viernes, 22 de mayo de 2015

Rata de dos patas

Miguel Yilales
@yilales
En la cultura occidental las ratas tienen connotaciones negativas porque son percibidas como unos animales peligrosos, sucios, fuente de enfermedades, parasitarios y ladrones de comida. Describir a una persona “como una rata” implica generalmente que está envuelta en algo sospechoso y deshonesto, que pertenece al hampa o es un informante y delator.
Recuerdo que hace algún tiempo escuché en la radio un tema que me llamó la atención. Es de esas canciones que la gente llama corta venas, un despecho de principio a fin que hablaba precisamente de una rata.
La letra se refería a un despreciable animal rastrero, que de paso era un adefesio mal hecho, un infrahumano y además un espectro del infierno, que solo puede compararse con una alimaña, una culebra ponzoñosa, un desecho de la vida, una sanguijuela, una cucaracha que infecta donde pica, un inútil y una hiena del averno.
Sí algo se parece al amor es la política o viceversa. Ambos son apasionados y ardientes, no son objetivos, ni desinteresados, mucho menos equilibrados y jamás renunciativos (nadie dice “se lo dejo a usted” para demostrar desprendimiento), son monotemáticamente obsesivos y por supuesto socialmente imprescindibles. Son tan similares que sufren de los mismos trastornos: el abandono, la apostasía, la apatía, el desanimo y, el peor de todos, la traición.

Con madriguera y todo

En los últimos años hemos experimentado la mayor traición cometida en Venezuela. Quienes se postulaban como los salvadores de la crisis que se vivía en el país, que además acabarían con la corrupción porque la eficiencia gubernamental sería su bandera y que lo convertirían en una potencia económica, social, deportiva, política e industrial, lo terminan dejando en el abandono, con la inflación más alta del continente y una de las más altas del mundo, con una sociedad que mendiga y deambula en busca de los productos de la cesta básica, que no tiene electricidad, agua potable, viviendas dignas, vialidades decentes, con una moneda debilucha frente a otros signos y donde los pranes administran la inseguridad junto a ministros, jueces, fiscales, diputados y militares.
Todo esto viene a cuento porque en días recientes empezó a salir a la luz pública una serie de documentos, artículos de prensa y trabajos de investigación periodística que supuestamente confirman que desde que se inició este disparate de revolución hay en sus filas un capo (lo cual era un secreto a sottovoce) que era dueño de empresas, negocios, centros comerciales, emporios que administra a través de testaferros y con capacidad para contratar a famosos artistas cubanoamericanos para que le den lecciones de canto a la hija.
El teniente-capitán que dirige la Asamblea Nacional y da órdenes a los diputados que hacen vida en ella, nunca ha demostrado de donde salieron los fondos para el estilo de vida que ostenta, pero seguro estoy que no provienen de la pensión militar (no le quedó al dársele de baja), de la dieta parlamentaria o de lo obtenido en CONATEL, los distintos ministerios y la vicepresidencia, por lo cual el imaginario popular lo ha convertido en el pimentón de todos los guisos.

Diosdado Today

Un Diosdado desencajado, y no me refiero al general que interpreta Franklin Virguez en “El Señor de los Cielos”, se mostró ofendido por las denuncias aparecidas en los periódicos internacionales y que fue reproducida por la poca prensa nacional independiente que queda, y se querelló con los editores porque se le acusaba sin presentar pruebas, no se presumía su inocencia y se le sometía al escarnio público.
Atrás quedaron la destitución fraudulenta del curul de María Corina Machado, nada que ver con las acusaciones infundadas contra Ledezma, López, Ceballos, Scarano, Capriles y los estudiantes, ni siquiera mencionar a los comisarios y policías sentenciados sin elementos de convicción y tampoco parece relevante el sinnúmero de chismes, invenciones y embustes que supuestos patriotas cooperantes le hacen llegar a su programa y que él usa para desprestigiar sin presentar pruebas o presumir inocencia.
Desconozco si la canción de Paquita la del Barrio tenía destinatario, en lo particular tengo a quien dedicarla, pero estoy seguro que en el país hay más de uno dispuesto a cantarla a viva voz a los responsables de la destrucción institucional de una nación que de exportadora de libertades terminó protagonizando el narcotráfico, la corrupción y la violación a los derechos humanos.

Llueve… pero escampa

jueves, 14 de mayo de 2015

Imitadores de pacotilla

Miguel Yilales
@yilales
Desde hace tiempo he estudiado el mito político y el empleo de mitos para hacer política, una práctica que en nuestro país se podría equiparar a la afición de hablar de cualquier tema y materia sin propiedad.
Por supuesto que crear mitos es más fácil si lo hacemos de personas que han ejercido el poder económico, social o político de un país. Que sí cantaba o sí bailaba, que sí era irresistible para el sexo opuesto, que sí se ha leído todas las obras de la Biblioteca de Alejandría o cree que Alejandría es una vendedora de libros de las que hace vida en la Fuerzas Armadas, es lo de menos, lo importante es que usted crea el cuento que le echen.
Eso ocurre con el que mientan el comandante supremo y eterno. Y es que luego de 15 años ejerciendo el poder político en Venezuela, con más de 3.656 horas o lo que es lo mismo 152 días ininterrumpidos de exposición televisiva, de seguro encontraremos imágenes que podrían ser copiadas de películas hollywoodenses o, más en su estilo, de novelas de Delia Fiallo.
Recientemente salió un opinólogo que le dio por convertirse en semiólogo de la imagen para analizar un video musical en el que aparece un dúo, un reguetonero y una actriz que representa a una joven con cáncer.  Según el improvisado analista el abrazo que ocurre entre la chica y los cantantes, es la evocación de uno similar acontecido entre el desaparecido presidente y una niña con el mismo padecimiento.

“Aló, Chino y Nacho”

Pero el ridículo no llega hasta ahí sino que se profundiza en la explicación de que la imagen se uso con la finalidad de mejorar los niveles de audiencia de los cantantes, garantizar la aceptación entre el público venezolano y disminuir el rechazo que sienten los seguidores del difunto mandatario por estos cantantes.
Resulta que el video del tema musical se volvió viral y quienes no lo habían visto corrieron a ver de qué trataba, con lo que el opinólogo debiera pasar su factura por honorarios por la publicidad gratuita.
Así que sí se consigue en un aeropuerto con Naomi Campbel, Danny Glover y Sean Penn no se le ocurra tomarse una selfie porque lo acusarán de copiar al comandante; sí va a un concierto dirigido por Rafael Dudamel ni piense en aplaudir la ejecución de la orquesta no vaya a ser que crean que se inscribió en el partido de gobierno; sí aspira a ser electo presidente del condominio no abrace viejita, ni bese muchacho ajenos porque puede ser acusado de imitador y por supuesto no piense en usar aviones, carros, comer y, menos aún, ir al baño por ser actividades exclusivas del líder único y eterno.
Lo que falta es que se haga un reality show en el que los fanáticos llamen a los cantantes y no pueda decir “Aló, Chino y Nacho” por ser propiedad intelectual del chavismo que nos desgobierna.
Asimismo le debe estar ocurriendo al periodista español Emilí Blasco con su libro “El Búmeran Chávez. Los fraudes que llevaron al colapso de Venezuela”, que encontró en un imitador de estadista su mejor publicista.

Bumerán contra mazo

La investigación periodística de Blasco, que se alimenta con las declaraciones de unos cuantos cooperantes de la DEA, ha servido para que el presidente de la Asamblea Nacional demuestre su espíritu de  camorrero con su garrote medieval y demande a los directivos de los medios nacionales que reprodujeron lo que publicó el diario español ABC sobre el texto.
Esa decisión es como que sí a usted le prohibiesen citar a cualquier autor, retuitear a alguien o compartir lo que otro escriba en su muro de Facebook, porque eso lo haría copartícipe de las ideas y por ende corresponsable, con lo cual volveríamos a la era de la inquisición, muy acorde con un régimen que está empeñado en llevarnos al siglo XV con sus conucos verticales, el desarrollo endógeno, el trueque, la comuna, las ramas, los curanderos y las enfermedades endémicas ya desaparecidas en el mundo moderno menos en Venezuela.
Es que estos seudopublicistas, políticos chambones y opinólogos ineptos deben haberse formado con un verdadero imitador de pacotilla y supuesto manager de artistas, ahora transmutado en directivo de un canal de televisión regional, que se queja de los incendios en El Ávila no por el daño al pulmón vegetal de Caracas sino por el hollín que llega a las ventanas de su pent-house, con lo cual demuestran que para mantenerse en el poder tienen que ser inescrupulosos, manipuladores, serviles, mentirosos, corruptos, deshonestos, crueles y malvados.

Llueve… pero escampa

jueves, 7 de mayo de 2015

Un país de improvisados

Miguel Yilales
@yilales
A los venezolanos nos gustan las cosas buenas: el buen vestir, el degustar finos platos y libar las más finas bebidas, en especial si son destiladas en las altas tierras escocesas. Es por eso que algunos pueden pensar que somos vanidosos, jactanciosos y petulantes y que al comer y beber parecemos sibaritas.
Esa ha sido la mayor piedra de tranca para inocularnos el Socialismo del Siglo XXI porque entre sus preceptos están los votos de pobreza (y no precisamente franciscanos) que le pretenden imponer a toda una sociedad, para que así permanezcan aferrados a las dádivas del Estado.
Uno puede llegar a imaginar que todo esto obedece a un plan estratégico orquestado, según algunos desde La Habana, para depauperar a los pobres y empobrecer a la clase media, aunque por como lo ejecutan e implementan pareciera más bien eso que entre los músicos llaman “un vente tu” y no un diseño deliberado.
Que se reúnan varios artistas y hagan placenteras las nueve horas de espera en el aeropuerto de Maiquetía es viable porque existe un conocimiento previo de notas, acordes, melodía, armonía y ritmo que no todos dominamos o que un actor le de por armar una presentación a partir de un tema que la audiencia plantee es fácil porque se alimenta de escenas de la vida misma, pero que se improvise en política es para temblar y no precisamente de la emoción.

Pura chapucería

Nadie pudiera imaginar que las acciones para contener el avance del socialismo de Hitler fuesen producto de la improvisación de Winston Churchill, por supuesto es temerario comparar a un estratega político, militar y escritor (galardonado con el Nobel) con quienes se creen políticos porque han vivido de las ubres del Estado y nunca han trabajado para ganarse el sustento diario sino que están como “caimán en boca e’ caño” a la espera de una coima, gratificación, recompensa o comisión.
A nadie en su sano juicio se le hubiese ocurrido adelantar media hora el reloj para ahorrar electricidad, porque además de demostrar no saber nada de geografía, desconocían que la luz diurna dura más en el hemisferio norte (donde está Venezuela) en los meses de mayo a septiembre, pero menos de noviembre a marzo y que en el oriente amanece más temprano que en el occidente y por ende en occidente oscurece más tarde que en oriente. Pero la improvisación solo les dio para cambiar el horario con lo cual quedamos desfasados con el resto del mundo para satisfacer el ego de un megalómano.
Ante el cambio climático global, el gurú que dirige el régimen venezolano y sus cómplices, creen que hay un incremento súbito de las temperaturas por culpa del malvado capitalismo y la generación de gases invernaderos, con lo cual critican a nuestro único producto de exportación y principal contribuyente del calentamiento global, pero su aporte es reducir la jornada laboral y regular la temperatura de los sistemas de aires acondicionados.
Hasta ahora no han culpado al Enterprise, al capitán Kirk y a míster Spock de tener una lupa gigante sobre Venezuela para que suban las temperaturas como medida de desestabilización interplanetaria contra el régimen chavista, pero por sus reacciones y caras de sorpresa pareciera que se enteraron del calor hace menos de un mes.

La cosa no queda ahí

En la otra acera política, me refiero a la de la oposición, las improvisaciones también están a la vuelta de la esquina.
Si alguien le preguntase a los taciturnos que hacen vida en la oposición sobre las abusos del ministerio de elecciones que hacen írrita cualquier consulta, de seguro balbucearían una improvisada respuesta de que ni la lluvia, ni el sol, ni la nieve podrán detener la avalancha de votos, pero nunca le dirán como motivarán el voto, ni cual es la táctica para que no le hagan fraude o si ya adiestraron a los testigos de los partidos políticos para que no les escatimen los votos y mucho menos responderán sobre el porqué han dejado de lado las protestas que permitan canalizar el descontento y traducirlo en votos, bueno algo así como una estrategia política planificada.
Dicen que los políticos y los militares son expertos en planificación, pero parece que los que nos han tocado (en el régimen y en la oposición) solo aprendieron el manejo de la improvisación, lo lamentable es que no tienen la imaginación de los niños, ni la musa de los músicos y mucho menos la capacidad del estudio por lo que solo han empeorado eso que llaman política en la Venezuela del siglo XXI.

Llueve… pero escampa

jueves, 30 de abril de 2015

Nicolás ahí te va mi mango

Miguel Yilales
@yilales
Siempre he disfrutado de un buen mango. Es una fruta carnosa, dulce, que se puede comer verde o madura. En lo particular me gusta mucho el verde con sal y en algunas ocasiones con adobo. Lo he comido solo, en trozos con las ensaladas, como aderezo, con las manos y con tenedor, de hilacha, injerto y bocao. Son sencillamente fascinantes.
Al pedirle a cualquier hijo de vecina que nos nombre una fruta criolla, de seguro viene a su mente este manjar, lo cual es un error garrafal, no porque no sea un manjar, sino porque es originaria de la India.
Si usted sigue el consejo de que "el Diablo sabe más por viejo que por Diablo" y le pregunta a su abuela o a una tía entrada en años sobre sus aplicaciones medicinales de seguro la recomendará como antioxidante, contra el cáncer del colon, para que no le de gripe, como diurético y para tener una piel lozana, aunque debamos cuidarnos de su efecto laxante, especialmente, en abril y mayo.
Luego de buscar en toda la bibliografía disponible para saber los usos que se le puede dar a esta deliciosa fruta, me encontré que sirve para la política, para el amor, en la coctelería y en el fogón, para entretener a grandes y chicos que esperan a sus pies o trepan en sus ramas para agarrarlos, y aunque a Henry Pittier le parecía que incitaba a “la ociosidad, a la invasión de la propiedad ajena y a la vagancia”, nadie puede negar que no se goce de él, en especial cuando los dedos se empalagan, aunque sea un poco con el jugo de este delicioso fruto y debemos limpiarlos dejando de lado ciertas normas de etiqueta.

A mangazo limpio

Como si no fuesen pocos los atributos y usos para esta exquisitez el régimen venezolano en su afán por disminuir las distancias que separan a los gobernados de sus gobernantes, diseñó un sistema que dejará en pañales los desarrollos tecnológicos de Silicon Valley en California.
En estos momentos las empresas telefónicas, y hasta Apple, Android, WhatsApp, Instagram, Twitter y Facebook, deben estar preocupados porque la revolución chavista y antiimperialista para desechar los inventos capitalistas del correo electrónico, el microblogging, las redes sociales y hasta la ineficiente IPOSTEL, decidió que un mango es el medio de comunicación del futuro.
Atrás quedará el uso metafórico de coger mango bajito, aludiendo a la conseja de aprovechar la ocasión más sencilla y fácil; su empleo para referirnos a la hermosura que hace muy apetecible a una persona o cuando una situación se presenta confusa o sumamente enredada, como nos pasa con este arroz con mango que es el Socialismo del Siglo XXI.
Si se trata de pedir una casa, un carro, un aumento, un paseo por el Caribe, el incremento del cupo en dólares, medicinas para las enfermedades crónicas sin pasar por la nueva alcabala diseñada por el régimen, comida o un empleo bien remunerado, busque su buena mata, monéela, recoja sus frutos, prepárese para cuando pase un gobernador, un alcalde, un diputado, los candidatos al parlamento (sean por consenso o electos en primarias) y en especial el que dice ser heredero del trono mirafloriano, y péguele un mango por la cabeza.

Más usos para un mango

Yo tengo un arsenal listo (entiéndase que de mangos) por si acaso se me atraviesa el indocumentado, y lo digo porque parece no tener licencia para conducir el país, para pedirle libertad para los presos políticos injustamente detenidos, exigirle un sistema de libertades individuales, reclamarle por las 50 mil muertes violentas en sus 2 años de fatídica gestión, que se repatríen los capitales que los boliburgueses de cuello rojo lavaron en paraísos fiscales, que se controle la inflación y se incentive el aparato productivo.
Pero los mangos no tienen porque ser exclusivos y tengo algunos guardados por si pasan los autodenominados albaceas de la oposición para que expliquen porque exigen democracia y no les gusta aplicarla a lo interno, hasta cuando actúan como Caldera o el caudillo Alfaro eliminando a sus delfines y a la generación de relevo, sí algún día exigirán condiciones antes de presentarse al cadalso electoral y que entiendan que pacífico no es sumisión, que democrático no es solo electoral y que lo constitucional abarca los 350 artículos.
A ciencia cierta desconozco si el sistema funciona, si Nicolás y los otros le harán caso o si tengo la puntería para atinarles, pero por lo menos quedo satisfecho por exigir mis derechos y liberar la indignación acumulada en estos 16 años.

Llueve…pero escampa

jueves, 23 de abril de 2015

El imperio y sus pitiyanquis cooperantes

Miguel Yilales
@yilales
Criticar a unas personas que huyen de la miseria que representa no tener que comer, imposibilitados para adquirir una vivienda, padecer de servicios públicos inexistentes, estar obligados a vivir de las migajas de un gobierno o sobrellevar un estado de guerra permanente en el que la violencia es la principal causa de muerte, no sería justo.
Y aunque alguien pueda pensar que me refiero a la situación que a diario vivimos los venezolanos, la descripción de las causas anteriores estaba referida a los cientos de miles de cubanos que se han lanzado a aguas infectadas de tiburones con la única esperanza de navegar 90 millas que les devuelva la dignidad humana o de los más de 800 africanos que se subieron a un buque y encontraron su última morada frente a las costas de Libia esta misma semana.
Ya ha pasado mucha agua bajo el puente desde que el controversial video “Caracas, ciudad de despedidas” fuese visto y criticado por mucha gente. De ahí surgió la frase “Me iría demasiado” que fue motivo de burlas y celebraciones por gran parte de nuestro polarizado país.
Las críticas por la superficialidad de los argumentos que planteaba y por el lenguaje empleado, no nos hizo recapacitar respecto a que un grupo de jóvenes se hubiesen detenido a reflexionar sobre la realidad del país y el porqué pasamos a ser esta locura en la que todos aspiran un futuro mejor, pero que no lo vislumbran en esta hermosa Tierra de Gracia.

Vivir mal o morir en el intento

Sin embargo, más allá de nuestro acuerdo o desacuerdo con quienes se van y sus motivaciones o con quienes se quedan y sus razones, el asunto volvió a tener vigencia porque hace unos días a un empresario venezolano le dio por navegar las sinuosas aguas del drama que representa la emigración.
Por supuesto que hablar del tema en un país donde todas las familias tienen a alguien o conocen a alguien que ha tenido que emigrar porque la inseguridad, la inflación, la falta de oportunidades de trabajo, la poca calidad de vida así los obligó, era como pisar juanetes: para algunos una afrenta imperdonable y para otros una reflexión sobre el problema.
Desde hace años muchos venezolanos hacen largas colas, no frente a automercados para adquirir papel higiénico, harina precocida, aceite de maíz, leche o pañales sino en los distintos consulados de países europeos, norteamericanos, suramericanos en busca de la esperanza que les fue secuestrada por quienes supuestamente llegaron al poder para salvarnos de la hecatombe de 40 años de democracia civil y que solo ha servido para que unos boliburgueses se distribuyeran un botín, como lo hacían los corsarios cuando abordaban una embarcación.
De entre esos que se repartieron el país, también hay quienes a las primeras de cambio estarían dispuestos a “irse demasiado”, así lo han venido demostrando todos esos ejemplos de entereza, rectitud y honradez que pululan en esta revolución socialista, chavista y antiimperialista.

Ópera incierta

De todos es conocido que mientras están en posiciones de mando amasan inmensas fortunas porque desvalijan al país pero que al dejar de tener el favor del gobernante o al abandonar el poder, agarran sus macundales y sus alforjas para solicitar, en el malvado imperio norteamericano, protección a cambio de convertirse en un correveidile, una especie de wikileaks bolivariano, en contra de sus antiguos cómplices.
A la fecha desconocemos a ciencia cierta los resultados de sus colaboraciones y sí las pruebas presentadas son tan contundentes como para terminar de desenmascarar a este gobierno forajido, en especial por la incoherencia de una oposición que denuncia por el mundo los desaguisados del régimen, pero cuando sancionan a unos funcionarios del gobierno por violadores de derechos humanos y por sus nexos con el narcotráfico y el terrorismo internacional, salen a decir que no era para tanto, con lo cual uno no entiende para que viajaban, a menos que fuese porque necesitaban hacer shopping.
El problema no es que estos delincuentes se vayan (ojalá se fuesen todos) sino que luego de haber destruido al país, estos pitiyanquis cooperantes del imperio se presentan como los salvadores de la patria porque denunciaron lo que ellos mismos ayudaron a construir, con la esperanza de mimetizarse con los exiliados, desterrados y perseguidos que emigraron en busca de un futuro o que al pasar el tiempo los ensalcen por ayudar a desalojar del poder a esta marea roja.

Llueve… pero escampa

jueves, 16 de abril de 2015

La pelea del siglo

Miguel Yilales
@yilales
Desde que en los Tratados de Westfalia se impulsara la noción de la soberanía nacional a través de la institucionalización de la diplomacia y de los ejércitos, las relaciones internacionales se han constituido en el vínculo, el nexo, la asociación y el diálogo que deben existir entre las naciones.
Pero a pesar del tiempo transcurrido aun hay quienes las ven como un ring de boxeo en el que se dirimen las diferencias a los golpes y trancazos. Para algunas personas es una tradición repugnante y sangrienta, pero no hay deporte en el que se despliegue una conducta que muestra: disciplina espartana necesaria para entrenar; belleza y plasticidad adquirida con la técnica; solemnidad en el cumplimiento de las reglas; estrategia para salir victorioso y perseverancia para levantarse tras la caída como el boxeo.
Dicen que los boxeadores se dan a conocer por su técnica, bravura y parafernalia, pero si algo los caracteriza de pies a cabeza, a parte de los guantes, es el uso de un apodo que pueda intimidar al rival. En todos los tiempos grandes pugilistas han recurrido a este ardid para reflejar lo que son: Joe Louis “El Bombardero de Detroit”, Manny “pac-man” Pacquiao, Oscar “El niño dorado” De La Hoya, Ray “sugar” Leonard o Roberto “Mano ’e Piedra” Durán.

Promotor, contendientes y escenario

En nuestro país hablar de beisbol y de boxeo va con nuestra idiosincrasia, y tenía que ser así porque nuestras primeras y más connotadas hazañas deportivas provinieron de esos deportes: ser campeones mundiales en béisbol y obtener la primera medalla de oro olímpica del boxeo.
Es por ello que cuando nos informaron que este mes de abril ocurriría un choque de trenes, similar al que anunciaban en la televisión cuando promocionaban el enfrentamiento de los boxeadores del momento, todos esperábamos un espectáculo digno de Don King o de Rafito Cedeño.
Para eso se contrató a unos vetustos sparring caribeños, que en alguna época pretendieron ser unos boxeadores con suficiente pegada y altura para amenazar a un fortachón, y que creen que ahora sí lo harán con unos esmirriados pugilistas a los que solo les han enseñado a blufear, gritar y amenazar, como lo hacían ellos, pero nunca a pelear.
Entre esos pugilistas, en este siglo XXI, han destacado varios: Hugo “huele azufre” Chávez, Evo “cocaína” Morales, Rafael “censura” Correa, Daniel “estupro” Ortega y, más recientemente, Nicolás “sin papeles” Maduro, todos muy eficientes en el boxeo de sombra y en la polémica desde un micrófono, pero que no aguantan ni un round sobre el ring a menos que sea para fotografiarse con el ganador.
Resulta que la pelea del siglo planteada en Panamá entre Barack Obama y el paisano Nicolás no llegó al primer asalto. En las primeras de cambio el “sin papeles” solo atinó a lanzar golpes al vacío y como el alcance de brazos, la gracia y el tino estaban del otro lado, le dio por usar un doble para desviar la atención mientras se lanzaba a la lona sin que lo hubiesen tocado o hubiesen tirado la toalla.

¡Otra derrota más!

De nada sirvió que amenazase con hacer arrodillar al afroamericano y cantarle sus verdades, convencido por un siquiatra de que contaba con millones de voluntades de apoyo, así las haya obtenido bajo amenaza.
Tampoco las atrevidas declaraciones en las que describía cómo acabaría con su rival, una especie de predicciones antes del encuentro estelar, como aquellas que lanzaba Muhammad Alí para amedrentar a sus contendientes.
La verdad es que ni una fotografía en los camerinos cuando habló amable y respetuosamente (Maduro dixit) con Barack existe, no fuese a ser que el cuento de la victoria fuera del ring no coincidiese con la realidad.
Es por eso que al regresar al país y luego de supuestamente derrotar a un peso pesado del combate diplomático, a Nicolás le dio por revivir la guerra de independencia contra España: por lo menos ya consiguió a su “negro segundo” (primero solo hay uno) al nombrar teniente a un gobernador oriental.
Abril se ha develado como un mes de las verdades, no porque sepamos al fin que pasó con la renuncia que anunció Lucas, ni porque haya aparecido la irrelevante partida de nacimiento de algún indocumentado y menos aún porque sepamos que pasó con aquel que juraba y perjuraba que ganaría y cobraría, si no porque nos percatamos que luego de la pelea del siglo, que terminó en aplastante derrota, solo ostentamos los títulos mundiales en corrupción, blanqueo de capitales, narcotráfico, inflación y escasez.

Llueve… pero escampa

jueves, 9 de abril de 2015

Con sangre de horchata

Miguel Yilales
@yilales
Desde hace algún tiempo, en Venezuela, las personas que se dicen seguidoras de algún bando político han perdido el sentido de la crítica frente a sus propios dirigentes.
Sí usted milita en la oposición y se le ocurre decir algo de los sacrosantos autos denominados líderes de esta generación, y no me estoy refiriendo a Guillermo Dávila, se expone a que desde las mismas filas opositoras salgan y lo acusen de ser un agente encubierto del régimen que trabaja para mantener al chavismo en el poder; pero sí lo hace desde las filas de la administración también lo catalogaran de agente secreto, pero del Imperio, que desestabiliza al gobierno.
Recuerdo que cuando alguien no le importaba las cosas o tenía un carácter muy sosegado decían que tenía “sangre de horchata”. Pareciera que en los últimos años a la sociedad venezolana le han venido practicando transfusiones de reemplazo del fluido sanguíneo por mucha horchata con valeriana.
Tan es así que pudiéramos inventar un nuevo gentilicio para algunos habitantes de este país con horchata: venehorchatanos, una sociedad que sufre pero es paciente y se resigna a que todo se solucionará “Dios mediante”, “con el paso del tiempo” o “cuando la rana eche pelo”.

Sin sangre en las venas

Los que ayer protestaban por lo más mínimo que hicieran los gobiernos civiles, hoy se postran adulantes ante el militarismo corrupto y putrefacto que dirige al país. Y voy a tratar de demostrarlo con ejemplos.
Cuando abundaban las largas filas de personas en los supermercados poca gente se quejó de las hordas que se trasladaban hasta en autobuses para agotar los productos en segundos y mucho menos de la respuesta que tenía preparada el gobierno: un sistema de racionamiento a lo cubano pero con capta huellas (que ya estaban listas para importarlas) y con horarios determinados por el número de cédula.
Hay venehorchatanos que agradecen que con esas medidas por lo menos se consigan los productos y se pierde menos tiempo porque disminuyeron y, en algunos casos, desaparecieron las largas filas de personas, pero nadie se pregunta ¿Qué se hizo esa especie langostas que arrasaban con todo a su paso? ¿Quién tenía la capacidad de movilizarlos? y menos ¿A quién beneficiaban con su presencia?
Vamos con otro ejemplo. Antes sí se hablaba del espacio territorial los militares eran los primeros que se mostraban prestos a defenderlo, es más recuerdo que con la delimitación de los espacios marítimos en el Golfo de Venezuela casi linchan, metafóricamente hablando, a Luis Herrera Campins por su “Hipótesis de Caraballeda”.
Pero con este régimen, que le ha dado por entregar la soberanía del Esequibo, pareciera que a los militares venehorchatanos solo les importa hacer creer que se alistan ante una imaginaria invasión norteamericana, que solo existe en las calenturientas cabezas de estos ñangaras de nuevo cuño, educados en las primitivas estrategias cubanas.

Pero aún hay más

Igual ocurre en materia de corrupción. Los jeep de Ciliberto, Ibañez y Lusinchi, adquiridos con las partidas secretas y usadas para la campaña de 1988, son conchas de ajo frente al peculado de uso de autobuses, vehículos, medios de comunicación, aviones y edificios del Estado en la eterna ruta electoral en que nos imbuyó la involución bolivariana, sin que los venehorchatanos alcen su voz de protesta.
Y por si fuera poco en Venezuela el nepotismo era perverso hasta que llegó este esperpento que se autodenomina Socialismo del Siglo XXI. Cuando Rafael Caldera nombró a uno de sus hijos como ministro, por cierto los que hoy gobiernan lo llamaban el pimentón porque dizque estaba en todos los guisos, la gente lo vio con ojeriza por el antecedente del indulto que refrendó Ramón J. Velásquez por culpa de su secretario privado que, para colmo de males, era su hijo.
El parlamento vivió una época en la que a su nómina le decían los “floriados” por la gran cantidad de Flores (ni aromáticas, ni coloridas) que había en sus registros, toda una minucia ahora que el presidente de esa instancia, una ministra y la principal atracción bolivariana están emparentados, con lo cual ratifican que los guisos en familia son más sabrosos y jugosos.
Mientras aquí sigan ocurriendo cosas y nos comportemos con sangre de horchata, los que están en el poder abusarán de nuestra dignidad, y para evitar eso tenemos que confrontar a todo aquel que desee mantenernos lánguidos y adormecidos, estén en el gobierno o en la oposición.

Llueve… pero escampa