martes, 15 de mayo de 2018

No boto mi voto


@yilales
Ante todo quiero aclarar que desde que adquirí plenos derechos ciudadanos los he ejercido porque me ha dado la gana. Si se ha tratado de votar o de abstenerse, de optar por un candidato o hacerlo por el menos malo, de atinar en mi escogencia o de equivocarme con ella, emocionarme en una campaña o ir con un pañuelo en la nariz… lo cierto es que en todos esos casos decidí basado en mi libre albedrío, uno de los principios que todo demócrata debiera defender.
De eso se va la democracia: no es perfecta pero es perfectible; se pueden cometer errores pero tiene mecanismos de regulación; iguala a los hombres (en el voto, ante la ley, entre otros) aunque haya eunucos intelectuales que lo confundan igualitarismo; de equilibrar y limitar al poder y, por supuesto, con capacidad para elegir y ser elegido. Ya lo dijera Churchill ante la Cámara de los Comunes en 1947: Muchas formas de gobierno han sido probadas, y se probarán, en este mundo de pecado e infortunio. Nadie pretende que la democracia sea perfecta. En verdad, se ha dicho que es la peor forma de gobierno excepto de todas las demás formas que han sido probadas en su oportunidad. El peor sistema político diseñado por el hombre, con la excepción de todos los demás”.
Tramoyas electoreras
Por esas razones es que siempre me he inclinado a que sea por esta vía que se solucionen las cosas, que sea la mayoría la que decida pero con respeto a las minorías, que quienes estén obligados a controlar a los gobernantes (como aquella exmagistrada) no queden obnubilados al extremo de validar una supra constitucionalidad que aún sufrimos, que la madurez política permita evaluar la eficiencia de un proyecto y castigar la ineficiencia de los ineptos y que la manipulación populista encuentre en ciudadanos conscientes el discernimiento entre la conciencia y la inconsciencia; la ética y la deshonestidad; la verdad y la mentira y la moral y la amoralidad de un candidato-presidente que corregirá los errores del presidente (que es él mismo), un candidato-progobierno que no critica al régimen (guantes de seda ante el peor gobierno republicano) o candidatos-pastores (con mucha sopa y su “buena mano” como gran oferta electoral).
En Venezuela, para nuestra desgracia, hemos tenido candidatos fanfarrones, bulleros, jactanciosos y mentirosos. Desde uno que ofrecía dar la pelea (con gallina incluida) para evitar que la autocracia, la cobardía y el narcotráfico continuase en el poder aunque unos años después se le descubriera la pantomima y la tramoya cuando terminó rodilla en tierra; pasando por un zuliano y supuesto demócrata a carta cabal que en las primeras escaramuzas terminase en el exilio y regresase de él como si nada hubiese pasado; hasta llegar a un opositor light (que es lo mismo que chavista light) que alega ser “tibio” porque es lo que necesita el país a pesar que estos momentos demandan un mayor compromiso, una superior integridad y una óptima honradez para torcerle el rumbo a las tarambanas que ostentan el poder desde 1998.
Entre lo malo, lo pésimo y lo peor
Es un suplicio tener que decidir entre un obrero que nunca ha laborado y que su único trabajo eficiente ha sido depauperar a Venezuela; un pastor que alega tener “buena mano” y muestra a su esposa como evidencia de ello o un golpista que es capaz de promocionar encuestas, manipular a incautos y engañar a sus partidarios con una campaña virtual, sin emoción y sin masas que se traduzcan en votos es seguir con aquello de votar en contra de Maduro y no a favor de una propuesta… y elegir en esas condiciones es imposible porque no hay nada para escoger.
Decir que así no haya condiciones hay que votar, que si se pierde será culpa de la abstención aunque no se haya hecho nada para derrotarla o que arderá Troya si se desconoce la normativa electoral, la letra de la constitución o el Consejo Nacional Electoral se parcializa por el partido de gobierno es como aceptar que se ha permanecido en estado comatoso por más de 20 años o que se ha sido cómplice con los desmanes del régimen.
La tramoya electoral que impulsó la írrita Asamblea Constituyente, que avalaron los cinco insensatos (incluido el jarrón chino “opositor”) que dirigen al ministerio electoral chavista y promovió el único interesado en legitimarse un año antes de que se acabe su período, no es un proceso electoral serio, justo, equilibrado y en el que de verdad se pueda elegir por eso he decidido que no boto mi voto.
Llueve... pero escampa

lunes, 30 de octubre de 2017

Adiós muchachos

Por Miguel Yilales
@yilales
Luego de transcurridos 15 días de la debacle electoral y política (en este caso el orden de los factores afecta, y muchísimo, el producto) aún no salimos del guayabo. Es como si nos hubiese dado por escribir, interpretar, cantar y bailar los boleros más desgarradores mezclados con los tangos más arrabaleros, con su jerga bien lunfarda, con puñales atravesados y pistolas desenfundadas, con los trapitos sacados al sol, con desengaños y con amoríos no correspondidos.
Y no es para menos porque de manera incomprensible nos percatamos que luego de miles de palabras lanzadas al aire que alertaban sobre los peligros que representaba casar una pelea contra el guapetón del barrio junto a toda su patota sin estar preparado para confrontarlo y de las continuas de arengas de unos supuestos líderes políticos que pedían que no los abandonásemos en la lucha por conquistar el poder aunque ellos engolosinados, aunque más pareciera emborrachados de soberbia, no se hubiesen preparado ni siquiera para competir contra quienes habían demostrado estar dispuesto a todo para no ser desalojados del gobierno.
Sin culpables, ni responsables
Y esa inferencia la hago porque resultó que según el jefe de campaña de esta última masacre electorera, y pareciera que habrán más, a la oposición nadie le podrá recriminar que “no lo intentamos” (Blyde dixit). Es como el policía que en una situación de ñrehenes, luego que son asesinados todos los secuestrados y escapan los captores, en su primera aparición pública se excuse diciendo: “los mataron a todos y se escaparon los delincuentes pero tengan la seguridad que lo intentamos y que la próxima vez lo haremos mejor”.
Cada vez que hablaba un actor político, un activista o un operador de los que no se les escapa nada (eso incluye a esa especie de médicos yerbateros que manejan las encuestadoras del país) señalaban que nadie con 80% de rechazo podía salir electo ni para una junta de condominio, que con este CNE se le habían ganado las parlamentarias al régimen y que a pesar de lo muy maulas, tramposos y criminales que son sus rectores (sin exclusiones) el juego se ganaba con testigos, con votos y tras derrotar a la abstención. Al final la abstención y la participación fue similar a eventos precedentes y parecería que los testigos no estaban, no sabían que hacer o eran convidados de piedra a un festín con música, comida y bebida para el que fuese vestido de rojo.
Por supuesto que ante esa situación lo menos sensato y lo más desacertado y políticamente incorrecto era decir que nadie era responsable y fue lo que se hizo al alegar que el fraude era el único causante de la derrota, como si la errada dirección política, la falta de rumbo, la selección de pésimos candidatos, la falta de testigos para tener las actas al terminar el proceso y no darle un parado, en el momento oportuno, a los continuos abusos del ministerio electoral, no tuviesen incidencia en los resultados.
Todo bajo control
Si bien todos esos argumentos son valederos nadie pudo presentar una sola evidencia del fraude cometido en el día de las elecciones, con la excepción de Andrés Velásquez que tenía años preparándose para que no le cometieran otro asalto a voto armado. Además, según nos decían, las demás trampas (el uso de los recursos del Estado; el abultado registro de electores; la repartición de las “planchas de zinc” de la V República, que ahora se llaman CLAP, chamba juvenil, hogares de la patria o carnet de la patria; el que los uniformados garantes del proceso hicieron campaña por sus camaradas candidatos, la migración de electores y la mutación de los centros electorales) estaban controlados.
Por los resultados podríamos decir que todo estaba bajo control pero del enemigo, que en nuestro caso era de Nicolás, Diosdado, los hermanitos Rodríguez y todos los candidatos que terminaron coronados como gobernadores o los que claudicaron para preservar un escritorio vacío y un cargo sin funciones, exceptuados los estados Bolívar (que se la robaron descaradamente y sin escrúpulos) y Zulia (que la arrebataron al destituir al ganador).
En política la improvisación pasa factura y en nuestro caso es una  sumamente costosa. Si seguimos dando tumbos y comportándonos como unos inmaduros políticos terminaremos como el tango diciéndole a nuestros conocidos “Adiós muchachos compañeros de mi vida” sin haber desalojado a los tiranos que nos oprimen, estén en el gobierno o en la oposición.

Llueve... pero escampa 

domingo, 15 de octubre de 2017

Dictadura no sale con votos

Por Miguel Yilales
@yilales
Una de las expresiones más comunes de los últimos años es la sirve de título a mi artículo de la semana. La puedes escuchar en cualquier esquina, autobús o en la barra improvisada de alguna casa de vecino, no importa si se trata de un lego de la política, de un avezado docto o de uno que otro tecnócrata que, por haberse especializado en materias económicas o administrativas, les da por opinar y disertar, con la autoridad de quien usurpa a un numerario en el Palacio de las Academias, de historia, política, medicina, lengua, ciencias, estadísticas y hasta del arte culinario. Lo que nunca aclaran es como es que se sale de ella.
Hay algunos más osados que instan a los demás a “salir a la calle y no regresar hasta que se vaya el tirano” pero a las primeras de cambio dan sus paseíllos por Central Park en Nueva York (ni de lavativa es por el de la Av. Bolívar) porque tienen que educar al mundo y sus alrededores sobre “cómo regresar a la democracia” sin haber aportado nada a la nuestra o por el contrario son los que trabajaron ardientemente para instaurar la tiranía pero visitan Orlando, Las Vegas, Washington, Lima, Buenos Aires y Santiago, con la misma solvencia de un boliburgues, para abonar el terreno que le permita clamar por protección y asilo político.
Productores de VTV
Recuerdo que durante una de las miles de protestas que se dieron este año en Venezuela (venía de tragar gas lacrimógeno aunque en realidad huía de los esbirros y sus prácticas de fusilar a quemarropa), casualmente me encontré a uno de esos comecandela paseándose por estas calles. Él (como muchos otros) es de los que propugnan la salida con sangre, de los que le han prendido todas las velas a San Ejército, Santa Armada y Santa Aviación (no a la Guardia Nacional por su militancia en las filas del Lucifer de Sabaneta y su heredero) para que actúen por ser la solución aunque en realidad sean el verdadero problema, de los que desean que se produzca un estallido social que arrase con el país pero sin que lo afecte a ellos y de los que hacen llamados estentóreos para que los demás boten espuma por la boca pero que no participa en protestas, no marcha ni se sacrifica porque, en su humilde entender, todo lo que no haya surgido de su mente es colaborar con los vendidos de la MUD y su estrategia para atornillar a Nicolás.
Estos críticos son tan arrechos que al oír su habladera de pendejadas, materia en la que se hacen acreedores de un PHD con honores, provoca firmar una petición para que les den un segmentofijoen alguno de los bodrios que transmite el “equilibrado” canal de “Todos los Venezolanos”, actúan como asalariados del chavismo: se quejan pero no protestan, no trabajan pero quieren que los mantengan, llaman a la abstención aunque saben que no aporta a los resultados y desean ser testigos de la implosión de la oposición. Son unos genios de las pistoladas incapaces de reconocer que las acciones politicas nos visibilizaron ante el mundo, que allanó el camino para las sanciones y el enjuiciamiento a los violadores de derechos humanos, el reconocimiento internacional de la Asamblea Nacional y el desconocimiento del parapeto prostituyente.
Hay que construir la salida
Para salir de las dictaduras se requiere que confluyan varios elementos: las ganas, las acciones para deslegitimarlo y lo imponderable. Gómez no salió, a pesar de los deseos de vivir en libertades, que los jóvenes protestaran (surgió la Generación del 28) ni de acciones militares, solo la muerte de El Bagre (a veces la muerte no es la solución y para muestra el último botón) dio paso a las transformaciones, en cambio para salir de Pérez Jiménez se requirió, además de la voluntad de la iglesia, de los estudiantes en la calle, de los políticos en la clandestinidad, de exiliados serios y de un proceso electoral fraudulento, de su huida en la Vaca Sagrada.
Las dictaduras no salen con votos, ni siquiera la de Pinochet, puede ser verdad pero son los votos de los ciudadanos, junto a sus ejecutorias, los que terminan de deslegitimarlos. Si nosotros no entendemos qué hay que obligarlos a saltarse a la torera las normas es porque no hemos aprendido nada de la naturaleza atrabiliaria del régimen. Se vota no porque vivamos en democracia sino porque es la herramienta conque contamos los demócratas, cuál escavadora del Metro, para construir la salida del túnel que nos libere de Maduro, mientras tanto seguiremos oyendo pendejadas.

Llueve... pero escampa

domingo, 8 de octubre de 2017

Votar o no votar... no es el dilema

Por Miguel Yilales
@yilales
En política, y más en la criolla, todo se mide en traiciones, traidores y traicionados. Al buscar cualquier capítulo de nuestra historia encontraremos quienes los explican desde esa acera. Es que resulta más sencillo tomar el atajo de justificar los errores o los aciertos si se tilda a los demás con el epíteto de traidores.
Por esa vía tenemos que Francisco de Miranda traicionó la independencia al capitular frente a Monteverde cuando todo estaba perdido, Bolívar traicionó a Miranda al entregarlo y salvarse con un salvoconducto que lo llevó a Cartagena de Indias aunque muy pocos mencionan que todo comenzó cuando en medio de la juerga, eso que hoy llaman echarse palos, perdió el Castillo San Felipe en Puerto Cabello, José Antonio Páez traicionó al Libertador aunque, en honor a la verdad, somos venezolanos gracias a la Cosiata y a la separación de Colombia. El resto del siglo XIX se midió en traiciones entre conservadores y liberales.
El siglo siguiente no fue diferente. El andino Gómez traicionó a su compadre y paisano Castro cuando este se fue a Europa a operarse de la próstata, Betancourt le metió su zancadilla a los militares en el 45 y estos le devolvieron la trastada pero al otro Rómulo, dicen que Pérez Jiménez se llevó por los cachos a su compañero de armas, que Carlos Andrés Pérez siempre estuvo rodeado de traiciones y conspiraciones hasta en su propio partido, que los comunistas venezolanos se fueron a las armas para traicionar a todos y que al final los militares terminaron conspirando entre ellos mismos para quedarse con el poder e instaurar una ineptocracia, narcotraficante, revolucionaria, socialista y profundamente chavista.
Traidores y sus traiciones
Dos de los más grandes ciudadanos de la historia, según mi humilde opinión, fueron acusados de traidores por su accionar político: uno saltó la talanquera en algunas ocasiones y fue electo al Parlamento Británico como representante de los conservadores y de los liberales y el otro fue presidente en dos ocasiones, acusado de asesino de estudiantes (que en realidad eran combatientes alzados en armas y asaltantes de cuarteles que no fueron recibidos con confeti) y de haber asaltado el erario aunque al morir sus millones sólo se encontraron en su obra escrita, en sus prolíficos artículos periodísticos, en su magnífica colección epistolar y por haber pensado, ideado y construido una sociedad con conciencia política.
Fíjense que en la actual coyuntura política, que ya llega a la mayoría de edad, aún hay quienes en lugar de proponer acciones coherentes se van por las ramas y se quedan en manipulaciones banales tales como que ejercer o no el derecho al voto (dependiendo del interlocutor) es un acto de traición porque todo se circunscribe a catalogar a los demás de Judas y a sus ejecutorias de traiciones.
Hay quienes aseveran que sí votas eres un desleal que se ha confabulado con las cúpulas podridas de los partidos políticos para darle una bombona de oxígeno a un régimen moribundo, aunque haya muertos que gocen de  salud, en especial si esta apoyado en las armas, de ipso facto te transmutas en un infiltrado en la lucha que se libró desde abril sin importar que esta no se limite exclusivamente a solo 4 meses ni que lleves confrontando a los chavistas desde su génesis en 1992 y además, por arte de magia, cometes felonía con el sacrificio de los presos políticos como si la abstención los fuese a dejar en libertad, con los asesinados por los organismos de seguridad del Estado como si estos no se remontaran a la incursión armada de Hugo Chávez y su caterva de delincuentes y con la diáspora que emigró en búsqueda de un futuro como si su sacrificio, que lo es, fuese el único cuantificable.
Nada de dilemas
Es que a nosotros se nos hace más fácil encontrarle lógica a los planteamientos viscerales que a los argumentos intelectuales. El sistema electoral venezolano está diseñado para que la mayor minoría sea la que decida. El voto es un derecho (voluntario) y no un deber (obligación) por lo que la abstención, el voto nulo y el voto blanco no tiene la efectividad de otros sistemas, no hay doble vuelta electoral que obligue a coaliciones, no funciona el sistema de la mayoría ni se requiere mínimos de participación para que sea legal una elección. En esas condiciones solo queda participar para que otros no decidan por ti... lo demás son pendejadas dilemáticas  entre votar y no votar.

Llueve... pero escampa

domingo, 24 de septiembre de 2017

La culpa es de “Donal Trun”

Por Miguel Yilales
@yilales
En nuestro país no pegamos una. Siempre que estamos mal, hay algún giro que nos lleva a un peor nivel. Olvídense de Guatemala porque desde que llegó la plaga destructiva del chavismo pasamos a ser Venepeor. Nuestros índices económicos, sociales y políticos nos ubican como lo más pauperrimo en libertades, derechos humanos y ambiente democrático, es decir, Haití tiene más calidad de vida que esta maltrecha republiqueta.
Devastados sin necesidad de estar en la ruta de los huracanes que azotan el Caribe y que a cada rato terminan en la costa norteamericana o en el Golfo de México; destruidos sin que suframos los movimientos telúricos de las fallas tectónicas que van desde Chile hasta California o que tengamos esos volcanes que, de tiempo en tiempo, cubren el paisaje de humo, cenizas y alguna que otra lenguarada de lava.
Cualquier ciudad del país se encuentra llenas de huecos, con puentes cuyas juntas de expansión parecen escalones, con edificios recién construidos que ya están deteriorados, resquebrajados y a punto de desplomarse como consecuencia de haber empleado materiales de quinta (república); parques nacionales, que ni son parques ni son nacionales, convertidos en desérticos espacios como consecuencia de un régimen ecológicamente coprófago. Es que la desolación que se visualiza en las metrópolis que han sido afectadas por desastres naturales es nuestro modo de vida, que los monumentos hayan transmutado en refugios de desahuciados sociales es nuestro paisaje cotidiano y que la gente hurgue en la basura es nuestro pan de cada día.
Busca el culpable
La llegada de Hugo Chávez y sus pichones de dictadores al poder dio al traste con cualquier vestigio de desarrollo, destruyó la democracia que conocíamos para implementar una dictadura a la medida del establishment surgido de una cúpula militarista, corrupta, narcotraficante y delincuencial que no descansaría hasta pisotear nuestra ciudadanía y despilfarró los mayores ingresos que nación alguna haya tenido desde que el petróleo es petróleo.
Pero tempranamente (para muchos tardíamente) lo sorprendió la muerte por lo que la banda que lo acompañó desde 1992 asumió la misión de concluir su legado, de destruir lo que quedase en pie, de subyugar a los venezolanos para que los negreros del siglo XXI (que regentan la isla cubana) dirigieran sus destinos, de subastar el país al mejor postor (estuviese en las estepas rusas o detrás de la Gran Muralla) y de culpar de todos nuestros males a los malucos y perversos gringos.
Luego de 18 años en el poder, de pulverizar todo a su paso, de acabar con el suministro de medicinas, de desaparecer la comida de los anaqueles, de permitir la reaparición de enfermedades endémicas, de construir un narcoestado, de perseguir a todo el que pensase distinto, de transmutar a las instituciones en esperpentos apéndices de la dictadura y de convertirnos en el único país exportador de petróleo que no tiene gasolina para el consumo interno resulta que el responsable es “Donal Trun” (según  Maduro así se pronuncia, necio yo que decía Donald Trump).
Con visión de futuro
No importa si el Despacho Oval ha sido ocupado por 4 norteamericanos distintos, que hayan transcurrido 6 administraciones diferentes o que demócratas y republicanos se alternasen en el poder mientras que aquí se instauraba una dictadura porque quién asumió la presidencia en EEUU desde enero de 2017 es responsable de que el precio del petróleo bajase, de que el proyecto ferroviario se convirtiera en un gran elefante rojo, de que Odebrecht corrompiera a los “inocentes” líderes chavistas, de que se desborde el Lago de Valencia, de que el agua salga marrón por las tuberías, de que el servicio eléctrico sea deficiente, de que tengamos la peor conexión a Internet, de que los sueldos mensuales de los venezolanos equivalgan a una hora de trabajo en EEUU y de que todos los gobiernos occidentales vean con ojerizas a los chavistas porque son tan demócratas como Stalin, Milosevic o Mao.
Es que Trun (mi hijo me dice que es Trump), todo un visionario, le puso el ojo al país desde 1995 cuando una venezolana se involucró en uno de sus negocios y por eso se obsesionó con ser presidente para cobrarse lo de Alicia Machado y de ñapa destruir al Socialismo del Siglo XXI... lo cierto es que todo comunista, que se precie de serlo, siempre culpará a otros de sus ineptitudes e incapacidades y Nicolás Maduro no iba a ser la excepción.

Llueve... pero escampa

lunes, 21 de agosto de 2017

Suicidio colectivo

Por Miguel Yilales

@yilales

La política tiene por finalidad la preocupación por el interés colectivo, la generación de la mayor suma de felicidad posible y la procura del desarrollo de un Estado, planteamientos utópicos que se han vuelto realidad en países que, 4 décadas atrás, estaban peor que la Venezuela, que Sanín bautizase, saudita.

Luego de miles de desaciertos, de un excesivo clientelismo partidista y de un ataque inclemente contra los golpes de timón que hubiesen permitido dejásemos de dar tumbos, corregir el rumbo y tener algún norte, caímos en el más profundo abismo porque a unos oportunistas les dio por saltar en bungee (sin cuerda elástica) para arruinar a un país, destruir una economía emergente y depauperar un entramado social, que lejos de aproximarnos al desarrollo de la Arabia Saudí del siglo XXI nos transportó en retroceso y a “paso de vencedores” a los niveles de Burundi.


Por el accionar de muchos y por la inacción de otros, Venezuela entró en barrena: cuando se hablaba de más democracia lo que se instauraba era más autoritarismo; cuando se pedía mayor coherencia política lo que se avecinaba era mayor politiquería barata; cuando se requería mayor preparación surgieron especímenes que hicieron de la improvisación su bandera y cuando se exigía un verdadero accionar de liderazgos lo que obtuvimos fue telepolíticos, radiopolíticos y, ahora, social media políticos que son una mezcla de Aristóteles, Betancourt, Churchill, García-Pelayo, Rousseau y Roosevelt sin la episteme, la praxis, el discurso y el compromiso de aquellos.

Pseudopolítico y protopolítico

Por un lado nos llenamos de pseudopoliticos que se han leído algunas carátulas de libros, que se llaman libre pensadores pero que les molesta crítica, que son come candela contra otros opositores pero condescendientes con el régimen, de esos que exigen más protestas pero que nunca han participado en alguna para no convalidar a los convocantes, que no se atreven a convocar porque no convocan a nadie, no alientan multitudinarias protestas porque nadie las acata y que perjuran son políticos de masas porque a su alrededor se han conformado sectas de adoradores y aduladores. 


Y por el otro lado surgieron unos protopolíticos (protozoarios políticos o políticos protozoarios, el orden no importa) que son expertos en pedirle a los demás inmolaciones que ellos no están dispuestos a hacer; son los que quieren ver a los jóvenes sacrificar su futuro pero que a las primeras de cambio sacan del país a sus propios hijos por seguridad; son los que claman por más socialismo del bueno pero se dan vida de sultán saudita; son los que implementan una educación sesgada y de dudosa calidad pero encuentran “becas” a dólar preferencial para garantizar su permanencia en México o en Australia (sin alusiones a los nietos del secuestrador de Niehous) y son los que hablan de austeridad con una sonrisita burlona de psiquiatra pervertido (no me refiero a burgomaestre alguno) pero viajan en aviones de PDVSA como si eso no fuese peculado de uso.

Es el momento de la política

De ahí es que se les ocurren genialidades para justificar sus “ismos”, que a final de cuenta son tan malos como los otros “ismos”. Pretender que se puede implementar un socialismo en que solo se reparte la miseria es tan perverso como proponer un capitalismo que darwinianamente opte por los que nacieron con más oportunidades y no por los más aptos, en especial en un país en que el desequilibrio social está tan marcado. En realidad todos son criminales que azuzan, piden sangre y manipulan con el cuento de que quien no les siga el juego es un colaborador o un pitiyanqui.


Es el momento de la política, por lo que desenmascarar a Nicolás Maduro no puede ser un fin en sí mismo sino un medio para execrarlo del poder como consecuencia de la planificación, la organización y la acción política coordinada. Luchar con las armas de la democracia, aunque el régimen sea dictatorial, déspota y atrabiliario, nos permitirá imponer nuestras reglas sin atajos de dudosos resultados (endógeno o exógeno), y aunque sepamos que ir a las elecciones no los acabará, nos permitirá activar la calle, salir del desánimo inducido por unos dirigentes que crearon falsas expectativas y procurar la estrepitosa caída que anhelamos, lo demás es suicidio colectivo y, en lo particular, no tengo vocación de mártir para que unos vivos se llenen de glorias o para allanarles, a otros, el camino a exilios dorados.

Llueve... pero escampa

domingo, 13 de agosto de 2017

¡Yankee go home!

Por Miguel Yilales

@yilales

En Latinoamérica es muy común denigrar de cualquier cosa que venga de los Estados Unidos de América, en especial si los críticos provienen de esa izquierda trasnochada que perennemente los acusa de todas nuestras desgracias, de todas nuestras desventuras y de nuestro precario desarrollo. “Las venas abiertas de America Latina”, ese seudobíblico texto comunista que escribiese Eduardo Galeano, fue utilizado por muchas generaciones para justificar un odio, que en algunos casos se volvió irracional, contra los norteamericanos y sirvió para aseverar que cualquier acción venida desde el perverso imperio solo buscaba apoderarse de nuestras riquezas.


Por eso es que todos los dictadorzuelos de nuevo cuño que aún pululan en nuestro continente, en especial los que hemos tenido en Venezuela (Chávez y Maduro), les ha gustado amenazar, vociferar y gritar en contra de los yanquis; mostrar los dientes, gruñir y ladrar contra los  presidentes norteamericanos para luego mover el rabo suplicándole por una reunión que los inserte en el contexto mundial, clamar porque les atiendan una llamadita que les lave la cara de dictador y pescuecear por fotografiarse con el gringo de turno que ha estado alojado en la Casa Blanca (ubicada en Washington y no en Nueva York como señaló el orate hijo de Nicolás   Maduro) sin importar si se trataba de Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama o Donald Trump.


El dictador Nicolás 

Son los mismos que ven con malos ojos que los Estados Unidos ataquen al Daesh pero les parece bien que ellos ejecuten ataques terroristas; son los que creen que Corea del Norte tiene el soberano derecho de amenazar a occidente con misiles pero rechazan cualquier acción para controlar los desafueros de Kim Jong-Un y son los que se encolerizan ante cualquier declaración de Trump pero se embelesan con las intromisiones de Castro.


Nicolás Maduro ha violado los derechos humanos de manera sistemática para exterminar a quienes piensan distinto (según expertos de la ONU); eliminó la separación de poderes con el auxilio de unos abyectos magistrados del TSJ y lo poco que quedaba lo subordinó a una ilegal, ilegítima e írrita Asamblea Constituyente cuya única finalidad ha sido la de fungir de Espada de Damocles contra la disidencia opositora porque el convocante ni siquiera un proyecto de constitución, eso que llaman papel de trabajo, presentó y entregó el control de puertos, aeropuertos, aduanas, migración, registros y notarías a los cubanos y además se supeditó toda decisión militar a la aprobación de comisarios castrenses de la isla. 

Ante ese panorama la oposición envió emisarios (porque supuestamente estamos en un contexto globalizado) a alertar sobre la crisis humanitaria que estábamos viviendo, sobre la violación sistemática de derechos humanos, sobre cómo los militares venezolanos (confabulados con grupos paramilitares) atacaban manifestaciones pacíficas, sobre cómo el CNE había vulnerado el sufragio mediante fraudes continuados, lo que conllevó que luego de años, en que no se oía otra voz distinta a la petrochequera chavista, en que el régimen había construido la matriz de que se trataba de una oposición golpista y que la autodeterminación servía para apañar cualquier desafuero, los gobiernos del mundo catalogaron a Nicolás Maduro como lo que es: un dictador.

Bolívar y Churchill go home

Por eso Trump señaló que no descartaba acciones, incluso la militar, para devolver el orden a un país subyugado, invadido por otro nación, rematado a los rusos y a los chinos, en que los militares se han puesto al servicio de una parcialidad política, en que se violan los derechos humanos y que sus ciudadanos son tratados como piltrafas.


Ante esa declaración surgieron voces oficialistas (es lógico) y opositoras (¿Será que lo de las denuncias era una excusa para hacer turismo?) rechazándolas por insolentes y se desempolvaron la onanística frase que “nuestros problemas los resolvemos nosotros”, alternada con el grito ¡Yankee go home! sin importar cuan tiranizados estamos.


Imagínense que sí cuando Bolívar salió de Venezuela a liberar a Colombia, Ecuador y Perú se hubiese encontrado a unos cuantos desaforados gritándole “Bolívar go home” o que a Churchill lo hubiesen recibido los partidarios de Petain, en 1940, con pancartas que dijeran “Churchill go home”, de seguro España seguiría con colonias en América y aún estaríamos subyugados por el III Reich, pero la historia es otra.

Llueve... pero escampa