domingo, 11 de octubre de 2015

El arrocero de la política venezolana

Por Miguel Yilales
@yilales
En Venezuela cuando organizas una fiesta siempre calculas más pasapalos, más caña y más sillas por si acaso. Y es que por si acaso siempre es por aquellas personas que sin ser convidadas se presentan y no hayas como decirles que se vayan. Hay dos tipos de arroceros: los profesionales, que se meten, se hacen el alma de la fiesta y, al final, a nadie le importa que hable de los novios a pesar de que sea un bautizo y el otro grupo constituido por novatos, neófitos e inexpertos, que son reconocidos y terminan botándolos del evento.
Es que hasta para ser arrocero hay que ser habilidoso, pretender que cualquiera puede ser arrocero es como pedirle peras al olmo porque los arroceros son especialistas en infiltrarse con la gran facultad y habilidad de pasar desapercibido, algo así como una mezcla entre Ethan Hawke y Jason Bourne, no para derrotar un complot sino para tomar y comerse todo sin que se den cuenta.
Todo esto viene a cuento porque recientemente un personaje de esos que se autodenominan líderes decidió que era el momento de regresar de su exilio para filtrarse en la borrasca política venezolana, de la que se fue huyendo cuando el sistema de justicia (el mismo que sentenció a Leopoldo López) lo iba a enjuiciar; el régimen (que aun sigue gobernando) lo perseguiría hasta hincarle el diente y porque como acosado político tenía que vivir el doloroso exilio, antes que caer en la cárcel, como le tocó a Bonaparte en una isla, de esas rodeadas de agua, porque también están las que dividen las autopistas y los estacionamientos.

Sacrificado por su patria

Y es que debe ser muy duro estar en el destierro 6 años sin ver a su esposa y sus 9 hijos y además tener que compartir con otros exiliados sus exiguos ahorros logrados con el sudor de su frente como auditor interno en el municipio Colón, concejal en Santa Bárbara del Zulia, diputado a la Asamblea Legislativa zuliana, alcalde de Maracaibo, gobernador del Zulia por 8 años, candidato presidencial y nuevamente alcalde de la Tierra del Sol Amada según Udón Pérez, es decir todo un humilde servidor público con 30 años de sacrificado servicio.
Yo no me he percatado si las condiciones en Venezuela cambiaron; sí la tiranía que se ha incoado desde hace 17 años en el poder, ya lo entregó; menos sí ya el teniente-capitán perdió los favores que lo hicieron acreedor de una pensión de retiro que no le corresponde o sí el legatario de Chávez dejó de viajar a la Habana para que le digan que hacer.
Si no es así, resulta realmente perspicaz que alguien que se va del país por razones políticas, que solicitó asilo por ser un perseguido, que ocasionó el retiro de embajadores por la protección otorgada, que fue amenazado por radio y televisión por el comandante supremo, eterno y que vive aunque esté muerto, y que sus herederos, es decir Maduro, Cabello y los otros de la caterva gobernante, juraron cumplir y hacer cumplir su legado de destrucción, regrese al país porque hubo un clamor popular, supone uno que entre las colas de supermercados o en las múltiples y multitudinarias manifestaciones políticas de este año, para que se sacrifique como lo ha hecho desde 1973.

Líderes y líderuchos

Recuerdo que Betancourt, Leoni, Caldera, Villalba, entre otros, sin ánimo de ser procaz con la comparación, solo regresaron al país luego que la dictadura perezjimenista no gobernaba. A ninguno de ellos, duchos en la política y estudiosos de la idiosincrasia de los tiranos (algunos lucharon contra Gómez o estuvieron presos en La Rotunda) se les hubiese ocurrido regresar para caer en las manos de la Seguridad Nacional de Pedro Estrada a menos que creyesen en promesa de dictador o que hubiesen negociado su permanencia para un fin político superior que va más allá del entendimiento de esos que viven con sueldo mínimo, hacen largas colas para comprar y no tienen para vivir un exilio dorado.
Esas personas que llegaban al poder y juraban gobernar hasta el último día, que no renunciaban, ni los renunciaban y que más nunca se postulaban a cargo de elección popular, desaparecieron.
Nadie se imagina a Rómulo Betancourt luego de ser presidente, postulado a alcalde de Guatire, pero esa es la diferencia entre un líder y un aprendiz de líder que se cree único, irremplazable, imprescindible y es seducido por los cantos de sirenas (aunque algunas por obesas puedan parecer ballenas) para que regrese como el arrocero de la política venezolana.

Llueve… pero escampa

1 comentario:

  1. Además de arrocero creo más bien que habría que catalogarlo como un convidado de piedra pues no creo que nadie en su sano juicio acepte de buen agrado la incorporación de otro "Brutus, Brutotes" en en momento político venezolano. Viene a generar más turbulencia y en este caso aguas turbulentas ganancia de los rojos

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