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sábado, 19 de noviembre de 2016

Del juego político a la autoayuda política

Por Miguel Yilales
@yilales
Dicen que el que juega por necesidad pierde por obligación ¿Cuántas historias se han escrito sobre personas que ganan el premio gordo de la lotería y al cabo de algunos meses están más pobres que cuando ganaron? No en vano los casinos nunca pierden.
En mi casa los juegos de envite y azar estaban prohibidos, lo cual era extraño porque mi papá, como buen oriental, siempre le gustó el juego, hasta que le dieron un ultimátum, de esos que entran con amor: ¿la familia o el juego? No volvió a agarrar unas barajas. Sin embargo aprendí que en el dominó los mirones son de palo y que un pone piedras normalmente juega para los contrarios, con lo cual uno termina con dos enemigos y un traidor; que en el truco, que es un juego de pícaros, tramposos y mentirosos (hay que tener habilidades), no solo bastaba saber cuáles cartas tenían más valor, sino como hacer y coger señas; y que sí se trataba de jugar al póker estar al tanto de que se depende de las cartas que te da el crupier y de la capacidad para blufear y percibir cuando blufean.
Al apostar se puede ganar o perder. Y aunque la habilidad pueda hacer la diferencia, el azar juega un papel cardinal. Ahora bien sí usted decide hacerlo con cartas marcadas, con ponedores de piedras o desconociendo las reglas, la culpa es suya y solo suya cuando lo dejen con una mano adelante y otra atrás.
Leitmotiv de la política
Dedicarse a la política requiere similares condiciones a las del que juega ya que debe reducir la probabilidad de resultados desfavorables y aumentar la de los favorables, mediante acciones estructuradas no solo pensando en el azar, sino en el conocimiento del contrario, en el análisis de la situación, en el cálculo probabilístico, es decir, en un episteme que reduzca al mínimo ese componente impredecible que le arrebata la victoria al más experimentado y diestro apostador. Creer que en política no es necesario asumir posiciones firmes, no saber cuándo retirarse ni cuándo jugar duro es candidez, y en política la inocencia es una supina irresponsabilidad.
La oposición apostó (y parece que los sorprendió el destino) para llevar al Parlamento a un grupo de personas sin experiencia, muchachones poco fogueados y lo que es peor sin discernimiento, sensatez y luces del importante rol que les tocaba cumplir. Impúberes (aunque vaca chiquita siempre es becerro) que les cuesta articular dos frases para hacer un planteamiento coherente, que proponen lo que no pueden cumplir, que les ha dado por mostrar sus cartas sin escudriñar las posibilidades de éxito y que han dilapidado la fortuna adquirida en ese azaroso golpe electoral por festejar sin medida, gastar en los amigotes que se les han adosado como rémoras y comprar voluntades para que los adulen mientras le dure la ganancia. No han administrado ese capital para que se traduzca en la toma del poder, que a fin de cuentas, es el leitmotiv de la política.
Desgañitarse para meter miedo cuando se mete la pata, amenazar con levantarse de la mesa cuándo se decidió jugar con las cartas marcadas y apostarlo todo en una sola jugada porque “ahora sí se tiene la suerte de su lado” es tan ingenuo como blofear al acusar a los demás de ser narcotraficantes o drogadictos solo para ocultar que la procesión familiar, militar, ministerial y gubernamental va por dentro, y denota que estamos en manos de ludópatas y apostadores de la política.
Negocia que algo queda
Dirigir, gobernar y liderar requiere cualidades y conocimientos que no todos tienen. A los expertos políticos del olfato, esos que abundan en la oposición, les pareció innecesario rodearse de expertos negociadores o designar a versados en la materia (tener un cargo rimbombante, estar inscrito en un partido o ser un gobernador, pone piedra del dominó, no los hace expertos) en la mesa de negociación. Fueron a envidar y a apostar con unos truhanes que blofean, engañan y manipulan y se obnubilaron con unos crupieres que siempre barajaron a favor del régimen.
Por eso los convencieron de que los modos, las formas y las palabras no tenían importancia, con lo cual le cayeron a patadas limpias a años de estudio en las ciencias políticas, al arte de la negociación y al sentido común. Ahora les ha dado por plantear que salgamos todos a un revocatorio popular (tamaña ingenuidad política) para levantar el ánimo opositor, con lo cual pareciera que un escritor brasileño les asesora para implementar la autoayuda política.
Llueve… pero escampa

sábado, 5 de noviembre de 2016

No son demócratas

Por Miguel Yilales
@yilales
La naturaleza es una cosa seria. Nadie se escapa de ella ni puede pretender ser otra cosa que lo que es. Un marisco no es molusco, un burro no es caballo ni un gorila es humano por mucho que algunos simios se comporten mejor que muchos hombres. Así también ocurre entre las personas nadie puede pretender que un ingeniero piense como periodista, un médico como arquitecto, un sociólogo como psiquiatra, un estudiante como profesor, un terrorista, extremista y fanático como un pacifista, un religioso como un epicúreo o un militar como un civil.
Para el cadáver insepulto y su camarilla de cómplices, que no creían en la democracia ni la entendían, su paso por la vida militar era importante porque desde allí tenían la posibilidad de emular al gorilato latinoamericano y asaltar por la fuerza a las instituciones del Estado para instalar un régimen paramilitar con modos de democracia, pero que no podía ser tal, al tener ministros que ejecutan órdenes en lugar de administrar, con funcionarios que adulan su jefe en lugar de servir al ciudadano y con un Estado organizado en batallones, brigadas, unidades y milicias.
Hoy la casi totalidad de las democracias se basan en una constitución que organiza y controla el funcionamiento del Estado, donde prevalece la división de poderes, el derecho a votar y ser votado, el derecho de la propiedad, la existencia de partidos políticos (en plural), la libertad de expresión, la libertad de asociación y la vigencia de los derechos humanos, que se traduce en la coexistencia de la regla de la mayoría con los derechos de las minorías.
No hay elecciones militares
Por estas razones ninguna institución, organización o persona que utilice un sistema en el que solo prevalezcan las órdenes, su cumplimiento y el castigo puede considerarse democrática y eso incluye a los militares de un país, a los grupos irregulares alzados en armas, a las mafias y a las pandillas gansteriles que tienen la misma estructura castrense, con jerarquías y mando indiscutible (hasta que eliminen al capo), con capacidad para entrenar y ejecutar acciones de combate. Todo lo contrario a los sistemas democráticos. Y aunque a algunos, militares incluidos, les puede sonar chocante, eso es así.
Imagine usted a Eisenhower consultándole a las tropas aerotransportadas antes del Día D sí estaban de acuerdo o no con el desembarco, cuántos apoyaban Normandía o sí debían hacerlo en Calais, qué tipo de armamento usar y cuántos hombres emplear o a Patton preguntándole, mediante elecciones, a los oficiales y a la tropa cuál debía ser el plan de abastecimiento logístico para el desembarco en Sicilia. Reemplace los nombres por Al Capone, Pablo Escobar, el Mono Jojoy, el comandante Fausto o el capitán cavernícola del mazo y no habrá diferencia.
La realidad es que, genéticamente, el régimen chavista, formado por militares golpistas, por exguerilleros adiestrados en Cuba, por trasnochados ñangaras, por las más corruptas mafias latinoamericanas, por terroristas entrenados en el Oriente Medio y que vive en conchupancia con los cárteles de la droga, no puede aplicar para sí mismo los preceptos de la democracia.
Ni excomunión ni Guardia Suiza
En consecuencia para ellos el diálogo no es la forma de dirimir las diferencias sino una acción retardatriz que les permite ganar tiempo, reacomodar fuerzas y destruir al enemigo que, en su caso, es la oposición, saben que obligarán a la MUD a levantarse de la mesa de diálogo y, como quien se ve al espejo, la acusarán de antidemocrática, fascista y terrorista y además porque sí dejan con los crespos hechos al enviado del Vaticano saben que el papa Francisco no retirará al nuncio apostólico, como ñangaras (que son) no les quita el sueño la excomunión por estafar, mentir y embaucar a Su Santidad y porque no temen la invasión de la Guardia Suiza Pontificia.
Ojalá que la oposición haya acudido al diálogo a sabiendas de que todo esto va a ocurrir y no con la creencia de que la sola presencia del Vaticano produciría una epifanía transformadora que permitiría activar las elecciones, liberar a todos los presos políticos, el retorno de los exiliados, la reinstitucionalización del ministerio electoral y del bufete de la suprema injusticia, el reconocimiento de las funciones de la Asamblea Nacional y la atención a las víctimas de la crisis humanitaria que vivimos, si no lo hicieron entonces son pendejos y aún no han comprendido que ellos no son demócratas.
Llueve… pero escampa

miércoles, 23 de abril de 2014

Pega la MUD, pega la MUD… ¡Se cayó la MUD!

Miguel Yilales
@yilales
La razón de ser del pugilismo es aviesa: dañar al adversario, lastimarlo, herirlo y causarle estragos físicos muchas veces irreversibles.
De mi infancia recuerdo a mi padre sentado en la orilla de la cama, apretando los dientes y moviéndose de un lado a otro, como quien esquiva los golpes que se propinaban los púgiles y que gracias a la magia de la televisión llegaban a la casa. Muhammad Ali, Joe Frasier, George Foreman o Ken Norton eran los ídolos del momento.
En Venezuela el ensogado también tiene su historia, tan es así que el Poliedro de Caracas, ese imponente escenario inaugurado por Rafael Caldera el 2 de marzo de 1974 (construido en democracia) y llamado a desplazar al Nuevo Circo como lugar idóneo para la celebración de grandes eventos y espectáculos, se estrenó con un combate por el campeonato mundial de los pesos pesados entre Foreman y Norton.
Aquí se formaron boxeadores de la talla de Francisco “Morochito” Rodríguez (primer venezolano en ganar oro en los Juegos Olímpicos), Antonio Cermeño y Betulio González, entre otros, que se abrieron paso a puños limpios.

¡Pega, Betulio! ¡Vuelve a pegar, Betulio! se cayó, Betulio.

A finales del año 1972 dos personajes entraron agarrados de la mano a las páginas del imaginario popular venezolano: Betulio González y Miguel Thodée.
Corría el reloj en el décimo asalto del combate que definiría al nuevo campeón mundial de la categoría Mosca (51 Kg) entre el tailandés Venice Borkhosor y Betulio González. Venezuela se encontraba paralizada, escuchando la transmisión que realizaba Thodée. Justo en el momento en que todos esperaban la noticia del nocaut que propinaría el venezolano al tailandés, y eufóricos por la narración del locutor, quien de manera elocuente describía la paliza que estaba dando el venezolano a su rival, ocurrió lo impensable: se cayó Betulio.
Nunca en la transmisión de esa pelea Thodée llegó a pronunciar esa frase. El púgil zuliano no llegó a caer a la lona, se quejó de un golpe bajo, caminó a la esquina del tailandés y le levantó la mano. Abandonó el combate
Los tomadores de pelo de siempre, hicieron delicias con esta situación, luego que se hiciese una parodia en televisión.

Nocaut fulminante

En el pugilato existe el fenotipo del adversario guapetón, bocón, jactancioso, amigo de los desplantes y hasta vistoso si se encuentra arriba en las tarjetas, pero asustadizo, correlón y proclive a tirar la toalla, cuando se enfrenta a un contrario en igualdad de condiciones o tiene que levantarse de la lona para defender su corona.
Cassius Clay era experto en arrinconar a sus adversarios en el ring y fuera de él. En los escarceos previos, una suerte de mesa de diálogo, el llevaba la delantera, apabullaba a sus rivales, los provocaba y se burlaba de ellos, pero sabía que luego venía lo bueno. En los asaltos recibía y daba golpes. Flotaba como una mariposa pero picaba como una abeja. Si pasaban del 5to asalto, debía apurar para noquear o que la decisión le fuese favorable.
Caso contrario de algunos veteranos políticos, expertos en el bluff antes del combate, pero a la hora de la chiquita corren a la esquina del contrario a darle aire y levantarle la mano, siempre dando la sensación de que hicieron una buena faena antes del pugilato, pero que luego del primer golpe corren a buscar los calzoncillos en el hotel.
No importa quien ganó la pelea en la mesa del diálogo, indiscutiblemente que los argumentos de la MUD eran irrebatibles, los pesos pesados del gobierno estaban grogui por la pegada avasallante de los que hablaron por la oposición, en ese primer asalto, pero en la pelea restante no se cumplió el punto de honor prometido y en esa situación dejan la sensación de que pega la MUD, pega la MUD, izquierda de la MUD, derecha de la MUD, se cae la MUD… lo importante es que, a pesar de ellos, hay toda una generación de relevo, que ya se puso los guantes y están en la pelea.
Lo cierto es que los discípulos del cuadrilátero político tienen al contrario contra las sogas, lo llevó ahí con astucia y golpes quirúrgicos, lo sentó en el banquillo, por recomendación de su esquina habanera, para no tener que tirar la toalla. Por eso hay que seguir round a round, trabajando con el jab y el gancho, hasta dar un cruzado directo a la mandíbula que de un nocaut fulminantemente.
Otros que sigan en su pelea de sombra. En el deporte como en la vida hay que saber retirarse a tiempo, para no dar pena ajena.

Llueve… pero escampa