sábado, 29 de agosto de 2015

¡Que viva Nicolás!


Miguel Yilales
@yilales
Cuando comenzó este 2015, nadie podía imaginar que la situación política del país hubiese transmutado en este annus horribilis que nos ha tocado vivir, no porque no supiéramos que harían todo lo posible por aferrarse al poder sino porque se han superado en todo lo previsto, y hay que decir que lo previsto ya era bastante malo.
Ya traspasamos la mitad del año y la economía no solo no termina de arrancar, sino que por el contrario se hunde con más y peores controles: venta por terminales de cédulas, restricciones en la adquisición de divisas, presentación de documentos que prueben condiciones para la venta de productos (partida de nacimiento, registro veterinario y hasta certificados médico de no haber llegado al climaterio), sumado a una inflación galopante y escasez en todos los productos.
Por supuesto que todos los errores no los ha cometido la caterva gobernante, porque por momentos pareciera que la oposición ha jugado a atornillar al régimen.
Es que fuese más fácil sí uno hiciese como Maduro (debió ser fuente de inspiración para esa recopilación que es “La culpa es de la vaca”) con aquello de que fue el Imperio, Obama, Uribe, Guyana, Colombia, Capriles, Leopoldo, la derecha y pare de contar, pero la realidad es otra.

A pesar de todo

Cuando todo el mundo aspiraba (menos los partidos que conforman la MUD) que las candidaturas al Parlamento se dirimieran por primarias que dieran oportunidades a liderazgos emergentes, locales y surgidos de las bases, la decisión fue circunscribirla a algunos circuitos; luego de esa decisión se clamó porque en el consenso hubiese la mayor amplitud posible para que se incluyeran a los excluidos de los partidos (líderes sociales, académicos, luchadores sociales) y el fallo cupular fue postularlos solo sí pertenecían a ellos; eso sin contar con la carrera de obstáculos que han planteado las instituciones rojas (para hacer la rodada más difícil como decía el Zorzal Criollo) que inhabilitó a partidos, a líderes de reconocida solvencia y que mantiene presos políticos sin que se demuestre su culpabilidad.
Lo que no era inimaginable fue el As bajo la manga que tenía la oposición, que en una jugada digna de Karpov, Kasparov o Capablanca, tuvo el tino de desechar asesores de campaña de la talla del fallecido Joe Napolitan, para designar al mejor jefe de campaña que podrían encontrar.
Es que se necesitaba a alguien que al hablar hiciese que hasta los partidarios del régimen detestaran al gobierno más hambreador de la historia venezolana; alguien que sus acciones desataran la mayor animadversión hacia los corruptos y vividores que dilapidaron ingentes recursos de la última bonanza petrolera; alguien que movilizara a las masas a manifestarse públicamente en contra del madurismo-diosdadismo en cuanta cola de abasto, supermercado y automercado; alguien que fuese capaz de hilar estrategias que bombardearan el voto duro del gobierno como para que las encuestadoras (incluyendo a las chavistas y a las oportunistas) dijeran que tan solo un 26 % votaría por candidatos del régimen; alguien que pudiese capitalizar el descontento en oportunidades para el voto opositor. Y alguien así no era fácil de encontrar.

No hay nada imposible

La no designación de un jefe de campaña, pero contar con Nicolás Maduro, debiera ser considerado como la estrategia política más brillante implementada en campaña alguna.
Nadie en su sano juicio se le hubiese ocurrido tan brillante idea, a menos que hubiese apostado por superar sus propias torpezas con mayor torpeza: cerrar la frontera e iniciar una escalada con el vecino con mayor intercambio comercial, desestimar el sentimiento nacionalista de los 5 millones de colombianos y sus descendientes quienes ven como deportan a sus connacionales como ganado, tratar de culpar del desabastecimiento, la escasez y la inflación a la Polar y a las transnacionales cuando todo el mundo sabe que la falta de políticas económicas es lo que nos tienen al borde del precipicio.
En estos días un abstencionista de los que dice salvar su voto, no ejerciendo su derecho, todo un oxímoron, me confesaba que las torpezas del régimen son tan grandes que, a menos de 100 días de las elecciones y sin campaña, ya se siente motivado a quitarse las pantuflas, soltar el teclado y salir a poner su grano de arena y que mientras tanto seguiría celebrando cada decisión del jefe de campaña opositor, con el grito silencioso ¡Que viva Nicolás!

Llueve… pero escampa

sábado, 15 de agosto de 2015

Ni patriotas, ni cooperantes… solo son traidores

Miguel Yilales
@yilales
Desde hace un tiempo para acá lo normal y cotidiano es que las violaciones a la norma sea la norma, y es que la forma de hacer política en este país es prehistórica: no hay reglas, no hay principios, no hay valores y muchos andan, a lo cavernícola, con un garrote en la mano.
Es por eso que al comparar nuestra democracia con la norteamericana hay quienes piensan que la viveza es una herramienta de la que adolecen los del norte, pero lo cierto es que allá tienen reglas y normas mínimas que cumplen o por lo menos juran cumplir: respetar la constitución y las leyes, no cometer perjurio y gobernar para todos.
Recuerdo que hace ya algunas décadas iban a destituir a un presidente por engañar a los gringos, por supuesto que no me refiero al que cometió actos impropios con una pasante de la Casa Blanca y cuya esposa aspira a ser la primera mujer en la Oficina Oval, sino al que le dio por espiar la convención del partido demócrata, que terminó con su dimisión (la cual se aceptó).
Resulta que desde el 2002 hasta nuestros días, los militares, los tirapiedras, los encapuchados y los pranes que dirigen esta cleptocracia que es el Socialismo del Siglo XXI, se han dedicado a exacerbar antivalores: nada de contrastar propuestas lo importante es la manipulación; lo valioso no es jugar con reglas sino torcerlas para que los favorezca; lo significativo es usar la justicia como guadaña política que les permita inhabilitar a los dirigentes opositores más acérrimos y con mayor credibilidad.

Sin honor, sin justicia

Si bien es cierto que eso de utilizar el "aparato de la justicia" para perpetrar el linchamiento político no es una idea original de este régimen, a estos malandros les dio por acompañar a ese sistema espurio con unos colaboradores, que denominan patriotas cooperantes, con quienes construyen falsos expedientes, mediante la infiltración de los círculos cercanos de los opositores, la siembra de pruebas y el chivatazo a los presuntamente implicados.
Es que la mentira, la traición, la trampa y la manipulación son las únicas herramientas que aprendió la caterva militar y civil que desgobierna al país. Nada que ver con eso que llaman el honor, la honestidad y la rectitud.
Fíjense que aun tengo fresco en mi memoria a dos obesos abogados, constitucionalistas y profesores universitarios, que manipulaban con supuestas posiciones encontradas cuando en realidad lo que hacían era convivir del proceso chavista. El apócrifo opositor en las mañanas le escribía un libro a un exmagistrado sobre los argumentos en contra de la desobediencia prevista en el artículo 350 y en la tarde aparecía en todos los programas de radio y televisión llamando a la rebelión, ahora hace loas a la revolución, aplaude y salta cual foca, aunque parece un león marino, en el canal de televisión de la Asamblea Nacional tan alto como le ordene el teniente-capitán que lo administra. Del otro no hablo porque el destino quiso que acompañara a su jefe al sitio que Alighieri le reservó a los traidores, adulantes y sinvergüenzas. Parece que en ese mismo trance están periodistas, economistas, ingenieros, doctores y pare usted de contar.

Por 30 monedas

Terminar convertido en un delator debe ser triste. Mimetizarse entre opositores solo para tomarse fotos con los dirigentes, falsear la verdad y develar supuestos planes conspirativos es un triste papel porque nadie anda pavoneándose de ser un topo, con padres que muestren orgullosos el título de “patriota cooperante” de sus vástagos o hijos que cuenten en la escuela lo henchido que se sienten por tener un papá apóstata, farsante y mentiroso.
Es que nadie en su sano juicio puede creerse la patraña de que se es patriota por andar montando ollas para perjudicar a inocentes o que el ser cooperante en el sostenimiento de un régimen arbitrario, ilegal, ilegítimo, atrabiliario e impío es motivo suficiente para ser encumbrado a la glorificación, cuando la realidad es que si acaso serán recordados como unos accidentes humanos, indignos de ser venezolanos.
La encrucijada que vivimos es tan neurálgica que cualquiera que se dé a la tarea de apalancar o servir de soporte a estos delincuentes solo les está deparado la ignominia del olvido, porque a pesar que Borges consideraba al Iscariote como el mejor discípulo de Jesús por haberlo ayudado a cumplir su cometido, nadie quiere ser recordado como el que entregó el país por 30 monedas y no de plata.

Llueve… pero escampa

sábado, 8 de agosto de 2015

Con mi fusil al hombro

Miguel Yilales
@yilales
La toma del poder es el norte de quienes se involucran en política, por lo menos así lo plantearon Weber, Duverger, Gramsci y Maquiavelo. Un político puede vender la idea del sentimiento altruista, el deseo de proteger a los otros y que trabaja por los demás pero al final lo único que importará es llegar a gobernar.
Desde los inicios de la humanidad, en las agrupaciones más primitivas, había alguien que ejercía el liderazgo. Este se sustentaba en el uso de la fuerza, que servía para doblegar la voluntad de los demás. El jefe era el jefe hasta que fuese cuestionada su guía, pero no bastaba el cuestionamiento, sino que debía ser derrotado.
Con la llegada de la Revolución Francesa, que eliminó la preeminencia del rey y lo transmutó de divinidad a ser humano, por lo menos en lo electoral (cada ciudadano un voto), se establecieron las dos únicas formas que aun existen para la toma del poder: o se escoge la primitiva forma de la disputa del liderazgo a través de la fuerza o se determina a través de una más actual y civilizada forma como el sufragio.
En la Venezuela actual, seguro estoy, saldrán detractores a este planteamiento, en especial aquellos que piensan que la “primavera de la arepa” llegará convertida en una especie de contrarrevolución que arrase con todo (partidos, instituciones, empresas) y haga surgir un país, cual fénix, de las cenizas.

Camino a la resistencia

El inconveniente con estos neoespartanos, y no me refiero a los nacidos en el estado insular, es que su plan se basa en la posesión y el control de las armas.
En este escenario particular solo hay dos actores con poder de fuego (demostrado): los militares y los delincuentes (llámense círculos, colectivos, guardia territorial o brazo armado de la revolución), a menos que consideren en este lote a quienes estuvieron en la fuerza militar y tienen capacidad para pararse con armas en un balcón, una azotea, una cornisa y hasta en un árbol, una especie de Rambo, con la diferencia que el interpretado por Stallone acabó con la Guardia Nacional norteamericana, al ejército vietnamita, las fuerzas militares soviéticas en Afganistán y a unos mercenarios en Myanmar.
Excluyendo a esos Rambos, con sobrepeso y algo vetustos, lo que queda son los militares activos y el brazo armado civil de la revolución. En caso de que ganen los civiles armados el gran vencedor sería la caterva mafiosa que gobierna y en el caso que sean los militares no triunfaría la sociedad sino los que han gobernado estos 17 años, ya que, para quienes lo olvidan, esa es la misma gente que ha ocupado la presidencia, la vicepresidencia, los ministerios, los viceministerios, el parlamento y cuanta esfera del poder hay. Eso sería como tratar de salir del esposo maltratador reemplazándolo con el cuñado, el suegro o el primo de él.
Hasta ahora, luego de más de 200 años, no se ha diseñado otra forma, ni hay puntos intermedios, ni nada parecido para alcanzar el poder que no sea el uso de la fuerza armada o el uso del voto.

El voto es la vía

Las guerras más cruentas terminan en una dictadura militar del vencedor, que siempre da paso a una legitimación electoral; las desobediencias ciudadanas regresan al orden luego que los militares asumen el control para posteriormente legalizarse por el voto; las insurrecciones militares son controladas por militares, quienes terminan cediendo el poder a quien salga vencedor por el sufragio.
Si los políticos y los pichones de dirigentes no entienden esto, definitivamente no hemos comprendido, ni aprendido nada en esta desgracia republicana que mientan Socialismo del Siglo XXI.
Sabemos que no hay condiciones, que estamos en un sistema no democrático, que el régimen implementará todas las acciones legales o no para torcer la voluntad de los electores pero frente a este escenario lo único que queda es la protesta y la calle que canalicen el descontento, la campaña honesta y sin medias tintas y el ejercicio del sufragio, aunque hubiésemos deseado mejores candidatos de los partidos y una mayor participación de la sociedad opositora no militante en los cuadros partidistas.
Ahora sí alguien tiene una fórmula distinta sería bueno que la hiciera saber, mientras tanto tengo mi rifle, mi escopeta, mi pistola, una engrapadora y hasta los cuchillos de cocina listos para el conflicto, en mi caso esas armas son mi voz, mi derecho a disentir y protestar, mi pasión a seguir la lucha y la posibilidad a escoger lo mejor para el país.

Llueve… pero escampa

miércoles, 29 de julio de 2015

Después de mí… el Diluvio

Miguel Yilales
@yilales
Hablar de política en el país se ha transformado en una experiencia imposible de describir. Hay un sector de la población que si no le das la razón se molesta y si consideras que sus planteamientos están bien argumentados se molestan porque de seguro hay intenciones ocultas. Hacer política en medio de un estado general de sospechas es sumamente difícil y complicado, en especial cuando estamos llamados a construir mayorías.
En los días recientes me topé con un taxista, de esos con título, postgrado y doctorado, que decidió conducir un carro porque, en medio de la bonanza económica, social y política generada por el socialismo del siglo XXI, prefirió dejar los libros, la enseñanza, las disertaciones y las ponencias para dedicarse a algo más productivo como pasar horas en el tráfico, lidiar con los huecos en las vías, la escasez de repuestos y la falta de cauchos.
Resulta que en un recorrido de pocos kilómetros que tardó algunas horas me explicó porque no se iba del país y la diferencia entre ser optimista y tener esperanza (hasta ese momento creía que podrían ser sinónimos). Entre cuento y cuento me expuso que nuestro problema es que vivíamos de la esperanza y que al no alcanzar los objetivos caíamos en una depresión (electoral, social y cultural), y que lo que necesitábamos era ser optimistas porque sin importar cuánto tiempo tardase algo, se tiene la certeza de que las cosas van a ocurrir.

A remar en un sentido

El problema de esta historia es que no aplica a todos los que se autoproclaman como salvadores de los valores democráticos y dicen luchar por tener un país distinto, porque si bien es cierto que las cosas ocurren cuando van a ocurrir, también es verdad que es más fácil llegar a la orilla si todos remamos en un mismo sentido, así pensemos distinto.
Entre esos remeros hay los que en vez de avanzar, retroceden, y llaman radicales a los que piensan distinto a ellos. Están los que aúpan la abstención porque así defienden el voto y llaman colaboracionistas a quienes quieren ejercer su derecho y los que ven en el voto una solución y llaman traidores a los que critican, con razón o sin ella, que no hayan condiciones equitativas, el vulgar ventajismo oficial, las designaciones “dedocráticas” de los candidatos opositores y la falta de observación internacional.
Uno no se imagina a Betancourt, Leoni, Carnevalli, Caldera, Villalba, Pompeyo Márquez o a Ruiz Pineda planteando la depuración de la resistencia para luego salir de Pérez Jiménez. Primero se salió del dictador y luego se dirimieron las diferencias entre los aliados. Ahora parece que a algunos remedos de líderes, dirigentes, cabecillas y opinadores de oficio se les perdió la brújula y, por consiguiente, no saben dónde está el norte político.
Es que cada cierto tiempo aparecen unos personajes que de política saben lo que se puede aprender de astronomía nuclear en una revista de farándula y salen a criticar sin hacer una sola propuesta concreta, para luego decir “yo se los dije”, como que sí el problema del país se circunscribiera al yo lo sabía, yo les dije o yo les alerté.

Que lancen la primera piedra

Todo un egocentrismo, tan criticado en el paladín del desastre del Socialismo del

siglo XXI, pero encomiable si quien lo demuestra es algún personajillo de algún partido político, que no tiene votos, seguidores, amigos, ni familiares, y que solo les permite validarse cuando están frente a un espejo.
Son tan ególatras, que se creen ungidos y si viviesen en las épocas de principio de la era cristiana andarían con una peñona en las manos para lanzársela al primero que se les aparezca porque se sienten puros y libres de pecado frente al pasado reciente, aunque en realidad sean corresponsables por acción u omisión.
Todos tuvimos o tenemos un pariente que fue adeco, copeyano, masista, mepista, urredista y hasta comunista con lo cual debiéramos darnos con la piedra nosotros mismos por haber permitido que se llegase hasta aquí o todos tenemos un familiar, un amigo o un conocido que aún cree que los uniformados son la salvación institucional, con lo cual debiéramos apedrearlos y autoapedrearnos por no haber aprendido nada.
El problema real no está en los errores del pasado, sino en el futuro que debemos construir, muy a pesar de quienes juran y perjuran que después de ellos vendrá el diluvio como si su partido fuese el Arca y ellos la reencarnación de Noé, y olvidan que la historia no terminó con él.

Llueve… pero escampa

sábado, 18 de julio de 2015

Inhabilitados sin aviso y sin protesto


Miguel Yilales
@yilales
En los últimos años vividos en esta maltrecha república pasan tantas cosas y de manera tan vertiginosa, que ya debemos empezar a contarlas con introducciones similares a las de los cuentos infantiles, así lo que vivamos sea una tétrica historia de terror con fantasmas que viven, villanos con mazo, traidores de bando y bando, verdugos judiciales, brujas con verrugas y burros parlantes.
Es que para nadie es un secreto que en estos años la inseguridad, la violencia, el desabastecimiento, la escasez, las tragedias, las mentiras y los engaños nos han convertido en un país que se asemeja a la Transilvania del Conde Drácula o a la ciudad bávara donde Víctor Frankenstein dio vida a su engendro.
Pero no conformes con el karma que nos cayó por tentar a la buena suerte y creer que nada podía ser peor que lo anterior, el régimen que nos desgobierna se ha dedicado con todos sus tentáculos (esos poderes públicos con ventosas) a demostrar por qué y cómo sus decisiones se fundamentan en la doctrina política de Juan Charrasqueado, quien, cuando no ganaba, arrebataba.
Desde hace años el chavismo posee y usa una regla de oro que nunca les falla: todo lo que ellos dicen y hacen es bueno, válido y legítimo; pero todo lo que dicen y hacen los demás es malo, es inapropiado y es ilegítimo”. Llevan diecisiete años actuando de esa manera arbitraria, injusta, ilegal y abusiva.

Corrupto sin vergüenza

Resulta que esta semana el contralor, que antes fue procurador (del gobierno y no de la nación) y antes de eso consultor jurídico de la Asamblea Nacional, le dio por actuar como el agente especial Eliot Ness y perseguir los delitos contra la cosa pública.
Claro está “por ahora”, irresponsable expresión que le gusta a los del régimen, no ha tenido tiempo para investigar cosas tan insignificantes como el desfalco a CADIVI, ni a los que autorizaron oscuros depósitos en paraísos fiscales, ni mucho menos el peculado de uso de los bienes del Estado, sino que puso todo su empeño en conocer sí María Corina comía con los tiques de alimentación o sí Scarano declaró sus bienes cuando estuvo preso. Es que para este “doctor honoris causa summa cum laude” (así dice su currículo y vaya usted a saber cómo es eso) Al Capone, “Lucky” Luciano, Frank Costello o Jhon Gotti eran niños de pecho al lado de estos peligrosos enemigos públicos del chavismomadurismodiosdadismo.
Por supuesto que enseguida apareció esa antítesis de Robin Hood que dirige la Asamblea Nacional, no porque se haya comprobado que sea honesto, sino porque no se le ha visto quitándole a los ricos para dárselo a los pobres, babeado como perro de Pavlov y lleno de gozo por la medida.
Lo extraño es que este paladín de la honradez, según pruebas que circulan en el mundillo militar e imágenes que se han filtrado en las redes sociales, parece que cobra una pensión de retiro que no le corresponde. Sería interesante que el doctor contralor investigase, luego que termine de inhabilitar a todos los candidatos opositores, el porqué alguien con 5 años de servicio, puede cobrar una pensión como sí hubiese trabajado 30 (es en 2017 que sus compañeros llegan a ese tiempo) y si el sueldo se corresponde con el grado de un teniente (con el que se fue) o el de un capitán (que le regaló Nicolás).

Golpista es golpista

Es que desde antes que llegaran al poder esta caterva de felones demostraron que desconocían los significados de la honradez, la integridad, la probidad y la rectitud.
Este es un régimen acostumbrado al golpe de estado y que lo da en todas sus formas. Cuando eran custodios de las armas de la república actuaron como los orangutanes que son para destituir al mandatario legítimamente electo y luego de llegados al poder se han dedicado a defenestrar a los mandatarios locales, diputados y concejales ya no a punta de fusil, sino con un mecanismo aun más perverso: la judicialización de la política o a través del contralor que se convirtió en el Torquemada de la revolución.
Ahora que todas los encuestadores, con excepción del revolucionario, socialista y antiimperialista Schemel, dicen que el descontento es mayoritario y que se puede capitalizar electoralmente, estos asaltantes de camino son capaces de cambiar la Asamblea Nacional por el Parlamento Comunal (con la venia de los rastacueros que administran injusticia) y terminemos pacífica y electoralmente en las comunas pero inhabilitados como ciudadanos sin aviso y sin protesto.

Llueve… pero escampa

viernes, 10 de julio de 2015

Se les acaba el juego

Miguel Yilales
@yilales
Desde hace algunos años vivimos una guerra para apoderarse del trono. Todas las facciones se enfrentan, confrontan y conspiran para hacerse con el poder y someter a los demás. Que se imponga la voluntad del ganador y que todos, rodillas en tierra, entren por el aro. Para eso asesinan, tratan inhumanamente al otro y llegan a la tortura, lo cual nos asemeja más a las intrigas de la serie de HBO “Juego de Tronos” que a una república democrática.
Es que aquí vivimos una sangrienta realidad, cargada de violentas luchas dinásticas desde que un militar felón intentó derrocar al gobernante de turno, para luego llegar al poder y desde ahí desmontar la institucionalidad, la soberanía y la separación de poderes, por cierto fechoría que le fue permitida por quienes debíamos servir de muro de contención: los ciudadanos, los partidos políticos, los tribunales, la Iglesia, los empresarios y los sindicatos, es decir, todos menos los militares porque siempre he creído que su función no es controlar la constitucionalidad y mucho menos ser el “gendarme necesario” de Laureano Vallenilla Lanz.
Y para demostrarlo les comentaré sobre el reino, la realeza y la corte boliburguesa que se incoó en el trono desde 1998, con la única diferencia que carecían de los atributos que deben tener quienes presiden una república o un reino: dignidad, soberanía, magnificencia y grandiosidad.

Un reino de pacotilla

Al momento de asumir la presidencia por la vía electoral, maniobró para hacerse con todo el poder, al extremo que en su agonía pidió que un sumiso y obediente castrocomunista heredara el trono. Una abdicación, al mejor estilo cubano, por eutanasia de Estado.
Pero el heredero, quizás por inmadurez, no quiso quitarles los privilegios a las hijas del muerto viviente, bueno no a todas porque hay una que trataron de retirarle las escoltas y que engulle el mismo pellejo que le venden a los plebeyos en los mercados chavistas, según se desprende de las declaraciones de una de las consortes que tuvo el difunto.
En todo reino hay un médico de cabecera y este no podía ser la excepción. Las leyendas urbanas le atribuían a un loquero haber atendido a todos los presidentes de la IV y parece que en la V también lo contrataron. Al ir preso, luego de ensangrentar el diván, lo reemplazaron con un discípulo, que debió ser alimentado con teteros piches y bilis, si consideramos su resentimiento, odio y animadversión. Es que en su ignorancia entienden que lo de cabecera es por la necesidad de atención en la mollera.
Tenemos hasta consorte real, que por cierto lleva los pantalones familiares (no me refiero a las confesiones de Nicolás, sino al ajuar oficial que denota una falta de glamur según los calificados dictámenes de Carolina Herrera y Titina Penzini), quien junto a hijos, nietos, hermanos, hermanas y primos viven como si hubiesen nacido en cuna de oro y conforman lo que hoy conocemos como la Casa de los Flores, al más puro estilo de los Borbones, los Grimaldi o los Hannover.

Bufones y comparsa

Por supuesto que en este reino no pueden faltar los que se disfrazan, actúan y hacen morisquetas, personajes que creen divertir pero son un hazmerreír: los bufones. Entre ellos destaca uno que se disfraza con casaca militar y usa un garrote de goma para intimidar. Recientemente le diagnosticaron una extraña enfermedad denominada DEArrea, que lo pone de chorros a coliseo, y que solo calma con dosis de Shannon en pastillas, suspensión o en supositorio.
Claro está en este feudo no hay caballeros de armadura, gladiadores o guerreros dispuestos a combatir. Lo que sobra es un regordete cuerpo de baile con estrellas, galones y soles que aplauden al ritmo de unos improvisados cantantes y están prestos para desfilar en el Sambódromo en que convirtieron el Paseo de Los Próceres con una comparsa “revolucionaria, antiimperialista, socialista y profundamente chavista”.
Esto ya no parece un país y se asemeja más a un reino en el que las diferencias, las desigualdades y los contrastes son cada vez más evidentes entre quienes detentan el poder y sus gobernados, que son tratados como súbditos. El problema es que estos reyezuelos del siglo XXI creen, como también lo hacían Luis XVI y María Antonieta, que el poder es eterno y que los ciudadanos, responsables de controlar a sus gobernantes, no van a despertar y reclamar, aunque por los vientos que soplan el capítulo final de nuestro Game of Thrones está a la vuelta de la esquina.

Llueve… pero escampa

jueves, 2 de julio de 2015

No hay vuelta atrás

Miguel Yilales
@yilales
No crean que me he vuelto apocalíptico o que surgieron en mí dotes de quiromancia, adivinación o vaticinio, mucho menos que me crea un oráculo para ponerme a hacer predicciones futurísticas de lo que nos viene y de lo que va a pasar, eso se lo dejo a quienes viven con predicciones que nunca aciertan porque las cartas están marcadas, los astros se mueven de forma retrógrada (actividad que se ha incrementado para responsabilizar de algo a la bóveda celeste) o que el tabaco cubano se ha vuelto pitiyanqui.
Nunca me ha gustado el lenguaje guerrerista del régimen, pero los indicadores nos dicen que la conflagración ya está aquí y que no queda más remedio que enfrentarla porque son preocupantes las noticias diarias desde los diferentes frentes que les dio por abrir para sacrificar a miles de venezolanos, mientras ellos siguen aferrados a las ubres del Estado.
Vivimos en un país donde los connacionales que no encuentran calidad de vida emigran, mientras que al resto solo les queda rogar porque los colectivos violentos, los esbirros uniformados y cuanto exterminador cooperante no lo conviertan en un daño colateral. Ya estamos como los países que hacen campañas para que se adopte a un desahuciado, un perseguido o un refugiado.

Exterminio y desolación

Esta es una guerra que estableció un perenne racionamiento eléctrico para garantizar el control en esos guetos llamados zonas de paz, así a nadie se le ocurre andar deambulando por la ciudad; es un toque de queda en el que los únicos con salvoconducto son los funcionarios con escoltas y guardaespaldas o los que pertenezcan al partido gobernante quienes tienen patente de corso para permanecer en los centros de votación hasta el amanecer, sin ser agredidos, y mucho menos asesinados, por la delincuencia desbordada.
Entre otras señales de las condiciones bélicas que nos ha tocado vivir, ya nadie hace mercado, esa horripilante práctica capitalista que consistía en ir a unos locales suficientemente abastecidos, agarrar un carrito y llenarlo (luego de escoger entre diferentes marcas y calidades de productos). Además ahora los venezolanos no levantan la mirada, no porque se deleiten con el caminar de sus mujeres, sino para cumplir una importante labor en el conflicto armado: el espionaje, porque es mandatorio escudriñar las bolsas de mercado, so pena de ser acusado de traidor familiar si no lo hace, bueno lo de las bolsas es sí aun las consigue, porque en esta economía en crisis desertaron y las han reemplazado por cajas de cartón.
A falta de campos de concentración, al estilo gulag soviético que a los ñangaras les gustan más que los nazis, decidieron construir una cárcel de 916 mil kilómetros cuadrados, en el que los ciudadanos no podemos salir por las restricciones para adquirir divisas y porque escasean los vuelos ya que le debemos a las aerolíneas hasta la forma de volar.
Lo lamentable es que esta guerra imaginaria no es contra un enemigo externo y mucho menos para defender la integridad territorial, sino que está orientada a acabar con la disidencia política, porque para el régimen madurista la oposición es un hostil contrario al que deben exterminar.

Régimen sobremadurado

Por su parte la oposición, con esa chorrera de generales sin tropa, almirantes que llevan las naves al garete y pilotos que no saben a dónde van, debiera preocuparse por exigir que se cumplan las reglas (en las guerras también las hay), para que después no digan que quedaron subcampeones por el ventajismo y la manipulación de quienes detentan el verdadero poder de fuego, y que están dispuesto a usarlo como sí fuesen la reencarnación de Nerón, en el siglo XXI.
Ya la sobremadurez ha llegado a límites de podredumbre, descomposición, fermentación y hedor, es el momento de darlo todo para desalojar del poder a quienes nunca les ha interesado el país, se han arrodillado a potencias extranjeras y apostado por la destrucción de los venezolanos.
Por supuesto que, ante un conflicto de esta dimensiones, “la resistencia” debiera dejar de lado su apetencia personal para mantener el status quo y estar dispuesta a empuñar los tanques, los aviones, los cañones, las bazucas, las granadas, las ametralladoras, los rifles, las escopetas y hasta las pistolas de agua, que en nuestro caso, son las protestas en la calle y la masiva participación en las elecciones parlamentarias, con reglas claras, observación internacional y la firme disposición para defender la victoria.

Llueve… pero escampa