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miércoles, 17 de octubre de 2018

Los genes de la maldad

Por Miguel Yilales 
@yilales
La genética es una disciplina científica seria. Desde que Mendel iniciase su estudio, sabemos que hay rasgos que se transmiten de los padres a los hijos, de los abuelos a los nietos y de generación en generación. Es tan así que en el refranero popular hay muchas menciones a las condiciones heredadas: de tal palo, tal astilla; hijo de gato, caza ratón; lo que se hereda no se hurta; la cabra siempre tira pa’l monte...
Lo cierto es que la herencia da para mucho. Incluso el humorista, caricaturista y periodista Leoncio Martínez escribió un sainete en un acto donde trataba el tema. En su obra teatral “El salto atrás”, llena de situaciones hilarantes, hablaba del horror de una familia venezolana de la época colonial, que se cree con abolengo pero ¡Oh, desgracia!... el bebé de la niña de la casa nació negrito a pesar “de que el padre es alemán y la mamá tan blanca como la nieve”. Desde esa época se comenzó a hablar del salto atrás para referirse, de forma despectiva, a las rasgos no esperados y para contrarrestar a las suegras que torturaban a las nueras con aquello de los hijos de mis hijas mis nietos son, los de mis hijos no sé si son. Es que el legado es el legado.
Incluso hay una disciplina que estudia las influencias ambientales y del comportamiento para explicar la herencia de rasgos y desórdenes del comportamiento en los humanos. Es que así como se hereda lo bueno, de seguro también se puede heredar lo malo.
Delincuentes con poder
Fíjense que hace algunos años tuvimos entre nosotros un pésimo personaje que se jactaba de ser descendiente directo de un cuatrero desalmado (Maisanta) y en consecuencia, en su actuar político y quizás por genética, desfalcó al país como un forajido de siete suelas y es posible que esa sea la causa por la que Jorge y Delcy se hayan dedicado a la misma práctica de su padre para obtener una prebenda porque desde los diferentes cargos ocupados han convalidado y justificado los raptos de Estado.
Antes de estos 20 años sabíamos que los secuestros, como el de Niehous, lo realizaban grupos irregulares y facinerosos con fines políticos o económicos pero ahora es una práctica que ejecutan los propios organismos policiales del Estado en franca violación a las más elementales normas de los derechos humanos. Cuando el régimen detiene sin orden judicial a un concejal, no lo presenta en tribunales en el lapso que corresponde, estando en custodia, por ser más peligroso que Osama Bin Laden, supuestamente se les “suicida” lanzándose de un décimo piso y el certificado de fallecimiento lo rubrica uno de esos que por la cadena de eventos de la defunción de seguro puede ser un buen camillero pero nunca un galeno, se sabe que estamos ante una desaparición forzosa de las que tanto se quejaban los que hoy están en el poder.
O si nos percatamos que un joven venezolano lo confinan 4 años, le difieren más de 56 veces la audiencia de presentación, no le permiten las visitas familiares, lo usan como mercancía de negociación y, cuando las cosas se les ponen color de hormiga, lo liberan de su cautiverio y lo expatrían como una medida de gracia sabemos que vivimos otro episodio de denegación de justicia, de ausencia de independencia de Poderes y de abuso del poder por parte de una tiranía que poco o nada le importa guardar las más mínimas apariencias.
Código genético putrefacto
Es que desde que Hugo Chávez llegó al poder y, ahora que su hijo putativo Nicolás Maduro lleva más de 5 años usufructuándolo, la delincuencia con poder ha estado a la orden del día y se han convertido en prácticas de Estado las desapariciones forzosas, los secuestros políticos, los allanamientos extrajudiciales, la violación a las derechos, la encarcelación sin juicio justo, el ruleteo judicial, las sentencias plagadas de vicios en los que la jurisprudencia del derecho, el Código Penal y la Constitución han terminado enrolladas para ser usadas como papel higiénico. Además ahora debemos sumar el destierro.
Los casos de Lorent Saleh y Fernando Albán son las últimas evidencias de que lamentablemente en Venezuela estamos en manos de secuestradores, delincuentes, mafiosos, contrabandistas, narcotraficantes, violadores de derechos humanos, déspotas, autócratas, asesinos y desalmados que no piensan entregar el poder porque para Nicolás, Jorge, Diosdado, Delcy y pare usted de contar, la maldad está impresa en su código genético desde que irrumpieron en la política venezolana.
Llueve... pero escampa

lunes, 21 de agosto de 2017

Suicidio colectivo

Por Miguel Yilales

@yilales

La política tiene por finalidad la preocupación por el interés colectivo, la generación de la mayor suma de felicidad posible y la procura del desarrollo de un Estado, planteamientos utópicos que se han vuelto realidad en países que, 4 décadas atrás, estaban peor que la Venezuela, que Sanín bautizase, saudita.

Luego de miles de desaciertos, de un excesivo clientelismo partidista y de un ataque inclemente contra los golpes de timón que hubiesen permitido dejásemos de dar tumbos, corregir el rumbo y tener algún norte, caímos en el más profundo abismo porque a unos oportunistas les dio por saltar en bungee (sin cuerda elástica) para arruinar a un país, destruir una economía emergente y depauperar un entramado social, que lejos de aproximarnos al desarrollo de la Arabia Saudí del siglo XXI nos transportó en retroceso y a “paso de vencedores” a los niveles de Burundi.


Por el accionar de muchos y por la inacción de otros, Venezuela entró en barrena: cuando se hablaba de más democracia lo que se instauraba era más autoritarismo; cuando se pedía mayor coherencia política lo que se avecinaba era mayor politiquería barata; cuando se requería mayor preparación surgieron especímenes que hicieron de la improvisación su bandera y cuando se exigía un verdadero accionar de liderazgos lo que obtuvimos fue telepolíticos, radiopolíticos y, ahora, social media políticos que son una mezcla de Aristóteles, Betancourt, Churchill, García-Pelayo, Rousseau y Roosevelt sin la episteme, la praxis, el discurso y el compromiso de aquellos.

Pseudopolítico y protopolítico

Por un lado nos llenamos de pseudopoliticos que se han leído algunas carátulas de libros, que se llaman libre pensadores pero que les molesta crítica, que son come candela contra otros opositores pero condescendientes con el régimen, de esos que exigen más protestas pero que nunca han participado en alguna para no convalidar a los convocantes, que no se atreven a convocar porque no convocan a nadie, no alientan multitudinarias protestas porque nadie las acata y que perjuran son políticos de masas porque a su alrededor se han conformado sectas de adoradores y aduladores. 


Y por el otro lado surgieron unos protopolíticos (protozoarios políticos o políticos protozoarios, el orden no importa) que son expertos en pedirle a los demás inmolaciones que ellos no están dispuestos a hacer; son los que quieren ver a los jóvenes sacrificar su futuro pero que a las primeras de cambio sacan del país a sus propios hijos por seguridad; son los que claman por más socialismo del bueno pero se dan vida de sultán saudita; son los que implementan una educación sesgada y de dudosa calidad pero encuentran “becas” a dólar preferencial para garantizar su permanencia en México o en Australia (sin alusiones a los nietos del secuestrador de Niehous) y son los que hablan de austeridad con una sonrisita burlona de psiquiatra pervertido (no me refiero a burgomaestre alguno) pero viajan en aviones de PDVSA como si eso no fuese peculado de uso.

Es el momento de la política

De ahí es que se les ocurren genialidades para justificar sus “ismos”, que a final de cuenta son tan malos como los otros “ismos”. Pretender que se puede implementar un socialismo en que solo se reparte la miseria es tan perverso como proponer un capitalismo que darwinianamente opte por los que nacieron con más oportunidades y no por los más aptos, en especial en un país en que el desequilibrio social está tan marcado. En realidad todos son criminales que azuzan, piden sangre y manipulan con el cuento de que quien no les siga el juego es un colaborador o un pitiyanqui.


Es el momento de la política, por lo que desenmascarar a Nicolás Maduro no puede ser un fin en sí mismo sino un medio para execrarlo del poder como consecuencia de la planificación, la organización y la acción política coordinada. Luchar con las armas de la democracia, aunque el régimen sea dictatorial, déspota y atrabiliario, nos permitirá imponer nuestras reglas sin atajos de dudosos resultados (endógeno o exógeno), y aunque sepamos que ir a las elecciones no los acabará, nos permitirá activar la calle, salir del desánimo inducido por unos dirigentes que crearon falsas expectativas y procurar la estrepitosa caída que anhelamos, lo demás es suicidio colectivo y, en lo particular, no tengo vocación de mártir para que unos vivos se llenen de glorias o para allanarles, a otros, el camino a exilios dorados.

Llueve... pero escampa

sábado, 17 de septiembre de 2016

Medias verdades, son puras mentiras

Por Miguel Yilales
@yilales
Los niveles de confianza entre los venezolanos (eso incluye a los que se han ido) han sido dinamitadas como consecuencia de haber estado cobijados bajo el imperio de la mentira, el engaño y la falsedad, única forma de actuar de quienes han dirigido los destinos del país por 18 años.
Mentirosos con poder son poderosos con mentiras
Cuando se instauraron en el poder afirmaron que eran demócratas y ya sabemos que no lo son; abjuraron del comunismo y del socialismo y a nadie le queda duda que se acogieron bajo las alas de los más perversos dinosaurios de la izquierda latinoamericana y mundial; aseveraron que no expropiarían y defenderían la propiedad privada pero apuntaron sus baterías para robar al exitoso, destruir el aparato productivo y arruinar a la empresa privada; ratificaron, una y otra vez, que acabarían con la pobreza, con los niños de la calle, con la miseria y hoy hay más pobres, la gente se alimenta luego de hurgar en la basura y los niños suplican en las carnicerías por pellejos para saciar el hambre y son los mismos que decían construir un país potencia que ahora solo tiene capacidad para exportar las desventuras de los expatriados.
Los que instituirían una democracia participativa y protagónica nos convirtieron en un Estado fallido, sin instituciones, sin equilibrio de poder y sin las condiciones mínimas para interactuar en el marco internacional, a menos que sea entre los sátrapas, tiranos y dictadores que todavía pululan en el orbe.
Arruinados y destruidos
Barricas de güisqui
En cualquier país del mundo al transcurrir 18 años una persona alcanza la mayoría de edad, se emancipa y se supone que abandona la educación básica para iniciarse en la universitaria, es también el período que necesitan permanecer, ciertos destilados de malta escoceses, en barricas de robles para ofrecerlos a los paladares más exigentes y es la etapa máxima que alcanzan a vivir algunas mascotas (perros y gatos) lo cual es una largo devenir en la vida animal (y en la vida política). En ese transcurso los delincuentes de cuello rojo se repartieron un botín llamado Venezuela.
Al momento que el cadáver insepulto llegó al poder aún no existían las redes sociales: Twitter, Facebook, Instagram, LinkedIn eran ideas que no veían la luz. La comunicación instantánea y las video llamadas cuentos de películas y series de ficción. Por eso resultó más fácil, con la complicidad de algunos medios de comunicación, ofrecer la destrucción del país porque resurgiría esplendoroso como el Ave Fénix.
En ese autobús se montaron todos los resentidos y rencorosos que buscaban venganza, mientras se enriquecían con facilidad: unos hermanos que renegaban por el asesinato de su padre, un confeso secuestrador, delatado por sus propios camaradas; unos uniformados que necesitaban asirse a la liana que los ascendieran de las catacumbas en que se encontraban por merito propio; unos encapuchados, mediocres, mal hablados, ignorantes, reposeros y sin vergüenzas que siempre necesitaron de muletas ideológicas para medio ser o medio existir. Toda una pestilencia sin cura en que la mentira y la manipulación ha sido su esencia.
El ascenso de la mediocridad
Ellos se engañan a sí mismo y a todos los demás: el heredero con doble nacionalidad (siempre negada) cree que aparenta algo de sapiencia cuando habla aunque todos sepamos que es la suma exponencial de la ordinariez, la incultura y la chabacanería, mientras que el capitán cavernícola se la pasa en mítines, reuniones y templetes pero niega, a diestra y siniestra (aunque su naturaleza solo es siniestra), estar en plena campaña preelectoral.
Por eso es que indigna que desde la acera de enfrente se usen los mismos modos, desespera que el encargado de las relaciones internacionales de la MUD, luego que hizo turismo para denunciar el talante antidemocrático del régimen, despotrique del MERCOSUR porque exigen cumplir con las normas de adhesión, con lo cual no sabe si mintió antes o lo hace ahora, y exaspera que los supuestos líderes omitan decir que sí no se recogen las firmas antes del 12 de octubre no dan los lapsos máximos (menos sino se presiona con calle a un CNE en los límites) para que el revocatorio sea antes del 10 de enero.
Los venezolanos no estamos para medias tintas o mentiras blancas, por ello se le exige a quienes dirigen que actúen con la entereza que la crisis amerita y no cuando quedan en cueros con unas medias verdades que a final de cuentas, como dicen Los Amigos Invisibles, son puras mentiras.
Llueve… pero escampa

domingo, 24 de julio de 2016

El olvido y el desprecio que merecen

Por Miguel Yilales
@yilales
En estos días me topé con que hay personas que se han dedicado a clasificar a los nazis desde diversos aspectos: que sí los más sanguinarios, que sí los famosos que más los admiraron, que sí los más malvados, que sí los más sexis y una infinidad de categorías que lejos de denotar la importancia que para el mundo tuvo este cruento episodio, muestran cierto morbo, que raya en lo fútil, con que algunos tratan esa tragedia.
Esto me hizo reflexionar sobre la nuestra, la cercana, la de aquí, esa que hemos padecido por casi 18 años y que pareciera no tener fin, y que por momentos hay quienes la han banalizado como un mal chiste, un simple error histórico o un error de la naturaleza (de quién la engendró y de quién la ejecutó) cuando en realidad se asemeja a las peores tragedias de la humanidad.
Una revolución que se rodeó con personajes siniestros (no solo por zurdos, sino por lo diestro en la maldad) que bien pudieran ser comparados con las peores escorias de la historia nazi. La mentira, la manipulación y el cinismo que mostraba Josef Mengele es comparable a la de un par de hermanos resentidos; están los émulos de Goebbles que han tratado de vendernos, a través de esos bodrios que transmiten voluntariamente obligados los medios de comunicación, de que el estercolero en que Chávez y su pandilla volvieron al país es una pujante potencia económica, social, cultural y deportiva y las rémoras de uniformes, que adosadas a la revolución, viven entre lujos, excesos y francachelas como lo hicieron Eichmann, Himmler o Göering.
Mujeres y niños de último
Este significante error histórico, que en el pasado tiró al desagüe de la historia cientos de miles de millones de dólares solo para preservar la figura de un megalómano que deseaba ser inmortalizado como un líder mundial pero que, más temprano que tarde, será rememorado como una aberración que fue capaz de despilfarrar a manos llenas, actuar de forma clientelar y quebrar al país exportador petrolero con mayores expectativas de progreso, hoy nos asemeja al Titanic luego de impactar con el iceberg: sin rumbo, sin timón, con vías de agua, hundiéndose y con insuficientes balsas para que nos salvemos todos.
Aquí lo de niños y mujeres primero es cuento de camino. El que se encuentra aposentado en Miraflores, asediado como está por la impopularidad y el descrédito generalizado, recurrió al maltrecho salvavidas que le quedaba (luego de no encontrar resultados con un supuesto diálogo sin agenda): irse de reposo y designar a un suplente que haga sus labores (una vieja práctica de cuando estaba en la nómina de El Metro y cobraba sin trabajar). Es que un padrino que aguante el coroto es mejor que aferrarse a cualquier cabello (no me refiero a retorcido personaje alguno) o o depender de un desconocido compadre (trato que se daban en el ejército antes de mutar en camaradas).
A él le tiene sin cuidado que la inflación haya destrozado el sueldo de los trabajadores, que la violencia enlute a cientos de miles de familias venezolanas, que haya un éxodo de connacionales en búsqueda del futuro que les niega su propio país, que haya personas hurgando en la basura para encontrar sobras que llevarse a la boca o que, ante un sistema de salud destruido, mujeres, hombres y niños recurran a los ramalazos en busca de salud y bienestar.
Entre Bolívar y Zamora
Maduro cree que sí los militares siembran en las unidades castrenses se abastecerán los anaqueles, que sí ellos distribuyen los alimentos estos no terminaran en los aquelarres con los que ha invadido el “nuevoriquismo” las urbanizaciones caraqueñas y que al reeditar el Plan Bolívar 2000, inicio de las trapisondas revolucionarias (más consecuente con la devaluada realidad del país lo llamarán Zamora 200), logrará poner en marcha los fundidos motores con los que pretendió hacer funcionar a este destrozado país.
Quienes estamos empeñados en salir de estos esperpentos revolucionarios debemos saber que no son una mezcolanza entre Franciscanos, Agustinos, Dominicos y Carmelitas dispuestos a anteponer el bien común por sobre sus intereses particulares sino que son unos demontres a los que les importa las fortunas que han entrado en sus cuentas personales y que solo podrán seguir amasando mientras estén en el poder. Hay que confrontarlos, enfrentarlos y derrotarlos para que ocupen el ignominioso lugar que les toca a todos los destructores de la humanidad: el olvido y el desprecio.
Llueve… pero escampa

domingo, 24 de enero de 2016

En emergencia terminal


Por Miguel Yilales
@yilales
En Venezuela estamos en emergencia desde hace años. No hacía falta decreto, pronunciamiento, proclama o cadena de radio y televisión para que el ciudadano común se percatara de ello aunque hay ciegos ideológicos que no la ven porque es más fácil negar lo evidente y culpar a otros de sus incapacidades.
Estamos en una crisis generada por unos incapaces que han permanecido al frente del Estado venezolano por 17 años, que les dio por asesinar a la gallina de los huevos de oro para revisar, mediante una autopsia, de donde salían los dorados embriones y ahora se desesperan porque se les acabó el preciado metal y la gallina no quedó ni para sancocho.
Hablar de una emergencia porque sobra el dinero inorgánico que irresponsablemente ellos mismos imprimieron, decir que los productos no llegan a los anaqueles porque las empresas privadas son malucas y creerse el cuento de que el imperio bajó el precio del petróleo para derrocar a este bodrio culebrero que es la revolución, solo puede entrar en las delirantes cabezas de comunistas trasnochados que quieren mantener a la gente pobre para que sigan dependiendo de las dádivas que les dan.
Pero la emergencia va más allá de lo económico, que por sí misma es una calamidad, hay situaciones graves en todos los órdenes en esta tierra que, por intervención del Socialismo del Siglo XXI, transmutó de agraciada en desgraciada, infeliz y desventurada.
Unos más que otros
Durante la semana pasada unos desadaptados secuestraron a una familia y al no tener con que pagar para que los liberaran, asesinaron a una pareja, los incendiaron en su propio carro e hicieron que las hijas presenciaran como morían sus padres según los videos que los delincuentes grabaron para vanagloriarse de su acción delictual. Sobre esas muertes ocurridas en Caracas nadie se pronunció, ni pidieron castigo ejemplar para los autores materiales de esa abominación, no hubo días de duelo, ni condecoraciones, ofrendas florales, ni nada que se le parezca.
Pero al día siguiente fue ultimado de un disparo un periodista, activista del gobierno y funcionario al servicio de un organismo de esos paralelos que han inventado para quitarle competencias a las instituciones constitucionales y legales cuando pasan a manos opositoras. Eso sí generó que el régimen hablara. El psiquiatra de la revolución decretó 3 días de duelo y se pronunció para hacer lo que mejor hace: manipular, mentir y maniobrar. Según Jorge Rodríguez el asesinato fue para silenciar a los medios oficiales (parece que no se ha enterado que el único que silencia periódicos, emisoras de radio y canales de televisión es su propio régimen) y para perjudicar el llamado al diálogo que propuso Nicolás Maduro (aunque en realidad sea un monólogo de los que les gusta a los socialistas del siglo XXI).
Sí en Venezuela se decretaran 3 días de duelo por cada persona asesinada, solo el año pasado, estaríamos con la bandera a media asta 229 años y 40 días. Pero para este gobierno hay venezolanos más venezolanos y ciudadanos más ciudadanos.
Más que decretos chimbos
La emergencia no es solo con la inseguridad o en la economía es de orden moral. Hay quienes pontifican con el cuento de que robar es malo mientras se apropian de los bienes comunes, usufructúan lo que no les corresponde o hacen lucrativos negocios con un gobierno desalmado (eso incluye a los radicales libres de Twitter que proponen sacrificio, sangre, sudor y lágrimas pero tienen a familiares en el gobierno o trabajando con él); otros que pegan el grito en el cielo cuando les quitan unos dólares, algunos euros y relojes de marca que resguardan debajo del colchón pero retiran la demanda porque mantienen nexos amatorios con quien los hurtó; los que no les parece tan malo que se usen los bienes del Estado para cancelar cirugías estéticas a jóvenes porque eso lo hace todo el mundo y los que critican a la nación del norte porque allá hay consumo de drogas pero se dedican al lucrativo negocio del narcotráfico.
Hay quienes tienen las manos en la masa y creen que nadie se percata, quienes los agarran con un guiso y dicen que antes había más, quienes se creen moralmente superiores a los demás pero se comportan como los verdugos que critican. En Venezuela estamos en emergencia desde hace tiempo, el problema no es de decretos chimbos sino de quienes los redactan, se hace imperioso que salgamos de ellos para vislumbrar soluciones a la crisis terminal en que estamos.
Llueve… pero escampa

lunes, 7 de diciembre de 2015

El primer día sin lluvia

Por Miguel Yilales
@yilales
Un gigante siempre cree que es invencible. Enfrentar a un ser corpulento y con todo el poder, que poseía escoltas para que le protegieran a sol y sombras, que era secundado por todo un ejército con el que amenazaba a sus adversarios, que se decía pacífico sí se rendían a su invasión pero amenazaba con una espada, una lanza y un mazo en la mano y que era especialista en mantener un asedio que incluyera burlas y vejámenes diarios, parecía una locura y aunque alguien pudiera inferir que hablo de algún personajillo criollo, no me estoy refiriendo a quienes se creen gigantes porque los rodean unos enanos (mentales) sino a los auténticos.
Relata el Libro de libros que un joven predestinado a gobernar derrotó a Goliat armado con una honda y una piedra y sí algo se parece a eso es la épica victoria que obtuvo la oposición este 6D cuando se convirtió en un David para derrotar a un Estado gigantesco y todopoderoso. En un país en el que se había perdido la institucionalidad hacía tiempo parecía imposible vencer al gobierno, primero por ser uno de los más tiránicos que ha llegado al poder y segundo porque ilusionaron a un pueblo al ofrecer, de forma engañosa, que cambiarían las cosas para mejor.
He escrito durante mucho tiempo que después del chaparrón, el aguacero o el chubasco escamparía, siempre me preguntaban cuando ocurriría eso y les digo, con toda certeza, que escampó, aunque volverá a llover porque aún hay tareas pendientes con eso que mientan el Socialismo del Siglo XXI.

Abusa que algo queda

La realidad fue que con Chávez, primero, y con Maduro, después, lo que nos ha tocado vivir se parecía al Diluvio Universal, con la diferencia de que los boliburgueses son los únicos que abordaron el Arca, disfrazados de animales (aunque estos son más nobles) para pasar desapercibidos mientras se enriquecían robando, birlando y despojando a los que inocentemente creyeron en ellos mientras sembraban la esperanza entre los que todavía flotaban, porque el próximo les podía tocar.
Luego de tanta agua que ha caído: los errores de la oposición, los diversos caminos recorridos, las adversidades sufridas y los obstáculos que nos ha tocado sortear, el Sol salió y se ha visto cristalizada una esperanza.
Las aguas no han bajado, por el contrario ahí están, y por el discurso de reconocimiento de la derrota por parte de Nicolás Maduro y las palabras del jefe de campaña Jorge Rodríguez, quien por cierto abandonó el cargo de alcalde de Caracas hace mucho tiempo, aún se sienten con poder para bravuconadas porque están a bordo de un buque aunque este haga aguas y se hunda. Lo que no logran visualizar es que cuando un buque se mantiene a flote las ratas pueden deambular por las sentinas (lugar oscuro sobre la quilla donde se reúnen las aguas sucias) pero al presentir el peligro de morir ahogadas son las primeras en abandonar y esa deserción ya comenzó aunque no se percaten de ello.
El camino a recorrer no es fácil. La tiranía castrocomunista sigue al frente del poder ejecutivo, tienen el control de los tribunales que hasta ahora se han comportado sumisos al presidente anterior y su heredero, mantienen un ministerio electoral que hay que convertir en el árbitro imparcial que no es y tenemos a un poder que debiera ser moral pero que su comportamiento es amoral.

Un salvavidas es una esperanza

Debemos entender que todavía hay muchos demonios sueltos en la propia oposición. Me refiero a los que tienen la convicción de que las teorías conspirativas son ciertas y que los cubanos planificaron que la oposición ganara para generar una ilusión de democracia; los eunucos que están convencidos y quieren convencer a los que interactúan con ellos en las redes sociales que todo es fraudulento pero no proponen nada; los que tienen contactos con los verdes, los blancos, los azules y los carrubios para que ejerzan el monopolio de la violencia, lideren una salida por la fuerza e impongan la solución militar como si no tuviésemos 17 años bajo una bota que desconoce debe estar supeditada al poder civil.
La tarea no es fácil, es más apenas comienza. La mayoría de los venezolanos apostaron por cambiar de buque antes que se hundiera, de rumbo antes que encallásemos y, más temprano que tarde, de timonel porque el que está no sabe leer, por supuesto que me refiero a la brújula. Hoy disfrutamos un claro amanecer, un día sin lluvia y que aunque pueda volver a llover tenemos la certeza de que escampa.

Llueve… pero escampa

domingo, 18 de octubre de 2015

Una cuerda de vagos

Por Miguel Yilales
@yilales
Las ciencias sociales son por esencia inexactas, en especial porque el objeto de estudio es el hombre, un elemento que para algunos como Joseph Mengele era insignificante. En ellas es poco ético experimentar, difícil explicar sus fenómenos y peliagudo brindar predicciones precisas y confiables.
Y es que todo en lo que interviene el hombre es espinoso analizarlo, precisamente porque su comportamiento frente a un mismo fenómeno, hecho o circunstancia es disímil. Esas deben ser las causas que impulsaron a un economista devenido en analistas de encuestas, y ahora en comediante, a hablar, opinar y escribir sobre cualquier cosa que se le ocurra.
Creer en frases como que “la mayoría es el que tenga más, pero puede cambiar cuando tenga menos”; que “una clara mayoría se puede revertir cuando se ejecutan acciones que la hacen cambiar”; además que “el aumento de sueldo es para compensar la inflación, pero que también la incrementa” y que “sí no es hembra, será varón” dicho en la sala de partos de la Maternidad Concepción Palacios, es tan inverosímil como dar por cierta la palabra trabajo en la boca de un obrero que nunca trabajó, hablar de compromiso con un sindicalista que vivió de reposo o asegurar que un empresario es traidor a la patria por pretender invertir en el país, mientras lo regalan, lo subastan y lo entregan al mejor postor.

Solo son chapuceros

Ir a las empresas básicas de Guayana (quebrada por este régimen) donde no se produce ni una simple briqueta e insinuar que “sí se puede” expropiar las Empresas Polar para hacerlas eficientes como lo son Vengas, Tropigas, Cemex, Lácteos Los Andes, Abastos Bicentenarios, Conferry, Agropatria o las tierras que en vida pertenecieron a Franklin Brito, es como para terminar de perderles el respeto, si aun alguien se lo tiene, por lenguaraz, desfachatado y estrafalario.
Resultan más sensatos los conceptos emitidos por un personajillo, tira piedras él, que con cara de burro con sueño le dice a la gente que no sabe cómo vive con un sueldo de once mil bolívares, ni como de ahí le paga el sueldo, me imagino que mínimo, a la niñera de sus vástagos, y que por eso debe pedir colitas, para ir un momentico a Brasil, a comprar papel higiénico, servilletas, champú y enjuague.
Es que este insigne sociólogo, supuesto protector de una entidad gobernada por la oposición y que además es candidato a parlamentario por el PSUV, es el claro ejemplo de lo chambón, inepto y torpe que se puede ser y que de su mano la economía (él hace magia con 13 dólares), la sociología (se supone que se graduó de tal) y la política (él dice serlo) se aproximan a la quiromancia, la adivinación y el sortilegio.
Otro chapucero es el alcalde de Caracas. Aquí todo funciona tan bien, mejor que el reloj suizo que usa, que le queda tiempo para dedicarse a ser jefe de campaña del PSUV, hacer consultas de psiquiatría en los programas de Nicolás Maduro, tener su propio espacio en el Canal de Todos los Venezolanos en el que pretende poner en un diván a la política venezolana (quizás para emular a su maestro Edmundo Chirinos en eso del diván) y que deben ser las causas de las ojeras que se gasta.

Con otra correlación

Si en algo son expertos estos delincuentes que desgobiernan a Venezuela es en exigirles a los demás que hagan lo que ellos no son capaces de hacer: quieren una oposición demócrata, respetuosa de los resultados electorales, atenida a las normas y las leyes, que vea al árbitro electoral como unas carmelitas descalzas, aunque ellos se comporten como unos tiranos, irrespeten los resultados (porque eso de dejar asumir los cargos para después quitarle competencias, destituirlos y nombrar un gobierno paralelo, no es respetar la decisión del pueblo), usen la constitución, las leyes y los reglamentos como una plasta de niños, no sé si todavía se llama plastilina, que estiran a su antojo (inician un proceso de nombramiento de magistrados por si acaso se producen jubilaciones extemporáneas) y que usa al Poder Electoral como un apéndice del partido de gobierno.
No es un secreto que ni la cementera ni las otras fábricas ocupadas por el ejecutivo están inoperantes, quebradas, generan pérdidas, dependen de los subsidios gubernamentales e incrementaron la nómina estatal. Debemos cambiar la correlación de fuerzas políticas para poder exigirles, como empleados que son, que trabajen. En nuestras manos está que este diciembre sea el preaviso de esta cuerda de vagos.
Llueve… pero escampa

viernes, 10 de julio de 2015

Se les acaba el juego

Miguel Yilales
@yilales
Desde hace algunos años vivimos una guerra para apoderarse del trono. Todas las facciones se enfrentan, confrontan y conspiran para hacerse con el poder y someter a los demás. Que se imponga la voluntad del ganador y que todos, rodillas en tierra, entren por el aro. Para eso asesinan, tratan inhumanamente al otro y llegan a la tortura, lo cual nos asemeja más a las intrigas de la serie de HBO “Juego de Tronos” que a una república democrática.
Es que aquí vivimos una sangrienta realidad, cargada de violentas luchas dinásticas desde que un militar felón intentó derrocar al gobernante de turno, para luego llegar al poder y desde ahí desmontar la institucionalidad, la soberanía y la separación de poderes, por cierto fechoría que le fue permitida por quienes debíamos servir de muro de contención: los ciudadanos, los partidos políticos, los tribunales, la Iglesia, los empresarios y los sindicatos, es decir, todos menos los militares porque siempre he creído que su función no es controlar la constitucionalidad y mucho menos ser el “gendarme necesario” de Laureano Vallenilla Lanz.
Y para demostrarlo les comentaré sobre el reino, la realeza y la corte boliburguesa que se incoó en el trono desde 1998, con la única diferencia que carecían de los atributos que deben tener quienes presiden una república o un reino: dignidad, soberanía, magnificencia y grandiosidad.

Un reino de pacotilla

Al momento de asumir la presidencia por la vía electoral, maniobró para hacerse con todo el poder, al extremo que en su agonía pidió que un sumiso y obediente castrocomunista heredara el trono. Una abdicación, al mejor estilo cubano, por eutanasia de Estado.
Pero el heredero, quizás por inmadurez, no quiso quitarles los privilegios a las hijas del muerto viviente, bueno no a todas porque hay una que trataron de retirarle las escoltas y que engulle el mismo pellejo que le venden a los plebeyos en los mercados chavistas, según se desprende de las declaraciones de una de las consortes que tuvo el difunto.
En todo reino hay un médico de cabecera y este no podía ser la excepción. Las leyendas urbanas le atribuían a un loquero haber atendido a todos los presidentes de la IV y parece que en la V también lo contrataron. Al ir preso, luego de ensangrentar el diván, lo reemplazaron con un discípulo, que debió ser alimentado con teteros piches y bilis, si consideramos su resentimiento, odio y animadversión. Es que en su ignorancia entienden que lo de cabecera es por la necesidad de atención en la mollera.
Tenemos hasta consorte real, que por cierto lleva los pantalones familiares (no me refiero a las confesiones de Nicolás, sino al ajuar oficial que denota una falta de glamur según los calificados dictámenes de Carolina Herrera y Titina Penzini), quien junto a hijos, nietos, hermanos, hermanas y primos viven como si hubiesen nacido en cuna de oro y conforman lo que hoy conocemos como la Casa de los Flores, al más puro estilo de los Borbones, los Grimaldi o los Hannover.

Bufones y comparsa

Por supuesto que en este reino no pueden faltar los que se disfrazan, actúan y hacen morisquetas, personajes que creen divertir pero son un hazmerreír: los bufones. Entre ellos destaca uno que se disfraza con casaca militar y usa un garrote de goma para intimidar. Recientemente le diagnosticaron una extraña enfermedad denominada DEArrea, que lo pone de chorros a coliseo, y que solo calma con dosis de Shannon en pastillas, suspensión o en supositorio.
Claro está en este feudo no hay caballeros de armadura, gladiadores o guerreros dispuestos a combatir. Lo que sobra es un regordete cuerpo de baile con estrellas, galones y soles que aplauden al ritmo de unos improvisados cantantes y están prestos para desfilar en el Sambódromo en que convirtieron el Paseo de Los Próceres con una comparsa “revolucionaria, antiimperialista, socialista y profundamente chavista”.
Esto ya no parece un país y se asemeja más a un reino en el que las diferencias, las desigualdades y los contrastes son cada vez más evidentes entre quienes detentan el poder y sus gobernados, que son tratados como súbditos. El problema es que estos reyezuelos del siglo XXI creen, como también lo hacían Luis XVI y María Antonieta, que el poder es eterno y que los ciudadanos, responsables de controlar a sus gobernantes, no van a despertar y reclamar, aunque por los vientos que soplan el capítulo final de nuestro Game of Thrones está a la vuelta de la esquina.

Llueve… pero escampa

miércoles, 14 de mayo de 2014

Los iluminados del desastre y la destrucción

Miguel Yilales
@yilales
En el país el sincretismo es parte de la cultura. Desde el proceso de conquista y en especial desde que se iniciaron las primeras olas de negros provenientes del África.
Toda esta historia de sincretismo viene a cuento porque nosotros desde la época colonial hasta nuestros días hemos conciliado lo disímil. Así tenemos que se va a misa pero se lee el horóscopo o se estudia académicamente pero se cree en lo esotérico.
En la política criolla se ha creído en pipas ensalmadas o en pepas de zamuro, hay quienes se dicen herederos de salteadores de caminos y otros que señalan que por sus venas hay linaje del Libertador.
Un sector de la oposición, en esa búsqueda de su tabla de salvación esotérica, decidió creer que las predicciones de un supuesto profeta. Y en esto el régimen no se podía quedar atrás.
A pesar que en sus filas hay personas dedicadas a la quiromancia, esoterismo, predicciones, misticismo y hasta la nigromancia (aunque parece que la conexión es muy mala), decidieron que personajes importantes empezaran a incursionar en estas lides.

Las Moiras de la revolución

En la película “Hércules” de Disney, aparecen las Moiras, personificaciones del destino en la mitología griega. Son tres mujeres horrendas, ancianas y deformes, con un ojo que comparten entre ellas. En nuestra historia este trío amorfo, terrorífico y decrépito es masculino.
Las tres Moiras chavistas, decidieron ponerse sus túnicas rojas y explotar sus atributos: Cloto es quien hila la hebra de vida con una rueca y un huso; Láquesis mide con su vara la longitud del hilo de la vida y Átropos quien corta el hilo de la vida y elige la forma y el momento en que debe morir cada hombre.
Así tenemos que un militar felón, atrabiliario, devenido en millonario empresario, con hijos con aspiraciones artísticas así no sepan cantar aunque el dinero lo puede todo, resolvió demostrar sus dotes como iluminado y le ha dado por desentrañar todas las conspiraciones que del más allá le puedan revelar. Es por eso que ha descubierto quienes son los conjurados, cuales son sus planes, a quienes van a despachar para el otro lado. El va tejiendo las historias más inverosímiles y sin empacho involucra hasta los más inocentes.
El siguiente es un médico psiquiatra, manipulador, perverso, que en cada intervención pareciera excitarse cuando está cometiendo actos de crueldad en otra persona, que no tiene recato en manifestar su animadversión contra un dirigente opositor y espetarle que le cae malísimo. Este frenópata, aunque él debiera ser objeto de estudio para sus colegas, le ha dado por determinar el futuro de las personas, del país, de la revolución. Y no se percata que puede terminar como el rector que lo graduó.
Y finalmente el más perverso, el más despreciable de todos, y no es precisamente el personaje trompetista de un programa televisivo, es el que corta los hilos de la vida. Un siniestro militar que ataca campamentos de estudiantes, que arremete contra las universidades, que usa la fuerza policial de manera brutal y que emplea metras para eliminar a opositores, perdigones disparados a quemarropa para desfigurar, gas del bueno para asfixiar a la sociedad.

No adivinan, ejecutan

Lástima que estas moiras chavistas no usen sus dones para explicar porque hay tales niveles de escasez y desabastecimiento en un país con una de las reservas petroleras más importantes del mundo; por qué en Guayana con uno de los sistemas de generación hidroeléctrica más significativo del mundo se va la luz; por qué en Caracas y en otras ciudades del país hay racionamiento de agua; por qué luego de estar diez años promocionando el uso de bombillos ahorradores, un guiso implementado por el infalible comandante, ahora hay que cambiarlos por led por ser menos contaminantes.
Es así que saben que van a haber asesinatos selectivos antes que ocurran, que van a alzarse militares antes que agarren los fusiles, que los paramilitares aparezcan financiados antes que los financien, que van a secuestrar gente antes que los secuestradores estén interesados por ellos. Para ellos la fortuna se construye sobre los cadáveres de sus enemigos, que por cierto son venezolanos.
Es que en este sincretismo a tres maulas, delincuentes, forajidos, bandidos y holgazanes les ha dado por convertirse en los oráculos de la destrucción que es esta revolución: adivinan lo que les da la gana y cuando no las pegan, las ejecutan para que se cumplan.

Llueve… pero escampa