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lunes, 6 de agosto de 2018

El magnicidio que no fue

Por Miguel Yilales 
@yilales 
De seguro alguien dirá que me pretendo convertir en esos influencers que abundan en las redes sociales que critican las teorías conspirativas de los demás pero dan por validas sus elucubraciones políticas, económicas, sociales o astrológicas, garrapatean sus cualidades en el fogón, borronean del faranduleo que conocieron en sus pasantías televisivas o que simplemente se sienten con el derecho de aseverar que la única verdad es su verdad porque sino no es verdad.
No perderé el tiempo para dilucidar si un grupo militar se adjudicó el atentado, por cierto tan incapaz (por los resultados) como los patrióticos oficiales que marcaron la milla con el primer fogonazo; tampoco sobre el taller Channel que portaba tan oronda Cilita y menos sobre sí la gente tiene que creer a pies juntillas al psiquiatra o las torcidas ficciones históricas de su paciente de Miraflores. Trataré entonces de analizar las imágenes publicadas, el bochornoso video, la actitud de sus leales generales y como se comportó el círculo de seguridad, que por la voluminosa obesidad presidencial, ya es un paredón de seguridad.
Leales a ellos mismos


Lo primero a señalar es que resulta por demás extraño que ese acto de la Guardia Nacional Bolivariana fuese en la Av. Bolívar de Caracas y no en su tradicional lugar: el patio que limita entre las Academias, se pudiera elucubrar que, ante la pérdida de capacidad para colmarla en actos políticos, fue la ocurrencia urdida entre el loquero oficial, el descabellado teniente-capitán y el atornillado padrino para atiborrarla con militares. Los actos de la otrora Fuerza Aérea se realizaban en Maracay por razones obvias, los de la Armada en el Lago de Maracaibo (lugar donde se libró la última batalla independestista), en Puerto Cabello (donde opera la principal base naval del país) o en la Escuela Naval que ya no es escuela ni naval porque le secuestraron ambas denominaciones desde que en su cubierta principal (patio de honor) erigieron una estatua de Chávez.
Sobre el video que, luego de transmitido en cadena nacional, se hizo viral, hay que señalar que no tiene desperdicio: primeramente por ver la cara de sorpresa de Cilia, de los impávidos ministros y de los generales que ni se inmutan en el momento más peligroso en la vida de su comandante en jefe y segundo por cómo se origina una estampida de militares, no para ofrendar su vida por quien juraron lealtad sino para poner pies en Polvorosa.
De Cilia Flores podemos presumir que el asombro inicial y luego la estampida de militares son las que la hacen sonreír pero de los obesos y genuflexos generales no se comprende que se queden pasmosamente parados, que no busquen cobertura y abrigo ni que por lo menos se protejan con las sillas ante una pavorosa y peligrosa explosión como han tratado de hacernos creer.


De la despavorida estampida que se vio en pantalla (antes que también huyera del desastre a pleno galope el caballo que cierra las cadenas de radio y televisión) solo resta decir que se piraron, huyeron, corrieron, le ganaron a Husain Bolt y se parecieron a Supermán al ser más rápido que una bala para abandonar a sus superiores, a sus generales y a su comandante en jefe. Estos son los militares que van a detener las hipotéticas invasiones, los que están dispuestos a irse a la montaña ante cualquier desalojo del poder del chavismo y los que se muestran férreos, duros y altaneros para reprimir pacíficas marchas.
Embusteros y mitómanos
Finalmente quiero señalar la pésima disposición de los escuderos de Nicolás. Ellos se pusieron de espalda a donde venía la explosión, agarran los escudos al revés, es decir de afuera hacia adentro con lo cual a un francotirador le bastaría con eliminarlos para que cayese la protección y quede descubierto el objetivo y que se parecen a los de Putin en la final del Mundial de Futbol con la diferencia que allá se trataba de lluvia y aquí de un supuesto drón que nadie vio ni filmó.


En honor a la verdad sabemos que hubo una explosión que nadie filmó, que hablan de un hipotético objeto volador no identificado (que nadie vio) que violó el espacio aéreo en que se encontraba Maduro sin que nadie se diera por enterado, que hubo una estampida real de militares que presenció el mundo entero, que los escuderos de Nicolás y al propio Nicolás les sabe a comino lo que pueda ocurrir con Cilia y que son chimbos para inventar un magnicidio que no fue porque Maduro aun despacha desde Miraflores.
Llueve... pero escampa

lunes, 7 de agosto de 2017

Colorín, colorado...

Por Miguel Yilales

@yilales

Desde que el régimen de Nicolás Maduro decidió que a troche y mocha debía instaurar su ilegítima Asamblea Nacional Comunista (ANC) se plantearon que para lograr ese objetivo: primeramente manipularían la data a través del carnet de la patria, en segunda instancia que debían amenazar a todo el que recibiese las migajas sociales del régimen para que fuesen a votar y finalmente que activarían ese mamotreto que ellos llaman partido político para que se valiera de los múltiples cedulados, la usurpación de identidades de electores fallecidos y la sustitución de migrantes a los que no se les ha permitido actualizar su dirección.

La realidad fue que al final del día, sin ningún prurito, la madama que regenta la mancebía en que se ha convertido el ministerio electoral anunció el número que tenía previsto así solo hubiesen participado los candidatos y sus familiares, por cierto creo que fue lo ocurrido si consideramos la esmirriada asistencia a los centros electorales. El fraude fue tan burdo que desecharon el balcón del pueblo y decidieron hacer una reunión de amigos en la plaza Bolívar de Caracas que no pudieron llenar ni con los múltiples escoltas ni con Los Gremlins que supuestamente fueron a votar.


A partir de ese momento y luego de develado tan descomunal fraude, ver la conchupancia de los poderes públicos para contribuir a la trampa electoral y la irresponsable actitud de los militares de apañar el timo cometido, me había planteado, sin apasionamientos, escribir mis consideraciones sobre si la oposición debía o no participar en las elecciones regionales.

Los golpistas y los guerreros ninjas


Pero 2 hechos me hicieron cambiar de parecer. El primero sentir en carne propia la represión oficial, saber que pudiste ser exterminado por unos esbirros que no tienen honor ni se les divisa la honra y que, por ahora, solo engrosaste las estadísticas de los heridos en las protestas y el segundo la instauración de la dictadura asamblearia militarista.

No imaginé que esta asamblea comunistoide se instalaría sin la menor resistencia, menos que serían tan torpes como para no guardar ninguna forma, que de golpe y porrazo se echarían al pico a la fiscal general Luisa Ortega Díaz, que nombrarían al defensor de los esteroides para que usurpara funciones en el ministerio público, que se abrogarían las funciones legislativas de la Asamblea Nacional, que decidirían funcionar hasta agosto de 2019 (luego de iniciado el próximo periodo presidencial), que 535 usurpadores constituyentes serían mirones de palo, como quien dice levanta manos, mientras los mismos de siempre entubaban las decisiones y que harían mucho más que redactar el texto constitucional comunista.


Frente a ese golpe de Estado que instituía abierta y definitivamente la dictadura de Nicolás Maduro y sus cómplices era como para escribir sobre el fin de la V República pero ocurrió que en solo horas esto fue eclipsado por unas personas que llegaron al principal fuerte militar del centro del país, tocaron la puerta, entraron como Pedro por su casa, sustrajeron más de 100 armas y se desvanecieron como si fuesen guerreros ninjas sin que el gobierno, que está presto a derrotar cualquier ataque imperial, que tiene años preparándose para la guerra, que se ha armado hasta los dientes y que entrenó a “millones” de milicianos,  se diera cuenta.

Se acabó la república

Cuando un país se debate entre participar o no en un proceso electoral que está amañado y sin ninguna garantía porque el dilema es que te roben la elección o que te la dejes arrebatar; que sabe que cuenta con una fuerza armada incapaz de proteger a un cuartel militar pero que se jacta de actuar como esbirros para eliminar (sin eufemismos) a los ciudadanos por solo emitir una opinión, informar (los periodistas somos objetivos militares) o ejercer el derecho a la protesta.


Si además ese mismo país enfrenta la instauración de la dictadura asamblearia que concretó el golpe de Estado iniciado por Hugo Chávez e hilvanado con sucesivas elecciones fraudulentas, con la designación de unos abogados sin méritos como magistrados del TSJ, con la sistemática castración de las funciones del Parlamento y con un flamante presidente de la Asamblea Nacional que asevera que ellos seguirán legislando normalmente como si todo estuviese normal, es como para decir colorín, colorado… la república ha terminado y, aunque cueste reconocerlo, sin posibilidades ciertas de recuperarla.

Llueve... pero escampa

domingo, 25 de junio de 2017

Llegó la hora loca militar

Por Miguel Yilales
@yilales
Desde hace tiempo en las fiestas venezolanas se ha hecho costumbre que al filo de la medianoche (ya ni la hora importa) se inicie el momento más esperado de las fiestas, una especie de aquelarre con máscaras, caretas, disfraces y grandes sombreros de goma espuma para desinhibirse. Los invitados se distienden, bailan de forma desaforada y a veces con mucho relajo, tocan pitos y cornetas, saltan, brincan y hacen el famoso trencito. Una diversión chévere con mucho descontrol y sin ningún orden en la pea.
Esta particular forma de desatar los demonios internos puede compararse con aquellas comparsas de Carnaval en que algunos sacaban a relucir su más oculta personalidad disfrazado de negritas para ver que incauto caía o con las celebraciones de Mardi Gras en que un simple collar puede dar mucho que observar. 

Año tras año en Río de Janeiro se preparan para el Carnaval. Planifican y trabajan durante 361 días para armar un espectáculo de dimensiones descomunales que solo dura 4 días: con música, comparsas, disfraces y mucha caipiriña para libar. Algunas millas al norte del Coloso del Sur también preparan sus jolgorios aunque en fecha distinta. A falta de carnestolendas hay una institución que todos los años planifica rigurosamente, cual si fuese el Desembarco de Normandía con Día “D” incluido, grandes bacanales que duran 40 días con sus noches. 
Sin honor ni gloria 
Entre el 24 de junio y el 4 de agosto en Venezuela la “heredera de las glorias patrias”, esa institución que se cree descendiente directa de los libertadores y custodios de sus logros, se dedica por completo a beber, comer y celebrar por cualquier cosa: inician con el Día del Ejército y la Batalla de Carabobo, la empatan con los ascensos y condecoraciones, que le suman la conmemoración del Día de la Independencia (una conquista civil y cívica que los militares han pretendido secuestrar), continúan la rumba con la graduación conjunta de los cadetes, para arribar al Día de la Armada, la Batalla Naval del Lago de Maracaibo y el Natalicio de Simón Bolívar y culminar con el Día de la Guardia Nacional; como quedaban días libres agregaron el “cumpleaños” del único muerto que cumple años y el fracasado asalto al Cuartel Moncada. Es un poco más de un mes en que los militares del país consumen miles de litros de güisqui, toneladas de pasapalos y gastan lo que pudiera servir para dotar a los hospitales del país.

En este período lo único que importa es festejar los logros alcanzados aunque nadie los note y más bien se perciba su inútil necesidad de existencia porque no es un secreto que los condecoran por batallas no libradas a menos que cuenten el enfrentar y ejecutar a jóvenes desarmados; que los premian por custodiar las fronteras que son un  colador para que sus socios de las FARC, del ELN y los paramilitares colombianos usen el país de aliviadero y mientras se desaparece bajo su mirada cómplice lo único que medio producimos; que los laurean por diversificar la economía e instaurar unos fructíferos cárteles de la droga que se disputan el territorio nacional y les reconocen por garantizar la ocupación de potencias extranjeras (China y Rusia) y del mayor chulo del Caribe.
Las 3 “C”
Luego de más de 80 días de protestas en la calle y de casi un centenar de jóvenes ajusticiados, fusilados, ejecutados y exterminados por los esbirros al servicio del Estado, nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana, antiimperialista, revolucionaria, socialista y profundamente chavista (como ellos mismos se mientan) solo piensa en las tres “C” a que se refería Rómulo Betancourt que es más cómodo que actuar como profesionales, ganar los ascensos sin reptar a los pies del mandatario de turno, tener la peligrosa responsabilidad de garantizar la independencia y la soberanía,   arriesgarse a  confrontar a quienes rompieron el hilo constitucional y tener que desconocer a los que vilmente contrarían los valores democráticos y menoscaban los derechos humanos de los venezolanos.


Será por eso que por primera vez en 206 años de vida republicana el pueblo venezolano salió a las calles este 24 de junio, no a celebrar la gesta de nuestros libertadores sino a protestar frente a los cuarteles militares y manifestar, al unísono grito de asesinos, cuanto les desprecian. Que sigan en su hora loca que luego los venezolanos les cobraremos la factura porque cuando los necesitamos no actuaron y cuando no hagan falta no los querremos.
Llueve... pero escampa

domingo, 9 de abril de 2017

El tiempo de Dios no es perfecto

Por Miguel Yilales
@yilales
Dice un sacerdote amigo que más que perfecto, el tiempo de Dios es infinito y que nuestras necesidades terrenales debemos resolverlas nosotros porque sí se las encomendamos al Creador a lo mejor nuestra corta y tangible vida no nos alcance para verlas realizadas, además no escribo este artículo para enmendarle la plana al gobernador mirandino, quien fiel a sus convicciones ha sido agarrado en su buena fe, en el arte de lo público la candidez es perversa, en especial si al frente están unos forajidos, ni porque me voy a dedicar a hacer leña del árbol caído porque para hacerla hay que derribarlo y en política estos no solo retoñan sino que renacen.
Hemos vivido un autogolpe continuado, presenciado la destrucción de las instituciones, permitido que se instaurase una tiranía oculta bajo una mantilla de supuesta democracia, sabemos que no hay separación de Poderes ni respeto por las minorías, estamos al tanto que desde el Estado, y amparados por él, se ha estimulado la conformación de grupos paramilitares y que la Fuerza Armada se transmutó en guardia pretoriana pero nos hicimos la vista gorda: unos por comodidad, otros por complicidad y los demás por ignorancia republicana.
Carestía de ciudadanía
Por eso es que desde hace más de tres lustros quienes han desgobernado al país se han escurrido entre vericuetos leguleyos y se han apoyado en unos desalmados que le hicieron la cama: por una parte unos eruditos (con nombres menos rimbombantes pero igual de retorcidos que aquellos “Notables” que vendieron a un sedicioso como redentor) que siempre encuentran como justificar lo injustificable y por la otra altos precios del petróleo que sirvieron para encandilar a unos chulos internacionales que le reían los desafueros, las ilegalidades, los atropellos y los abusos a un perverso Chávez y a sus secuaces.
De ahí surgió la rizada tesis de que el régimen ha caminado al filo de la legalidad para ser considerado democrático, como si la democracia fuese una liga que se puede estirar mientras no se rompa y las leyes una plastilina que se amolda a los caprichos de quien gobierne. Sí esos conceptos fuesen emitidos por cualquier hijo de vecina uno lo entendería pero surgido de las fauces de los llamados a constituirse en la reserva moral del país causa desasosiego porque de ahí se agarraron los facinerosos golpistas para llegar y de esa línea argumental se asirán para que llegue alguien peor.
Pero frente a los atropellos y a la opresión se volvieron a llenar las calles venezolanas, no solo con gente que esperaba por mejores tiempos sino con ciudadanos indignados, con madres que han perdido a sus hijos, con los huérfanos que nos ha dejado esta revolución, con los que les queda dignidad para no mendigar al gobierno, con los que no creen en las patrañas de unos embaucadores de que sí no nos sacamos el carné de la ignominia perderemos el maná celestial embalado en bolsas o cajas CLAP.
No ha sido fácil ni lo será
El régimen forajido que ejerce el poder en Venezuela, amparado en las mafias del narcotráfico, en una cúpula castrense abyecta y corrompida hasta los tuétanos, en los paramilitares que usa para intimidar, en unos cómplices nacionales que se excusan con el manido argumento de que “soy empresario y me pusieron esta manguangua” y en unos colaboradores extranjeros que se aprovecharon de los mayores traidores de nuestra historia para vulnerar los intereses nacionales, ha usado todas las herramientas para perpetuarse: manipulan a los incautos, provocan a los que reclaman, infiltran las protestas para sabotear, criminalmente usan bombas lacrimógenas vencidas, siembran evidencias a los honrados y asesinan a inocentes a quienes acusan de suicidas por atravesársele a los disparos de los policías.
Estamos ante unos delincuentes que violan los derechos fundamentales pero exigen cartas de buena conducta a la oposición y me pregunto ¿De qué ha servido tener 20 puntos en conducta si siempre nos acusan de todo? ¿De qué ha valido permitir los atropellos al dictador para que no nos etiquete de golpistas? ¿De qué ha servido jugar con sus reglas sí sabemos que no van a respetar los resultados cuando les son adversos? El problema no es la inhabilitación de Capriles ni la persecución que Maduro desatará para montar su propio 11-A y así resucitar la novela del 13-A sin percatarse de que ya no esperamos el tiempo de Dios sino que nos rebelamos para desalojarlo del poder.

Llueve… pero escampa

domingo, 26 de marzo de 2017

Una potencia de a real y medio

Por Miguel Yilales
@yilales
Normalmente las monedas se utilizan para completar los pagos exactos o se reciben como parte del dinero entregado de sobra al cancelar por un bien pero en el país con la más alta inflación del mundo y en el que circula un billete duro de sacar de circulación, una mezcla de John McClane (Bruce Willis), Rambo (Sylvester Stallone) y Terminator (Arnold Schwarzenegger) de los billetes, estas no sirven ni para darlas de limosna.
Hace muchos años a los niños venezolanos les enseñaban una canción que hablaba sobre un genio de las finanzas que compraba, gastaba y siempre tenía lo invertido para conseguir más: compraba animales que parían y en un acto de prestidigitación siempre le quedaba lo que había gastado, por lo que seguía comprando y acumulando bienes de fortuna. Toda una escuela de economía, sin reglas y que solo funciona si quien subvenciona es papá Estado.
En la Venezuela de hoy hablar de la canción “Con real y medio” es como hablar de arqueología. Primero porque las monedas son una especie extinción, segundo porque no tienen ningún valor y finalmente porque nos veríamos obligados a cargar con una mochila a lo Indiana Jones para poder comprar una simple golosina o un diminuto chocolate. Es que en tiempos revolucionarios las monedas son un peso inútil e innecesario para una republiquita de pacotilla que es incapaz de garantizarles a sus conciudadanos las condiciones mínimas para subsistir, vivir y medio sobrevivir.
Entre guerras chimbas
Resulta que la única nación del mundo que ha estado bajo un ataque constante desde que inició el milenio, que ha resistido las inclementes y despiadadas arremetidas de las potencias del orbe deseosas de quedarse con nuestras riquezas, que ha opuesto resistencia a más conflagraciones que las ocurridas en las Guerras Púnicas, las Médicas y las del Peloponeso le dio ahora por auto proclamarse como potencia global.
Luego de enfrentar la guerra económica, la mediática, la eléctrica, la climática, la diplomática, la psicológica, la de las iguanas, la de los billetes de 100, la de los electrodomésticos, la de los panaderos, la de los transportistas, la de los especuladores y los bachaqueros, la farmacéutica, la parlamentaria, la de Obama (aunque entregó la presidencia aún hay vallas con lo del decreto), la de la derecha apátrida y la de los niños asesinos no se podía esperar otra cosa sino que se erigiera como el gran referente político, el cirio de la resistencia y el norte a seguir (a escala mundial) por su poderío y capacidad.
En términos actuales una gran potencia se define por poseer una economía fuerte bien sea por su producto interno bruto (nosotros tenemos al campeón de las brutalidades pero en eso no aplica); por su valor monetario (en el nuestro con lo que dispensa un cajero automático solo alcanza para 4 cafés grandes) o por la producción de bienes y servicios (aquí la luz está en constante racionamiento; el agua potable es insalubre y se va a cada instante; la sanidad brilla por su ausencia; la educación está en manos de unos neófitos que la usan para ideologizar y padecemos un brutal desabastecimiento que va desde una hogaza de pan hasta de gasolina) o por sus poderosas fuerzas militares (no aplica para las que se les pierden los helicópteros o las que instalan vivacs en territorio colombiano porque el GPS se quedó sin baterías).
Desvergonzados sin prurito
Lo preocupante de esta bolivariana, socialista, revolucionaria y chavista potencia (con indicadores que la ubican a niveles de Burundi, Zimbabue y Afganistán) es que sus cabecillas perjuran que vamos por buen camino a pesar de los pésimos resultados, que la vaca da para seguir ordeñándola y que el cuento de que somos una antorcha que todos siguen (los demás países van en sentido contrario) sirve para seguir engatusando a incautos.
Los únicos que todavía se gozan a esta depreciada potencia de a real y medio son los que se han enchufado para saquear al país desde un cargo público, son los empresarios que se hicieron millonarios lactando de las ubres del Estado y que hoy asisten a los actos, sin ningún prurito, a que les den millonarios aportes a cambio de una arrastrada y roncera adulación, son los menesterosos (de principios y valores) que se han convertido, de la noche a la mañana, en poseedores de todo lo expropiado y son todos los boliburgueses que no pueden ocultar los lujos, el derroche y las ostentaciones propios de unos recién vestidos.

Llueve… pero escampa

domingo, 29 de enero de 2017

Aquí no se habla mal de Chávez

Por Miguel Yilales
@yilales
Los regímenes totalitarios son alérgicos a las críticas y muy propensos, por no decir que es lo único que les importa, a que les alaben y adulen por cada bocanada de aire que se respira, por cada gota de saliva que se traga y por cada vez que se pestañee. Hay quienes obligan a los gobernados a cantar canciones, poesías y hasta reverenciar fútiles estatuas en una especie de exaltación elogiosa del Líder Supremo.
Y aunque usted pueda suponer que en las líneas precedentes he descrito a nuestro tropical infierno venezolano, realmente me refería al atroz gobierno de un país asiático que hizo que una polémica ex miss venezolana (la misma que levantase polvareda entre Clinton y Trump) estuviese en el ojo del huracán por sus dislates. Es que todas las dictaduras siguen el mismo guion, no importa si ocurren en Corea del Norte o en Venezuela.
Desde que la más pestilente plaga llegó al poder se ha dedicado a instaurar el terror, como política de Estado, mediante retorcidas variantes de aniquilaciones políticas que han ido desde la persecución judicial al exterminio extrajudicial; desde el simple amedrentamiento a la inhumana tortura y desde la injusta cárcel al doloroso exilio de todo el que piense, es decir, de todo aquel que se les oponga, lo cual han complementado con la estrategia de negar la realidad, ocultar sus desaciertos, invisibilizar a sus críticos y responsabilizar a los demás (al Imperio, a los opositores, a los empresarios, a los productores y a los consumidores) por su torpeza evidenciada en sus innumerables errores, en sus disparates discursivos y en los desatinos en sus ejecutorias.
Prohibido pensar, disentir y criticar
Será por ello que al más perverso personaje de la revolución se le ocurrió la genialidad de prohibir que en las oficinas públicas se hable del responsable de este desastre, con lo cual evidenció, primero, el retraso con que llegó, si es que lo hizo, a la repartición de materia gris y como le rellenaron la cavidad craneal con desechos ventrales y gamelote seco; en segundo lugar que en las instalaciones estatales se conoce quién es el responsable de este desastre y cuán irresponsable y perverso fue, en su lecho de muerte, al transferir el poder a un troglodita social, ignorante cultural y aberrado político; y, por último, que no importa si se despotrica del descartable, prescindible y prolijo legatario.
Pretender que nadie vea lo que es evidente, aspirar que se puede ser feliz porque a algún idiota se le ocurrió decretarlo, anhelar una sociedad de incondicionales y eunucos mentales sin capacidad de criticar el enriquecimiento vulgar que tuvo la familia presidencial anterior o que la actual tenga miembros involucrados en el narcotráfico internacional son muestras de la idiotez de unos cavernícolas políticos que no viven la realidad nacional.
Igual ocurre con quienes esperan que se acepte tranquila, sosegada y taciturnamente que las armas de la República estén en manos de una entelequia desprestigiada, anodina, deshonesta, cobarde, indisciplinada, indigna, sin pundonor y de relajada conducta que ha servido de muleta a unos déspotas y que no se les reproche que se hayan aliado con delincuentes extranjeros (Fidel y Raúl Castro, los Kirchner, Lula y Dilma con Odebrecht, las FARC, el ELN, entre otros) y con los malandros nacionales (cárteles de la droga, pranes y colectivos paramilitares) para sustentar a esta tiranía.
Es la verdad y solo la verdad
Decir la verdad, hablar de lo que ocurre y llamar las cosas por su nombre no es hablar mal. Decir que Hugo Chávez fue el responsable del desastre que vivimos no es hablar mal de él sino desnudar la realidad que hoy pretenden ocultar con propagandas y manipulaciones. Expresar que los sueldos son miserables, que hay venezolanos muriéndose de hambre, que vivimos una crisis humanitaria en la salud y que la inseguridad nos lleva por la calle de la amargura no es hablar mal de Chávez, más bien es reconocerle que procreó, cuidó y alimentó a un monstruo (el chavismo es la Hidra de Lerna del Siglo XXI) para luego dejarlo al cuidado de alguien tan incapaz, perverso y vocinglero como él.
La realidad es que han destruido al país, nadie puede decir que hay un solo indicador, ámbito o parámetro en el que hayamos mejorado en estos 18 años y por eso aquí no se habla mal de Chávez, menos se le denigra o se le calumnia, aquí se habla de la realidad y de la verdad que vivimos los venezolanos.

Llueve… pero escampa

sábado, 21 de enero de 2017

Palabras necias... palabras de Nicolás

Por Miguel Yilales
@yilales
Recomendaba el sabio rey Salomón, o por lo menos así lo recoge la Biblia en el Libro de los Proverbios, que "no se debía hablar al oído de los necios porque despreciaría la sabiduría de las palabras", expresión que el conocimiento popular, mutatis mutandis, adaptó como "palabras necias, oídos sordos". 
Nuestro problema ha sido que hicimos lo contrario y tenemos más de 18 años  parándole a cuentos carentes de sentido, infelices, apocados, zopencos y zoquetes que han sido proferidos por unos malandros con poder.
Por eso es qué hay quienes aún creen los discursos fatuos del que dice administrar el Estado aunque se sepa que terminarán en largas peroratas de malos chistes, burdas burlas, mentiras compulsivas, amenazas irresponsables e incoherencias revolucionarias; hay quienes aceptan que el mensaje a la Nación, que como de costumbre estuvo plagado de falacias y ficciones, solo lo podía presentar ante una mancebía de incondicionales que llegaron a esos cargos sin reunir los requisitos y saltándose los procedimientos (en flagrante violación a la constitución que supuestamente garantizan) y hay quienes juran que las cuentas entregadas iban sin cifras porque son un secreto y no el rotundo fracaso de un sistema desvencijado que nos ha llevado a la prehistoria política.
Más habladuría sin sentido
Durante años la bazofia gubernamental se ha empeñado en convertir las formas, las tradiciones, los usos y las costumbres, que diferencian a un Estado de una anarquía, en un espectáculo rocambolesco por lo exagerado e inverosímil de sus actuaciones. De ahí que cuando anuncian una agresiva ofensiva para derrotar a los factores desestabilizadores de la economía todos sabemos que son palabrería incoherentes.
Luego de meses de anunciar que el país sufría un ataque despiadado a la economía como consecuencia de una guerra, que ha servido de excusa para cualquier cosa, deciden tomar cartas en el asunto (¿?) y cambiar el cono monetario: ordenan la impresión de billetes pero estos no llegan por falta de pago, dan órdenes y contraórdenes para sacar de circulación los billetes viejos sin que hayan llegado los de reemplazo y responsabilizan al malvado imperio porque aún no se consiguen los billetes nuevos, ya que intervinieron para perjudicar a nuestra soberana nación como sí los refugiados en Europa, la amenaza de ISIS, la inestabilidad del Oriente Medio, el avance de la China imperial, la incertidumbre por el inicio de la administración de Donald Trump o el terrorismo internacional les dejara tiempo ocioso.
Sin embargo no levantan el control cambiario para evitar la fuga de divisas y luchar contra la especulación sino que se inventan un "dorado" negocio con un disque empresario, que ha surgido por deshonesto, chavista y oportunista (disculpen lo reiterativo y redundante), para que regente unas casas de cambios en las fronteras como si fuesen unas casas de citas en las que sólo gana el proxeneta porque es capaz de arrastrase e inventar cualquier perorata para que no se le escape el negocio de entre las manos.
No todo queda ahí
Pero los disparates discursivos llegan a extremos inimaginables cuando se les ocurre que para demostrar cómo administran la violencia legítima se inventan unas maniobras militares que terminan en panfletarios cuentos de unos bufones que alardean del poder de fuego de un país pacífico pero armado con chatarras y por la vocinglería revolucionaria que jura que persuade a un hipotético enemigo con borrachines, personajes sin oficios y sujetos sinvergüenzas que, por anhelar un uniforme, se inscribieron en una milicia de pacotilla a la que nadie respeta y que es el hazmerreír internacional.
Pura verborrea que les sirven para ufanarse de la capacidad de movilización de tanques que se accidentan, de buques que no navegan y si lo hacen se varan, de aviones que vuelan desarmados para evitar carreras por descomposiciones estomacales y de helicópteros que desaparecen como sí el Triángulo de las Bermudas se hubiese mudado a la selva amazónica.
Estamos cansados de que el inquilino temporal de Miraflores, con su ilegitimidad de origen y de desempeño, siga con esas palabras necias que, aunque en el pasado embelesaron a algunos por las babosadas populistas que profieren los encantadores de serpientes que abundan en las revoluciones, solo sirven para que "por ahora" hagamos oídos sordos hasta que, por su insania y por nuestra cordura, lo desalojemos.
Llueve... pero escampa

domingo, 25 de septiembre de 2016

Transgresión sin vaselina

Por Miguel Yilales
@yilales
No hay acto más aberrante que una violación. Es por ello que cuando alguien es acusado de hacerlo y lo remiten a un centro carcelario, los otros reos lo ven y lo tratan con desprecio. Eso de obligar a otras personas contra su voluntad o cuando se hallan privados de los sentidos es sin lugar a dudas una vileza, una ignominia y una afrenta que, en algunas culturas y otras épocas, se cobraba con la castración del agresor.
Hay casos en que los conquistadores cobraban, con violaciones masivas, su premio en el conflicto, esto a la postre terminaba como crímenes de guerra. Las tropas nazis en su avance hacia Bélgica, Francia, Holanda y el este europeo lo cometieron y los rusos, ni cortos ni perezosos, les devolvieron el agravio con más de un millón y medio de víctimas alemanas, búlgaras, checoslovacas, polacas y yugoslavas. Toda una tragedia humana.
Pero no es a ese tipo de ultraje al que quiero referirme sino al que se comente en nombre de una ideología para someter a los demás por medio del quebrantamiento de leyes, tratados, preceptos y promesas. Por supuesto que en esa materia, quienes se han apoderado de las instituciones en estos 18 años, se han convertido en peritos y expertos por su agresividad, procacidad y desprecio para con sus víctimas: los venezolanos. En ese tiempo se graduaron, hicieron maestría y hasta se doctoraron.
¿Violación o prostitución?
Aunque pareciera que hay violados que están a la espera, casi como una especie de Síndrome de Estocolmo, de que llegue nuevamente el agraviador. Y ese debe ser el caso de quienes, sin rubor alguno, le declararon al país y al mundo, a través de los medios de comunicación, que nuestro espacio aéreo había sido violado, solo en este año, más de 25 veces por parte de aeronaves estadounidenses, con lo cual uno no sabe si catalogarlo en el renglón de violación o de prostitución.
Es que luego de las declaraciones, que denotan un pueril conocimiento del derecho internacional, del señor con nombre ruso (que lo pronuncian con acento en la i, aunque omiten la tilde) y cuyo apellido lo asemeja con Vito Corleone (no pretendo igualarlos en desventuras, aunque uno nunca sabe), en las que señalaba que en plena cumbre de los países no alineados, ocurrió la última incursión hostil a 123 millas náuticas, se comprende el porqué la alimentación de los venezolanos, actual función a él asignada, está condenada al fracaso.
Sí desconoce lo más elemental para lo que supuestamente se preparó durante 4 años de estudios en la academia militar (con mejores profesores que la actual plantilla académica de esa institución que hoy cuenta con una reputada y mentada persona en los neoyorquinos predios judiciales) y en 32 años de carrera, que podemos esperar en un área en la que es un neófito, a menos que se incluya en su resumen curricular aquel desfalco alimentario, que la delincuente banda roja, le hizo a la nación con el Plan Bolívar 2000.
La displicencia de quienes están llamados a defender los intereses de la nación y garantizar su seguridad, no puede ni debe ser emulada por los millones de venezolanos que aspiramos un país más culto, educado, productivo, eficiente, democrático y de ciudadanos.
La estocada final
No nos podemos sentar a esperar a que los irresponsables que echan por tierra el estado de derecho y la justicia desde la esquina de Dos Pilitas, las comadres que propician la destrucción de la confianza en cualquier salida electoral y las demás instituciones que constantemente violan la constitución y las leyes para que se abjure de la democracia, regresen como si nada a continuar con el abuso.
Sí sabemos que estamos frente a unos déspotas que no creen en la justicia y que les importa un bledo la legalidad, debiéramos tener una respuesta por cada pestilente movimiento rojo, que siempre constituirá un atropello y una transgresión sin vaselina, en vista de lo cual causa desazón que quienes dirigen a la oposición (supuestamente versados en la política) hayan sido lentos para reaccionar frente al estupro electoral que es el cronograma para el Revocatorio.
Este es el momento de dejar de lado las medias tintas y dar una respuesta, Política y de Políticos (ambas con P mayúscula), en rechazo al abuso. Hay que rebanarles el poder, paso a paso, a quienes están ahí apoltronados, para que luego de quitadas las capas externas lleguemos al corazón, como si de una cebolla se tratase, y le demos la culinaria estocada final.
Llueve… pero escampa

domingo, 3 de julio de 2016

El simulacro

Por Miguel Yilales
@yilales
Un simulacro implica la representación de algo, en la que se finge lo que no es, de esa forma podemos prepararnos para cuando en realidad ocurran las cosas o para lo que pueda acontecer. Por eso es que se hacen simulacros de incendio y no hace falta que usted le prenda fuego a su casa, ni se espera a que se caiga un edificio para ver cómo actuar frente a terremotos o cataclismos de cierta magnitud.
La importancia del simulacro reside en que permite prevenir, evitar y reducir los efectos colaterales propios de una catástrofe. Un tipo de simulacro muy común es la evacuación de inmuebles (no me refiero a las expropiaciones) para adiestrar adecuadamente a los equipos especializados en rescate y asistencia durante una emergencia, además como deben actuar los propietarios, los inquilinos y los que puedan estar dentro de un edificio al momento que ocurran.
Esta semana, que recién culmina, se hizo un simulacro para actuar contra movimientos telúricos, aunque un quinto de la población no se enterase por estar esclavizados en las colas de la esperanza para ver que encontraban para comer, otro tanto preocupado por las intensas lluvias que colapsan a diario al país, por la crisis de la energía eléctrica o por el caleteo de agua que son los problemas que a diario agobian a unas personas que simulan ser ciudadanos en algo que es un simulacro de país.
Ni justos, ni equitativos, ni venezolanos
Por esa vía tenemos unos tribunales que se comportan como si en el país existiese justicia, es decir, que simulan el estado de derecho (que en nuestro caso es bien retorcido) para que se tenga la sensación de que hay una república y un Estado, intervienen en las decisiones de otros Poderes (por supuesto que me refiero al Legislativo que es el único contra el que sentencia), usan palabas rimbombantes y rebuscadas para fingir que hay inteligencia o que realizaron estudios en la materia, sin asistir a clases o con defensas de tesis a distancia, en alguna institución española, dirigida por activistas políticos financiados por la peste roja.
Asimismo nos ocurre con el ministerio electoral, que en su proceso de falsedades y socarronerías pretende que la gente crea en su solvencia moral, independencia y equidad cuando certifican, en apenas 24 horas, el simulacro de recolección de más de 10 millones de firmas contra el decreto del presidente Barack Obama y no pueden validar la real recaudación de firmas para activar el referendo revocatorio contra el que simula ser un demócrata.
Otro ejemplo son los militares venezolanos que, desde que llegó la revolución, decidieron hacer simulacros en su condición castrense, tanto en su integridad como en su honorabilidad. Los que están llamados a proteger y resguardar la república y sus instituciones en realidad montan un sainete bufo, ridículo y grotesco con el cuento del desinteresado amor patrio cuando se acercan los ascensos: son capaces de poner ambas rodillas en tierra, no para rampar por debajo de las alambradas enemigas sino para reptar ante la junta que los evalúa; se queman el pecho, no al fragor del combate sino de las parrillas que hacen para agasajar a quienes les tantean su entrega revolucionaria y pierden las cuerdas vocales, no para exaltar su valentía sino para vociferar indignas consignas politiqueras.
Farsantes y embaucadores
En Venezuela simulamos que estamos bajo un sistema democrático porque se realizan elecciones; tenemos un gobierno que hace simulacros de que le preocupa las necesidades de los más depauperados cuando en realidad exacerba el patrimonio de sus camaradas revolucionarios y vivimos un simulacro en el que aparentamos vivir cuando en realidad estamos sobreviviendo, creemos que subsistimos cuando en realidad ni nos alcanza para eso y que somos inmensamente felices aunque llevamos la procesión y la desesperanza por dentro.
Es que por mucha capacidad para la actuación y la hipocresía, que definitivamente tienen los revolucionarios que detentan el poder en el país, los venezolanos sabemos cuándo estamos frente a un farsante. En esta Tierra de Gracia hay embaucadores que vivieron, viven y vivirán del simulacro: no les importa si nos afecta una inundación, un terremoto o un deslave; los tiene sin cuidado si la inflación o la escasez son exorbitantes y aseguran que el desastre es culpa de otros a pesar que saben que el problema es el simulacro de gobierno, dirigido por el simulacro de venezolano, que está en Miraflores.
Llueve… pero escampa

domingo, 12 de junio de 2016

El lupanar de los soles

Por Miguel Yilales
@yilales
La prostitución ha existido desde el origen de la humanidad. Hay quienes aseguran que es el oficio más antiguo y lo debe ser porque muchas meretrices han jugado un rol primordial en la historia. Hay una gran cantidad de términos tanto para referirse a la prostitución como a las personas que la practican, a los clientes, a los lugares, a las actividades relacionadas y en los países hispanoparlantes se usan distintos vocablos coloquiales para nombrarla.
Fíjense que en la adaptación para la televisión de la novela “La Novia Oscura”, de la escritora y periodista colombiana Laura Restrepo (Perla Farías la llamó “Flor Salvaje”, por cierto la penúltima novela que protagonizó Mónica Spear, otra de las víctimas fatales de la inseguridad que instauró el Socialismo del Siglo XXI) había una casa de citas que se llamaba “Las 4 P” y usted podía inferir que había cuatro personas cuyos nombres iniciaban con esa letra o que se refería a las actividades que ahí ocurrían.
Pero eso es normal en una casa de citas, un centro de masajes o en un simple burdel, lo que nunca nos imaginamos los venezolanos es que, quienes se vendieron como unos salvadores y herederos de las glorias patrias, terminarían convirtiendo a Venezuela en la mancebía de unos decrépitos guerrilleros ñangaras, de unos cuantos aprovechadores y de una casta de uniforme que llegó al poder para prostituirlo todo.
Ni eficientes, ni eficaces
Desde hace algunos años, 17 para ser más precisos, quienes han dirigido al país, que son los militares (este es el gobierno más militarista que hemos tenido), se dieron a la tarea de dar al traste con las instituciones del Estado y se repartieron la botija de la renta petrolera. Para ello se dedicaron a emitir órdenes que nadie supervisaría, entregaron contratos mil millonarios sin control alguno, sacaron a los militares de los cuarteles, les dieron más poder y menos responsabilidades, los pusieron donde “haiga” y les hicieron creer que la república descansaba sobre sus impolutas manos, mientras la ofrecían al mejor postor.
Se les creía eficientes y eficaces, al extremo que la gente clamaba porque la bota militar pusieran orden pero la realidad demostró que fue peor el remedio que la enfermedad: las corruptelas y los vicios se quintuplicaron; el lucrativo negocio de las drogas pasó, de ser perseguido, a ser administrado, por los uniformados; y la tutela de la violencia legítima e ilegítima quedó “apadrinada” bajo una única autoridad.
Presenciamos como el uniforme, ya bastante desprestigiado por esos equecos cargados de medallas como si hubiesen participado en miles de batallas, terminaba transformado en un auténtico disfraz. Ver a un exadeco, exmepista, excausaerrista, expepetista y exmaestro (ni por asomo fue militar o prestó servicio militar) vestido de teniente con gorra de general solo ocurre cuando el pudor, la honra y la decencia han caído a una fosa o cuando la adulación bien vale el celestinaje.
Pero no todo queda ahí. Esta semana que concluyó, vimos como un general bolivariano, de esos que el honor ni se le divisa, en un acto cruel, empleó a sus subalternos para acorralar a un grupo de diputados opositores y luego los abandonó en manos de unas hordas para que los lincharan, lo cual demuestra que una meretriz tiene más compromiso ético que este correveidile revolucionario.
Cortesanos y visitadoras
Y por si fuese poco hay un teniente, que no han reincorporado, pero ascendieron a capitán, que usufructúa el teatro de la Academia Militar desde donde emite un show televisivo en el que “invita” a los militares y los mezcla con colectivos armados. Los que asisten “voluntariamente” les pasa lista para saber sí están todos los que son y si son todos los que están. Lo penoso es que cuando nombra a alguien se activan unos resortes marca ACME, similares a los que usa el Coyote para capturar al Correcaminos, que los hace brincar y rebajarse cual cortesanos.
Dice Mario Vargas Llosa, y no tengo porque no creerle a un Nobel, que basado en una historia de la vida real escribió “Pantaleón y las visitadoras” en donde mostró que los militares son capaces de implicar a un subalterno en misiones poco éticas y camuflarlo todo entre siglas raras, misiones secretas y servicios vitales a la patria. Lo malo y lo detestable, cuando algo así sucede, es que hay muchas víctimas que terminan destrozadas, encarceladas y torturadas, mientras el país se convierte en el lupanar de los soles.
Llueve… pero escampa

domingo, 22 de mayo de 2016

Zamuro no cuida carne

Por Miguel Yilales
@yilales
El estado de emergencia o de excepción no es un invento de la constitución de 1999, ni el chavismo descubrió el agua tibia con ellos. Más bien es un principio jurídico medieval derivado de una frase en latín «Exceptio probat regulam in casibus non exceptis», es decir, «la excepción confirma la regla en los casos no exceptuados», cuyo significado es que sí existe una excepción, debe existir una regla para la que se aplica dicha excepción.
Un estado de emergencia está para dictarse, generalmente, en caso de perturbación de la paz o del orden interno de un Estado, ya sea a consecuencia de catástrofes, brotes de enfermedades contagiosas, graves circunstancias políticas o civiles que afectan o impidan la vida normal del país. Eso es la regla en todas partes menos en Venezuela.
Nicolás Maduro ¿Comandante en jefe?
Cuando en 1999 ocurrió una catástrofe no decretaron la alerta; ahora que la calamidad es la ineptitud gubernamental, pretenden imponer a cal y canto, una emergencia por una supuesta guerra económica que han perdido en todos los frentes de batalla (inflación, estancamiento, productividad, políticas monetarias y pérdida del poder adquisitivo) y, por si fuese poco, amenazan con decretar el estado de conmoción, como si ya no la viviésemos desde que se instauró el Socialismo del Siglo XXI.
El Dúo Dinámico de la revolución
Miliciano con armamento de última generación
Para ello a Nicolás Maduro se le ocurrió, en medio del desasosiego que debe ser que Pepe Mujica te tilde de cabra loca o que Luis Almagro te considere aspirante a dictadorzuelo (ya lo es para la mayoría de venezolanos), que para afrontar la pérdida de popularidad, oponerse a ser desalojado por la puerta de atrás y que nadie sienta el más mínimo respeto por ti, se inventaría una agresión externa que cohesionara a los ciudadanos con ese esperpento militar que el mismo califica de: bolivariano, socialista, antiimperialista, humanista y, profundamente, chavista.
Frente a la supuesta amenaza yanqui, que ojalá la enfrente mejor que a la guerra económica porque si no nos espera una capitulación más expedita que la de Saddam Husseim con su medio millón de combatientes y toda la chatarra rusa y china que poseía, Maduro ordenó realizar ejercicios militares en los que movilizó, al ritmo de la guaracha de Billos, tanques, cañones, aviones, barcos y milicianos.
Miliciano para hacer correr a los marines
Es que uno se imagina a los gringos del cuerpo de marines y del ejército norteamericano, que es la amenaza anunciada por el Dúo Dinámico de la revolución: Maduro y Diosdado (el orden de los factores no altera el producto), apurados para poner pies en polvorosa cuando se les plante enfrente alguno de los robustos generales bolivarianos con botella de güisqui en mano y al mando de soldados famélicos (aquí ya no se hacen las tres comidas) o de unos combatientes, con un fusil al hombro, dignos de ser estudiados por la gerontología.
Asimismo Maduro jura que los pocos F-16 que quedan, los Sukhoi que no se han caído y los K8 chinos van a hacer huir a los 5 mil aviones de la Fuerza Aérea gringa y las mil aeronaves desplegadas en los 10 portaviones en servicio o que las fragatas (que no hayan encallado, como la que dejaron en Brasil) y los 2 submarinos (que están en servicio desde 1976) son suficientes para hacer morder el polvo a 10 portaaviones, 22 cruceros, 62 destructores, 10 fragatas, 29 buques de desembarco anfibio y 72 submarinos nucleares.
Lealtad al mejor postor
Malandros con o sin uniforme
Esa fuerza militar que se envalentona para atacar a ciudadanos pacíficos que ejercen el derecho a protestar, es la misma que le ha permitido al hampa gobernar la principal base militar en Caracas: Fuerte Tiuna, que le jura lealtad a Nicolás y que pretende actuar, entre bambalinas, como un partido militar, presto para conducirse, según el mejor postor, a favor o en contra del gobierno de turno.
En 1945 a Medina Angarita se le quedó vacío el Cuartel San Carlos; a Rómulo Gallegos ya sabemos lo qué le pasó; a Pérez Jiménez lo idolatraban hasta que salió en la Vaca Sagrada; contra el otro Rómulo se alzaron en Carúpano, Barcelona y Puerto Cabello; con Carlos Andrés Pérez todos eran leales hasta que unos pocos dejaron de serlo (1992) y a Chávez lo desconocieron por irresponsable y majadero.
Estos son los mismos militares de donde salieron Alcalá Cordones y Rodríguez Torres, personajes en quienes Nicolás Maduro tenía plena confianza (hoy cree traidores porque fueron abducidos por extraterrestres) y no entiende que zamuro no cuida carne así sea de cabra, becerro o burro.
Llueve… pero escampa

domingo, 13 de marzo de 2016

De maduro a podrido

Por Miguel Yilales
@yilales
Así como nuestro idioma tiene sus dificultades así mismo ocurre con la política venezolana. Aquí la polisemia (varios significados para una misma palabra) aplica por igual para el español y para el desempeño público.
Aquí existe un órgano que tiene la responsabilidad de la investigación penal y que bajo su égida actúan los acusadores pero que discrecionalmente inventa cargos a los inocentes para mantenerlos tras las rejas y prudencialmente se hace la vista gorda ante lo que se conoce como notitia criminis porque nadie denuncia y si hay denuncias las desestima por infundadas, en especial, si es contra los capos del partido al que pertenece la jefa de ese despacho.
Basta con revisar la memoria y cuenta que presentó la fiscal ante la Asamblea Nacional, aunque por las cifras maquilladas pareciera un cuento de memoria, para ver que hace tiempo abandonó lo que son sus funciones. Fíjense que en la masacre ocurrida en Tumeremo, primero negada por el gobernador Francisco Rangel Gómez y luego tildada de show politiquero por los diputados oficialistas, no se inició la investigación hasta que se puso color de hormiga.
El heredero arruinado e indocumentado que dirige los destinos del país, en uno de sus actos de populachería barata dijo que investigarían lo ocurrido en Tumeremo por lo que militarizarían la zona, con lo cual ya se sabía que no investigarían nada y que los militares por analfabetismo funcional contaminarían la escena del crimen.
CSI militar
De lo primero, ya el defensor que actúa como fiscal dijo hacia donde van las primeras pesquisas: hay unos colombianos involucrados. De ahí seguirá la estructura argumental y polisémica del régimen: colombiano significa que son paramilitares; por esas interpretaciones chavista paramilitar es clara alusión a Álvaro Uribe; involucrar a Uribe es decir Barack Obama y la derecha internacional; Obama renovó el decreto contra los funcionarios corruptos aunque para el régimen es contra Venezuela (será por la gran cantidad de chavistas involucrados) para ocultar la masacre que hicieron los marines junto a la oposición apátrida que apoya el decreto. En conclusión la culpa de la masacre es de la oposición.
De lo segundo valdría preguntarse ¿qué sabe el burro de pasta de dientes si lo que come es pasto? Una cúpula militar (parece que este término les contraría aunque lo aplican para la iglesia, los partidos políticos y los sindicatos) que desconoce las mínimas normas de investigación policial más allá de lo que hayan visto en las series de televisión, no investigará sino que empastelará todo en la zona. Sus primeras actuaciones así lo demuestran: atacan a los familiares de los desaparecidos y no a los que perpetraron los hechos.
¿Quién en su sano juicio le diría a los nazis que investigaran el genocidio? ¿Alguien puede creer que este cuerpo militar investigará los intereses del gobernador (que es general), que saludan militarmente y le rinden cuentas? Un régimen totalitario que resucitó el delito de difamación e injuria para perseguir políticamente a los periodistas (su última víctima es David León Natera y El Correo del Caroní) ocultará, negará y encubrirá cualquier información que lo pueda salpicar.
A botar lo inservible
Desde hace años (Chávez aún vivía) el ejército bolivariano (en minúsculas por como ha sido su actuación) fue encargado de la custodia militar del sur del país luego de que existiesen innumerables denuncias contra ese cuerpo que el honor se encontraba en las divisas que pudiera manipular y por su actuar pretoriano desde 2002, pero nada cambió en la zona: la minería ilegal continuó, las mafias ilícitas dirigidas desde la cárcel de Vista Hermosa (un oxímoron para el antro carcelario de Ciudad Bolívar) resguardan a los ciudadanos con calcomanías con la imagen de Nelson Mandela, el contrabando de oro y piedras preciosas a la orden del día y las desapariciones extrajudiciales como sistema paralegal. Es decir otra polisemia política.
Estamos ante unos desalmados que prefieren ver morir a todos los venezolanos antes que llevar a juicio a los responsables de los desmanes que se han cometido en nombre de este bodrio de revolución, que dicen gobernar para todos aunque eso signifique solo para ellos y que les parece sano jugar con la esperanza de la gente. Cuando las cosas entran en proceso de descomposición, huelen mal, no sirven y la solución es botarlas y en Venezuela ya la situación pasó de Maduro a podrido.
Llueve… pero escampa