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jueves, 23 de enero de 2014

Que viva la Inquisición

Miguel Yilales
@yilales
Durante la era medieval la persecución del que pensara distinto fue un mecanismo efectivo. Tan efectivo que debieron bautizarlo con un nombre que lo definiera y de ahí surgió la Inquisición, que mayoritariamente se uso para la supresión de la herejía en el seno de la Iglesia católica.
Y es que en la Edad Media la herejía se castigaba con la pena de muerte.
Apenas unos años antes de que Cristóbal Colón iniciase su aventura del revelamiento de que el mundo no era plano, lo cual era una apostasía, se inició la Inquisición española, bajo control directo de la monarquía hispánica, es decir nació la inquisición estatal.
Y es que la Inquisición sirvió no solo para perseguir a los herejes, sino a brujos, quirománticos, charlatanes, opositores políticos y todo aquel que pensase distinto, para ser conducido a los tribunales, plegados al poder, y condenarlos institucionalmente.
Para tal fin el Papa Sixto IV y la Corona de Castilla encargaron para su ejecución a un fraile dominico de nombre Tomás de Torquemada, con la misión de perseguir a los judeoconversos y herejes. Juan Antonio Llorente, primer historiador del Santo Oficio, asegura que durante su mandato fueron quemadas más de diez mil personas, menos decesos que los ocurridos en el país en un año.

El Torquemada criollo

Para evitar la propagación de las «herejías», Torquemada, al igual que se hacía en toda Europa, promovió la quema de literatura no católica, en particular bibliotecas judías y árabes.
Todo este cuento de Torquemada, la crueldad de la Inquisición y sus consecuencias viene a propósito de la Memoria y Cuenta de Nicolás Maduro ante la Asamblea Nacional.
Es que en algunos de los pocos fragmentos que no fueron citas textuales o entrecomillados se anunció que se procedería a revisar la programación de las televisoras y cableoperadoras responsables de difundir los antivalores que propugnan el capitalismo y la violencia en el país.
En días recientes me senté a ver una película en la que, para mi sorpresa, había 2 hermanos y uno de ellos asesina al otro y culpa al sobrino de asesinar a su propio padre. El pequeño decide huir al exilio, hasta que es encontrado por una novia de la infancia y llamado por el fantasma de su padre para que recupere el reino. Regresa convertido en adulto y se enfrenta a su malvado tío a quien derroca, no sin antes hacerlo confesar, para proclamarse el verdadero heredero del trono.
Palabras más, palabras menos, esta es la sinopsis de la violenta película “El Rey Leon” que los estudios Disney produjo. En ella se muestran fragmentos del libro que la inspiró: Hamlet.

“¡Muera la inteligencia!, ¡Viva la muerte!”

Es que obras como Hamlet, Romeo y Julieta, Los Miserables, Los Tres Mosqueteros, Don Quijote de La Mancha, Los hermanos Karamazov, entre otras, incluso la Biblia, tantas veces adaptadas a la televisión, al cine, al teatro y fuente de inspiración para muchos otros, están llenas de violencias y de seguro son las responsables de los índices delictivos del mundo.
Con lo cual lo justo sería que un gobierno revolucionario y reivindicador de la humanidad, como lo define ese bodrio que es el Plan de la Patria, debiera instaurar no solo la censura a la televisión, sino un proceso de “quema de libros” como el realizado en la Bebelplatz de la Alemania Nazi o la famosa “Hoguera de las Vanidades” del monje Girolamo Savonarola, para acabar con toda la crítica que pueda inspirar a la rebelión y por ende con la herejía.
Así los «herejes» (cualquier sospechoso de no seguir la doctrina religiosa del Comandante Supremo) y todo aquel que ose hablar en contra el gobierno, sería susceptible para ser ejecutado por la Santa Inquisición Revolucionaria, Socialista y Chavista.
Otro aspecto positivo de esta medida, es que los discursos ante el parlamento por quien dirige a la Nación durarían escasos minutos porque, al no tener referencias, las citas textuales desaparecerían.
Para este sistema político medieval que vivimos en Venezuela la violencia es un asunto de sabiduría que se soluciona con no leer, no asistir al teatro, no oír radio, no ver televisión y cine, para ellos está vigente el grito “¡Muera la inteligencia!, ¡Viva la muerte!” de Millán-Astray, con lo cual cobra más utilidad la respuesta de Miguel de Unamuno: “Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”.

Llueve… pero escampa

martes, 29 de octubre de 2013

En Venezuela ¿Quién manda a quien?

Miguel Yilales
@yilales
Desde que se emitiera la primera comedia de situación (sitcom) de la historia, protagonizada por Lucille Ball y Desi Arnaz, “I love Lucy”, hasta nuestros días las relaciones de autoridad y de amor (entendiendo este último también como lucha de poderes) han marcado el camino a seguir de los guionistas.
Cuando empezábamos a vivir los estragos de los errores por el desconocimiento de las leyes básicas de la economía que nos llevaron al Viernes Negro y que aun hoy padecemos por la incapacidad de quienes hoy gobiernan, la televisión nos deleitaba con lo que vendría a ser uno de los sitcom más exitosos de finales de los años 80.
RCTV transmitió durante 8 años, 196 capítulos de la serie protagonizada por Tony Danza, un ex jugador de Grandes Ligas que trabajaba como ama de llaves de una ejecutiva de publicidad, interpretado por Judith Light.
Por supuesto hablo de aquel seriado ¿Quién manda a quien? en la que no se sabía si el empleado o la empleadora llevaban las riendas de la relación laboral, y hasta amorosa, entre ellos. 20 años después en Venezuela nos encontramos con la puesta en escena de esa comedia.

Soborno, censura, farándula militar y felicidad suprema

En días recientes quien dirige los destinos del país, hasta que se dirima ese don de la ubiquidad de su nacimiento, realizó cuatro actos administrativos que reflejan que en Venezuela no se sabe quien es el jefe, ni quién manda a quién.
En primer lugar presentó ante la Asamblea Nacional un proyecto de Ley Habilitante para la lucha contra la corrupción, lo cual es un oxímoron por ser este uno de los regímenes más putrefactos de la historia venezolana, para lo cual no cuenta con los votos para su aprobación pero hace maromas para comprar la conciencia, es decir sobornar, al diputado 99.
En segunda instancia creó por decreto el Centro de Estrategia de Seguridad y Protección de la Patria (Cesppa), cuyo fin ulterior es determinar que puede ser publicado por la prensa y que en principio debía reportarle a una “Dirección Político Militar de la Revolución Bolivariana”, organismo que solo existe en la mente de ñángaras castristas trasnochados.
Asimismo dio a los militares el control de un canal de televisión y los puso a administrar un banco universal, como si no fuese suficiente las veces que han quebrado el Sistema de Ahorro que opera el IPSFA (SISA) o su función fuese el show bussines del entretenimiento.
Y finalmente instituyó un viceministerio cuya denominación lo hace a uno creer fielmente que la suprema felicidad es cuestión de insania mental de quien se lo propuso a Nicolás Maduro, porque no debió haber sido idea de quien reconoció ante la Asamblea Nacional que hay situaciones como el cadivismo (sic), la corrupción, la escasez, la inseguridad, que nos aleja a años luz de la Suprema Felicidad Social.

Incapacidad y desatino

Pareciera que hay un comité político militar que nadie conoce y nadie ha visto; pareciera que hay militares en todas las instancias del poder participando en las decisiones, que por los resultados no han sido ni eficientes, ni eficaces; pareciera que hay un pajarito con acento caribeño (en sentido figurado, no como el que revoloteaba y trinaba en la iglesia) que toma las decisiones y que los nombres ministeriales que se le ocurren “no dan pie con bola”; pareciera que se permite que en La Casona, residencia presidencial, habiten quienes no le corresponde no vaya a ser que se descubran cosas con la estirpe que maduren un desalojo sin aviso y sin protesto.
Que en un solo día los afectos al gobierno nacional cierren las vías para que los trabajadores de la gobernación de Miranda no lleguen a Caracas, que los militares no enchufados del 4-F que debieron ser reenganchados por decreto presidencial protesten frente al TSJ por incumplimiento de lo prometido, que el gobierno imponga una fascista campaña con su guerrilla comunicacional en la que someten al escarnio público a líderes de la oposición y que un descabellado diputado amenace y se jacte de decir que espía y persigue a la oposición, solo es sinónimo del grado de despelote y anarquía en las líneas de mando de los hijos putativos del comandante.
Luego de 15 años aferrados a las esferas del poder, por lo menos debían tener claro que rol jugaba cada quien, pero en esta democracia tutelada, si es que tal cosa existe, siempre mandan los que tienen el control de las armas y aquí no se sabe quién lo tiene o ¿Quién manda a quien?

Llueve… pero escampa

miércoles, 16 de octubre de 2013

El títere que censuraba

Miguel Yilales
@yilales
En 1950 en los Estados Unidos ocurrió un magnicidio, de hecho es el único magnicidio ocurrido en toda la historia. Algunos podrán pensar que he cometido un gazapo y que la historia registra más asesinatos presidenciales o intentos de asesinatos: Abraham Lincoln (1er presidente asesinado durante su mandato), James A. Garfield (asesinado a los 6 meses y 15 días después de acceder al cargo) o JFK asesinado en un mes de noviembre, eso fuese cierto si estuviese historiando a la nación del norte, pero es a Venezuela a la que hago referencia, que para ese entonces ni era República, ni era Bolivariana, sino Estados Unidos de Venezuela.
Con el asesinato de Carlos Delgado Chalbaud, se han tejido distintas teorías conspirativas desde la autoría de Marcos Pérez Jiménez (a la postre el gran beneficiado), pasando por la participación del imperio norteamericano que necesitaba un personaje más dócil en la primera magistratura, hasta llegar al lamentable desenlace de un secuestro realizado motu proprio por Rafael Simón Urbina, quien luego de ser gobernador, fue acusado y enjuiciado por enriquecimiento ilícito, por lo que decidió cobrar justicia por sus manos.

Entre fantoches y censores

Con la muerte del presidente, Teniente Coronel, comandante en jefe de la fuerza militar, se generó una crisis política que obligó a que se encargase del poder un civil, Germán Suárez Flamerich, que en todos sus actos aparecía franqueado de militares (como se podrá ver no escribo de Chávez, ni de Maduro y mucho menos de un alcalde detenido por corrupción, que luego salga a buscar justicia).
Una de las primeras medidas implementadas por el fantoche de entonces, impulsado por los militares detrás del poder o al lado de él, fue la designación de un experto sabueso policial, Pedro Estrada, para que se encargase de la Seguridad Nacional y acabase con el enemigo interno.
La censura a los medios de comunicación no se hizo esperar, los periódicos debían someterse al lápiz rojo de Tinoquito, mote con el que se conocía al censor gubernamental Manuel Vicente Tinoco.
La prensa se doblegó bajo el yugo de la censura y lo que es peor de la autocensura. La Esfera, Últimas Noticias y La Religión fueron bastiones contra la opresión. Luego se uniría El Universal y El Impulso hasta que el régimen implosionó.
Y es que tanto antes, como ahora hay diferentes mecanismos para censurar a la prensa. Bien por la compra de medios, la restricción de insumos o por la vía de la sanción, la persecución y la intimidación.

Censura que el oprobio queda

Como los controles han sido insuficientes, ante la irreverencia de la prensa, el gobierno (ahora sí hablo del presente) decretó la creación del Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (CESSPA), nombre rimbombante para los nuevos “tinoquitos” y sus lápices rojos, rojitos.
Un organismo que “…evaluará las informaciones de interés para el nivel estratégico de la nación, asociada a la actividad enemiga interna o externa, provenientes de todos los organismos de seguridad e inteligencia del Estado y otras entidades públicas y privadas, según lo requiera la Dirección Político-Militar de la Revolución Bolivariana".
Es decir gracias a esto descubrimos que hay enemigos internos, como en 1950, y que los verdugos obedecen al partido militar de turno, como en 1950.
Es que los regímenes totalitarios que esconden su naturaleza de lobo bajo la piel suave de oveja, propugnando un falso nacionalismo que en realidad es entreguismo, con grandes negociados que dejan a sus miembros jugosas comisiones, donde se irrespeta a la autonomía de los poderes, por desprecio a los postulados de les encyclopédistes o porque quienes dirigen esos poderes son fichas del partido, siempre requieren mostrar la mano férrea contra sus enemigos políticos y recurrir al asesinato, la tortura, las cárceles, el exilio y la censura rigurosa de la prensa.
En Venezuela se practica una censura disfrazada de legalidad. Se prohíbe por decreto el libre ejercicio del periodismo. Se multa a los valientes y se les tortura física y psicológicamente. Se impone el terror buscando desesperadamente el silencio.
Es bueno recordar que a partir de 1958 casi nadie va a recordar al títere, muy pocos añoran al titiritero. Cuando el guiñol baja el telón, surge la verdad y el oprobio persigue a los impíos que arruinaron y devastaron su propio terruño. Hay que verse en el espejo de la historia, llámese uno Germán o Nicolás.

Llueve… pero escampa