domingo, 23 de abril de 2017

Heroínas y héroes discretos

Por Miguel Yilales
@yilales
El prolífico Mario Vargas Llosa escribió hace algunos años, cuando ya nuestro país padecía la impúdica opresión política del chavismo, un libro en el que nos narraba la historia de dos hombres que anteponían sus principios y valores a ciertos convencionalismos. El primero no se deja pisotear, es decir defiende lo que había sido el último precepto de vida que le da su padre en el lecho de muerte, por quienes pretenden extorsionarlo y el segundo que planifica una lección a sus hijos quienes solo esperaban su deceso para disfrutar de una proyectada fortuna que todavía no habían heredado.
Aunque no pretendo hacer una reseña sobre “El Héroe discreto” y menos contar las aventuras y desventuras de Felícito Yanaqué o de Ismael Carrera, los vargasllosianos personajes de la novela, si quiero referirme a la cautelosa rebeldía con la que ambos procuran trazar las líneas de sus propios destinos mediante el forjamiento del curso de los acontecimientos: confrontar las convenciones sociales y oponerse al chantaje.
No usan capas, no tienen súper poderes, no vienen del espacio exterior así como tampoco son justicieros mutantes pero logran vivir acorde a sus ideales. Son actores extraídos del mundo cotidiano que demuestran que la heroicidad no es solo fruto de grandes batallas o de momentos estelares de la historia, como han pretendido hacernos creer en estos 18 años de oscurantismo medieval, sino del compromiso consigo mismo.
Verdaderos y no de ficción
Vivimos una época de confusión ética en la que nos resulta peregrino, por no decir extraño o inverosímil, que pueden surgir personas comprometidas con la independencia, la igualdad, la libertad, la fraternidad y la democracia, conceptos realmente revolucionarios y no los que el chavismo pretendió imponer para hacernos involucionar previo al establecimiento de cualquier contrato social, que emergen desde la conciencia, la verdad, la honestidad y el arrojo. Y es precisamente a esta última a la que me referiré.
Dicen los entendidos que la valentía no es la ausencia de miedos sino tener la suficiente capacidad y autocontrol para reaccionar ante situaciones adversas. Es así como frente a un régimen arbitrario, injusto y troglodita han aparecido unos héroes discretos que, sin ánimo de figuración o de protagonismo, han aportado a la lucha política el sentido que le faltaba.
Por supuesto que no me refiero a los politiqueros de oficio que ejercen cargos públicos; menos a algún gobernante, concejal o burgomaestre de esos que tienen equipos que los hacen lucir como verdaderos gerentes; tampoco de los influyentes que posicionan tendencias en las redes sociales ni a los que se valen de bots (aféresis de robots) para generar la ficción de que son venerados aunque no sean santo de devoción alguna; menos aún sobre los diputados que fueron electos para legislar pero usan su curul como trampolín porque no han comprendido la importancia del parlamento ni hablaré de aquellos que a cuenta de su exposición mediática, de estar relacionado con la farándula o por los nexos familiares con algún político han pretendido dirigir a la oposición solo para preservar un sistema de privilegios sin importar la dignidad, la decencia, el recato o la seriedad que claman los aciagos momentos que nos ha tocado vivir a los venezolanos.
Ciudadanos comprometidos
Una valiente mujer armada con su bandera que le hace frente a una tanqueta de la Guardia Nacional, lo que la hace merecedora de una desproporcionada andanada de bombas lacrimógenas, indigna respuesta de unos militares cuyo honor no se divisa; un joven venezolano que con una biblia como única vestimenta clama porque cese la represión y obtiene por contestación un chaparrón de perdigones que marcan su piel pero deja inmaculada su dignidad; unos venezolanos que son obligados, por las fuerzas del orden público, a lanzarse al río Guaire para satisfacer el morbo de un usurpador que se blasona por verlos llenos de excrementos y millones de ciudadanos (políticamente es distinto al término pueblo) que marchan y protestan para demostrar que no están dispuestos a dejarse pisotear porque son héroes y heroínas discretos como en otra época lo fueron: José María Vargas, Mario Briceño Iragorry, Francisco De Venanzi, Humberto Fernández Morán, Manuel y Teresa Carreño, Enrique Tejera París, Rómulo Gallegos, Leonardo Ruiz Pineda, Alberto Carnevalli, Job Pim, entre muchos otros ejemplos de nuestra civilidad.

Llueve… pero escampa

domingo, 16 de abril de 2017

Políticos sin ética, norte ni rumbo

Por Miguel Yilales
@yilales
Hace algunos años, cuando ya se vislumbraba la peor etapa de nuestra era republicana, uno de los más preclaros venezolanos de finales del siglo XX dirigió un mensaje a la nación que muy pocos escucharon, por no decir que nadie. Vivíamos una época en la que la política había sido desacreditada por unos supuestos eruditos que nunca pasaron por la academia, por unos apócrifos empresarios que amasaron sus fortunas lactando de las ubres del Estado y por unos fingidos intelectuales de obras desconocidas que nos embarcaron, en un buque de papel maché pegado con saliva de loro, para que navegásemos en ese mar de leva que es la antipolítica.

Con motivo de la conmemoración del XL aniversario del 23 de enero de 1958 el insigne maestro Luis Castro Leiva (un título que no le cuadra a cualquier educador y si no me creen pongo de ejemplo al adulador curiepeño que ha militado en 5 partidos) pronunció ante nuestro autóctono Areópago, aquel extinto Congreso Nacional en el que descollaban criollos cicerones por sus preclaras disertaciones, una brillante pieza de oratoria con demoledoras palabras en las que cuestionaba como habíamos tratado los asuntos públicos y daba una lección magistral sobre la integridad, la moralidad y el recto proceder que deberían practicar todos los que les interese el arte de lo posible (como se conoce a la política desde que Aristóteles así la definiera) y en la que clamaba porque ella volviese a ser cosa seria y de ciudadanos responsables de sus obligaciones.
El fin no lo justifica todo
Pero como dice el dicho popular él no fue profeta en esta Tierra de Gracia. Cuentan que su temprana e incomprensible partida se debió a la desolación que sentía por haberse convertido en un majadero, de los que han labrado en la mar, al tratar que se comprendieran sus sabias monsergas: que quienes él creía llamados a reconstruir la república se dedicaron a instaurar una republiqueta; que en lugar de que se generalizara tener políticos formados lo que surgió fue una casta de faranduleros devenidos en politiqueros; que proliferaran analistas que basasen sus apreciaciones en lo esotérico, en la adivinación o en el chismorreo; que no nos pudiésemos deslastrar de los oportunistas de siempre y que aún tuviésemos inmaduros, de esos que se creen el cuento de que una protesta es una manifestación de inconmensurable amor, que no entienden que la democracia es más que votar, que la separación de poderes es más que retórica y que la alternancia en el poder es más que imponer por mampuesto a un gatopardiano candidato.
Todo esto viene a cuento por la proliferación de algunos apóstatas en la política que vienen recomendando como se deben hacer las cosas. Ellos alegan que Nicolás siempre tuvo la razón con aquello de que “el fin justifica los medios” con lo cual no solo demuestran que jamás se leyeron a El Príncipe de Maquiavelo (y menos conocen Los discursos sobre la primera década de Tito Livio) sino que lo usan como aquel bodrio que impuso, como texto de cabecera, el dictadorzuelo hasta que Boris Izaguirre desentrañó los metamensajes de su lectura.
Pensar que en estos convulsos tiempos que vive Venezuela es posible seguir haciendo política a través de la mentira, la manipulación, la farsa, y los trucos baratos es irresponsable por no decir egoísta, lerdo y perverso.
Morderse la cola
Estos expertos en política son los mismos que han oxigenado al régimen en repetidas oportunidades, que abandonan las luchas y a quienes las pelean y que pactan por posiciones más convenientes para sus propias candidaturas: actúan como el sempiterno candidato aquel que terminó como filicida de su propia organización; se comportan como aquellos que en medio del río decidieron cambiarse de caballo y apoyar al jamelgo Frijolito; se saben colaboradores de este desastre y aunque montaron tienda aparte cuando no atendía a sus intereses ahora descubrieron que progresar y avanzar puede ser otra forma de hacer lo mismo.
Si no entendemos la política como un mecanismo que nos permita la convivencia colectiva dentro de unos límites éticos y morales entonces podremos cambiar los nombres de los políticos o de los partidos pero siempre tendremos a la vuelta de la esquina a un aventurero que crea que para hacer política no importa la ética, el norte ni el rumbo lo cual nos retrotraerá cíclicamente, como la serpiente que se muerde la cola, al oscurantismo en que nos metió el chavismo.

Llueve…pero escampa

domingo, 9 de abril de 2017

El tiempo de Dios no es perfecto

Por Miguel Yilales
@yilales
Dice un sacerdote amigo que más que perfecto, el tiempo de Dios es infinito y que nuestras necesidades terrenales debemos resolverlas nosotros porque sí se las encomendamos al Creador a lo mejor nuestra corta y tangible vida no nos alcance para verlas realizadas, además no escribo este artículo para enmendarle la plana al gobernador mirandino, quien fiel a sus convicciones ha sido agarrado en su buena fe, en el arte de lo público la candidez es perversa, en especial si al frente están unos forajidos, ni porque me voy a dedicar a hacer leña del árbol caído porque para hacerla hay que derribarlo y en política estos no solo retoñan sino que renacen.
Hemos vivido un autogolpe continuado, presenciado la destrucción de las instituciones, permitido que se instaurase una tiranía oculta bajo una mantilla de supuesta democracia, sabemos que no hay separación de Poderes ni respeto por las minorías, estamos al tanto que desde el Estado, y amparados por él, se ha estimulado la conformación de grupos paramilitares y que la Fuerza Armada se transmutó en guardia pretoriana pero nos hicimos la vista gorda: unos por comodidad, otros por complicidad y los demás por ignorancia republicana.
Carestía de ciudadanía
Por eso es que desde hace más de tres lustros quienes han desgobernado al país se han escurrido entre vericuetos leguleyos y se han apoyado en unos desalmados que le hicieron la cama: por una parte unos eruditos (con nombres menos rimbombantes pero igual de retorcidos que aquellos “Notables” que vendieron a un sedicioso como redentor) que siempre encuentran como justificar lo injustificable y por la otra altos precios del petróleo que sirvieron para encandilar a unos chulos internacionales que le reían los desafueros, las ilegalidades, los atropellos y los abusos a un perverso Chávez y a sus secuaces.
De ahí surgió la rizada tesis de que el régimen ha caminado al filo de la legalidad para ser considerado democrático, como si la democracia fuese una liga que se puede estirar mientras no se rompa y las leyes una plastilina que se amolda a los caprichos de quien gobierne. Sí esos conceptos fuesen emitidos por cualquier hijo de vecina uno lo entendería pero surgido de las fauces de los llamados a constituirse en la reserva moral del país causa desasosiego porque de ahí se agarraron los facinerosos golpistas para llegar y de esa línea argumental se asirán para que llegue alguien peor.
Pero frente a los atropellos y a la opresión se volvieron a llenar las calles venezolanas, no solo con gente que esperaba por mejores tiempos sino con ciudadanos indignados, con madres que han perdido a sus hijos, con los huérfanos que nos ha dejado esta revolución, con los que les queda dignidad para no mendigar al gobierno, con los que no creen en las patrañas de unos embaucadores de que sí no nos sacamos el carné de la ignominia perderemos el maná celestial embalado en bolsas o cajas CLAP.
No ha sido fácil ni lo será
El régimen forajido que ejerce el poder en Venezuela, amparado en las mafias del narcotráfico, en una cúpula castrense abyecta y corrompida hasta los tuétanos, en los paramilitares que usa para intimidar, en unos cómplices nacionales que se excusan con el manido argumento de que “soy empresario y me pusieron esta manguangua” y en unos colaboradores extranjeros que se aprovecharon de los mayores traidores de nuestra historia para vulnerar los intereses nacionales, ha usado todas las herramientas para perpetuarse: manipulan a los incautos, provocan a los que reclaman, infiltran las protestas para sabotear, criminalmente usan bombas lacrimógenas vencidas, siembran evidencias a los honrados y asesinan a inocentes a quienes acusan de suicidas por atravesársele a los disparos de los policías.
Estamos ante unos delincuentes que violan los derechos fundamentales pero exigen cartas de buena conducta a la oposición y me pregunto ¿De qué ha servido tener 20 puntos en conducta si siempre nos acusan de todo? ¿De qué ha valido permitir los atropellos al dictador para que no nos etiquete de golpistas? ¿De qué ha servido jugar con sus reglas sí sabemos que no van a respetar los resultados cuando les son adversos? El problema no es la inhabilitación de Capriles ni la persecución que Maduro desatará para montar su propio 11-A y así resucitar la novela del 13-A sin percatarse de que ya no esperamos el tiempo de Dios sino que nos rebelamos para desalojarlo del poder.

Llueve… pero escampa

domingo, 2 de abril de 2017

Un golpe que pretenden borrar con Tipp-Ex

Por Miguel Yilales
@yilales
El 6 de marzo del año pasado escribí un artículo que titulé “El Madurazo”, sin pretender hacer quiromancia y menos para suplantar a esos profetas que vaticinan lo obvio sino porque lo que estaba a la vista no necesitaba anteojos. En su epílogo subrayé que: “Nicolás Maduro gobierna al margen de la Constitución, violenta la institucionalidad y usa a su servil, rastrero y ruin tribunal de (in)justicia para mutilar al Poder Legislativo; ser recordado en la historia como un accidente, una tragedia o una desventura es lo que le depara a un régimen que terminará en los libros como el Madurazo: un fracaso en lo político, en lo económico, en lo social, en lo cultural y en nuestra venezolanidad”.
Es que ese mismo tribunal que desde diciembre de 2015 se había dedicado a destruir la legalidad, la justicia, la legitimidad, el derecho, la institucionalidad, la constitucionalidad y la jurisprudencia en el país, que además nos llevaba sin frenos por la bajada de Tazón para convertirnos en una comarca de algún feudo del Medioevo, esta semana decidió acelerar la marcha para que el desaguisado que apacienta y duerme en Miraflores, ya que por su aspecto, así se embuta en esos liquilique negros, no trabaja ni hace ejercicios allí, ocupe el lugar que le corresponde junto a los peores tiranos de la historia, esos que, como decía Locke, ejercen el poder por encima del derecho, usan la fuerza para atornillarse en el mando y apoyados en la injusticia ejercen la violencia política para exterminar a sus adversarios o a quienes dejaron de serle útil.
Sin inmunidad y usurpados
En un acto digno de incluir en las peores barrabasadas jurídicas de la historia a estos infecundos magistrados se les ocurrió que podían culminar el proceso de castración del Parlamento de un solo plumazo. Para ello despojarían de la inmunidad parlamentaria a los diputados luego de acusarlos, sin juicio ni debido proceso, de traidores por haber solicitado a la OEA que aplicase la Carta Democrática Interamericana a nuestro país porque no hay separación de poderes, respeto a los Derechos Humanos y por la suspensión (que ya hiede a eliminación) de los procesos electorales.
No conforme con esto, en apenas 48 horas, les dio por emitir otra sentencia, como quien da un cheque en blanco a un maula, en la que autorizaba al poder ejecutivo, sin necesidad de los controles constitucionales de la Asamblea, para celebrar contratos y asociaciones en búsqueda de más endeudamiento (rematan el país al mejor postor) y de ñapa terminaba por abrogarse las funciones legislativas que le faltaban porque ya se había apropiado de la memoria y cuenta presidencial, de la aprobación del presupuesto y de la aquiescencia para que se gobernara mediante decreto por una ficticia guerra económica.
Las sentencias de la Inconstitucional Sala, como llamarla de otra forma si de sus oficinas no ha salido una sola línea apegada a la Constitución, desataron dos demonios: por una parte que la comunidad internacional, hasta ahora alcahuete del régimen e indiferente con nuestro drama, alzase la voz para denunciar el golpe de Estado y por la otra que una chavista uña en el rabo, lo cual evidencia las fisuras a lo interno del supuesto monolito chavista y corrobora quienes son los primeros en abandonar los barcos cuando se hunden, las catalogase de quebrantadoras del hilo constitucional.
Echarle Tipp-Ex a los hechos
Lo más insólito de este golpe de Estado es que el “independiente” poder judicial a instancia del “obediente y respetuoso” poder ejecutivo hizo, entre gallos y medianoche, como el estudiante al que consiguen copiándose en un examen y pretende que se desaparezcan las consecuencias si borra el párrafo. Dieron un golpe para ver qué pasaba y como el repudio no les agradó procuraron echarle Tipp-Ex a los hechos con lo cual se evidenció, por si alguien lo dudaba, que en Venezuela la separación de poderes es un cuento de caminos.
Pero ¿Qué más se puede esperar de un tribunal conformado por unos magistrados sin credenciales, cualificaciones y designados de forma exprés por el malhechor que presidía el parlamento en la legislatura anterior? Definitivamente a ellos hay que catalogarlos como lo que son: charlatanes, chimbos, chambones, chapuceros y chupópteros, por cierto palabras que no por casualidad empiezan con el mismo dígrafo del apellido del felón que originó este tremedal nauseabundo en el que se regodea la peste chavista.

Llueve… pero escampa

domingo, 26 de marzo de 2017

Una potencia de a real y medio

Por Miguel Yilales
@yilales
Normalmente las monedas se utilizan para completar los pagos exactos o se reciben como parte del dinero entregado de sobra al cancelar por un bien pero en el país con la más alta inflación del mundo y en el que circula un billete duro de sacar de circulación, una mezcla de John McClane (Bruce Willis), Rambo (Sylvester Stallone) y Terminator (Arnold Schwarzenegger) de los billetes, estas no sirven ni para darlas de limosna.
Hace muchos años a los niños venezolanos les enseñaban una canción que hablaba sobre un genio de las finanzas que compraba, gastaba y siempre tenía lo invertido para conseguir más: compraba animales que parían y en un acto de prestidigitación siempre le quedaba lo que había gastado, por lo que seguía comprando y acumulando bienes de fortuna. Toda una escuela de economía, sin reglas y que solo funciona si quien subvenciona es papá Estado.
En la Venezuela de hoy hablar de la canción “Con real y medio” es como hablar de arqueología. Primero porque las monedas son una especie extinción, segundo porque no tienen ningún valor y finalmente porque nos veríamos obligados a cargar con una mochila a lo Indiana Jones para poder comprar una simple golosina o un diminuto chocolate. Es que en tiempos revolucionarios las monedas son un peso inútil e innecesario para una republiquita de pacotilla que es incapaz de garantizarles a sus conciudadanos las condiciones mínimas para subsistir, vivir y medio sobrevivir.
Entre guerras chimbas
Resulta que la única nación del mundo que ha estado bajo un ataque constante desde que inició el milenio, que ha resistido las inclementes y despiadadas arremetidas de las potencias del orbe deseosas de quedarse con nuestras riquezas, que ha opuesto resistencia a más conflagraciones que las ocurridas en las Guerras Púnicas, las Médicas y las del Peloponeso le dio ahora por auto proclamarse como potencia global.
Luego de enfrentar la guerra económica, la mediática, la eléctrica, la climática, la diplomática, la psicológica, la de las iguanas, la de los billetes de 100, la de los electrodomésticos, la de los panaderos, la de los transportistas, la de los especuladores y los bachaqueros, la farmacéutica, la parlamentaria, la de Obama (aunque entregó la presidencia aún hay vallas con lo del decreto), la de la derecha apátrida y la de los niños asesinos no se podía esperar otra cosa sino que se erigiera como el gran referente político, el cirio de la resistencia y el norte a seguir (a escala mundial) por su poderío y capacidad.
En términos actuales una gran potencia se define por poseer una economía fuerte bien sea por su producto interno bruto (nosotros tenemos al campeón de las brutalidades pero en eso no aplica); por su valor monetario (en el nuestro con lo que dispensa un cajero automático solo alcanza para 4 cafés grandes) o por la producción de bienes y servicios (aquí la luz está en constante racionamiento; el agua potable es insalubre y se va a cada instante; la sanidad brilla por su ausencia; la educación está en manos de unos neófitos que la usan para ideologizar y padecemos un brutal desabastecimiento que va desde una hogaza de pan hasta de gasolina) o por sus poderosas fuerzas militares (no aplica para las que se les pierden los helicópteros o las que instalan vivacs en territorio colombiano porque el GPS se quedó sin baterías).
Desvergonzados sin prurito
Lo preocupante de esta bolivariana, socialista, revolucionaria y chavista potencia (con indicadores que la ubican a niveles de Burundi, Zimbabue y Afganistán) es que sus cabecillas perjuran que vamos por buen camino a pesar de los pésimos resultados, que la vaca da para seguir ordeñándola y que el cuento de que somos una antorcha que todos siguen (los demás países van en sentido contrario) sirve para seguir engatusando a incautos.
Los únicos que todavía se gozan a esta depreciada potencia de a real y medio son los que se han enchufado para saquear al país desde un cargo público, son los empresarios que se hicieron millonarios lactando de las ubres del Estado y que hoy asisten a los actos, sin ningún prurito, a que les den millonarios aportes a cambio de una arrastrada y roncera adulación, son los menesterosos (de principios y valores) que se han convertido, de la noche a la mañana, en poseedores de todo lo expropiado y son todos los boliburgueses que no pueden ocultar los lujos, el derroche y las ostentaciones propios de unos recién vestidos.

Llueve… pero escampa

domingo, 19 de marzo de 2017

De nada sirven los partidos políticos

Por Miguel Yilales
@yilales
Venezuela es un país atípico por donde se vea. Las diferencias socioculturales cada vez son más evidentes, catastróficas y además insalvables por culpa de una dirigencia política desenfocada y empeñada en llevarnos por la calle de la amargura, con lo cual podemos dudar seriamente que sepan o tan siquiera conozcan cuáles son sus responsabilidades y obligaciones con quienes todavía creen en ellos.
Desde que Juan Vicente Gómez proscribió y persiguió a los que se habían dedicado a la vida pública, que no tiene que ver con el oficio de María Magdalena ni con los años para los que se preparó Jesús antes de su pasión y muerte, pertenecer a un partido político era mortal porque en La Rotunda le esperaban unas “suites” con las comodidades que promueve todo dictador: la tortura, la vejación, el maltrato y, por supuesto, el más oscuro olvido.
Esa persecución acabó con los partidos tradicionales del Siglo XIX y no permitió que se estructuraran las nuevas corrientes políticas del Siglo XX. Luego es harta conocida la historia: llegaron unos zagaletones a cambiarlo todo, su irreverencia permitió que se crearan las instancias de participación ciudadana y eso, nos guste o no, es la política. Claro los resultados solo se vieron cuando el penúltimo dictador tomó las de Villadiego y abandonó en la huida maletas de dinero (hasta en eso eran más discretos los de antes porque ahora ha sido tanto lo robado que se necesitarían containers de billetes que no cabrían en aeronave alguna o contar con un tuerto o una almirante que sirvan de testaferros).
Darwiniana supervivencia
La única forma de llegar al poder es mediante la participación en política. Los partidos son la instrumentalización de ello. Los franceses, los rusos, los chinos y todo aquel con algunas neuronas muertas, incluso los chavistas, lo saben. Por eso es que llama la atención que haya quienes aspiran a hacer política, llegar a formar gobierno y conducir los destinos del país con una apócrifa asepsia política, con solo seguidores en redes sociales y sin tantos arrumacos de pueblo; critican que los partidos políticos se organicen, tengan militancia, posean dirigentes (malos, regulares o buenos) y no entiendan que sin estructura no se hace política. Hasta Donald Trump lo comprendió: compitió dentro del partido, derrotó al stablishment y se hizo con la presidencia de la nación más poderosa del Orbe.
Nuestra desgracia es que a nadie le gusta fajarse al interno de los partidos ni en estos calan las disidencias. Ante lo primero prefieren decir que se necesita un outsider (ellos mismos) o montan tienda aparte con los cuatro gatos que los siguen (las divisiones de Acción Democrática son una prueba de ello) y para lo segundo tienen a la mano las expulsiones (así defenestran sin discusiones internas) que, a fin de cuentas, permite la conformación de grupúsculos en torno a una figura pero que, hasta ahora, no logra nuclear a su alrededor una verdadera fuerza política.
En la Venezuela de estos tiempos hay muchos partidos políticos que solo cuentan en sus filas con sus dirigentes y algunos familiares, que les preocupa contarse, medirse o siquiera saber si existen. El proceso de legitimación que fue establecido como espada de Damocles para lo único que servirá es para sincerar quienes tienen militancia y quienes tienen capacidad de movilización, es decir, la darwiniana supervivencia.
Más que miserables
Lo lamentable es que esos mismos partidos no entiendan lo que se vive en el país quizás porque están desconectados de la descomunal crisis, porque a ellos aún no les ha llegado su cuarto de hora o porque sufren de una ceguera descomunal que no les permite ver lo que padecen los miserables a los que se refería Víctor Hugo, el sufrimiento de los que dejaron de ser clase media para engrosar una media clase y cómo la mayoría resiste ante una tiranía que extermina al consentir decesos por inanición, por falta de atención médica y por la acción del hampa.
¿Los partidos políticos deben legitimarse? ¡Claro que sí! ¿Las organizaciones partidistas deben movilizar a la sociedad para algo más que no sea lo electoral? ¡Por supuesto! Y ahí está el quid del asunto porque de nada sirven los partidos políticos que exclusivamente piensan en lo electoral, que no se preocupan por los ciudadanos, cuyos dirigentes abarrotan los mismos restaurantes en los que se negocia el país y que no logran canalizar el descontento social.

Llueve… pero escampa

domingo, 12 de marzo de 2017

Delincuentes, malhechores, forajidos y bandidos

Por Miguel Yilales
@yilales
Cuando una revolución de pacotilla se apodera de todos los espacios de poder no se pueden esperar resultados distintos a los que tenemos: un país arruinado, instituciones desvencijadas, un liderazgo decrépito y una sociedad desestructurada. Es que durante años el régimen se ha empeñado y esmerado por demostrar cómo se puede ir contra corriente para, en vez de generar la mayor suma de felicidad, destruir al país y depauperar a los venezolanos.

Por eso es que causa extrañeza que chillen como un camión cargado de cochinos directo al matadero porque desde el Imperio y desde distintos países del continente se ha elevado una unísona voz, con las escasas disidencias que aún reciben su coima, para alertar que este es un régimen delincuente, violador de derechos humanos, irracional y troglodita que nos ha convertido en un Narcoestado y, peor aún, en un Estado fallido.
De seguida sueltan a las salvajes falanges rojas a que vociferen e insulten a los críticos. Por una parte sale la roja canciller, que en materia diplomática es la más ignorante que nación alguna haya tenido, a pretender dar lecciones sobre las relaciones internacionales y por la otra prorrumpe enardecido el sustituto del estratega que convirtió un museo en escondrijo, no podía ser de otra forma, a exigir respeto a la dignidad, probidad y honorabilidad del proceso chavista aunque todos sepamos que no hay comedimiento, decencia, pundonor, respetabilidad, pudor ni decoro en esta revolución.
Ornitorrinco no es pato
Cuando alguien argumenta que estamos en presencia de un régimen forajido y Nicolás Maduro se encoleriza, habría que preguntarle: ¿Cuántos presidentes, primeros ministros, emperadores, monarcas, reyes o reyezuelos tienen presos a sus sobrinos por conspirar para introducir droga en otro país? ¿Cuántos aeropuertos en el mundo (de uso exclusivo del gobierno y custodiado por militares incondicionales) son usados para exportar drogas como si fuese un negocio lícito? ¿Cuántos mandatarios designan a su propio hijo para que le siga la pista (o les eche tierrita) a los chanchullos de su administración (y de la anterior) con Odebrecht? ¿Cuántos verdaderos demócratas persiguen y criminalizan a la disidencia política para amedrentarla, minimizarla y exterminarla porque es la forma de aferrarse al poder?
Como sí esas dudas no fuesen suficientes habría que consultarle a algún experto en materia política ¿Cómo se llama el sistema que permite que sus gobernados estén a merced de unos delincuentes armados por el mismo gobierno? ¿Cómo se denomina a un sistema en el que los gobernantes parecen neveras de dos puertas, en el que los famélicos gobernados saben que comer es un lujo reservado a la pústula en el poder, en el que dejan fallecer a los niños de inanición y donde la gente se ve obligada a hurgar en la basura para alimentarse? ¿Cómo se designa a un régimen que improvisó medidas sanitarias que terminaron por resucitar las enfermedades endémicas erradicadas en el mundo y que no previó medicamentos que pudieran curar a los desamparados?
Se dice que si tiene cola de pato, pico de pato y camina como pato a nadie se le ocurriría decir que es un ornitorrinco a pesar de que sea ovíparo, de sus palmíferas patas y de su pico de pato.
De cachilapos a capitostes
Sí el vicepresidente de un hipotético país suramericano, caribeño, antiimperialista, revolucionario y socialista es acusado de tener nexos con grupos terroristas que ensangrientan al Oriente Medio entonces no debieran sonrojarse y sí en ese mismo país el presidente del máximo órgano de justicia tiene prontuario criminal en lugar de currículo académico entonces no debieran ruborizarse.
Además sí los padres, hijos, sobrinos y nietos, amigos y allegados, edecanes y testaferros de un muerto viviente ostentan un estilo de vida que empalidece a los ricos y famosos de las listas de Forbes entonces no debieran molestarse; sí los presos de las cárceles usurpan la identidad de un banco y luego la policía política los encubre transmutándolos en pizzeros entonces no debieran incomodarse y sí los pranes de las penitenciarías hacen turismo mientras los ciudadanos acatan un toque de queda autoimpuesto entonces no debieran sofocarse.
Son unos delincuentes, malhechores, forajidos y bandidos que se birlaron un billón de dólares, que los convirtió de cachilapos a capitostes multimillonarios, y no deben impactarse por esta verdad catedralicia.

Llueve… pero escampa