domingo, 18 de junio de 2017
Luisa Ortega ¿Una gallina tapada?
domingo, 11 de junio de 2017
Neomar, un hijo infinito
domingo, 4 de junio de 2017
El Caín del siglo XXI
domingo, 28 de mayo de 2017
Solo no se cae... hay que empujarlo
Por Miguel Yilales
@yilales
En estos casi 2 meses de protestas, luchas y reclamos, que tanto han convulsionado al statu quo de esta revolución atrabiliaria, los venezolanos hemos aprendido cómo hacer respetar nuestros puntos de vista. Incluso a algunos líderes de la oposición les ha caído la locha cuando, luego de salir con propuestas inconvenientes y mal comunicadas, les ha tocado recoger la leche derramada por la presión de quienes desinteresadamente luchan en la calle, las caminan y las patean en son de desobediencia; de quienes anónimamente confrontan a los esbirros, le ponen el pecho a las bombas lacrimógenas y defienden a los ciudadanos desarmados de unos malandros con uniforme y de quienes dignamente, al final de cuenta, son los verdaderos depositarios de la soberanía ciudadana.
Soberanía que no existe, según Maduro, Diosdado y el jefe del violatorio proceso constituyente, ministro de educación y eterno encapuchado de los jueves, por lo que nadie puede llamar a desconocer al régimen o pretender que haya algún tipo de insurrección contra un Estado fallido y menos contra el fraude que pretenden meter de contrabando, con lo cual demuestran el desprecio que sienten por la propia Carta Magna que obliga (no es opcional) a desconocer al régimen, la legislación o la autoridad que menoscabe los derechos humanos y contraríe la independencia, la paz y la libertad como principios y valores democráticos. Pero ¿Qué más se le puede pedir a quienes se agarran de los jirones, en que convirtieron a la República, para perpetuarse en el poder?
Sin trinchera no hay paraíso
Por ello es que los ciudadanos, palabra que cada vez gusta menos a los mafiosos que detentan el poder, salen a protestar y le gritan a los sicarios de uniforme que no le temen, le espetan cuan pusilánimes son al reprimir y se desgañitan, contra todos los que huelan a tirano, para que sepan cuánto los desprecian; es que al salir a protestar ya no lo hacen para bailar, cantar o desfilar cual pasarela porque saben que van a confrontar a unos homicidas capaces de disparar balas a la cabeza, de reemplazar los perdigones de goma por metras, de disparar objetos contundentes para asesinar, de torturar a los manifestantes y tratarlos peor que a un prisionero de guerra, de tirotear por la espalda a quienes van en pacífica retirada y de asfixiar con gases lacrimógenos a edificios, escuelas y hospitales.
En esas condiciones y ante un contrincante que no respeta ninguna norma del derecho, que se salta a la torera los más elementales códigos de honor del combate y que piensan que la justicia es una entelequia que solo sirve para perseguir a los que piensen distinto, es que se ha tenido que recurrir a tácticas para defenderse, para confrontarlos y para atrincherarse de manera de darle la vuelta a la tortilla y poder iniciar los pasos que nos permita salir del infierno en que convirtieron a Venezuela, proceso que solo empezara luego que hayamos desalojado del poder a los imitadores de las peores escorias que han existido en la humanidad, y reconstruir el paraíso en esta Tierra de Gracia.
A la una, a las dos y a las tres
Lo que causa asombro es que a estas alturas del juego aún se cometan errores infantiles y, que en esos giros del destino en que se le sale una rueda a la carreta, se convoque a un sarao para protestar por las limitaciones a la libertad de expresión (toda censura es lamentable) y conmemorar el penoso cierre de un canal de televisión (que en su momento, y aunque duela reconocerlo, contribuyó a la exaltación de la antipolítica) en una plaza y no frente al órgano censor del régimen, mientras en otras latitudes se efectuaban las exequias de 2 héroes, de los que usan el tricolor como capa y el pecho henchido de coraje como súper poder, y se libraban batallas campales para no terminar de doblar el espinazo ante el salvaje yugo opresor.
En estos momentos se le pide a la dirigencia opositora coherencia y sindéresis para marcar la ruta y el camino a seguir, no se puede caer en propuestas inútiles y fútiles que desvirtúen la lucha que libramos contra la oscuridad que representan quienes nos mantienen secuestrados, en especial porque la mafia gobernante se jugó la única carta que les quedaba para terminar de instaurar su reino del mal, lo cual nos ha llevado a la protesta y a la desobediencia como una herramienta vital para evitarlo y de paso empujarlos porque, a pesar de lo mal que están, solos no se caen.
Llueve... pero escampa
domingo, 21 de mayo de 2017
La más grande mentada
Por Miguel Yilales
@yilales
Los últimos siglos no han sido fáciles para el país. Los hemos iniciado tardíamente y siempre por culpa del tirano de turno. El siglo XIX debió esperar hasta la independencia de España, el XX por la muerte de Gómez y el XXI aún no inicia porque ni la desaparición física de Chávez logró que abandonáramos el Medioevo al que él nos llevó y por el contrario, con su sucesor, terminamos en el período prehomínido al que pertenece esa caterva de cavernícolas dirigidos por Maduro, Cabello, los hermanitos Rodríguez, Escarrá y, por supuesto, la momia viviente de José Vicente Rangel.
Una larga lucha
Aunque algunos saquen la cuenta de esta lucha en días y sientan que tenemos tan solo medio centenar de ellos en resistencia, me veo en la obligación de aclarar que para llegar aquí la lucha ha sido más larga: sí no hubiese habido unos actores políticos que confrontaron al régimen desde antes que se instaurara, hoy no estaríamos en esta resistencia; sí no hubiésemos tenido instituciones, gremios, universidades y familias constituidas con valores y principios arraigados, hoy no estaríamos dando la batalla para restaurar la república; sí no hubiésemos forjado venezolanos comprometidos con no dejarse arrebatar el país por un atajo de cuatreros, delincuentes y asaltantes de camino que solo les interesaba ver abultadas sus alforjas, hoy no estaríamos desobedeciendo a los esbirros que tratan de oprimirnos y sí no se hubiesen elevado voces, que en algún momento las catalogaron de altisonantes, hoy no habrían millones que no tienen empacho de gritarle y enrostrarle a la tiranía cuanto desprecio sienten por ella.
Paralizar al país, protestarle a diario a Maduro, llevar la agenda política porque el régimen perdió la iniciativa, hacer que sus peroratas se limiten a actos controlados con brazaletes como si de un resort se tratase, que las alocuciones por cadena nacional solo las oigan los funcionarios abyectos del régimen o quienes debemos traducir los rebuznos oficiales en español, que los mítines deban ser hechos por teléfono ante la evidente escasez de apoyo popular y por la insignificancia de unas huestes tarifadas que ya no se mueven ni por una devaluada y escuálida bolsa de comida, es consecuencia de la perseverancia, la constancia, la persistencia, la tenacidad y el empeño con que nos hemos plantado ante la autocracia chavista para impedir que termine de someternos. Ya estamos al nivel en que el gobiernucho de Maduro espera a ver qué hará la oposición para determinar su propia agenda.
Este es el camino
Eso demuestra que vamos por el camino correcto porque por fin la carreta dejó de ir detrás de los caballos, los zorros no persiguen a los perros y el cardumen de peces chicos entendió que estando juntos, no hay pez grande que pueda con ellos. Eso ha generado las virulentas y violentas represiones del aparato militar y policial del Estado que se ha traducido en más resistencia a los abusos, a los atropellos y a las arbitrariedades.
De ahí que a unos les esperan las glorias del Olimpo de la civilidad, un altar que debiéramos construir para enaltecer a los mártires que han caído, al joven violinista Wuilly Arteaga que enfrenta bombas lacrimógenas con notas musicales y a todos los que a diario luchan sin estridencia pero con coraje para execrar a la tiranía chavista del poder; a otros les aguardan los procesos para ser juzgados por crímenes contra la humanidad, por violadores de derechos humanos y por exterminar a sus connacionales. Mientras llega esa anhelada hora, gritaremos a los 4 vientos lo que es vox populi, lo que Capriles expresó en la autopista, lo que todos coreamos y lo que será recordado como la más grande mentada.
Llueve... pero escampa


