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miércoles, 17 de octubre de 2018

Los genes de la maldad

Por Miguel Yilales 
@yilales
La genética es una disciplina científica seria. Desde que Mendel iniciase su estudio, sabemos que hay rasgos que se transmiten de los padres a los hijos, de los abuelos a los nietos y de generación en generación. Es tan así que en el refranero popular hay muchas menciones a las condiciones heredadas: de tal palo, tal astilla; hijo de gato, caza ratón; lo que se hereda no se hurta; la cabra siempre tira pa’l monte...
Lo cierto es que la herencia da para mucho. Incluso el humorista, caricaturista y periodista Leoncio Martínez escribió un sainete en un acto donde trataba el tema. En su obra teatral “El salto atrás”, llena de situaciones hilarantes, hablaba del horror de una familia venezolana de la época colonial, que se cree con abolengo pero ¡Oh, desgracia!... el bebé de la niña de la casa nació negrito a pesar “de que el padre es alemán y la mamá tan blanca como la nieve”. Desde esa época se comenzó a hablar del salto atrás para referirse, de forma despectiva, a las rasgos no esperados y para contrarrestar a las suegras que torturaban a las nueras con aquello de los hijos de mis hijas mis nietos son, los de mis hijos no sé si son. Es que el legado es el legado.
Incluso hay una disciplina que estudia las influencias ambientales y del comportamiento para explicar la herencia de rasgos y desórdenes del comportamiento en los humanos. Es que así como se hereda lo bueno, de seguro también se puede heredar lo malo.
Delincuentes con poder
Fíjense que hace algunos años tuvimos entre nosotros un pésimo personaje que se jactaba de ser descendiente directo de un cuatrero desalmado (Maisanta) y en consecuencia, en su actuar político y quizás por genética, desfalcó al país como un forajido de siete suelas y es posible que esa sea la causa por la que Jorge y Delcy se hayan dedicado a la misma práctica de su padre para obtener una prebenda porque desde los diferentes cargos ocupados han convalidado y justificado los raptos de Estado.
Antes de estos 20 años sabíamos que los secuestros, como el de Niehous, lo realizaban grupos irregulares y facinerosos con fines políticos o económicos pero ahora es una práctica que ejecutan los propios organismos policiales del Estado en franca violación a las más elementales normas de los derechos humanos. Cuando el régimen detiene sin orden judicial a un concejal, no lo presenta en tribunales en el lapso que corresponde, estando en custodia, por ser más peligroso que Osama Bin Laden, supuestamente se les “suicida” lanzándose de un décimo piso y el certificado de fallecimiento lo rubrica uno de esos que por la cadena de eventos de la defunción de seguro puede ser un buen camillero pero nunca un galeno, se sabe que estamos ante una desaparición forzosa de las que tanto se quejaban los que hoy están en el poder.
O si nos percatamos que un joven venezolano lo confinan 4 años, le difieren más de 56 veces la audiencia de presentación, no le permiten las visitas familiares, lo usan como mercancía de negociación y, cuando las cosas se les ponen color de hormiga, lo liberan de su cautiverio y lo expatrían como una medida de gracia sabemos que vivimos otro episodio de denegación de justicia, de ausencia de independencia de Poderes y de abuso del poder por parte de una tiranía que poco o nada le importa guardar las más mínimas apariencias.
Código genético putrefacto
Es que desde que Hugo Chávez llegó al poder y, ahora que su hijo putativo Nicolás Maduro lleva más de 5 años usufructuándolo, la delincuencia con poder ha estado a la orden del día y se han convertido en prácticas de Estado las desapariciones forzosas, los secuestros políticos, los allanamientos extrajudiciales, la violación a las derechos, la encarcelación sin juicio justo, el ruleteo judicial, las sentencias plagadas de vicios en los que la jurisprudencia del derecho, el Código Penal y la Constitución han terminado enrolladas para ser usadas como papel higiénico. Además ahora debemos sumar el destierro.
Los casos de Lorent Saleh y Fernando Albán son las últimas evidencias de que lamentablemente en Venezuela estamos en manos de secuestradores, delincuentes, mafiosos, contrabandistas, narcotraficantes, violadores de derechos humanos, déspotas, autócratas, asesinos y desalmados que no piensan entregar el poder porque para Nicolás, Jorge, Diosdado, Delcy y pare usted de contar, la maldad está impresa en su código genético desde que irrumpieron en la política venezolana.
Llueve... pero escampa

domingo, 15 de octubre de 2017

Dictadura no sale con votos

Por Miguel Yilales
@yilales
Una de las expresiones más comunes de los últimos años es la sirve de título a mi artículo de la semana. La puedes escuchar en cualquier esquina, autobús o en la barra improvisada de alguna casa de vecino, no importa si se trata de un lego de la política, de un avezado docto o de uno que otro tecnócrata que, por haberse especializado en materias económicas o administrativas, les da por opinar y disertar, con la autoridad de quien usurpa a un numerario en el Palacio de las Academias, de historia, política, medicina, lengua, ciencias, estadísticas y hasta del arte culinario. Lo que nunca aclaran es como es que se sale de ella.
Hay algunos más osados que instan a los demás a “salir a la calle y no regresar hasta que se vaya el tirano” pero a las primeras de cambio dan sus paseíllos por Central Park en Nueva York (ni de lavativa es por el de la Av. Bolívar) porque tienen que educar al mundo y sus alrededores sobre “cómo regresar a la democracia” sin haber aportado nada a la nuestra o por el contrario son los que trabajaron ardientemente para instaurar la tiranía pero visitan Orlando, Las Vegas, Washington, Lima, Buenos Aires y Santiago, con la misma solvencia de un boliburgues, para abonar el terreno que le permita clamar por protección y asilo político.
Productores de VTV
Recuerdo que durante una de las miles de protestas que se dieron este año en Venezuela (venía de tragar gas lacrimógeno aunque en realidad huía de los esbirros y sus prácticas de fusilar a quemarropa), casualmente me encontré a uno de esos comecandela paseándose por estas calles. Él (como muchos otros) es de los que propugnan la salida con sangre, de los que le han prendido todas las velas a San Ejército, Santa Armada y Santa Aviación (no a la Guardia Nacional por su militancia en las filas del Lucifer de Sabaneta y su heredero) para que actúen por ser la solución aunque en realidad sean el verdadero problema, de los que desean que se produzca un estallido social que arrase con el país pero sin que lo afecte a ellos y de los que hacen llamados estentóreos para que los demás boten espuma por la boca pero que no participa en protestas, no marcha ni se sacrifica porque, en su humilde entender, todo lo que no haya surgido de su mente es colaborar con los vendidos de la MUD y su estrategia para atornillar a Nicolás.
Estos críticos son tan arrechos que al oír su habladera de pendejadas, materia en la que se hacen acreedores de un PHD con honores, provoca firmar una petición para que les den un segmentofijoen alguno de los bodrios que transmite el “equilibrado” canal de “Todos los Venezolanos”, actúan como asalariados del chavismo: se quejan pero no protestan, no trabajan pero quieren que los mantengan, llaman a la abstención aunque saben que no aporta a los resultados y desean ser testigos de la implosión de la oposición. Son unos genios de las pistoladas incapaces de reconocer que las acciones politicas nos visibilizaron ante el mundo, que allanó el camino para las sanciones y el enjuiciamiento a los violadores de derechos humanos, el reconocimiento internacional de la Asamblea Nacional y el desconocimiento del parapeto prostituyente.
Hay que construir la salida
Para salir de las dictaduras se requiere que confluyan varios elementos: las ganas, las acciones para deslegitimarlo y lo imponderable. Gómez no salió, a pesar de los deseos de vivir en libertades, que los jóvenes protestaran (surgió la Generación del 28) ni de acciones militares, solo la muerte de El Bagre (a veces la muerte no es la solución y para muestra el último botón) dio paso a las transformaciones, en cambio para salir de Pérez Jiménez se requirió, además de la voluntad de la iglesia, de los estudiantes en la calle, de los políticos en la clandestinidad, de exiliados serios y de un proceso electoral fraudulento, de su huida en la Vaca Sagrada.
Las dictaduras no salen con votos, ni siquiera la de Pinochet, puede ser verdad pero son los votos de los ciudadanos, junto a sus ejecutorias, los que terminan de deslegitimarlos. Si nosotros no entendemos qué hay que obligarlos a saltarse a la torera las normas es porque no hemos aprendido nada de la naturaleza atrabiliaria del régimen. Se vota no porque vivamos en democracia sino porque es la herramienta conque contamos los demócratas, cuál escavadora del Metro, para construir la salida del túnel que nos libere de Maduro, mientras tanto seguiremos oyendo pendejadas.

Llueve... pero escampa

domingo, 24 de septiembre de 2017

La culpa es de “Donal Trun”

Por Miguel Yilales
@yilales
En nuestro país no pegamos una. Siempre que estamos mal, hay algún giro que nos lleva a un peor nivel. Olvídense de Guatemala porque desde que llegó la plaga destructiva del chavismo pasamos a ser Venepeor. Nuestros índices económicos, sociales y políticos nos ubican como lo más pauperrimo en libertades, derechos humanos y ambiente democrático, es decir, Haití tiene más calidad de vida que esta maltrecha republiqueta.
Devastados sin necesidad de estar en la ruta de los huracanes que azotan el Caribe y que a cada rato terminan en la costa norteamericana o en el Golfo de México; destruidos sin que suframos los movimientos telúricos de las fallas tectónicas que van desde Chile hasta California o que tengamos esos volcanes que, de tiempo en tiempo, cubren el paisaje de humo, cenizas y alguna que otra lenguarada de lava.
Cualquier ciudad del país se encuentra llenas de huecos, con puentes cuyas juntas de expansión parecen escalones, con edificios recién construidos que ya están deteriorados, resquebrajados y a punto de desplomarse como consecuencia de haber empleado materiales de quinta (república); parques nacionales, que ni son parques ni son nacionales, convertidos en desérticos espacios como consecuencia de un régimen ecológicamente coprófago. Es que la desolación que se visualiza en las metrópolis que han sido afectadas por desastres naturales es nuestro modo de vida, que los monumentos hayan transmutado en refugios de desahuciados sociales es nuestro paisaje cotidiano y que la gente hurgue en la basura es nuestro pan de cada día.
Busca el culpable
La llegada de Hugo Chávez y sus pichones de dictadores al poder dio al traste con cualquier vestigio de desarrollo, destruyó la democracia que conocíamos para implementar una dictadura a la medida del establishment surgido de una cúpula militarista, corrupta, narcotraficante y delincuencial que no descansaría hasta pisotear nuestra ciudadanía y despilfarró los mayores ingresos que nación alguna haya tenido desde que el petróleo es petróleo.
Pero tempranamente (para muchos tardíamente) lo sorprendió la muerte por lo que la banda que lo acompañó desde 1992 asumió la misión de concluir su legado, de destruir lo que quedase en pie, de subyugar a los venezolanos para que los negreros del siglo XXI (que regentan la isla cubana) dirigieran sus destinos, de subastar el país al mejor postor (estuviese en las estepas rusas o detrás de la Gran Muralla) y de culpar de todos nuestros males a los malucos y perversos gringos.
Luego de 18 años en el poder, de pulverizar todo a su paso, de acabar con el suministro de medicinas, de desaparecer la comida de los anaqueles, de permitir la reaparición de enfermedades endémicas, de construir un narcoestado, de perseguir a todo el que pensase distinto, de transmutar a las instituciones en esperpentos apéndices de la dictadura y de convertirnos en el único país exportador de petróleo que no tiene gasolina para el consumo interno resulta que el responsable es “Donal Trun” (según  Maduro así se pronuncia, necio yo que decía Donald Trump).
Con visión de futuro
No importa si el Despacho Oval ha sido ocupado por 4 norteamericanos distintos, que hayan transcurrido 6 administraciones diferentes o que demócratas y republicanos se alternasen en el poder mientras que aquí se instauraba una dictadura porque quién asumió la presidencia en EEUU desde enero de 2017 es responsable de que el precio del petróleo bajase, de que el proyecto ferroviario se convirtiera en un gran elefante rojo, de que Odebrecht corrompiera a los “inocentes” líderes chavistas, de que se desborde el Lago de Valencia, de que el agua salga marrón por las tuberías, de que el servicio eléctrico sea deficiente, de que tengamos la peor conexión a Internet, de que los sueldos mensuales de los venezolanos equivalgan a una hora de trabajo en EEUU y de que todos los gobiernos occidentales vean con ojerizas a los chavistas porque son tan demócratas como Stalin, Milosevic o Mao.
Es que Trun (mi hijo me dice que es Trump), todo un visionario, le puso el ojo al país desde 1995 cuando una venezolana se involucró en uno de sus negocios y por eso se obsesionó con ser presidente para cobrarse lo de Alicia Machado y de ñapa destruir al Socialismo del Siglo XXI... lo cierto es que todo comunista, que se precie de serlo, siempre culpará a otros de sus ineptitudes e incapacidades y Nicolás Maduro no iba a ser la excepción.

Llueve... pero escampa

domingo, 13 de agosto de 2017

¡Yankee go home!

Por Miguel Yilales

@yilales

En Latinoamérica es muy común denigrar de cualquier cosa que venga de los Estados Unidos de América, en especial si los críticos provienen de esa izquierda trasnochada que perennemente los acusa de todas nuestras desgracias, de todas nuestras desventuras y de nuestro precario desarrollo. “Las venas abiertas de America Latina”, ese seudobíblico texto comunista que escribiese Eduardo Galeano, fue utilizado por muchas generaciones para justificar un odio, que en algunos casos se volvió irracional, contra los norteamericanos y sirvió para aseverar que cualquier acción venida desde el perverso imperio solo buscaba apoderarse de nuestras riquezas.


Por eso es que todos los dictadorzuelos de nuevo cuño que aún pululan en nuestro continente, en especial los que hemos tenido en Venezuela (Chávez y Maduro), les ha gustado amenazar, vociferar y gritar en contra de los yanquis; mostrar los dientes, gruñir y ladrar contra los  presidentes norteamericanos para luego mover el rabo suplicándole por una reunión que los inserte en el contexto mundial, clamar porque les atiendan una llamadita que les lave la cara de dictador y pescuecear por fotografiarse con el gringo de turno que ha estado alojado en la Casa Blanca (ubicada en Washington y no en Nueva York como señaló el orate hijo de Nicolás   Maduro) sin importar si se trataba de Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama o Donald Trump.


El dictador Nicolás 

Son los mismos que ven con malos ojos que los Estados Unidos ataquen al Daesh pero les parece bien que ellos ejecuten ataques terroristas; son los que creen que Corea del Norte tiene el soberano derecho de amenazar a occidente con misiles pero rechazan cualquier acción para controlar los desafueros de Kim Jong-Un y son los que se encolerizan ante cualquier declaración de Trump pero se embelesan con las intromisiones de Castro.


Nicolás Maduro ha violado los derechos humanos de manera sistemática para exterminar a quienes piensan distinto (según expertos de la ONU); eliminó la separación de poderes con el auxilio de unos abyectos magistrados del TSJ y lo poco que quedaba lo subordinó a una ilegal, ilegítima e írrita Asamblea Constituyente cuya única finalidad ha sido la de fungir de Espada de Damocles contra la disidencia opositora porque el convocante ni siquiera un proyecto de constitución, eso que llaman papel de trabajo, presentó y entregó el control de puertos, aeropuertos, aduanas, migración, registros y notarías a los cubanos y además se supeditó toda decisión militar a la aprobación de comisarios castrenses de la isla. 

Ante ese panorama la oposición envió emisarios (porque supuestamente estamos en un contexto globalizado) a alertar sobre la crisis humanitaria que estábamos viviendo, sobre la violación sistemática de derechos humanos, sobre cómo los militares venezolanos (confabulados con grupos paramilitares) atacaban manifestaciones pacíficas, sobre cómo el CNE había vulnerado el sufragio mediante fraudes continuados, lo que conllevó que luego de años, en que no se oía otra voz distinta a la petrochequera chavista, en que el régimen había construido la matriz de que se trataba de una oposición golpista y que la autodeterminación servía para apañar cualquier desafuero, los gobiernos del mundo catalogaron a Nicolás Maduro como lo que es: un dictador.

Bolívar y Churchill go home

Por eso Trump señaló que no descartaba acciones, incluso la militar, para devolver el orden a un país subyugado, invadido por otro nación, rematado a los rusos y a los chinos, en que los militares se han puesto al servicio de una parcialidad política, en que se violan los derechos humanos y que sus ciudadanos son tratados como piltrafas.


Ante esa declaración surgieron voces oficialistas (es lógico) y opositoras (¿Será que lo de las denuncias era una excusa para hacer turismo?) rechazándolas por insolentes y se desempolvaron la onanística frase que “nuestros problemas los resolvemos nosotros”, alternada con el grito ¡Yankee go home! sin importar cuan tiranizados estamos.


Imagínense que sí cuando Bolívar salió de Venezuela a liberar a Colombia, Ecuador y Perú se hubiese encontrado a unos cuantos desaforados gritándole “Bolívar go home” o que a Churchill lo hubiesen recibido los partidarios de Petain, en 1940, con pancartas que dijeran “Churchill go home”, de seguro España seguiría con colonias en América y aún estaríamos subyugados por el III Reich, pero la historia es otra.

Llueve... pero escampa

domingo, 4 de junio de 2017

El Caín del siglo XXI

Por Miguel Yilales
@yilales
Padecer una tormenta y vivir para contarlo no es cuestión fácil. En el libro que relata las desventuras del barco pesquero "Andrea Gail" se representa lo que puede ocurrir cuando concurren los factores para generar una catástrofe: la tempestad de Halloween de 1991 en la que el Huracán Grace confluyó con un poderoso ciclón subtropical, un capitán que no atiende a las alertas meteorológicas sin comprender que no hay nada peor que un marino soberbio, una tripulación que no presionó para abandonar la faena desatendiendo las máximas de la obediencia reflexiva, que se les averiara la maquina de producir hielo para la preservación de la carga porque la fortuna también jugaba y que las ayudas de navegación no se activaran para rescatar a los sobrevivientes (sí es que los hubo).

En Venezuela desde hace algunos años, 19 para ser más exactos, se ha venido conformando una tormenta perfecta, alertada por los más conspicuos analistas y desatendida por los más chapuceros gobernantes: inflación con estancamiento, desabastecimiento de los insumos básicos, despilfarros por la maraña de funcionarios corruptibles, una camarilla de destructores que no atendieron las alertas y que se creyeron poderosos porque otros los adulaban, un salvaje control cambiario que destruyó el aparato productivo y una devaluación brutal que convirtió al bolívar en menos valioso que billete de Monopolio fueron más que suficientes para llevarnos a la hecatombe de sufrir una devastación como si viviéramos una postguerra aunque en realidad es el padecimiento de una plaga equiparable a la suma de la Peste Negra, la Gripe Española y las pandemias que ha vivido la humanidad.
Ladrones y hampones de cuello rojo
Gracias a esta gestión inolvidable (no debemos ni podremos hacerlo) de los más grandes maulas, embaucadores y farsantes que, por desgracia, haya parido esta tierra, aunque de Maduro se tengan serias dudas, en el mundo nos ven con lástima, vamos a otros países en busca de la calidad de la vida que aquí nos es negada, saben que sobrevivimos a duras penas porque los miserables sueldos no cubren la canasta básica y que somos la única nación del mundo en el que unos pocos sinvergüenzas pasaron a disfrutar de fortunas, a pesar de encontrarse en la nómina del Estado y sin ganarse la lotería, porque hicieron jugosos "negocios" con el régimen chavista, lavaron dólares al comprar propiedades que luego remodelaron con muy mal gusto y pactaron con el mismo Belcebú, lo cual los convierte en pequeños demonios sin alma, para conformar empresas fantasmas mientras destruían al país.

Por eso es que en vista de la pérdida del favor popular y ante el clamor, que ya se ha convertido en indignación, de una sociedad que desea salir de la hecatombe chavista, a quienes nos desgobiernan solo les quedó intentar pancadas de ahogados, aunque haya quienes irresponsablemente  justifican y sucumben ante la supuesta genialidad de la propuesta sin percatarse que más que ingenio lo que derrochan es la fuerza bruta (incluida la ilegalidad leguleya), para elaborar una nueva Carta Manga que les permita afianzarse per saecula saeculorum en el poder, eliminar cualquier obstáculo político y de paso extinguir la camisa de fuerza que le impone la actual. Para ello le dio por imponer, saltándose a la torera cualquier vestigio de legalidad con el auxilio de sus sumisos y abyectos poderes públicos, una Asamblea Constituyente que le permitiese ajusticiar a la predilecta hija de Chávez: la Constitución de 1999.
Desalmada y mal formulada

Esa palurda manipulación política, en la que se violan absolutamente todos los derechos humanos, generó que los llamados a defender la patria y sus instituciones se quitaran las máscaras y actuasen con saña contra los ciudadanos que hacen lo que ellos debieran; que los jóvenes nacidos bajo el yugo chavista (los que no sucumbieron al lavado de cerebro) saliesen a hacer valer sus derechos a sabiendas que se juegan la vida en ello y que por fin entendiéramos que para ser libres debíamos confrontar unidos al régimen totalitario y asesino que es el chavismo. Los venezolanos hemos dado muestras de constancia para alcanzar esta victoria ciudadana.

Mientras tanto Nicolás Maduro, por no saber de historia, sigue cavando su tumba con una patraña electoral como lo hiciese Pérez Jiménez hace 60 años y de paso emula al primer asesino bíblico, pero con su propia quijada, para  asesinar a su hermana putativa.
Llueve... pero escampa

domingo, 7 de mayo de 2017

En esta tierra de desgracias

Por Miguel Yilales
@yilales
Cuando era más joven, entendiendo que la juventud es una actitud y no cuestión de edad, podíamos jugar en la calle, salir en patotas de amigos, caminar sin mayores peligros, ver televisión y esperar cada fin de semana para las reuniones familiares. Es que en esa época era casi que religioso que los domingos nos reuniésemos las familia en torno a la mesa para compartir un humeante plato de sopa (que siempre aceptaba más agua para nuevos invitados) o tener simples encuentros para jugar pelota de goma, un pisa y corre, al escondido, tonga, quemado o algún juego de cartas. Tradiciones vetadas a la muchachada de hoy por la instauración del terror como política de Estado.
Idi Amin, Mao, Stalin, Franco, Castro, Hussein, Ceaucescu, Mugabe, Pinochet, entre otros, entraron a los libros de la historia por su forma de tiranizar. Para ellos era necesario sembrar un ambiente de terror que les permitiese reducir a los ciudadanos a simple pueblo. Por eso es que Chávez siguiendo a estos mentores instauró el miedo para poder implantar una la oclocracia, que posteriormente fue consolidada, por Maduro, en una tiranía cleptocrática.
Creer que se está vivo porque se respira, el corazón palpita y los órganos cumplen sus funciones es asumir como válido el silencio para sobrevivir a unos delincuentes, que lo único que les ha importado es perpetuarse en el poder sobre los cráneos y osamentas de aquellos que han eliminado, y que es suficiente con aspirar a que la ruleta del destino, que giran los esbirros del régimen, le toque a los demás.
Venezuela no es Ruanda
En nuestro país no hay vida. Ni diurna ni nocturna. Atrás quedaron los bulevares y los centros comerciales para salir a pasear; una buena bailada en algún local nocturno o que los estudiantes pudiesen calmar la sed con heladas cervezas ¿Quién no bebió algunas al salir de clases?; mucho menos asistir a una función de cine, teatro o una inocente excursión por parques o tan siquiera por el Ávila.
Los venezolanos ni siquiera podemos estar tranquilos en nuestros hogares o fuera de ellos, en especial en esta época de protestas ciudadanas en contra de una de las peores y más crueles dictaduras que hayamos vivido, porque debemos esquivar los proyectiles disparados por los funcionarios policiales al aire(en algunos casos al de los pulmones o a la tráquea de un manifestante) o dormir con máscaras antigases no vaya a ser que a algún comando militar se le ocurra fumigar las residencias marcadas como opositoras, con lo cual demuestran que no sólo usan las técnicas de la propaganda goebbeliana sino que reeditan las prácticas nazis por el solo placer de asfixiar a niños, jóvenes, adultos y ancianos.
Es que para los que desgobiernan al país no hay mayor onanismo que gasear una escuela, una iglesia, una clínica o disparar potentes granadas directo a la cabeza o a la humanidad de quién se muestre contrario a la revolución chavista, pues les tiene sin cuidado asesinar, aniquilar o exterminar, como ha ocurrido con casi medio centenar de ajusticiados en un mes de protestas. Así como algunos alertaban que el país se estaba cubanizando y había quienes alegaban que "Venezuela no era Cuba", hoy nos estamos ruandanizando aunque algunos no sepan qué pasó en la fratricida masacre de Ruanda.
A todos nos puede tocar
Eso de qué hay que agradecer cada mañana por despertar con vida es una cruel realidad. La lapidaria frase pronunciada por el hijo del poeta (de pésima oda) de que la víctima "pude haber sido yo", prueba de que Dios castiga sin palo y sin rejo, o la tardía indignación de Dudamel por la innecesaria muerte de un joven músico cobran vigencia porque desde hace mucho tiempo los venezolanos cuando salimos desconocemos si regresaremos y en caso de volver si llegaremos a ver el amanecer.
Es que si no nos agarra el chingo, nos coge el sin nariz: si no son los delincuentes, son los colectivos; si no son los colectivos, son los policías; si no son los policías, son los GNB y si no son los GNB, son los delincuentes, a fin de cuentas un círculo formado por bestias de la misma recua que abundan en esta tierra de desgracias en la que: un dictador se cree demócrata, los esbirros juran que las torturas son justas, los delincuentes pueden llegar a magistrados, el ministerio electoral no organiza elecciones legales sino las ilegales que ordena su amo y conviven unos militares que compraron toda la rifa para una estadía eterna en La Haya.

Llueve... pero escampa

domingo, 12 de febrero de 2017

El doctor Maduro y míster Nicolás

Por Miguel Yilales
@yilales
La dualidad que puede sentir un hombre en su ser interior y la dicotomía entre el bien y del mal, mezclados en una misma historia, fue lo que inspiró al escritor Robert Louis Stevenson para describirnos, en una lacerante crítica al período victoriano, como en los seres humanos siempre confluyen y están en conflicto el bien y el mal; la respetabilidad externa y la lujuria interna; la honestidad personal y la desfachatez social.
Pareciera que la pócima secreta, de la que hablaba Stevenson en “El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde”, que logra transformar al más vil personaje en un tierno cordero o a un culto doctor en el mayor asesino, ya fue empleada por algunos protagonistas de la política venezolana que, como Jekyll, han sido capaces de separarse de algún vestigio de humanidad (aunque desde hace tiempo sabíamos que no la poseían) para mostrar el lado más maléfico de su esencia (que han manifestado desde 1992) y convertirse en diestros misántropos especializados en las más brutales atrocidades.
Si bien es cierto que entre la ficción literaria y la realidad hay mucho trecho, pareciera que, en los momentos que vivimos, las distancias se han acortado: las comunicaciones instantáneas, los teléfonos móviles, las videoconferencias o los vehículos que no requieren combustibles fósiles eran quimeras propias de la ficción, de los guiones cinematográficos o de las travesuras radiales pero hoy a nadie le extrañan ni les son ajenos.
Cachorros domesticados
De lo que no hay evidencias es que hayan inventado, por lo menos que se sepa, la fórmula que transformaba a Jekyll en Hyde o viceversa, aunque pareciera que a un personajillo de la política venezolana le inocularon, le inyectaron o le dieron a aspirar algún polvo (sin insinuaciones a los florecientes negocios familiares nacidos en revolución) que lo transformó en fútil cervatillo.
Fíjense que desde que Donald Trump ganase las elecciones, y especialmente luego de que asumiera el poder, se acabo la majadería de andar exigiendo alguna derogatoria (el único revocatorio que le gusta) de la orden ejecutiva que catalogaba como una amenaza a unos despreciables políticos y militares chavistas por sus vinculaciones con el terrorismo y el narcotráfico internacional y por violadores de los Derechos Humanos de los venezolanos; no han protestado por el agresivo plan para dejar de depender de inestables mercados petroleros (como el nuestro) ni por las discriminatorias políticas de inmigración que solo han sido refutadas por los propios norteamericanos y por un sistema judicial (independiente) que lo frenó.
Es que para los venezolanos ya era normal saberlo arrastrado y que consultaba todo con el régimen esclavista y bestial que subyuga a la mayor de las Antillas pero eso de ver a un comecandela, revolucionario, socialista, antiimperialista, zamorista y profundamente chavista mostrándose obediente, sumiso, manejable y disciplinado, cual cría canina con el rabo entre las piernas y en búsqueda de unas palmaditas de aprobación de Mr. President Trump, es como demasiado. Tanto que hablaba de los cachorros del imperio para terminar transmutado en uno de ellos.
Remedos de espantapájaros
La realidad es que estamos ante unos déspotas que en la política interna amenazan a la oposición pero en las relaciones exteriores no profieren una palabra altisonante contra el sucesor de Barack (como sí lo hicieron con Clinton, Bush y con el propio Obama); habitamos con unos sanguinarios que aspiran a una escaramuza que devenga en una mortandad de venezolanos que les permita perpetuarse en el poder pero que tiemblan al oír hablar de marines, fusiles, misiles, tanques y cañones gringos así estén en el lejano Oriente; coexistimos con unos tiranuelos y dictadorzuelos que se disfrazan de demócratas pero que no participarían en una elección de la junta de condominio de un edificio de la Gran Misión Vivienda Venezuela para no quedar después de la ambulancia.
Estos remedos de espantapájaros que solo han mostrado su lado más oscuro y perverso porque están embriagados de poder pero que pueden ser derrotados con la presión de la calle y obligados a volver a su esencia natural ya que son unos bravucones que al final actúan según las enseñanzas de su comediante supremo y eterno: se espantan al primer fogonazo, huyen hacia adelante y se rinden sin pelear como admirablemente y sin tapujos lo han hecho el doctor Maduro y míster Nicolás.

Llueve… pero escampa

domingo, 27 de noviembre de 2016

Ni una lágrima de cocodrilo

Por Miguel Yilales
@yilales
Dicen las enseñanzas de la iglesia Católica, Apostólica y Romana, al igual que muchas otras, que la muerte es pasar al estado deseado porque se deja de sufrir el mundo terrenal y se traspone el portal de la vida eterna. Bajo esa premisa, para un cristiano, la muerte debiera ser de celebración aunque el egoísmo humano nos haga llorar y extrañar a nuestros seres queridos.
Aunque hay muertes que no merecen ni una lágrima, es más se celebran no desde el plano espiritual, sino desde la más mundanal, terrenal y humana naturaleza. Y no es por falta de humanidad. Tampoco se trata de que se haya perdido la misericordia o la piedad por el prójimo ni que se le desee la muerte a unos cuantos despiadados, criminales, malévolos y desgraciados que andan sueltos por el orbe.
El sátrapa del Caribe
Pol Pot, Nicolae Ceausescu, Mao Zedong, Iosef Stalin, Adolfo Hitler Augusto Pinochet, Josip Broz “Tito”, Francois Duvalier, Francisco Franco, Muammar Gaddafi, Saddam Hussein, Slobodan Milosevic, Benito Mussolini, Ho Chi Minh, Kim Il Sung, Rafael Trujillo, Ferninand Marcos, Idí Amin y Samuel Kanyon Doe son algunos de una selecta lista de tiranos, genocidas, asesinos en masas e inescrupulosos verdugos que regaron con sangre y sembraron de cadáveres las tierras de sus propios países durante todo el siglo XX. Solo Fidel Castro les había sobrevivido pero al final, como el nacimiento y la muerte igualan a todos los seres humanos, él no se pudo escapar. Ni siquiera aquellos que creyéndose inmortales y eternos pudieron huir de la ineludible guadaña de la Parca.
Toda una desgracia
Las personas que pasaron su vida sembrando vientos sabían que cosechaban tempestades; los que esparcieron campos de muertes no podían aspirar a que se les rememorase con devoción y los que desolaron, afligieron y abatieron a su propio pueblo, tarde o temprano, son dejados de lado, olvidados y execrados de la memoria colectiva por la ignominia popular.
Fidel y Raúl con el heredero "omninaciente"
En estos 18 años una montonera de irresponsables se dieron a la tarea de someter a toda una sociedad, que los veía con ojos de borrego mientras los sodomizaban, con el cuento de que luchaban por un mundo mejor mientras instauraban un narcoestado que obedeciera a carteles familiares y militares; con el embuste de que se hicieran votos de pobreza socialista mientras sus hijos y sobrinos dilapidaban las fortunas birladas al tesoro nacional; con el engaño de que los anaqueles están vacíos porque los venezolanos comemos más cuando la realidad es que somos una sociedad demacrada y cadavérica; y con el artificio de que porque tenemos el sueldo más alto del continente (al dólar imaginario) ahora nos venden productos importados (al dólar incomprable, innombrable y real).
Quién iba a pensar que gracias a esos embaucadores, marrulleros, bellacos, rufianes y pillos nos convertiríamos en una nación macilenta y mortecina en la que un plato de pabellón criollo sería visto como un plato de cordero; en la que andaríamos cortando las servilletas por la mitad porque tienen más valía que nuestra devaluada moneda; que nos volveríamos fitnnes al eliminar las frituras de nuestras dietas con lo cual proscribimos lujos gastronómicos como los tequeños, los patacones o los bistecs; que tendríamos que usar sabiamente cada cuadrito de papel higiénico y que nuestras vidas transcurrirían “felices” detrás de otra persona, no por amor ni por fantasías lujuriosas, sino en largas colas.
Menos de cocodrilo
En el círculo de la Divina Comedia de Dante Alighieri
Hay unos atrasados que claman por la muerte, y hacen de ella su leitmotiv, esos son capaces de devastar a sus propios países solo para preservar el poder con la esperanza de que la historia los absuelva, lo cual no ocurrirá porque, para su desgracia, en primer lugar ella solo registra las satrapías para las generaciones futuras y segundo porque no es un tribunal para absolver las atrocidades que haya ejecutado un cubano del siglo XX o un venezolano del XXI, lo cual incluye al único (jurídicamente) ser con el Don de la ubicuidad al nacer y a sus perversos mentores (las momias idas y las prevenidas al bate).
Estas son solo algunas de las razones por las que no boté, boto ni botaré una lágrima (menos de cocodrilo) por unas escorias cuyo único norte fue la desolación, la desesperanza, la destrucción y la miseria como forma de vida, que sean otros, los hipócritas y los farsantes, que canten loas y alabanzas por los daños causados, por las vidas robadas, por las familias destruidas y por las esperanzas perdidas.
Llueve… pero escampa

sábado, 15 de octubre de 2016

Una simple y cruel dictadura

Por Miguel Yilales
@yilales
En fechas recientes, quizás como una estrategia de mercadeo, como una amenaza real o como dice mi hijo por ser el mes de Halloween (para él que está imbuido por esa neocorteza cerebral que, en la globalización de McLuhan, vienen a ser los medios de comunicación, no es octubre ni noviembre lo que precede a la Navidad) en los Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Brasil, según es el primer caso en Latinoamérica, han aparecido una serie de payasos macabros que asustan en lugares oscuros. Son personas que usan prendas de payasos pero con mascaras desfiguradas para aterrorizar a los desprevenidos transeúntes y conductores.
En esta Tierra de Gracia nada de eso nos impacta. Hace tiempo que hemos estado rodeados de payasos sin máscaras, bufones revolucionarios embutidos en costosos y coloridos trajes, saltimbanquis disfrazados con ropa de ejercicios de marcas, caricatos socialistas que usan los más exquisitos accesorios del capitalismo y consumismo mundial y que sin el mayor desparpajo se han dedicado, a plena luz del día o escondidos tras la nocturnidad, a asustar, amedrentar, amenazar y aterrorizar a todos los venezolanos con el cuento del apocalipsis (como si ya no lo estemos viviendo, padeciendo y sufriendo) si ellos son desalojados del poder.
Vivimos los más aciagos tiempos de nuestra historia republicana. Ni en los momentos más oscuros se había visto y transitado tan infaustos caminos, plagados de obstáculos y que nos asemejan e igualan a cualquier aldea medieval, en las que el señor feudal decidía y gobernaba a su antojo.
Magistratura prostituida
Cuando llegó al poder la peste revolucionaria, encarnada por un gorila y sus orangutanes de uniforme que conspiraron desde que ingresaron a la vida militar (con sus cómplices civiles y de uniforme) lo hicieron con la promesa de acabar con la corrupción (hoy hay más descomposición y putrefacción en el manejo del erario), disminuir los índices de pobreza (la clase media desapareció y pasó a engrosar las filas de los menesterosos), desaparecer el hambre (pensar que ahora es común ver a personas hurgando en el basural mientras los jerarcas de la revolución lucen cual neveras de 2 puertas) y desaparecer el rentismo petrolero (dependemos más de una economía de puertos).
Y si algo ha demostrado este adefesio político (revolucionario, chavista y socialista) que intentó perpetuarse como movimiento continental, con estrepitoso fracaso (gracias al voto popular o a la existencia de instituciones) y del que apenas quedan algunos chulos gobernantes (en Suramérica y en América Central), es que siempre encontrarán razones para destruir lo que se haya construido con la excusa de que de las cenizas resurgirá, cual ave fénix, un país más próspero, más grande y más desarrollado aunque hasta ahora lo único que haya germinado, de esos polvos del vestigio venezolano, sea cólera, malaria, difteria, sarna, piojos, hambre, muerte y desolación.
Por ello les importó un bledo imponer una dictadura, no del proletariado, sino de la ilegalidad. Por la vía del terrorismo judicial, con una magistratura convertida en el prostíbulo, que cual meretriz se rinde a los pies de quien paga por sus servicios carnales, han salido las decisiones más rastreras para desconocer la soberanía, la democracia, la independencia de poderes y someternos a todos a la voluntad de unos usurpadores.
Dejémonos de eufemismos
Ni la dictadura de los Monagas, ni la autocracia ilustrada de Guzmán, ni la sanguinaria tiranía gomecista, ni Pérez Jiménez con su Nuevo Ideal Nacional, les dio por prescindir del parlamento aunque tuvieron ilustres congresos plegados a sus intereses (como la anterior Asamblea Nacional). Esta dictadura del siglo XXI es arbitraria, atrabiliaria, irresponsable, perversa, con presos políticos y que solo ha dejado algunos resquicios en las libertades, que además desprecia a los ciudadanos y solo les interesa su permanencia en el poder llevándose por los cachos cualquier vestigio de institucionalidad.
La culpa es de los venezolanos que permitimos que llegaran y, peor aún, hemos dejado que se mantengan en el poder. Sin eufemismos debemos entender que no estamos ante eso que les ha dado por edulcorar a los progresistas, a algunos opositores y a los nostálgicos izquierdosos llamándola dictablanda, blandadura, dictadura de nuevo cuño o democracia imperfecta sino que es una simple y cruel dictadura que requiere actuemos y la tratemos en consecuencia.
Llueve… pero escampa

martes, 4 de marzo de 2014

Bruto se te cayó la máscara

Miguel Yilales
@yilales
Las máscaras se han utilizado desde la antigüedad con propósitos ceremoniales y prácticos. Sus orígenes se remontan a la más lejana antigüedad. Los griegos las empleaban en las fiestas dionisiacas y los romanos durante las lupercales y las saturnales. De ahí son llevadas a las representaciones escénicas y a los carnavales modernos.
Los griegos muy dados a las representaciones y a la actuación en sus teatros encontraron en las máscaras la vía ideal para que los actores interpretaran sus personajes, es decir aparentaran lo que no son, porque a fin de cuentas una actuación es una simulación.
Mucho tiempo después las máscaras han quedado para ser usadas en las fiestas al Rey Momo, en los carnavales y en algunas representaciones de fiestas religiosas como los Diablos Danzantes de Venezuela o de celebraciones que no pertenecen a nuestra cultura como Halloween, pero que pareciera que (por las fotos publicadas por las infantas bolivarianas) pueda ser incluida en nuestro calendario de festividades, en especial porque este régimen se ha dado a preservar cuanto día libre exista, por los altos niveles de bonanza económica y productividad que muestra el país.
Por ejemplo nuestros Diablos, los danzantes y no a los que ejercen el gobierno, que con su atuendo rojo (no confundir) y sus máscaras coloridas con prolongaciones óseas llamadas cachos o cuernos, son una representación simbólica de la lucha del bien contra el mal.

Para ocultar lo que no se es

Lo que sí es cierto que se usen las máscaras para rituales sociales o religiosos, estas sirven para ocultar o mimetizar lo que no se es. Es que hay quienes creen que al usarla el portador tomará las cualidades de la representación de esa máscara; es decir, una máscara de demócrata inducirá al portador a convertirse o actuar como demócrata.
Durante el siglo XX los teóricos políticos se empeñaron en definir y clasificar a los regímenes dictatoriales, porque no era lo mismo hablar de la dictadura romana que de las dictaduras de los líderes supremos y eternos de esa época Hitler, Mussolini o Franco o los de esta época más reciente.
Giovanni Sartori, un conocido teórico sobre la democracia, distinguía entre: dictadura simple, dictadura autoritaria y dictadura totalitaria, pero agregaba que en todos los casos el Estado empleaba métodos coercitivos para lograr sus objetivos.
Por supuesto muchos años después los regímenes debieron inventar mecanismos que les permitiesen justificarse, ante la comunidad internacional, no porque le importara sino porque nadie quiere ingresar al libro de la historia como cobarde, de esos que se rinden al fragor del combate, o como dictador, de esos que abusaron del poder.
Así se estructuró un manual a lo Fürher, en el que debían llegar al poder mediante el voto popular, adecuar la constitución pero gobernar al margen de ella, legislar mediante habilitaciones legales pero espurias del Parlamento, eliminar o mandar al exilio a los opositores y legitimarse mediante elecciones fraudulentas, amañadas y manipuladas, para ponerse su careta democrática, como ocurrió en la Alemania nazi.

El Fantasma de la Ópera y Bruto

Así fue como el líder supremo y eterno, que falleció hace un año, se mantuvo en el poder, siempre en el filo de la democracia, en una especie de borderline político, entre guardar las formas y violentarlas, por ese ego que tantas decisiones hace asumir a los megalómanos deseosos de reconocimiento como líderes interplanetarios.
Ni con todos los dólares gastados en lobby por el cuerpo diplomático, ni con la grosera manipulación del suministro de petróleo, ni con las giras del tira piedra mayor que funge de ministro, han podido evitar que el mundo volteara a ver nuestra realidad.
Como aquel personaje que deambulaba por los laberintos subterráneos de la Ópera Garnier, que trataba de ocultar su deforme rostro bajo una máscara, pero que no puede evitar que al final se descubra su verdadera naturaleza, así ha ocurrido con quien detenta el poder en Venezuela, el orbe vio al personaje mostrar su semblante amorfo que desprecia los derechos humanos, cuando se le cayó la máscara de demócrata y se expuso como lo que es: un dictadorzuelo tropical.
El país siente lo mismo que Julio César cuando es asesinado y descubre que entre sus asesinos esta Bruto. Sus palabras finales, según William Shakespeare, fueron a Bruto por traicionarlo. Nosotros somos la República y a Bruto, el traidor, se le cayó la máscara.

Llueve… pero escampa