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sábado, 5 de noviembre de 2016

No son demócratas

Por Miguel Yilales
@yilales
La naturaleza es una cosa seria. Nadie se escapa de ella ni puede pretender ser otra cosa que lo que es. Un marisco no es molusco, un burro no es caballo ni un gorila es humano por mucho que algunos simios se comporten mejor que muchos hombres. Así también ocurre entre las personas nadie puede pretender que un ingeniero piense como periodista, un médico como arquitecto, un sociólogo como psiquiatra, un estudiante como profesor, un terrorista, extremista y fanático como un pacifista, un religioso como un epicúreo o un militar como un civil.
Para el cadáver insepulto y su camarilla de cómplices, que no creían en la democracia ni la entendían, su paso por la vida militar era importante porque desde allí tenían la posibilidad de emular al gorilato latinoamericano y asaltar por la fuerza a las instituciones del Estado para instalar un régimen paramilitar con modos de democracia, pero que no podía ser tal, al tener ministros que ejecutan órdenes en lugar de administrar, con funcionarios que adulan su jefe en lugar de servir al ciudadano y con un Estado organizado en batallones, brigadas, unidades y milicias.
Hoy la casi totalidad de las democracias se basan en una constitución que organiza y controla el funcionamiento del Estado, donde prevalece la división de poderes, el derecho a votar y ser votado, el derecho de la propiedad, la existencia de partidos políticos (en plural), la libertad de expresión, la libertad de asociación y la vigencia de los derechos humanos, que se traduce en la coexistencia de la regla de la mayoría con los derechos de las minorías.
No hay elecciones militares
Por estas razones ninguna institución, organización o persona que utilice un sistema en el que solo prevalezcan las órdenes, su cumplimiento y el castigo puede considerarse democrática y eso incluye a los militares de un país, a los grupos irregulares alzados en armas, a las mafias y a las pandillas gansteriles que tienen la misma estructura castrense, con jerarquías y mando indiscutible (hasta que eliminen al capo), con capacidad para entrenar y ejecutar acciones de combate. Todo lo contrario a los sistemas democráticos. Y aunque a algunos, militares incluidos, les puede sonar chocante, eso es así.
Imagine usted a Eisenhower consultándole a las tropas aerotransportadas antes del Día D sí estaban de acuerdo o no con el desembarco, cuántos apoyaban Normandía o sí debían hacerlo en Calais, qué tipo de armamento usar y cuántos hombres emplear o a Patton preguntándole, mediante elecciones, a los oficiales y a la tropa cuál debía ser el plan de abastecimiento logístico para el desembarco en Sicilia. Reemplace los nombres por Al Capone, Pablo Escobar, el Mono Jojoy, el comandante Fausto o el capitán cavernícola del mazo y no habrá diferencia.
La realidad es que, genéticamente, el régimen chavista, formado por militares golpistas, por exguerilleros adiestrados en Cuba, por trasnochados ñangaras, por las más corruptas mafias latinoamericanas, por terroristas entrenados en el Oriente Medio y que vive en conchupancia con los cárteles de la droga, no puede aplicar para sí mismo los preceptos de la democracia.
Ni excomunión ni Guardia Suiza
En consecuencia para ellos el diálogo no es la forma de dirimir las diferencias sino una acción retardatriz que les permite ganar tiempo, reacomodar fuerzas y destruir al enemigo que, en su caso, es la oposición, saben que obligarán a la MUD a levantarse de la mesa de diálogo y, como quien se ve al espejo, la acusarán de antidemocrática, fascista y terrorista y además porque sí dejan con los crespos hechos al enviado del Vaticano saben que el papa Francisco no retirará al nuncio apostólico, como ñangaras (que son) no les quita el sueño la excomunión por estafar, mentir y embaucar a Su Santidad y porque no temen la invasión de la Guardia Suiza Pontificia.
Ojalá que la oposición haya acudido al diálogo a sabiendas de que todo esto va a ocurrir y no con la creencia de que la sola presencia del Vaticano produciría una epifanía transformadora que permitiría activar las elecciones, liberar a todos los presos políticos, el retorno de los exiliados, la reinstitucionalización del ministerio electoral y del bufete de la suprema injusticia, el reconocimiento de las funciones de la Asamblea Nacional y la atención a las víctimas de la crisis humanitaria que vivimos, si no lo hicieron entonces son pendejos y aún no han comprendido que ellos no son demócratas.
Llueve… pero escampa

sábado, 13 de agosto de 2016

No hay costura para tanto descosido

Por Miguel Yilales
@yilales
Hace mucho, mucho, pero mucho tiempo a un reyezuelo se le ocurrió que, mientras convertía a pasos agigantados a una exrepública en su hacienda particular, pondría a sus conmilitones a administrar los sistemas de producción y distribución de alimentos, la construcción de viviendas, el asfaltado de las calles y en cuanta cosa se le ocurriera para hacerlos parecer imprescindibles, aunque en realidad demostrasen cuan prescindibles eran en su oficio.
Desconozco sí en más de 5 mil años, desde la antigüedad hasta nuestros días, a alguien, en su sano juicio, se le ocurrió que los militares podían servir para otra cosa que no fuese matar y destruir (así sea legalmente) pero el tirano, que mandaba en el feudo como su propio patio bananero, creó un programa en el que ellos cambiaban el fusil por el arado, la pistola por el azadón, el tanque por una vendimia de verduras y la disciplina por el conteo de pollos.
Este plan, dirigido desde una caribeña isla, mataba varios pájaros de una sola pedrada: desprestigiaba a quienes ya eran percibidos como vagos y sin razón de existir; contribuía con la destrucción del aparato productivo; de fracasar responsabilizaba a los únicos que se escudarían en la obediencia y de no funcionar, amarraba por las gónadas a los mediocres, quienes ascenderían mientras jalaban, y no escardilla, para el amo.
Del brete humanitario y el cateto sin ideas
De ese desquiciado y desequilibrado proyecto no quedó nada bueno: lo que eran tierras productivas son un desierto; lo que era un país que no sufría desabastecimiento, hoy coquetea con la hambruna de una postguerra; la nación en la que todos eran generosos para convidar a la mesa ahora solo pueden compartir la desesperanza de la espera de horas y horas para comprar una hogaza de pan y de donde surgieron mentes brillantes como las de Humberto Fernández Morán y su bisturí de diamantes, Jacinto Convitt y la lucha contra la lepra o virtuosos como Jesús Soto y Cruz Diez con sus movimientos artísticos tiene a niños que abandonan las escuelas porque deben hurgar los basureros para no sufrir borborigmos y poder conciliar el sueño.
Uno hubiese aspirado que, luego de ver tan nefastos resultados y tras el deceso del locatario de la hacienda, a quien le tocase heredarla, se le ocurrirían seguir caminos distintos que le permitieran revertir el desastre y desandar los pasos mal dados, pero nos cayó un cateto sin ideas, que en lugar de rectificar, radicalizó y profundizó los errores, que reforzó el círculo vicioso y agravó la crisis, que se empeñó en seguir el rumbo de su predecesor y continuó el fracasado modelo de controles y restricciones a las libertades.
El mundo entero da cuenta del brete humanitario que vivimos. No solo es Luis Almagro con su informe activador de la Carta Interamericana, es Ban Ki-moon quien desde las Naciones Unidas alerta sobre la tragedia que padecemos, es el Vaticano quien muestra profunda preocupación por la desventura que genera este apocalíptico socialismo boliburgués, son los países del Mercosur que se niegan a que, quien no puede con su propio país, presida el organismo multilateral y ahora son 15 países del continente quienes presionan internacionalmente para que Ña Tiby y su merced Nicolás dejen de apagar fuego con gasolina.
En crisis por irresponsables
El país está en una inmensa crisis. Aquí llegamos por la incapacidad de unos irresponsables que solo tienen méritos en el odio y la maldad. Ellos depauperaron a una nación con inmensas riquezas petroleras, auríferas, hídricas y humanas al promover la miseria, la ruina y la desolación.
Solo falta que los venezolanos cansados de las ilegalidades, obstinados de las arbitrariedades, indignados por tantos robos, iracundos de ver como destruyen al país y arrepentidos por haber permitido que unos delincuentes, tiranos y traficante de tóxicos llegaran al poder, salgamos a decir por todas las vías (no excluye las pacíficas, electorales, democráticas y constitucionales) que desconocemos a quien no pueda demostrar su origen, que no queremos estar dirigidos por quien tiene nexos con el narcotráfico o con familiares imputados por ese flagelo, que deploramos a unos golpistas que solo se han enriquecido a costillas de la sociedad y que aspiramos la repatriación de los capitales birlados al erario nacional por la plaga más corrupta que haya pisado esta tierra porque en el país no hay costura para tanto descosido.
Llueve… pero escampa

domingo, 27 de septiembre de 2015

Nicolás, el pepa asomado

Por Miguel Yilales
@yilales
Esta semana que pasó se iniciaba como muy noticiosa. La tiranía que se ha incoado en el poder en Venezuela aspiraba ser el centro de las noticias: se arrodillaría al cachorro del Imperio en Quito; seguiría con los estados de excepción, ya que su publicista, que ahora ruge como todo león sobre cualquier tema, diría cuanto les favorece el cierre de fronteras; para finalizar con la movilización de tropas que asustasen a los negritos guyaneses.
Pero una cosa piensa el burro y otra el que lo va arriando, y no es que compare a Nicolás Maduro con ese noble animal, porque a pesar que para algunos puede ser sinónimo de ignorancia, en realidad es una bestia laboriosa e infatigable, cualidades desconocidas por quien cree que trabajar son unas pasantías como sindicalista, una beca como canciller o su veraneo por Miraflores donde dice gobernar aunque desconoce las esencias mínimas que conlleva el cargo.
En realidad los burros, mulas y asnos son humildes como los representaba Esopo en sus fábulas, nobles como para llevar en su lomo al fiel compañero del ingenioso hidalgo Don Quijote y tan dignos como para presenciar la llegada al mundo de quien dividió la historia de la humanidad en 2: un antes y un después de Él.

De Caballo de Troya a Talón de Aquiles

Resulta que sintiendo el sabor del triunfo de haberle torcido el brazo al presidente colombiano Juan Manuel Santos, la noticia terminó por pasar por debajo de la mesa, opacada por el acuerdo que el propio Santos firmó con las FARC-EP y por los discursos del papa Francisco en suelo americano.
Es que a veces quien se cree poderoso porque puede llegar a las puertas de Troya y engañar a todos, termina convertido en el punto débil que todos conocen, como consecuencia de su ignorancia supina o de la cúpula de cristal en que vive, rodeado de aduladores y de una soldadesca que le hace creer que le obedecen.
Y a las pruebas me remito: decretó unas áreas de vigilancia y patrullaje marítimo que después echó para atrás porque lo habían dejado como un neófito que improvisaba en política internacional o sus declaraciones sobre el siniestro del Sukhoi-30 en el que los “accidentes del terreno” (sic) habían ocasionado el percance pero que la caja negra diría lo que ocurrió, aunque cualquier experto en el área sabe que las aeronaves de combate no poseen este equipo, por algo lógico: nadie va a recogerla en territorio enemigo, que es donde por lo general debieran ser derribadas.
Para remate ordenó, él dice que es el que manda a las fuerzas militares, la movilización de tropas a un supuesto ejercicio en Guayana, que lo hizo quedar como el propio guapetón de barrio: provocador, fanfarrón, incitador, pendenciero, alborotador, camorrista, belicoso, agresivo y bravucón, para luego tener que inventar ejercicios en otras zonas y justificar que su régimen de paz y amor jugaba a la guerra, de manera soberana, en cualquier parte del territorio nacional.

Siempre fuera de lugar

Pero lo que le faltaba era demostrar que era un pepa asomado que no sabía absolutamente nada de protocolo. Ese espécimen que es un “observador banal que aspira convertirse en objeto de atención por su mera presencia” (como lo describiese el escritor, revolucionario y afecto al oficialismo Luis Britto García).
Durante la visita papal a los Estados Unidos de América el conspicuo personaje que siempre llega sin ser convidado, quería a todo trance darle la mano a Francisco, para luego salir con el cuento de que el Papa lo llamó y lo felicitó por su contribución a la paz nacional, continental, mundial e interplanetaria. Pero el Pontífice, creo que iluminado por el Espíritu Santo, al reconocer el pescueceo, salió tan raudo y veloz como le permiten sus 78 años, para evitarlo.
Maduro debió hacer como su paisano Juanes (según Pastrana lo son) que le cambiaron la agenda en la reunión del papa Francisco con las familias católica por lo que le tocó presentarse luego que el máximo jerarca de la Iglesia Católica se había retirado. Juanes no se molestó, cantó y no salió a abalanzársele al Papa para que le diera un rosario.
Uno de los grandes conflictos que tienen los que circunstancialmente están en el poder es que se creen el centro del universo, cuando en realidad son apenas una partícula en el mar de la ignorancia, para quien nunca ha sido humilde, modesto y reservado todo se circunscribe a estar fuera de sitio en cualquier lugar y momento, es decir, ser todo un pepa asomada.

Llueve… pero escampa