martes, 19 de abril de 2016

A trabajar, vagos del caraj…

Por Miguel Yilales
@yilales
Desde muy pequeño aprendí a bailar con los acordes que interpretaba, arreglaba y componía un dominicano que nunca renegó de sus orígenes pero que se sentía más venezolano que cualquiera de los que hoy reniegan de su lugar de nacimiento. El maestro Billo Frometa hizo bailar (y aun lo hace después de su muerte) a todo un país. Tanto en Venezuela como en Canarias, Barranquilla, Santa Marta y, hasta en Cucutá, hablar de Billo es hablar de fiesta.
Nicolás Maduro como venezolano que dice ser, aunque la duda siempre asalte por su recurrente negativa a mostrar su partida de nacimiento y a la diversidad de lugares donde dicen que nació, debió haber bailado y escuchado, en esas tardes y noches que se fugaba de clases (dicho por él) para divagar sobre el mundo real al lado de una rocola, muchas guarachas, pasodobles, merengues y hasta boleros de la orquesta de Billo.
De seguro más de una de esas canciones le hizo una impronta, que definió lo que sería su devenir futuro. De ahí puede venir parte de su afición para tocar instrumentos de percusión, aunque diga que lo aprendió en Cuba, cuando lo enviaron a adoctrinarlo y escuchaba salsa o tal vez le agarró el gusto por coger un autobús y hasta conducirlo por aquello de conocer las maravillas que describían, lo que sí es innegable es que la animadversión al trabajo le vino de escuchar a Cheo García interpretando “La flor del trabajo”.
Vagos por convicción
Una especie de reposero, vago, sin vergüenza que siempre decía que comenzaría a trabajar después de la próxima vacación: ni el inicio de año, ni el 6 de enero, ni carnavales, ni Semana Santa, ni agosto, ni la Feria de La Chinita, ni diciembre eran propicios para ponerse a trabajar. Siempre estaba cansado, maltrecho, abatido y pensaba en cómo iniciar aunque se le fuese todo el año sin hacer nada.
Desde que Maduro asumió la presidencia, han transcurrido 3 largos años y parece que su libro de cabecera ni siquiera es El Capital de Marx (que debe haber ojeado alguna vez en su vida) o alguno de los panfletos que le dieron en la isla, y no de Margarita que también tiene su canción, sino esa letra de la Billo que lo debe haber acongojado hasta que la convirtió en política pública.
Un país en crisis, necesita mucho trabajo pero en la lógica madurista es todo lo contrario. Por eso decreta que de la jornada de 40 horas semanales solo se laboren 20 por el pago completo; sí hay un feriado que no se disfrutó que se lo tomen al día siguiente y sí el día libre cae martes o jueves se agarren puentes más largos que el del Lago de Maracaibo. Por esa vía decretó no laborable la Semana Mayor y aun nadie ha explicado cómo se completarán los 180 días de clases o si por medida de gracia existirá una materia que se llame vagancia I, II y III; reposo intensivo o permisología avanzada que complementen la carga académica.
La vagancia obligatoria se ha vuelto política de Estado, se utiliza la holgazanería como instrumento ejecutivo y pareciera desear que el ocio fuese por tiempo indeterminado para concluir las labores del legado de Chávez de destruir al país.
Una guaracha
Desfalcaron el erario público y cuando la Asamblea Nacional investiga, como es su función contralora, el tribunal de la suprema injusticia deja sin efecto las horas laboradas; si la gente sufre por comida y medicinas no es porque el gobierno no ha cumplido sus funciones sino porque hay una conspiración que se los niegan; si a alguien se le ocurre solicitar la ayuda humanitaria por la crisis que vivimos lo dejan con los crespos hechos por que nadie le pidió que hiciese eso.
Son unos estafadores que no trabajan pero le hacen creer a unos incautos, si es que aún quedan y de quedar bien merecido lo tienen, que la culpa de sus desgracias son el imperio, la derecha internacional, los oligarcas y la oposición que se confabularon para destruir a un país que, sin estar en guerra real, se muere de sed, está en penumbras, desfallece por inanición, donde las medicinas son un lujo y la seguridad brilla por su ausencia.
Los venezolanos tenemos que impulsar el cambio político. Se hace necesario dedicarnos al trabajo productivo que nos permita recuperarnos de la marabunta roja que se dedicó a impulsar la pereza, la holgazanería, el reposo, la vagancia, el regalo, el robo y la estafa, y que “La flor del trabajo” vuelva a ser una simpática guaracha y no el himno nacional (único símbolo que no cambió Chávez) que pretende instaurar Nicolás.
Llueve… pero escampa

domingo, 10 de abril de 2016

¿Quién teme al bobo feroz?

Por Miguel Yilales
@yilales
En toda fábula, cuento o historia podemos encontrar una lección gracias a la aparición de personajes que representan el bien y el mal. Desde los Textos Sagrados hasta los cuentos infantiles encontramos a héroes y villanos que nos hacen reflexionar. Entre estos hay uno en particular que destaca por ser maquinador, cruel y vil pero que siempre es derrotado.
Eso de ir a la casa de la abuela de Caperucita y ocupar su lugar solo porque espera el primer descuido para lanzar un zarpazo que acabe con la vida de una inocente; perseguir a los más débiles para destruirles sus humildes viviendas con el simple soplido y pretender usar las pieles de los corderos y ovejas para engañar a los incautos antes de descubrir su verdadera naturaleza solo puede estar en mentes retorcidas, desquiciadas y ladinas capaces de todo para lograr un objetivo.
Que eso ocurra en los cuentos infantiles es normal, el problema es cuando quienes asumen esas características son los políticos. En Venezuela ya tenemos una larga experiencia con estos depredadores en constante cacería para acabar con todo a su alrededor. Aunque entre ellos haya lobos que son bobos porque no engañan, ni asustan a nadie, son inofensivos, faltos de entendimiento, la razón nunca les asiste, están mofletudos, tienen poca agilidad, se muestran torpes al hablar, les da miedo asumir la realidad y su ferocidad generaría carcajadas si no fuese porque caeríamos en lo absurdo.
Ni con contingentes
Imaginen ustedes a un hipotético jefe de Estado que es malo, muy malo, que le da por amenazar a sus coterráneos con meterlos en cintura con todo el poder de las armas y que vive a la caza de una pelea como guapetón y que dice estar dispuesto a defender los logros de su régimen hasta perder la vida (como su predecesor se refiere a la de los demás) aunque a la hora de la chiquita salga corriendo a esconderse bajo las enaguas de un viejo decrépito que está dispuesto a apuntarle, cual marioneta, qué decir y qué hacer.
Ese mismo personaje es el que está presto a enfrentar a los ejércitos del mundo con longevos personajes ataviados con uniformes o regordetes militares que al momento de empuñar el arma apuntan con la culata hacia adelante, no porque desconozcan las partes de la misma sino porque siempre les salen los tiros por la retaguardia.
Contra ellos solo resta esperar porque al final actuarán como un pelotón chiflado al que no se necesita disparar ni un triquitraque. Estos se caen por sí solos, digo por los kilos y no por las sustancias que negocian, les explotan los barcos en los muelles, no despegan los aviones para que no se estrellen y los tanques deben trasladarlos en gandolas amarrados con mecates porque no se han entrenado para lo que es su oficio sino que les ha dado por dedicarse a otras labores menos dignas pero más lucrativas.
Si unos estudiantes protestan por su derecho al estudio les envía contingentes a enfrentarlos; sí unos médicos, profesores, empleados o enfermeros claman por sueldos justos los trata como criminales y sí a los viejitos les aprueban un bono para hacer llevadera su vejez les niegan los recursos para destinarlos a compras superfluas.
Manso como un corderito
Nuestro feroz personaje que aúlla, gruñe y amenaza con desatar la guerra de las guerras si el Imperio o algún extranjero intenta desalojarlo del poder, aunque quienes queremos sacarlo somos más venezolanos que él, es el mismo que hace como el avestruz cuando unos delincuentes le decretan un toque de queda en las barriadas caraqueñas y le toman por asalto comisarías policiales, cárceles y hasta la residencia presidencial.
En Venezuela tenemos años viendo y padeciendo a animales, y no lo digo en sentido peyorativo, que enseñan las garras a lo interno al primer vestigio de protesta pero que se quitan la piel de lobo y quedan convertidas en mansas ovejas frente a los invasores extranjeros, vengan de China, Rusia y, por supuesto, de Cuba.
Salir de Nicolás Maduro y su régimen es imprescindible y para ello hay que ponerle coto al tribunal supremo de (in)justicia, a los rectores del ministerio electoral y a la cúpula militar para que dejen la costumbre estudiantil de esconder comiquitas dentro de los libros y lean, por primera vez, la constitución, mientras tanto el lobo que no es lobo usará a personajes como Escarrá, que dejen su impronta digito testicular, para no escuchar a la gente vociferar, como el cuento infantil, ¿Quién teme al bobo feroz?
Llueve… pero escampa

domingo, 27 de marzo de 2016

Entre herederos te veas (es contigo Nicolás)

Por Miguel Yilales
@yilales
Heredar algo de alguien tiene grandes implicaciones. Las herencias de por sí deben estar ajustadas a un ordenamiento jurídico y cumplir unos protocolos para no afectar intereses particulares. Hay quienes han dejado grandes fortunas a fundaciones altruistas y otros que piensan que nadie en su familia es merecedor a sus bienes y se decantan por su mascota.
Dicen en el refranero popular que “lo que se hereda, no se hurta” y es que los hijos (así sean putativos) terminan copiando conductas y rasgos de la personalidad de los padres. Pero las herencias no solo competen bienes y derechos sino que conllevan obligaciones que otra persona adquirió y de las cuales era responsable.
Por eso es que cuando el moribundo se decidió por uno de los dos delfines, aunque por su comportamiento es innoble compararlos con un mamífero tan inteligente, no solo le dejó el paquete de lo bueno, y para ellos bueno es: la vida de sibarita, gozador, regalado y millonario recién vestido para él y su familia, sino que también le hizo responsable de los desmanes, los robos, del asalto al erario público, de armar a unos paramilitares, de la persecución a los adversarios políticos, de depauperar a toda una población, de los millardos trasladados a bancos extranjeros, de los cárteles que se mueven con el negocio de la drogas y hasta de ese desastre que mientan Socialismo del Siglo XXI y que hace que todos al unísono terminen nombrando progenitoras así estas hayan nacido en lugares definidos o pertenezcan a galimatías fronterizas.
40 y pa’ la cola
Hace algunos años un hombre, que no había nacido en un país, terminó al frente del gobierno e impuso como estrategia acabar con todo aquel que no pensara como él. Los persiguió, los puso a pasar hambre, abarrotó las morgues y exacerbó un lenguaje de odios y confrontación para que los más armados (ellos) sometieran al resto de la población. En su nombre se ejecutó una limpieza étnica, aunque pudo haber sido política, en una guerra cruenta que sesgó la vida a algo más de 100 mil personas (menos que las muertes violentas ocurridas en Venezuela durante estos 17 años).
Por esas actuaciones el líder supremo y eterno serbobosnio Radovan Karadzic fue juzgado por crímenes de guerra, crímenes contra la Humanidad y genocidio. De nada le valieron tener el poder absoluto, ejecutar todas esas acciones por el supuesto bien colectivo, el título de siquiatra, ni las fortunas amasadas en el poder, al final debió esconderse durante 13 años, ocultarse bajo una espesa barba y dedicarse a la medicina alternativa (algo así como la piratería comunitaria), para terminar capturado en un autobús, llevado a la corte y, tras 8 años de juicio, condenado a 40 años de cárcel que a sus 70 de vida es como cadena perpetua.
Claro que uno se imagina que eso le debiera ocurrir a cualquier mandatario que trate de exterminar a la mitad de la población de su propio país, que siembre el odio de unos contra otros, que bajo sus directrices hampones, colectivos y militares actúen con impunidad para sembrar el miedo, que genere el éxodo masivo de connacionales e instaure la persecución política, social y religiosa como política de Estado, y aunque algunos logran escaparse porque antes se los lleva la Parca a la misma paila en que se encuentra Milosevic, Idi Amin, Pol Pot, El Gadafi o Husseim, siempre dejan a un heredero responsable de sus acciones.
A cada quien le llega su sábado
Y es que, en un ejercicio figurativo, pudiéramos visualizar a ese usufructuario escogido bajo la claridad de la luna, con una frondosa barba pintada como el azabache y oculto del largo brazo de la justicia detrás del volante de un colectivo para turistas, aunque para que su evasión y exilio sean más efectivos debiera alejarse de su familia política porque de seguro lo delatarían, ya que es gusta involucrarse con sustancias prohibidas y pueden acabar como testigos protegidos o les da por ser poco discretos al momento de vacacionar y terminen por revelar su disfraz e identidad secreta.
La justicia internacional es lenta y hay quienes creen que nunca los alcanzará o siquiera tocará con el pétalo de una rosa, aunque en realidad está presta para perseguir, a paso de vencedores, a los tiranos (y a los que cumplen sus órdenes) para que purguen sus culpas en esta tierra, como el “Carnicero de Sarajevo”, y sí antes le llega su fatídica hora como al “Arañero de Sabaneta”, a su heredero.
Llueve… pero escampa

domingo, 20 de marzo de 2016

A dar el golpe

Por Miguel Yilales
@yilales
Cada día que transcurre uno no deja de sorprenderse ante tanto disparate revolucionario. Lo que en el pasado fue correcto, de la noche a la mañana, como por arte de magia, se transmuta en una aberración. Lo que era políticamente adecuado se convierte en una atrocidad capaz de acabar con el Estado, sus instituciones y atentar contra la memoria del legatario de los ideales bolivarianos.
De ahí que las reuniones políticas son conspiraciones perversas para los intereses de este disparate llamado Socialismo del Siglo XXI, a pesar de celebrar y vanagloriarse de que su génesis haya sido un fracasado y sangriento intento de golpe de Estado.
Es que nada los detiene al intentar voltear las cosas a su favor, así quede demostrado cuán anaencefálicos pueden llegar a ser. La última idea surgida de esas cavidades craneales vacantes, por no haber sido dotada de masa encefálica, es que hay una conspiración mundial para derrocar a los gobiernos al sur del Río Grande.
La estrategia golpista de la derecha mundial es que mediante tribunales y juicios políticos se destronarán a ese dechado de buenas intenciones, que gobiernan como reyezuelos. Es que el robo, la extorsión, la violación de los derechos humanos, el peculado o el tráfico de influencias son delitos inexistentes si quienes los cometen pertenecen al ñangarado continental.
Cuatreros de la democracia
Según ese guion a Kirchner no la investigan por el extraño “suicidio” de un fiscal que le seguía la pista por sus implicaciones en un atentado terrorista, Evo Morales no es perseguido por estar implicado en tráfico de influencias sino por los xenofóbicos medios de comunicación que no aceptan su origen y la detención de Lula da Silva por estar involucrado en los chanchullos de sus socios en Odebretch es evidencia de la persecución política contra el exmandatario brasileño y su socia Dilma, sin importar la indignación y rabia por las maquinaciones (grabación autorizada por un tribunal y no como las que presenta el capo de los sapos cooperantes) en la que planificaban como evitar el juicio al nombrarlo ministro y que un juez federal (no arrodillado al poder) decidió revocar.
Lo impresionante es que ante estas evidencias, el hijo de la hija de la frontera viva (así llamó Nicolás al lugar de nacimiento de su madre) declarase que toda acción política que intente salir de un gobierno es un golpe de Estado, con lo cual reivindica al primer derrocado con esa estrategia: Carlos Andrés Pérez. Un Pérez acusado, con la inmunidad allanada, sometido al juicio político, destituido y confinado, jamás se le hubiese ocurrido evadir la injusta cárcel con un cargo.
Por eso es que si usted pertenece al 20% de venezolanos (según las encuestas) que aún creen que vamos por buen camino es totalmente lógico que vea que sí se intenta salir de los corruptos, ladrones, narcotraficantes y delincuentes con un acto contencioso estamos ante un golpe judicial, sí les gana las elecciones y el parlamento le es adverso estamos ante un golpe legislativo y sí se le ocurre la vía electoral para desalojarlos del poder, que han usufrutuado por 17 años, es que se intenta un golpe electoral, cuando en realidad los únicos expertos en saltarse la ley para revertir el orden constitucional son ellos que intentaron todas las vías hasta destruir el Estado.
Lo que nos queda
Hay quienes les parece idóneo hacer colas para adquirir lo que no existe; que ven racional que seamos el único país petrolero del mundo que está arruinado; que se creen el cuento de que el fenómeno de El Niño (ocurre en el Pacífico y ahí no tenemos costas) es culpable de que parezcamos baticamellos (un híbrido que no necesita luz, ni agua); que aplauden la firmeza de la cúpula militar que dice estar ofendidas por las agresiones de Obama y presta para defender al país de la guerra económica e imperial aunque en las primeras de cambio adelanten el Domingo de Ramos (lo celebraron el viernes) para vacacionar toda la Semana Santa o que la inseguridad esté tan chévere que un egipcio se salva de los conflictos de su país pero encuentra la muerte en manos del hampa a las puertas de la principal terminal aeroportuaria venezolana.
No tenemos tribunales independientes, no hay una fiscalía que investigue y la contraloría no controla el despilfarro gubernamental por lo que debemos activarnos y dar el único golpe que controlamos: el constitucional, electoral, pacífico y democrático para salir de esta desgracia.
Llueve… pero escampa

domingo, 13 de marzo de 2016

De maduro a podrido

Por Miguel Yilales
@yilales
Así como nuestro idioma tiene sus dificultades así mismo ocurre con la política venezolana. Aquí la polisemia (varios significados para una misma palabra) aplica por igual para el español y para el desempeño público.
Aquí existe un órgano que tiene la responsabilidad de la investigación penal y que bajo su égida actúan los acusadores pero que discrecionalmente inventa cargos a los inocentes para mantenerlos tras las rejas y prudencialmente se hace la vista gorda ante lo que se conoce como notitia criminis porque nadie denuncia y si hay denuncias las desestima por infundadas, en especial, si es contra los capos del partido al que pertenece la jefa de ese despacho.
Basta con revisar la memoria y cuenta que presentó la fiscal ante la Asamblea Nacional, aunque por las cifras maquilladas pareciera un cuento de memoria, para ver que hace tiempo abandonó lo que son sus funciones. Fíjense que en la masacre ocurrida en Tumeremo, primero negada por el gobernador Francisco Rangel Gómez y luego tildada de show politiquero por los diputados oficialistas, no se inició la investigación hasta que se puso color de hormiga.
El heredero arruinado e indocumentado que dirige los destinos del país, en uno de sus actos de populachería barata dijo que investigarían lo ocurrido en Tumeremo por lo que militarizarían la zona, con lo cual ya se sabía que no investigarían nada y que los militares por analfabetismo funcional contaminarían la escena del crimen.
CSI militar
De lo primero, ya el defensor que actúa como fiscal dijo hacia donde van las primeras pesquisas: hay unos colombianos involucrados. De ahí seguirá la estructura argumental y polisémica del régimen: colombiano significa que son paramilitares; por esas interpretaciones chavista paramilitar es clara alusión a Álvaro Uribe; involucrar a Uribe es decir Barack Obama y la derecha internacional; Obama renovó el decreto contra los funcionarios corruptos aunque para el régimen es contra Venezuela (será por la gran cantidad de chavistas involucrados) para ocultar la masacre que hicieron los marines junto a la oposición apátrida que apoya el decreto. En conclusión la culpa de la masacre es de la oposición.
De lo segundo valdría preguntarse ¿qué sabe el burro de pasta de dientes si lo que come es pasto? Una cúpula militar (parece que este término les contraría aunque lo aplican para la iglesia, los partidos políticos y los sindicatos) que desconoce las mínimas normas de investigación policial más allá de lo que hayan visto en las series de televisión, no investigará sino que empastelará todo en la zona. Sus primeras actuaciones así lo demuestran: atacan a los familiares de los desaparecidos y no a los que perpetraron los hechos.
¿Quién en su sano juicio le diría a los nazis que investigaran el genocidio? ¿Alguien puede creer que este cuerpo militar investigará los intereses del gobernador (que es general), que saludan militarmente y le rinden cuentas? Un régimen totalitario que resucitó el delito de difamación e injuria para perseguir políticamente a los periodistas (su última víctima es David León Natera y El Correo del Caroní) ocultará, negará y encubrirá cualquier información que lo pueda salpicar.
A botar lo inservible
Desde hace años (Chávez aún vivía) el ejército bolivariano (en minúsculas por como ha sido su actuación) fue encargado de la custodia militar del sur del país luego de que existiesen innumerables denuncias contra ese cuerpo que el honor se encontraba en las divisas que pudiera manipular y por su actuar pretoriano desde 2002, pero nada cambió en la zona: la minería ilegal continuó, las mafias ilícitas dirigidas desde la cárcel de Vista Hermosa (un oxímoron para el antro carcelario de Ciudad Bolívar) resguardan a los ciudadanos con calcomanías con la imagen de Nelson Mandela, el contrabando de oro y piedras preciosas a la orden del día y las desapariciones extrajudiciales como sistema paralegal. Es decir otra polisemia política.
Estamos ante unos desalmados que prefieren ver morir a todos los venezolanos antes que llevar a juicio a los responsables de los desmanes que se han cometido en nombre de este bodrio de revolución, que dicen gobernar para todos aunque eso signifique solo para ellos y que les parece sano jugar con la esperanza de la gente. Cuando las cosas entran en proceso de descomposición, huelen mal, no sirven y la solución es botarlas y en Venezuela ya la situación pasó de Maduro a podrido.
Llueve… pero escampa

domingo, 6 de marzo de 2016

El Madurazo

Por Miguel Yilales
@yilales
Definitivamente la historia da para mucho. No hay ciencia que no la utilice para conocer como se ha evolucionado. Lo que sí ha quedado demostrado es que para lo único que no sirve es para absolver, como pregonaba el decrépito tirano caribeño, a los responsables de los desastres cometidos.
Resulta que lo que nos han hecho creer como verdad irrefutable pareciera que no lo es. Y a las pruebas me remito. Mucho se ha hablado sobre los saqueos de 1989: que sí ocurrieron porque el pueblo pasaba hambre y por eso salió a las calles; que sí el aumento a la gasolina generó un disgusto popular que los hizo armarse de piedras para rechazar al gobierno de turno; que sí la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez, llamada por sus detractores como “La coronación” por haberse celebrado en el Teatro Teresa Carreño (no en el Palacio Federal Legislativo como era la costumbre) y por el número de invitados especiales que lo acompañaron, incluyendo al sátrapa cubano, produjo indignación, en los menesterosos, por el derroche.
Esa fue la excusa para dar el gran salto, que en nuestro caso fue al vacío, para cambiar las instituciones y refundar un Estado que atendiera a los intereses de todos, entendiendo por todos a las rojas pústulas putrefactas que se apoderaron del poder a partir de 1999.
Nadie se molesta
Cuando se dice que la gente salió a la calle por hambre, no puede uno menos que reírse por lo falaz, aunque los sueldos eran insuficientes para aquellas familias con 5 o 6 muchachos, usted iba a un expendio de comida y conseguía de todo, en distintas presentaciones, de diferentes marcas y nunca esperó horas en largas filas para adquirir los insumos de la cesta básica. Es decir el hambre no generó la protesta.
Al alegar que fue por el aumento de la gasolina, la cual incrementaría su valor mensualmente en 0,25 bolívares de los de antes (Bs. 0,00025 ahora), quedó demostrado que es otro engaño porque este régimen acaba de aumentar la de 95 octanos de Bs. 97 (de los débiles) a Bs. 6000 (6 bolívares de los fuertes, aunque en realidad son enclenques por su poder adquisitivo) y no se incendió la pradera, ni bajó el pueblo como vaticinaban algunos “pronosticólogos”. En otras palabras la gasolina no fue el detonante.
Pensar que fue la indignación por el derroche de Pérez es grotesco cuando vemos que nadie ha derrochado tanto como los dos últimos gobiernos. Aquí se compraron aviones, barcos y armamentos innecesarios; se regaló el petróleo a manos llenas; se donaron plantas eléctricas para otros países aunque aquí vivamos en una oscurana; se construyeron escuelas y casas para atender la crisis de los pobres del continente a pesar que aquí tenemos una sociedad depauperada; además se alzó la voz por los derechos humanos de los tiranos más sátrapas del mundo (Husseim, Mugabe, Al Assad o El Gadafi) aunque aquí se violen a diario. Nadie se indignó o agarró siquiera una peñona para rezongar.
De todo esto se deduce que ni el precio de la gasolina, el derroche, el hambre o la pobreza fueron las causas de eso que se llamó El Caracazo; el único factor distinto, entre el ayer y el hoy, es que quienes promovieron, estimularon y se beneficiaron de las protestas de 1989 hoy están en el gobierno o con el rabo entre las piernas por apoyarlo.
Termina en azo
El sufijo azo según su uso puede tener distintas connotaciones. Cuando los padres le decían a uno “te voy a dar un caraj…”, nada bueno se esperaba; al igual que cuando te amenazaban con darte “un buen …azo”. Igual ocurre en la política: el Porteñazo y el Carupanazo fueron alzamientos que pretendían acabar con el sistema democrático y que fueron dominados por una Fuerza Armada que, aunque no apologizara con ser bolivariana, era institucional; el Fujimorazo, ese golpe de estado que ocurrió en Perú, cuando Alberto Fujimori, amparado en las instituciones corruptas, le dio por desconocer el estado de derecho o el Carmonazo, un error político, que trastocó el logro popular más grande en la historia democrática venezolana.
Nicolás Maduro gobierna al margen de la Constitución, violenta la institucionalidad y usa a su servil, rastrero y ruin tribunal de (in)justicia para mutilar al Poder Legislativo; ser recordado en la historia como un accidente, una tragedia o una desventura es lo que le depara a un régimen que terminará en los libros como el Madurazo: un fracaso en lo político, en lo económico, en lo social, en lo cultural y en nuestra venezolanidad.
Llueve… pero escampa

domingo, 28 de febrero de 2016

Con la piedra afuera

Por Miguel Yilales
@yilales
Cuando queremos ir de un lugar a otro podemos tomar los caminos verdes, esa especie de atajos que sirven para evitar las grandes concentraciones de vehículos. Por lo general al tomar estas vías alternas recorremos más kilómetros, pasamos más obstáculos y nos exponemos a más riesgos pero sabemos que al final llegaremos a nuestro destino. 
En los actuales momentos que vivimos en Venezuela y frente a la crisis institucional que padecemos, la escasez de alimentos que hacen que la gente pelee por un mendrugo de pan, un paquete de harina pre cocida o un litro de aceite de comer, la desaparición de distintas medicinas, pócimas y remedios como para que un niño fallezca luego de convulsionar más de 50 veces en tres días por no encontrar el anticonvulsivo que le recetaron y dado que estamos montados sobre el potro indomable de la inflación que hace que nuestros ingresos sean una mezcla de sal y agua que se desliza entre nuestros dedos, los venezolanos quisiéramos tomar el atajo que nos haga salir lo antes posible de esta pesadilla que mientan Socialismo del Siglo XXI.
Dice la conseja popular que del apuro lo que queda es el cansancio; los italianos recomiendan, por ejemplo, que chi va piano, va sano e va lontano (el que va despacio, va sano y llega lejos) y Bonaparte pedía a sus ordenanzas “vístanme despacio, que tengo prisa”, porque está demostrado que la constancia es más eficiente para alcanzar los objetivos que andar con apuros. Y este axioma aplica para la política.
Con las cartas sobre la mesa
Cuando la oposición ha planteado la imperiosa necesidad de salir de un régimen dirigido por quien no reúne los requisitos mínimos para presidir el Estado venezolano, no es por apuros sino porque tomó consciencia del considerable daño causado y de que ya es difícil reconstruir el entramado social y recuperar el desastre causado en estos 17 años de revolucionaria pestilencia roja.
Estamos frente a un régimen que ha permitido los mayores desfalcos a las arcas públicas, que además ha sido aquiescente para que el negocio del narcotráfico penetrase todos los estamentos del país, al extremo que hay sospechas de narcoministros, narcogoberadores, narcodiputados, narcogenerales y hasta narcosobrinos como para ser considerados un narcoestado, que no les ha importado rematar las reservas petroleras y mineras al peor postor y en las más infames condiciones y que no ha tenido el más mínimo pudor para mostrarse, ante el continente y el mundo, cuan abyectos pueden ser ante los designios del Castrocomunismo. Y un caos así debió ser desalojado del poder hace mucho tiempo.
Sobre la mesa política se han puesto varias cartas para aplicárselas a Nicolás Maduro y sus compinches. La enmienda, el revocatorio, la renuncia y hasta la prueba de nacionalidad se han planteado como escenarios posibles para salir de esa caterva de delincuentes, forajidos y bandoleros que se hace llamar patriotas porque son los únicos que aman a Venezuela aunque no quisiera imaginar cómo estaríamos si la odiaran, de seguro que el mar se hubiese secado y todo el país convertido en desérticos médanos, aunque lejos no estemos de estar así.
Un Estado disfuncional
En esta semana se debiera definir cuál va a ser el mecanismo para desalojar lo antes posible, pero sin apuros, a este gobierno, sin olvidarse que el país va a seguir funcionando de manera disfuncional, es decir, que seguirá el TSJ impartiendo injusticias e inclinando la balanza hacia la hincada rodilla izquierda; que el CNE incumplirá las normas de equidad, no evitará que el gobierno haga peculado de uso, ni cuidará por el equilibrio informativo; el Poder Moral no velará por el debido proceso, continuará con la persecución a los opositores, no controlará el gasto público, inhabilitará al político que considere una amenaza y solo defenderá los derechos humanos de los que piensen como ellos y, por supuesto, los tutelados inquilinos del Palacio de Misia Jacinta en pleno abuso del poder y en el raspado final de la palangana.
Estos son los obstáculos, estorbos y trabas que encontrará cualquier propuesta de la oposición, por eso es que se hace necesario pisar fuerte y constante, dar un paso a la vez y garantizar el éxito que los venezolanos clamamos. Debemos ir sin prisa pero sin pausa y no permitir que por apurados acabemos, como comúnmente se dice, con la piedra afuera por haber atornillado al régimen más oprobioso e infame de nuestra historia republicana.
Llueve… pero escampa