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domingo, 7 de mayo de 2017

En esta tierra de desgracias

Por Miguel Yilales
@yilales
Cuando era más joven, entendiendo que la juventud es una actitud y no cuestión de edad, podíamos jugar en la calle, salir en patotas de amigos, caminar sin mayores peligros, ver televisión y esperar cada fin de semana para las reuniones familiares. Es que en esa época era casi que religioso que los domingos nos reuniésemos las familia en torno a la mesa para compartir un humeante plato de sopa (que siempre aceptaba más agua para nuevos invitados) o tener simples encuentros para jugar pelota de goma, un pisa y corre, al escondido, tonga, quemado o algún juego de cartas. Tradiciones vetadas a la muchachada de hoy por la instauración del terror como política de Estado.
Idi Amin, Mao, Stalin, Franco, Castro, Hussein, Ceaucescu, Mugabe, Pinochet, entre otros, entraron a los libros de la historia por su forma de tiranizar. Para ellos era necesario sembrar un ambiente de terror que les permitiese reducir a los ciudadanos a simple pueblo. Por eso es que Chávez siguiendo a estos mentores instauró el miedo para poder implantar una la oclocracia, que posteriormente fue consolidada, por Maduro, en una tiranía cleptocrática.
Creer que se está vivo porque se respira, el corazón palpita y los órganos cumplen sus funciones es asumir como válido el silencio para sobrevivir a unos delincuentes, que lo único que les ha importado es perpetuarse en el poder sobre los cráneos y osamentas de aquellos que han eliminado, y que es suficiente con aspirar a que la ruleta del destino, que giran los esbirros del régimen, le toque a los demás.
Venezuela no es Ruanda
En nuestro país no hay vida. Ni diurna ni nocturna. Atrás quedaron los bulevares y los centros comerciales para salir a pasear; una buena bailada en algún local nocturno o que los estudiantes pudiesen calmar la sed con heladas cervezas ¿Quién no bebió algunas al salir de clases?; mucho menos asistir a una función de cine, teatro o una inocente excursión por parques o tan siquiera por el Ávila.
Los venezolanos ni siquiera podemos estar tranquilos en nuestros hogares o fuera de ellos, en especial en esta época de protestas ciudadanas en contra de una de las peores y más crueles dictaduras que hayamos vivido, porque debemos esquivar los proyectiles disparados por los funcionarios policiales al aire(en algunos casos al de los pulmones o a la tráquea de un manifestante) o dormir con máscaras antigases no vaya a ser que a algún comando militar se le ocurra fumigar las residencias marcadas como opositoras, con lo cual demuestran que no sólo usan las técnicas de la propaganda goebbeliana sino que reeditan las prácticas nazis por el solo placer de asfixiar a niños, jóvenes, adultos y ancianos.
Es que para los que desgobiernan al país no hay mayor onanismo que gasear una escuela, una iglesia, una clínica o disparar potentes granadas directo a la cabeza o a la humanidad de quién se muestre contrario a la revolución chavista, pues les tiene sin cuidado asesinar, aniquilar o exterminar, como ha ocurrido con casi medio centenar de ajusticiados en un mes de protestas. Así como algunos alertaban que el país se estaba cubanizando y había quienes alegaban que "Venezuela no era Cuba", hoy nos estamos ruandanizando aunque algunos no sepan qué pasó en la fratricida masacre de Ruanda.
A todos nos puede tocar
Eso de qué hay que agradecer cada mañana por despertar con vida es una cruel realidad. La lapidaria frase pronunciada por el hijo del poeta (de pésima oda) de que la víctima "pude haber sido yo", prueba de que Dios castiga sin palo y sin rejo, o la tardía indignación de Dudamel por la innecesaria muerte de un joven músico cobran vigencia porque desde hace mucho tiempo los venezolanos cuando salimos desconocemos si regresaremos y en caso de volver si llegaremos a ver el amanecer.
Es que si no nos agarra el chingo, nos coge el sin nariz: si no son los delincuentes, son los colectivos; si no son los colectivos, son los policías; si no son los policías, son los GNB y si no son los GNB, son los delincuentes, a fin de cuentas un círculo formado por bestias de la misma recua que abundan en esta tierra de desgracias en la que: un dictador se cree demócrata, los esbirros juran que las torturas son justas, los delincuentes pueden llegar a magistrados, el ministerio electoral no organiza elecciones legales sino las ilegales que ordena su amo y conviven unos militares que compraron toda la rifa para una estadía eterna en La Haya.

Llueve... pero escampa

domingo, 7 de agosto de 2016

Que nos coma el tigre

Por Miguel Yilales
@yilales
Sí a los norteamericanos, en la década de los 50 del siglo pasado, les hubiesen dicho que Ronald Reagan llegaría a ser presidente de los Estados Unidos, y que por ende comandaría a los militares de esa potencia, la carcajada hubiese sido la respuesta. Similar actitud hubiesen asumido mis padres y los de mis coetáneos sí en la radio y la televisión algún locutor de moda les hubiese espetado que el tema musical del momento terminaría convertido en política de Estado.
Es que el chavismo, con esa depravada y demoníaca triada que conforman: el fantoche que la encabeza, el teniente–capitán que inventa chismes cooperantes y el loquero que está de diván, les ha dado por convertir una divertida canción en política de Estado: es que si la oposición se sube en un árbol, ellos se suben en el árbol; si a la oposición les da por subirse a una loma, ellos se montan en la loma; si la oposición se lanza al río, ellos se meten al río; y si la oposición se sale del río y se mete en su casa, ellos se salen del río, invaden la casa (o la expropian) para poner la cosa bien fea.
La carrera de obstáculos en que se ha convertido hacer política en el país es como oír a La Faraona, Lola Flores, cantando “tú lo que quieres que me coma el tigre”. Lo insólito de esta actitud perversa, pero harto conocida en este gobierno, es que descubrimos que el tigre que nos persigue está vetusto, desdentado, desmemoriado, errático y con pereza intelectual.
Viejos, desdentados y cansados
Fíjense que el régimen se inventó un improvisado templete en el Panteón Nacional, de esos que los gobiernos de la democracia civil no hacían por respeto a la majestuosidad del recinto, que lo presidió, en manga de camisa, el primer indocumentado nacional (calza en todas las acepciones del diccionario: no presenta documentación que diga que no lo es; no da algún testimonios que pueda ser tomado por válido y no tiene arraigo ni respetabilidad) para presentar a los peligrosos y feroces felinos que destruirían a la oposición.
Ver a un inefable personaje proponer la disolución del Asamblea Nacional, quizás porque vio la maldad en los ojos del presidente del parlamento y en eso de descubrir verdades oculares él ha acumulado experiencia desde el testigo estrella o que el voluminoso y engominado abogadesco, quien debiera ser nuestro representante en salto con garrocha en los juegos olímpicos, negase la disolución parlamentaria pero propusiera cárcel a los diputados, nos demuestra cuán desesperados están para recurrir a estos aciagos y cusucos interlocutores.
Pero no conformes con eso el defensor del pueblo, que en esa área tiene materias pendientes, se le ocurrió aseverar que, en los primeros 10 años de la democracia, los adecos habían exterminado la dantesca cifra de 5 mil personas, olvidándosele el detalle que eran combatientes alzados en armas contra el gobierno legítimamente constituido y que él, ya en el cargo, nunca ha calificado de dantesco los 25 mil muertos del año pasado, será por eso que en ese mismo acto fue juramentado como ministro de la seguridad a un general al que no se le divisa el honor por ninguna parte.
Listos para alimentar a las fieras
Es que los argumentos para inhabilitar a la oposición se han vuelto demasiado predecibles, pueriles y hasta baladíes: si se solicitaba el revocatorio en enero hubiesen dicho que era extemporáneo porque el heredero de la abdicación decembrina había comenzado su reinado bolivariano en abril y si se esperaba hasta abril, como ocurrió, entonces calificarían a la oposición de poco diligente; sí se recogían solo las firmas necesarias, entre las que anularon, los infiltrados que dieron datos falsos, los que usurparon la identidad de otro y los que fueron a más de un sitio a validar, no se hubiese activado por la cantidad de excluidos; sí se recogían más firmas de las necesarias, como se hizo, dirían que fue porque pusieron a firmar a los muertos y a los niños; y sí se recababan más de un millón de firmas nunca las dejarían a validar porque solo colocarían captahuellas para 400 mil firmas.
Semana a semana la crisis de gobernabilidad se hace más evidente en el país y quienes llevan las bridas de la nación juran que los venezolanos aceptaremos que se vulneren todos los estándares de legalidad porque nos esconderemos, por miedo, antes que nos coma el tigre, sin percatarse que estamos hastiados de las marramuncias, abusos y arbitrariedades del Socialismo del Siglo XXI.
Llueve… pero escampa

domingo, 13 de marzo de 2016

De maduro a podrido

Por Miguel Yilales
@yilales
Así como nuestro idioma tiene sus dificultades así mismo ocurre con la política venezolana. Aquí la polisemia (varios significados para una misma palabra) aplica por igual para el español y para el desempeño público.
Aquí existe un órgano que tiene la responsabilidad de la investigación penal y que bajo su égida actúan los acusadores pero que discrecionalmente inventa cargos a los inocentes para mantenerlos tras las rejas y prudencialmente se hace la vista gorda ante lo que se conoce como notitia criminis porque nadie denuncia y si hay denuncias las desestima por infundadas, en especial, si es contra los capos del partido al que pertenece la jefa de ese despacho.
Basta con revisar la memoria y cuenta que presentó la fiscal ante la Asamblea Nacional, aunque por las cifras maquilladas pareciera un cuento de memoria, para ver que hace tiempo abandonó lo que son sus funciones. Fíjense que en la masacre ocurrida en Tumeremo, primero negada por el gobernador Francisco Rangel Gómez y luego tildada de show politiquero por los diputados oficialistas, no se inició la investigación hasta que se puso color de hormiga.
El heredero arruinado e indocumentado que dirige los destinos del país, en uno de sus actos de populachería barata dijo que investigarían lo ocurrido en Tumeremo por lo que militarizarían la zona, con lo cual ya se sabía que no investigarían nada y que los militares por analfabetismo funcional contaminarían la escena del crimen.
CSI militar
De lo primero, ya el defensor que actúa como fiscal dijo hacia donde van las primeras pesquisas: hay unos colombianos involucrados. De ahí seguirá la estructura argumental y polisémica del régimen: colombiano significa que son paramilitares; por esas interpretaciones chavista paramilitar es clara alusión a Álvaro Uribe; involucrar a Uribe es decir Barack Obama y la derecha internacional; Obama renovó el decreto contra los funcionarios corruptos aunque para el régimen es contra Venezuela (será por la gran cantidad de chavistas involucrados) para ocultar la masacre que hicieron los marines junto a la oposición apátrida que apoya el decreto. En conclusión la culpa de la masacre es de la oposición.
De lo segundo valdría preguntarse ¿qué sabe el burro de pasta de dientes si lo que come es pasto? Una cúpula militar (parece que este término les contraría aunque lo aplican para la iglesia, los partidos políticos y los sindicatos) que desconoce las mínimas normas de investigación policial más allá de lo que hayan visto en las series de televisión, no investigará sino que empastelará todo en la zona. Sus primeras actuaciones así lo demuestran: atacan a los familiares de los desaparecidos y no a los que perpetraron los hechos.
¿Quién en su sano juicio le diría a los nazis que investigaran el genocidio? ¿Alguien puede creer que este cuerpo militar investigará los intereses del gobernador (que es general), que saludan militarmente y le rinden cuentas? Un régimen totalitario que resucitó el delito de difamación e injuria para perseguir políticamente a los periodistas (su última víctima es David León Natera y El Correo del Caroní) ocultará, negará y encubrirá cualquier información que lo pueda salpicar.
A botar lo inservible
Desde hace años (Chávez aún vivía) el ejército bolivariano (en minúsculas por como ha sido su actuación) fue encargado de la custodia militar del sur del país luego de que existiesen innumerables denuncias contra ese cuerpo que el honor se encontraba en las divisas que pudiera manipular y por su actuar pretoriano desde 2002, pero nada cambió en la zona: la minería ilegal continuó, las mafias ilícitas dirigidas desde la cárcel de Vista Hermosa (un oxímoron para el antro carcelario de Ciudad Bolívar) resguardan a los ciudadanos con calcomanías con la imagen de Nelson Mandela, el contrabando de oro y piedras preciosas a la orden del día y las desapariciones extrajudiciales como sistema paralegal. Es decir otra polisemia política.
Estamos ante unos desalmados que prefieren ver morir a todos los venezolanos antes que llevar a juicio a los responsables de los desmanes que se han cometido en nombre de este bodrio de revolución, que dicen gobernar para todos aunque eso signifique solo para ellos y que les parece sano jugar con la esperanza de la gente. Cuando las cosas entran en proceso de descomposición, huelen mal, no sirven y la solución es botarlas y en Venezuela ya la situación pasó de Maduro a podrido.
Llueve… pero escampa

domingo, 20 de septiembre de 2015

Torquemada se quedó pendejo

Por Miguel Yilales
@yilales
Desde que Arturo Uslar Pietri puso en circulación la muy castiza palabra pendejo para definir a los venezolanos, hasta la Real Academia Española ha cambiado el orden de las acepciones de la misma. Es que para Uslar los venezolanos, en su mayoría, éramos honestos, aunque serlo no le significase recompensa alguna pero sí el remoquete de pendejo.
Lo que nunca se imaginó ese pendejo, lo digo porque fue de los pocos sentenciado por peculado (1946), es que su expresión fuese a definir el futuro de los nacidos en este país por los siguientes 25 años, por eso: se eligió a un golpista como si fuese un demócrata, se defenestró a quienes estaban preparados para gobernar y se impuso a una caterva de militares incompetentes, y se dilapidó un billón de dólares (un 1 y agréguele 12 ceros) para construir un bodrio llamado revolución que nos dejó como colonia de un isla en la decadencia.
Es que luego de 17 años, desde que caímos en este marasmo llamado chavismo, llegamos al nivel en que nos creemos cuentos como el de la iguana eléctrica, la guerra económica, páginas web y casas de cambio que manipulan el valor de la moneda, bachaqueros (estraperlistas) que se llevan la comida o que la escasez del papel higiénico es porque comemos más.
De esas cosas inentendibles esta el porqué no cobramos los triunfos electorales cuando los obtenemos, cómo el parlamento en lo que va de año solo aprobó 2 leyes (una de ellas la habilitante) y menos aun que se designaran a degenerados, crápulas y tarambanas para dirigir los poderes públicos (en minúsculas) como si fuesen probos, decentes y honrados funcionarios.

Culpables sin pruebas

Resulta que en días recientes el joven Marco Coello, preso político de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, decidió ser dueño de su destino y se fue del país, para evitar que sin pruebas, sin derecho a la defensa y sin debido proceso, fuese culpado y sentenciado. Al llegar a su destino, se presentó ante un canal de noticias (no usó capuchas, ni se valió del anonimato de los “sapos” cooperantes bolivarianos) y denunció las torturas, los tratos crueles, los martirios, los vejámenes y el daño psicológico al que fue sometido por parte de los cuerpos de seguridad del Estado venezolano, para que se declarase culpable e inculpara a otros en los hechos acaecidos en 2014.
Lo insólito es que ante tan graves denuncias, el bardo que dice defender los derechos de los nacidos en esta Tierra de Gracia, aunque hubiésemos querido que lo hiciera mejor que como rima sus mediocres versos, decidió no pararle porque era más importante saber las razones por las cuales un órgano policial municipal llegó tarde a un incendio. Parece que en sus años de infancia nunca se enteró que las llamas son extinguidas por los bomberos y no por la policía.
Es que a este farsante de la legalidad, que usa las leyes como si fuesen la vaselina que empleaba antes de irse al gimnasio y que luego debían retirarles sus colaboradores a punta de manguera, luego de venderse como paladín de los DDHH le interesa más su activismo partidista y perseguir a la Policía Municipal de Chacao que descubrir porque los bomberos (administración central) llegaron al incendio después que la policía o el porqué en esa casa de retiro (también adscrita al gobierno nacional) había pacientes amarrados, lo cual dificultó el rescate por parte de los vecinos, quienes con baldes de agua, extintores y cobijas combatieron el incendio junto a los policías.

Una poética desgracia

Así que si ante algo tan elemental se investiga lo que no es, supongo que en este momento debe estar a punto de demostrar como Coello golpeaba su cabeza con los puños de los policías para martirizarse, se bañaba con gasolina para extorsionar a los órganos de seguridad por el buen trato que le daban o se negaba a comer y beber los suculentos manjares que le preparaban para que se perdiera la comida como parte de la guerra económica, con lo cual solo seguía las instrucciones de sus jefes: López, Uribe y Obama.
Durante la Inquisición española, en la que fueron quemadas más de diez mil personas y un número superior a otras cien mil sufrieron penas infamantes (según Juan Antonio Llorente, primer historiador del Santo Oficio), hubo un hombre que se destacó por su crueldad y fanatismo al servicio del poder, nunca imaginé que sobre la faz de la tierra pudiese nacer alguien tan perverso, malévolo y desgraciado que dejase a Tomás de Torquemada como un pendejo.

Llueve… pero escampa