domingo, 12 de marzo de 2017

Delincuentes, malhechores, forajidos y bandidos

Por Miguel Yilales
@yilales
Cuando una revolución de pacotilla se apodera de todos los espacios de poder no se pueden esperar resultados distintos a los que tenemos: un país arruinado, instituciones desvencijadas, un liderazgo decrépito y una sociedad desestructurada. Es que durante años el régimen se ha empeñado y esmerado por demostrar cómo se puede ir contra corriente para, en vez de generar la mayor suma de felicidad, destruir al país y depauperar a los venezolanos.

Por eso es que causa extrañeza que chillen como un camión cargado de cochinos directo al matadero porque desde el Imperio y desde distintos países del continente se ha elevado una unísona voz, con las escasas disidencias que aún reciben su coima, para alertar que este es un régimen delincuente, violador de derechos humanos, irracional y troglodita que nos ha convertido en un Narcoestado y, peor aún, en un Estado fallido.
De seguida sueltan a las salvajes falanges rojas a que vociferen e insulten a los críticos. Por una parte sale la roja canciller, que en materia diplomática es la más ignorante que nación alguna haya tenido, a pretender dar lecciones sobre las relaciones internacionales y por la otra prorrumpe enardecido el sustituto del estratega que convirtió un museo en escondrijo, no podía ser de otra forma, a exigir respeto a la dignidad, probidad y honorabilidad del proceso chavista aunque todos sepamos que no hay comedimiento, decencia, pundonor, respetabilidad, pudor ni decoro en esta revolución.
Ornitorrinco no es pato
Cuando alguien argumenta que estamos en presencia de un régimen forajido y Nicolás Maduro se encoleriza, habría que preguntarle: ¿Cuántos presidentes, primeros ministros, emperadores, monarcas, reyes o reyezuelos tienen presos a sus sobrinos por conspirar para introducir droga en otro país? ¿Cuántos aeropuertos en el mundo (de uso exclusivo del gobierno y custodiado por militares incondicionales) son usados para exportar drogas como si fuese un negocio lícito? ¿Cuántos mandatarios designan a su propio hijo para que le siga la pista (o les eche tierrita) a los chanchullos de su administración (y de la anterior) con Odebrecht? ¿Cuántos verdaderos demócratas persiguen y criminalizan a la disidencia política para amedrentarla, minimizarla y exterminarla porque es la forma de aferrarse al poder?
Como sí esas dudas no fuesen suficientes habría que consultarle a algún experto en materia política ¿Cómo se llama el sistema que permite que sus gobernados estén a merced de unos delincuentes armados por el mismo gobierno? ¿Cómo se denomina a un sistema en el que los gobernantes parecen neveras de dos puertas, en el que los famélicos gobernados saben que comer es un lujo reservado a la pústula en el poder, en el que dejan fallecer a los niños de inanición y donde la gente se ve obligada a hurgar en la basura para alimentarse? ¿Cómo se designa a un régimen que improvisó medidas sanitarias que terminaron por resucitar las enfermedades endémicas erradicadas en el mundo y que no previó medicamentos que pudieran curar a los desamparados?
Se dice que si tiene cola de pato, pico de pato y camina como pato a nadie se le ocurriría decir que es un ornitorrinco a pesar de que sea ovíparo, de sus palmíferas patas y de su pico de pato.
De cachilapos a capitostes
Sí el vicepresidente de un hipotético país suramericano, caribeño, antiimperialista, revolucionario y socialista es acusado de tener nexos con grupos terroristas que ensangrientan al Oriente Medio entonces no debieran sonrojarse y sí en ese mismo país el presidente del máximo órgano de justicia tiene prontuario criminal en lugar de currículo académico entonces no debieran ruborizarse.
Además sí los padres, hijos, sobrinos y nietos, amigos y allegados, edecanes y testaferros de un muerto viviente ostentan un estilo de vida que empalidece a los ricos y famosos de las listas de Forbes entonces no debieran molestarse; sí los presos de las cárceles usurpan la identidad de un banco y luego la policía política los encubre transmutándolos en pizzeros entonces no debieran incomodarse y sí los pranes de las penitenciarías hacen turismo mientras los ciudadanos acatan un toque de queda autoimpuesto entonces no debieran sofocarse.
Son unos delincuentes, malhechores, forajidos y bandidos que se birlaron un billón de dólares, que los convirtió de cachilapos a capitostes multimillonarios, y no deben impactarse por esta verdad catedralicia.

Llueve… pero escampa

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