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domingo, 16 de julio de 2017

Venezuela libre

Por Miguel Yilales

@yilales

Dicen que cuando los estadounidenses y los españoles se enfrentaron por la independencia de Cuba, un grupo de soldados se reunió en un bar y brindaron con una mezcla de ron Bacardí, refresco de cola y jugo de limón por una Cuba libre. Desde esa época hasta nuestros días ha pasado más de un siglo, Cuba volvió a ser esclavizada por unos sátrapas y aunque la bebida ha sufrido algunas modificaciones, en esencia, sus ingredientes básicos se han mantenido.

Pero no crean que ahora mis escritos dejaran de lado la política para dedicarme a las bebidas espirituosas, que las disfruto, sino porque he de reconocer que así como una guerra dio paso a un inigualable cóctel, en el futuro se escribirán muchas líneas, se contarán verdaderas historias y se inventarán cosas (más allá que un cóctel) para rememorar la valiente, difícil y ardua lucha que hemos dado los venezolanos contra el más oprobioso y dictatorial régimen.


Sí el 19 de abril de 1810, el 5 de julio de 1811, el 24 de junio de 1821 y el 23 de enero de 1958 marcaron hitos en nuestra vida republicana, el 16 de julio de 2017 será una fecha que incorporaremos en el imaginario popular porque significará el desmontaje de unos mitos políticos, unas ficciones electorales y la caída de las caretas de muchos autócratas, unos cuantos pseudodemocratas y demasiados farsantes politiqueros que siempre se ampararon en el voto mientras les fue útil.

El Grinch del voto

El gobierno de Nicolás Maduro, sus serviles órganos de justicia y sus prostituidos organizadores de festines electorales se dieron a la tarea durante más de 2 años (desde el mismo día que perdieron por paliza la elección para la Asamblea Nacional) de evitar a toda costa un proceso electoral libre, directo, secreto y universal en la que se pudiese desnudar la pérdida del apoyo de la mayoría y el despilfarro de un valioso capital político.

Por eso se dieron a la tarea de alegar que no era que la oposición ganó la elección parlamentaria sino que sus seguidores se habían abstenido (argumentó que era repetido por algunos encuestológos para justificar  sus errores muéstrales y como no pegan ni el sexo de un bebé a pesar de que existen solo 2 opciones y ecosonogramas que despejan cualquier duda), luego vinieron las trabas, revisión de firmas, controles, impugnaciones sobrevenidas, decisiones judiciales para que el Referendo Revocatorio perdiera su efectividad, pospusieron las elecciones a gobernadores que debían realizarse en diciembre de 2016 porque según ellos mismos no se podía organizar el revocatorio y las elecciones locales simultáneamente (con lo cual aceptaban lo que es un secreto a voces: que son unos incapaces que no pueden comer chicle y caminar a la vez) y finalmente se inventaron una renovación de partidos, que pospusiera aún más cualquier consulta porque, en su sapienza de burdel político, nadie lograría las metas ante tanto obstáculo inventado.


De ahí es que, ante el clamor porque nos contásemos, a los ventrílocuos que manejan al Grinch electoral de Nicolás Maduro les dio por inventar una elección por sectores ante el terror que les da ese disparate pequeño burgués que es la universalidad del voto, en que cada hombre no fuese un voto y donde los incapaces candidatos fuesen promocionados por un número a falta de ideas propias, mediana cultura y algún vestigio de liderazgo.

La Barquereña y El Miedo

Frente al pretendido secuestro de la democracia por parte del régimen, la eliminación de la separación de poderes y la elección como sus más elementales formas y ante la ilegalidad de lo que pretendían obligó a que los verdaderos demócratas gestionasen un proceso en que no hiciese falta el ministerio electoral de Tibisay Lucena, los inútiles que obedecen a los serviles Vladimir Padrino y Remigio Ceballos, las automatizadas máquinas fraudulentas del perverso psiquiatra y los operativos de los canales de televisión que servían para hacernos creer que estaban comprometidos con el país.


Los ciudadanos organizamos desde el voto hasta la totalización, pasando por la logística, el proceso, el escrutinio, la custodia y la cobertura a través de medios alternativos, lo que constituye en el mayor triunfo de la civilidad sobre la barbarie desde que la Barquereña y el Miedo pasaron a ser Altamira. El país que nació este 16 de julio, ese que no le para a las amenazas del obeso bravucón que regenta en Miraflores, gritó a pleno pulmón que desea ser y será una ¡Venezuela libre!

Llueve... pero escampa

domingo, 18 de junio de 2017

Luisa Ortega ¿Una gallina tapada?

Por Miguel Yilales
@yilales
Dice un viejo proverbio árabe que sí dos actores políticos tienen un enemigo en común deberían poder trabajar juntos para obtener una victoria conjunta contra él. El ejemplo más significativo de la puesta en práctica de “el enemigo de mi enemigo mi amigo es” lo vimos en la II Guerra Mundial cuando norteamericanos y británicos hicieron un frente común con los soviéticos para confrontar a la amenaza nazi.
En ese entonces el primer ministro británico Winston Churchill para justificar su alianza con Joseph Stalin, que luego reconocería (antes de su muerte) como uno de sus mayores errores políticos y del que estaba profundamente arrepentido, dijo que “sí Hitler invadiera el infierno, yo haría un discurso en la Cámara de los Comunes con referencias favorables  al Diablo”.
Ese es el argumento que utilizan algunos gurús de la política para justificar una alianza con el chavismo original y puro para derrotar al chavismo derivado y degenerado (de Maduro) olvidándoseles que ambos son responsables de este desastre, que son ramas torcidas del mismo tronco enfermo y que una vez limadas las asperezas circunstanciales son capaces de confabularse para seguir profundizando el legado de Chávez que no es otro que más muerte, más desolación y más destrucción.
Dicen los conocedores de las Peleas de Gallos que para competir, además de su “castío” (casta, raza, cruces y color) los gallos deben prepararse para la riña: estar alimentados, con músculos fortalecidos y que no vean a sus contrincantes (ni sean vistos por ellos) para que no pierdan la fiereza. De ahí viene la expresión de gallo tapado también usada en la política.
Que no se olvide

Por eso es que algunos han planteado que la actuación de la Fiscal General Luisa Ortega Diaz, chavista furibunda y defensora del legado del mayor embaucador que haya tenido la república desde que Colón avistase Paria, debe ser respaldada no sólo porque se volteó y se enfrenta al madurismo sino porque debe ser reconocida (acorde al sexismo oficialista) como la gallina tapada que nos ayudará a salvarnos del chavismo cuando en realidad está tratando de rescatar lo rescatable de ese decadente prostíbulo que es el socialismo del siglo XXI.

Si ella va a actuar para desmontar el aparato chavista que lo haga. Si luego de casi 19 años se dio cuenta del desastre que ayudó a construir y está arrepentida ¡Bienvenida! pero no pretendan que olvidemos que tiene 10 años al frente del Ministerio Público; que Franklin Brito y Rodolfo González fallecieron en su gestión; que Araminta González, Lourdes Afiuni, Ines González, entre otras, fueron ultrajadas y vejadas siendo inocentes; que ella ha estado vinculada al chavismo desde sus comienzos y que su hermano es golpista originario; que pidió las penas más altas contra los policías metropolitanos condenados por los hechos de abril de 2012; que solicitó la extradición y enjuiciamiento del expresidente Carlos Andres Pérez por la represión policial y militar durante El Caracazo mientras se hizo la vista gorda por denuncias de torturas y homicidios atribuidos a la fuerza pública durante las protestas de 2014; que ha defendido como justo el encarcelamiento de Leopoldo López y de otros presos políticos y que sabía de la ilegalidad en el nombramiento de los magistrados del TSJ y con su cómplice silencio avaló las actuaciones en contra de la Asamblea Nacional.
Hasta el 2018
Los entendidos en el arte de regir los asuntos públicos, promotores que el fin justifica los medios y que todo es negociable (incluso los principios) son los mismos eruditos estratégicos que creen ingenuamente que con los vasos comunicantes con la disidencia chavista es suficiente para lograr el desplome de Maduro y que ellos, en un acto de desprendimiento, entregarían el poder a una transición opositora.

Es que estos notables habladores de pendejadas son los que plantean que es preferible volver a los orígenes chavistas antes que propiciar su caída definitiva porque, a su sabio entender, en la oposición no hay ningún liderazgo preparado, comprometido y dedicado que haya planteado un proyecto de país distinto, con lo cual muestran su prepotencia porque, entre líneas, dejan entrever su deseo porque los consideren a ellos como la única opción para que haya opción, mientras tanto promueven gallos tapados (que en este caso es gallina) para que les aguanten el coroto hasta el 2018, si es qué hay país y si es qué hay elecciones.
Llueve... pero escampa

domingo, 28 de mayo de 2017

Solo no se cae... hay que empujarlo

Por Miguel Yilales

@yilales

 

En estos casi 2 meses de protestas, luchas y reclamos, que tanto han  convulsionado al statu quo de esta revolución atrabiliaria, los venezolanos hemos aprendido cómo hacer respetar nuestros puntos de vista. Incluso a algunos líderes de la oposición les ha caído la locha cuando, luego de salir con propuestas inconvenientes y mal comunicadas, les ha tocado recoger la leche derramada por la presión de quienes desinteresadamente luchan en la calle, las caminan y las patean en son de desobediencia; de quienes anónimamente confrontan a los esbirros, le ponen el pecho a las bombas lacrimógenas y defienden a los ciudadanos desarmados de unos malandros con uniforme y de quienes dignamente, al final de cuenta, son los verdaderos depositarios de la soberanía ciudadana.

 

Soberanía que no existe, según Maduro, Diosdado y el jefe del violatorio proceso constituyente, ministro de educación y eterno encapuchado de los jueves, por lo que nadie puede llamar a desconocer al régimen o pretender que haya algún tipo de insurrección contra un Estado fallido y menos contra el fraude que pretenden meter de contrabando, con lo cual demuestran el desprecio que sienten por la propia Carta Magna que obliga (no es opcional) a desconocer al régimen, la legislación o la autoridad que menoscabe los derechos humanos y contraríe la independencia, la paz y la libertad como principios y valores democráticos. Pero ¿Qué más se le puede pedir a quienes se agarran de los jirones, en que convirtieron a la República, para perpetuarse en el poder?

Sin trinchera no hay paraíso 

 

Por ello es que los ciudadanos, palabra que cada vez gusta menos a los mafiosos que detentan el poder, salen a protestar y le gritan a los sicarios de uniforme que no le temen, le espetan cuan pusilánimes son al reprimir y se desgañitan, contra todos los que huelan a tirano, para que sepan cuánto los desprecian; es que al salir a protestar ya no lo hacen para bailar, cantar o desfilar cual pasarela porque saben que van a confrontar a unos homicidas capaces de disparar balas a la cabeza, de reemplazar los perdigones de goma por metras, de disparar objetos contundentes para asesinar, de torturar a los manifestantes y tratarlos peor que a un prisionero de guerra, de tirotear por la espalda a quienes van en pacífica retirada y de asfixiar con gases lacrimógenos a edificios, escuelas y hospitales.

En esas condiciones y ante un contrincante que no respeta ninguna norma del derecho, que se salta a la torera los más elementales códigos de honor del combate y que piensan que la justicia es una entelequia que solo sirve para perseguir a los que piensen distinto, es que se ha tenido que recurrir a tácticas para defenderse, para confrontarlos y para atrincherarse de manera de darle la vuelta a la tortilla y poder iniciar los pasos que nos permita salir del infierno en que convirtieron a Venezuela, proceso que solo empezara luego que hayamos desalojado del poder a los imitadores de las peores escorias que han existido en la humanidad, y reconstruir el paraíso en esta Tierra de Gracia.

A la una, a las dos y a las tres

 

Lo que causa asombro es que a estas alturas del juego aún se cometan errores infantiles y, que en esos giros del destino en que se le sale una rueda a la carreta, se convoque a un sarao para protestar por las limitaciones a la libertad de expresión (toda censura es lamentable) y conmemorar el penoso cierre de un canal de televisión (que en su momento, y aunque duela reconocerlo, contribuyó a la exaltación de la antipolítica) en una plaza y no frente al órgano censor del régimen, mientras en otras latitudes se efectuaban las exequias de 2 héroes, de los que usan el tricolor como capa y el pecho henchido de coraje como súper poder, y se libraban batallas campales para no terminar de doblar el espinazo ante el salvaje yugo opresor.

 

En estos momentos se le pide a la dirigencia opositora coherencia y sindéresis para marcar la ruta y el camino a seguir, no se puede caer en propuestas inútiles y fútiles que desvirtúen la lucha que libramos contra la oscuridad que representan quienes nos mantienen secuestrados, en especial porque la mafia gobernante se jugó la única carta que les quedaba para terminar de instaurar su reino del mal, lo cual nos ha llevado a la protesta y a la desobediencia como una herramienta vital para evitarlo y de paso empujarlos porque, a pesar de lo mal que están, solos no se caen.

Llueve... pero escampa

domingo, 15 de enero de 2017

Caciques sin indios

Por Miguel Yilales
@yilales
Luego de mucho nadar, de pasar tempestades y de evadir diferentes escollos llegamos al 2017 y las perspectivas son peores que las de su antecesor: no sabemos cómo llegamos aquí ni tenemos esperanzas de saber hacia dónde vamos, en especial porque en apenas 15 días terminaron de destruir los jirones del estado de derecho que ha dejado la revolución bolivariana en estos 18 años: sin separación en los poderes públicos, con desprecio por los derechos humanos, con irrespeto a la inmunidad parlamentaria y donde se exacerban los mecanismos para terminar de convertir a una exrepública en un feudo del oscurantismo medieval.
Quienes dirigen al país están convencidos que se puede seguir implementado las mismas pésimas decisiones del año pasado y que eso no tendrá ninguna consecuencia; que la ruina de cientos de miles de venezolanos no tiene importancia porque el incremento de los precios del petróleo servirá para ocultar la miseria y la indigencia; que se pueden comprar voluntades con registros fraudulentos y carnés que segregan a unos venezolanos de otros menos venezolanos porque adversan a este esperpento chavomadurista (que inició Chávez y continúa su heredero).
La radicalización continúa
Las primeras acciones gubernamentales estuvieron orientadas al juego de la sillita. Para ello llamaron a los vicepresidentes, a los ministros, a los gobernadores, a los diputados y a cuanto ñángara con uña para que estuviesen prestos al enroque de cargos. El resultado fue que, entre los grupos enfrentados del chavismo, los más hábiles para sentarse fueron los radicales, tirapiedras, encapuchados y exguerrilleros que sacaron de los cargos a los que se fueron pa' villa.
De ahí surgió la implementación de un comando antigolpe, dirigido por lo más talibán de la fauna política revolucionaria, presto para iniciar una cacería de brujas que le permitiese acusar sin pruebas, montar expedientes fraudulentos, encarcelar a nuevos inocentes, buscar los mecanismos para ilegalizar a los partidos políticos y garantizar la persecución de la disidencia política, en especial a aquella que le es incómoda a sus objetivos y planes de destruir la institucionalidad. 
Frente a esta movida de radicalización política por parte del régimen, a la oposición (que aún no regresaba de las vacaciones decembrinas) "no le quedó más remedio" que continuar con el proceso de destitución (por abandono del cargo) y decidirlo por mayoría parlamentaria pero sin juramentar a quien debía suplirlo en sus funciones hasta tanto se hagan las nuevas elecciones, notificarle al cuerpo diplomático y a la comunidad internacional sobre tan trascendental decisión ni hacer una campaña que hiciese que los venezolanos, obstinados de tanta incapacidad, los acompañasen en la calle para exigir la salida del Palacio presidencial del destituido o por lo menos generar la crisis política que lo desalojase del poder.
No ha pasado nada
Según esa especie en este momento nadie ejerce la presidencia (no hace diferencia que esté quien dice que lo hace) porque el país sigue al mismo garete que llevamos desde que unos incapaces decidieron asumir el socialismo como la panacea política y que solo nos ha dejado una gran desolación, la inflación más alta del mundo, niveles impresionantes de desabastecimiento, bandas delincuenciales que se dividen al país como un botín, cárteles que trafican desde influencias (Odebrecht) hasta sustancias ilícitas (narcosobrinos), una industria petrolera hipotecada a transnacionales, una moneda inservible, súper devaluada y sin poder adquisitivo, unas mafias jurídicas que distribuyen injusticias, unas autoridades electorales que no organizan elecciones y una violencia desbordada que nos ubica como el país menos recomendable para el turismo.

Lo lamentable de todo esto es que en el país no pasa nada por culpa de unos "líderes" que un día piden que los acompañen a la lucha política para al siguiente espetarle a sus "liderados" que, como en el dominó, los mirones son de palo; que imploran por apoyos incondicionales para los candidatos que ellos escojan a dedo para luego decir que no son culpables si estos son ineficientes, incapaces o si saltan las talanqueras; que claman porque se les de un voto de confianza en sus decisiones, como quien da un cheque en blanco a un estafador, así estas parezcan poco asertivas, inoportunas y carentes lógicas. Es que de lado y lado hay caciques sin indios por hacer las cosas mal.
Llueve... pero escampa

sábado, 24 de diciembre de 2016

Ni se hace política ni se conforman mayorías

Por Miguel Yilales
@yilales
Escribir en la víspera de Navidad sobre política es harto difícil en especial porque, para disgusto y sobresalto de mucho tirapiedras de los que pululan por ahí, quien tiene hijos pequeños y con ilusiones (que no desaparecen con la edad), no puede desligarse de la realidad del momento y quedarse enganchado en esa especie de amargura desquiciada y engendrada, en algunos, en estos 18 años de satrapía revolucionaria.
En los tiempos que vivimos, que han sido secuestrados por la más putrefacta casta política de nuestra historia, hay quienes creen que todo se trata de una dicotomía entre blanco y negro y que además no existen las escalas de grises y la diversa gama de colores.
Tan es así que han llevado las cosas a los extremos en que sí no comulgas con sus planteamientos envían a sus huestes, como carroñero a la carroña, a que te insulten; en que quienes dicen ser mejores que los que desgobiernan al país, usan sus mismas estrategias propagandistas; en que se clama por las libertades individuales pero se insta a arrasar de la faz de la Tierra a quien disienta, tenga diferente orientación sexual o creencia religiosa y en que se le exige a los demás conductas probas aunque se actúe en contrario en sus propias vidas, es decir son, en lenguaje bíblico, unos fariseos de la peor raigambre, que se dicen opositores hasta los tuétanos pero aceptan jugosos  contratos sin importar que venga de funcionarios corruptos o con dineros públicos.
Farsantes de marca mayor
Son como esos empresarios que exigen las libertades económicas pero no creen que los contratos deban ser discutidos o que los trabajadores puedan agruparse para hacer sus planteamientos al patrono; son como esos pánfilos que defienden las riquezas de un empresario y un régimen de libertades sin importar de dónde vengan los fondos que generaron esas súbitas fortunas; son como algunos artistas, actores, actrices, columnistas, escritores, humoristas, periodistas y locutores que le exigen definición política a todo el mundo pero se declaran Ni-Ni porque se deben al público, a la audiencia y a los lectores.
Cuando en Venezuela se vuelva a tener Estado de Derecho se tendrán que revisar las concesiones otorgadas a algunos medios de comunicación cuyos fondos son de oscuro proceder; las compraventas de empresas de distintos rubros en las que se desconocen los orígenes de los capitales; las compañías que fueron adquiridas con dineros del Estado y puestas en manos de testaferros de la cofradía golpista que nos trajo hasta esta desgracia y nadie en su sano juicio debiera cuestionar que las mercancías incautadas a esas empresas de maletín, corruptas y narcolavanderías sean rematadas, subastadas, confiscadas y entregadas a quienes más lo necesiten aunque de seguro saldrá quien denuncie esas acciones, como un golpe a las libertades económicas y a las reglas del libre mercado, aunque ni siquiera entienda la diferencia entre un mercado libre y libre mercado, entre mercadear con su cuerpo y la educación sexual, entre ser comunicador y caerle a microfonazos a la gente o entre protestar contundentemente y fingir como si de un orgasmo teatral se tratase.
Adalides de imposibles
Son unos paladines de las causas perdidas, que terminan convertidos en un mezclote de Superman, Batman, Flash, Mujer Maravilla y Acuamán, que levantan banderas para defender lo indefendible: sí un empresario especula que sea solo la ley de la oferta y la demanda la que dicte el consumo, a pesar que conformen (entre ellos) cárteles para fijar los precios o sí un empresario del show business, que de la noche a la mañana se convirtió en dueño de canales de televisión y emisoras de radio con recursos provenientes del narcotráfico o de células terroristas del Oriente Medio, que solo sea la audiencia y la falta de inversión publicitaria, por un boicot moral, los que determinen su quiebra.
Estos personajes se erigen en una especie de Torquemada criollos que tildan de piltrafa, arrastrado, delincuente y malandro a quien aspire cubrir sus necesidades básicas (esas que Maslow clasificó hace tiempo) y no piense en conceptos abstractos como libertad, justicia, independencia o ciudadanía como si fue que los franceses al día siguiente de la Toma de La Bastilla pensaban en Libertad, Igualdad y Fraternidad y no en saciar el hambre, vestirse o tener vivienda, y definitivamente con esa actitud no se hace política ni se conforman mayorías.
Llueve... pero escampa

sábado, 19 de noviembre de 2016

Del juego político a la autoayuda política

Por Miguel Yilales
@yilales
Dicen que el que juega por necesidad pierde por obligación ¿Cuántas historias se han escrito sobre personas que ganan el premio gordo de la lotería y al cabo de algunos meses están más pobres que cuando ganaron? No en vano los casinos nunca pierden.
En mi casa los juegos de envite y azar estaban prohibidos, lo cual era extraño porque mi papá, como buen oriental, siempre le gustó el juego, hasta que le dieron un ultimátum, de esos que entran con amor: ¿la familia o el juego? No volvió a agarrar unas barajas. Sin embargo aprendí que en el dominó los mirones son de palo y que un pone piedras normalmente juega para los contrarios, con lo cual uno termina con dos enemigos y un traidor; que en el truco, que es un juego de pícaros, tramposos y mentirosos (hay que tener habilidades), no solo bastaba saber cuáles cartas tenían más valor, sino como hacer y coger señas; y que sí se trataba de jugar al póker estar al tanto de que se depende de las cartas que te da el crupier y de la capacidad para blufear y percibir cuando blufean.
Al apostar se puede ganar o perder. Y aunque la habilidad pueda hacer la diferencia, el azar juega un papel cardinal. Ahora bien sí usted decide hacerlo con cartas marcadas, con ponedores de piedras o desconociendo las reglas, la culpa es suya y solo suya cuando lo dejen con una mano adelante y otra atrás.
Leitmotiv de la política
Dedicarse a la política requiere similares condiciones a las del que juega ya que debe reducir la probabilidad de resultados desfavorables y aumentar la de los favorables, mediante acciones estructuradas no solo pensando en el azar, sino en el conocimiento del contrario, en el análisis de la situación, en el cálculo probabilístico, es decir, en un episteme que reduzca al mínimo ese componente impredecible que le arrebata la victoria al más experimentado y diestro apostador. Creer que en política no es necesario asumir posiciones firmes, no saber cuándo retirarse ni cuándo jugar duro es candidez, y en política la inocencia es una supina irresponsabilidad.
La oposición apostó (y parece que los sorprendió el destino) para llevar al Parlamento a un grupo de personas sin experiencia, muchachones poco fogueados y lo que es peor sin discernimiento, sensatez y luces del importante rol que les tocaba cumplir. Impúberes (aunque vaca chiquita siempre es becerro) que les cuesta articular dos frases para hacer un planteamiento coherente, que proponen lo que no pueden cumplir, que les ha dado por mostrar sus cartas sin escudriñar las posibilidades de éxito y que han dilapidado la fortuna adquirida en ese azaroso golpe electoral por festejar sin medida, gastar en los amigotes que se les han adosado como rémoras y comprar voluntades para que los adulen mientras le dure la ganancia. No han administrado ese capital para que se traduzca en la toma del poder, que a fin de cuentas, es el leitmotiv de la política.
Desgañitarse para meter miedo cuando se mete la pata, amenazar con levantarse de la mesa cuándo se decidió jugar con las cartas marcadas y apostarlo todo en una sola jugada porque “ahora sí se tiene la suerte de su lado” es tan ingenuo como blofear al acusar a los demás de ser narcotraficantes o drogadictos solo para ocultar que la procesión familiar, militar, ministerial y gubernamental va por dentro, y denota que estamos en manos de ludópatas y apostadores de la política.
Negocia que algo queda
Dirigir, gobernar y liderar requiere cualidades y conocimientos que no todos tienen. A los expertos políticos del olfato, esos que abundan en la oposición, les pareció innecesario rodearse de expertos negociadores o designar a versados en la materia (tener un cargo rimbombante, estar inscrito en un partido o ser un gobernador, pone piedra del dominó, no los hace expertos) en la mesa de negociación. Fueron a envidar y a apostar con unos truhanes que blofean, engañan y manipulan y se obnubilaron con unos crupieres que siempre barajaron a favor del régimen.
Por eso los convencieron de que los modos, las formas y las palabras no tenían importancia, con lo cual le cayeron a patadas limpias a años de estudio en las ciencias políticas, al arte de la negociación y al sentido común. Ahora les ha dado por plantear que salgamos todos a un revocatorio popular (tamaña ingenuidad política) para levantar el ánimo opositor, con lo cual pareciera que un escritor brasileño les asesora para implementar la autoayuda política.
Llueve… pero escampa

jueves, 30 de abril de 2015

Nicolás ahí te va mi mango

Miguel Yilales
@yilales
Siempre he disfrutado de un buen mango. Es una fruta carnosa, dulce, que se puede comer verde o madura. En lo particular me gusta mucho el verde con sal y en algunas ocasiones con adobo. Lo he comido solo, en trozos con las ensaladas, como aderezo, con las manos y con tenedor, de hilacha, injerto y bocao. Son sencillamente fascinantes.
Al pedirle a cualquier hijo de vecina que nos nombre una fruta criolla, de seguro viene a su mente este manjar, lo cual es un error garrafal, no porque no sea un manjar, sino porque es originaria de la India.
Si usted sigue el consejo de que "el Diablo sabe más por viejo que por Diablo" y le pregunta a su abuela o a una tía entrada en años sobre sus aplicaciones medicinales de seguro la recomendará como antioxidante, contra el cáncer del colon, para que no le de gripe, como diurético y para tener una piel lozana, aunque debamos cuidarnos de su efecto laxante, especialmente, en abril y mayo.
Luego de buscar en toda la bibliografía disponible para saber los usos que se le puede dar a esta deliciosa fruta, me encontré que sirve para la política, para el amor, en la coctelería y en el fogón, para entretener a grandes y chicos que esperan a sus pies o trepan en sus ramas para agarrarlos, y aunque a Henry Pittier le parecía que incitaba a “la ociosidad, a la invasión de la propiedad ajena y a la vagancia”, nadie puede negar que no se goce de él, en especial cuando los dedos se empalagan, aunque sea un poco con el jugo de este delicioso fruto y debemos limpiarlos dejando de lado ciertas normas de etiqueta.

A mangazo limpio

Como si no fuesen pocos los atributos y usos para esta exquisitez el régimen venezolano en su afán por disminuir las distancias que separan a los gobernados de sus gobernantes, diseñó un sistema que dejará en pañales los desarrollos tecnológicos de Silicon Valley en California.
En estos momentos las empresas telefónicas, y hasta Apple, Android, WhatsApp, Instagram, Twitter y Facebook, deben estar preocupados porque la revolución chavista y antiimperialista para desechar los inventos capitalistas del correo electrónico, el microblogging, las redes sociales y hasta la ineficiente IPOSTEL, decidió que un mango es el medio de comunicación del futuro.
Atrás quedará el uso metafórico de coger mango bajito, aludiendo a la conseja de aprovechar la ocasión más sencilla y fácil; su empleo para referirnos a la hermosura que hace muy apetecible a una persona o cuando una situación se presenta confusa o sumamente enredada, como nos pasa con este arroz con mango que es el Socialismo del Siglo XXI.
Si se trata de pedir una casa, un carro, un aumento, un paseo por el Caribe, el incremento del cupo en dólares, medicinas para las enfermedades crónicas sin pasar por la nueva alcabala diseñada por el régimen, comida o un empleo bien remunerado, busque su buena mata, monéela, recoja sus frutos, prepárese para cuando pase un gobernador, un alcalde, un diputado, los candidatos al parlamento (sean por consenso o electos en primarias) y en especial el que dice ser heredero del trono mirafloriano, y péguele un mango por la cabeza.

Más usos para un mango

Yo tengo un arsenal listo (entiéndase que de mangos) por si acaso se me atraviesa el indocumentado, y lo digo porque parece no tener licencia para conducir el país, para pedirle libertad para los presos políticos injustamente detenidos, exigirle un sistema de libertades individuales, reclamarle por las 50 mil muertes violentas en sus 2 años de fatídica gestión, que se repatríen los capitales que los boliburgueses de cuello rojo lavaron en paraísos fiscales, que se controle la inflación y se incentive el aparato productivo.
Pero los mangos no tienen porque ser exclusivos y tengo algunos guardados por si pasan los autodenominados albaceas de la oposición para que expliquen porque exigen democracia y no les gusta aplicarla a lo interno, hasta cuando actúan como Caldera o el caudillo Alfaro eliminando a sus delfines y a la generación de relevo, sí algún día exigirán condiciones antes de presentarse al cadalso electoral y que entiendan que pacífico no es sumisión, que democrático no es solo electoral y que lo constitucional abarca los 350 artículos.
A ciencia cierta desconozco si el sistema funciona, si Nicolás y los otros le harán caso o si tengo la puntería para atinarles, pero por lo menos quedo satisfecho por exigir mis derechos y liberar la indignación acumulada en estos 16 años.

Llueve…pero escampa

jueves, 9 de abril de 2015

Con sangre de horchata

Miguel Yilales
@yilales
Desde hace algún tiempo, en Venezuela, las personas que se dicen seguidoras de algún bando político han perdido el sentido de la crítica frente a sus propios dirigentes.
Sí usted milita en la oposición y se le ocurre decir algo de los sacrosantos autos denominados líderes de esta generación, y no me estoy refiriendo a Guillermo Dávila, se expone a que desde las mismas filas opositoras salgan y lo acusen de ser un agente encubierto del régimen que trabaja para mantener al chavismo en el poder; pero sí lo hace desde las filas de la administración también lo catalogaran de agente secreto, pero del Imperio, que desestabiliza al gobierno.
Recuerdo que cuando alguien no le importaba las cosas o tenía un carácter muy sosegado decían que tenía “sangre de horchata”. Pareciera que en los últimos años a la sociedad venezolana le han venido practicando transfusiones de reemplazo del fluido sanguíneo por mucha horchata con valeriana.
Tan es así que pudiéramos inventar un nuevo gentilicio para algunos habitantes de este país con horchata: venehorchatanos, una sociedad que sufre pero es paciente y se resigna a que todo se solucionará “Dios mediante”, “con el paso del tiempo” o “cuando la rana eche pelo”.

Sin sangre en las venas

Los que ayer protestaban por lo más mínimo que hicieran los gobiernos civiles, hoy se postran adulantes ante el militarismo corrupto y putrefacto que dirige al país. Y voy a tratar de demostrarlo con ejemplos.
Cuando abundaban las largas filas de personas en los supermercados poca gente se quejó de las hordas que se trasladaban hasta en autobuses para agotar los productos en segundos y mucho menos de la respuesta que tenía preparada el gobierno: un sistema de racionamiento a lo cubano pero con capta huellas (que ya estaban listas para importarlas) y con horarios determinados por el número de cédula.
Hay venehorchatanos que agradecen que con esas medidas por lo menos se consigan los productos y se pierde menos tiempo porque disminuyeron y, en algunos casos, desaparecieron las largas filas de personas, pero nadie se pregunta ¿Qué se hizo esa especie langostas que arrasaban con todo a su paso? ¿Quién tenía la capacidad de movilizarlos? y menos ¿A quién beneficiaban con su presencia?
Vamos con otro ejemplo. Antes sí se hablaba del espacio territorial los militares eran los primeros que se mostraban prestos a defenderlo, es más recuerdo que con la delimitación de los espacios marítimos en el Golfo de Venezuela casi linchan, metafóricamente hablando, a Luis Herrera Campins por su “Hipótesis de Caraballeda”.
Pero con este régimen, que le ha dado por entregar la soberanía del Esequibo, pareciera que a los militares venehorchatanos solo les importa hacer creer que se alistan ante una imaginaria invasión norteamericana, que solo existe en las calenturientas cabezas de estos ñangaras de nuevo cuño, educados en las primitivas estrategias cubanas.

Pero aún hay más

Igual ocurre en materia de corrupción. Los jeep de Ciliberto, Ibañez y Lusinchi, adquiridos con las partidas secretas y usadas para la campaña de 1988, son conchas de ajo frente al peculado de uso de autobuses, vehículos, medios de comunicación, aviones y edificios del Estado en la eterna ruta electoral en que nos imbuyó la involución bolivariana, sin que los venehorchatanos alcen su voz de protesta.
Y por si fuera poco en Venezuela el nepotismo era perverso hasta que llegó este esperpento que se autodenomina Socialismo del Siglo XXI. Cuando Rafael Caldera nombró a uno de sus hijos como ministro, por cierto los que hoy gobiernan lo llamaban el pimentón porque dizque estaba en todos los guisos, la gente lo vio con ojeriza por el antecedente del indulto que refrendó Ramón J. Velásquez por culpa de su secretario privado que, para colmo de males, era su hijo.
El parlamento vivió una época en la que a su nómina le decían los “floriados” por la gran cantidad de Flores (ni aromáticas, ni coloridas) que había en sus registros, toda una minucia ahora que el presidente de esa instancia, una ministra y la principal atracción bolivariana están emparentados, con lo cual ratifican que los guisos en familia son más sabrosos y jugosos.
Mientras aquí sigan ocurriendo cosas y nos comportemos con sangre de horchata, los que están en el poder abusarán de nuestra dignidad, y para evitar eso tenemos que confrontar a todo aquel que desee mantenernos lánguidos y adormecidos, estén en el gobierno o en la oposición.

Llueve… pero escampa

jueves, 2 de abril de 2015

Aún hay que descubrir a los Judas

Miguel Yilales
@yilales
Cada quien decide como lo recordará la historia, porque si de algo sirve esta es para saber lo qué vivimos y cómo lo hicimos, quiénes formaron nuestro pasado y cuánto se equivocaron.
Hace algún tiempo uno de esos eruditos que se creen conocedores de todo y que fue adorado (aún hay quienes se babean por él) por los ñángaras del continente, propuso que la historia lo absolvería como si se tratase de un tribunal, cuando la realidad es que el único tribunal que lo juzgará es la Corte Celestial, y por sus ejecutorias es dudoso que llegue a esa instancia, y sea enviado directo al mismo círculo en que, según Alighieri, se encuentran sus camaradas, muy cercano al centro donde está el traidor mayor: Satanás.
Creo que nadie, en su sano juicio, quiere ser recordado por traidor o por incapaz. En nuestra historia hay personajes que hubiesen deseado otro tipo de muerte, histórica y política, que la que les tocó vivir, pero no fue así, es más hay personajes que estuvieron predestinados a dirigir los destinos del país, pero que en realidad solo les tocó, hacer un papel secundario para los historiadores.
Hablar de un popular caudillo venezolano, diputado, candidato presidencial, preso y sacado de la cárcel para que apoyar la proclama contra la invasión insolente pudiera generar dudas si se trata de alguno de los presos políticos del siglo XXI, pero nos referimos a ese general llamado “El Mocho” Hernández que muy pocos conocen y muchos menos recuerdan hoy.

No solo ocurre en esta Tierra de Gracia

Nadie creerá que a Mao Zedong le hubiese gustado ser rememorado como el propulsor del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, momentos en el que su poder alcanzó las cotas máximas al desarrollarse un intenso culto a la personalidad en torno a su figura pero bañado por la sangre de 35 millones de chinos o a Bill Clinton que a pesar de la recuperación económica alcanzada durante su mandato en los Estados Unidos, la gente al oír su nombre piense en habanos, pasantes y actos impropios.
Todo esto viene a colación porque nadie puede pensar que una administración tan deficiente como la que nos ha tocado vivir en estos 16 años haya sido planificada adrede así, aunque por las corrientes ideológicas escogidas se suponía estaban predestinados al desengaño, porque nadie que ejecute lo mismo por lo que fracasaron sus antecesores puede aspirar al éxito.
Lo lamentable es que hay personajes que al estar en la oposición solo desean llegar a los cargos públicos para ser evocados por su gestión, los cambios que generaron y la pulcritud en el manejo de la cosa pública, aunque al final las corruptelas, la ineficiencia y la ineficacia sean el leitmotiv de sus gestiones, como nos ocurrió a los venezolanos que cambiamos populismo con más populismo, socialismo con más socialismo, corruptelas de la IV con podredumbres de la V, porque el socialismo militarista del Siglo XXI es lo más decrépito, decadente y ruinoso de la democracia civil.
Sabemos que estos grises personajes, que abundan en el régimen y que pululan en la oposición, existen porque respiran, declaran porque hablan y los vemos porque salen a la calle a buscar votos, simplemente desaparecerán de la vida política del país cuando los manuales protocolares sean actualizados para mencionar a quienes los sustituyeron, y de eso saben mucho los políticos y los militares que reciben lisonjas mientras tienen el poder y hasta el día que les toca entregar el poder a sus sucesores.

Menos Carujo y más Vargas

Lo verdaderamente lamentable es que a estas alturas luego de tanto desacierto socialista, las propuestas del sector opositor es que ellos si representan al socialismo real, con lo cual demuestra que ni siquiera tienen idea de que es lo que proponen como solución a este esperpento que nos ha desgobernado por más de tres lustros.
Cuando se aspira que frente al autoritarismo se tenga más participación y que de cara al despotismo poco instruido haya más ilustración, se necesitan que surjan hombres justos como Vargas ante la proliferación de los “Carujos” de la revolución bolivariana y que frente a los diputados saltimbanquis que trepidan por las bravuconadas de militares de poca monta salgan nuevos émulos de Fermín Toro que prefieran la muerte antes que la prostitución practicada por algunos opositores, mientras tenemos que descubrir a tantos Judas Iscariote que, ocultos tras una mantilla opositora, son más y peor de lo que ya nos tocó vivir.

Llueve… pero escampa

jueves, 26 de marzo de 2015

Se dañó la lavadora en casa

Miguel Yilales
@yilales
Si algo hay que agradecerle a estos 16 años de involución social y económica es que sensibilizó a un amplio sector de la población venezolana a interesarse en la política, lo cual resulta paradójico porque llegaron al poder montados sobres las grupas del potro indomable de la antipolítica para luego convertirse en un verdadero animal, y no lo digo con sentido peyorativo, político.
Era común oír a finales del siglo pasado que hacer política era cosa de flojos y corruptos, vividores del Estado, gorrones y rémoras que no aportaban nada, además que había que desaparecer los partidos, la representación equitativa y lo individual para inventar algo nuevo, lo funesto es que el invento terminó en un desastre que calcó y maximizó los vicios que aspiraba destruir.
Una de las cosas que prometió este bártulo ideológico que nos desgobierna era que iba a terminar con la insolvencia moral, la escasez de principios y la falta de valores.
Es que a pesar de lo que se ha dicho y escrito en los últimos 50 años sobre la esfera de lo público y lo privado, de cómo esas áreas tienen sus límites y alcances para la vida de los seres humanos, hay quienes creen que eso de solucionar las cosas a lo interno de su entorno es lo más saludable, como lo hicieron en su tiempo (y aun lo hacen) las mafias.

Mafias con partidos o partidos mafiosos

Cuando Lucky Luciano escogió a Cuba para el negocio de las drogas y su socio Mayer Lansky organizó un colosal imperio para el lavado de dinero ilegal, el procesamiento de diamantes y oro llegados de contrabando, nunca se imaginó que 60 años después la mancebía fuese regentada por unos hermanos con iguales mañas para ocultar, mentir, engañar y embaucar con lo público y lo privado de sus ejecutorias.
No importa si el grupo es la mafia rusa, la Tríada china o los Yakuza japoneses todos creen que el secreto y su forma de vida sustentada en el fraude, la estafa, el robo y la violencia, son temas no tan sucios que solo deben ser tratados por “la familia” que los solucionará a lo interno.
Y eso está bien para una organización criminal que se cree una familia, pero es funesto para una sociedad cuando los partidos políticos empiezan a comportarse como un hatajo de cómplices a los que solo les importa encubrirse unos a otros.
Dicen que los políticos, como los artistas, tienen una vida pública y otra privada. Es más hay quienes creen que los políticos debieran no solo tener vida pública (su desempeño ante la sociedad), vida privada (su desempeño con su familia) sino también una vida secreta (su desempeño con los secretos de Estado), aunque en estas latitudes bananeras, lo digo porque la fruta se da con mucha facilidad, se confunda una con la otra y se terminen comportando como verdaderos capos.
Recuerdo que hace muchos años un dirigente de un prístino y albo partido amenazó a tirios y troyanos con llevarlos al cadalso de la opinión pública con una lista en la que aparecían, con pelos y señales, todos los que se habían enriquecido del erario nacional. Hizo toda una alharaca para nunca llegar a publicar la temida lista y terminó más bien llevándosela in pectore a la tumba, con lo cual no honró el lema de su campaña que lo tildaba de correcto.

Los trapos sucios

Lamentablemente esa ha sido la práctica de los partidos en Venezuela. Una guarida donde no se puede denunciar a alguien porque nadie se atreve a señalar los desafueros de sus compañeros, camaradas, compatriotas o llámense como se llamen.
Si alguien sale a revelar sobre cómo vulgarmente se ha enriquecido algún miembro del partido en el poder, bien sea el capitán Vuitton, el teniente-capitán o el reposero obrero, saldrá quien diga que ese es un asunto que se resolverá con los mecanismos internos del partido, que está dirigido por ellos mismos y que, a la postre, no remediará nada.
Pero sí le da por criticar algunas formas poco democráticas, cuestionar negocios mil millonarios del suegro de un dirigente o la eterna espera del momento oportuno, se le acusará de hacerle el juego y colaborar con el régimen, a pesar que los verdaderos colaboradores tienen sus cuentas, y no en las redes sociales, bien abultadas.
Hasta que no entendamos que para cambiar debemos sanear lo que está mal y que eso de lavar los trapos sucios en casa es viable en la mafia pero no en la política, seguiremos debatiéndonos entre escoger a pillos, corruptos y delincuentes y no entre los más aptos, honestos y capaces de uno u otro bandos.

Llueve… pero escampa

jueves, 15 de enero de 2015

Se manda pero no se gobierna

Miguel Yilales
@yilales
Escribir sobre el país es un compromiso muy grande porque siempre surgen detractores o quienes te apoyan, los primeros porque no les gustan que se critiquen los momentos que vive el país y los segundos porque se expresa lo que ellos mismos quisieran decir.
Es que lamentablemente vivimos en un país al revés (de cabeza es lo más decente que se me ocurre) en el que los conejos persiguen a los perros, los caballos están detrás de las carretas, quienes gobiernan sabotean la gestión gubernamental y los que se oponen al gobierno no les gusta actuar como oposición.
En estas semanas diferentes sectores de la vida pública nacional les ha dado por desconcertarnos, por lo carentes de norte, de valores y principios, lo cual ratifica la urgente necesidad de cambiar el rumbo o, por lo menos, a los que hacen de pilotos.
Fíjense que estamos tan desorientados que el que dice dirigir los destinos del país decidió, en medio de una crisis económica, con la mayor escasez de productos y con cifras exorbitantes de inflación, tomarse unos días de paseo familiar encubierto en una misión oficial. 
De Caracas a Brasil, de ahí a la China con parada en la roja plaza de Moscú, para luego recalar en el Medio Oriente, sin invitación, sin agenda y sin coordinaciones diplomáticas.

Leña para todas las brazas

Pareciera que en pleno vuelo les pedía a los pilotos que lo dejaran en la esquina, quizás por esa costumbre tan venezolana de pedirle a los autobuseros que así lo hagan. Nadie lo estaba esperando y para las reuniones sociales (porque oficiales no fueron) el anfitrión se hizo acompañar con su amante combatiente y por ministros, transmutados en fotógrafos, para capturar las selfies, esa moda de autofotografiarse.
Para demostrar la informalidad del asunto a nuestro itinerante le dio por vestir mono deportivo, lo cual me hace recordar a un mandatario venezolano, que fue depuesto por un compadre (un nexo que siempre es dado con Dios, muy distinto que con Diosdado) quien recibía las visitas, oficiales o no, en pantuflas. Es que el enmonado gobernante debiera ver si no le cayó la pava del compadrazgo.
Pero estas baboserías no son exclusivas del gobierno. A un alcalde capitalino, perteneciente al partido cuya prioridad es la justicia, le ha dado por jugar a estar, como decía mi abuela, bien con Dios y con el Diablo.
En ese municipio se permite la protesta pacífica, pero vaya usted a saber qué es pacífica, porque según el burgomaestre de marras el que unos jóvenes coloquen imágenes de quienes fueron asesinados durante las protestas de 2014, es un atentado contra la salud de los chacaoenses.
Que Pérez Jiménez prohibiese el uso de la iconografía de Carnevalli, Pinto Salinas o Ruiz Pineda era lógico, pero que lo haga quien dice adversar al gobierno es como melindroso.
Pero sus desatinos no llegan hasta ahí, recientemente le dio por criminalizar a quienes cierren una vía para llamar la atención de las autoridades, porque a su justiciero juicio ese tipo de protestas no son pacíficas sino que violentan el derecho al libre tránsito. Me imagino a este adalid del derecho pidiendo la cabeza del ciudadano que se atrevió a interrumpir el libre tránsito de los tanques que se dirigían a la Plaza Tiananmen.

Con el santo de espaldas

Y la guinda que le faltaba a la torta, la pusieron en la procesión de la Divina Pastora, aunque en realidad más que la guinda pusieron la torta. Convertir un acto de peregrinación y fe, en un sarao con mesoneros y todo, solo se les podía ocurrir a esa casta que dicen gobernar porque tienen el control de las armas.
En el país, todos los 14 de enero, ocurre una movilización de verdadera fe. Son 7,5 kilómetros de religiosidad, que este año fue empañada por unos sibaritas que les dio por tener anfitriones impecablemente trajeados para libar bebidas espirituosas.
Tan mal les fue que la única valla con alusiones políticas (la de ellos) se cayó y se despedazó, a un lado quedó la imagen de María Divina Pastora de Almas y al otro la iconografía de la Revolución, un claro mensaje de la Providencia (o del mensajero) quien finalmente rasgó tal procacidad.
Mientras hay quienes seguimos apostando por un país unido, lleno de tradiciones y de venezolanidad, hay otros a los que solo les importa su beneficio particular, ya que en lugar de tener posiciones firmes ante la vida, les resulta mejor (y vale más) ser una verdadera guabina en un país en el que se manda pero no se gobierna.

Llueve… pero escampa

miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Hubo o no hubo ganador?

Miguel Yilales
@yilales
En nuestra historia ha habido personajes que han debido llegar a gobernar y no lo hicieron. Hay quienes estuvieron a punto de ganar pero perdieron y no por eso se declararon vencedores.
De ese grupo podríamos referirnos a 2 personajes que el azaroso destino los hizo casi presidentes, pero siempre fue, casi. Tanto José Manuel “El Mocho” Hernández como Jóvito Villalba, pudieron ser pero no fueron.
La historia contrafactual como ejercicio académico es válida y como fuente para la ficción también. A pesar del que hubiese pasado sí… la realidad seguirá tal cual es.
En estos días luego de las elecciones regionales, mucho se ha escrito sobre quien resultó ganador. El gobierno y la oposición se atribuyen el triunfo, con lo cual asumen que no deben revisar nada.
La realidad es que estamos frente a situaciones más complejas que requieren una lectura profunda de los resultados. Plantear la discusión entre victoriosos y derrotados es, en el habla popular, caernos a coba.

Elementos que edulcoraron la píldora

Hitler y Bonaparte, cada uno en su tiempo, se plantearon invadir la madre patria rusa convencidos de que lo lograrían, nadie en su sano juicio saldría a decir hoy que la derrota sufrida por los ejércitos napoleónicos o nazis, en su camino a la conquista de Moscú, fue una victoria.
Y para no ir tan lejos, la debacle de nuestra selección en las eliminatorias que nos permitirían acceder a la cita mundialista del balompié podría considerarse un éxito cuando no llegamos, claro siempre habrá quien encuentre una lección y como tal una ganancia, pero en términos absolutos ¿Quién habla del triunfo Vinotinto?
Sí la oposición se planteó la meta de hacer de esta elección un plebiscito y no obtuvo la mayoría del fervor popular, traducida en votos, no puede ser considerado una victoria. Sí el gobierno se trazó como objetivo pulverizar a la oposición y esta creció cuantitativa y cualitativamente (por las alcaldías conquistadas), tampoco puede incluirse en el palmarés gubernamental.
El gobierno se quedó con los crespos hechos en metas que eran vitales y en los que empeñaron sus mejores fichas, sacar a Ernesto Villegas y que lo derrotase Antonio Ledezma o que los artistas (¿?) más emblemáticos del chavismo hayan corrido en Baruta y Sucre para morder el polvo de la derrota, ni por asomo merece una ovación del gobierno; para el oficialismo la deslegitimación planteada por la oposición nunca se concretó y por el contrario se bañó de legalidad con unos resultados que le fueron favorables.

Reflexiones en ambos sentidos

Decir que el gobierno con poco más de 4 millones de sufragios obtuvo 240 burgomaestres (menos de los que tenía) y la oposición con poco más de 4 millones de votos obtuvo 75 alcaldías (más de las que tenía) es irrefutable. Expresar que la oposición conquistó victorias importantes en las capitales más pobladas del país es una perogrullada.
Que el mensaje del gobierno, a pesar del abuso de poder y de la manipulación mediática a su antojo, no permea en las ciudades es innegable, pero así como el mensaje gubernamental no llega a las ciudades el de la oposición no alcanza a los zonas menos pobladas.
De estas elecciones debieran surgir revisiones del gobierno y de la oposición.
Aunque suena utópico esperar un escrutinio democrático de un gobierno que no cree en la democracia, y que por el contrario se comporta despótica y de forma atrabiliaria como se desprende de sus discursos y actuaciones iniciales, sería lo deseable.
Lo que sí es necesario y anhelado es que la oposición deje a un lado los sectarismos internos, fructifique políticamente, de cabida a la pluralidad, la tolerancia y que se revisen los partidos tradicionales (agotados con una dirigencia periclitada) y las nuevas organizaciones (para que no terminen engolosinados por los triunfos). Que sí se habla de unidad la gente no perciba a un nido de víboras.
Seguir llorando porque no se puede hacer telepolítica es seguir de duelo y pretender enamorarse: o terminas el duelo o no te enamoras. Es el momento de evaluar los liderazgos y revisar el personalismo, enterrado con la Generación del 28 y resucitado por Hugo Chávez y por algunos opositores.
Mientras algunos se debaten entre “sí hubo o no hubo ganador”, creo que ganar Barinas, la cuna del comandante supremo y eterno, y Maturín, la del supremo y eterno subalterno que se cree Dios, dado su apellido, son tan joyas de la corona como Caracas y… esas no son conchas de ajo.

Llueve…pero escampa