domingo, 13 de agosto de 2017

¡Yankee go home!

Por Miguel Yilales

@yilales

En Latinoamérica es muy común denigrar de cualquier cosa que venga de los Estados Unidos de América, en especial si los críticos provienen de esa izquierda trasnochada que perennemente los acusa de todas nuestras desgracias, de todas nuestras desventuras y de nuestro precario desarrollo. “Las venas abiertas de America Latina”, ese seudobíblico texto comunista que escribiese Eduardo Galeano, fue utilizado por muchas generaciones para justificar un odio, que en algunos casos se volvió irracional, contra los norteamericanos y sirvió para aseverar que cualquier acción venida desde el perverso imperio solo buscaba apoderarse de nuestras riquezas.


Por eso es que todos los dictadorzuelos de nuevo cuño que aún pululan en nuestro continente, en especial los que hemos tenido en Venezuela (Chávez y Maduro), les ha gustado amenazar, vociferar y gritar en contra de los yanquis; mostrar los dientes, gruñir y ladrar contra los  presidentes norteamericanos para luego mover el rabo suplicándole por una reunión que los inserte en el contexto mundial, clamar porque les atiendan una llamadita que les lave la cara de dictador y pescuecear por fotografiarse con el gringo de turno que ha estado alojado en la Casa Blanca (ubicada en Washington y no en Nueva York como señaló el orate hijo de Nicolás   Maduro) sin importar si se trataba de Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama o Donald Trump.


El dictador Nicolás 

Son los mismos que ven con malos ojos que los Estados Unidos ataquen al Daesh pero les parece bien que ellos ejecuten ataques terroristas; son los que creen que Corea del Norte tiene el soberano derecho de amenazar a occidente con misiles pero rechazan cualquier acción para controlar los desafueros de Kim Jong-Un y son los que se encolerizan ante cualquier declaración de Trump pero se embelesan con las intromisiones de Castro.


Nicolás Maduro ha violado los derechos humanos de manera sistemática para exterminar a quienes piensan distinto (según expertos de la ONU); eliminó la separación de poderes con el auxilio de unos abyectos magistrados del TSJ y lo poco que quedaba lo subordinó a una ilegal, ilegítima e írrita Asamblea Constituyente cuya única finalidad ha sido la de fungir de Espada de Damocles contra la disidencia opositora porque el convocante ni siquiera un proyecto de constitución, eso que llaman papel de trabajo, presentó y entregó el control de puertos, aeropuertos, aduanas, migración, registros y notarías a los cubanos y además se supeditó toda decisión militar a la aprobación de comisarios castrenses de la isla. 

Ante ese panorama la oposición envió emisarios (porque supuestamente estamos en un contexto globalizado) a alertar sobre la crisis humanitaria que estábamos viviendo, sobre la violación sistemática de derechos humanos, sobre cómo los militares venezolanos (confabulados con grupos paramilitares) atacaban manifestaciones pacíficas, sobre cómo el CNE había vulnerado el sufragio mediante fraudes continuados, lo que conllevó que luego de años, en que no se oía otra voz distinta a la petrochequera chavista, en que el régimen había construido la matriz de que se trataba de una oposición golpista y que la autodeterminación servía para apañar cualquier desafuero, los gobiernos del mundo catalogaron a Nicolás Maduro como lo que es: un dictador.

Bolívar y Churchill go home

Por eso Trump señaló que no descartaba acciones, incluso la militar, para devolver el orden a un país subyugado, invadido por otro nación, rematado a los rusos y a los chinos, en que los militares se han puesto al servicio de una parcialidad política, en que se violan los derechos humanos y que sus ciudadanos son tratados como piltrafas.


Ante esa declaración surgieron voces oficialistas (es lógico) y opositoras (¿Será que lo de las denuncias era una excusa para hacer turismo?) rechazándolas por insolentes y se desempolvaron la onanística frase que “nuestros problemas los resolvemos nosotros”, alternada con el grito ¡Yankee go home! sin importar cuan tiranizados estamos.


Imagínense que sí cuando Bolívar salió de Venezuela a liberar a Colombia, Ecuador y Perú se hubiese encontrado a unos cuantos desaforados gritándole “Bolívar go home” o que a Churchill lo hubiesen recibido los partidarios de Petain, en 1940, con pancartas que dijeran “Churchill go home”, de seguro España seguiría con colonias en América y aún estaríamos subyugados por el III Reich, pero la historia es otra.

Llueve... pero escampa

lunes, 7 de agosto de 2017

Colorín, colorado...

Por Miguel Yilales

@yilales

Desde que el régimen de Nicolás Maduro decidió que a troche y mocha debía instaurar su ilegítima Asamblea Nacional Comunista (ANC) se plantearon que para lograr ese objetivo: primeramente manipularían la data a través del carnet de la patria, en segunda instancia que debían amenazar a todo el que recibiese las migajas sociales del régimen para que fuesen a votar y finalmente que activarían ese mamotreto que ellos llaman partido político para que se valiera de los múltiples cedulados, la usurpación de identidades de electores fallecidos y la sustitución de migrantes a los que no se les ha permitido actualizar su dirección.

La realidad fue que al final del día, sin ningún prurito, la madama que regenta la mancebía en que se ha convertido el ministerio electoral anunció el número que tenía previsto así solo hubiesen participado los candidatos y sus familiares, por cierto creo que fue lo ocurrido si consideramos la esmirriada asistencia a los centros electorales. El fraude fue tan burdo que desecharon el balcón del pueblo y decidieron hacer una reunión de amigos en la plaza Bolívar de Caracas que no pudieron llenar ni con los múltiples escoltas ni con Los Gremlins que supuestamente fueron a votar.


A partir de ese momento y luego de develado tan descomunal fraude, ver la conchupancia de los poderes públicos para contribuir a la trampa electoral y la irresponsable actitud de los militares de apañar el timo cometido, me había planteado, sin apasionamientos, escribir mis consideraciones sobre si la oposición debía o no participar en las elecciones regionales.

Los golpistas y los guerreros ninjas


Pero 2 hechos me hicieron cambiar de parecer. El primero sentir en carne propia la represión oficial, saber que pudiste ser exterminado por unos esbirros que no tienen honor ni se les divisa la honra y que, por ahora, solo engrosaste las estadísticas de los heridos en las protestas y el segundo la instauración de la dictadura asamblearia militarista.

No imaginé que esta asamblea comunistoide se instalaría sin la menor resistencia, menos que serían tan torpes como para no guardar ninguna forma, que de golpe y porrazo se echarían al pico a la fiscal general Luisa Ortega Díaz, que nombrarían al defensor de los esteroides para que usurpara funciones en el ministerio público, que se abrogarían las funciones legislativas de la Asamblea Nacional, que decidirían funcionar hasta agosto de 2019 (luego de iniciado el próximo periodo presidencial), que 535 usurpadores constituyentes serían mirones de palo, como quien dice levanta manos, mientras los mismos de siempre entubaban las decisiones y que harían mucho más que redactar el texto constitucional comunista.


Frente a ese golpe de Estado que instituía abierta y definitivamente la dictadura de Nicolás Maduro y sus cómplices era como para escribir sobre el fin de la V República pero ocurrió que en solo horas esto fue eclipsado por unas personas que llegaron al principal fuerte militar del centro del país, tocaron la puerta, entraron como Pedro por su casa, sustrajeron más de 100 armas y se desvanecieron como si fuesen guerreros ninjas sin que el gobierno, que está presto a derrotar cualquier ataque imperial, que tiene años preparándose para la guerra, que se ha armado hasta los dientes y que entrenó a “millones” de milicianos,  se diera cuenta.

Se acabó la república

Cuando un país se debate entre participar o no en un proceso electoral que está amañado y sin ninguna garantía porque el dilema es que te roben la elección o que te la dejes arrebatar; que sabe que cuenta con una fuerza armada incapaz de proteger a un cuartel militar pero que se jacta de actuar como esbirros para eliminar (sin eufemismos) a los ciudadanos por solo emitir una opinión, informar (los periodistas somos objetivos militares) o ejercer el derecho a la protesta.


Si además ese mismo país enfrenta la instauración de la dictadura asamblearia que concretó el golpe de Estado iniciado por Hugo Chávez e hilvanado con sucesivas elecciones fraudulentas, con la designación de unos abogados sin méritos como magistrados del TSJ, con la sistemática castración de las funciones del Parlamento y con un flamante presidente de la Asamblea Nacional que asevera que ellos seguirán legislando normalmente como si todo estuviese normal, es como para decir colorín, colorado… la república ha terminado y, aunque cueste reconocerlo, sin posibilidades ciertas de recuperarla.

Llueve... pero escampa

domingo, 30 de julio de 2017

¿Y mañana? ¡Ay, mañana!

Por Miguel Yilales

@yilales

La mayoría de los venezolanos crecimos oyendo a un narrador coruñes. Un inmigrante que ama a este país como si fuese propio. Durante 10 mundiales de fútbol tuvimos a Lazaro Candal soltando frases que pasaron a formar parte de nuestra idiosincrasia. ¡¿Que hiciste papaíto?! ¡Que angustia, que nervios, que desesperación! y la que sirve de título a este artículo, son solo algunas de las ocurrencias de este gallego venezolano.


La situación que vivimos hoy en Venezuela está como para desempolvar y gritar todas esas frases a la misma vez porque si algo sentimos es una gran angustia, muchísimos nervios y una estresante desesperación. Sin lugar a dudas los ciudadanos del país tenemos años sobrellevando sobre nuestros hombros un pesado fardo para evitar la instauración de un régimen dictatorial, para preservar los valores democráticos y evitar que el país se perdiese en las manos de las peores piltrafas que nos han podido gobernar, unos guiñapos humanos que dejaron en pañales a las montoneras del Siglo XIX, que superaron con creces a los tiranos del Siglo XX (incluyendo a Castro, a Gómez y a Perez Jiménez) y que han procurado incansablemente  exterminarnos como un invasor que sabe que mientras  pensemos, respiremos y nuestros corazones palpiten, aspiraremos a ser libres e independientes.

Sin gente, sin votos

Esa es la cruda realidad a la que nos hemos enfrentado los venezolanos desde 1998 cuando llegaron al poder unos facinerosos que, enmascarados de demócratas, solo les interesaba construir un andamiaje político para, en el momento oportuno, destruir todos los principios y valores que propugna la democracia: la soberanía, la representación política, la alternabilidad en el poder, la representatividad, la defensa de los derechos de las minorías, la legitimidad de origen y desempeño, la igualdad, el pluralismo y, por supuesto, la división de los poderes públicos.


Para ello se sirvieron de elecciones amañadas, manipuladas y trampeadas en la que cada ciudadano representaba más de un voto. Debimos aprender a jugar un juego con desventaja, con el árbitro en contra y en el que las reglas eran cambiadas, de forma sobrevenida, a la conveniencia del régimen: primero se inventaron marramuncias para desaparecer la representación proporcional; luego que el voto electrónico era lo más seguro y cuando ya no pudieron manipularlo recurrieron al Gerrymandering de forma tal que con menos votos tuviesen más representantes. Todo eso les funcionó hasta que el rechazo mayoritario hizo que sus reglas jugarán en contra.

Hoy la realidad pinta diferente y por eso se valieron de un sainete pseudoelectoral para implementar un remedo de areópago, que en lugar de constituyente será disolvente porque para nadie es un secreto que solo se hizo para desbaratar la república y el Estado como lo conocemos e implementar una bufa republiqueta bananera en la que impere el populismo, la miseria, la desesperanza, la injusticia, la desigualdad, la opresión, la represión, la ignorancia, la ordinariez y la incultura, por cierto antivalores asociados al chavismo en todas sus acepciones: light, democrático, originario, radical, con o sin Chávez y el que se pelean a cuchillo Maduro, El Aissami y Cabello.

Se pagaron y se dieron el vuelto

Sabemos que numéricamente las cifras serán amañadas y que cualitativamente fue un proceso viciado, nulo de toda nulidad, sin controles, donde cualquiera podía “sentirse tentado” (así lo alertó la meretriz electoral) a votar varias veces y en el que los periodistas no podrán hacer su trabajo, así estén acreditados, porque lo público se volvió privado. Al final se pagaron y se dieron el vuelto.


Luego de consumado el fraude continuarán las violaciones de los derechos humanos, los atropellos gubernamentales, la escasez de productos y la inflación galopante, la delincuencia desbordada y el narcotráfico oficialista campante; los sobrinos Flores en una celda en Nueva York a la espera de sentencia; Cabello no dejará de ser el Pablo Escobar venezolano; los presos políticos no serán liberados; la FANB en su amancebamiento con los colectivos y nosotros en la calle, en rebelión cívica y en desobediencia para  desalojar del poder al tirano. Así que si le asalta la duda y se pregunta: ¿Y mañana? ¡Ay, mañana! Recuerde que tiene 3 opciones: continuar la lucha, irse del país o alistarse para buscar su carnet de la patria, doblar la cerviz y claudicar para vivir esclavizado.

Llueve... pero escampa

domingo, 23 de julio de 2017

Hay que negociar con el régimen

Por Miguel Yilales

@yilales

Luego de la excelente jornada cívica, democrática y ciudadana del pasado 16 de julio había quienes pensaban que el trabajo político estaba hecho hasta que se enteraron de los resultados. Por una parte estaban los decepcionados porque se creyeron a pie juntillas unas supuestas proyecciones que daban más de 11 millones de voluntades y los otros, más ponderados, que consideraban un exitazo haber logrado la meta que superaba los 7,5 millones de venezolanos que vencieron el miedo, las manipulaciones y la falta de información, para salir a las calles a rechazar al dictador Nicolás Maduro y a sus secuaces.


A partir de ahí no todo ha sido color de rosa. Cada quien se creyó el cuento de los libros de autoayuda de que todos somos líderes de la lucha que se vive, muy válido si se trata de la vida pero inadecuado en los asuntos políticos (que tienen que ver con la polis y el bien colectivo), surgieron los que alentaron actitudes anárquicas y los que exigían la degollina del liderazgo porque hacían lo que ellos creían y no lo que las masas querían, muy similar a la jauría que es perseguida por el zorro y no a la inversa. 

Un buque a vela necesita el viento para navegar pero por mucha fuerza que venga desde barlovento, si no hay un timonel que mantenga el rumbo y un capitán que tome las decisiones de seguro que encalla, se extravía o da vueltas sin llegar a ningún lado. Sí esto lo llevamos a nuestra realidad política, veremos porque estamos donde estamos.

Liderazgo a los trancazos


Sabemos que a muchos les llegó el momento de dirigir como al niño que está en una piñata y recoge los caramelos porque le cayeron cerca o porque se les escaparon entre las piernas a los demás, son los que repiten lugares comunes aprendidos en el manual de Política para Dummies o fueron colocados por algunos dinosaurios para manipularlos y también están los que creen que la coerción es el mecanismo para demostrar el liderazgo y desprecian la convicción, lo cual nos asemeja a lo que tanto criticamos porque ¿Qué diferencia hay entre los métodos de los colectivos en el “23 de Enero” y los de cualquier otro grupo en otra zona de Caracas? Si bien los intereses pueden ser distintos, debemos recordar que en política los extremos se unen.


Cuando el diputado Freddy Guevara asumió la vocería para hablar de los resultados, nombró un par de cosas que en el actual léxico político venezolano son peores que una mentada de madre: la palabra negociación (no dijo qué y ese fue su error) y ofrecer una salida honorable (Sun Tzu lo llama puente de plata), lo cual fue el detonante para que gritasen: ¡Traición! los come candela de siempre, los que saben cómo salir del régimen pero lo guardan in pectore (como los cardenales que solo él y el papa saben que lo son), los que dan tuitazos destemplados porque no hicieron con los resultados de la consulta popular lo que ellos decían que se hiciera, los que antes siguieron obnubilados a un melindroso paracaidista y ahora están chinguitos porque un piloto les haga ojitos.


La anarquía nos devorará

Asumir la dirección en política es hacer lo que se debe, cuando se deba. Que unos avezados ciudadanos con aspiraciones políticas aleguen en su defensa que votaron y llamaron a votar engañados, bien porque su comprensión lectora no les permitió entender lo planteado o porque esas bravuconas les genera algunos réditos políticos es tan peligroso como caer en las redes de una entelequia que se autodenomina “La Resistencia”, que emite comunicados, que nadie sabe quién la dirige ni coordina y que es muy distinta al grupo de jóvenes, valientes y voluntariosos, que le pusieron el pecho (literalmente) a la protesta, que han sido asesinados y que sin ninguna experiencia ni articulación confrontaron a los esbirros uniformados.


Sobre el puente de plata ocurrió lo previsible: Nicolás Maduro lo rechazó porque la soberbia y las ojeras no le dejan ver la realidad, por la mala lectura del momento o porque Diosdado Cabello y los radicales lo tienen  cogido por las criadillas. En cuanto a la negociación creo que debe darse. Hay que negociar con el régimen los términos de su salida del poder, hay que negociar en qué vuelo se van a embarcar, hay que negociar qué día y a cuál hora se van, pero para que eso sea efectivo debemos coordinar y actuar de manera orquestada, masiva y contundentemente porque sino la anarquía nos devorará y puede ser peor el remedio que la enfermedad.

Llueve... pero escampa

domingo, 16 de julio de 2017

Venezuela libre

Por Miguel Yilales

@yilales

Dicen que cuando los estadounidenses y los españoles se enfrentaron por la independencia de Cuba, un grupo de soldados se reunió en un bar y brindaron con una mezcla de ron Bacardí, refresco de cola y jugo de limón por una Cuba libre. Desde esa época hasta nuestros días ha pasado más de un siglo, Cuba volvió a ser esclavizada por unos sátrapas y aunque la bebida ha sufrido algunas modificaciones, en esencia, sus ingredientes básicos se han mantenido.

Pero no crean que ahora mis escritos dejaran de lado la política para dedicarme a las bebidas espirituosas, que las disfruto, sino porque he de reconocer que así como una guerra dio paso a un inigualable cóctel, en el futuro se escribirán muchas líneas, se contarán verdaderas historias y se inventarán cosas (más allá que un cóctel) para rememorar la valiente, difícil y ardua lucha que hemos dado los venezolanos contra el más oprobioso y dictatorial régimen.


Sí el 19 de abril de 1810, el 5 de julio de 1811, el 24 de junio de 1821 y el 23 de enero de 1958 marcaron hitos en nuestra vida republicana, el 16 de julio de 2017 será una fecha que incorporaremos en el imaginario popular porque significará el desmontaje de unos mitos políticos, unas ficciones electorales y la caída de las caretas de muchos autócratas, unos cuantos pseudodemocratas y demasiados farsantes politiqueros que siempre se ampararon en el voto mientras les fue útil.

El Grinch del voto

El gobierno de Nicolás Maduro, sus serviles órganos de justicia y sus prostituidos organizadores de festines electorales se dieron a la tarea durante más de 2 años (desde el mismo día que perdieron por paliza la elección para la Asamblea Nacional) de evitar a toda costa un proceso electoral libre, directo, secreto y universal en la que se pudiese desnudar la pérdida del apoyo de la mayoría y el despilfarro de un valioso capital político.

Por eso se dieron a la tarea de alegar que no era que la oposición ganó la elección parlamentaria sino que sus seguidores se habían abstenido (argumentó que era repetido por algunos encuestológos para justificar  sus errores muéstrales y como no pegan ni el sexo de un bebé a pesar de que existen solo 2 opciones y ecosonogramas que despejan cualquier duda), luego vinieron las trabas, revisión de firmas, controles, impugnaciones sobrevenidas, decisiones judiciales para que el Referendo Revocatorio perdiera su efectividad, pospusieron las elecciones a gobernadores que debían realizarse en diciembre de 2016 porque según ellos mismos no se podía organizar el revocatorio y las elecciones locales simultáneamente (con lo cual aceptaban lo que es un secreto a voces: que son unos incapaces que no pueden comer chicle y caminar a la vez) y finalmente se inventaron una renovación de partidos, que pospusiera aún más cualquier consulta porque, en su sapienza de burdel político, nadie lograría las metas ante tanto obstáculo inventado.


De ahí es que, ante el clamor porque nos contásemos, a los ventrílocuos que manejan al Grinch electoral de Nicolás Maduro les dio por inventar una elección por sectores ante el terror que les da ese disparate pequeño burgués que es la universalidad del voto, en que cada hombre no fuese un voto y donde los incapaces candidatos fuesen promocionados por un número a falta de ideas propias, mediana cultura y algún vestigio de liderazgo.

La Barquereña y El Miedo

Frente al pretendido secuestro de la democracia por parte del régimen, la eliminación de la separación de poderes y la elección como sus más elementales formas y ante la ilegalidad de lo que pretendían obligó a que los verdaderos demócratas gestionasen un proceso en que no hiciese falta el ministerio electoral de Tibisay Lucena, los inútiles que obedecen a los serviles Vladimir Padrino y Remigio Ceballos, las automatizadas máquinas fraudulentas del perverso psiquiatra y los operativos de los canales de televisión que servían para hacernos creer que estaban comprometidos con el país.


Los ciudadanos organizamos desde el voto hasta la totalización, pasando por la logística, el proceso, el escrutinio, la custodia y la cobertura a través de medios alternativos, lo que constituye en el mayor triunfo de la civilidad sobre la barbarie desde que la Barquereña y el Miedo pasaron a ser Altamira. El país que nació este 16 de julio, ese que no le para a las amenazas del obeso bravucón que regenta en Miraflores, gritó a pleno pulmón que desea ser y será una ¡Venezuela libre!

Llueve... pero escampa

domingo, 9 de julio de 2017

Hasta con el mazo

Por Miguel Yilales

@yilales

La historia venezolana, esa que apenas aparece mencionada en los textos escolares, tiene vergonzosas verrugas purulentas (sin alusiones a ningún personaje), que de poder regresar en el tiempo, debieran ser extirpadas para evitar sus consecuencias. Fueron instantes que cambiaron el curso de los acontecimientos para meternos en vericuetos inimaginables e infranqueables.

Tan solo en el siglo pasado, sin considerar que dilapidamos ingentes  fortunas, que pasamos de ser la envidia de Latinoamérica a la hermanastra fea de la Cenicienta en un abrir y cerrar de ojos, que vivimos la bonanza de la Venezuela Saudita por 10 años y hemos padecido la debacle del Viernes Negro por casi 40, pudiéramos nombrar algunos: el golpe de octubre de 1945 que dio paso al Trienio Adeco y como consecuencia nos sumió en 10 años de desgraciados gobiernos militares, el juicio a Carlos Andrés Perez una estocada que aceleró el derrumbe de la democracia y abrió el camino al socialismo del siglo XXI o el discurso de Rafael Caldera ante el Congreso, en 1992, que lo llevó a la presidencia desde donde sobreseyó a quienes habían atentado contra el Estado.

Fiesta en casa ajena

Pero ningún hecho tan pernicioso como el acaecido en 1848 cuando el Congreso de la República fue asaltado por unas turbas afectas a José Tadeo Monagas, lo que permitió las memorables palabras de Fermín Toro:  «... Decidle al general Monagas que mi cadáver podrán llevarlo, pero que Fermín Toro no se prostituye...». Un pasaje tan bochornoso que nadie imaginó pudiese volver a acontecer aunque cuando un país tiene el infortunio de estar gobernado por unos ignorantes, tramposos y resentidos lo inimaginable puede repetirse. Desde hace 18 años quienes han gobernado a Venezuela se han empeñado, con ahínco y dedicación, a llevarnos al pasado.


El mismo día en que se conmemoraba la Declaración de la Independencia  del imperio español, a mi juicio la fecha más importante de nuestra vida republicana, las huestes armadas del Monagas del siglo XXI (quizás mandadas por el paisano de José Tadeo que es teniente-capitán) tomaron por asalto el Palacio Federal Legislativo, bajo la mirada cómplice y complaciente de los encargados de la seguridad, y arremetieron contra los parlamentarios que ahí se encontraban.

Las imágenes, videos y testimonios no tardaron en darle la vuelta al mundo y ratificaron lo que es vox populi en toda la comunidad nacional e internacional: que estamos en las garras de unos sanguinarios, que a estos delincuentes les sabe a carato el Estado de Derecho, que las protestas en la calle los tiene locos y que por soberbios dilapidaron el poquísimo capital político que les quedaba.


Aunque todo el mundo puso el ojo a este hecho, en especial por la violencia y lo dantesco de las imágenes (recordemos que tan solo una semana antes, el 27 de junio, el parlamento había sido acosado por los mismos facinerosos y no hubo ninguna consecuencia), más grave fue lo ocurrido en horas de la mañana de ese mismo día, cuando los guapetones del barrio hicieron fiesta en casa ajena sin invitar a los dueños. 

La joya de la corona

Resulta que Tareck Al Aissami invadió la sede del Poder Legislativo junto al tren ministerial, el alto mando militar y mucho público de galería para abrir el acta de la Independencia sin coordinarlo con la junta directiva del parlamento, por cierto una actividad protocolar que siempre la ha realizado el presidente de la república y a uno le queda la duda ¿Le pasaron por encima a Nicolás? ¿Tareck usurpó a Maduro? ¿Será que a Maduro le importa más el 20 de julio que el 5 de julio? o ¿las luchas intestinas dentro del gobierno hacen que cada facción de esa mafia actúe como radical libre?


La verdad es que el alevoso ataque en los que salieron heridos varios diputados, la presión de más de 100 días de protestas en la calle, la resistente irreverencia contra la brutal represión policial y militar, el casi unánime rechazo a la írrita constituyente, la pérdida de la iniciativa política, las desacertadas decisiones del apéndice judicial del gobierno y el bochorno ante la comunidad internacional puso en jaque al régimen, a tal extremo de tener que darle medida sustitutiva de casa por cárcel a Leopoldo López, la joya de la corona de Nicolás Maduro y el preso personal de Diosdado Cabello, a quien parece se le perdió el mazo con el que la oposición le está dando, hasta por el cielo de la boca, al desgobierno revolucionario.

Llueve... pero escampa

lunes, 3 de julio de 2017

Cavernícolas con poder

Por Miguel Yilales
@yilales
El mismo mes y año en que Caracas ardía por los 4 puntos cardinales, como consecuencia de una insurrección popular, se estrenaba en el cine mundial la película “Sexo, Mentiras y Video”. Según la caterva gobernante “El Caracazo” fue el génesis de esta bazofia de revolución, es decir, el pecado original que nos condenó al infierno en la Tierra, aunque todos sepamos que es una conveniente mentira para justificar los arteros golpes de Estado de 1992 contra el último intento por implementar medidas que nos sacasen de un modelo paternalista y nos convirtieran en un país moderno, con libertades económicas y con una verdadera descentralización.
Esa película ha sido tan icónica que muchos titulares de periódicos,  episodios de las series de televisión y artículos de prensa han jugado con el título del film, usualmente en la forma de sexo, mentiras y otra cosa o algo, mentiras y video. Desde El Aprendiz (cuando Donald Trump era un showman sin investidura presidencial) hasta Los Simpson han emitido capítulos con ese nombre. Un fenómeno que ha cobrado vida propia, más allá del impacto mismo de la película. Por ello es que un régimen fatuo, pantallero, mentiroso, fraudulento y dirigido por un aprendiz de tiranozuelo tenía que armar una tramoya con videos y mentiras por doquier, lo único que le ha quedado a una revolución que no engatusa ni a su propia gente.
Helicóptero, mentiras y videos
Es que esta semana la mala copia de Goebbles, el mismo inefable ministro que daba los partes médicos de un moribundo que trotaba, que jugaba pelota entubado, que se reunía por horas con los ministros y firmaba decretos a pesar de estar en coma, salió a explicar que un “traidor” no sólo había robado un helicóptero de la base aérea castrense que sirve a Caracas sino que sobrevoló los edificios de los Poderes Públicos. Lo insólito fue que por complicidad o ineptitud (a confesión de parte, relevo de pruebas) no despegó ninguna aeronave a interceptar tan peligrosa amenaza.
A partir de ahí el comisario Oscar Pérez se convirtió en un extremista que actuó como lobo solitario, dirigido por el imperio norteamericano (cuando no), para atentar contra la República. Él condujo un ataque desde un helicóptero no artillado contra la sede del TSJ. Perforó algunos ventanales con su arma de reglamento y lanzó varias granadas que “no explotaron por la rápida acción de los custodios del TSJ” (Maikel Moreno dixit) con lo cual imagine a unos heroicos custodios acostados sobre las granadas hasta que le colocan el pasador de seguridad (toda película de acción tiene una bomba que es desactivada en la última fracción de segundo).
Para rematar le agregaron un preescolar, que dizque aún tenía los hijos de unos trabajadores que habían salido de laborar tres horas antes de los hechos, para convertir la decisiva y valiente acción de un funcionario comprometido con la democracia en un despreciable acto de cobardía y traición. Resulta que el helicóptero, que no estaba en el guion de Villegas, hizo una incursión sin víctimas, menos de las que tiene, entre pecho y espalda, el expresidiario que preside el máximo órgano de injusticia del país.
Se les cayó la careta
El libreto solo contemplaba las amenazas de Nicolás Maduro de imponer los cambios de la Constituyente a troche y moche (por las armas de no tener el favor popular), unas cajas (con logos del CNE) que meterían de contrabando en el Palacio Federal Legislativo para acusar a los diputados  de conspiradores, la movilización de unos tanques que ya estaban en alerta y las destempladas monsergas de un exalcalde lengua mocha que llamaba al pueblo (nadie le paró) a defender a la revolución, lo cual desviaría la atención de una írrita sentencia del TSJ que despojaba de las funciones a la Fiscal General para dárselas al servil defensor del pueblo (minúsculas adrede).
Lo cierto es que este show develó varias cosas: que todo plan chucuto tiende a salir mal; que el alistamiento operativo de los militares y las defensas aéreas capitalinas son una quimera; que por mucho Estado policial no controlan a todos; que los diputados les ganaron de mano; que nadie les apoya y que frente al bochorno solo les quedó recurrir a un troglodita actorzuelo de reparto para que, a través de un video chimbo, usara el manido argumento que el mundo es de los bravucones y no del hombre justo que obedece a su conciencia, con lo cual se mostraron tal cual son: cavernícolas con poder.

Llueve... pero escampa