuerpo que mayoritariamente simpatizaba con el gobierno. Luego las decisiones que debían tomarse por mayoría calificada, un procedimiento para que haya consenso, decidieron hacerlo por mayoría simple, con lo cual habría algunos convidados de piedra.

Y nos dejaron la baranda

Pero la renovación del órgano electoral era necesaria y había que apostar por ella, luego que en el actual período los rectores han sido denunciados por no rendir cuentas, por favorecer el ventajismo, por desestimar a priori los reclamos de la oposición, por modificar los circuitos electorales para favorecer al oficialismo, por incumplir reiteradamente lo que dice la ley, por permitir el peculado de uso en las elecciones y por cambiar los cronogramas electorales para favorecer a un sector.
Como olía mal, y no precisamente en Dinamarca, pero podía ser peor, resulta que dos de las copartícipes en todas esas irregularidades, decidieron limpiar su nombre de la percepción que tenemos la mayoría de los venezolanos, y se postularon para repetir en el Consejo, porque ahora van a actuar como un magallanero o un caraquista de umpire en una final entre Navegantes y Leones.
Cabe preguntarse ¿Qué les ofrecieron? Esa la saben ellas ¿Por qué llegamos a desconfiar de ellas? Esa la sabemos nosotros ¿Cuál va a ser su actuación futura? Esa la sabemos todos.
En la oposición las propuestas pasan por la vía electoral para cambiar la Constitución o para cambiar todo desde el parlamento y en el gobierno necesitan que la baranda del CNE, protagonista de la actual gestión, siga generando angustias antes de cada anuncio entre gallos y medianoche. Lo lamentable es que se va a remozar al CNE para hacerlo más confiable y parece que nos juegan, como se decía antes, kikiriwiki.

Llueve… pero escampa

jueves, 20 de noviembre de 2014

Venezuela… no está tan chévere

Miguel Yilales
@yilales
Definitivamente no vivo en Venezuela. He tratado de buscar cuál es el país donde me encuentro. A veces creo que unos extraterrestres marcianos, digo por lo del planeta rojo, deben habernos abducido con fines ocultos y no nos dimos cuenta.
Esto viene a cuento porque próximamente será inaugurada una feria para promocionar al país como destino turístico, lo cual me parece fantástico, porque creo en ese sector como fuente de ingresos distinta al excremento del Diablo.
El problema es que junto a la exposición ferial empezaron a difundir un video en el que aparece una promotora (espero que el teniente, capitán, diputado, presidente, animador y padre de la criatura no se ofenda por llamarla así, pero es indiscutible que su trabajo es como el de esas lindas jóvenes que lo convencen a uno en restaurantes y locales, con vestidos muy cortos, para que gaste lo que no se puede).
Resulta que el video musical que les comento, irreversiblemente es de aquí, pero no para los de aquí.
Conozco la mayoría de los parajes y locaciones usados en el video descabellado que promociona al país y me parecen maravillosos. Lo que creo irreal es que la tropa bolivariana y menos la apátrida oposición pitiyanqui pueda recorrerlos o por lo menos visitarlos.

Turismo pa’ musiú

Ir a Los Roques, Canaima y para remate a ese paraíso que es El Furrial, no lo digo en sentido despectivo sino que por ser el lugar de nacimiento de padre de la artista debe estar cercano al Olimpo, es oneroso para cualquier mortal que gane y gaste en bolívares.
Fíjense que solo con ir a uno de los destinos como Los Roques, a pasarla como la una, es decir, sin acompañante, sin comida, sin bebidas, entre pasajes y jugueticos: paseo en helicóptero, alquiler de kitesurf (para deslizarse en el agua empujado por una cometa de tracción, un deporte que practican a diario los venezolanos) y de flyboard (un jet propulsado por un chorro de agua que se compra en mi casa bien equipada y que muchos lo llevan cuando bajan a La Guaira) y lentes para el sol RayBan Aviator, un profesor universitario tendría que trabajar 24 meses continuos sin esos gastos superfluos de comer, beber, vestirse, lavar, planchar o salir a la esquina.
En el otro destino, Canaima, la cosa pintaría igual. Porque lo que no se gasta en flyboard y kytesurf se va en los 3 días con excursiones en ese paradisíaco parque nacional. Un obrero de los que ganan el sueldo mínimo más alto de Latinoamérica tendría que ahorrar en su cochinito (no me imagino el tamaño de ese receptáculo) por lo menos durante 4 años todo, todito, todo su salario, incluyendo el bono de alimentación para darse ese gusto burgués.
Claro está, siempre saldrá alguien con una explicación, que si el video es para promocionar a país afuera como el destino chévere del Caribe y no para el turismo interno y es por eso que salen todas esas banderas de los países del Alba, Mercosur, Centroamérica y el Caribe para que traigan los dólares, los cambien al mercado paralelo y les salgan unas vacaciones cheverísimas.

Luz en la calle, oscuridad en la casa

Lo que no promociona este video es que usted, amigo visitante, puede permanecer hasta 8 horas esperando un vuelo que nunca saldrá a tiempo, que le tocará esperar en el aeropuerto sin que nadie le dé una respuesta o le resarza los inconvenientes, que si pierde la conexión le tocará pedirle a María, y no precisamente la que está en Nueva York, para ver quien lo ayuda.
Por otra parte le recomiendo solicitar (no se preocupe por la inseguridad que ya un diputado con experiencia policial solucionó eso) llegar en la noche para que así vea el hermoso nacimiento viviente que es Caracas con sus lucecitas encendidas, que disimulan el cinturón de miseria que la rodea, por cierto muy disminuido desde que la Misión Vivienda empezó a entregar apartamentos y los ranchos quedaron abandonados.
El problema no es que Venezuela no sea un país para querer, tenga parajes hermosos o su gente sea maravillosa, el asunto es que la realidad es diferente a lo que se pretende mostrar, a menos que usted sea millonario o esté enchufado en este bochinche que es la revolución bonita.
Aquí sigue campante la violencia, la inseguridad, la impunidad, la miseria, las pandemias y la inflación, mientras a algunos solo les importa promocionar a sus herederos, a los demás nos toca sufrir y padecer, ahora pagando más impuestos, para que estos virtuosos de la honradez hagan sus millonarios y chéveres negocios.

Llueve… pero escampa

jueves, 6 de noviembre de 2014

Bienvenidos a la Isla de la Fantasía

Miguel Yilales
@yilales
En esta oportunidad quisiera hablar de una isla en que los sueños se hacen realidad. Por supuesto que no me referiré a un país insular del Caribe, asentado en el mar de las Antillas, cuya forma de gobierno es el fracasado socialismo.
En la de mi cuento los turistas de cualquier origen social podían vivir sus fantasías y hacerlas realidad, en cambio en la caribeña la gente prefiere lanzarse al charco en rudimentarias y artesanales embarcaciones en búsqueda de la libertad.
Hacia 1978, cuando en la Venezuela saudita no apreciábamos lo que teníamos, supimos a través del enigmático anfitrión de una isla misteriosa del Océano Pacífico, que la gente podía cumplir sus fantasías.
De verdad que me imagino a un venezolano de esa época, montándose en un hidroavión para viajar hasta el Pacífico y al salir de la aeronave escuchar al anfitrión diciéndole a su ayudante la naturaleza de la fantasía: “este militar venezolano quiere viajar al futuro en el país más prospero de América y convertirlo en un paraíso de pedigüeños, donde nadie trabaje y se premie la vagancia. Para eso está dispuesto a derrochar el oro negro y endeudar al país a montos inimaginables. Y quiere que tú estés al frente del Parlamento y que yo sea su ministro y, eventualmente, su sucesor”.
A continuación, Roarke le dio la bienvenida, al levantar su copa y decir: "Mi estimado Tribilín, yo soy el Sr. Roarke, tu anfitrión. Bienvenido a la Isla de la Fantasía".

Jefe, jefe… el avión, el avión

Ahora se el porqué en la actualidad a nuestro Tatoo, le ha dado por encaramarse en tarimas, campanarios, escenarios y para usted de contar, a decirle a Roarke “jefe, jefe… el avión, el avión”, palabra que puede ser sustituida por los cauchos, el aceite o la comida, con tal de no sufrir el mismo destino del ministro de seguridad de la isla, que fue cesanteado porque la fantasía de un escudero de la revolución se escapó de control.
Esa es la única manera de entender como luego de destruir todo el aparato productivo, generar la inflación más alta del mundo, dilapidar miles de millones de ingresos petroleros, con anaqueles vacíos y muchas penurias para conseguir la cesta básica, la gente ande feliz como una lombriz.
Además de que otra forma, que no fuese por la capacidad del encantador de serpiente que lo precedió o de lo sobrenatural de sus aparentes poderes habilitantes, podrían este señor Roarke y su menudo amigo Tatoo, gobernar en medio de los micro Estados espurios que hacen vida en el país (confieso que la clasificación es de Werner Corrales): primeramente el de los colectivos quienes ejercen el control de la seguridad en barrios y control político en la ciudad; el de los pranes, amos y señores de los penales venezolanos, quienes en connivencia con las fuerzas públicas intervienen en secuestros, tráfico de drogas y bailantas, ahora justificadas, según el Sonero del Mundo, porque contrato es contrato; el cártel de los soles, esa ilegítima alianza entre las bandas internacionales de la droga y armas con generales, que tumba aviones sin víctimas y les meten toneladas de drogas sin que las detecten y finalmente la banda de ministros que tienen adscritas en sus despachos, esposas, hijas, niñeras, sin importarles el nepotismo o que se guarden las formas.

Nada de isla, nada de fantasía

Si esto no es lo más parecido a una isla (y no de la fantasía) no se que puede ser: con control de dólares para los viajeros, líneas aéreas obligadas a vender boletos a bolívares, so pena de ser cerradas, clausuradas y hasta expulsadas, con enfermedades tropicales erradicadas del mundo como la malaria y el dengue y con un hospital de campaña contra el ébola en el aeropuerto de La Carlota, con la particularidad de que esta terminal no es internacional, a menos que sea para uso de PDVSA Airlines y sus revolucionarios viajeros.
Lamentablemente nuestros criollos Roarke y Tatoo, a diferencia de los personajes que interpretaban Ricardo Montalbán y Hervé Villechaize, no hacen el bien y solo aspiran permanecer en el poder así arruinen al país, es que ellos pueden administrar el desierto del Sahara y gobernar los 7 mares y de seguro en meses escasea la arena y se secan las playas.
En Venezuela Gómez tuvo la isla del Burro y Pérez Jiménez uso a Guasina para detener a los presos políticos, no permitamos que conviertan a todo el país en una isla: aislada, saqueada por sanguijuelas y con todos presos a la espera de la próxima balsa.

Llueve… pero escampa