lunes, 7 de septiembre de 2015

Cambiemos este pasticho ideológico

Miguel Yilales
@yilales
Escribir sobre política en este país es harto difícil, no porque no haya tema, sino por la vertiginosidad con que entramos y salimos de ellos. Pero más allá del que, también está quienes hablan y de quién.
Resulta que no conforme con que los organismos de inteligencia revolucionaria, al más puro estilo de la CIA, del G2 o de la KGB, generen los temas que desvíen la atención de los grandes problemas que tenemos los venezolanos, salen unos supuestos héroes anónimos, y lo de anónimo no es por filantrópicos sino porque lanzan sus piedras y venenos desde el anonimato, a aderezar con rumores, enfermedades, muertes, conspiraciones y cuanta forma de correr bolas haya. Es que pareciera que si en algo somos campeones mundiales es en ese deporte de inventar cuentos y hacer lo que no es, por lo menos así lo demostró el que se creía eterno y hoy no está, que hacía de todo para desviar la atención de los verdaderos asuntos.
De esos que impulsan temas hay unos en particular que viven vociferando la importancia del trabajo como único mecanismo para lograr el bienestar, pero se quejan porque los ciudadanos hacen huelgas porque es de vagos y no se dan cuenta que es un derecho especialmente capitalista, critican que las personas hagan cola para comprar en los mercados porque debieran estar protestando y vociferan que los jóvenes no luchan, pero sí lo hacen los tildan de poco preparados para atender los asuntos del Estado.

Regalar y merecer

Es que cada cosa se ve distinta según el cristal con que se mire y para demostrarlo usaré este sencillo y común ejemplo: cuando un hijo se gradúa de bachiller y sí la universidad le queda lejos, se vive un clima de inseguridad total y no hay servicio de transporte público decente, salen los padres a regalarle un carro.
Este hecho es para el liberalista un acto socialista, es decir una dádiva que no es fruto del trabajo; para el socialista un acto capitalista que promueve el individualismo y no el colectivismo; para el joven es un justo y merecido reconocimiento al esfuerzo de su trabajo (estudiar) ya que sus padres le repitieron hasta la saciedad que eso era lo que él hacía. Y ahí reside la diferencia entre regalar y merecer.
Igual sucede con ese venezolano al que le entregan un apartamento de la Misión Vivienda, cada quien tiene una óptica diferente: para el beneficiario es lo que le corresponde como parte de la repartición de la renta petrolera, mientras que para unos es un regalo inmerecido porque no es producto del trabajo y para otros es un acto piadoso que reconoce la necesidad de la intervención del Estado para disminuir las desigualdades.
Y es que esta cristalografía la aplicamos también en la política. Por ejemplo la democracia cristiana, surgida del Rerum Novarum del papa León XIII y la Doctrina Social de la Iglesia, es por lo general de centroderecha (con algunas áreas de centro izquierda), pero en Venezuela la llamamos socialcristianismo, algo así como una mezcla de chicha con mango.
Es que decirse socialista en el país parece ser chic, no hay partidos nuevos que surjan, que no salgan corriendo a la Internacional Socialista a pedir su aprobación, beneplácito y consentimiento para sentirse aceptados políticamente. Fíjense que aquí no hay derecha o por lo menos así lo establecen todos los estatutos de fundación de los partidos políticos.

Menos sectarismo, más democracia

Por esa vía hay liberales que son conservadores, hay conservadores que quieren la descentralización, gente que se llama comunistas y socialistas y al acercársele la Parca salen a clamar por un milagro de Dios y están los otros, esos que viven entre golpes de pecho, que ven por encima del hombro a los pobres porque son algo ruin, vergonzoso y despreciable.
Hoy más que nunca se hace necesario desplazar el sectarismo, el fanatismo y la intransigencia que nos destruyó, desde que esta horda encabezada por un golpista, que nunca creyó en la constitucionalidad, llegó al poder, y para ello es vital la conformación de una mayoría que retome los valores de la democracia, las libertades y la decencia.
La tarea es dura porque nuestro futuro depende de que se recupere el funcionamiento del país y sus instituciones y es que la Venezuela postchavista tiene que ser distinta y el primer paso debe ser firme, fuerte y, a partir de ahí, constante para cambiar este pasticho ideológico y en eso, lo que viene, es más que una elección y son más que simples curules a ocupar.

Llueve… pero escampa

2 comentarios:

  1. Bien por tu artículo, como lo señalas hay diferentes formas de ver las situaciones, lo importante es lograr funcionar al pais, al Estado pero principalmente al ciudadano, llamar a su conciencia de cual es la opción para lograr acabar con aquello destrutivo y rehacer o hacer de este pais productivo

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